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¿Cabinas de lactancia en la playa? ¿Nos hemos vuelto locos?

Hace una década, en Galicia.

Me pasa el jefe de actualidad de 20minutos una noticia que me deja estupefacta. Peñíscola instalará cabinas de lactancia en sus playas para el verano.

¿Cabinas de lactancia en la playa? ¿Pero de qué estamos hablando? ¿Nos hemos vuelto locos?

Vamos a ver, que no hay lugar en el que haya más tetas al aire que una playa española en verano. No hay lugar más fácil en el que dar el pecho que en una playa. Yo lo he hecho, sin el menor problema jamás por supuesto. Y el biberón no veo que entrañe más dificultad en la playa que en una cabina.

Si una es pudorosa, siempre tiene la opción de usar una toalla, una camiseta, el pañuelo de porteo o lo que sea que le venga en gana para que no se vea absolutamente nada. Cualquier cosa suena mejor que tener que alejarse bajo el sol de dónde se tenga asentado el campamento playero (que con frecuencia no es pequeño si se va con bebés niños pequeños) para meterse en una cabina en la que si no hay aire acondicionado tal vez te cuezas y si lo hay tal vez te agarres (tú o tu prole, que es aún peor) un buen catarro estival.

Y si vas paseando por el paseo marítimo, nada mejor que amamantar viendo el mar bailar y disfrutando de la brisa que trae o de una buena charla ante una bebida fresquita en una terraza.

Por otro lado, si las cabinas son para que otros playeros susceptibles no se molesten viendo tomar teta a un bebé, que se lo hagan mirar, que ya va siendo siglo. Dar el pecho es un acto natural que no tiene porqué esconderse y no debería resultar incómodo de ver, menos aún en un sitio que se caracteriza por mostrar carne a espuertas.

Que sí, que se agradecen las buenas intenciones e incluso puede parecer a priori buena idea, hasta que te paras a pensar un poco más en ella y en si no tendrán otro asunto mejor al que dedicar los presupuestos municipales.

Si es que verdaderamente acaban siendo cabinas como asegura el teletipo, por supuesto. Otra compañera en la redacción me dice que en Castellón hay zonas infantiles cerca de la playa, con apartado de juegos para los niños, y unas casetas de alimentación infantil con cambiador y nevera por lo que se ve. Con sillas cómodas no (las de plasticucho de terraza de toda la vida) y en un prefabricado poco apetecible, pese a estar impoluto en la foto por lo nuevo (me gustaría verlo un 20 de agosto a mediodía). Y con poca intimidad si eso es lo que se busca ya que puedes tener a otras peronas (y no penséis necesariamente en mujeres por favor) cogiendo el puré o cambiando un pañal. No obstante, a falta de saber cómo serán exactamente esas cabinas de Peñíscola, una solución como la de Castellón, aunque a mí personalmente siga sin gustarme, tal vez pueda resultar útil ocasionalmente a algunas personas.

Aunque yo nunca eché de menos nada de eso, teniendo la arena, el mar y el horizonte.

Las salas de lactancia

Esta semana estuve con Julia en un nuevo centro comercial, y le entró hambre justo al lado del cartel que indicaba la existencia de una sala de lactancia.

Así que allí que fuimos. Tras una puerta que únicamente abren tras solicitarlo medante un timbre, apareció una habitación bastante amplia con dos butacones, uno de ellos dentro de una pequeña sala para tener aún más intimidad, una trona, calientabiberones, un microondas, cambiador, contenedor de pañales, hilo musical relajante, un retrete infantil…

Todo pensado al detalle. Es fantástico que nos tengan en cuenta y nos cedan unos pocos metros cuadrados que valen su peso en oro.

Claro que los padres recientes somos una de las especies más frecuentes en esos peculiares habitats comerciales.

Y pensaba yo mientras le daba el pecho en lo estupenda que era y en la suerte que había tenido al pedir Julia su comida justo allí al lado.

Si hubiera sucedido en el otro extremo del centro comercial, que es tremendo de grande, hubiera sido imposible llegar y tendría que haberla alimentado en cualquier banco. Algo que no me molesta en absoluto y de hecho ha sucedido muchas veces.

Ademas, eso de las salas de lactancia es exclusivo de los centros comerciales que yo sepa, que no son unos sitios que nosotros frecuentemos demasiado.

También me consta la existencia de supuestas salas de lactancia bastante cochambrosas.

Aún así, bienvenidas sean y ojalá hubiera más.