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La tapada de la democracia española

Por Mariana Vidal Mariana Vidal

Mañana será de nuevo Sábado Santo. No puedo evitar recordar el Sábado Santo más importante en la historia reciente de España. Ya sé que las fechas no coinciden exactamente, pero al acercarse la fecha se siente más la gran ausencia. Casi nadie habla de Carmen Díez de Rivera. Ni siquiera con motivo del fallecimiento de Adolfo Suárez se ha mencionado su gran contribución a la democracia más allá de un artículo de la periodista Ana Romero, a la que la política permitió ver sus cuadernos y concedió largas entrevistas en sus últimos meses de vida. El artículo estaba en la sección ‘la otra crónica’ de su periódico, una ‘zona rosa’ muy alejada de la política. Tampoco le hizo gran favor Manuel Vicent en ‘El azar de la mujer rubia’, situándola en las nieblas de la relación personal y el olvido político. Pero se trata de un personaje histórico y político de primer orden que debe ser reconocido como tal.

Portada del libro Carmen, Suárez y el Rey: El triángulo de la transición, de Ana Romero (Ed. Planeta)

Portada del libro Carmen, Suárez y el Rey: El triángulo de la transición, de Ana Romero (Ed. Planeta)

El sábado santo de 1977 fue 9 de abril. Ha pasado a la historia como ‘sábado santo rojo’ por la legalización del Partido Comunista de España (PCE) tras los años de la dictadura. Legalizar el PCE, junto con los partidos de izquierda en general pero con un carácter mucho más emblemático, fue probablemente la decisión más valiente de Adolfo Suárez. Esa legalización fue la clave para que las elecciones generales de 1977, que luego fueron Constituyentes, fueran percibidas por el pueblo español como una oportunidad real para el pluralismo. Fue la decisión que legitimó con hechos la transición y la democracia española, aunque muchas personas ahora no lo recuerden.

Porque la realidad es que muchas personas no quieren o no pueden recordar. Carmen Díez de Rivera estaba en la sala de máquinas de la Transición, como jefa de gabinete de Suárez. Varios de los gestos valientes de Carmen han quedado olvidados, quizá conscientemente o deseadamente olvidados, para dar protagonismo a otros actores.

Fue muy sonado un encuentro público de Carmen Díez de Rivera con Santiago Carrillo cuando éste aún estaba en la clandestinidad. Ambos pretendían mostrar que era normal y deseable para la democracia que la presencia de su partido, que encarnaba en el imaginario popular la oposición al franquismo. Sin su participación, para Carmen, las elecciones se verían como un ‘cambiar todo para que nada cambie’, dado el lastre de legitimidad con que llegaban tanto Suárez como el Rey, herederos del régimen franquista. En Presidencia, a Carmen le costó un gran disgusto el saludo a Carrillo, que Suárez consideró inconveniente e inoportuno. Y Carmen recibió numerosos anónimos, amenazas de muerte, insultos de la poderosa ultraderecha.

 

En enero de 1977, cuando un comando ultraderechista asesinó a 5 personas en un despacho de abogados laboralistas en Atocha, ni Suárez ni el Rey se preocuparon de dar condolencias a su familia. En medio del caos, ni siquiera querían autorizar el entierro que el Colegio de Abogados se ofrecía a organizar. Carmen Díez de Rivera tuvo una actuación destacada para permitir que las víctimas tuvieran su despedida y homenaje. La organización impecable de la seguridad a cargo del Partido Comunista fue otro de los gestos históricos de dignidad que permitió abrir un nuevo frente de confianza.

Imagen del encuentro entre Díez de Rivera y Carrillo, al día siguiente en el periódico Diario 16.

Imagen del encuentro entre Díez de Rivera y Carrillo, al día siguiente en el periódico Diario 16.

Probablemente fueron gestos de dignidad como éstos los que no le dejaron otra salida a Suárez que dejarse llevar por uno de sus arranques de valentía por los que ha pasado a la historia. Acostumbrado a la negociación oculta y sin focos, Suárez estaba dispuesto a dejar para después de las primeras elecciones la legalización del PCE, para no molestar a las fieras del régimen. Pero la historia no hubiera sido la misma, ni mucho menos.

Afortunadamente, el legado de Carmen puede salvarse todavía. En los dos libros de Ana Romero (‘Historia de Carmen‘, y su reciente versión ‘El triángulo de la transición’) se transcriben partes de sus diarios, con interesantísimos comentarios sobre los acontecimientos de la Transición. Merece la pena leerlos y releerlos, porque se ve claramente cómo el motor de determinadas decisiones no fue Suárez, ni el Rey. Fue la única de todos los que estaban allí que tenía alguna experiencia, por su trayectoria internacional, de lo que tenía que ser una democracia.

Y ya es hora, también, de que buenos historiadores comiencen a investigar y poner en valor la figura de Carmen Díez de Rivera y su contribución a la democracia en España.

 Mariana Vidal es comunicadora y experta en política latinoamericana.

4 comentarios

  1. Dice ser Casandra

    Lo que hay es mucho mito y mucha gente que gracias a contar cuentos de la Transición Española pues a vivido y vive estupendamente en primer lugar Franco se murió en la cama es decir que la dictadura se murió de vieja y lo que paso es que el Rey y Suárez o el mismo Fraga se cambiaron de chaqueta descaradamente es decir lo que hubo fue mucho oprtunista que vio una oportunidad para trepar a la silla y luego haberse pasado atornillado a ella 30 años y el factor que se le debe que hoy tengamos un democracia eso si cartón piedra es el turismo es decir España salio de la autarquía gracias al invecto del turismo de masas mas al progreso es decir a la tecnología logro salir de su aislamiento internacional

    18 abril 2014 | 12:03

  2. Dice ser caquita

    Como blog de humor no está mal.

    18 abril 2014 | 16:12

  3. Dice ser Sylvina_23

    Es una pena que no se haya mencionado el gran papel de Carmen durante la Transición.
    No he tenido oportunidad de comprar el libro pero sin duda alguna, lo compraré.
    Te felicito por la entrada.Un saludo.

    18 abril 2014 | 16:16

  4. Dice ser ANTONIO LARROSA

    ¡QUE TIEMPOS AQUELLOS!

    Clica sobre mi nombre

    20 abril 2014 | 11:56

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