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“Cuando era bebé estaba en la barriga de mamá”

30 abril 2012

Aún tenía dos años Julia cuando comenzó a querer saber de donde vienen los niños. Así que la enseñé unas cuantas fotos en las que ella o su hermano Jaime están dentro de la barriga de mamá. Parecía que lo entendía, lo repetía explicándoselo a otros, pero he descubierto que no le quedó del todo claro hasta que hicimos el dibujo que os muestro y que ahora está pegado en su cuaderno viajero.

Creo que no es preciso explicarlo:

Ahora se lo va contando a todo el mundo, aunque tiene un problema con los tiempos verbales y muchas veces dice “Cuando sea bebé estaré en la barriga de mamá”.

Aún me falta explicarle cómo llegan los bebés dentro de la barriga de mamá. La verdad es que no me supone ningún problema hacerlo en cuanto llegue el momento, que imagino que será pronto. Creo que volveré a tirar de dibujitos.

Ella ya sabe perfectamente desde hace meses que los niños, los papás y los abuelos tienen pene y que las niñas, las mamás y las abuelas tienen vulva. Sí, con esas palabras. He seguido el consejo que suelen dar los profesionales de llamar con naturalidad a los órganos sexuales por su nombre desde el principio. Y en mi casa vivimos el desnudo con naturalidad. Ni su padre ni yo nos escondemos.

Si lo que se pretende es vivir la desnudez con naturalidad y explicar la reproducción humana sin cuentos chinos, la educación sexual comienza casi desde el primer día.

Me han hablado y he visto buenos cuantos que narran todo esto, pero no creo que la solución sea dejarlos a su alcance y desentenderse, sino explicarles desde muy pequeños, con cuentos o sin ellos, cómo son las cosas.

¿Los vuestros preguntaron de dónde venían los niños? ¿A qué edad?

¿Las niñas tienden a adoptar el papel de cuidadoras más que los niños?

10 junio 2011

En el post de ayer yo comentaba lo siguiente:

Ella cada vez más imita nuestro modo de actuar con él: le coge de la mano, le lleva de un sitio a otro, si coge cables se los quita de las manos, nos quiere ayudar a vestirle, lavarle la cabeza… probablemente el que sea niña influye en que esté adoptando ese papel de cuidadora.

Y en los comentarios un lector con el nick ‘Educación no sexista, por favor’ comentaba:

Vaya, por lo visto el sexismo sigue presente en la educación que algunos padres y madres recientes dan a sus hijos.
Las niñas no nacen siendo “cuidadoras”, imitan a las madres que asumen ese rol. Si los papás son también cuidadores, los niños aprenden a ser “cuidadores” como ellos. Si los padres se sientan a ver la tele y pasan de todo, los niños aprenden que cuidar a los demás “es de niñas”.

A lo mejor eso es lo que le pasó a Madre Reciente.

Y aquí está lo que le contestó Martola:


Antes de nada quiero que sepas que mi comentario no pretende para nada criticar tu opinión.

Tengo una niña, tiene dos añitos y 4 meses y desde el principio me propuse educarla “en la igualdad”, pero también en dejarla expresar su personalidad.
Le gusta el rosa, no le gusta, le encanta! Cada vez que le dejo escoger ropa, va a la más cursi.
A pesar de que tiene coches, trenes y muñecas, juega con una delicadeza increíble. La primera vez que la llevamos a un centro de juegos, mientras su amiguito gritaba y saltaba en la piscina de bolas, ella corrió como loca a una cocinita de juguete a poner la mesa y “cocinar”. Ahora es su juguete preferido. Le encantan las pincitas del pelo, a pesar de tenerlo muy corto y fino. Y mil cosas más que podría contarte.
Nosotros seguimos siendo imparciales con ella, por supuesto.

Yo no creo que seamos iguales, y los niños y las niñas, también son diferentes, pero desde luego ninguno es inferior a otro y comparto contigo que no se debe estereotipar o imponer roles, pero por todo lo que veo a mi alrededor, salvo excepciones raras, los niños son niños y las niñas, niñas. No sé si me explico ;-)

Pues aquí va mi respuesta. Mi santo para nada está sentado viendo la tele y yo asumo el papel de cuidadora. Ambos tenemos el mismo horario y estamos a las 16:00 de la tarde en casa, y teniendo una niña de dos años y otro con autismo, lo de sentarse está descartado. Los dos somos cuidadores de nuestros hijos en la misma proporción, los dos trabajamos y jugamos con ellos, cuando por las tardes salimos al parque o a pasear vamos ambos, cada uno con un niño de la mano. No podría ser de otra manera. Al menos sería muy difícil.

