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‘El tesoro de Lilith’, el cuento del árbol que quiso ser niña

18 noviembre 2013

la foto-3Me gusta llamar las cosas por su nombre cuando estoy con Julia. No creo que palabras como vulva, útero o pene sean demasiado grandes para ella. Ha tenido su explicación adaptada pero realista de cómo nacen los niños y nunca me he escondido ni me ha dado vergüenza cuando estoy con la menstruación. Sí, entro en el baño y cierro la puerta, pero a veces la ha abierto y me ha preguntado con esa sana curiosidad infantil qué era esa sangre. “Es algo que tenemos las mujeres, no las niñas ni las abuelas, aproximadamente cada mes y que nos permite tener bebés”. Siempre lo ha visto de manera natural. Sabe que mamá sangra a veces y que no pasa nada, que es algo bueno y necesario. Sin esa sangre ella no estaría en este mundo. Igual actuaría con Jaime.

Por eso me llamó mucho la atención un cuento llamado ‘El tesoro de Lilith’, un cuento que en su portada explica que va sobre la sexualidad, el placer y el ciclo menstrual. Me llamó también la atención porque ese cuento ha nacido del empeño de Carla Trepat, que ha logrado autoeditarlo con la ayuda y financiación de 150 personas. Siento simpatía por esos proyectos voluntariosos.

El cuento es alegórico: un pequeño árbol que quiere bailar, correr y vivir aventuras, por lo que acaba convertido en una niña. Una niña que encierra en su interior una capullo que al convertirse en mujer pasará a ser una flor que, regularmente, desprenderá sus pétalos, equiparando las distintas fases por las que pasa el cuerpo de las mujeres con las estaciones del año.

En el cuento también aparece el deseo. Son unas mariposas que rondan la flor, que la hacen cosquillear y latir.

El cuento es metafórico y delicado.
Jamás menciona útero, vulva ni pene, pero permite con sus árboles, sus flores y sus mariposas explicar de una manera razonablemente detallada cómo son las cosas. A Julia le gusta mucho el cuento del árbol que quiso ser niña, como ella lo llama. Ayer mismo me pidió de nuevo que se lo leyera. A mí me gusta su visión positiva y cómo fomenta el autoconocimiento, la aceptación y el escuchar a nuestro cuerpo.

Y al final incluye una guía didáctica con la que reflexionar sobre cómo afrontar con nuestras hijas su menarquia (primera menstruación), el descubrimiento del placer sexual o el conocimiento de sus órganos reproductivos.

Esa guía ha sido elaborada con la ayuda de Anna Salvia, una psicóloga especialista en salud sexual y reproductiva que se dedica a dar charlas y talleres sobre las etapas sexuales de la mujer y que publicó en 2012 ‘Viaje al ciclo menstrual’.

El único pero que se me ocurre transmitir a su autora desde aquí es que no haya un equivalente para los chicos.

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Cómo y cuándo hablar de sexo con los niños (y las extrañas políticas de Facebook)

15 julio 2013

gtres_a00607911_2581Hoy os traigo un post que ha escrito Mamá también sabe, uno de los blogs de maternidad que consulto y más me gustan. Ya sabéis que me gusta recomendar de vez en cuando otros blogs de madres y padres recientes. Abundan en la blogosfera y muchos son realmente buenos.

Podría haber elegido muchos otros días y muchos otros posts de Mamá tambien sabe, pero he decidido (con petición de permiso previa), recoger uno que ha escrito sobre cómo y cuándo hablar de sexo con los niños por dos motivos. El primero es que es un buen post y merece difusión. El segundo es mi perplejidad (no soy la única, la primera ojiplática es la autora) tras recibir una petición de Facebook de retirarlo de su página por tener contenido sexual explícito.

Puede ser que los filtros de Facebook sean tan delicados cuando reconocen en el texto los conceptos sexo y niños juntos que se hayan columpiado en este caso. Podría ser también que alguien con muy poco criterio se haya quejado. Me da igual. Debería haber un ser humano que lo revisara, sobre todo cuando, como es este caso, la autora les ha escrito justificando que el post tiene toda la razón del mundo de ser.

Se cubre de gloria esa red social con sus políticas de contenidos. Aún sigue censurando imágenes de madres lactando y se niega a retirar imágenes claramente execrables. La última página que me enteré que mantenían pese a las quejas era una de peleas de perros en la que se veía a los animales destrozándose. Eso sí que es pornografía.

El cómo, yo diría por mi experiencia que con la mayor naturalidad posible y el cuándo, pues en el momento en que veamos que comienzan a inquietarse con el tema. Tan pronto y como se inicie lo mejor es ir abordando el tema para evitar que los pequeños se busquen respuestas a su modo, y vayan haciendo una “interpretación deformada y malformada” de su propia sexualidad.

