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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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¿Los primos pueden ser mejores compañeros de juegos que los hermanos?

Hablar ayer de hermanos y perros me hizo recordar una conversación que he tenido a menudo con una amiga. Me cuenta que, cuando eres niño, los primos pueden ser mejores compañeros de juegos y confidencias que los propios hermanos.

Ella tiene varios primos que vivían muy cerca y a los que siente muy cercanos, sobre todo una prima de edad similar. También tiene una hermana con la que se lleva muy poco. “Mi prima y yo éramos inseparables. Los primos no son competencia, tus hermanos sí. Y no tienes que aguantarlos todo el tiempo”.

No lo sé, la verdad. Miro a mi alrededor y veo que mi hija tiene la suerte de tener primas de sus mismos años con las que disfruta jugando y cuya compañía busca. Mi santo, de niño, también tuvo varios primos a mano. Y es curioso que yo le recuerde siendo un adolescente que estaba casi siempre en vacaciones en compañía de uno de sus primos y su hermano estuviera en la del otro.

Yo no tengo hermanos, pero tuve primas con las que también jugué mucho, a las que sigo apreciando mucho aunque las responsabilidades de la edad, la distancia y en algún caso las diferencias irreconciliables de nuestros mayores nos hayan separado.

Es posible que sí, que de pequeños los primos sean especiales porque son más que amigos y no llegan a generar conflictos fraternales. Aunque luego de adultos que aquello perdure depende de a dónde nos lleve la vida. Pero me inclino más por pensar en que todo depende. Hay demasiados factores en el aire.

Depende del carácter de cada niño, de las aficiones que compartan, del tiempo que puedan pasar juntos, de los años que los separen y del diferente momento de su vida en que se encuentre el niño.
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‘¿Qué le pasa a tu hermano?’, un libro para el control de daños emocional de los hermanos de personas con discapacidad

imageHace ya unas tres semanas que llegó a mis manos ¿Qué le pasa a tu hermano?, un libro impulsado por Plena Inclusión y la Fundación MRW para ayudar los hermanos de niños con discapacidad. Sus autores son Àngels Ponce, terapeuta familiar, coach y especialista en procesos de duelo que lleva más de 30 años acompañando y apoyando a familias con hijos con discapacidad, y Miguel Gallardo, ilustrador conocido por todas las obras nacidas de sus vivencias y relación con su hija María.

No penséis que se trata de un cuento o de un manual dirigido a padres o tutores, solo el último capítulo se dirige directamente a ellos. Está escrito para los hermanos de niños con discapacidad, la discapacidad que sea: autismo, síndrome de Down, parálisis cerebral, enfermedades raras… Con un lenguaje muy directo y adaptado, el primer capítulo habla a estos niños sobre la discapacidad y luego, la parte principal del libro está dividida por emociones.

En todas esas emociones: tristeza, orgullo, vergüenza, celos, angustia… la estructura es similar. Hay una pequeña explicación, una breve historieta que ejemplifica esa emoción dibujada por  Gallardo en la que los protagonistas son un niño con discapacidad y su hermano, unas actividades y unos cuantos consejos para manejar situaciones similares o esas emociones.

La mayoría de las emociones que recoge son negativas. No hay que engañarse, claro que pueden estar ahí y conviene no enterrarlas, encararlas con recursos, pero no creo que todas estén en todos los niños. Mi hija, por ejemplo, apenas necesitaría trabajar un par de ellas, al menos de momento. Por eso es buena idea mirar con detenimiento el manual y decidir qué sentarse a ver juntos según el momento y el niño. Y lo de estar juntos ante sus páginas me parece imprescindible, para contestar preguntas que surjan en el mismo tono que emplea el libro y para personalizar las vivencias.

Si estáis interesados en el manual podéis descargarlo de manera gratuita en PDF o encargar una copia desde esta página web.

Arriba tenéis mi primer vídeo y soy consciente de que resulta un tanto precario, que lo he grabado con el móvil sin edición ninguna porque mi intención no es meterme a youtuber sino que podáis ver bien su contenido si estáis interesados. Sed benévolos, por favor.