Y no es el único hombre al que mi hija ve ejerciendo de cuidador: ya sea su abuelo, su tío o un amigos de la familia, en nuestro entorno los hombres están muy implicados.

En casa hay todo tipo de juguetes y a mi hija le gustan algunos que se consideran erróneamente propios de su sexo como la cocinita y otros que no como los coches. Y muchos que no tienen connotación sexual alguna y que son los que realmente abundan en mi casa, como las construcciones, los puzzles, los intrumentos musicales o los cuentos.

No ha salido nada “princesa”. Al menos de momento. Que no es nada malo, en absoluto. Y tampoco creo que ser “princesa” o no serlo implique nada del otro jueves. Pero imagino que sale a su madre: yo siempre preferí disfrazarme de vaquero y subirme a los árboles.

Pero sí que creo que las niñas tienen una tendencia mayor que los niños a ejercer de cuidadoras, igual que creo que tienden a ser más suaves.

Eso no quiere decir que no haya muchísimos niños varones muy dulces y con esa misma tendencia a proteger y cuidar, por supuesto.

Os voy a contar algo que creo que es representativo:
Jaime tiene un retraso madurativo obvio respecto a sus compañeros de clase. Y en su clase casi desde el primer día hubo una niña que adoptó el rol de protectora/cuidadora. Ahora, en su segundo año, son varias las compañeras que le ayudan y cuidan, también algún niño, pero mayoritariamente son las niñas.

Hablando con otros padres con niños con problemas escolarizados y también con los profesores y terapeutas, me aseguran que es un fenómeno que se repite. En las niñas parece aflorar de manera mucho más natural y con más frecuencia esa inclinación.

Los profesores también te pueden decir que las clases en las que hay mayoría de niños tienen una dinámica completamente diferente de las clases con mayoría de niñas.

También podría argumentarse que todas esas niñas están viendo en sus casas a las mujeres ejercer de cuidadoras y a los padres otros roles. Pero yo no estoy tan segura de que sea así.

En todos los mamíferos superiores hay ciertas inclinaciones naturales diferentes en machos y hembras. Y ahí no hay educación sexista que valga. ¿Tan diferentes somos de ellos?

Asumir diferencias innatas no implica asumir que uno u otro sexo sea superior al otro.

Sobra decir que eso no implica que no haya que tomarse muy en serio luchar contra estereotipos dañinos y asegurarse de que nuestras niñas se valoran a sí mismas y crecen sintiéndose capaces de hacer cualquier cosa que se propongan. A mí me educaron así, esa suerte que tuve.

Creo que es un debate interesante. ¿Cómo lo véis vosotros?

La falta de deseo frente a la insatisfacción, una situación de la que hay que salir

26 abril 2011

Ayer os hacía una pregunta en mi último post: ¿Cambian las relaciones sexuales tras tener hijos? ¿Son mejores? ¿peores? ¿diferentes?

Curiosamente fue uno de los posts que más porcentaje de respuestas masculinas ha tenido. ¡Algo que agradezco, eh! Es frecuente que cuando escribo sólo contesten madres.

Me han llamado la atención varias cosas.

Una: que para nadie parecen haber mejorado. Alguien hay que dice que sí, que son mejores, pero añade que son mucho menos frecuentes.

Otra: que la mayoría de las madres se quejan de estrés, cansancio, obligaciones y diversas ocupaciones que las dejan derrotadas y sin apenas deseo mientras que los padres se quejan de que se ha pedido calidad y cantidad hasta el punto de que el sexo es casi inexistente, unos cuantos incluso lo asumen como algo lógico y natural.

Probablemente el que mejor exprese esa perspectiva masculina que parece tan común es “en el otro lado”.

Aquí un chico.