Los pequeños comienzan a ser conscientes de su propia sexualidad a partir de los 4 años más o menos, que es cuando comienzan a identificar ciertas diferencias entre niños y niñas; es muy normal que también se inicie un proceso de exploración física para encontrar “mas diferencias” de las exteriores y visibles, y no deberíamos alertarnos ni alterarnos con ello. Es un proceso normal y, estoy convencida que el tono de “morbosidad” lo damos los adultos del modo en como reaccionamos ante esta situación meramente explorativa. Pregunten a sus pediatras y a cualquier sicólogo, la masturbación a esta edad, no tiene ninguna otra connotación, así que no hay motivos para que, nosotros como padres o madres, se la demos!.

En nuestro caso, cuando ElMayor (2004) pasó por esa etapa de autoexploración y demás, no le hicimos espavientos ni nada por el estilo, y le explicamos con gran naturalidad que los niños tienen pene o colita y las niñas vagina, y que por eso mamá hace la pis sentada y los niños de pie… el tema quedó superado en muy poco tiempo, a diferencia de algunos de sus amiguitos a los que se les convirtió en una obsesión que años después sigue estando presente y que ha conllevado a que ya con 9 años, se refieran a sus genitales y los de las niñas con un sentido más morboso y en ocasiones con asco y repulsión.

Veo que acá en España, este sigue siendo un tema tabú. En Colombia, en mi colegio, ya desde los 7 años comenzábamos a tener charlas sobre la educación sexual, entendiéndola como una parte más del proceso educativo. (A mi modo de ver, fundamental para una educación en igualdad que evita comportamientos denigrantes y permite una mejor aceptación de la propia sexualidad)

ElMayor desde hace poco más de un año ha comenzado con mas preguntas “incómodas”, y a medida que las ha ido haciendo, se las hemos ido respondiendo, adaptando siempre el discurso a su edad, como ya he dicho antes. Ya hemos pasado de preguntas sobre tamaños, formas y diferencias a preguntas sobre “funcionalidad”….

Y todo comenzó por el uso cada vez más difuso de “la palabra con la F” como dice mi niño. – Mamá, están todos con la palabrota con la “F”…por todo!. Resulta que si sacamos la punta al lápiz, es que estamos f***ando… Hasta que le pregunté si él sabía qué era eso de “Follar.” (por cierto, es que es una palabra que no me gusta nada, me suena tan feo… que denigra un acto que debería ser hermoso y placentero, como en Fuck en inglés). Y … su repuesta fue simple y directa: – Pues cuando le metes el pene a una niña por el hueco de abajo, por donde salen los bebés!. O_o…

Sí… así de claro como el agua. No mostramos ningún tipo de sorpresa, aunque por dentro si que me estaba temblando todo. Así que tuvimos una pequeña charla… sobre el amor, el respeto, y la edad para este tipo de actos. Intenté ser muy concisa para no aburrirle, así que recordé un libro que le había comprado en nuestro último viaje a Colombia, y supe que era el momento de comenzar a leerlo juntos…

No es un libro de educación sexual, sino un libro de educación emocional, que abarca todo el proceso de aceptación de los cambios en el desarrollo físico y emocional que se van dando a partir de la pre-adolescencia y la adolescencia. Ya les contaré en otro post.

Está siendo una lectura ocasional, y poco a poco vamos abordando temas mas profundos, ya vamos por el tercer capitulo en donde explican de forma directa y sencilla la funcionalidad de los órganos reproductores, y el acto sexual en sí. Y mi niño me dice anoche… -“Mami, no entiendo por qué a mis amigos les parece chistoso todo esto de hacer el amor? si es una cosa de mayores…” O_o….

Creo que de nosotros depende que las nuevas generaciones vivan una sexualidad plena, responsable y respetuosa, que fomente igualdad y equilibrio emocional… puede ser difícil de abordar, sobre todo, porque todos y cada uno de nosotros tiene su propia historia, su propia mochila emocional y sus propios tabúes… que son muy difíciles de cambiar.

Apoyar una educación sexual permanente y temprana es apostar por la igualdad, el respeto y el equilibrio emocional.

¿Porno para mamás? ¡No, por favor!

18 enero 2013

Sombras de Grey y calzoncillosHoy comienzo con una confesión. Sí, he leído las celebérrimas Cincuenta sombras de Grey. Las leí en inglés, antes de su explosión de ventas española y después de que una compañera me pasara un artículo del NYtimes en el que hablaban del fenómeno del porno para mamás, del fulgurante éxito de ese libro y de cómo se habían agotado en muchos sex shops de EE UU los juguetes eróticos que menciona su autora, la nueva multimillonaria E.L.James.

Por cierto, la foto que ilustra este post la hice en Navidad, en un Corte Inglés en el que la habían colocado en medio de la sección de calzoncillos, muy lejos de la sección de libros (en la que no merecería estar, pero seguro que también había ejemplares a manta).

