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El momento crítico

Por Alejandra Luengo Alejandra Luengo

Hace unos días el periódico The Guardian Australia publicaba un reportaje interactivo en el que cinco mujeres de mediana edad relataban su experiencia de dejar atrás una relación afectiva de abuso y maltrato. Además en el mismo hay una grabación de una entrevista de una reportera con una pareja joven que se casó hace un año y donde él le agredió a ella en diferentes ocasiones. La periodista les entrevista por separado y ambos relatan cómo lo que empezó con unos comentarios descalificadores fue agravándose. Lo dejaron un tiempo, él estuvo viendo a un consejero y tras seis meses lo volvieron a intentar, pero se repitieron las situaciones de violencia y se han vuelto a separar. Fue ahí cuando él se dio realmente cuenta de que era un maltratador. Según la mujer esta es la última oportunidad que le ha dado para cambiar.

Por otro lado están las confesiones de las cinco mujeres. Es un texto bastante largo, pero si sabéis ingles podéis leerlo fácilmente. Voy a tratar de resumir los aspectos más importantes que he encontrado en él, relacionándolos con los que por mi propia experiencia profesional como psicoterapeuta he tratado en casos de relaciones abusivas y de violencia tanto física como psicológica.

Adiós. Fotografía de Sergio Perea.

Adiós. Fotografía de Sergio Perea.

La decisión de abandonar una relación abusiva y hacerlo, es el momento más peligroso y de las partes más complicadas, ya que cuando se decide hacer la otra parte desde su frustración, rabia, agresividad y creencia y sentimiento de dueño y ser dominante que tiene que decidir sobre la vida de su pareja puede llegar al extremo más violento y sin sentido que hay: intentar agredirla e incluso matarla. Frases como ‘la maté porque era mía’ o ‘si no es conmigo es con nadie’ reflejan esa mirada hacia la mujer como una propiedad y objeto de su pareja, siendo inviable que se revele y tome sus propias decisiones, entre ellas la de decir ‘hasta aquí’.

Cuando se llega a tomar la decisión definitivamente de abandonar esa relación, frecuentemente ha habido otros intentos anteriores de distanciamiento y ruptura. Se llega a hablar de unos cinco alejamientos previos o más antes la decisión definitiva de poner fin a la relación violenta, lo cual nos da una idea de la magnitud del sufrimiento y deterioro personal y emocional a lo largo del tiempo, donde el cuerpo ha ido somatizando también el estrés vivido.
Aquellos aspectos que me parecen más relevantes y que me gustaría resumir son los siguientes:

  • Son mujeres pertenecientes a diferentes estatus sociales, económicos, geográficos, religiosos. Incluso sus relaciones duraron años o meses, por lo que en las relaciones de violencia no hay un perfil sociocultural determinado de mujer, pero sí aspectos que pueden ayudar a salir más rápidamente de semejante ambiente.
  • La mayor parte no era consciente de estar inmersa en una relación abusiva, aunque se sentían profundamente infelices o atemorizadas ya que el maltrato es una lacra que suele irse dando de forma gradual.
  • A mayor aislamiento peor situación. Sus parejas frecuentemente trataban de separarlas de su entorno familiar o amistades, o estaban presentes siempre en los encuentros o en las llamadas que recibían como una manera de ejercer el control de una manera más o menos directa.
  • En gran parte de ellas sus parejas les culpabilizaban sobre lo sucedido “mira lo que he tenido que hacer por tu culpa”, “sino hubieses actuado así yo no tendría que haber hecho eso”, “Realmente no es un gran problema”. Por tanto ellas acabaron perdiendo su identidad y teniendo serias dificultades para discriminar lo bueno de lo malo, lo sano de lo insano, lo deseable de lo no deseable en las relaciones de pareja, responsabilizándose exclusivamente ellas de que las cosas mejorasen ‘Cuánto he tratado de cambiar para que las cosas fuesen mejor‘. Se acaba perdiendo la confianza, el respeto y seguridad en una misma.
  • Poder hablar de lo que les ocurría les daba vergüenza y no entendían como podían haber llegado a ese extremo. “Había arriesgado tanto por estar con él que me sentía avergonzada de admitir que todo iba tan mal”. Aun intentándolo ocultar las personas cercanas suelen acabar sospechando que las cosas no van bien y están dispuestas a ayudar, lo que pasa es que muchas veces no saben cómo. Ocurre en esta escena de ‘Te doy mis ojos’:
  • Relatar lo que vivían a personas de confianza como familiares, amistades, trabajadoras sociales y policía pudieron hacerles ver la realidad de la situación que estaban viviendo y reconocerse inmersas en una relación de abuso y maltrato. Aun así durante algún tiempo la persona puede pensar que no hay salida, “No había nada que pudiese hacer el trabajador social”, “Crees en sus mentiras y no crees en tu habilidad de vivir una vida independiente”.
  • Darse cuenta de que existe la opción de dejarlo y se cuenta con soporte y apoyo es la clave. A través del apoyo de familiares, amigos y de la información que dieron diferentes organismos. A veces para llegar a ese punto ya se han vivido múltiples situaciones de gran violencia y dolor físico y/o emocional.
  • Todas consideran que es necesario hacer un plan de protección antes de irse y ver cómo se les puede ayudar. Planificar su salida buscando apoyos en sus entornos; amistades, familia y recursos jurídicos y sociales. ‘Nunca lo podrás hacer sola’. Algunas fueron a la casa a buscar sus cosas acompañadas o bien por la policía o por otras personas, cambiaron de móvil, tenían reservado un dinero para poder salir adelante o incluso ya preparada una maleta de ropa en algún sitio. ‘Tienes que ser muy cuidadosa’.
  • Es necesario poner distancia con la persona violenta aunque sea duro; ‘No es nada fácil romper esas ataduras’. Es cierto que al principio pueden surgir dudas y que la persona se sienta confundida sobre si ha sido la decisión correcta, viéndolo todo negro, pero hay que seguir adelante con la decisión tomada ‘Hay un tiempo que pensé: tengo que volver con él, me siento fatal, no puedo vivir sin él, no importa lo mal que me trató… Luego pude seguir paso a paso el camino y fue mejorando, y así sucede’
  • El que se la persona maltratadora inicie un tratamiento no garantiza que la violencia en la relación no se vuelva a repetir. Como profesional soy bastante escéptica en este punto ya que considero que una relación de dos personas que se ha construido con violencia no suele cambiar. Sí creo que es posible que esas dos personas, tras haberse trabajado personalmente, puedan establecer nuevas relaciones con otros hombres y mujeres donde no exista abuso ni violencia.
  • Se necesita tiempo para volver a ser una misma y recuperar la identidad. Este proceso puede durar varios años. El trabajo en grupos de apoyo es muy bueno, y la psicoterapia es fundamental. Uno de los modelos psicoterapéuticos que más se trabaja actualmente en los casos de violencia hacia la mujer es el EMDR, que al centrarse en el trauma vivido es muy eficiente y fortalecedor. La meditación, nuevas amistades, arteterapia, innovadoras perspectivas profesionales, etc., son puntos de apoyo también importantes para poder resurgir. A partir de entonces la persona empieza a darse cuenta de qué es normal y qué no, de lo bueno y lo malo, de lo aceptable y de lo que no lo es en una relación de pareja, comenzando a ser una nueva mujer, una nueva persona.
  • La decisión de acabar la relación abusiva tiene que ser de la persona que la está sufriendo, pero la responsabilidad de apoyo y lucha para que no se den relaciones de abuso debe caer en toda la sociedad, no sólo en los profesionales que trabajan en este ámbito, o del sector judicial. Es necesario el apoyo social y comunitario y no verlas como unas meras “victimas” ya que eso refuerza a menudo la debilidad y el sentimiento de incapacidad. He oído gente en los medios que dice, déjalo y ellos no entienden por qué no sales por esa puerta. Pero ellos no se dan cuenta que cuando miras fuera solo ves negro. No puedes ver ninguna luz al final del túnel, y no sabes qué va a ocurrirte’. Publicistas, medios de comunicación, profesorado, políticos y políticas, humoristas, economistas, profesionales de la abogacía y la medicina, estudiantes, madres, padres, amigas y amigos, mujeres, hombres estamos implicados en prevenir y actuar ante la construcción de relaciones abusivas.
  • Un aspecto que me parece muy fortalecedor es que estas cinco mujeres han utilizado su experiencia de haberse visto envueltas en una relación violenta en su vocación y orientación profesional; o bien ayudando a otras mujeres y sus hijos en casas de acogida y de emergencia, defendiendo y divulgando los derechos que todas y todos tenemos en una relación de pareja, a través de la escritura, de realizar terapia con caballos a niños en situaciones desfavorecidas, etc. De una experiencia tan dura, se puede salir fortalecida y sacar recursos, fuerzas y habilidades para prevenir que no pasen a otras personas. Como señala una de las protagonistas del reportaje ‘Es posible ser feliz después de haber sido maltratada’.

Australia, España, Perú, Namibia, Estados Unidos, Irán, Suecia.. Las relaciones de pareja donde existe abuso y maltrato no entienden de fronteras, razas, religiones, economía, etc. Por eso es tan importante que la sociedad muestre su implicación y apoyo para prevenir que no se den y que en el caso de que ocurran las mujeres puedan ser acompañadas y coger impulso para dar el paso definitivamente con una infraestructura no solo familiar, sino jurídica y social que las apoye.

Abandonar una relación de abuso es, como dice una de las protagonistas, ‘resucitar’. Una nueva mujer aparece, con la cabeza alta y su dignidad resurge. Se logra conocerse más y traer la identidad de vuelta, fortalecerla, poder tener sensación de libertad, usar el tiempo más eficientemente, e incluso poder explorar más profundamente su creatividad compartiéndola con los demás: ‘En el pasado no pensaba que podía hacerlo pero lo hice, vivo en un mundo diferente ahora y es maravilloso’.

Alejandra Luengo. Psicóloga clínica,  combino la atención psicológica en servicios públicos con la consulta privada. Creo firmemente que se pueden cambiar las cosas y en esa dirección camino. Autora del blog unterapeutafiel.

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