Para terminar, el booktrailer. Un vídeo mucho más profesional que el mío:

‘Y de regalo… ¡Superpoderes!’ y ‘Gigantísima’, dos cuentos para preparar la llegada de un hermanito

imageEn muy breve lapso de tiempo han llegado a mis manos, y a las librerías, dos cuentos cuyo objetivo es preparar a los niños para la llegada de un hermanito que me han gustado mucho. Son Y de regalo… ¡Superpoderes! y Gigantísima.

Ambos coinciden en afrontar con sentido del humor ese momento y en situar a los niños que serán hermanos mayores en su papel, en un caso de superhéroe y en otro de gigantísima; también en ser estupendos libros para primeros lectores y para que nosotros los leamos si aún no dominan eso de leer solitos, a partir de tres años. No obstante, yo recomendaría leerlos a su lado para que los libros sirvan de caja de Pandora que exponga sus dudas, preguntas y creencias sobre lo que les supondrá ser hermanos mayores para que podamos responderlas con sinceridad y delicadeza.

Y de regalo… ¡Superpoderes! es algo más extenso, el niño protagonista es un varón y algo más reacio ya de entrada a lo que puede suponer tener a un recién llegado en casa. Su autora es Elena Moreno y las ilustraciones son de Lucía Serrano, lo edita SM para su Serie Blanca, tiene 64 páginas, y se puede adquirir en rústica por menos de ocho euros. Si tenéis curiosidad, en la web de la editorial podéis leer su arranque.

Lucas está a punto de recibir el mejor regalo del mundo: el superpoder de leer el pensamiento. ¡Y no solo eso! También tendrá el poder de hacer desaparecer los miedos, construir los mejores edificios del barrio y contar las mejores historias del mundo. Pero ¿qué tendrá que hacer para conseguir tales superpoderes? Ni te lo imaginas…
Un libro tierno y divertido que muestra a los niños la magia de convertirse en hermano mayor.

Gigantísima tiene como protagonista a una niña, una niña que se siente pequeña y le da rabia que sea así, una niña que se da cuenta perfectamente de que los mayores a veces hablan de cosas que la atañen sin darse cuenta de que ella escucha. Pero a veces escucha secretos a medias y saca deducciones erróneas, cómo que llegará una giganta a casa. Lo que pasa es que la giganta va a acabar siendo ella.

Su autora es Bel Olid y la ilustradora es Màriam Ben-Arab, ha salido en Timum Mas con un formato mayor y sorpresa desplegable final que podéis ver en el vídeo de Instagram. Cuesta 12,95 euros.

Gigantísima es la historia de una niña que tendrá una hermanita pequeña, pero antes de saber esto un malentendido la hace creer que quien llegará a casa será… una gigantita! Un dulce relato que habla de hacerse mayor y de la ilusión de la llegada de un nuevo miembro a la familia.

El hermano perfecto

Jaime y Julia jamás se han peleado. Nunca. Ni un sólo empujón, ninguna acusación, ningún ¡tonta! O ¡mentiroso!, Algo impensable probablemente entre cualquier pareja de hermanos de cinco años largos y ocho recién cumplidos.

¿Una suerte?

Alguna vez Jaime ha robado unas cuantas patatas fritas del plato de su hermana, nada trágico. Jaime nunca le ha quitado un juguete a su hermana. Las cosas para él tienen poca importancia. Tal vez sea más sabio que todos nosotros en eso. A Julia jamás su hermano la ha hecho llorar.

¿Una suerte?

Los celos entre hermanos, las famosas pelusas, tampoco ruedan por casa. Las únicas pelusas que tenemos son las que se generan por tener un perro y dos gatos en casa. Sí que ha pasado que uno de los dos reclame nuestra atención a su manera, siempre pacífica, cuando estamos con el otro.

¿Una suerte?

Jaime es gentil con su hermana. Fibroso y grande, a veces los adultos hemos sentido sus uñas, su fuerza… Julia siempre ha estado tranquila a su lado, él jamás ha sido rudo con ella.