Solo leí el primer libro de la trilogía. Lo leí por si interesaba recoger el fenómeno en 20minutos.es (interesaba y se recogió) y por curiosidad por su denominación de ‘porno para mamás’ (también por que sabía que no me llevaría más de un par de días). No tuve ningún interés por saber qué pasó en los dos siguientes con sus protagonistas: el apuesto empresario millonario veinteañero con peculiares gustos sexuales y la jovencísima y bellísima (pese a no haberse dado cuenta hasta que su amante no se lo descubre, por mucho que su amiga se lo repita y no viva en un mundo carente de espejos) Anastasia, poseedora de una diosa interior que está constantemente bailando cuando él la mira, la toca o la manda un correo subidito de tono.

Es un libro malo, muy malo, terriblemente malo. Un libro que no recomiendo a nadie. Supuestamente es literatura erótica, y yo lo único que experimentaba cuando se iniciaba un polvo era aburrimiento: “No, otra vez no por dios”, pensaba. Y lo siento si os ha gustado, yo también he disfrutado a veces con música, películas o libros rematadamente malos. Pero una cosa son nuestros goces y otra la calidad.

Como consecuencia de su éxito ahora recibo día sí y día también notas de prensa de las editoriales anunciando nuevos títulos de ese género que se han inventado, ese ‘porno para mamás’ que me hace chirriar los dientes cada vez que lo oigo o lo leo.

Os confieso que, cada vez que me llegan, las comparto (para reirnos, obviamente) con el compañero que se sienta frente a mí.

Os pongo un par de ejemplos de la plaga literaria que nos asola:

Llega la nueva sensación internacional de la novela romántica erótica
EL INFIERNO DE GABRIEL
de Sylvain Reynard, pseudónimo de un autor de reconocido prestigio.
El misterioso y atractivo profesor Gabriel Emerson, reconocido especialista en Dante, es un hombre torturado por su pasado y orgulloso del prestigio que ha conseguido, aunque también es consciente de que es un imán para el pecado y, especialmente, para la lujuria. Cuando la virtuosa Julia Mitchell se matricula en el máster que Gabriel imparte en la Universidad de Toronto, la vida de éste cambia irrevocablemente. La relación que mantiene con su nueva alumna lo obligará a enfrentarse a sus demonios personales y lo conducirá a una fascinante exploración del sexo, el amor y la redención.
Una novela sólida, escrita con una prosa cuidada, que hace constantes referencias al arte, la música y la literatura universal: Dante Alighieri, Shakespeare, Mozart, Boticelli… También aparecen referencias a la cultura española, todas ella positivas: a la gastronomía y la música, a Gaudí, Don Quijote…

Esa juega a vender calidad. No cuela.

“EL JUEGO DE SADE”, una trama erótica de alto voltaje
Bussiness class y la erótica del poder, con una trama y una focalización que atrapa desde la primera página; escrita en seguna persona, la voz de la conciencia del personaje se mezcla con un estilo fluido y revelador. Una narración atrevida y sin prejuicios.
Sumérgete en una fantasía desenfrenada en la que el sexo, el misterio, la infidelidad, la banalidad, el amor, la traición y las ansias de una segunda oportunidad azotan las vidas de unos cuerpos que se verán atrapados en un juego voluptuoso y malévolo, ideado por una mente tan tórrida y apasionada como delirante.

¿Azotan las vidas de unos cuerpos? ¿Las vidas de unos cuerpos? No necesito leer más.

No entiendo nada. Cada vez entiendo menos de la realidad que me rodea. Pero en concreto del fenómeno del que hablamos no entiendo este éxito repentino. Siempre ha habido literatura erótica de la buena, de la mala y de la regular. De la dura y de la blanda.  Parece que no existiera nada antes de Grey. ¿Es que nadie recuerda La sonrisa vertical? Es una colección enorme (y más vieja que el sexo) de la editorial Tusquets centrada en la novela y el relato erótico. ¡Pero si Sade ya escribía en el siglo XVIII!

Y tampoco entiendo eso del “porno para mamás”. ¿Es que a las mamás no nos puede gustar otro tipo de porno? ¿Es que por ser mamás necesitamos porno malo y suavizado? ¿Por qué no “porno para mujeres” en lugar de “porno para mamás”? ¿Es que al ser madres ya sabemos lo que es el sexo y no nos va a asustar o a pervertir leer porno? ¿Es que no hay hombres a los que les pueda gustar ese porno suave y malo?