La respuesta es sí: ¿Por qué? Porque de repente para tu pareja el sexo se queda en la cola de una larga lista de prioridades inventadas y llega a la conclusión “de que no es tan importante” y de que “el niño es lo primero” y esas cosas que solo escudan que simplemente tu metabolismo ha cambiado y no te apetece.

Y no es un ataque, que conste, es una situación real que no es culpa de la mujer, supongo que algo químico dentro ya tiene lo que necesita (no hablo de niños) y por tanto no necesita para nada tener una pareja, sino un padre para su hijo, igual que deja de ser mujer para ser madre.

Alguno dice tiempo: pero el tiempo es el que buscas, y yo como padre encuentro tiempo para un millón de cosas, y por supuesto también para mi pareja (además de mi hijo que es el centro de todo). Pero el tiempo para hacer cosas juntos (y no hablo de sexo exclusivamente) han de buscarlo dos, y si uno no quiere…

Esto no es general, pero estoy segurisimo de que más de uno (porque las unas lo reconocen menos) se sentirá identificado con la situación.

Por cierto, mi comentario anterior igual lo leen los que no son padres, pero no pasa nada, la memoria racial tiene una cualidad impresionante para obviar cosas que no quiere saber.

Igual que una madre después de un parto horrible ni se acuerda del dolor y quiere tener otro, solo se da cuenta uno de lo que ha perdido teniendo hijos cuando lo ha perdido.

Un aspirante a padre/madre puede tener un manual con testimonios de 4.000 personas y en el peor de los casos cuando todos señalen con el dedo dirán: “no, pero a nosotros no nos va a pasar eso”.

Despertad, lo que veis alrededor es lo que hay.

Y que conste: mi hijo es lo mejor del mundo, no lo cambio por nada, pero sé perfectamente que si no lo hubiera tenido tampoco hubiera echado de menos tener niños.

Y me pregunto si es esa la realidad de la mayoría de las familias con niños pequeños: la falta de deseo frente a la insatisfacción.

Y de ser así me pregunto si pasa lo mismo en la mayoría parejas sin hijos que llevan juntas bastante tiempo y van cumpliendo años.

Desde luego mi experiencia personal no vale en este caso. Obviamente los primeros meses de vida del niño, aunque haya sexo, es esporádico, tienes la antena puesta por si llora, no acabas de desconectar y si te pilla al final del día estás cansada.

Pero luego no es así. El menos en mi caso el deseo se recupera pronto con tantas o más ganas que antes de ser padres. Claro que en mi relación siempre estuvimos igualados en ese aspecto. De hecho, de inclinarse la balanza de la iniciativa hacia algún lado, con toda seguridad sería más hacia el mío.

Sólo en una ocasión, hace ya años y antes de ser padres, pasamos por eso que contáis de no tener yo ganas. Y me preocupó, no nos hacía bien como pareja, no me gustaba la sensación de no sentir deseo, así que busqué explicaciones y la culpa la tuvo la píldora anticonceptiva. Fue dejar de tomarla y todo volvió a su cauce. Nunca volveré a tomar métodos anticonceptivos hormonales.

Desde luego el deseo de las mujeres está mucho más influenciado por nuestras fluctuaciones hormonales que por los hombres, que en ese aspecto son bastante estables.

Es difícil dar consejos. Pero imagino que mientras dure el amor a los padres recientes insatisfechos no les queda más remedio que ser pacientes sin dejar de buscar ocasiones y a las madres cansadas intentar motivarse para encontrar esas ganas. A veces hay que hacer un esfuerzo por reencontrar el deseo, procurando mirar a su marido con los ojos de los primeros días, cuando cualquier portal oscuro era una invitación para explorar su cuerpo y sólo con pensar en verle olvidaban los problemas del día.

Por que lo que sí creo es que, al menos cuando somos jóvenes (tal vez también después, ya lo iré averiguando) el sexo es parte fundamental de una relación de pareja feliz y completa. Y una relación de pareja feliz y completa nos beneficia a nosotros mismos y también a nuestros hijos.

Hay un libro éxito de ventas en Estados Unidos que se llama Is There Sex After Kids? (¿Hay sexo después de los niños?) de la doctora Ellen Kreidmansays que dice “Una de las mejores formas de enseñar a tu hijo a amar es teniendo una relación de amor con tu pareja”.

