Unos descienden del mono, y otros, del púlpito

26 abril 2006

Al instante de leer el titular periodístico “El Grupo Socialista solicitará derechos fundamentales para los grandes simios argumentando su parecido con los humanos” supe lo que les iba a caer encima. Entré en la web de 20 Minutos para curiosear los comentarios, y debo reconocer que jamás había leído nada tan previsible. Si el argumento central de los nacionalistas vergonzantes es que primero hay que conseguir un puesto de trabajo para todos los españoles, antes de regular el estado laboral de los inmigrantes, lo que podían pensar de los monos era de libro: “¿cómo se puede pedir derechos fundamentales para los simios si millones de seres humanos todavía no los disfrutan?”

Como decía el poeta, la historia y la morcilla de mi pueblo se repiten. Cuando la teoría de la evolución de las especies de Darwin ganó el respaldo de la sociedad científica, la otra sociedad, la ignorante, se apresuró a ridiculizarlo, incapaz de soportar la posibilidad de que el ser humano pudiese ser el resultado de la evolución y llevar en su sangre las huellas de un chimpancé. Ahora, hasta un arzobispo, como el de Pamplona, capaz de creer sin rubor en la existencia del diablo, o que un trozo de pan y un poso de vino se convierten en cuerpo y sangre de un dios tras pronunciar unas palabras mágicas, se permite ridiculizar la idea de que los simios puedan tener derechos reconocidos : “el Gobierno no concede derechos de persona a los niños sin nacer y se los va a conceder a los simios”.

Las religiones monoteístas llevan tantos siglos contándonos la milonga de que el hombre es el rey de la creación, que los feligreses se han olvidado de que son animales, con un sistema circulatorio, un cerebro, una arquitectura de huesos y músculos que consumen oxígeno para desarrollarse, que cagan y mean, y que se aparean gimoteando como los bonobos, y que mueren y se descomponen como el resto de la vida vegetal y animal. Entre los hitos de mi infancia recuerdo vívidamente cuando tomé conciencia de que yo también era un animal (bastante animal, según mi padre). Tendría unos siete años y para mí fue un descubrimiento intelectual extraordinario, después de tantos años de escuchar desde el púlpito que la humanidad era otra cosa, tenía un alma y formaba parte de un proyecto divino que al día de hoy todavía no comprendo. Que compartiéramos tantas coincidencias con los animales (los otros) era una cuestión menor, completamente desechable en la concepción homocéntrica del Universo.

Así que, fijado el concepto de que el hombre (la mujer menos, como sabéis) es el centro de los planes divinos, el que haya gente que llore cuando se le muere el perro o el gato o el caballo es una perversión del espíritu digna de ser ridiculizada por las mentes más sensatas. Y no digamos nada de los que osen pedir una vida más digna para los animales que comparten con nosotros el 97% de la carga genética. Si los periódicos de la época poblaron sus páginas con caricaturas de Darwin con apariencia simiesca, estoy imaginando las próximas caricaturas de Zapatero compartiendo jaula con los monos.

La idea retomada por los socialistas procede de un grupo de científicos que pretenden la aprobación de una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Grandes Simios Antropoides, entre ellos los chimpancés, los gorilas, los bonobos y los orangutanes. Por su página web he sabido que estos parientes nuestros sin alma “tienen su propia cultura, son capaces de trasmitírsela a sus hijos, conversan entre ellos, tienen pensamientos privados, imaginación, recuerdos temporales, autoconciencia, empatía, capacidad de engañar, curiosidad, sentido del humor, sentido del tiempo, consciencia de la muerte, y son capaces de mantener una amistad que dure toda la vida”.

Pues os diré la verdad, a mis amigos apenas les exijo la mitad de esas habilidades para conservar mi amistad y cariño.

70 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. nuria

    Bien, Irene! Me has dejado poco que decir, o nada. La Iglesia, gran defensora y promotora de todo lo que signifique restricción, constricción y prejuicios se sirve de la falta de educación de sus miembros para afianzar sus teorías; y son estos miembros, borregos en toda regla – acaso no son el rebaño del pastor?- los que perpetúan tamaños disparates. Ni caso; me gusta pensar que la gente como tú y como yo educaremos a nuestros hijos para que este mundo sea un poquito más justo.

    27 abril 2006 | 22:35

  2. Borrego

    Nuria: Soy un borrego, creyente católico, que ha quedado reconfortado y satisfecho de su condición cuando ha visto como se le vitupera por parte de otros seres como usted que se encuentran en unos estadios mentales muy inferiores.

    Este no suele ser mi estilo, pero… relea lo que ha escrito: es más insultante de lo que usted cree.

    La ventaja que tiene sostener los planteamientos vitales que usted refleja es que no resulta muy dificil predecir su futuro: eduque a sus hijos en esas ideas y no tiene secretos conocer el resultado. Al tiempo…

    01 mayo 2006 | 16:46

  3. Nadie

    Andrés:

    sí debe defenderse al feto pero no al embrión??

    A mi en una de las asignaturas de derecho de la carrera me enseñaron que había una protección para el nasciturus.

    y cuando la ley permita el aborto libre, qué pasará?? lo pueden explicar?

