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Mara viste y calza Mara viste y calza

“Algunas personas
sueñan con piscinas,
yo sueño con armarios”.
Audrey Hepburn

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Esas ‘instagramers’ con pelos

Miércoles, 10 de la mañana. Me deslizo por Instagram hasta que doy con una foto de una chica con pelos en las piernas. Me meto en su perfil y repaso sus publicaciones hasta que una de mis compañeras me llama la atención horrorizada.

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-Madre mía, ¿pero qué es eso?

Mi compañera, veinteañera, con un mini bolso de Vuitton con llavero de pompón rosa incluido y más adicta a Instagram que al café, mira mi móvil asustada, como si esa pelusilla de la foto fuera a saltar de la pantalla y a enzarzarse en un combate a vida o muerte contra su pompón.

Eso, querida, son pelos. Pelos como los que tienes tú o yo hasta que alguien te ha enseñado a verlos como algo incorrecto, lo que hace que siempre sientas que te los debes quitar del cuerpo.

Pero no es el caso de Morgan Mikenas. La instagramer amante del fitness (y del arte y música según su cuenta en la red social) decidió dejar de depilarse y vivir en armonía con su cuerpo y sus pelos, algo que aplauden sus casi 77.000 seguidores.

I am not afraid. I am not afraid of my truths, of who I really am. I am not afraid to be exposed. What you see is what you get. This is me. I will not take away part of myself to make YOU feel more comfortable. I 👈🏼👈🏼am comfortable!! I'm completely comfortable in my own skin. Don't fear what will become of you, depend on no one..Because once you let go of what someone else might think of you, you are free..🌼✨ Since moving to Vegas I have gone into public in shorts/tank tops/ bathing suit.. fully exposing my body hair. It was a pleasant surprise for me! People out here look at me like I am no different/look directly into my eyes and acknowledge me as an authentic human being.☺️🙏🏼💖 (And that's how it should be) Completely a full 360 from the Midwest. Out there, if I went into public exposed, a trail of whispers/ laughter/ judgment/ negativity would follow.. but the negativity has taught me how to be fearless and confident.. and that's all you need to beat the negativity:) And I'm sure I will encounter negativity out here sometime, because negativity is everywhere and unavoidable..but I'm feeling super lucky that I haven't had to deal with that yet!:) All Im hoping to do is to teach acceptance. Practice acceptance, not judgement.💝✨🌸#onelove #inspireothers #befree #bebold #beyourself #selfcare #spreadlove #fitness #confidence #namaste #loveandlight #gratitude #bodypositive #bodyhairdontcare #positivity #passion #iloveyou #weareone #summerready #acceptance #notjudgement #physique #healthylifestyle

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“No me asusta quién soy. Lo que ves es lo que hay. No voy a quitarme una parte de mí para que tú te sientas cómodo. Yo estoy completamente cómoda en mi propia piel. Una vez deja de preocuparte lo que otros puedan pensar, eres libre… Todo lo que espero es enseñar a la gente a aceptarse. Practicad la aceptación no el juicio.”

No es la única que se ha sumado al #bodyhairdontcare. Cada vez más hombres y mujeres en las redes sociales suben fotos de su vello corporal con orgullo.

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Pero el hecho de que sean las que tienen un considerable número de seguidores las que se animan a dar este paso, logran una visibilidad y un impacto que realmente ayuda a concienciar de que, a fin de cuentas, el vello corporal debe ser una elección personal y no una obligación externa impuesta.

Por qué deberías usar el aceite de oliva como cosmético

(Después de cambiar el champú por vinagre me paso al otro aliño de la ensalada)

La vida fuera de casa es dura, pero es aún más dura cuando estas en una de las ciudades más caras de Europa (gracias Milán) y no quieres dejar a tus padres en la miseria. Es por eso que compro con mentalidad de trinchera: lo básico e imprescindible para vivir sana. Adiós esmaltes, cera depilatoria, cremas, mascarillas, tónicos, y otros caprichos cosméticos con los que vivía en Madrid.