“Cuando era bebé estaba en la barriga de mamá”

30 abril 2012

Aún tenía dos años Julia cuando comenzó a querer saber de donde vienen los niños. Así que la enseñé unas cuantas fotos en las que ella o su hermano Jaime están dentro de la barriga de mamá. Parecía que lo entendía, lo repetía explicándoselo a otros, pero he descubierto que no le quedó del todo claro hasta que hicimos el dibujo que os muestro y que ahora está pegado en su cuaderno viajero.

Creo que no es preciso explicarlo:

Ahora se lo va contando a todo el mundo, aunque tiene un problema con los tiempos verbales y muchas veces dice “Cuando sea bebé estaré en la barriga de mamá”.

Aún me falta explicarle cómo llegan los bebés dentro de la barriga de mamá. La verdad es que no me supone ningún problema hacerlo en cuanto llegue el momento, que imagino que será pronto. Creo que volveré a tirar de dibujitos.

Ella ya sabe perfectamente desde hace meses que los niños, los papás y los abuelos tienen pene y que las niñas, las mamás y las abuelas tienen vulva. Sí, con esas palabras. He seguido el consejo que suelen dar los profesionales de llamar con naturalidad a los órganos sexuales por su nombre desde el principio. Y en mi casa vivimos el desnudo con naturalidad. Ni su padre ni yo nos escondemos.

Si lo que se pretende es vivir la desnudez con naturalidad y explicar la reproducción humana sin cuentos chinos, la educación sexual comienza casi desde el primer día.

Me han hablado y he visto buenos cuantos que narran todo esto, pero no creo que la solución sea dejarlos a su alcance y desentenderse, sino explicarles desde muy pequeños, con cuentos o sin ellos, cómo son las cosas.

¿Los vuestros preguntaron de dónde venían los niños? ¿A qué edad?

¿Las niñas tienden a adoptar el papel de cuidadoras más que los niños?

10 junio 2011

En el post de ayer yo comentaba lo siguiente:

Ella cada vez más imita nuestro modo de actuar con él: le coge de la mano, le lleva de un sitio a otro, si coge cables se los quita de las manos, nos quiere ayudar a vestirle, lavarle la cabeza… probablemente el que sea niña influye en que esté adoptando ese papel de cuidadora.

Y en los comentarios un lector con el nick ‘Educación no sexista, por favor’ comentaba:

Vaya, por lo visto el sexismo sigue presente en la educación que algunos padres y madres recientes dan a sus hijos.
Las niñas no nacen siendo “cuidadoras”, imitan a las madres que asumen ese rol. Si los papás son también cuidadores, los niños aprenden a ser “cuidadores” como ellos. Si los padres se sientan a ver la tele y pasan de todo, los niños aprenden que cuidar a los demás “es de niñas”.

A lo mejor eso es lo que le pasó a Madre Reciente.

Y aquí está lo que le contestó Martola:


Antes de nada quiero que sepas que mi comentario no pretende para nada criticar tu opinión.

Tengo una niña, tiene dos añitos y 4 meses y desde el principio me propuse educarla “en la igualdad”, pero también en dejarla expresar su personalidad.
Le gusta el rosa, no le gusta, le encanta! Cada vez que le dejo escoger ropa, va a la más cursi.
A pesar de que tiene coches, trenes y muñecas, juega con una delicadeza increíble. La primera vez que la llevamos a un centro de juegos, mientras su amiguito gritaba y saltaba en la piscina de bolas, ella corrió como loca a una cocinita de juguete a poner la mesa y “cocinar”. Ahora es su juguete preferido. Le encantan las pincitas del pelo, a pesar de tenerlo muy corto y fino. Y mil cosas más que podría contarte.
Nosotros seguimos siendo imparciales con ella, por supuesto.

Yo no creo que seamos iguales, y los niños y las niñas, también son diferentes, pero desde luego ninguno es inferior a otro y comparto contigo que no se debe estereotipar o imponer roles, pero por todo lo que veo a mi alrededor, salvo excepciones raras, los niños son niños y las niñas, niñas. No sé si me explico ;-)

Pues aquí va mi respuesta. Mi santo para nada está sentado viendo la tele y yo asumo el papel de cuidadora. Ambos tenemos el mismo horario y estamos a las 16:00 de la tarde en casa, y teniendo una niña de dos años y otro con autismo, lo de sentarse está descartado. Los dos somos cuidadores de nuestros hijos en la misma proporción, los dos trabajamos y jugamos con ellos, cuando por las tardes salimos al parque o a pasear vamos ambos, cada uno con un niño de la mano. No podría ser de otra manera. Al menos sería muy difícil.

Y no es el único hombre al que mi hija ve ejerciendo de cuidador: ya sea su abuelo, su tío o un amigos de la familia, en nuestro entorno los hombres están muy implicados.

En casa hay todo tipo de juguetes y a mi hija le gustan algunos que se consideran erróneamente propios de su sexo como la cocinita y otros que no como los coches. Y muchos que no tienen connotación sexual alguna y que son los que realmente abundan en mi casa, como las construcciones, los puzzles, los intrumentos musicales o los cuentos.

