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En el Día Internacional de las Personas Migrantes: ¡Salud, compañeras!

Por Margarita Saldaña MargaritaSaldaña

No conmemoramos hoy el Día Internacional de las Personas Migrantes simplemente porque la ONU lo proponga un año más.  De hecho, la conmoción de Lampedusa amenaza con ahogar nuestro empeño, y la indignación de Melilla podría cortar de raíz cualquier brote de celebración así como siega sin piedad la carne y la ilusión de tanta gente.

Si, a pesar de todo, seguimos aferradas a la esperanza es porque todos los días constatamos que es muy cierto aquello que la ONU declaró en su asamblea general del pasado mes de octubre: «la importante contribución de los migrantes y la migración al desarrollo de los países de origen, tránsito y destino».  Esta «importante contribución» permanece invisibilizada o, lo que es peor, es deformada impunemente cuando se presenta a los inmigrantes como un lastre social del que necesitamos deshacernos. A la afirmación de la ONU sumemos el dato de que las mujeres y las niñas representan la mitad de los migrantes internacionales… ¡y que empiece la fiesta por estas compañeras que día a día colaboran a mejorar nuestro país y el suyo!

 María Alexandra Vásquez (abogada) y Catalina Villa (psicóloga), miembros del Equipo Técnico de Pueblos Unidos. Foto: Marga Saldaña

María Alexandra Vásquez (abogada) y Catalina Villa (psicóloga), miembros del Equipo Técnico de Pueblos Unidos. Foto: Marga Saldaña

Desde luego que no puede tratarse de una fiesta fácil cuando a muchas y a muchos la decisión de migrar les cuesta su propia vida. Las sombras de los muertos nos persiguen, impidiéndonos dejar para mañana la lucha abierta por condiciones de vida más justas y más dignas. Pero, además de ser un día para la denuncia y la reinvindicación, el 18 de diciembre quiere poner en valor «decenas de pequeñas grandes historias de dignidad, sacrificio, solidaridad, aprecio común, acogida y agradecimiento que contribuyen a hacer más densa esa urdimbre de vínculos entre vecinos y vecinas llegados de tantos lugares distintos. (…) Hoy celebramos todas esas historias como pequeños triunfos de humanidad compartida en un contexto de decisiones políticas que las hace improbables (Declaración del Servicio Jesuita a Migrantes).

Me gustaría destacar hoy dos de esas «pequeñas grandes historias», dos figuras que desde la penumbra acompañan con su solidaridad y buen hacer a tantos migrantes que acuden a nuestro Centro Pueblos Unidos. Porque también ellas, Catalina y María Alexandra, son migrantes. Ambas dejaron un día sus países de origen, Colombia y Venezuela, y llegaron a España con un buen caudal de profesionalidad y un futuro incierto por delante. Lo que aportan a nuestra tarea común es mucho más un conjunto de conocimientos especializados en las áreas de la Psicología y el Derecho, aunque las dos trabajan concienzudamente y se desvelan por sus programas. Su formación como psicóloga clínica, enraizada en su propia experiencia migratoria, dota a Cata de una sensibilidad muy particular para detectar el dolor, procurar que cada persona encuentre caminos de sanación y crecimiento, y promover grupos de mujeres que mutamente se ayudan a hacerse un hueco en la sociedad española. Por su parte, María Alexandra ejerce su profesión de abogada con una fina intuición para percibir la injusticia que sufren las personas más vulnerables, sobre todo las trabajadoras domésticas, y con la férrea voluntad de defender sus derechos cueste lo que cueste. Nuestro equipo no sería el mismo sin ellas.

A pesar de que toda celebración se nos ha vuelto difícil, hoy es un día para brindar por  esas mujeres migrantes que constantemente se superan a sí mismas y contribuyen a que la vida sea un poco mejor. Por María, por Cata, por tantas que conocemos y por las que en el anonimato sostienen el peso del mundo. ¡Salud, compañeras!

Margarita Saldaña. Trabajo en el  Centro Pueblos Unidos. Miro con atención la vida que se esconde en los dobleces de la historia, donde con demasiada frecuencia nos encontramos las mujeres. Compañera de todos los que buscan un mundo más justo.

6 comentarios

  1. Dice ser peregrino

    El diccionario de la rae todavía no incluye la palabra “migrante”. Tal vez la incluya en el próximo.
    El diccionario de María Moliner no incluye la palabra migrante.
    Las personas que se van de su país por causas no políticas son “emigrantes”.
    Cuando esas personas llegan a otro país, además de ser emigrantes pueden considerarse inmigrantes en el nuevo.

    18 diciembre 2013 | 10:00

  2. Dice ser Nahum

    Nunca hay que olvidar el valor de la vida ni menospreciar la de otro 🙂

    18 diciembre 2013 | 11:47

  3. Dice ser Suertuda

    Pues chicas, gracias por vuestro esfuerzo. Frente al egoísmo y la intolerancia, abrirse a las personas. Frente a los juicios sin fundamento (a los pre-juicios), el trabajo y el conocimiento que vais recogiendo todas vosotras. Este mundo debería ser un mundo sin fronteras para las personas,y ahora nuestros compatriotras lo están sintiendo en sus carnes. Un e-migrante es lo mismo que un in-migrante, y si los primeros tienen nuestra compasión y respeto, los segundos deberían tenerlos también. Enhorabuena por vuestro trabajo y enhorabuena a todas las personas que no discriminan y aportan para construir un mundo sin discriminación

    18 diciembre 2013 | 15:16

  4. Dice ser Carmela Villalta

    Buen día para todos los que han tenido que salir de casa llevando el corazón en la mano. Que os sintáis parte del lugar al que llegáis, que haya buenas personas como éstas que os ayuden.

    18 diciembre 2013 | 15:19

  5. Dice ser Juanete

    Me gusta esta frase: ‘una fina intuición para percibir la injusticia que sufren las personas más vulnerables’
    En lugar de esa gente que escribe mirando la paja en el ojo ajeno y sin ver la viga en la nuestra… Cuando oigo comentarios despreciativos hacia las personas inmigrantes sólo veo desconocimiento y egoísmo.

    18 diciembre 2013 | 15:36

  6. Dice ser Carmen

    Conozco personalmente a María Alexandra y puedo ratificar su dedicación y su generosidad para ayudar a quienes lo necesitan. Gracias María.

    21 diciembre 2013 | 03:01

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