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Vivir fuera de casa hace que desarrolles un sexto sentido: el del apaño. Encuentras soluciones a tus problemas cotidianos utilizando cosas alternativas con un poco de imaginación (y locura) que no te habías planteado antes.

La primera vez que se me ocurrió utilizar aceite de oliva fue cuando me puse máscara de pestañas y caí en que iba a necesitar algo más que agua y jabón (mi desmaquillante habitual) para sacarla. Fue entonces cuando vi lo que tenía en casa y pensé en el aceite. Me eché una gotita en el pulgar y lo froté contra el índice pasando las pestañas por medio. Funcionó de maravilla. Vale que hay que hacerlo con cuidado porque como vayas con prisa corres el riesgo de quedarte ciega (o al menos de que te escueza un poco el ojo como te entre aceite), pero me dejó las pestañas incluso más limpias que el desmaquillante que usaba en casa.

Otro uso alternativo fue el de complemento para la depilación. Con unas gotitas sobre la piel, la cuchilla se deslizaba mejor que cuando uso jabón, además de que al terminar las piernas quedan hidratadas, no como de la otra forma que puedes notar la piel un poco tirante al terminar.

Por último, no podía faltar el aceite y el pelo. Como os comentaba, la mascarilla ha sido otra de las cosas de las que me despedí al venir aquí. Una compañera de clase me recomendó hacer mascarilla de aguacate, pero, francamente, al precio que está aquí la fruta (y lo que me gusta esa en particular) me parecía un desperdicio. Pero oye, el aguacate son grasas buenas, como las del aceite de oliva virgen, así que ¿por qué no sustituir una por la otra? No digo que zambulláis la cabeza en aceite, pero unas dos o tres cucharadas por el cuello capilar, tras un masaje con las yemas de los dedos y 30 minutos de reposo, nos deja el pelo, tras lavarlo con agua y jabón, como cuando usamos la mascarilla una vez por semana.

En definitiva, que no solo he dejado de depender de varios productos que antes eran básicos (y por tanto mi cesta de la compra sale mejor) sino que además estoy minimizando la exposición a cosméticos químicos y utilizando remedios más naturales, algo de lo que soy 100% partidaria. De hecho, tengo ya claro que incluso cuando vuelva a hacer la compra “normal” el desmaquillante y la mascarilla no entrarán en mi cesta más.

Mi madre no es de esas madres

Todo lo que sé de maquillaje lo aprendí de mi madre, en otras palabras, nada.

Hoy quiero aprovechar para darle las gracias por ello. Porque cuando le dije: “Mamá enséñame a maquillarme” solo supo explicarme cómo dibujarme la raya del ojo. Ni polvos, colorete o pintalabios. “Estás más guapa sin maquillar” me repetía ese día y todos los demás que me ha visto hacerlo. Y ahora me lo creo.

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De ella aprendí una rutina de belleza que consiste en lavarse la cara por las noches, echarse crema hidratante y, en la piscina, la de factor 50. Mi madre, siempre natural, no solo de naturalidad al ser ella misma, sino de naturaleza por tener antepasadas meigas. La misma que para perfumarse, arrancaba un pedazo de lavanda paseando por el campo y se lo frotaba contra las muñecas para darles olor. Nunca le he dicho que es algo que automáticamente repito cada vez que veo esa planta.

Mi madre no es el tipo de madre que te dice “Vámonos de shopping” o “Te he comprado ropa”, a no ser que “ropa” sea un pijama o esos pares de calcetines que ya me venían haciendo falta. Pero es el tipo de madre que te pregunta si quieres ir con ella a ver una exposición o que te compra una novela que ha pensado que podría gustarte en la Feria del Libro. Debe ser porque he crecido con ello que prefiero lo segundo.

