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Cada vez creo en menos cosas Un foro para pensar en lo divino y en lo humano

Archivo de Septiembre, 2007

El próximo partido se jugará por el lateral izquierdo

Dicen los que entienden de esto que vivimos una segunda guerra del fútbol, como vivimos una segunda guerra del Golfo, del golfo de Bush.

Desde hace semanas, dos empresas están tirándose los trastos a la cabeza por los beneficios de las retransmisiones de los partidos: el grupo Prisa, a través de Audiovisual Sport (AVS), de la que posee el 80% de las acciones, y Mediapro, el grupo liderado por Jaume Roures, que a punto está también de entrar como elefante en cacharrería en el negocio de la prensa diaria con el periódico Público, que se supone a la izquierda de El País.

Lo de la guerra del Golfo no es mío, sino de Felipe González, ayer, en un acto de homenaje a Jesús de Polanco recientemente fallecido. El ex presidente, como buen pagador, se sumó al acto con un discurso de alabanza al finado por los favores (mutuos) recibidos, pero dejó caer una perla que sólo los gonzalósofos habrán podido descifrar. Lo que dijo fue que estamos en otra guerra del fútbol, “y me preocupa el fuego amigo”.

¿Cuál es el fuego amigo? ¿El de Prisa, allí presente? ¿Ha sido una forma de desautorizar a Sogecable en esa lucha sin cuartel por el pastel multimillonario de las retransmisiones de fútbol? ¿O está contemplando, quizá, Felipe González con preocupación la derechización acelerada que está sufriendo últimamente el que fue diario de referencia de la izquierda en la transición y la posterior etapa democrática? ¿Estará molesto porque El País ha cambiado descaradamente el cromo de Zapatero por el de Ruiz Gallardón, por haberse negado el gobierno a mediar en la segunda guerra del fútbol a favor de los herederos de Jesús del Gran Poder?

Prisa y Mediapro luchan por el mismo mercado, uno de dinero, de mucho dinero, el del fútbol. Tanto que ahí puede estar la clave de la supervivencia de Canal Plus.

El otro campo de batalla es ideológico. El diario Público viene pidiendo paso por la izquierda. En un país en el que el centro se corre (con perdón) a la derecha y el diario El País hacia el centro, queda mucha hierba fresca por el lateral izquierdo. Así que, amigos, allí nos veremos un día de estos.

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Meditación para hoy: Al Qaeda, o una de sus franquicias islamistas, que uno nunca sabe a quién pertenece el negocio del terror, vuelve a amenazar a España. Parecería una amenaza más de las muchas que prodigan sus voceros iluminados desde hace tiempo. Pero creo que esta vez hay algo más que una bravuconada. La sentencia del 11-M está a punto (en unos días) de hacerse pública. ¿Es una jugada de hostigamiento al tribunal o la disculpa para la puesta en práctica de futuros atentados?

Ni el fantasma de Terra Mítica le hará perder la sonrisa

Entre las sonrisas enigmáticas de la Historia yo me quedaría con dos, la de la Monna Lisa y la de Eduardo Zaplana. De la sonrisa, o lo que sea, de la Gioconda se han escrito millones de páginas, y hasta existen teorías peregrinas de que, más que de una sonrisa, se trataba de un regüeldo apenas disimulado, como el de los bebés, una mueca a medio camino entre la sonrisa y el alivio de un gas bien liberado.

La de la Gioconda ha quedado inmortalizada por Leonardo. Falta hoy el Leonardo que descifre esa sonrisa perenne, o lo que sea, del portavoz parlamentario del PP, siempre desplegada, como temiendo que en cualquier esquina pueda salirle al paso Antonio López , pincel en mano.

Ayer, tras años esperándole, al fin Eduardo Zaplana acudió a una reunión con el resto de los grupos parlamentarios para intentar alcanzar un acuerdo que desbloquee la renovación del Poder Judicial, en funciones desde hace diez meses por su culpa. Lo vi llegar por televisión, con media hora de retraso, con ese porte suyo de galán de cine, con una mano profundamente hendida en el bolsillo, como si tuviese un asunto entre manos, y esa su sonrisa acartonada que se le ha enquistado de tanto imitar a Monna Lisa.