    —————————————

    Yo se lo explico: ABORTO LIBRE NO SIGNIFICA que una mujer pueda interrumpir su embarazo cuando le de la gana: el plazo de iempo (no recuerdo el número de semanas que es actualmente) sigue siendo el mismo. Lo que pasa es que no tiene que dar explicaciones del porqué. Solo eso.

    Un saludo

    01 mayo 2006 | 23:24

  4. Si se promoviera una reforma que declarase alteradores del orden público a quienes maltratan animales, habrían de tasarse de manera estricta los supuestos y fijar unas penas de lo más moderadas, consistentes en sanciones pecuniarias. Es decir, sería, por atípica e inaplicable, una reforma inútil, cuando no nociva. Y tampoco haría felices a los radicales ecologistas, que años más tarde, valiéndose del precedente legislativo, iban a pedir un endurecimiento del régimen.

    Imaginad que, por miedo a dar con sus huesos en la cárcel, alguien no ejerciera con plena efectividad su derecho de autodefensa contra un perro que le estuviese causando lesiones (porque la defensa propia también tiene límites, como sabéis). O suponed que el Estado -siendo consecuente con su propia legislación- hubiera de obligarse a mantener de forma indefinida a todos los canes sin dueño, cosa que no hace ni con los menesterosos callejeros. En fin, pensad por un momento que se empleasen las fuerzas de seguridad para descubrir y llevar ante la justicia a quienes abandonan a sus animales domésticos. Por no hablar de las cortapisas en la investigación a las que se verían sometidos los laboratorios. Dad sólo un paso más en vuestra “extensión de derechos” y llegaremos a estos absurdos.

    En resumen, lo que propone Zapatero es un brindis al sol (no hay una población significativa de grandes simios en España) que le suministrará votos y “prestigio ético” al bajo precio de una batalla dialéctica que otros librarán por él, aquí y en el extranjero. Así, su partido logra diferenciarse como izquierda de posmoderno relumbrón, que sacrifica “ideologías” para que sonrían las “personas”, mientras afianza en la teoría y en la práctica una neta política socio-económica de derechas; la cual, por suerte o por desgracia, es hoy la única posible en Occidente. Y todos los memos contentos.

    http://justicia.bitacoras.com

    01 mayo 2006 | 23:44

  5. Si se humanizan los derechos animales, se animalizan los de los hombres.

    El derecho se clasifica en natural y positivo. Es derecho natural el que, afectando a seres dotados de cierto grado de consciencia, no depende necesariamente de la postulación de una norma o de la actuación de la autoridad para cumplirse. Éste, a su vez, se subdivide en derecho natural primario y secundario:

    a) El primario es el presocial, lo que Spinoza llamaba “conato”, es decir, el poder bruto de los individuos sobre lo que los rodea.

    b) El secundario es el social. Se define como aquel que el hombre se compromete a asumir para lograr una utilidad mediante su prójimo, sometiendo como contrapartida el derecho primario a un fin tolerable a nivel colectivo.

    Así, la violencia privada se convierte en heterotutela de intereses ante la jurisdicción competente; la capacidad de engendrar descendencia, en derecho al matrimonio; la facultad de pensar y de resolver problemas, en el derecho al trabajo.

    ¿Cuál es el error? Ceder el derecho primario sin obtener a cambio un derecho secundario derivado de éste. U obtenerlo por cualquier otro título que no sea esa renuncia, licencia que será entonces arbitraria y dimanada de la autoridad despótica del que lo otorga, no de la naturaleza del que lo recibe. Igual que se nos da, pues, se nos quita. Nos privamos de algo vital para nuestra supervivencia a cambio de nada en absoluto (por ejemplo, perdemos la libertad primaria de copular libre e irresponsablemente, al tiempo que se cuestiona o redefine nuestro derecho a casarnos).

    Aplicadlo al caso del “Proyecto gran simio”. El animal, que sólo puede tener derechos primarios (la simple fuerza o destreza), adquiere derechos secundarios en la sociedad humana, aún sin poder integrarse a ella o resultar útil al conjunto de sus miembros. Se entiende: más útil vivo que muerto.

    A su vez, los hombres civilizados, que sólo pueden tener derechos secundarios, ven cómo el fundamento de éstos es abrogado por una autoridad absurda y extralimitada en sus funciones, al transferirse su ejercicio a otros sujetos que, siendo impotentes para constituir el cuerpo social como seres iguales y autónomos, no aportan ninguna utilidad equiparable a la que ha enajenado el conjunto de los ciudadanos. ¿Y qué les queda a los ciudadanos cuando se les arrebata sin justicia sus derechos? La brutalidad y la rebelión.

    http://justicia.bitacoras.com

    01 mayo 2006 | 23:45

  6. Entrevistador: Usted escribió en “Ética práctica” que: “matar a un chimpancé es peor que matar a un ser humano que, debido a una discapacidad intelectual congénita, no es ni podrá ser nunca una persona”.

    Singer: Tenemos que estar realmente seguros de que se trata de gente realmente discapacitada intelectualmente, así que si el niño no está ni capacitado para reconocer a otra gente, ni para establecer relaciones sociales, ni para disfrutar de su vida, mientras que el chimpancé sí tiene una vida más rica y compleja que ese ser humano gravemente discapacitado, entonces creo que hay menos pérdida en matar a ese humano que a un chimpancé.