Mi madre no es de esas madres que va a la moda, al menos no lo era hace unos años. Es una mujer que lo mismo le da que le da lo mismo que se lleve azul, rojo, blanco o negro. Ella se compra los colores y accesorios que le da la gana y se los pone como quiere. Es de esas que usa la misma falda de antes de quedarse embarazadas. De esas cuya ropa es de un tejido tan bueno que incluso veinte años más tarde sigue pareciendo casi nuevo. Ella rescata, reaprovecha, usa y requeteusa. Por ello, cada vez que le regalan algo nuevo, me deja caer que me mantenga alejada de la prenda (mi mala fama de acaparadora de ropa ajena me precede) pero al final nunca tiene problema en abrir su armario (incluso el de ropa de los años 80) y dejar que lo saquee libremente.

A pesar de que combinemos las cosas de manera muy diferente, por ejemplo, ella usaba un bañador para ir a la playa y yo me lo pongo de body para ir de fiesta, a ambas nos encanta cacharrear con la ropa: mezclar, arriesgar… Mi madre ha sido mi primera influencer. Entre las fotos de cuando era (más) joven y sus anécdotas, me la imagino de veinteañera yendo por Vigo con su poncho fumando en pipa (era una hipster de aquellos tiempos). También me ha contagiado su amor por los bolsos, zapatos y sombreros.

Pero lo más importante es que mi madre me sigue enseñando cada día a quererme con celulitis, arrugas y pecho caído con su ejemplo. Nunca ha pasado por quirófano ni tiene intención de hacerlo. La entiendo. Está preciosa, y mi padre coincide conmigo cada vez que hemos hablado de ello.

No se me ocurre un mejor referente femenino en el que poder fijarme. De ella he aprendido a encontrar la belleza en la pasión, fortaleza, independencia, creatividad o en la dedicación. Pero tengo que sacarle una pega, es demasiado modesta. Cuando le digo que está guapa o me quedo embobada tratando de averiguar de qué color son ese día sus ojos (verdes, azules o grises dependiendo del sol o de su humor) me replica que no es mérito suyo. Supongo que es la única incapaz de ver lo que brilla.

Ojalá esto le ayude a hacerlo.

Feliz día, mamá.

Carta a mi yo de 50 años (para cuando los tenga)

Querida yo de 50 años:

Antes que nada, lo siento.

Lo siento porque no me estoy echando crema de protección 50 todos los días antes de salir de casa. Ambas sabemos que lo he intentado, pero que soy un desastre y me acabo olvidando. Lo siento porque no soy capaz de beber los famosos dos litros de agua que recomiendan al día. Lo siento porque no consigo eso de pedirme un té verde cuando hay plan de cañas con los amigos en un bar.

@meetingmara

Te diré que llevo 25 años vistiendo como me da la gana y espero que, 25 años después, sigas haciéndolo. Me dan lo mismo los artículos de “Prendas que no deberías llevar a partir de los 30” o “Las reglas para maquillarte si tienes más de 40”. No lo sigas, no hagas caso, viste, calza y maquíllate como te salga de las narices, como te sientas favorecida y a gusto contigo misma a pesar de que vaya en contra de lo que te recomienden.

Lo siento porque no tienes cientos de amigos de la infancia. Supongo que aprendí demasiado pronto que mi tiempo era una inversión y que no merecía la pena emplearlo en todo el mundo. Pero si has sido lo bastante lista, algo de lo que no tengo duda, conservarás esas pocas amistades que he ido coleccionando a lo largo de los años. Esas que sabes que se han ganado el derecho de ser amigos, y de las que tienes la gran suerte de poder llamarles así. Los que, a falta de más hermanos, espero que sean los posibles tíos postizos si has tenido hijos. Que si no los has tenido, tampoco pasa nada. Vale que molaba la idea de ser madre, pero oye, allá tú con nosotras.

Espero que estés haciendo deporte. No digo que seas la amante del gimnasio que soy ahora, pero que andes, que corras, que no pases el día sentada, que nos dijeron que nuestro metabolismo va de lento casi hacia atrás y que si no tienes el tiroides ya parado del todo ambas sabemos que acabará sucediendo. No te pido que estés delgada, musculosa o con la tripa plana, pero sí que estés sana. Que el cuerpo es patrimonio de ambas.

