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Made in Dagenham: una huelga que hizo historia

Por Patricia AndersenPatricia Andersen

Las revoluciones de mayo de 1968 son famosas por el cambio en las políticas sociales que supusieron en toda Europa. Francia aparece a menudo como el origen de estas revueltas. Sin embargo, existe una película británica que nos muestra como un pequeño grupo de mujeres trabajadoras en la inmensa industria de Ford de Dagenham, al este de Londres, marcaron los primeros pasos para una de las luchas sociales que aún a día de hoy no ha terminado: la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

Pago Justo. (c) ARP Sélection

Pago Justo. (c) ARP Sélection

Made in Dagenham (2010), de Nigel Cole, llegaría a España con el título Pago Justo. Las únicas 187 mujeres que trabajan en la empresa de Ford, que emplea a 55 000 operarios, se ven envueltas en las huelgas que colapsan el país. Lo que en un principio comienza como una lucha por lograr que se las considere mano de obra cualificada como a los hombres, acaba convirtiéndose en una lucha por la igualdad de salarios entre ambos sexos que llevará a este pequeño grupo de mujeres hasta el Ministerio.

Las 187 mujeres trabajaban elaborando las tapicerías de los asientos de los coches, en unas condiciones de trabajo más que mejorables y sin ser consideradas mano de obra cualificada que les permita un salario más justo y una remuneración adecuada para las horas extra por el simple hecho de ser mujeres.

Sin desvelar demasiado para evitar spoilers, la película además de mostrarnos este proceso de ebullición de una huelga también nos enseña la dura oposición que reciben y los obstáculos a los que deben sobreponerse esta mujeres, mucho más agresivos que a los que se enfrentaban sus compañeros huelguistas varones. En un principio hombres y mujeres se manifiestan juntos con objetivos parecidos, hasta que las mujeres deciden emprender el camino de la igualdad salarial. En un principio parece que los hombres las apoyan mientras piensan que no tienen nada que perder. Pero cuando la fábrica se ve obligada a cerrar por el parón femenino, miles de hombres se encuentran sin trabajo y, junto al sindicato – en el que evidentemente no hay ninguna mujer -, retiran su apoyo a las mujeres que, de pronto, pasan a ser las culpables del desempleo general que afecta al distrito de Dagenham. Se ven incluso abandonadas en la lucha por sus propias familias y maridos, también desempleados por la fábrica. Las presiones, amenazas y chantajes del sindicato, de la empresa y de sus familias hacen que las mujeres lleguen a enfrentarse incluso entre ellas mismas, pero esto no las frena para continuar con su lucha aunque sea solas y encararse a un sindicato que no las representa.

Lo interesante de esta película va más allá de la lucha por la igualdad laboral y salarial. Se trata de mujeres luchando por la igualdad social. Mujeres hartas de ser tratadas por sus jefes pero también por sus maridos y por el resto de hombres como esclavas o como seres inferiores. Mujeres que ante todo, buscan abrir los ojos de sus compañeras para que se unan a la protesta, de los huelguistas y del sindicato para que se den cuenta de que su causa es justa y de la sociedad en general para que ser mujer deje de ser sinónimo de inferioridad.

Soy Lisa Burnett, tengo 31 años y conseguí sacarme un título universitario en una de las mejores universidades del mundo y mi marido me trata como si fuera tonta’

Por suerte para las mujeres, sus protestas llegan en un momento en el que los laboristas están en el gobierno inglés, con Bárbara Castle, la llamada Reina Roja, a la cabeza del Ministerio de Trabajo y Productividad. Una mujer famosa por su fuerte carácter y convencida de que la igualdad salarial es un derecho, no un privilegio, que no cedió ante las presiones de las empresas sobre el gobierno que amenazaban con deslocalizar todas sus fábricas llevando al paro a decenas de miles de ciudadanos. La unión de estas mujeres, trabajadoras y ministra, convencidas y dispuestas a llegar hasta el final por sus convicciones marcará los primeros pasos para las leyes de igualdad salarial que a día de hoy siguen en vigor, no solo en Reino Unido sino en toda Europa.

La carrera política de Bárbara Castle destacaría por sus luchas por la igualdad, no solo por la Ley de Igualdad salarial de 1970. Lograría reformar las prestaciones por hijo, logrando que el dinero llegase directamente a la madre en lugar de ser incluido en la nómina del padre entre muchas otras reformas en el aspecto político. No tiene desperdicio la divertida interpretación de Miranda Richardson que retrata a esta gran mujer que sabe imponerse en un mundo de hombres, sin la que probablemente las trabajadoras de Ford habrían tenido mucho más difíciles sus objetivos y cuyo nombre sin embargo no es muy recordado en el mundo de la política a pesar de sus increíbles avances en materia de igualdad de sexos.

‘Eddie: Me gusta beber pero no le doy a la cerveza cada noche, ni me follo a otras mujeres… Y nunca te he levantado la mano. ¡Jamás! Ni a los niños.
[…]
Rita: ¿Ahora eres un santo? ¿Es lo que me estás diciendo Eddie? ¿Eres un maldito santo porque no has abusado de nosotros? […] Esto es como debe de ser, ¡por dios santo Eddie! De qué crees que va toda esta maldita huelga, ¿eh? ¡Ah, sí! No, de hecho tienes razón, no eres un borracho, no eres jugador, te ocupas de los niños, no nos pegas a ninguno, ¡oh, qué suerte tengo! ¡Por el amor de dios Eddie! ¡Así es como debe de ser! Intenta entender eso. ¡Son derechos, no privilegios! ¡Es así de fácil! ¡Es así de fácil!’

Os invito a que veáis esta película que nos enseña cómo estas mujeres marcaron hace casi cincuenta años un camino hacia la igualdad entre hombres y mujeres, que sin duda ha mejorado desde 1968. Pero aún existe una importante brecha salarial, una discriminación en el mundo laboral pero también en la sociedad, que hay que luchar por destruir, tanto hombres como mujeres.

Para que el sexo, al igual que muchos otros aspectos, deje de ser un motivo de discriminación.

Patricia Andersen estudia Comunicación Audiovisual y colabora en el departamento de comunicación de Oxfam Intermón.

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