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Nagore, o el precio del ‘no’

Charo MármolPor Charo Mármol

Caras quemadas con queroseno, narices y manos cortadas, mujeres asesinadas… todas tienen un hilo conductor: las mujeres se negaron a ser consideras objetos, presas de sus verdugos. Unas sobrevivieron aunque quedaron marcadas para siempre. A otras les costó la vida.

En la India existe una práctica terrible: los hombres, a veces ayudados por sus familias, fingen un accidente casero y queman a sus mujeres con el queroseno de los hornillos con los que cocinan. Como nunca hay testigos y la policía no investiga, estos asesinatos quedan impunes permitiendo al marido casarse de nuevo y cobrar una nueva dote.

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La iraní Ameneh Bahramí rechazó la petición de matrimonio de un hombre al que no conocía y este le desfiguró el cuerpo con ácido sulfúrico. En 2013 llevaba 24 operaciones y no había podido recuperar la vista que había perdido. Reside en Barcelona, pero una vez al año debe ir a Irán donde sigue recibiendo amenazas de su maltratador.

En el trasfondo de toda esta violencia está la concepción de la mujer como objeto y como tal, con capacidad de ser comprada, vendida, y en todos los casos sometidas.

Cuando leemos estos datos pensamos que pasan a muchos kilómetros de nuestra realidad. Es algo de otras  culturas más primitivas. Nosotras y nosotros, europeos, españoles, somos un pueblo civilizado donde nada de esto ocurre.

Nada más lejos de la realidad. La violencia contra la mujer se da mil maneras en nuestro entorno más cercano. Cada año son asesinadas en nuestro país entre cincuenta y sesenta mujeres. En lo que va de año en España han muerto a manos de sus parejas 15 mujeres, una de ellas rematada por su marido cuando se recuperaba de una paliza, que él le había dado, en el hospital.


Esto es solo el iceberg de la violencia machista. Por debajo de estas cifras se esconden otras que nos hablan de dolor, incertidumbre, sufrimiento… Son las mujeres que sin llegar a encontrar la muerte han vivido y viven la violencia y la opresión como algo cotidiano en sus vidas. Algunas, un día no pudiendo más se atrevieron a denunciar y salieron de sus casas para empezar una nueva vida. Otras, la mayoría, seguirán sufriendo en silencio, en la cárcel de su hogar y al lado de quien dice que las ama. El varón vive a la mujer como su posesión y por eso no acepta un no por respuesta ante sus imposiciones.

La cineasta Helena Taberna; muy comprometida en sus películas con los temas relacionadas con la mujer, como ha demostrado en Yoyes,  sobre la exetarra asesinada por ETA  o en Extranjeras que recoge la historia de varias mujeres inmigrantes residentes en Madrid; trata en la película documental Nagore  la muerte violenta de la estudiante de Enfermería Nagore Laffage a manos de un residente en psiquiatría de la Clínica Universitaria de Pamplona, durante las fiestas de San Fermín de 2008.

El largometraje recoge los testimonios de familiares y amigos de la víctima, así como los puntos de vista de las diversas partes implicadas en el proceso judicial: el fiscal, los abogados de ambas partes y representantes de colectivos contra la violencia de género, entre otros. El documental cuenta con la participación de la madre de Nagore, Asun Casasola, una auténtica “madre coraje” que constituye el hilo conductor del relato.

El próximo lunes 18, a las 19 horas en la Sala Berlanga, Andrés Mellado, 53 de Madrid, habrá una proyección del documental, tras el cual tendrá lugar un debate con Helena Taberna y  Julia Almansa,  directora de la Fundación Luz Casanova, que atiende a mujeres víctimas de la violencia machista y a adolescentes en situación de riesgo.

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

1 comentario

  1. Dice ser susi

    Siempre lo digo, en occidente ya no existen estas cosas, pero existieron antaño. Siempre he pensado que como nos descuidásemos, en pocas décadas nos estarían comprando y vendiendo en matrimonio, nos despojarían de todos nuestros derechos y volveríamos se ser simples propiedades del marido. Por eso hay que estar siempre en guardia. Los hombres son bestias a las que hay que domar mediante la caballerosidad, el romanticismo y el sexo como castigo/recompensa.
    Por mucha rabia que les de, solo hay que observar como los papis recelan de las compañías masculinas de sus hijas, pero pasan bastante de las de sus hijos. Se deben acordar de lo cerdos que eran cuando adolescentes, la concepción q tenían de las chicas, a las que perciben como débiles, tontas, manejables y necesitads de protección

    17 mayo 2015 | 15:41

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