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Qué rico mango

Por Belén de la Banda @bdelabanda

Cuesta bastante llegar a Bérégadougou, un pueblo campesino al noroeste de Burkina Faso, no muy lejos de Bobó Dioulasso, la segunda ciudad más importante del país. Pero cuando llegas, no puedes evitar caer en una inmensa admiración por esas 600 mujeres que desde hace unos años han encontrado un salario y una nueva vida gracias a los mangos.

Imagen de Omar Traoré / Oxfam Intermón

Varias mujeres lavan los mangos al inicio del proceso. imagen de Omar Traoré / Oxfam Intermón

De este pueblo, los jóvenes solían emigrar hacia varias plantaciones de caña para buscar trabajo. Así, sólo los muchachos jóvenes y fuertes lograban un ingreso mínimo a costa de su propia salud, ya que el trabajo y las condiciones en que se hace son muy duros. En el pueblo sólo quedaban los mayores y las mujeres, y las tierras iban quedando abandonadas. Un caso especial eran los mangos: los árboles producían bien, pero la época de la cosecha es la que es, todos los mangos se producían a la vez, y el exceso de oferta hacía caer el precio en el mercado.

Desde hace unos años, los jóvenes de este pueblo formaron la asociación Wouol, les pidieron a sus padres que les dejaran organizar las tierras, y con ayuda de Oxfam Intermón las mujeres empezaron a crear pequeñas plantas de secado de mangos. Las piezas de mango seco se conservan, se pueden exportar, y dan trabajo digno a cientos de mujeres.

Tuve ocasión de estar con ellas en 2005, y probar esos deliciosos mangos secos, que mantienen su sabor a fruta aunque parezcan patatas fritas bien doradas. Pero lo que más me sorprendió fue ver cómo las mujeres han organizado su trabajo de forma que todas las edades y situaciones están incorporadas. Por ejemplo, las mujeres ancianas utilizan su autoridad para obligar a cumplir de forma estricta las medidas de higiene necesarias para manipular alimentos.

El mango es un símbolo, pero alrededor de él, las tierras son bien cuidadas, los ríos protegidos para evitar la contaminación y un grupo de danza y teatro recorre las aldeas mostrando cómo es posible cuidar y proteger la tierra que cada día nos da de comer. Burkina Faso no tiene mar, es uno de los países más pobres del planeta, y el desierto del Sahel avanza hacia el norte por su territorio, llevándose por delante cosechas, cabezas de ganado y vidas de niñas y niños que no tienen suficiente alimento. Por eso Wouol es una auténtica isla verde en su país, una isla de mujeres sonrientes bajo el símbolo de un árbol de mango.

Belén de la Banda es periodista y trabaja en Oxfam Intermón

 

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