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El doctor Estivill presenta nuevo libro (y nueva orden): ‘¡A Dormir!’

07 mayo 2012

He hablado en cuatro ocasiones en este blog de Eduard Estivill, en ninguna de ellas precisamente para recomendar sus libros o su método. Si queréis saber mi postura sobre su método, no tenéis más que leer lo que escribí en este post de 2008. Nada ha cambiado desde entonces.

El doctor Estivill, experto en sueño (eso no se lo discute nadie) que ha descubierto un filón en la literatura y los consejos infantiles, presenta nuevo libro. Y vaya por delante que ni lo he leído ni lo voy a leer.

Ya empieza a no gustarme en la elección de título: ¡A dormir!. Un mandato a gritos. No es así como yo mando a la cama a mis hijos, así será en todo caso como lo harán los sargentos a sus soldados.

Estivill es tremendamente polémico. Muchos padres, desesperados y a los que no voy a juzgar en absoluto porque entiendo perfectamente lo terrible que es no poder descansar, han seguido su método con éxito. Nadie discute que su método no sea efectivo. Lo que yo sí discuto es que sea un método apropiado, que no me lo parece, y que sea un método suyo, que no lo es, es una copia del método Ferber.

En cualquier caso, allá va nuevo libro que seguro se convierte en un éxito como todos los precedentes, en los que también se convertía en un experto en juegos (¡A jugar!), alimentación infantil (¡A comer!), pediatría, cuentos apropiados para crecer o para dormir, o educación (Solos en casa). Si alguien lo ha leído y quiere compartir sus impresiones, tiene los comentarios a su disposición. Por la parte que me toca, os dejo con el teletipo de EFE:

Los nuevos hallazgos sobre los intervalos de sueño en el periodo fetal confirman que la raza humana se equivoca al incluir estímulos para hacer dormir a los bebés, ya que, en los primeros años de vida, sólo necesitan comer bien para que cierren los ojos, según el doctor Eduard Estivill.

Es una de las conclusiones que expone en “¡A Dormir!”, el nuevo libro de este experto mundial de los trastornos del sueño que incluye los últimos hallazgos en periodo fetal con los que completa su ya conocido “Método Estivill”.

“Por desconocimiento, la raza humana cambia los hábitos naturales por una cuestión cultural; pensamos que tenemos que hacer algo para que el niño duerma, como cantarle o mecer la cuna, pero no hace falta nada de eso si lo hacemos todo bien desde el primer día”, explica Estivill en una entrevista con Efe.

Estudios en fetos de 7 y 8 meses muestran que alternan intervalos de 30 minutos despiertos con dos o tres horas de sueño, exactamente el mismo comportamiento que sigue el bebé cuando ya ha nacido.

Así, tras el parto, se debe preservar esta “normalidad” que tenía el bebé en la matriz, manteniéndole despierto cuando come y, sin ningún estímulo más, se dormirá sin problemas.

“Tenemos que hacer como los animales, que no hacen nada, les dan comida a las crías y se duermen”, sostiene el especialista catalán.

Por tanto, según la teoría del doctor del sueño, los problemas para dormir en los primeros años de vida de un niño sólo son atribuibles a un “mal hábito” de los padres, inducido por el desconocimiento, ya que otros factores de insomnio como los miedos nocturnos o las pesadillas no aparecen hasta los 4 años.

En esas edades, “los miedos aparecen por desconocimiento ante una pesadilla y basta con que los padres expliquen al hijo que es normal y que hay que estar tranquilo, aunque si en algunos casos surgen temores patológicos sí que deben ser tratados por los expertos”, destaca el doctor.

Según Estivill, alrededor del 30 por ciento de los niños entre seis meses y 5 años tiene trastornos del sueño por malos hábitos adquiridos.

La unidad del sueño del Instituto Dexeus que dirige Estivill atiende a unos 500 niños al año, la mitad por malos hábitos y una cuarta parte por pesadillas, sonambulismo o miedos.

Al 25 por ciento restante se le atiende por la aparición de ronquidos y apneas entre los 2 y 3 años, un fenómeno muy nuevo en edades tan tempranas y que también trata el doctor Estivill en su nuevo libro, publicado por Plaza&Janés.

Sin apenas dejar descanso a sus lectores, Estivill prepara ya un nuevo libro, titulado “Que no me quiten el sueño”, en el que explicará a los adultos lo que deben hacer durante todo el día para descansar bien por la noche.

Como anticipo, el doctor revela que hay que comer proteínas en el desayuno y el almuerzo y, en poca cantidad, pasta y productos lácteos para la cena, momento en el que, además, ya deberíamos apagar el móvil para empezar a desconectar el cerebro de nuestra rutina diaria y prepararlo para el sueño.

El lobo guardián del sueño de mis hijos

11 marzo 2011

Vivian me hablaba hace dos días en los comentarios del cuadro que adorna la habitación de mis hijos.