Yo me decía al verlo: humor no le falta, hay que reconocerlo. Por ejemplo, mantener esa sonrisa el día en que la Abogacía del Estado decía haber calculado en 4,5 millones de euros el dinero defraudado por un amigo suyo a Hacienda en el “caso Terra Mítica”, ese caso que le está acosando como un fantasma, es toda una lección de serenidad de espíritu.

El despliegue de los labios se acrecentó cuando su presidente, Mariano Rajoy, continuaba desde su escaño con el mensaje apocalíptico de los males ficticios que aquejan a la economía española, y se reía de paso de los desesperados intentos del gobierno de Zapatero por facilitar el acceso a la vivienda de los jóvenes. No importa que el IBEX 35 desmintiera sus malos augurios con una subida del 3%, la mayor en cuatro años.

No importa. Una sonrisa de museo, cuando tiene vocación de eternidad no se tuerce ni ante las buenas malas noticias.

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Meditación para hoy: ayer los príncipes de Asturias presentaron a su segunda hija, la Infanta Sofía, a la Virgen de Atocha. Me llamó la atención leer que doña Letizia y monseñor Rouco, que presidió la ceremonia, repitieron el mismo vestido que en la anterior ocasión, cuando la presentación a la misma virgen de su primogénita, la infanta Leonor. La noticia eran los vestidos, blanco el de la princesa, púrpura el del cardenal. Nadie parecía estar dándose cuenta del disparate de escena medieval que allí se estaba representando. Una princesa divorciada y casada en segunda nupcias con un príncipe, ofreciendo a su hija a una de las cien mil vírgenes del santoral, o como se llame (¿el virginal?… bueno, eso creo que es un instrumento precursor del clavecín, aunque el diccionario de la RAE lo haya olvidado), en un estado aconfesional es casi una provocación, además de un ejercicio de cinismo real. De la realeza, vamos. Para que luego se pregunten por qué este país es cada día más republicano.

Muertos de una compañía de bajo coste

En los medios de comunicación alejados del amarillismo existe un código ético no escrito para el tratamiento de determinadas noticias, con el fin de impedir que se haga un daño gratuito e innecesario a determinados colectivos. Así, en las crónicas de sucesos se intenta evitar (no siempre se consigue) dar la nacionalidad del delincuente, o su raza, para no favorecer la malsana tendencia a las generalizaciones por parte de los lectores.

Noticias como “una banda de rumanos especializada en asaltos a domicilios”, como alguna vez he leído, es todo un manjar con el que alimentar la xenofobia de la extrema derecha y extender entre los ciudadanos el miedo al extranjero, al diferente por el color de su piel, su religión o su lengua.

A veces el mensaje no es tan burdo. El otro día, la televisión, el medio más poderoso para fijar pasivamente en las conciencias los estereotipos, se refería al accidente de aviación en Tailandia, en el que habían muerto 88 personas, como “el accidente mortal de una compañía de bajo coste”. Parecía financiada la información por Iberia o British Airways o Lufthansa, como dando a entender que los aviones de las compañías de bajo coste no llevan suficiente gasolina para todo el vuelo o suelen aterrizar con las ruedas pinchadas, y que nos está bien por rácanos, por querer comprar duros a cuatro pesetas (¡qué antiguo queda esto con el euro, por cierto!).

Era lo que me faltaba, a mí, que cuando viajo en avión me quedo siempre sin mear porque, en el lavabo, esos cambios de sonido tan extraños me parecen siempre que estamos apunto de tomar tierra… a puñados. Deberían tener un poco más de cuidado con los hipocondríacos como yo.

Además de injusta, esa manera de dar la noticia es discriminatoria con respecto a otros sectores económicos. Por ejemplo, todos los días muere gente en la carretera, y todos sabemos que cuanto mejor es el coche más posibilidades hay de salir vivos de un accidente, gracias a sus elementos de seguridad pasiva. ¿A alguien se le ha ocurrido dar la noticia de que la mayoría de los muertos en accidente de tráfico iban en “un automóvil de bajo coste”?

