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La violación: abre los ojos

Por Maribel Maseda Maribel Maseda 2

Hoy han violado a 903 mujeres.

No las conocemos, quizá nunca lo hagamos. Ni tan siquiera leeremos los sucesos en el periódico. 903 mujeres hoy se enfrentan a una vida diferente a la que tenían proyectada para ellas mismas, a la que habían soñado de niñas y a la que habían imaginado que tendrían antes de aparecer en sus vidas alguien que, para vergüenza de nuestra especie, es también un ser humano, lo cual no banaliza su delito, sino más al contrario, lo debería agravar aún más si cabe, al ensuciar nuestras propias raíces.

Violación NO. Imagen de TrasTando

Violación NO. Imagen de TrasTando

Hablar del violador no es darle protagonismo, sino restarle valor como persona. Porque no existe una sola sana éticamente que desee parecerse a ellos ni  ocupar el mismo espacio biológico en el que se encuentran. Y esto debemos hacérselo saber, por que si no, ayudaremos a darles cobijo en nuestro propio temor de portar su mismo rasgo defectuoso, que no enfermo. Y es que cuando un animal desgarra el cuerpo de una persona, sabemos donde debemos mantenernos a salvo de su agresión: en un lugar que no está destinado a ellos, porque de todos es sabido que determinadas   especies diferentes no pueden convivir juntas. Y cuando el animal mata a una persona, es porque  uno u otro ha invadido un espacio que no le pertenecía.

Pero cuando ‘una persona viola a una persona’- no  a otra persona-, no cabe duda de que siendo de la misma especie ocupa el mismo espacio que las demás y por lo tanto, pasará desapercibido entre los que parecen ser iguales a él. Esta idea no será soportable para muchos, que necesitarán buscar la razón que les haga sentirse diferentes a ellos; una razón que indique que alguien ha invadido el espacio del otro: ‘ha salido sola sabiendo que es peligroso’ ‘va vestida de forma provocativa sabiendo que excita al hombre’, ‘bebe sabiendo que pierde la noción de lo que puede ocurrirle…‘. Pero hombres y mujeres no son especies diferentes que haya que separar por el peligro a ser devorado una por otro, otra por uno.

Hablar de la mujer violada no es victimizarla. No hace falta. Es una victima significando que hay un agresor; y  no para ser compadecida, sino por que el violador lo será para siempre y ella será la prueba de lo que jamás él podrá ser.

Hablar de lo que es una violación sexual no es una recreación innecesaria de un acto vejatorio del que una mujer no debe hablar. El violador no hablará de él y si ella tampoco lo hace, su delito quedará impune. Y probablemente el siguiente similar que cometa. Porque no ha cometido su agresión por que ella haya bebido o vestido de manera inadecuada. Lo ha hecho porque posee un grave y peligroso problema de falta de  control y de exaltación de sus instintos que le separa con creces del territorio en el que el ser humano ejerce su sexualidad y desde el que marca la honrosa diferencia con el animal.

El violador sabe, percibe, observa, escucha, el dolor que está provocando en ella. No hay inconsciencia en su acto, ni mucho menos desconocimiento. La mujer vive el terror de la violación que está sufriendo con un nivel que desconocía hasta ese momento porque no se parece a ningún otro que haya podido sentir o describir previamente. Le arrebatan por la fuerza algo que trasciende lo meramente íntimo y privado. Es algo sagrado, absolutamente propio, que va más allá de lo sexual, de la sexualidad y de la voluntad de usarla como le parezca.

Descubre la vulneración y vulnerabilidad en el mismo momento de estar siendo violada. En ese mismo momento se siente profanada, en algo que solo ella podía poseer, oculto para el mundo y casi para ella al no precisar nombrarlo ni definirlo; le confería entidad, derecho, libertad. Mientras la violan, descubre que le roban algo preciado que no puede ubicar, pero sabe de profunda importancia, tanta, que arrebatándoselo, han dejado al descubierto algo invisible que hasta ese momento permanecía seguro escondido para el mundo. Cuando alguien perverso lo encuentra, lo roba y lo destruye por la fuerza más vil, siente que aparece ante el mundo desnuda, frágil y mucho, mucho más indefensa.

Recuperarse no es solo un acto físico ante el siempre brutal ataque; es una andadura muchas veces errante intentando encontrar aquello robado de la parte más profunda de su ser, no de su sexualidad.

