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Cada vez creo en menos cosas Un foro para pensar en lo divino y en lo humano

Archivo de Diciembre, 2009

¿Quién ha traído el frío?

Media España había amanecido nevada, y la otra media, helada. Y el asunto, por primera vez, parecía no tener nada que ver con la política, como presagiaba el poema de Machado: “Españolito que vienes al mundo te guarde Dios; una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.

Esta vez nos helaba el corazón el tiempo meteorológico, el frío siberiano que dejó en tierra de nadie a los viajeros de media Europa, con vuelos cancelados y trenes parados. Como el Eurotúnel, inservible durante tres días por los efectos de las bajas temperaturas en sus delicados sistemas de control.

Para los europeos estas desgracias las trae la mala suerte, o los dioses, que son así de caprichosos, con su manía de hacernos pasar frío en invierno y calor en verano. Pero es que ellos no tienen una oposición política como nosotros, tan imaginativa para buscar las culpas en los demás. En España (a ver si aprenden), la oposición del PP dictaminó que si ayer los aeropuertos y autovías vivieron un calvario por la nieve y el hielo fue… por culpa de Zapatero. No se sabe cómo, pero el presidente lo puede todo.

No es media España, pues, la que te helará el corazón. Es Zapatero, mientras Rajoy, en su bondad infinita, nos enciende el ánimo y calienta el ambiente con el combustible de la crispación. Eso sí es un patriota, buscando siempre nuestro bienestar y confort.

¿Qué prefieres, tuerto o desdentado?

La crispación en la política italiana tiene grandes parecidos a la de la política española, aunque mucho más tabernaria y virulenta. Los insultos de Rajoy al presidente Zapatero casi podrían considerarse discusiones bizantinas donde sólo se desenvaina el florete de la palabra. Llamarle bobo y perderle el respeto constantemente en nuestra “cultura política” puede tener su lado candoroso, como cuando los andaluces dedican a su mejor amigo aquello de “qué joío es el hío la gran puta”.

Hay tanta gente harta de la zafiedad, machismo y comportamiento mafioso de Silvio Berlusconi que los mítines hay que rellenarlos ya con adversarios políticos para hacer bulto. Uno de ellos se les fue de las manos y le saltó un par de dientes con un objeto contundente, lo que pronto Berlusconi interpretó como una señal divina: “fue un milagro que no me reventara un ojo.”

Está tan desacreditado que hasta su dios se ve en la tesitura de elegir entre el milagro de sólo romperle dos dientes o el de dejarlo tuerto.

Un regalo envenenado

Hay gente que invierte media vida en intentar obtener, como sea, un premio. Se sabe que José María Aznar, por ejemplo, dedica buena parte de su maquinaria mediática y política a conseguir cuanto doctorado honoris causa se encuentre de rebajas, sea en España, sea en Latinoamérica.

Con nuestro dinero financió becas millonarias en la universidad católica de Georgetown para después obtener de ella el premio de ser nombrado profesor emérito. Y por fortuna destapamos a tiempo que pensaba comprar la medalla del Congreso USA también a costa de los Presupuestos Generales del Estado.

Pero ahora ha logrado superarse a sí mismo con el descubrimiento de una obviedad: que los premios enaltecen tanto al que los da como al que los recibe. Así que, ni corto (es un decir) ni perezoso decidió concederle el premio FAES, la fundación de “pensamiento” a su servicio, al mismísimo Rey Juan Carlos.

De esta manera el hombrecillo insufrible se premia a sí mismo, prestigiando (es otro decir) su fundación al conseguir que el rey acepte el premio. ¿No es diabólico?

Por cierto, ¿que hace el rey aceptando semejante regalo envenenado, un rey que, se supone, es de todos los españoles?