    * * *

    Es Peter Singer, mentor a la sombra del PSOE e inspirador del minimalismo ético que lidera esta facción. Si repasáis su bibliografía veréis plasmados, como en la sinopsis de una película de serie B, los últimos y “revolucionarios” cambios legislativos acaecidos en España.

    PS: En un momento de la entrevista concedida hace tres años a La Vanguardia, Singer replica de esta forma a una objeción de tipo histórico del entrevistador (la cursiva es mía):

    “Aunque hubiera sido necesario comer carne en su momento, eso no nos justifica, en modo alguno para continuar con esa práctica”.

    ¿Cómo calibras, filosofastro, el mayor derecho de los hombres primitivos a comer carne para desarrollarse, frente al derecho de los animales devorados a sobrevivir? ¿No es éste un derecho vinculante para el ser humano de forma absoluta? ¿O sólo deja de serlo si hay mayoría de hombres y minoría de bestias?

    01 mayo 2006 | 23:48

  7. ANY:

    “Lo que tendrían que promover es la protección de los grandes simios y de su habitat, y no tratar de dotar de derechos humanos a unos animales, ya que afortunadamente para ellos somos diferentes”.

    A mí el significado de las palabras me da bastante igual si no afecta al estatus jurídico de mis auténticos semejantes. Y los Derechos Humanos (a los que yo prefiero llamar “derechos naturales secundarios”, o derechos sociales) no admiten franquicias ilógicas en especies fuera de nuestra sociedad. El debate, en mi opinión, termina aquí. Pero podéis seguir mareando la banana. Y ya lo creo que la marearéis, porque vais a obtener réditos.

    Se intenta dar una nueva dimensión ontológica a los valores (en realidad, anti-ontológica: positivismo puro) mediante una redefinición de sus bases objetivas. Parece que hubiera que reinventar la ética, hoy en tierra de nadie, para conseguir sobre ella un nuevo monopolio ya perdido.

    Lisa y llanamente: se sustituye la razón por la opinión; la utilidad objetiva (justicia) por la utilidad subjetiva (utilitarismo), cifrada en tótems; léase: “el dolor” o “la consciencia” (budismo). Todo conspira para que se cumpla la fórmula Zapatero, que reza solemne “socialismo es compasión”. ¡Como si la compasión fuera para los hombres la justicia en sí y no una forma de aplicarla!

    A mí el proyecto “pelado” puede parecerme más o menos bien si se sigue sobreponiendo el interés vital de la especie humana a la dignidad animal; dignidad que las bestias tienen -a efectos jurídicos- gracias a nosotros.

    Pero no nos engañemos. Lo novedoso aquí no es que se defiendan los derechos de un colectivo, animal en este caso, sino que se haga desnaturalizando elementos esenciales en atención a consideraciones espurias. Es una novedad relativa, teniendo en cuenta que el PSOE viene distinguiéndose precisamente por ello en la tétrica andadura iniciada con su vuelta al poder.

    No había bastante con permitir que las parejas gays regulasen contractualmente sus intereses: era necesario adulterar y vilipendiar una institución milenaria y ofrecer niños a Moloch; no se consideraban suficientes los cuidados paliativos en enfermos terminales: urgía conceder a todos el derecho al suicidio; no pudieron esperar a que la ciencia protegiera adecuadamente la vida con todos los medios a su alcance: era preciso invertir los términos, subordinar la vida a la ciencia desde su misma concepción; no se conformaron, en fin, con mejorar el autogobierno de Cataluña: lo trascendente y moralmente irrenunciable era acabar con la barrera conceptual impuesta por el modelo de nación única.

    Pues bien, felicitaos: ya habéis abierto la caja de Pandora. Costará décadas, tal vez siglos cerrarla.

    01 mayo 2006 | 23:56

  8. Johannes Paulus,

    “Es el utilitarismo aplicado a la vida del hombre: ésta tiene derecho a vivir si es útil”.

    Esta gente abomina del “racismo” con los animales. El verdadero racismo, sin embargo, consiste en no contemplar al hombre bajo el punto de vista de sus potencialidades (como se hace desde una perspectiva humanista), sino según determinados cánones culturales de “inteligencia” o “adaptación al medio”.

    Yo parto de un hecho contrastable: “el hombre es lo más útil para el hombre” (Spinoza), que se opone frontalmente al aforismo popularizado por Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”. Tu amigo Singer está remozando a este último cuando dice que “el mono es un hombre para el hombre” (ergo, se sigue: el hombre es un mono para el hombre). Cambia la posición de los términos y se conmuta levemente uno de ellos, pero el resultado es, a la postre, el mismo. Si no peor, pues Hobbes en todo momento empleaba una metáfora.

    Saco, ¿tú pospondrías el derecho de tu hijo al de un mono (98% de similitud genética con el hombre)? Al de un embrión humano (100% de similitud) ya sé que no. Pero como tu ética no es lógica, sino “consensuada”, necesito confirmarlo para apreciar tu grado de connivencia con los tarzanes legislativos.

    01 mayo 2006 | 23:59

  9. Mescalero,

    “Las reacciones negativas a la noticia, se pueden dividir en dos:

    - la del gracioso”.

