Llegó la vuelta a la normalidad. Ayer recogimos los adornos navideños. Esta mañana Jaime ha regresado al cole tan contento, como si no hubiéramos tenido tres semanas de locura. Yo he vuelto al trabajo. Mi santo también. Julia se ha quedado plácidamente dormida y despertó sin su mamá cerca.
Jaime se enfrenta desde hoy al regreso de todas sus obligaciones, que como en todos los niños con tgd, son mayores a la media de niños de su edad. No sólo vuelve el cole, también las terapias en el centro de atención temprana, las terapias privadas y la piscina. Aunque eso último es más un placer que un deber.
Julia está a dos meses de cumplir dos años, un cumpleaños que celebraremos toda la familia en Eurodisney la primera semana de marzo (se admiten consejos y sugerencias). Ese ha sido el regalo que nos hemos hecho en Reyes.
Los juguetes nuevos (por cierto, si alguno sabéis dónde se pueden donar en Madrid juguetes en buen estado, por favor que lo indique en los comentarios por favor) y algunos dulces sobrantes son el único recuerdo de las fiestas pasadas.
Eso y una otitis con sinusitis asociada que me trajeron los Reyes Magos y aún colea. Y que explica mi ausencia de estos días y lo inconexo de este post.
Estoy harta ya de estar enferma. Cuando lo he dicho en alto me ha comentado un compañero del trabajo que uno sólo se cura guardando cama y me da la risa: en casa con dos niños lo de pasar el día de sofá y manta es imposible.
En definitiva, para concluir este post tan poco hilado sólo quería agradecer que sigáis un año más conmigo.
Seguimos en el camino.








Esta mañana me han llamado mis cuñados. ¿Qué quieren los niños que les traigan los Reyes Magos en nuestra casa?




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