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Meditación para hoy: Los ediles de ANV en el Ayuntamiento de Pamplona trasladaron a los pasillos del Ayuntamiento la celebración de una rueda de prensa, al no haber conseguido retirar de la sala donde estaba prevista su comparecencia las banderas oficiales de España y de la Unión Europea. (Esperad, no riáis, que aún no terminó el chiste). Todo este revuelo vino a cuento porque el otro día habían tapado con una cortina las banderas que presiden la Sala de Prensa, entre las que se encuentran las de las naciones enemigas, en guerra con Euskadi, como ya sabéis, desde tiempo inmemorial. Así que la alcaldesa decidió atornillarlas al suelo para que los de ANV no pudieran moverlas de sitio. ¿Solución?: rueda de prensa en los pasillos.

Son estos casos los que me eximen de explicar a mis amigos por qué no soy nacionalista.

¿Qué hacemos con el cadáver insufrible?

Ocurrió en Austria. La policía detuvo a una mujer que llevaba cobrando la pensión de su tía, muerta desde hacía un año, por el procedimiento de falsificar su firma, además de utilizar su tarjeta de crédito con prodigalidad.

Aunque en España también se han dado historias de fraudes similares, lo novedoso del caso austriaco es que la muerta descansaba en paz, convenientemente momificada, pero en la cama de su casa, que es donde mejor se descansa. Nadie sabía de su fallecimiento, por lo que legalmente la muerta estaba viva. Viva para Hacienda, para la Seguridad Social y para los bancos. Estar vivo para la Seguridad Social cuando en realidad estás muerto tampoco es mucha novedad, al menos por estos pagos, pero algo me hizo desconfiar de que este era un caso especial, tan pronto leí la noticia.

Si yo escribiera novela negra, lo primero que me preguntaría es cómo se las arregló la buena sobrina para momificar los restos de su anciana tía de 92 años, sin que se le quebrara entre los dedos, consiguiendo así detener la putrefacción del cadáver. Yo en el Metro o en el autobús distingo desde la distancia por el olor quiénes están muertos esa mañana camino del trabajo. Así que la sobrina debió de hacer un trabajo fino, quizá con técnicas aprendidas en Internet, que lo mismo sirve para aprender a fabricar bombas que a momificar ancianas tías. La piel debe quedar satinada, como llegada de vacaciones, el pelo arreglado, un toque de maquillaje luminoso, y unas gotas de lavanda para disimular el hedor.

En estas cavilaciones andaba cuando me acordé, no sin cierto desasosiego, que el otro día Mariano Rajoy se había empeñado en hacernos creer que la economía española actual está viviendo de las rentas de los gobiernos de Aznar y de sus sabias medidas económicas (?).

¡Ostras! ¿A los muertos no les cambia la color de la piel, y dicen que les crece el pelo? ¿De dónde saca su anciano predecesor ese pelo largo y lacio de play boy?¿No estarán utilizando ladinamente el cadáver de Aznar para seguir cobrando votos? Ese pelo al viento, esa tez oscura y bien entonada, esa delgadez del insufrible… ¿Será verdad, dios mío?

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Meditación para hoy: La judicatura española sigue con su campaña de espectáculos. Ayer, en una apertura del año judicial completamente anómala, con el órgano superior de los jueces en funciones desde hace ocho meses por culpa de la política de obstruccionismo del PP (que pretende mantener uno de los poderes del estado ilícitamente, como contrapeso a haber perdido las elecciones) los miembros de una de las asociaciones de jueces progresistas y el representante de IU no acudieron a la cita. Sí estuvo el PSOE por no hacer el feo al Jefe del Estado, el rey Juan Carlos. Una vez más se escenificó la soledad del Partido Popular en los asuntos más trascendentales de la política española.