Es un cuadro de un estudiante de arte prácticamente idéntico a una obra de Franz Marc, uno mis pintores favoritos. En mi casa hay varias reproducciones de lienzos suos.

Y ese lobo dormido es el guardián del sueño de mis hijos.

Cuando sean capaces de entenderlo les explicaré que cuando ellos duerman despertará para vigilar y mantener a raya las pesadillas. Me vino la inspiración nada más verlo colgado en la pared de su dormitorio y me pareció una buena idea.

De momento es sólo para ellos el lobo bonito que hace “aauuuu”.

¿Qué cuadros o fotos tenéis vosotros en las habitaciones de vuestros hijos? ¿Tienen su historia?

Por primera vez, toda la noche en su camita

13 diciembre 2010

Desde que Julia nació practicamos el colecho. Con ella no hubo dudas. Ni una noche pasó lejos de mí, ya fuera en el hospital recién nacida, en casa o de vacaciones. Nunca se ha visto dentro de una cuna. Y las dos hemos podido descansar sin problemas.

Jaime no tuvo tanta suerte, por eso de ser el primero y tener un despiste monumental de padres primerizos sí que intentamos al principio que durmiese en su cuna. Se supone que es lo que debe hacerse. Todo fue fatal: se despertaba, lloraba, yo intentaba calmarle a través de los barrotes, tenía que despertarme y despertarle para sacarle de ahí y darle el pecho. La cesárea me molestaba en todas estas incorporaciones. Los lloros también despertaban a mi marido. Acababa por meterle en la cama con remordimientos absurdos. A los pocos días comencé a leer e informarme sobre el colecho y un mundo de conocimientos se abrió. Lo que me pedía el cuerpo estaba bien, querer dormir junto a mi hijo era seguro y natural. Desear tenerle en brazos, junto a mi cuerpo, era lógico, tenía una explicación ancestral y había una legión de padres y profesionales de la salud que lo recomendaban y practicaban.

Jaime comenzó a irse solo a su camita cuando tenía dos años y dos meses y estuvo mucho tiempo durmiendo solo felizmente y del tirón. Ahora no duerme solo, tiene despertares nocturnos que tienen que ver con su trastorno generalizado del desarrollo, su autismo. Pero ese es otro tema.

A Julia le instalamos hace un par de meses una cama pequeñita en su cuarto, en el que ya hay una cama grande. Desde entonces se está durmiendo encantada en su “ama peeña”. Yo estoy cerca, en la “ama ande”. En algún momento a lo largo de la noche me reclamaba, sin despertarse del todo, y la traía a mi cama.

Ayer fue el primer día que al medio despertarse de madrugada exigió volver a su cama pequeña y allí siguió durmiendo felizmente toda la noche.

Seguro que aún reincide en visitarme. Pero nuestra primera noche separadas es un aviso claro de que pronto voy a echar de menos su cuerpecito a mi lado por las noches.

“¿Cuándo se acaban las siestas?”

27 octubre 2010

El otro día la madre de una compañera del cole de mi hijo me contaba que su niña, con cuatro años cumplidos este verano, ya no quiere dormir la siesta. Poco antes una amiga, cuyo hijo también tiene cuatro años me decía lo mismo: su hijo cae roto a las nueve de la noche pero dice que siesta, salvo rara excepción, nanai.

Mi hijo con su misma edad no la perdona.
Necesita dormir una horita tras la comida o por la tarde no es persona. Y esa siesta no le impide luego dormir bien de noche.

“¿Cuándo crees que se le acabarán al tuyo las siestas?” me preguntó una de ellas.

“Puede que nunca” contesté “
hay quien sigue deseando su ratito de siesta toda la vida aunque las circunstancias no se lo permitan”.

Julia es menos dormilona. Tiene poco más de año y medio y ya poco después de cumplir el año dejó de dormir su siestecilla del carnero por la mañana. Su hermano tardó bastante más en abandonar esa costumbre. Y ahora con cuarenta minutos por la tarde tiene más que de sobra.

Imagino que él ha salido a su padre, cuya familia es conocida como el club de las marmotas, y ella ha salido a mí, que nunca he sido de siestas. Siendo muy pequeña recuerdo algunos veranos en extremadura, con un calor tremendo en esa era pre-aire acondicinoado, toda la familia recogida durmiendo y mi madre teniendo que entretenerme porque me negaba a dormir.

Lo que es cierto es que desde que son recién nacidos y el día está completo de minisiestas hasta que tienen entre uno o dos años y se conforman con la siesta a la hora convencional, la evolución del sueño diurno de los bebés es tremenda.

Me resulta curioso que se hable tantísimo del sueño nocturno en los bebés y tan poco del diurno.