No ha salido nada “princesa”. Al menos de momento. Que no es nada malo, en absoluto. Y tampoco creo que ser “princesa” o no serlo implique nada del otro jueves. Pero imagino que sale a su madre: yo siempre preferí disfrazarme de vaquero y subirme a los árboles.

Pero sí que creo que las niñas tienen una tendencia mayor que los niños a ejercer de cuidadoras, igual que creo que tienden a ser más suaves.

Eso no quiere decir que no haya muchísimos niños varones muy dulces y con esa misma tendencia a proteger y cuidar, por supuesto.

Os voy a contar algo que creo que es representativo:
Jaime tiene un retraso madurativo obvio respecto a sus compañeros de clase. Y en su clase casi desde el primer día hubo una niña que adoptó el rol de protectora/cuidadora. Ahora, en su segundo año, son varias las compañeras que le ayudan y cuidan, también algún niño, pero mayoritariamente son las niñas.

Hablando con otros padres con niños con problemas escolarizados y también con los profesores y terapeutas, me aseguran que es un fenómeno que se repite. En las niñas parece aflorar de manera mucho más natural y con más frecuencia esa inclinación.

Los profesores también te pueden decir que las clases en las que hay mayoría de niños tienen una dinámica completamente diferente de las clases con mayoría de niñas.

También podría argumentarse que todas esas niñas están viendo en sus casas a las mujeres ejercer de cuidadoras y a los padres otros roles. Pero yo no estoy tan segura de que sea así.

En todos los mamíferos superiores hay ciertas inclinaciones naturales diferentes en machos y hembras. Y ahí no hay educación sexista que valga. ¿Tan diferentes somos de ellos?

Asumir diferencias innatas no implica asumir que uno u otro sexo sea superior al otro.

Sobra decir que eso no implica que no haya que tomarse muy en serio luchar contra estereotipos dañinos y asegurarse de que nuestras niñas se valoran a sí mismas y crecen sintiéndose capaces de hacer cualquier cosa que se propongan. A mí me educaron así, esa suerte que tuve.

Creo que es un debate interesante. ¿Cómo lo véis vosotros?

La falta de deseo frente a la insatisfacción, una situación de la que hay que salir

26 abril 2011

Ayer os hacía una pregunta en mi último post: ¿Cambian las relaciones sexuales tras tener hijos? ¿Son mejores? ¿peores? ¿diferentes?

Curiosamente fue uno de los posts que más porcentaje de respuestas masculinas ha tenido. ¡Algo que agradezco, eh! Es frecuente que cuando escribo sólo contesten madres.

Me han llamado la atención varias cosas.

Una: que para nadie parecen haber mejorado. Alguien hay que dice que sí, que son mejores, pero añade que son mucho menos frecuentes.

Otra: que la mayoría de las madres se quejan de estrés, cansancio, obligaciones y diversas ocupaciones que las dejan derrotadas y sin apenas deseo mientras que los padres se quejan de que se ha pedido calidad y cantidad hasta el punto de que el sexo es casi inexistente, unos cuantos incluso lo asumen como algo lógico y natural.

Probablemente el que mejor exprese esa perspectiva masculina que parece tan común es “en el otro lado”.

Aquí un chico.

La respuesta es sí: ¿Por qué? Porque de repente para tu pareja el sexo se queda en la cola de una larga lista de prioridades inventadas y llega a la conclusión “de que no es tan importante” y de que “el niño es lo primero” y esas cosas que solo escudan que simplemente tu metabolismo ha cambiado y no te apetece.

Y no es un ataque, que conste, es una situación real que no es culpa de la mujer, supongo que algo químico dentro ya tiene lo que necesita (no hablo de niños) y por tanto no necesita para nada tener una pareja, sino un padre para su hijo, igual que deja de ser mujer para ser madre.

Alguno dice tiempo: pero el tiempo es el que buscas, y yo como padre encuentro tiempo para un millón de cosas, y por supuesto también para mi pareja (además de mi hijo que es el centro de todo). Pero el tiempo para hacer cosas juntos (y no hablo de sexo exclusivamente) han de buscarlo dos, y si uno no quiere…

Esto no es general, pero estoy segurisimo de que más de uno (porque las unas lo reconocen menos) se sentirá identificado con la situación.

Por cierto, mi comentario anterior igual lo leen los que no son padres, pero no pasa nada, la memoria racial tiene una cualidad impresionante para obviar cosas que no quiere saber.

Igual que una madre después de un parto horrible ni se acuerda del dolor y quiere tener otro, solo se da cuenta uno de lo que ha perdido teniendo hijos cuando lo ha perdido.

