El olvido es una pena que no se llora

07 octubre 2005

Han muerto seis subsaharianos más tras intentar escapar de la inmensa cárcel que es África. Los que han atravesado la valla, los que se creen fuera, por fin a salvo, no saben que para ellos están fletando un avión para devolverlos. Y como lo ignoran, dilapidan su alegría y agradecimiento con la vicepresidenta del Gobierno, con los policías o con los miembros de las ONG, con esa expresión mezcla de felicidad y estupor, como si hubiesen olvidado de un salto (de seis metros) el infierno de donde vienen. La clave para ellos es olvidar. Si no recuerdas, nada ha existido.

Un amigo mío, Rafael de Dios García (¿veis?, tengo a un Dios por amigo), pastor de inmensos rebaños de ovejas en los páramos segovianos y, sobre todo, un espléndido poeta, los retrata de manera inquietante en un brevísimo poema:

“A veces intentan olvidar, porque el olvido

es una pena que no se llora”

Una pena que no se llora. ¿Cómo coño consiguen los poetas decir tanto con tan pocas palabras?

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. vp20

    “La clave para ellos es olvidar. Si no recuerdas, nada ha existido”.

    Tal vez, pero olvidar la injusticia requiere buenas dosis de generosidad y de tiempo, mucho tiempo, puede que durante generaciones enteras no logren olvidar lo que les estamos haciendo.

    Y más cuando los que consigan saltar la valla y quedarse se encuentren de bruces con esto que decía Ángel González.

    TODOS USTEDES PARECEN FELICES…

    …Y sonríen, a veces, cuando hablan.

    Y se dicen , incluso,

    palabras

    de amor. Pero

    se aman

    de dos en dos

    para

    odiar de mil

    en mil. Y guardan

    toneladas de asco

    por cada

    milímetro de dicha.

    Y parecen -nada

    más que parecen- felices,

    y hablan

    con el fin de ocultar esa amargura

    inevitable, y cuántas

    veces no lo consiguen, como

    no puedo yo ocultarla

    por más tiempo; esta

    desesperante, estéril, larga

    ciega desolación por cualquier cosa

    que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.

    07 octubre 2005 | 09:54

  2. Del mismo modo que tener un enemigo común (“el moro”) nos crea el espejismo de estar más unidos.

    Occidente debería sacar sus manazas de África. Creo.

    07 octubre 2005 | 14:07

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