    Oye, más vale gracioso que desgraciado. Me dais miedo, magnánimos, cuando sos capaces de escribir esto (visto en los comentarios del blog de Ignacio Escolar):

    “Te equivocas. Son los seres primitivos los que prefieren la vida de un hombre completamente desconocido que la de un ser emotivo y cognitivo con el que han podido compartir 10 o 15 años de su vida. ¿Cuál es la razón, que yo debería preferir la muerte de mi perro que la de una persona que desconozco por completo? ¿Por qué? No es más que el instinto de supervivencia de la especie lo que ha llevado a que eso se convierta en un meme”.

    Y también:

    “¿Te da igual que los grandes simios tengan más capacidad intelectual que muchos síndrome de down?

    El derecho a la vida, por ejemplo. Un vegetal que sólo vive porque una máquina le agita el corazón tiene derecho a la vida, pero un chimpancé que sabe comunicarse mediante el lenguaje de los sordomudos puede ser eliminado sin más. Pues cojonudo, hombre”.

    Escalofriante.

    02 mayo 2006 | 12:35

  10. Las diferencias entre un hombre y cualquier otro animal son dos y son esenciales:

    1) El hombre es más útil al hombre vivo que muerto, mientras que con el animal suele suceder lo contrario (¿qué habéis comido hoy?).

    2) El hombre es un ser autónomo y capaz de dotarse de normas que lo sitúan por encima del estado de naturaleza. Luego tiene un derecho innato a salir de la dinámica depredadora; el animal carece de él, salvo que se lo conceda el hombre (pero entonces ya no es un derecho).

    El “proyecto gran simio” está plagado de alusiones a la semejanza genética entre el hombre y el mono. Esto de los genes me recuerda a los tests de inteligencia: miden algo que no se han molestado en definir. Los genes miden “el hombre”.

    * * *

    Tema cerrado, chicos. Gracias por leer.

    02 mayo 2006 | 23:58

  11. and

    SER HUMANO:

    Ser vivo que tiene capacidad para razonar, hablar y fabricar objetos que le son útiles; desde el punto de vista zoológico, es un animal mamífero del orden de los primates, suborden de los antropoides, género Homo y especie Homo sapiens. Creo que del alma no dice nada.

    03 mayo 2006 | 14:07

  12. Sociatas ¡No, gracias!

    que un trozo de pan y un poso de vino se convierten en cuerpo y sangre de un dios tras pronunciar unas palabras mágicas es como creer que este Gobierno es socialista tras escuchar 4 ZoplaPolleces demagógicas del Presidente por accidente

    08 mayo 2006 | 18:03

  13. Evito referirme a las irrespetuosas y atrevidas afirmaciones del articulista sobre verdades de la fe Ctólica. En fin, porque todo está permitido en una sociedad que privilegia la libertad de expresión por encima de otros derechos. Baste con decir que es absurdo tratar de reconocerle los derechos a los simios cuando en la práctica esos derechos le son conculcados y pisoteados a los seres humanos.

    12 mayo 2006 | 17:24

  14. De la evolución a la involución

    Peter Singer, filósofo australiano, es uno de los ideólogos de este Proyecto Gran Simio que el parlamento español se dispone a suscribir. Este autor afirma (cf. “Etica Práctica”, 2ª edición) que SI UN ANIMAL TIENE MÁS PERSPECTIVA DE FUTURO QUE UNA CRIATURA HUMANA QUE ESTÉ ENFERMA, ENTONCES TIENE TAMBIÉN MÁS DERECHOS. Su ética práctica afirma que los derechos los da la biología. El ser humano es despojado de este modo de su categoría de persona.

    ¿Por qué oculta esta realidad la Sra. Ministra al afirmar que sólo se trata de una campaña de protección de especies en extinción? ¿No será que al despojar al ser humano de su dignidad de persona humana, se está buscando un aval ético para justificar la experimentación con embriones humanos y lo que esté por llegar con los enfermos en fase terminal?

    Sería imposible entender esta propuesta parlamentaria sin tener en cuenta una serie muy larga y concatenada de falsificaciones en temas muy graves de la antropología y de la ética que le es consecuente.

    12 mayo 2006 | 17:31

  15. Desolado

    !Que barbaridad ! Que recital ! Sr.Saco, su lucidez se va a hacer proverbial. !Que esplendida muestra de complejos, pensamiento infantil y mala leche¡ Siganos provocando, Sr Seco con sus reflexiones para que nos sigamos sicoanalizando.

    !extraña metamorfosis la que vá de pequeño o gran hijodeputa sectario a lúcido y humanisimo librepensador¡ ! De creyente a inteligente ¡

    Salud, Libertad y Amor a la Vida.

    Andres

    21 agosto 2006 | 14:00

  16. Andres

    Material especial

    Discurso de Fernando Vallejo

    al recibir el XIII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos

    Amigos que me acompañan esta noche tan notable de mi vida:

    Como ustedes, o la mayoría de ustedes, yo nací en la religión de Cristo y en ella me bautizaron. Pero en ella no me pienso morir. Si Cristo es el paradigma de lo humano, la humanidad está perdida.