Espero que sigas sonriendo cada día de tu vida porque encuentres un motivo para hacerlo. Que le den por culo a las arrugas de expresión. Acuérdate de mamá y de lo guapa que nos ha parecido siempre. También te pido que no te niegues pequeños placeres: bebe una copa de vino de vez en cuando, coge una onza de chocolate negro a escondidas y sigue disfrutando de cómo se deshace en la boca.

Quiere, quiere mucho. Sigue queriendo sin miramientos aún cuando puedan hacerte daño. Tienes un corazón así que aprovéchalo al máximo. Quiere incluso cuando no sea correspondido, cuando sepas que se va a acabar o a miles de kilómetros, pero quiere.

No dejes de formarte, de aprender, no pierdas la curiosidad por lo que te rodea. Sigue creciendo, sí, con 50. Si algo nos enseñó el abuelo es que la juventud reside en mantener la mente fresca aún cuando el cuerpo va en silla de ruedas. No dejes esa buena costumbre de leer unas páginas de un libro antes de irte a dormir. Dedícate tiempo a ti, que lo necesitas y no tiene nada de malo ni de egoísta encontrarlo.

En definitiva, siento si estás “pagando” alguno de mis desaciertos, pero lo bueno de que tengas 50 años es que verás las cosas con perspectiva y sabrás que hemos vivido cada segundo de estos años. Recuerda que te quiero. Siempre lo he hecho y nunca dejaré de hacerlo.

Mara

Las cejas pluma, una tendencia para atrevidas

Instagram es el nuevo caldo de cultivo de las tendencias, ya sean de maquillaje, moda o peinados. Si existe está en Instagram.

La última moda demencial es la nueva manera de llevar peinadas las cejas: el efecto pluma.

Stella Sironen, una maquilladora finlandesa cuyas creaciones son imaginativas a más no poder (arcoiris, purpurina…), ha sido la pionera en lucir las fantasiosas cejas.

Estéticamente hemos pasado, en apenas 10 años, de llevar las cejas depiladas al máximo (como si lleváramos una fila de hormigas en la frente) a insistir en su grosor e incluso exagerarlo, por lo que el primer requisito para lucirlas es tenerlas tupidas.

Para conseguir este efecto basta con dividir la ceja a la mitad horizontalmente, peinar la parte superior hacia arriba, la inferior hacia abajo y mantenerlas con algún tipo de fijador (laca o jabón pueden hacer el apaño).

Llamativas y originales, las cejas pluma no parecen una elección a tener en cuenta para el día a día a no ser que queramos asemejarnos a una mariposa con sus antenas.

Los caballeros las prefieren musculosas

Vivimos un cambio de era en los cánones estéticos de belleza. La mujer ideal de la época clásica era aquella de curvas generosas heredada de la Venus Prehistórica con unas caderas que hoy consideraríamos curvy. La delgadez vino con la posguerra, el siglo XX que empezó con las espigadas flappers y se ha mantenido hasta hoy pasando por el furor de las tetas (y su respectivo aumento de implantes de silicona) que llevan en auge las últimas tres décadas.

@JENSELTER Y @KAISAFIT

El éxito de las redes sociales con la exaltación de ciertas figuras (o influencers) han situado en el punto de mira y como nuevo sueño una vida basada en desayunar quinoa (o el cereal que esté de moda), llevar ropa de colores claros, hacer yoga y por supuesto, ejercicio. De ahí que los nuevos cuerpos a los que nos estamos acostumbrando ya no son rectos, tienen curvas, sí, pero no suaves, curvas de piedra esculpidas a base de peso y sudor. Os hablo de un prototipo de cuerpo como el de mujeres como Kaisa Keranen, Jen Selter, Idalis Velázquez o Patry Jordán y Vikika Costa si barremos para casa.

No hablo de que a todas les guste, por supuesto, pero sí es cierto que por primera vez se ha desarrollado una nueva fascinación hacia el músculo en el cuerpo femenino, algo que históricamente estaba relacionado con el masculino. Ahora muchas mujeres queremos estar rocosas, y no por gustar a alguien, queremos estarlo por nosotras.

