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Legalidad y sufrimiento: mujeres que ayudan a mujeres

Por Flor de Torres Flor de Torres

Hace unos días tuve un encuentro muy especial. La Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo y la profesora María Jesús Cala Carrillo, de la Facultad de Psicología de Sevilla, han hecho posible mi encuentro con Janina.

Mujeres y niños junto al río Coco, en Nicaragua. Imagen de María Cimadevilla.

Mujeres y niños junto al río Coco, en Nicaragua. Imagen de María Cimadevilla.

Janina Margarita Jackson Machado es Fiscal regional del Ministerio Público de Nicaragua en la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur. Con una formación especializada en violencia de género, intrafamiliar y sexual, participa activamente en el diseño de una actuación integral en su país para erradicar las violencias basadas en el género, en el marco de un proyecto que cuenta con el apoyo de la cooperación andaluza.

Y ella, como Fiscal en Nicaragua, representa a las víctimas de violencia de género y es a la vez enlace en la Unidad Especializada de Niñez y Adolescencia. Mujer de compromiso en un país donde la abogada Juana Antonia Jiménez,  ya me contó el amplio movimiento que se ha desplegado para defender los derechos de las mujeres.

Y es que Nicaragua despertó por la igualdad. Existe una Ley Integral contra la violencia a las mujeres. Pero un sueño integral que ha durado poco, pues apenas un año después de su publicación se reformó para romper con la prohibición de la mediación y la especialización judicial, un abandono que supuso resucitar la instancia privada en el delito de violencia a la mujer.

Hay principios básicos en la lucha judicial contra la violencia de género que ahora se desmoronan. Pero he recibido de Janina el talante de compromiso por la igualdad de las mujeres en Nicaragua. Janina en su profesión como fiscal logra que no se vacíen los derechos de las mujeres nicaragüenses que sufren la violencia de género, ni los de sus hijos, que sufren en la misma medida.

Entre mi colega Janina y yo apenas conocernos surgió una complicidad inevitable. Vivimos en distintos países, trabajamos con distintas mujeres, en dos continentes y sin embargo de nuestro intercambio de experiencias parecía que habíamos compartido idénticos casos. Nuestras trayectorias vitales parecían entrelazarse pues eran prácticamente idénticas. Hasta llegamos a creer en un emotivo abrazo que en realidad éramos hermanas de vida que no se habían conocido hasta ese momento.

Con contenida emoción recordamos algunas vivencias con mujeres y juicios de feminicidios de las mujeres que no están, que nos faltan. De sus hijos. De los hijos de la violencia de género que ella comparte conmigo que son víctimas directas de la violencia de genero. Y nos emociona también que muchos asesinatos a mujeres en su país y en el mío son idénticos y se producen de la misma forma y con la misma casuística. Y es que la violencia del hombre hacia la mujer se ejerce y se desarrolla igual en las dos orillas. En el mundo. Sabemos que ello no es más que la consecuencia de la supresión de todos los derechos a la mujer cuando se la denigra física y psíquicamente en la violencia de género. Y concluimos que sin igualdad no hay derechos. Ninguno. Todos transitan por esta bella y enorme palabra que es la igualdad. Y sin ella ni en Nicaragua, ni en España, ni en el mundo habrá respeto ni derechos a la mujer.

Somos fiscales en femenino de violencia a la mujer. Mayoritariamente somos mujeres quienes hemos proporcionado asistencia jurídica a las víctimas. Y tratándose de feminicidios hemos atendido a sus familias, no solo jurídicamente, sino que hemos desarrollado y construido una habilidad empática a lo largo del trayecto de nuestra experiencia profesional. Este modo de atención se ha transformado en una capacidad, un saber que equilibra la razón técnica y legal con la habilidad en el manejo humano del sufrimiento que los casos de violencia de género llevan en sí mismos. Y que nosotras que manejamos el dolor de forma tan directa, necesariamente nos penetra.

Nos despedimos con la ilusión que la vida de nuevo vuelva a unirnos. En Nicaragua o en España. Y con la emoción de lo que este encuentro supuso para ambas. Somos mujeres que ayudamos a mujeres. Y mi admirada hermana, la fiscal de género de Nicaragua Janina Jackson, es un claro ejemplo de ello.

Flor de Torres Porras es Fiscal Delegada de la Comunidad Autónoma de Andalucía de Violencia a la mujer y contra la Discriminación sexual. Fiscal Decana de Málaga.

2 comentarios

  1. Dice ser María Alcala

    Así son las mujeres valientes ….Se conseguirá la Igualdad sí mujeres como vosotras en vuestro trabajo y vuestra lucha . Seguís trabajando y luchando por ella.gracias gracias y Gracias

    03 diciembre 2014 | 22:04

  2. Gracias por compartir esa sensación que alguna vez también yo he tenido de conocer a alguien de toda la vida, aún sin haberla visto y aunque viva en la otra punta del planeta. Sobre el tema y el título elegido para esta entrada, pienso que es muy positivo que se den a conocer estos casos en los que la cooperación al desarrollo juega un papel tan importante, pero por otro lado pienso que no es muy positivo que se resalte que son mujeres las que ayudan a mujeres, pues eso es un síntoma de que algo estamos haciendo mal, pues no conseguimos llegar a los hombres. Un saludo

    04 diciembre 2014 | 10:12

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