Y al menos en mi caso, hubo un punto de inflexión en torno a los seis meses que marcó el comienzo del fin de las minisiestas diurnas y otro momento de maduración entre el año y año y medio, en el que se pasó a dormir un ratito sólo después de comer.

¿Cómo ha sido el sueño diurno de vuestros hijos?

El miedo a la oscuridad

24 junio 2010

Llevamos dos meses durmiendo entre mal y fatal.

El peque siempre ha sido una marmota y nos tenía mal acostumbrados. Lleva desde los dos años durmiendo solo: entraba en su habitación, que tenía que estar completamente a oscuras, cerrábamos la puerta, y no reaparecía hasta pasadas diez u once horas.

Ya había tenido el verano pasado y en invierno pequeñas rachas de mal dormir. Pero ahora algo ha cambiado: se duerme a su hora pero pasadas pocas horas se despierta asustado y gritando. Tenemos que encender todas las luces del dormitorio para que se quede tranquilo, pero con tanto susto se despeja y luego pasa entre dos y cuatro horas despejadísimo sin querer conciliar el sueño. Después vuelve a dormirse, pero dejando la habitación iluminada como una verbena y al adulto que le acompaña mirando desesperado el reloj y pensando las pocas horas que va a poder dormir antes de irse a trabajar.

Hemos probado a dormir con él, a cambiarle de cuarto, a dejarle las luces encendidas desde el primer momento… nada parece funcionar.

Y él no nos puede decir lo que sucede.

Por lo que he hablado, es de lo más frecuente que los niños pequeños quieran luces en su cuarto. Incluso en su cama. Por eso existen inventos como el gusiluz y lámparas frías como la de Pabobo que hay en la imagen y que nosotros vamos a probar.

Pero algo me dice que sus despertares no se deben sólo a las pesadillas convencionales de otros niños, algo me dice que sus rachas de mal dormir tienen que ver con periodos de madurez o activación de su cerebrito.

Sólo tengo la impresión de una madre, pero la verdad es que suelen coincidir con avances tangibles.

Por ejemplo, con la mala racha del verano pasado , que al principio achacamos al calor, notamos que comenzaba a usar signos y a despertarse al mundo. Con la de Navidad llegó el hacer puzzles y ser más comunicativo. Con la que nos encontramos, que está siendo la peor, está mucho más centrado y está comenzando a hablar: repite las terminaciones de todas las palabras, comienza a corear las canciones…

Tal vez sean simples pesadillas como las de cualquier otro niño sin nada más detrás, pero es el consuelo que nos queda mientras nos arrastramos ojerosos camino al trabajo y robamos siestas siempre que podemos.

¿Cómo dormir a un bebé?

17 junio 2010

Hay muchas formas de dormir a un bebé o a un niño muy pequeño. La mayoría son universales y sobradamente conocidas:

- Darle el pecho.
- Darle un biberón.
- Darle un chupete.
- Cantarle en brazos.
- Mecerle en brazos.
- Moverle en el carrito alante y atrás.
- Sacarle de paseo en el carrito.
- Sacarle de paseo en el coche (el rum rum es infalible).
- Sacarle de paseo en una mochila portabebés.
- Tumbarse a su lado y cantarle.
- Tumbarse a su lado, cerrar los ojos y relajar la respiración. El sueño invita al sueño.
- Contarle un cuento.

Pero luego las hay más exóticas, hallazgos sorprendentes que hacen por casualidad padres recientes. ¡Y funcionan!

Éstás son algunas de las que he visto o he practicado:
- Mecerle frente a un ruido blanco, como el que produce una campana extractora o un secador.
- Botar con él en brazos sobre una pelota de pilates.
- Apretarlo con una manta o un par de cojines.
- Ponerle un pañuelo liviano sobre el rostro.

¿Conocéis alguna más?

¡Duérmeme de una vez!

23 mayo 2010

En los adultos creo que no existe esta situación tan común entre los bebés y los niños pequeños de tener mucho sueño y no querer o no poder dormirse, lo que se traduce en ponerse tremendamente petardos.

Una petardez que yo traduzco como “¡mamá, duérmeme de una vez, qué no me aguanto ni yo!”

Y toca cantar, cargar al peque en la mochila, mover carros, salir de paseo… lo que sea para ayudarles a salir de ese estado.

Julia ha tenido una de esas ahora mismo.

No recuerdo en qué momento deja de suceder, pero según mi escasa experiencia creo que es en torno a los dos años.

Luego está esa otra situación que ha generado tantos vídeos de primera: un bebé o un niño pequeño tiene sueño y se duerme. Da igual que esté comiendo, en un concierto con los altavoces a todo saco…. Decide que es momento de dormirse y eso hará.

Eso nos pasó esta semana con Jaime, que fue capaz de dormirse completamente pedaleando en su triciclo camino a casa.

Creo que eso, en algunos casos, no deja de suceder nunca.