Un aspirante a padre/madre puede tener un manual con testimonios de 4.000 personas y en el peor de los casos cuando todos señalen con el dedo dirán: “no, pero a nosotros no nos va a pasar eso”.

Despertad, lo que veis alrededor es lo que hay.

Y que conste: mi hijo es lo mejor del mundo, no lo cambio por nada, pero sé perfectamente que si no lo hubiera tenido tampoco hubiera echado de menos tener niños.

Y me pregunto si es esa la realidad de la mayoría de las familias con niños pequeños: la falta de deseo frente a la insatisfacción.

Y de ser así me pregunto si pasa lo mismo en la mayoría parejas sin hijos que llevan juntas bastante tiempo y van cumpliendo años.

Desde luego mi experiencia personal no vale en este caso. Obviamente los primeros meses de vida del niño, aunque haya sexo, es esporádico, tienes la antena puesta por si llora, no acabas de desconectar y si te pilla al final del día estás cansada.

Pero luego no es así. El menos en mi caso el deseo se recupera pronto con tantas o más ganas que antes de ser padres. Claro que en mi relación siempre estuvimos igualados en ese aspecto. De hecho, de inclinarse la balanza de la iniciativa hacia algún lado, con toda seguridad sería más hacia el mío.

Sólo en una ocasión, hace ya años y antes de ser padres, pasamos por eso que contáis de no tener yo ganas. Y me preocupó, no nos hacía bien como pareja, no me gustaba la sensación de no sentir deseo, así que busqué explicaciones y la culpa la tuvo la píldora anticonceptiva. Fue dejar de tomarla y todo volvió a su cauce. Nunca volveré a tomar métodos anticonceptivos hormonales.

Desde luego el deseo de las mujeres está mucho más influenciado por nuestras fluctuaciones hormonales que por los hombres, que en ese aspecto son bastante estables.

Es difícil dar consejos. Pero imagino que mientras dure el amor a los padres recientes insatisfechos no les queda más remedio que ser pacientes sin dejar de buscar ocasiones y a las madres cansadas intentar motivarse para encontrar esas ganas. A veces hay que hacer un esfuerzo por reencontrar el deseo, procurando mirar a su marido con los ojos de los primeros días, cuando cualquier portal oscuro era una invitación para explorar su cuerpo y sólo con pensar en verle olvidaban los problemas del día.

Por que lo que sí creo es que, al menos cuando somos jóvenes (tal vez también después, ya lo iré averiguando) el sexo es parte fundamental de una relación de pareja feliz y completa. Y una relación de pareja feliz y completa nos beneficia a nosotros mismos y también a nuestros hijos.

Hay un libro éxito de ventas en Estados Unidos que se llama Is There Sex After Kids? (¿Hay sexo después de los niños?) de la doctora Ellen Kreidmansays que dice “Una de las mejores formas de enseñar a tu hijo a amar es teniendo una relación de amor con tu pareja”.

Esta doctora recomienda no dejar que se pierdan pequeños detalles: ese beso cariñoso (con el cerebro puesto en ello) al llegar a casa de trabajar, esa llamada telefónica diaria, seguir llamándose por el nombre o el epíteto cariñoso y nunca llamar al otro “mamá” o “papá”, buscar tiempo (tal vez pagar dos horas a la semana para que alguien planche suponga un mundo de diferencia), proponer citas sospresa a tu pareja (cines, teatros, paseos por lugares especiales, musicales, restaurantes nuevos…), procurar que el sexo no sea rutinario con cosas tan sencillas como cambiar de habitación, de postura, ponerse ropa interior especial o crear expectación con una llamada desde el trabajo.

Se puede ser padres recientes y seguir teniendo una vida en común plena. De verdad que sí.

¿Cambian las relaciones sexuales tras tener hijos? ¿Son mejores? ¿peores? ¿diferentes?

25 abril 2011

“¿Cambió el sexo para ti después de tener hijos?”

La pregunta me pilló tan por sorpresa que tuve que pararme a pensar la respuesta.

Pues sí y no. Una vez pasada la famosa cuarentena y recuperada de la episiotomía, todo fue como antes si hablamos de las sensaciones. Cambian por supuesto las oportunidades. Por fuerza es diferente en lugares y tiempos, aunque no necesariamente menos frecuente, la actividad sexual de una pareja sin hijo que la de una pareja que tiene uno o dos enanos en casa.

Esta lectora que me contacta si notó cambios a nivel puramente físico. Ha notado pérdida de tensión vaginal y está liada a diario con ejercicios de Kegel para recuperar suelo pélvico. Y me cuenta que es una problemática muy común después de ser madres, que muchas mujeres experimentan estas dificultades.

Y su pregunta me ha hecho hacerme otras. ¿Habrá mujeres para las que la maternidad haya sido liberadora y ahora sus relaciones sexuales sean mejor? Me da la impresión de que sí.