Para agrandar si cabe más el desatino, supimos ayer, también, que uno de los jueces de cabecera del partido conservador, el juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande Marlaska, volvía a sorprendernos con una nueva decisión judicial desconcertante: archivó la causa y rechazó los recursos de apelación contra Air Madrid, aquella compañía aérea que había seguido vendiendo billetes aún después de tener conocimiento de que la empresa estaba a punto de cerrar su actividad. ¿Qué creéis que ocurriría si se hubiese dado paso a la celebración de un juicio con jurado popular y no a un juicio con el exclusivo juicio de este juez de tan extraño juicio?

Abracadabra pata de cabra, pero en latín

Desde el viernes pasado ya se pueden dar misas en latín. Era la fecha de inicio fijada por el Papa Ratzinger en su “motu proprio” (que significa “por propio impulso”, es decir “porque me da la gana” o “porque me sale de mis mismísimas ínfulas”), como una medida más del desmontaje lento del espíritu y la letra del concilio Vaticano II impulsado por aquel rojo perdido de Papa Juan XXIII.

Si el invento de la confesión se había revelado como el mecanismo perfecto de control social, además de un exitoso instrumento para extender el sentimiento de culpa y pecado, la misa en latín era la representación de la magia de las religiones, el poder de las palabras cabalísticas, privativas de los brujos de la tribu. Excepto los profesores de latín y los curas, ninguno de los fieles tenía la menor idea de lo que significaba la jerga sacerdotal, que sonaba a misteriosos encantamientos.

Yo comprendo que hay cosas que mejor no deben saber los fieles. Por ejemplo, considerando que las iglesias están pobladas en su mayoría por ancianos, parece un sarcasmo que les hagan recitar -tras el “entraré al altar de Dios”- un “hasta Dios, que alegra mi juventud”. En estos casos es mejor que el anciano no lo entienda. “Ad Deum qui laetificat juventutem meam” suena lo mismo que abracadabra pata de cabra, y en cambio se conjura el peligro de que sus queridos ancianitos lo consideren una tomadura de pelo.

En el resto de los casos, creo que las misas deberían decirse en lengua vernácula, para que los creyentes tomen conciencia de las cosas en las que están creyendo. Muchos fieles darían el salto a este otro lado de la razón si pusieran un poco más de atención, ahora que todavía pueden entender lo que allí se dice.

Los médicos también abusaron históricamente del lenguaje críptico mediante el empleo de una letra endiablada en sus recetas, para conservar el aura mágica de su profesión. Y por culpa de esto, ¡cuántos accidentes han ocurrido por una mala interpretación de las recetas!

Ese es el peligro. Con la misa en latín nunca sabes si estás tomando la dosis correcta de dios o te estás intoxicando.

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Meditación para hoy: En Irak ya se cuentan más de 650.000 los muertos provocados por la guerra. La retirada de la facción liderada por el cura radical chií Múqtada al Sáder del gobierno sólo presagia un recrudecimiento de la guerra civil larvada que está viviendo el país. Bush ya no sabe cómo salir de allí con dignidad. Sus generales le sugieren que se meta la dignidad por el mismo sitio por el que suele meterse el honor, y que salgan pitando de allí lo antes posible mirando hacia otro lado. Y ahora, Alan Greenspan, ex presidente de la Reserva Federal de los EE.UU., algo así como el banco central, anuncia la publicación de unas memorias demoledoras en las que admite el “inconveniente político que supone reconocer lo que todo el mundo sabe: que el principal motivo por el que se inició la guerra en Irak es el petróleo.” Todo el mundo sabe, incluido Bush, Blair y Aznar, que ni Sadam Hussein tenía nada que ver con Bin Laden ni la lucha en Irak consistía en la gran batalla contra el terrorismo internacional que nos querían vender. Era, como siempre, puro y simple negocio. ¿Cuándo pedirá perdón el siniestro trío de las Azores? ¿Continuará como si nada el profesor de Yorytáun dando clases magistrales por el mundo sobre el arte de inventarse armas de destrucción masiva y lucha antiterrorista?