Que la práctica regular de ejercicio produce un sinfín de beneficios lo doy por descontado, a lo que voy es a la creación de masa muscular, al ponerse cachas hablando claro. No es ya sentirse bien, ayudar a la piel, a la circulación, a tu bienestar, es, y aquí hablo en mi caso, sentirte fuerte porque físicamente eres fuerte, lo que hace que, por norma general, te sientas más segura.

¿Sabéis lo que es ir de viaje sola con una maleta enorme y poder subirla, bajarla, correr, parar, moverte… es decir, hacer absolutamente de todo sin tener que pedir ayuda? ¿Echar a correr porque ves llegar el metro o el bus y, por muy lejos que esté, alcanzarlo? Y ya ni os hablo del subidón de ponerte un vaquero y llenarlo, pero llenarlo bien, sin que te haga arrugas raras en el culo o en otras zonas donde antes no tenías figura (porque puedes ser fitness pero no quita que seas coqueta).

Es una pescadilla psicológica que se muerde la cola: cuando desarrollas músculo eres físicamente más fuerte, y cuando te lo ves, psicológicamente también te sientes más fuerte. Y creedme, todavía no se ha dado el caso de ninguna mujer que se haya convertido en un hombre entrenando de esta manera, que sé que es el miedo de muchas  (y aquí tenéis la prueba):

El cuerpo de una mujer con el estómago tan duro como una tabla de cortar jamón o con un bíceps el doble de grande que el tuyo, no es algo a lo que estemos acostumbrados, pero es una forma física más. Ya seamos altas, bajas, gordas, delgadas o musculosas todas tenemos derecho de estar aquí y debemos ser aceptadas y respetadas.

Bañadores para sentirte preciosa sin importar tu talla

Aunque la bajada de las temperaturas nos ha pillado un poco desprevenidos cuando ya estábamos guardando el abrigo, el verano llegará (si bien más tarde que temprano).

Me sorprende que este año están pegando fuerte las campañas de baño body positive, es decir, aquellas que hacen hincapié en el amor propio y autoaceptación.

TARGET

Target, una cadena de grandes almacenes, lo ha hecho con una campaña libre de Photoshop en la que se pueden ver curvas, celulitis y cicatrices en unas modelos sonrientes que casi parecen transmitirte ese buen rollo de la playa, el calor y las ganas de comerte un buen helado.

Aerie, por su parte, que es una de las marcas abriendo camino a todo tipo de belleza más allá de la talla, ha sacado un bañador con la longitud del torso personalizable de la talla XL a la XXL. La campaña está protagonizada por la modelo Iskra Lawrence, la que me animó a amar mis estrías.

Las campañas protagonizadas por modelos felices, que nos transmiten sensación de seguridad, de gustarse, que posan divirtiéndose en vez de lánguidas dentro de una braguita de bikini de la talla 32, son las que lograrán que las próximas generaciones, cambien la moda.

Ellos, los mismos que crecerán rodeados de esta publicidad, no solo no se sentirán presionados si no visten una talla 36, sino que verán normal la diversidad de formas y tamaños y la exigirán a la industria.

 

¿Comprarías maquillaje de una marca cuya imagen es un hombre?

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La barrera que existe entre géneros se va difuminando conforme avanzamos y encontramos nuevas formas de definir nuestra identidad que van más allá de los clásicos conceptos de “masculino” y “femenino”. No hablo de los infructuosos intentos de líneas de ropa agender, sino de accesorios sin etiquetas y, por qué no, maquillaje para todo el mundo.

Viendo el éxito que tienen las cuentas de maquillaje de algunos hombres en las redes sociales, la firma americana de maquillaje Maybelline ha dado un atrevido paso, contratar por primera vez a un hombre como imagen de un nuevo producto.

El elegido fue Manny Gutiérrez y el cosmético en cuestión una máscara de pestañas, The Colossal Big Shot.

@mannymua733 lookin' like a babe in new #intimattenudes lipstick in 'beige babe'. #mnyitlook #mnytravels

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Independientemente de las ventas que vaya a tener el producto me gustaría analizar la maniobra. Otra cosa no, pero chocante es un rato. De hecho, ¿qué mejor manera de comprobar la eficiencia de un cosmético que ponérsela a un hombre que no suelen llevar nada para comprobar la diferencia entre llevar o no la máscara?

