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¿Acción humanitaria, acción igualitaria?

Por Raquel Ferrando Raquel Ferrando

Hace tiempo que las organizaciones humanitarias responden a las emergencias teniendo en cuenta la situación específica de las mujeres y su aporte a la resiliencia, entendida esta como la capacidad de los seres vivos de sobreponerse al dolor. Pero no se trata de seguir los pasos de una moda, sino de adaptar la forma de actuar tanto cuando hay una catástrofe (un tifón, una guerra…) como en el trabajo de prenvención previo.

Hemos leído muchos artículos y publicaciones, varias de ellas en este mismo blog, sobre cómo las mujeres están especialmente desprotegidas en situaciones de conflicto o catástrofes naturales, pero también hemos constatado la importancia de su rol para conseguir que su comunidad salga adelante tras las crisis.

(c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Las organizaciones humanitarias empiezan a tener en cuenta la situación de las mujeres en las emergencias. En la foto, cola para recoger comida en un campo de desplazados de Sudán del Sur (c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Si bien existen numerosas guías y metodologías para abordar el trabajo por la igualdad en contextos críticos, lo cierto es que precisamente en esas situaciones tan complicadas e inmediatas como pueden ser las de Siria, Palestina o Sudan del Sur, entre otras, una pequeña demora puede afectar a cientos o miles de personas. Además, puede haber violaciones de Derechos Humanos generalizadas y la situación de las personas es tan dramática que cuesta ver claro el trabajo desde la igualdad entre mujeres y hombres.

Partiendo de esto la discusión está servida: ¿Es práctico y útil tomarse su tiempo para tener un plan sobre cómo actuar y planificar la acción humanitaria para no perpetuar situaciones de violencia o machismo? ¿O lo inmediato es llegar a todas las personas y luego ya iremos analizando sobre la marcha cómo hacer eso, cuando la urgencia no sea tan imperante?

Dejaré estas dos preguntas en el aire para responder a otras dos que me vienen a la mente como ejemplos: ¿Y si la ayuda internacional que aterriza en una zona es escasa o desordenada y no llegamos a todo el mundo como nos gustaría? ¿Qué pasaría? Pues que seguramente llegaríamos menos a quien más lo necesita, si no trabajamos desde una perspectiva de género y generacional. ¿Y si la crisis lleva a que las niñas y los niños se vean enormemente afectados o necesiten cuidados especiales? ¿Trabajaremos solo con las mujeres que los cuidan, dándoles más trabajo? Desde luego que no, eso sería precisamente lo que trataríamos de evitar.

No trato de dar respuestas exactas sobre lo que hacer, ya que el ser humano es inexacto. Tampoco trato de responder a todas las dudas ahora sino sacar ideas de mi mente para que sirvan a la reflexión. Yo también he pensado tras las preguntas y a la conclusión a la que llego es que tanto las sociedades en las que viven las personas afectadas por las crisis como aquellas de quienes lleguen a ayudarles deber estar sensibilizadas. Cada quien debe saber que todo lo que pasa afecta de forma diferente a cada persona. Los problemas no son los mismos para mujeres y hombres y las expectativas que pone la sociedad en cada persona, durante y después del conflicto o desastre natural no son las mismas.

La respuesta ante una crisis no debe crear situaciones de desigualdades en el acceso y disfrute de los derechos sino analizar necesidades conociendo cada situación diferenciada, para resolver verdaderamente el problema. El objeto del trabajo humanitario no es participar de la desigualdad entre sexos, sino llegar a toda la humanidad. Tampoco es fomentar problemas sino tratar de resolver los que existan, o al menos no hacerlos más grandes.

Raquel Ferrando trabaja en cooperación internacional desde 2003 con la convicción de que no se pueden cambiar las cosas sin mirar desde otro enfoque, el de la igualdad de género.

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