“Cuando empiece con los cereales dormirá mejor”

19 mayo 2010

En el último post hablábamos de la incorporación de los sólidos en la dieta de los bebés. Y os contaba las cosas en las que coincidieron mis dos hijos cuando llegó ese momento.

Pues hay otra cosa que tienen en común y que olvidé mencionar: sus pautas de sueño no cambiaron. Buscaban el pecho (no llegaban a despertarse) varias veces durante la noche y lo siguieron haciendo durante varios meses más.

Nunca noté que tomar cereales por la noche, o empezar con las carnes y verduras, afectara de ninguna manera su forma de dormir.

Claro que evolucionaron hasta llegar a dormir del tirón (bueno, Julia pasa entre unas 10 u 11 horas durmiendo pero un par de veces aún busca el pecho sin llegar a despertarse del todo), pero fue más cuestión de tiempo y paciencia que de dietas milagrosas.

Pero es verdad que eran muchos los que me decían que cuando empezara con los cereales dormirían mejor.

Curiosamente nunca me lo dijeron la pediatra o la enfermera de pediatría, es una de esas sentencias que se oyen a pie de calle.

Es algo que creo que todas las madres hemos oído, da igual si hemos alimentado los primeros meses a nuestros hijos con el pecho o con el biberón: “Ya verás, ya verás, con los cereales se llenará más y dormirá mejor”

O en un tono más prudente: “a ver si ahora con los cerales hay suerte y te deja dormir más”.

Es dudoso que los cereales llenen más que la leche. Y es dudoso también que tener el estómago a rebosar ayude a dormir mejor. A mí desde luego me lo dificulta.

Si mis hijos se han medio despertado a mamar un poco, más que por hambre, era por necesidad de contacto o para comprobar que estaban acompañados.

Pero tal vez en otros casos sea cierto. Esa sentencia tan extendida debe tener su origen en alguna parte. ¿Vuestros hijos comenzaron a dormir mejor con los cereales?

A dormir

16 septiembre 2009

Uno de los varios blogs que sigo relacionados con el tema de éste es Ahora la madre soy yo.

Hace muy poquitos días escribió un precioso post que quiero mostraros.

Se titula A dormir y cuando lo leí veía todo lo que contaba. Más que verlo lo recordaba por haberlo vivido mil veces.

Nada hay más tierno que tu hijo dormido. Incluso niños como mi peque, con sus tres añazos, te recuerdan al bebé que fueron mientras lo ves dormir en paz.

No, no, no, no quiero dormir. Aunque tengo sueño… pero no quiero dormir. Estoy aquí jugando con papi… pero tengo sueño ¡¡¡¡uaaaaaaa, tengo sueño, uaaaaaaaaa!!!

No, no, mami, así no, no me pongas así, que me duermo, no, no me mezas que se me cierran los ojos, nooo… no quiero dormir, tengo muchas cosas que ver, la luz del humidificador, la pelota que está en el suelo…

Bueno, chupo un poco de leche de la teta de mami, total, está aquí y está tan rica. Tengo sueño, se me cierran los ojos y mami canta tan bien…

Pero, no, no, no, no quiero dormir… mami, mami mira Mickey, mira el ventilador…no quiero dormir…

Un poco más de teta, vale… se me cierran los ojos y ese balanceo me deja adormilado, que a gusto estoy, se me cae la mano, se me escurre la boca de la teta de mamá…

Pero no, no, no, no quiero dormir… ¿qué es esto? la nariz de mamá ¿y estos agujeros? ¿qué habrá dentro? Vaya, parece que a mami no le gusta que le meta el dedo ahí ¿por qué será?

Pero se me cierran los ojos, mami me acaricia la cabeza y los párpados se me caen y relajo las piernas, y me acurruco con mamá, que huele tan bien y está tan blandita. Mi respiración se ralentiza, empieza a ser rítmica, tranquila, me duermo, me duermo… me dormí.

¿Soñaste con el parto o con tu bebé?

03 enero 2009

En varios sitios he leído que es muy frecuente soñar con el parto o con tu hijo cuando estás embarazada.

Yo durante mi primer embarazo, si soñé algo, no lo recuerdo.

Aunque tengo que reconocer que es raro que recuerde mis sueños: suelo dormir del tirón y profundamente.

Pero esta vez sí que me ha pasado: he soñado con un parto tal y como deseo que sea del que nacía una preciosa niña de 4 kilos y 100 gramos.

Ya veremos si acaba siendo así (ojalá) y naciendo tan grandota.

También he leído que los sueños de las embarazadas suelen ser así: como el mío o todo lo contrario. Es decir, con todo saliendo mal.

Parece ser que es una manera de prepararnos de forma inconsciente por si, efectivamente, las cosas se tuercen.

¿Vosotras soñastéis durante el embarazo?