Como si de un enfermizo inmortal se tratara, estos perversos se sienten fortalecidos con cada esencia robada. Se sienten poderosos porque saben perfectamente lo que ocurre en cada una de sus víctimas.

Lo que no saben es que, ni con una ni con mil, podrán robarles lo más genuino de ellas, porque jamás lo encontrarán a través de la violación. E igual que ocurre con aquello que roban en ellas, no podrán buscarlo porque tampoco puede definirse, ni decir a qué se parece. No podrán identificarlo, porque ellos carecen de aquello que es aún más profundo y genuino que esa esencia y entonces nunca sabrán dónde buscarla ,como encontrarla.

Si han abusado de ti y/o te han violado da toda la información para que el violador sea desenmascarado. Busca ayuda inmediata, con la que te sientas más cómoda y confiada. No te sometas a un interrogatorio sobre los porqués y los cómo; no te desgastes más. Las respuestas nunca estarán en ti, porque se forjan en la mente insana y perversa de quien cometió el acto. No hay motivos que puedas alcanzar a comprender porque nunca fueron tuyos. En tu testimonio, no sientas que hay grietas por las que se cuela algún detalle que hace parecer que tú facilitaste el delito. Cuenta toda la verdad y no sucumbas al error de justificarte. Todo lo que una mínima parte del mundo pueda opinar o creer en contra tuya será sobre otra cuestión que nada tiene que ver con la agresión que el violador ha cometido, ya sea un conocido o un desconocido. No dejes que el miedo permanezca en estado durmiente dentro de ti, esto truncaría tu vida y de nuevo sería concederle poder.

Sobre todo, nunca te avergüences de haber sido violada o abusada. Ni permitas que otros actúen como si debieras estarlo. Contarlo nunca te pondrá en evidencia a ti sino al violador.

Cada vez que lo contéis, le restaréis poder, porque no solo sabrá que perderéis el miedo, sino su capacidad de generaros vergüenza. Cuando él vaya perdiendo su poder, será él quien empiece a experimentar ambos.

Nunca lo olvides: cada violación que cometen es un recuerdo más de lo que jamás podrán alcanzar.

 

Maribel Maseda es Diplomada Universitaria en Enfermería, especialista en psiquiatría y experta en técnicas de autoconocimiento. Autora de obras como HáblameEl tablero iniciático, y La zona segura. Recientemente ha iniciado el movimiento #1carta1vida para dar valor a las vidas de las personas mayores.

4 comentarios

  1. Dice ser Antonio

    Por primera vez me dan dan ganas de aplaudir al leer una entrada vuestra.

    22 julio 2014 | 11:44

  2. Dice ser albitaguapa2

    este tema no admite discusión posible

    22 julio 2014 | 13:16

  3. Dice ser Una

    ¿Y qué pasa si el abusador es alguien cercano a la abusada? ¿Cómo vas a denunciar a alguien al que vas a tener que seguir viendo día tras día, porque es un familiar? Además, en estos casos el silencio también viene propiciado por el temor a no ser creídos al contarlo…en estos casos, el violador sabe que está en una posición de ventaja y se aprovecha de ello, ¿qué puede hacer la víctima entonces?

    22 julio 2014 | 15:11

  4. Dice ser Maribel

    El violador SIEMPRE se cree en ventaja debido al temor de los otros de descubrir la agresión en su propio entorno seguro( social,familiar…) no sólo de la víctima,sino de quien lo comparte ajeno a ello..Una gran parte de los abusos ocurren en un ámbito conocido y que debería ser seguro. Es uno de los muchos factores que dificultan a la persona de la que abusan el contarlo. Y lamentablemente, es uno de los mismos factores que facilitan a la persona que abusa el hacerlo y el repetirlo. Contarlo exige un esfuerzo emocional y psicológico enorme. Por ello, no hablo de denunciar como primer paso,sino de pedir ayuda y con la que más segura se sienta la víctima. Necesita que le vayan ayudando,apoyando y asesorando en cada paso que dé y en cada reacción que vaya a ocurrir( no que ella vaya a provocar). Ante la cantidad y calidad de las reacciones cuando se desvela este tipo de abusos, lo frecuente es que se le insinué a la víctima que mejor deje todo como está, lo cual es un error. Paradójicamente, si llega a descubrirse, el hecho de no haberlo contado, hará dudar de la veracidad de su agresión. Primero, hay que ayudar a contarlo. Luego ya vendrà el resto.

    22 julio 2014 | 17:07

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