Maybelline busca ventas sí, pero también sorprender, provocar, dar de qué hablar y, ya puestos, porque la mentalidad empresarial es lo primero, abrirse un pequeño hueco en un nuevo nicho como puede ser el de los hombres usando cosméticos. Algo que nos lleva a plantearnos las siguientes cuestiones: ¿deben maquillarse los hombres? No, al menos no como obligación, exactamente igual que las mujeres. ¿Pueden hacerlo y ser aceptados por ello? .

La obsesión por maquillarse con cosas raras

No nos gustan las cosas sencillas. Es curioso pero es así. Lo fácil no nos va. Nos fijamos en la persona que pasa de nosotros, le damos doscientas vueltas al problema del examen porque no nos creemos que la profesora lo haya puesto tan simple…

Es ese impulso que empuja a mi madre a echarle soja a las lentejas en vez de hacerlas como siempre. Si ya están buenas así ¿por qué lo complicas? No lo entiendo. En el mundo de la belleza ocurre exactamente lo mismo, y a mi vídeo maquillándome con cucharas me remito, pero eso no es lo más extraño que encontramos por la ‘youtubesfera’…

YOUTUBE

Prepárate para vaciar el fregadero: cucharas, tenedores, batidoras de varillas y hasta el estropajo son los objetos cotidianos que usa esta youtuber para crear su maquillaje.

Como si maquillarse no llevara ya bastante tiempo hay que sumarle el rato que nos va a dedicar lavar de nuevo todos los utensilios. ¿Original? Sí. ¿Útil? Puede. ¿Lo harás en casa cuando hasta levantarte del sofá a por el mando de la tele te da pereza? Harto improbable.

 

Para ser más extremos, podéis probar a haceros el contouring con un cuchillo (la cuchara llegados a este punto ya hasta resulta convencional).

Fundamental probar también las tiras de celofán como guías para trazar las sombras del maquillaje. Míralo como un dos por uno, no solo te maquillas sino que te haces la depilación facial de paso.

Pero el que se lleva el premio de los contourings alternativos es el youtuber Skelitom, conocido por sus originales maquillajes basados en los colores de snacks como Cheetos o Doritos. Lo objetos alternativos con los que consigue su maquillaje incluyen: patata fritas, un burrito, una hamburguesa, un limpiacristales, una bota, un desatascador o una pala.

Yo, como buena amante de la comida que soy, me arrancaría las uñas con las pinzas de depilar solo de pensar en gastar un delicioso taco en pintarme el colorete, aunque los otros objetos (exceptuando quizás el cuchillo) me parecen más factibles. Siendo totalmente sincera, con lo vaga que soy para maquillarme, me niego a usar cualquier cosa que no sea la brocha que ya está en mi neceser . ¿Qué opinas de esta moda de maquillarse con cosas raras?

(Fundamental poner cara de vicio mientras los utilizáis para que el maquillaje quede correcto).

Lo que siempre quisiste saber de los puntos negros (pero no tuviste a quién preguntar)

(Quien nunca haya encontrado a esos pequeños bastardos en alguna parte de su cuerpo que levante la mano. Nadie, lo que imaginaba.)

Y es que según Josefa López, esteticista y formadora en estética de Tu Maxwapa, “los puntos negros se forman a partir de la suciedad que se va acumulando por el sudor y el sebo que desprende la propia piel”. Delicioso. Aunque me hace saber que la contaminación por el CO2 y las bacterias que se encuentran en el aire (y más ahora que estamos en plena temporada de resfriados y gripes) también ayudan a la expansión de los puntos negros.

“Se concentran más en la zona de la nariz, frente, mejillas y barbilla” dice mientras examino la colonia de puntos negros que floreció en mi nariz prácticamente el mismo día en que nací. La genética, como me hace saber la profesional, juega en mi contra. Gracias, papá, por tus genes de nariz puntillista.