¿Y habrá otras que tengan otros problemas diferentes al del suelo pélvico?

No es algo que uno comparta alegremente de viva voz, pero tal vez en un blog anónimo sea otra cosa.

Por eso os transmito la pregunta de esta lectora y madre reciente: ¿Cambian las relaciones sexo tras tener hijos? ¿Son mejores? ¿peores? ¿diferentes?

Una pareja aborta dos hijos varones sanos en su obsesión por engendrar una niña

12 enero 2011

Tengo una buena amiga que tiene dos preciosos niños varones. En este momento está embarazada del que será su tercer hijo. Ese tercer embarazo era un claro intento de conseguir una niña. Pero será otro varón y da igual, será tan amado como los anteriores, igual de amado que si hubiera sido una niña.

Por eso me horroriza la noticia que me envía Helena (muchas gracias).

Se trata de una pareja australiana que ya tiene tres hijos varones y que perdió a su única hija al poco de nacer, algo que ha traumatizado a la madre. Están litigando para que se les permita una fecundación in vitro en la que se haya seleccionado el sexo para tener una niña. En primera instancia se lo han negado, pero han declarado que están dispuestos a luchar todo lo que haga falta.

Eso no es lo que me horroriza obviamente. Puedo entenderlo perfectamente. Lo que me parece sencillamente espeluznante es que esa pareja ha abortado recientemente a dos gemelos completamente sanos concebidos mediante fecundación in vitro simplemente por su sexo: eran dos varones.

En Australia hay opiniones para todos los gustos: hay quien defiende que adopten una niña, hay quien no ve nada malo en que les concedan su deseo si se demuestra que, com así parece, serán buenos padres, hay quien cree que deben ponerse en manos de psicólogos o psiquiatras…

A mí esto de la selección genética del sexo a voluntad del consumidor/padre me parece la puerta de inicio a un futuro como el de Gattaca. No me gusta ni un pelo.

Uno tiene un hijo para amarlo, sea como sea ese hijo, resulte ser niño, niña, homosexual, gordito, con autismo o con la nariz más grande del mundo.

Y abortar a dos niños por que eran varones me empuja a considerar que efectivamente esa pareja necesita ayuda profesional para superar el trauma de su hija muerta antes que una nueva niña.

¿Qué pensaría esa hipotética criatura cuando crezca y sepa lo que hicieron sus padres, erradicar a dos posibles hermanos por su culpa?

Un tema complejo. ¿Verdad?

El sexo y el colecho, el culo y las témporas

15 diciembre 2010

Me sorprende que siempre que hablo del colecho salga en bastantes comentarios el tema del sexo. Y que salga como sale, asumiendo que dormir con tu bebé supone el fin de la vida sexual e incluso de la relación de pareja.

Si leéis mis viejos posts sobre el tema lo comprobaréis.

El colecho no impide tener buen sexo. Me parece tan obvio que no entiendo ni que haya que explicarlo.

No lo impide ser joven y no tener un techo (ni un coche), así que el colecho menos.

Si hay deseo hay sexo. Tan sencillo como eso.

Si hay deseo se encontrará la oportunidad.

Y obviamente no estoy hablando de tener sexo en la misma cama en la que duerme el bebé como alguno sugería por ahí.

Tampoco hay que tener una imaginación prodigiosa.

Lo único que impide que una pareja tenga buen sexo con la frecuencia que desee es la falta de ganas.

Y esa falta de ganas puede ser temporal o definitiva y tener muchas causas: el estrés, el tedio, el agotamiento físico, algún tratamiento farmacológico, el abuso del alcohol, la existencia de otros problemas tal vez muy soterrados en la persona.

Pero el colecho no es una causa. Como mucho, será una excusa.

El Deseo

24 agosto 2010

Hace pocos meses que conozco a María Fernanda Ampuero, y pronto pude comprobar lo bien que escribía. Era algo que ya me habían adelantado.

Mantiene algún que otro blog e incluso ha ganado algún que otro premio literario. Es periodista, así que es su trabajo. Pero además es su pasión. Es de esas personas a las que escribir le da aliento para avanzar. Un poco como me pasa a mí, o como pasa a alguna que otra buena amiga, aunque me da la impresión de que en ella se produce en mayor medida.

Hace pocos días compartió conmigo vía Facebook una pieza titulada Fantasías sexuales.

Sólo está en Facebook. Ahora ella me ha dado permiso para que también perdure digitalmente en este blog.

Espero que lo disfrutéis.

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire (…) No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”. Julio Cortázar, Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj.

Y llega un día, señoras y señores, en el que la vida de una ya no es más de una: es del Deseo.

El Deseo, voraz y cavernícola, te controla, te conduce, te domina, te impulsa. No existe más que él.