    En el evangelio de San Mateo está la parábola de los labradores del campo: que el dueño de la tierra les paga al final del día igual a los que contrató al amanecer que a los que contrató a mediodía o al anochecer. Y cuando los que llegaron al amanecer se quejan y le dicen: “Patrón, ¿cómo nos vas a pagar igual a los que trabajamos diez horas que a los que no trabajaron ni una”, el patrón les contesta: “Los contraté por tanto y eso les estoy pagando, ¿de qué se quejan?”

    Con lo viejo que estoy y lo mucho que he vivido nunca he podido entender esta parábola. Se me hace inconsistente, caprichosa, y su personaje un arbitrario. A los que llegaron al final del día les tendría que haber pagado menos, ¿o no? O más a los que llegaron temprano. Pero como él era el dueño de la tierra y el que ponía las condiciones… ¿Hay que trabajar, o no hay que trabajar? ¿Hay que contratar, o no hay que contratar? El mensaje de la parábola no está claro. ¿Qué dirán de ella los comunistas? Me hubiera gustado que Castro se la hubiera comentado al Papa.

    Yo, si les digo la verdad, no soy partidario de darles trabajo a los demás porque después dicen que uno los explota. Y me pongo siempre, por predisposición natural, del lado del patrón y no de los trabajadores. ¡Ay, los trabajadores! ¡Qué trabajadores! Viendo a todas horas fútbol por televisión, sentados en sus traseros estos haraganes. ¡Que les de trabajo el gobierno o sus madres! O la revolución, que es tan buena para eso. Y si no vean a Cuba, trabaje que trabaje que trabaje. En Cuba todo el mundo trabaja. ¡Pero con las cuerdas vocales!

    Pero volvamos a Cristo y a su parábola. ¿No está reflejada en ella la prepotencia de Dios, que da según se le antoja, según su real gana? ¿Que a mí me hace humano para que aspire a la presidencia, y a la rata la hace rata para que se arrastre por las alcantarillas y a la culebra culebra para que se arrastre por los rastrojos? A ellas les está dando menos que a mí. ¿Por qué? ¿O no será que es al revés, que a mí da la carga, el horror de la conciencia? Si es éste el caso, entonces la injusticia la está cometiendo conmigo y no con ellas.

    También está en los evangelios el episodio de los mercaderes del templo a quienes Cristo expulsó furioso a latigazos porque estaban vendiendo adentro sus baratijas. Si Cristo no quería que los mercaderes comerciaran en el templo, ¿por qué no los hizo ricos para que no tuvieran qué trabajar? ¿O por qué no les dio local propio, una tienda? ¿No era pues el hijo del Todopoderoso? ¡Le habría podido mover el corazón a su papá! ¿Y cómo es eso de que el paradigma de lo humano pierde los estribos y se deja llevar por la rabia? En México dicen que el que se enoja pierde. Yo no sé.

    ¿Y por qué resucitó a Lázaro y sólo a él y no también a los demás muertos? ¿Y cómo supo que Lázaro quería volver a la vida? A lo mejor ya estaba tranquilo, por fin, en la paz de la tumba. ¿Y para qué lo resucitó si tarde que temprano Lázaro se tenía que volver a morir? Porque no me vengan ahora con el cuento de que Lázaro está vivo. Un viejito como de dos mil años. No, Lázaro se volvió a morir y Cristo no lo volvió a resucitar. ¿Por qué esas inconsecuencias? ¡Una sola resurrección no sirve! Si nos ponemos en plan de dar, demos; y en plan de resucitar, resucitemos. Y si resucitamos a uno, resucitémoslos a todos y para siempre. Así a los seis mil millones de Homos sapiens que hoy poblamos la tierra les sumamos otros tantos por lo bajito. ¿Con doce mil millones no se contentará este Papa? ¿O querrá más? ¿Doce mil millones copulando sin condón cuántos producen al año? A ver, saque cuentas, Su Santidad. ¿Dónde los va a meter? ¿En el Vaticano?

    Pero esto en realidad a mí no me importa. Que se hacinen, que se amontonen, que copulen, que se jodan. A mí los que me duelen son los animales. A ver, ¿cuántos hay en los evangelios? Hay una piara de cerdos donde dizque se metió el demonio. Un camello que no pasará por el ojo de una aguja. Una culebra símbolo del mal. Y un borriquito, en el que venía Cristo montado el domingo de ramos cuando entró en triunfo a Jerusalén. ¿Y qué palabra de amor tuvo Cristo para estos animales? Ni una. No le dio el alma para tanto. ¡Cómo va a estar metido el demonio en un cerdo, que es un animal inocente! A los cerdos, en Colombia, en navidad, los acuchillamos para celebrar el nacimiento del Niño Dios. Todavía me siguen resonando en los oídos sus aullidos de dolor que oí de niño. El demonio sólo cabe en el alma del hombre. ¿No se dio cuenta Cristo de que él tenía dos ojos como los cerdos, como los camellos, como las culebras y como los burros? Pues detrás de esos dos ojos de los cerdos, de los camellos, de las culebras y de los burros también hay un alma.