Esta doctora recomienda no dejar que se pierdan pequeños detalles: ese beso cariñoso (con el cerebro puesto en ello) al llegar a casa de trabajar, esa llamada telefónica diaria, seguir llamándose por el nombre o el epíteto cariñoso y nunca llamar al otro “mamá” o “papá”, buscar tiempo (tal vez pagar dos horas a la semana para que alguien planche suponga un mundo de diferencia), proponer citas sospresa a tu pareja (cines, teatros, paseos por lugares especiales, musicales, restaurantes nuevos…), procurar que el sexo no sea rutinario con cosas tan sencillas como cambiar de habitación, de postura, ponerse ropa interior especial o crear expectación con una llamada desde el trabajo.

Se puede ser padres recientes y seguir teniendo una vida en común plena. De verdad que sí.

¿Cambian las relaciones sexuales tras tener hijos? ¿Son mejores? ¿peores? ¿diferentes?

25 abril 2011

“¿Cambió el sexo para ti después de tener hijos?”

La pregunta me pilló tan por sorpresa que tuve que pararme a pensar la respuesta.

Pues sí y no. Una vez pasada la famosa cuarentena y recuperada de la episiotomía, todo fue como antes si hablamos de las sensaciones. Cambian por supuesto las oportunidades. Por fuerza es diferente en lugares y tiempos, aunque no necesariamente menos frecuente, la actividad sexual de una pareja sin hijo que la de una pareja que tiene uno o dos enanos en casa.

Esta lectora que me contacta si notó cambios a nivel puramente físico. Ha notado pérdida de tensión vaginal y está liada a diario con ejercicios de Kegel para recuperar suelo pélvico. Y me cuenta que es una problemática muy común después de ser madres, que muchas mujeres experimentan estas dificultades.

Y su pregunta me ha hecho hacerme otras. ¿Habrá mujeres para las que la maternidad haya sido liberadora y ahora sus relaciones sexuales sean mejor? Me da la impresión de que sí.

¿Y habrá otras que tengan otros problemas diferentes al del suelo pélvico?

No es algo que uno comparta alegremente de viva voz, pero tal vez en un blog anónimo sea otra cosa.

Por eso os transmito la pregunta de esta lectora y madre reciente: ¿Cambian las relaciones sexo tras tener hijos? ¿Son mejores? ¿peores? ¿diferentes?

Una pareja aborta dos hijos varones sanos en su obsesión por engendrar una niña

12 enero 2011

Tengo una buena amiga que tiene dos preciosos niños varones. En este momento está embarazada del que será su tercer hijo. Ese tercer embarazo era un claro intento de conseguir una niña. Pero será otro varón y da igual, será tan amado como los anteriores, igual de amado que si hubiera sido una niña.

Por eso me horroriza la noticia que me envía Helena (muchas gracias).

Se trata de una pareja australiana que ya tiene tres hijos varones y que perdió a su única hija al poco de nacer, algo que ha traumatizado a la madre. Están litigando para que se les permita una fecundación in vitro en la que se haya seleccionado el sexo para tener una niña. En primera instancia se lo han negado, pero han declarado que están dispuestos a luchar todo lo que haga falta.

Eso no es lo que me horroriza obviamente. Puedo entenderlo perfectamente. Lo que me parece sencillamente espeluznante es que esa pareja ha abortado recientemente a dos gemelos completamente sanos concebidos mediante fecundación in vitro simplemente por su sexo: eran dos varones.

En Australia hay opiniones para todos los gustos: hay quien defiende que adopten una niña, hay quien no ve nada malo en que les concedan su deseo si se demuestra que, com así parece, serán buenos padres, hay quien cree que deben ponerse en manos de psicólogos o psiquiatras…

A mí esto de la selección genética del sexo a voluntad del consumidor/padre me parece la puerta de inicio a un futuro como el de Gattaca. No me gusta ni un pelo.

Uno tiene un hijo para amarlo, sea como sea ese hijo, resulte ser niño, niña, homosexual, gordito, con autismo o con la nariz más grande del mundo.

Y abortar a dos niños por que eran varones me empuja a considerar que efectivamente esa pareja necesita ayuda profesional para superar el trauma de su hija muerta antes que una nueva niña.