Por mucho que me esfuerzo en asesinarlos entre uña y uña, la esteticista me aclara que la mayoría de las veces que los quitamos en casa lo hacemos mal ya que no quitamos toda ‘la roña’: “Tiene que salir del todo ya que si se rompe los encontramos al día siguiente el doble de grandes”.

Tras frotarme con un cepillo un gel limpiador, colocarme un exfoliante de oliva y aplicar un poco de tónico de pomelo para calmar la piel me coloca encima de la cara una máquina de vapor que me recuerda a las veces que he puesto la cabeza sobre una cazuela de agua hirviendo para hacer vahos: “Con el vapor se abre el poro y sale mejor el punto negro. Duele un poco, pero como dicen las abuelas para estar guapa hay que ver estrellas“.

Y veo estrellas, planetas, cometas, asteroides, meteoritos y algún satélite perdido cuando, con una especie de palito metálico, procede a quitarme el ramo de puntos negros de mi nariz. Confieso que una lagrimita de dolor me cae (y es que los muy infames se resisten a dejar mi nariz).

“Vaya, tienes algunos de hace mucho tiempo”. “¿Cuánto tiempo?” le pregunto curiosa. “Estos de aquí (noto que hurga bajo la aleta de mi nariz) son de hace más de un año”. Tengo puntos negros con los que he estado más tiempo que con la mayoría de mis novios. Interesante.

“El problema de hacer esto en casa es que se queda el poro abierto y hay que cerrarlo bien, para lo que utilizamos tónicos astringentes” dice Josefa mientras me aplica el líquido. Pero lo que más me impacta es la máquina de alta frecuencia que utiliza seguidamente, una especie de, vibrador transparente gigante que suena como un aparato del dentista. Nada más oír el zumbido me puse más tensa que cuando llevo ropa blanca y me baja la regla. Casi infarto cuando noté la mini descarga en la piel. También es cierto que yo soy muy dramática y me impresiono enseguida.

Tras cerrarme los poros aplica una crema hidratante y me extiende una mascarilla para pieles mixtas por toda la cara. Tras dejarla unos 10 minutos la retira y me aplica tónico otra vez y crema hidratante. Con los poros cerrados y la cara roja como si hubiera salido de la clase de spinning, damos fin al tratamiento.

¿Y ahora qué? ¿Cómo puedo mantener esta piel jugosa como el culito de un bebé? “Debes corregir el exceso de sebo con una crema para pieles grasas, una no-comedogénica (‘comedones’ son los puntos negros). Cremas que contengan menta o que lleven cítricos son muy buenas para contrarrestar la grasa”.

Cuando ya me iba tan feliz pensando que con una cremita salía del paso la esteticista me pregunta por mi alimentación, algo que por lo visto también le pasa factura a la piel: “Somos lo que comemos, por lo que si comes grasa se refleja en la piel. Es el reflejo de nuestro interior, por lo que infusiones de hierbas como té o menta, alimentos antioxidantes o depurativos van a eliminar toxinas”. Me recuerda que no sirve de nada el tratamiento de eliminación de puntos negros si no cuido la alimentación en casa. Adiós chocolate Milka, adiós.

¿Y qué pasa si un mes voy algo más apurada y no tengo para pasarme por un centro de estética y dejarme los 24 euros que cuesta la limpieza? “Hay mascarillas de arcilla negra que se pegan totalmente a la piel y sacan el punto negro”. Vale, y también las hay que necesitas aceite de un templo budista de Bangkok, por lo que le pido una que se pueda hacer con lo que tenemos por casa: “Otra más sencilla es una que me hago yo con un yogur natural o de limón, una clara de huevo, unas gotitas de zumo de limón y un poco de miel. La dejo unos 20 o 25 minutos y seguidamente la aclaro. Limpia los poros e hidrata la piel”.

Me voy del centro como del 2016, prometiéndome que llevaría a cabo hábitos saludables, solo que esta vez, en vez de prometérmelo a mí misma, se lo aseguro a la esteticista: lavaré bien mi cara cada día y la hidrataré antes de irme a dormir, que según ella, es cuando la piel se renueva.