    Cristo viene de la religión judía, una de las tres semíticas, a cuál más mala. Las otras son el cristianismo, que él fundó, y el mahometismo, que fundó Mahoma. A estas dos religiones o plagas pertenece hoy la mitad de la humanidad: tres mil millones. Tres mil millones que se niegan a entender que los animales también son nuestro prójimo y sienten el dolor y tienen alma y no son cosas. Dos mil años llevamos de civilización cristiana sin querer ver ni oír, haciéndonos los desentendidos, atropellando a los animales, cazándolos por sus colmillos o sus pieles, experimentando con ellos, inoculándoles virus y bacterias, rajándolos vivos para ver cómo funcionan sus órganos y sus cerebros, maltratándolos, torturándolos, vejándolos, enjaulándolos, asesinándolos, abusando de su estado de indefensión, con la conciencia tranquila y la alcahuetería de la Iglesia y la indiferencia de Dios. Por algo está la Biblia llena de corderos que el hombre sacrifica en el altar de Dios regándolo con su sangre. ¿En qué cabeza cabe sacrificar a un cordero, que es un animal inocente que siente y sufre como nosotros, en el altar de Dios que no existe? Y si existe, ¿para qué querrá la sangre de un pobre animal el Todopoderoso?

    Los animales no son cosas y tienen alma y no son negociables ni manipulables y hay una jerarquía en ellos que se establece según la complejidad de sus sistemas nerviosos, por los cuales sufren y sienten como nosotros: la jerarquía del dolor. En esta jerarquía los mamíferos, la clase linneana a la que pertenecemos nosotros, está arriba. Mientras más arriba esté un animal en esta jerarquía del dolor, más obligación tenemos de respetarlo. Los caballos, las vacas, los perros, los delfines, las ballenas, las ratas son mamíferos como nosotros y tienen dos ojos como nosotros, nariz como nosotros, intestinos como nosotros, músculos como nosotros, nervios como nosotros, sangre como nosotros, sienten y sufren como nosotros, son como nosotros, son nuestros compañeros en el horror de la vida, tenemos que respetarlos, son nuestro prójimo. Y que no me vengan los listos y los ingeniosos que nunca faltan a decirme ahora, para justificar su forma de pensar y de proceder, que entonces no hay que matar un zancudo. Entre un zancudo y un perro o una ballena hay un abismo: el de sus sistemas nerviosos.

    Varias veces al año las playas de las islas Faroe (al norte de Dinamarca) se transforman en campos de matanza de ballenas. Grandes grupos de ballenas son guiados hacia ellas y atacados desde las embarcaciones balleneras y sacrificados sin misericordia. Primero les entierran un garfio metálico de 5 libras de peso, luego les cortan la médula espinal con un cuchillo ballenero de 6 pulgadas. El gancho se lo entierran varias veces hasta que las pueden enganchar bien para empezar a cortar. Como por instinto las ballenas luchan violentamente en medio de su agonía, es casi imposible matarlas con un solo corte. Deben soportar y sufrir varios antes de morir. A los nórdicos ahora se les han venido a sumar los japoneses. ¡Los japoneses! Los de Pearl Harbor, los que en la Segunda Guerra Mundial les hicieron a los chinos y a los coreanos ver su suerte. Ahora cazando ballenas. ¡Cómo vamos a comparar a un japonés -que es un hombrecito bajito, feíto, amarillo, cruel- con una ballena que es un animal grande y hermoso!

    Y los delfines, los otros mamíferos acuáticos, que protegen a los náufragos de los tiburones: en los últimos cuarenta años hemos matado setenta millones.

    El dolor es un estado de conciencia, un fenómeno mental y como tal nunca puede ser observado en los demás, se trate de seres humanos o de animales. Cada quien sabe cuándo lo siente, pero nadie se puede meter en el cerebro ajeno para saber si lo está sintiendo el prójimo. Que los demás lo sienten lo deducimos de los signos externos: retorcimientos, contorsiones faciales, pupilas dilatadas, transpiración, pulso agitado, caída de la presión sanguínea, quejas, alaridos, gritos. Pues estos signos externos los observamos tanto en el hombre como en los mamíferos y en las aves. Aunque la corteza cerebral está más desarrollada en nosotros y este mayor desarrollo es el que nos permite el uso del lenguaje, el resto del cerebro en esencia es el mismo en todos los vertebrados pues todos procedemos de un antepasado común. Así las estructuras cerebrales por las que sentimos el hambre, la angustia, el miedo, el dolor, las emociones son iguales en nosotros que en el simio, en el perro o en la rata. ¿Cuántos millones de simios, de perros y de ratas hemos rajado vivos para llegar a estas conclusiones?

    Los genomas del gorila y del orangután coinciden en el 98 por ciento con el humano, y el del chimpancé en el noventa y nueve. Y el ciclo menstrual de la hembra del chimpancé es exacto al de la mujer. Ya lo sabemos, somos iguales a ellos, ¿cuánto tiempo más nos vamos a seguir haciendo los tontos? Y los que duden de que los simios son como nosotros, mírenles las manos y mírenlos a las caras y a los ojos. No hay que saber biología molecular ni evolutiva ni neurociencias para descubrir el parentesco. Sólo hay que abrir el alma. Y sin embargo candidatos altruistas al premio Nobel de medicina, médicos y científicos generosos, siguen experimentando con ellos, con los chimpancés y los mandriles y los macacos inoculándoles el virus del sida dizque para producir una vacuna dizque para salvar dizque a la humanidad. ¡Mentirosos! ¡Pendejos! La humanidad no tiene salvación, siempre ha estado perdida. Que se jodan los drogadictos de jeringa y los maricas si se infectaron de sida, suya es la culpa. Y dejen tranquilos a los simios. En la medida en que nos parezcamos a ellos no podemos tocarlos, y en la medida en que no, ¿para qué experimentar con ellos? ¿Para qué si no sienten, si son objetos, si son cosas inertes sin alma?