Más largo que un día sin pan

El día en que los italianos comenzaban, con éxito, la primera huelga de comedores de pasta, “el día sin pasta” lo bautizaron, el petróleo alcanzaba su precio récord en Wall Street: 80,09 dólares el barril. Algo extraño le está ocurriendo a la humanidad, cuando la subida de unos céntimos en los productos básicos es capaz de desencadenar una huelga de consumidores de todo un país, mientras que la subida estratosférica del petróleo, que en otros tiempos habría hecho saltar todas las alarmas y alguna que otra guerra en el Golfo, apenas merece una esquela en los periódicos. Y eso que, para el italiano medio, un día sin pasta debe de ser como para el español un día entero sin pan. “Más largo que un día sin pan” dice el chascarrillo popular.

Yo, que soy un hipocondríaco de la economía, que cuando anuncian una mala cosecha del Ribeiro pierdo el sueño hasta que sale la primera botella al mercado, aplico el oído a mi ventana y sigo oyendo el runrún del tráfico intenso como si nada relevante hubiera ocurrido en Wall Street, quizá porque esos desaprensivos conductores piensan que aquí el petróleo no afectará jamás a la calidad de su mesa, que nada tiene que ver con la harina de su pan.

25 dólares en septiembre de 2003, 80 dólares cuatro años justos después. Una subida superior al triple, y mis vecinos conductores siguen cogiendo el coche para ir a buscar el pan. No recuerdan que primero fue México, luego Brasil, ahora Italia, y que el precio de la harina ya empieza a amenazar a España. El chiste famoso de “a mí no me importa que suba la gasolina porque yo siempre le echo 30 euros al coche” tiene ya una versión doméstica por parte de mi mujer: “mejor, así comes menos pan y dejas de mojar en las salsas”.

Dejé de fumar por consejo médico y por la subida de la cajetilla. Ahora toca adelgazar por consejo de mi mujer y por el precio de la baguette. Dicen que el culpable es el coche en ambos casos porque los cereales, como el petróleo, buscan mejor precio en los biocombustibles que en las mesas de los pobres.

Ya lo dicen los ecologistas, un día de estos nos comemos el coche con patatas.

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Primera meditación para hoy: El IPC ha subido en agosto el 0,1%, y la tasa interanual de inflación se mantiene en el 2,2%. Según el gobierno, esta tasa de inflación es la más baja en un mes de agosto desde el año 1998. Muy buenas noticias para Esperanza Aguirre (mira que me preocupo por ella), ya pude llegar a fin de mes más holgadamente. No tan buenas para la oposición del Apocalipsis. Otra vez será.

Segunda meditación para hoy: Mariano nos había anunciado una oposición más pegada a ras de suelo, “a los problemas que inquietan a los ciudadanos”. Como, por ejemplo, el acceso a la vivienda. Pues bien, ayer tan sólo tres consejeros del ramo de las autonomías gobernadas por el PP acudieron a la Conferencia Sectorial que la ministra Carme Chacón había convocado para analizar su plan de alquiler de viviendas. El resto de la representación la formaban funcionarios de segundo y tercer nivel. Una cosa es predicar, y otra, dar trigo (con lo caro que está, por cierto).

Tercera meditación para hoy: la CONCAPA (Confederación Católica Nacional de Padres de Familia y Padres de Alumnos – el nombrecito se las trae, porque debe de existir en algún lugar padres de alumnos que no son padres de familia y viceversa-) ha elaborado un manual para fabricar bombas… políticas. En él se detallan los pasos que hay que dar para hacerse objetores de conciencia para que sus hijos no estudien la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Les asusta que sus hijos aprendan educación y a comportarse como ciudadanos, y no les importa que a sus hijos les enseñen en el colegio la historia de aquel irresponsable de Abraham al que su dios le ordena que le ofrezca en sacrificio a su hijo Isaac ¡y que a punto estuvo de matarlo a cuchilladas! Y luego se quejarán de los videojuegos violentos.

¿Por qué llama al pan pan y a su mujer Sonsoles?

