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El final de la cuesta abajo

Por Charo Mármol Charo Mármol

Se llama Maria y tiene cincuenta y cuatro años. Se esconde tras  unas grandes gafas negras  desde donde mira al mundo. Un mundo del que ella se quiere ocultar porque siente vergüenza de la situación a la que ha llegado. ‘Yo quiero ver pero no quiero que me vean’. 

Ha trabajado durante 23 años. Ha sido cocinera, cuidadora de personas mayores, limpiadora en residencias…  Pero finalmente, cuando empezó la crisis, se quedó sin trabajo y pasó a ser un número más en las estadísticas.  ‘Cuando se llega a una determinada edad parece que ya no sirves para nada’. A partir de los cuarenta se hace difícil encontrar trabajo.

Maria

María mirando hacia el futuro. Imagen: Charo Mármol.

 

María es divorciada. ‘Felizmente divorciada desde el 2009‘, me dice. Su marido era una persona muy complicada y la maltrató psicológicamente. María se queja de que si no vas con una pierna rota o un ojo morado, la policía no te hace caso. ‘Esto es muy cruel en nuestra sociedad. Le di muchas oportunidades pero en el 2009 se acabó’.

Tenía una casa y sus ahorros pero al perder el trabajo, primero gastó los ahorros y luego tuvo que dejar la casa. ‘Estaba pagando una hipoteca y tuve que devolverla para no cargar toda mi vida con una hipoteca y además estar en la calle’.

Tiene dos hijos. El hijo está trabajando desde hace unos meses con uno de los míseros contratos que se hacen en la actualidad. La hija sigue estudiando, aunque ha repetido tres años por la situación que le ha tocado vivir.

“Mis hijos viven con su padre porque no pueden estar conmigo”. A Maria se le quiebra la voz cuando recuerda que, un día,  tuvo que pedir a su hijo 50 euros.

Fue a Servicios Sociales y ellos le facilitaron un  piso compartido. Allí duerme y la mañana la pasa en el Centro de Día de la Fundación Luz Casanova: ha hecho un curso de informática avanzada y otro intensivo en la empresa Prosegur, colaboradora de la Fundación. La mañana termina con la comida en el Centro. En el piso no hay ni desayuno ni cena. María se guarda alguna cosa, algo del postre, para no irse con el estomago  vacío a la cama.

Ella no deja de hacer todas las entrevistas de trabajo que se le ofrecen. Alguna vez se ha colado en el metro porque no tenía dinero para los desplazamientos. ‘Espero salir a flote, no seguir nadando contracorriente; espero seguir dando pasos agigantados. Hay días que me levanto y digo: Otro día más ¿para qué? Hoy he venido muy contenta para esta entrevista  pero la verdad es que me da mucha pena contar todo esto‘ y la voz de María se quiebra.

La esperanza de encontrar algo es lo que me ayuda a levantarme, venir, ver a los compañeros, animarles, animarnos… Me anima mucho venir por los talleres, aunque tengo muchos problemas para centrarme en lo que voy estudiando.  Aprovecho todo lo que se me ofrece porque  estoy aprendiendo mucho y además es lo único que me puede salvar’

Charo Mármol es comunicadora, feminista, militante de causas perdidas y autora del blog La mecedora violeta.

1 comentario

  1. Dice ser Ali Oli

    Siempre hay quienes niegan que la crisis está afectando duramente a las mujeres, o no más que a los hombres. La realidad es que el trabajo cuando tienes hijos es menos accesible y que es más fácil activar la cuesta abajo. Ojalá cambie la situación para María. Y por favor miremos alrededor que hay muchas Marías que necesitan apoyo.

    05 marzo 2015 | 14:26

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