¿Qué pensaría esa hipotética criatura cuando crezca y sepa lo que hicieron sus padres, erradicar a dos posibles hermanos por su culpa?

Un tema complejo. ¿Verdad?

El sexo y el colecho, el culo y las témporas

15 diciembre 2010

Me sorprende que siempre que hablo del colecho salga en bastantes comentarios el tema del sexo. Y que salga como sale, asumiendo que dormir con tu bebé supone el fin de la vida sexual e incluso de la relación de pareja.

Si leéis mis viejos posts sobre el tema lo comprobaréis.

El colecho no impide tener buen sexo. Me parece tan obvio que no entiendo ni que haya que explicarlo.

No lo impide ser joven y no tener un techo (ni un coche), así que el colecho menos.

Si hay deseo hay sexo. Tan sencillo como eso.

Si hay deseo se encontrará la oportunidad.

Y obviamente no estoy hablando de tener sexo en la misma cama en la que duerme el bebé como alguno sugería por ahí.

Tampoco hay que tener una imaginación prodigiosa.

Lo único que impide que una pareja tenga buen sexo con la frecuencia que desee es la falta de ganas.

Y esa falta de ganas puede ser temporal o definitiva y tener muchas causas: el estrés, el tedio, el agotamiento físico, algún tratamiento farmacológico, el abuso del alcohol, la existencia de otros problemas tal vez muy soterrados en la persona.

Pero el colecho no es una causa. Como mucho, será una excusa.

El Deseo

24 agosto 2010

Hace pocos meses que conozco a María Fernanda Ampuero, y pronto pude comprobar lo bien que escribía. Era algo que ya me habían adelantado.

Mantiene algún que otro blog e incluso ha ganado algún que otro premio literario. Es periodista, así que es su trabajo. Pero además es su pasión. Es de esas personas a las que escribir le da aliento para avanzar. Un poco como me pasa a mí, o como pasa a alguna que otra buena amiga, aunque me da la impresión de que en ella se produce en mayor medida.

Hace pocos días compartió conmigo vía Facebook una pieza titulada Fantasías sexuales.

Sólo está en Facebook. Ahora ella me ha dado permiso para que también perdure digitalmente en este blog.

Espero que lo disfrutéis.

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire (…) No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj”. Julio Cortázar, Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda a un reloj.

Y llega un día, señoras y señores, en el que la vida de una ya no es más de una: es del Deseo.

El Deseo, voraz y cavernícola, te controla, te conduce, te domina, te impulsa. No existe más que él.

Saben a lo que me refiero: esa incapacidad de ser racional, ese cambio de conducta, esas ansias, ese no hablar de otra cosa. Sí, sé que saben a qué me refiero.

Muchas lo han vivido o lo están viviendo ahora. Hablo por nosotras, mujeres de más de 30 años, presas, como yo, del Deseo más inquietante, más ajeno y propio al mismo tiempo, del más total.

Estoy hablando, claro, del Deseo que genera el aparato más perfecto y más temible jamás inventado, del eficientísimo servidor de la naturaleza, del incansable, inagotable, infatigable, tenaz, persistente, obstinado, laborioso, diligente, voluntarioso, activo, trabajador… ¡Reloj Biológico! (música de película de miedo, sonido gutural, grito).
Oigan, de verdad, no se rían. Resulta toda una experiencia para una mujer el despertar del aparatito (por llamarlo de alguna forma, ya que hace más ruido que la campana de 13 toneladas del Big Ben de Londres).

“¿Cómo pasó esto?”, me pregunto todos los días. “¿Cuándo pasó esto?” Quién sabe, tal vez la cosa estaba como el celular en modo ‘silencio’ hasta que un día, en algún lado, alguien le cambió el tono a ‘muy alto’ y desde ahí no hay quién lo pare: ¡tictac, tictac, tictac, tictaaaaaaaaaaaaaaaaaaac! Sin parar, día y noche, como el conejito de Energizer (que sigue y sigue y sigue).

Les juro por Dios que lo oigo. Me estoy quedando dormida y tictac, tictac, tictac. Me miro al espejo y tictac, tictac, tictac. Mastico mi tostada y tictac, tictac, tictac.