Al gobierno de Zapatero le ha entrado miedo escénico con la bandera española. Después de poner en práctica la coletilla de “Gobierno de España” para toda comunicación de propaganda institucional (peor sería lo de “Gobierno de este país”, como seguramente diría el Blasillo de Forges), ahora hace profesión de amor por el trapo sagrado para ir achicando espacios que la oposición españolista se había reservado para sí históricamente (histéricamente, a menudo) como herederos directos que se consideran de los Reyes Católicos.

Se acercan las elecciones y todos quieren pastar en la hierba del cercado del otro. Ayer, Rajoy, que es de derechas como todo el mundo sabe, excepto él, se quejaba de que la política económica del gobierno socialista sólo se preocupa por los grandes números, la macroeconomía, y dejaba indefensos a los pobres que no llegaban a fin de mes, como su Esperanza Aguirre. Ahora, Zapatero, en este cambio de papeles, salta el cercado del vecino y le ramonea nada menos que la bandera, la enseña nacional, el pendón que los conservadores usurpaban en exclusiva, después de haberse quedado con el nombre de España para utilizarlo como marca cuantas veces le venga en gana.

Hasta ahí podíamos llegar. Inmediatamente Pío Escudero, del PP, hizo en el Senado posiblemente la pregunta más estúpida que haya sonado en tan sacrosanto lugar: “Señor presidente del Gobierno, ¿qué reflexiones personales le han llevado a concluir que el Gobierno de España debe ser llamado Gobierno de España”? Que es algo parecido a preguntar: ¿por qué llama usted al pan pan, al vino vino y a su mujer Sonsoles?

Y por si fuera poco, ahora un socialista viene a demostrarnos que el amor de la izquierda por la bandera nacional es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que nos separa de unas elecciones. Y ello, a pesar de su secular desconfianza hacia las banderas, instrumentos militares de señales que sólo fueron símbolo aglutinador de una nación hasta bien entrado el siglo XIX.

Luego están los desorejados, los pendones que más amo. Pero ese es tema para otro día.

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Meditación para hoy: Josu Jon Imaz ha comunicado por carta que no se presentará como candidato a la presidencia de su partido y que abandona la política. Creo que es una pésima noticia. Precisamente para los próximos meses es cuando más necesitábamos su mesura, su sentido común, su bálsamo a esa pandemia infantil que padecen las filas ultranacionalistas. Malos tiempos para la lírica.

11 de septiembre, el día del sarcasmo

Ahora que tanto empeño hay en perder la memoria histórica, creo que no existe mayor sarcasmo y ofensa para con los damnificados que la falta de memoria histórica. El día de ayer, 11 de septiembre, fue recordado más por el ataque terrorista a las torres gemelas de Nueva York, frescos en la memoria, que por el golpe de Estado de Pinochet en Chile contra el gobierno democrático de Salvador Allende, con la complicidad del doctor muerte, el doctor Kissinger que ya acumulaba por entonces suficientes muertes (méritos, le llamaban entonces) para que se le concediera al cabo de los años el premio Nobel de la Paz. (¿Decíamos algo sobre los sarcasmos?).

El sarcasmo, la ofensa, se escenificó ayer, una vez más, en el Palacio de la Moneda, la sede de la presidencia chilena que hace 34 años fue bombardeada por la aviación golpista. Una presidenta democrática, cuyo padre fue torturado hasta la muerte en las dependencias policiales, torturas que se repetirían con ella y su madre más tarde, recibía a José María Aznar, el mismo que cuando era presidente del gobierno español presionó al gobierno británico para que dejara escapar al general asesino Augusto Pinochet, detenido en Londres por orden del juez Garzón bajo la acusación de genocidio. Aquel hombrecillo insufrible que había impedido que la justicia internacional entrase a juzgar al asesino del padre de Michelle Bachelet entraba ayer, con su trotecillo gracioso, con la pompa y el boato de los hombres ilustres, en un lugar cuyo acceso debería tener rigurosamente prohibido, al menos por dignidad democrática.