    En el siglo XIX Pío Nono (el que convocó un concilio vaticano para elevar a dogma su infalibilidad, la infalibilidad del papa) prohibió que se abriera en Roma una Sociedad Protectora de Animales arguyendo que los animales no tienen valor intrínseco y que lo que hacemos con ellos no tiene que ser gobernado por consideraciones morales. Desde entonces esta inmoralidad es la norma en los países católicos. Con la conciencia tranquila, sin poner en riesgo nuestra salvación eterna, podemos cazar impunemente a los animales para hacer teclas de piano con sus colmillos, adornos con sus caparazones y abrigos con sus pieles; experimentar con ellos e inocularles cuantas bacterias y virus se nos antoje; encerrarlos de por vida en jaulas, practicar la vivisección en ellos, torturarlos en las galleras, en las plazas de toros y en los circos, transportarlos como bultos de cosas bajo el sol ardiendo sin importarnos su sed y acuchillarlos en los mataderos, porque ellos no son como nosotros ni sienten el dolor. ¿En qué círculo del infierno te estarás quemando, Pío Nono, cura bellaco? ¿Me alcanzarás a oír desde abajo? En las vacas acuchilladas en los mataderos de este mundo se revive día a día la pasión de tu Cristo. El mismo dolor, la misma angustia, el mismo miedo que él sintió colgado de una cruz lo sienten ellas cuando las acuchillan, así las pobres, las humildes, no se digan hijas de Dios. Y su sangre es igual a la suya: hemoglobina roja. Todo es cuestión de bioética, un sentido que no han desarrollado en lo más mínimo papas ni cardenales, curas ni obispos. ¿Cómo pueden ser los guías de una sociedad estos inmorales?

    Los que cazan animales para quitarles las pieles, los “tramperos”, los agarran en trampas metálicas que les destrozan las patas. Luego les introducen un palo en el hocico abierto por la angustia de la agonía, y herido e inmovilizado el animal, pisándole las patas traseras lo asfixian por presión en el cuello y en la caja torácica. Toda la paciencia y la calma para producirles la muerte sin ir a maltratar la mercancía.

    ¡Y los musulmanes, estos devotos de Alá! Hoy andan los iraquíes muy ofendidos con los gringos porque irrumpen en sus casas con perros a buscar armas. ¡Con perros, qué ofensa, qué horror! Si un perro toca a un iraquí con el hocico, lo saló de por vida porque el perro es un animal sucio, impuro. ¡Ay, tan puros ellos, tan inodoros, tan limpiecitos! Arrodillados rumbo a la Meca con los zapatos apestosos afuera y los traseros al aire. Si supieran estos asquerosos que mis dos perras me despiertan todos los días con besos…

    ¡Y los indómitos afganos con los que no pudo ni Alejandro Magno, pero que cayeron en veinte días hace un año y se pusieron de moda! También son de los que ponen a pelear a los perros. ¿Por qué no pondrán más bien a pelear a sus madres estos esbirros de Alá? Que les quiten los velos y el bozal a esas viejas paridoras y que se saquen el alma a dentelladas.

    Mahoma es un infame. Un sanguinario, un lujurioso. Tuvo quince mujeres: catorce concubinas y una viuda rica con que se casó para explotarla. Y este mantenido lúbrico que ni siquiera hacía milagros, que despreciaba a los animales pero que se reproducía como ellos, propagó su religión con la sangre y con la espada. Hoy esa espada pesa sobre medio mundo. Los ayatolas y los imanes y demás clérigos rabiosos del Islam ladran desde sus mezquitas. Ladran, pero dizque no son perros.

    Las corridas de toros, las peleas de perros, las peleas de gallos, el tráfico con los animales, las tortugas de la Amazonia convertidas en objetos decorativos de carey y los zorros y los caimanes cazados para hacerles abrigos con sus pieles a las putas y cinturones y zapatos a los maricas y a las respetables señoras de la más alta sociedad que van a misa los domingos. ¿Y qué dice de todo esto el Papa? ¿Por qué no excomulga a los que participan en esos espectáculos infames? ¿Y a los maestros de biología que practican la vivisección y rajan sapos vivos en las escuelas dizque para enseñarles a los niños el funcionamiento del sistema nervioso? ¿Y a los que torturan animales en los circos? ¿Por qué no dice nada de las vacas y los toros y los terneros y los cerdos acuchillados en los mataderos? El que viaja en jet privado y habita en palacios y castillos atendido como un rey con Guardia Suiza no dice una palabra. No levanta su voz. Calla. Este Papa besapisos es un alcahueta de la infamia. Y se entiende, es el derecho canónico, es su Iglesia, su tradición, la de Pío Nono, el infalible. Hoy le pide perdón a Galileo, al que iban a quemar vivo en una hoguera, porque la tierra siempre sí resultó girando en torno al sol, y a los protestantes y a los musulmanes y a cuantos combatió y masacró su Iglesia. Ya vendrá otro como él cuando el actual se muera a pedir perdón por las iniquidades y las irresponsabilidades de éste.