Pero resulta que cuando voy asumiendo la cantaleta y le dejo de hacer caso, se descarga otro politono y empieza dong, dong, dong o clan, clan, clan o ding, ding, ding o crash, crash, crash.

La idea es yo que lo escuche. Fuerte y claro, en estéreo. La idea es que le haga caso. Qué eficiencia tiene, de verdad.

Y cuando veo a un bebé… Uy, jesucito de mi vida, empieza a darle y darle con toda la fuerza de su ancestral maquinaria pum, rast, plas, bim, bam, bum hasta que el corazón se me pone como si tuviera a Guns & Roses en concierto por dentro. ¡Qué locura: llevo 34 años con este mismo cuerpo y ahora resulta que tenía un alien dentro de él!

Porque, verán, yo nunca fui maternal.

Cuando mis amiguitas se despelucaban y se arrastraban como Alfaro por el Policentro por el Chicho Belo, la Picolina, el Nenuco, el Agugú, el RN, yo pedía la Barbie ejecutiva, la vaquera, la Reina de Corazones, la Princesa Leia.

Una vez, me acuerdo, me regalaron un bebé y, por mi tendencia a decapitar muñecos (“Freud, ¿tú qué dices?”), la cabeza no le duró mucho en su sitio.

Tampoco tuve el clásico Cabagge que acunaban todititas mis conocidas, ninguna muñeca mía se hacía pipí, ni había que darle papilla o pasearla en coche: ellas tenían una profesión, un carro fucsia, un romance con Ken y más de 20 años.

Y crecí como suelen hacer las niñas y la cosa seguía igual: poquito novio en el horizonte, nulas expectativas de cantar “qué diversión, la Familia Corazón” y por supuesto cero deseos de reproducción.

¿Bebés? Nanay del Paraguay. Yo quería conocer mundo, triunfar con mis libros, ser todo lo que podía ser y más…

Hasta ahora, que nada más escribo la palabra bebé y ya me asoma una lagrimita, que parezco una gelatina tarada cada vez que se me acerca un niño y que, como si fuera de esos depravados adictos al porno en internet, tengo que ocultar de mi jefe las omnipresentes fotos de los preciosísimos hijos de mis amigas del Facebook.

¡A mí es que tendrían que poner el babero!

Resumiendo, estoy, como dice Benedetti, “jodida y radiante” con este tema. Y hay más, porque el Reloj, no contento con tenerme el día entero a merced del estremecimiento, llena mis noches de bebitos.

Bebitos en la playa, bebitos llorando, bebitos que son míos, bebitos que no son míos pero que robo y huyo, bebitos chiquitititos como Pulgarcito, bebitos que me sonríen desde los brazos de mi marido. No es un caso aislado: mis sueños están literalmente poblados de bebés.

Así están las cosas: ni dormida ni despierta dejo de verlos. Tan grave es que en la cama de mis ensoñaciones, donde antes estaba George Clooney, ahora hay un bebé dormido.

Así que si cuando vieron el título de este artículo pensaron en que revelaría cosas del tipo de Atracción Fatal, lamento decepcionarlos: las únicas fantasías sexuales que me quedan son si va a ser niño o niña.

¿Niño o niña?

25 octubre 2009

Ya os conté hace tiempo, cuando Julia aún no había nacido, mis motivos para no ponerle pendientes nada más nacer.

Pues estoy descubriendo que eso la traviste en niño para muchísimas personas.

Puedo llevarla de rosa de arriba a abajo, que siempre habrá alguien que le mire la orejas, no vea los pendientes, e ignore todo lo demás. “¡Hola bonito! ¡Qué niño más guapo!” dirá.

Y a mí a veces me cuesta contener la risa y responder “¿Pero no ves que lleva un vestido con florecillas rosas?”.

La verdad es que con la mayoría de los bebés (no con todos), a menos que haya pistas como el vestido o los pendientes, es difícil conocer el sexo. Y me resulta curioso, ya que para mí el peque siempre ha tenido cara y vocecilla de varón y la niña es indudablemente femenina en todo.

Imagino que para todos los padres es así porque llevamos concediéndoles el sexo correcto desde que estaban en la barriga.