Y además, habló, a pesar del evidente deterioro de su salud mental. Alguien de la muy noble especialidad de psiquiatría estará estudiando detenidamente, a buen seguro, el comportamiento errático y extravagante del personaje, porque todo él es una joya en bruto, puro objeto de estudio que no se debe dejar escapar. Por ejemplo, su complejo de inferioridad, ampliamente explicado ya (boda principesca de su hija, ninguneo al rey, llamar a Bush como mi amigo George, los pies sobre la mesa del emperador, su mimetismo con el habla de sus contertulios –estamos en ellou, hablo el catalán en la intimidad…-etc.) tuvo un nuevo rebrote psicótico ayer tras la entrevista con la desmemoriada Michelle Bachelet. Este pobre hombre, resto del naufragio de lo que fue, decía a los periodistas al término de la visita, como si padeciese una amnesia sin fin: “Conversamos de manera muy cordial distintos aspectos de la situación internacional y de la actividad internacional de unos y otros”. La actividad internacional de unos y otros. ¿Vais pillando?

Y luego se adentró en el territorio de los enigmas con uno que le hizo mucha gracia, porque no pudo contener esa su risa caballuna tan característica, pero que los demás no hemos comprendido en toda su magnitud. Le preguntaban los periodistas sobre la designación de Mariano Rajoy (bueno, la auto postulación de Mariano Rajoy) a la presidencia del gobierno por el PP, y él contestaba algo así, muerto de risa: “Me parece excelente…eh, eh, eh, eh… por favor… es el mejor… clarísimo.

No sé qué quiso decir. ¿Practica ahora la esgrima de la ironía o había descubierto minutos antes las excelencias del vino chileno con el mismo entusiasmo con que acogió en su día el del la Ribera del Duero? Dejando aparte que no puede triturar bien las palabras con el labio superior, por lo que algún matiz importante se nos puede escapar a los no iniciados, el empleo de la carcajada para explicar algo tan fundamental para la marcha de su partido me desconcierta. ¿Se estaba quedando con nosotros o con Rajoy? ¿Era un mensaje en clave para Mariano, como diciendo que a él también le da risa lo de su capacidad para formar 50 gobiernos mejores que los de Zapatero?

A la espera de que escampe el nublado en el pobre cerebro del que fue nuestro líder universal, me vienen a la memoria los versos de Mario Benedetti, al que supongo abrumado por el mismo estupor ante personajes tan simples en la cara y tan siniestros en su envés:

En una exacta

foto del diario,

señor ministro

del imposible,

vi en pleno gozo

y en plena euforia

y en plena risa

su rostro simple.

Seré curioso,

señor ministro,

¿de qué se ríe?

¿de qué se ríe?

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El Hombre de la Vega

Señor Saco: le escribo en nombre de los toros bravos españoles para denunciar su terca oposición a una tradición como la del Hombre de la Vega. Hoy martes, en Tordesillas, y pese a la incomprensión de representantes de la especie humana como usted, nos disponemos a cumplir con una tradición de cientos de años, que dio paso, en su día, a la gran fiesta nacional, en la que un toro matador juega con un hombre bravo hasta que lo mata de una cornada.

El Hombre de la Vega consiste en que cien toros mozos perseguimos con nuestros cuernos a un hombre bravo (el de este año se llama Jaquerito) por las calles de Tordesillas hasta que el animal muere desangrado. Luego, el toro vencedor le corta los testículos al Hombre de la Vega y los pasea orgulloso por el pueblo, ensartados en la punta de uno de sus cuernos.

A usted esto no le parece gracioso porque es un animal. Pero esto, querido amigo, es tradición y cultura. Así que ándese con cuidado, no vaya a ser usted el próximo en perder los testículos.

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Meditación para hoy: Hablando de testículos, ¡manda huevos! Como bien sabéis, la derecha se distingue de la izquierda en que la derecha es “patriota” y la izquierda no. En el día de su autoproclamación como candidato a la presidencia del gobierno, Mariano, el jefe de los patriotas, la madre de todos los patriotismos, como no sabía muy bien cómo explicar a su camada cuan patriota es capaz de ser, dejó que su inconsciente hablara por él y le retratara: “Yo siento a España desde Melilla hasta Ferrol” (¿del Caudillo?). A ver, a ver. “Yo siento a España…” Humm. ¿Os acordáis de aquel teniente coronel (Tejero mucho, se llamaba) que también quiso sentar a España en la figura de sus representantes en las Cortes, con la orden de “se sienten, coño”?