    Dios no existe. Dios es un pretexto, una abstracción brumosa que cada quien utiliza para sus fines y acomoda a la medida de su conveniencia y de sus intereses. Caprichosa, contradictoria, arbitraria, inmoral, la religión cristiana no tiene perdón del cielo, si es que el cielo es algo más que el atmosférico. Una religión que no considera a los animales entre nuestro prójimo es inmoral. Por inmoral hay que dejarla. A los que están en ella no les pido, sin embargo, que la dejen porque ya sé lo que es el vacío de la vida y el espejismo del cielo y la fuerza de la costumbre. Pero entonces sean consecuentes y aprendan de Cristo: no se reproduzcan, así como él no se reprodujo; y absténganse de la cópula con mujer, así como él se abstuvo.

    El 1º de septiembre de 1914 a las 5 de la tarde murió la última paloma migratoria en el zoológico de Cincinnati. Ya acabamos con las palomas migratorias, con el tejón rayado, con la musaraña marsupial, con el potoro de Gaimard, con el kanguro-rata achatado, con el balabí de Toalach, con el lobo de Tasmania, el bisonte oriental, el bisonte de Oregón, el carnero de Canadá, el puma oriental, el lobo de la Florida, el zorro de orejas largas, los osos Grizzli, el asno salvaje del Atlas, el león de Berbería, el león de Caba y el león de Cuaga, la cebra de Burchell y el blesbok. Ya no existen más, a todos los exterminamos. ¡Qué bueno, benditos sean! ¡Qué bueno que se murieron y se acabaron! Especie que se extingue, especie que deja de sufrir, especie que no vuelve a atropellar el hombre. ¡Y que se jodan los ecologistas que ya no van a tener bandera para que los elijan al parlamento europeo! Al ritmo a que vamos dentro de unos años este planeta estará habitado sólo por humanos. Entonces no tendremos qué comer, y en cumplimiento de nuestra más íntima vocación nos comeremos los unos a los otros. ¿Y el papa, qué va a comer? ¡Que coma obispo!

    El hombre no es el rey de la creación. Es una especie más entre millones que comparten con nosotros un pasado común de cuatro mil millones de años. Cristo es muy reciente, sólo tiene dos mil. Al excluir a los animales de nuestro prójimo Cristo se equivocó. Los animales, compañeros nuestros en la aventura dolorosa de la vida sobre este planeta loco que gira sin ton ni son en el vacío viajando rumbo a ninguna parte, también son nuestro prójimo y merecen nuestro respeto y compasión. Todo el que tenga un sistema nervioso para sentir y sufrir es nuestro prójimo.

    Gracias a Venezuela por el premio que me da, y por haberme escuchado y concedido el privilegio de hablar desde esta tribuna, una de las más altas de América.

    21 agosto 2006 | 15:15

  17. Manuel Saco

    Andrés, me lo he bebido de una sentada. Impresionante. De lectura obligada, aunque discrepe en algunas de sus apreciaciones racistas y homófobas. Gracias por el documento.

    21 agosto 2006 | 21:44

  18. Pablo Ormazabal Rodríguez

    Bien, me gusta el debate, creativas opiniones…

    En cuanto a los monos, los simios, los toros y los animales en general, es cierto que merecen respeto, es muy válido el argumento de que somos tan animales como ellos. sin embargo los humanos conformamos una especie, ni mejor ni peor, simplemente una más, con nuestro singular comportamiento social, un comportamiento medianamente normado, y con normas legales en menor porcentaje aún cumplidas.

    A lo que voy es que preferiría resolver nuestros problemas de especie primero, antes de comenzar a legislar sobe problemas sociles de otras especies, a menos que éstos interfieran directamente con los nuestros (control de plagas por ejemplo) Es triste e injusto el abuso y eventual exterminio de especies, lo siento relmente, mi novia es médico veterinario y he aprendido un poco de su visión. Sin embargo para mí continúa siendo aún mas impactante ver el exterminio de seres humanos sin que se establezca una normativa enfática al respecto, como el inentendible sacrificio humano en Africa, una extincion brutal frente a los ojos de naciones con recursos suficientes como para impedirlo …

    Las potencias no se compremeten ni intervienen en forma significativa, argumentando dificultades propias aún no resueltas, y que sólo una vez solucionados los problemas internos de cada país, podrán desgastarse intentando salvar del holocausto a otros pueblos o naciones. Así funciona el sistema…

    Sólo cuando mi famila resuelve sus problemas internos, comienza a ayudar a otras familias de la comuna. Sólo cuando mi comuna logra estar sólida, se procupa del resto del país. Lo mismo ocurre con los países respecto a su política internacional y de esta misma forma se entiende también el que nuestra especie no invierta significativamente en la protección de otras, mientras no solucionemos nuestros problemas internos.

    07 septiembre 2006 | 08:38

  19. no me gusta el extermini0o me gusta mas follar con mi novio asi k el exterminio es una mierda

    16 octubre 2006 | 18:34

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