Eso con los bebés. Luego están los niños más mayores, de dos, tres o cuatro años, que se prestan a confusión.

Esos lo pasan peor cuando la gente los confunde.

Mi padre fue uno. Era un niño que parecía una niña: era muy guapo, con rasgos muy finos y la cabeza llena de bucles rubios. Le daba una rabia enorme que creyeran que era una nena.

Y recuerdo una niña grandota y de pelo oscuro y crespo, nunca muy largo, a la que no tomaban por niño con más frecuencia gracias al uniforme con falda de tablas del colegio.

¿Seguimos imponiendo roles sexistas a los niños?

06 mayo 2009

Vía Perogrullo llego a este otro blog en el que está íntegro el libro infantil al que corresponden las imágenes que os pongo. Os recomiendo que le dediquéis un minuto.

Se trata de un libro para niños muy pequeños editado en los años 70. Es decir, directamente creado para los que ahora somos padres y madres recientes.

En él se reparten los roles propios de niños (médico, piloto…) y niñas (enfermera, azafata…). A mí el que más me chirria es el de “Los niños arreglan cosas, las niñas necesitan que se las arreglen”.

La moraleja es que ambos están contentísimos con lo que les toca. Que somos diferentes pero complementarios.

Y a continuación lo que me pregunto es si hoy día seguimos imponiendo roles sexistas a los niños desde la cuna. Creo que sí, aunque de manera menos directa, más sofisticada.

No debe ser casualidad que los niños de tres a seis años que conozco quieran ser pilotos, futbolistas o jefes (sí, así tal cual, jefe de lo que sea) y muchas niñas actrices, cantantes y modelos.

¿Me preocupa? No demasiado la verdad. Lo que no quiere decir que no tengamos mucho que mejorar.

Si nuestra generación, educada con libros como el de arriba, ha dado tantas ingenieras, médicas, arquitectas y arregladoras de cosas, nuestras hijas no deberían tener límites vocacionales si en su hogar se respira igualdad.

La vida sexual y la maternidad reciente

24 abril 2009

Gemma.A. es una madre reciente que suele comentar en este blog, pero también tiene el suyo propio: Ciudadano cojo.

No hace muchos días escribió “en modo broma” sobre la vida sexual de los padres recientes. Y me pareció tan divertido que he querido traeros un fragmento .

Hoy he visto un anuncio en una cadena de TV que pregunta exactamente ¿qué es para ti una vida sexual sana?

El anuncio comienza por una pareja liándose mientras sus respectivas voces en off se preguntan si deben ponerse condón o no…

AY! almas cándidas, cómo se nota que la pareja es soltera y que se trata de un rollete pasajero…la pasión se nota en el ambiente…y la única preocupación es si ponerse condón o no…

Cuando una es madre, la cosa es bastante diferente…

Para mi una vida sexual sana sería desatarme la melena y coger a mi hombretón por banda cuando me apeteciese, donde me apeteciese y en la postura que me apeteciese. Peeero, ya he dicho, que una es madre y los momentos se limitan:

a) cuando el peque está dormido (que generalmente sucede cuando uno o el otro o ambos estamos también dormidos). Resultado: vida sexual = 0

b) cuando el peque está jugando en la habitación contigua. Resultado: que sea algo rapidito ah! y sin hacer demasiado ruido que el peque nos oye y como le de por entrar ya estamos inventando una excusa de las buenas… por eso siempre con la luz apagada y las persianas bajadas, así si entra no ve tres en un burro ni dos cabalgando. ;D

c) cuando el peque está en el cole… ¡imposible! porque nosotros estamos trabajando. Resultado: vida sexual = 0 o bien te lo montas con el compi de turno (y yo no tengo compi…)

d) cuando estás de visita en casa de los abuelos, mientras ellos juegan con el peque… vale, puede resultar morboso, pero siempre las prisas, siempre las prisas…

El post completo es mucho más divertido y podéis encontrarlo aquí.

Gemma, yo añadiría dos etapas bien diferenciadas: cuando el peque puede entender lo que está pasando si te pilla en plena faena o no.

Con un niño de seis meses es mucho más sencillo que con uno de dos años, creedme.

Y añadiría otra: pese a todo, querer es poder ;)