Diálogo para besugos

Hace tiempo que llegué a la conclusión de que muchas veces los desencuentros, sean a nivel político o social, no se deben tanto a diferencias de opiniones radicales sobre los asuntos a debatir como a que cada uno de los contendientes tiene en su lupa objetos de estudio distintos, por lo que es imposible llegar jamás a una solución. En el TBO de mi infancia había una sección llamada Diálogo de Besugos que lo explicaba a las mil maravillas:

-Buenos días.

-Buenas tardes.

-Le veo a usted muy contento.

-Es que se me ha muerto la vaca.

-Pues aproveche para comprar un tractor.

-Es que el tractor en vez de leche da humo negro.

-Pues buenos días.

-Pues buenas tardes.

Ayer, según repasaba el día (o la tarde, vaya usted a saber), parecía que la humanidad se había enzarzado en un gigantesco diálogo para besugos. ETA, por ejemplo, lanzaba un comunicado cargado de razón, exigiendo paz, libertad y diálogo, como debe ser, pero dedicado a los habitantes de un país que no existe, en nombre de un pueblo imaginario. Era un mensaje perfecto y un análisis certero, pero de una situación de opresión en un mundo irreal. El otro besugo, el PP, contestaba, no a los terroristas sino al gobierno, al mismo que persigue y detiene a los terroristas, y replicaba que “no bastan medidas policiales” para luchar contra ETA. “Requerimos del gobierno que desempolve la política íntegra que estaba destrozando a ETA en toda su dimensión hace tres años”. Es decir, requieren del gobierno que haga la política que quiere la oposición al gobierno. (Seguidme, no os perdáis)

Trascendiendo ya a una dimensión planetaria, el diálogo para besugos se trasladaba al Vaticano. Allí, el Papa Benedicto XVI, que vive en un país de juguete, sigue pensando en que al otro lado de sus murallas -donde existe un mundo para adultos, con sus mentes adultas y sus problemas adultos- los niños ya no queremos jugar con él, y preferimos holgar y dedicar el domingo al esparcimiento en el campo y la playa en vez de permanecer hincados de rodillas durante todo el domingo rezando a su amigo invisible. Vive con tanta pasión el juego que todavía se refiere al domingo como “la fiesta semanal de la creación” (¿os acordáis de aquel dios que, en el colmo del disparate, creó en seis días el universo, antes incluso de que existiesen los días?) y nos acusa a los adultos de rendirnos “al desenfreno del mundo moderno”. Estos curas están tan enfrascados en su juego infantil que no acaban de entender jamás el mundo real que les rodea y las preocupaciones de sus mayores.

Pero el diálogo para besugos, el desarraigo total de la realidad, alcanzaba aires marciales con la salida de pata de banco de una asociación militar de extrema derecha, conocida como Asociación de Militares Españoles (AME), que pedía la vuelta al servicio militar obligatorio. Algo así como unos meses de instrucción forzosa para nuestros muchachos, cuando lo que caracteriza a los ejércitos del siglo XXI es precisamente lo contrario, la especialización profesional, la preparación para una guerra que cada vez tiene menos de convencional. Por si no lo recordáis, el pensador que está detrás de esta asociación es un coronel que atiende por el nombre de José Conde Monge, el mismo que en su día salió en defensa de aquel general, José Mena, que en un discurso cercano al golpismo nos recordaba que el Ejército estaba en la obligación de intervenir si el nuevo estatuto de Cataluña sobrepasaba los “límites infranqueables” de la Constitución.

Sentar en la misma mesa al coronel Conde, al Papa y a los mafiosos de ETA podría dar unos frutos literarios que serían la caraba. Por lo menos alcanzarían para un libro apasionante de “Diálogos en la tercera dimensión”. Y mientras ellos continúan enfrascados en su universo imaginario, nosotros aquí, arreglando el mundo, a la espera de que crezcan y maduren sus cabecitas. Paciencia.