Saben a lo que me refiero: esa incapacidad de ser racional, ese cambio de conducta, esas ansias, ese no hablar de otra cosa. Sí, sé que saben a qué me refiero.

Muchas lo han vivido o lo están viviendo ahora. Hablo por nosotras, mujeres de más de 30 años, presas, como yo, del Deseo más inquietante, más ajeno y propio al mismo tiempo, del más total.

Estoy hablando, claro, del Deseo que genera el aparato más perfecto y más temible jamás inventado, del eficientísimo servidor de la naturaleza, del incansable, inagotable, infatigable, tenaz, persistente, obstinado, laborioso, diligente, voluntarioso, activo, trabajador… ¡Reloj Biológico! (música de película de miedo, sonido gutural, grito).
Oigan, de verdad, no se rían. Resulta toda una experiencia para una mujer el despertar del aparatito (por llamarlo de alguna forma, ya que hace más ruido que la campana de 13 toneladas del Big Ben de Londres).

“¿Cómo pasó esto?”, me pregunto todos los días. “¿Cuándo pasó esto?” Quién sabe, tal vez la cosa estaba como el celular en modo ‘silencio’ hasta que un día, en algún lado, alguien le cambió el tono a ‘muy alto’ y desde ahí no hay quién lo pare: ¡tictac, tictac, tictac, tictaaaaaaaaaaaaaaaaaaac! Sin parar, día y noche, como el conejito de Energizer (que sigue y sigue y sigue).

Les juro por Dios que lo oigo. Me estoy quedando dormida y tictac, tictac, tictac. Me miro al espejo y tictac, tictac, tictac. Mastico mi tostada y tictac, tictac, tictac.

Pero resulta que cuando voy asumiendo la cantaleta y le dejo de hacer caso, se descarga otro politono y empieza dong, dong, dong o clan, clan, clan o ding, ding, ding o crash, crash, crash.

La idea es yo que lo escuche. Fuerte y claro, en estéreo. La idea es que le haga caso. Qué eficiencia tiene, de verdad.

Y cuando veo a un bebé… Uy, jesucito de mi vida, empieza a darle y darle con toda la fuerza de su ancestral maquinaria pum, rast, plas, bim, bam, bum hasta que el corazón se me pone como si tuviera a Guns & Roses en concierto por dentro. ¡Qué locura: llevo 34 años con este mismo cuerpo y ahora resulta que tenía un alien dentro de él!

Porque, verán, yo nunca fui maternal.

Cuando mis amiguitas se despelucaban y se arrastraban como Alfaro por el Policentro por el Chicho Belo, la Picolina, el Nenuco, el Agugú, el RN, yo pedía la Barbie ejecutiva, la vaquera, la Reina de Corazones, la Princesa Leia.

Una vez, me acuerdo, me regalaron un bebé y, por mi tendencia a decapitar muñecos (“Freud, ¿tú qué dices?”), la cabeza no le duró mucho en su sitio.

Tampoco tuve el clásico Cabagge que acunaban todititas mis conocidas, ninguna muñeca mía se hacía pipí, ni había que darle papilla o pasearla en coche: ellas tenían una profesión, un carro fucsia, un romance con Ken y más de 20 años.

Y crecí como suelen hacer las niñas y la cosa seguía igual: poquito novio en el horizonte, nulas expectativas de cantar “qué diversión, la Familia Corazón” y por supuesto cero deseos de reproducción.

¿Bebés? Nanay del Paraguay. Yo quería conocer mundo, triunfar con mis libros, ser todo lo que podía ser y más…

Hasta ahora, que nada más escribo la palabra bebé y ya me asoma una lagrimita, que parezco una gelatina tarada cada vez que se me acerca un niño y que, como si fuera de esos depravados adictos al porno en internet, tengo que ocultar de mi jefe las omnipresentes fotos de los preciosísimos hijos de mis amigas del Facebook.

¡A mí es que tendrían que poner el babero!

Resumiendo, estoy, como dice Benedetti, “jodida y radiante” con este tema. Y hay más, porque el Reloj, no contento con tenerme el día entero a merced del estremecimiento, llena mis noches de bebitos.

Bebitos en la playa, bebitos llorando, bebitos que son míos, bebitos que no son míos pero que robo y huyo, bebitos chiquitititos como Pulgarcito, bebitos que me sonríen desde los brazos de mi marido. No es un caso aislado: mis sueños están literalmente poblados de bebés.

Así están las cosas: ni dormida ni despierta dejo de verlos. Tan grave es que en la cama de mis ensoñaciones, donde antes estaba George Clooney, ahora hay un bebé dormido.

Así que si cuando vieron el título de este artículo pensaron en que revelaría cosas del tipo de Atracción Fatal, lamento decepcionarlos: las únicas fantasías sexuales que me quedan son si va a ser niño o niña.