Julia también es gentil con él. Le hace cosquillas, caricias, en el último año le toma de la mano y le canta cuando está más nervioso. Suele funcionar, está más tranquilo con ella. Nos recuerda a nosotros y a los demás que Jaime es muy rápido, que trepa muy bien, que gracias a él no hacemos colas en muchos sitios.

Pese a ser una niña muy pequeña siempre ha entendido que tuvieran que abandonar algún sitio o actividad porque a Jaime no le gustase. Nunca ha protestado.

Apenas juegan juntos.
Es que Jaime apenas juega, es uno de sus principales puntos débiles, común en los niños con autismo. El juego es una importante vía de aprendizaje y crecimiento que él casi no tiene. Julia a veces lo intenta, asumiendo que su hermano mayor es como un bebé en esos casos y los juegos son muy básicos.

Ella empieza a imitar lo que ve en nosotros, asumiendo de manera natural cierto rol de cuidadora, de pequeña hermana mayor.

Con frecuencia me preguntan por la relación existente entre Julia y Jaime. Y les digo la verdad: es buena, son dos niños dulces, no hay conflictos entre ellos. Las peleas entre hermanos son algo desconocido para nosotros. Jaime es para Julia el hermano perfecto. Y viceversa.

Y sabiendo que tenemos suerte todos, os juro que mataría por las imperfecciones que otros tienen, por los gritos, los celos y las broncas. Recordadlo la próxima vez que os veáis arbitrando alguna.

Jaime y Julia este verano.

Jaime y Julia este verano.

Sobre los hermanos de niños con autismo

Julia y Jaime.

Julia y Jaime.

Muchas veces me preguntan que cómo lleva Julia lo de Jaime. Y me encanta responder y explicar de buen grado todo lo relacionado con el autismo de Jaime. Pero me llama la atención el enunciado de una pregunta frecuente: “¿Cómo lo lleva?”. Pues bien, gracias. ¿Qué se puede contestar a eso? ¿Cómo contestarías tú a la misma pregunta dirigida a tus hijos? Probablemente con la misma incapacidad de responder que yo. Lo lleva bien porque no hay nada que llevar. No es una cruz. Su hermano es así, no le ha conocido de otra manera.

Otra pregunta que me hacen a menudo es “¿Julia sabe que tiene autismo?”. Pues sí, lo sabe, hemos leído cuentos y nunca lo hemos ocultado. La palabra autismo se oye en casa con naturalidad. Recientemente ha comenzado a preguntar cosas como si Jaime seguirá teniendo autismo cuando sea mayor, si se casará o si nació así. A lo que también le contestamos con la verdad: sí, es poco probable, sí.

¿Juegan juntos? ¿Se pelean? También las he oído a veces. Juegan juntos, menos de lo que me gustaría, a perseguirse, a hacerse cosquillas. Cosas muy elementales. Desde luego comparten muchas actividades juntos. Solo una vez me dijo “No quiero jugar con jaime”. Seguro que entre hermanos neurotípicos se escucha con más freciencia. Nunca se han peleado. Jamás. Jaime huye de los conflictos, no quiere los juguetes ajenos, no chincha a su hermana de ninguna de las maneras habituales. Pero os aseguro que cambiaría su autismo por peleas diarias entre hermanos, que son lo más normal del mundo.

Pelusa sí que hay. Eso de que uno llame tu atención cuando estás demasiado con el otro. Y tengo que pararme a veces e irme con Jaime, porque Julia con su juego convencional y sobre todo sus palabras tiene más y mejores herramientas para llamar mi atención y conseguir mi tiempo, partiendo de que ella sabe decir “mamá” y Jaime solo cuando le animo dice algo que se parece más a papá.

Normalmente en casa hacen vida por separado. Mientras uno ve una película la otra pinta, mientras una juega al Carcassone Junior el otro salta en el sofá, mientras uno mira los peces del acuario la otra monta un restaurante en su habitación… En casa a veces me siento como un planeta con dos pequeños satélites independientes.

A veces me preguntan sobre los hermanos de niños con autismo, así en general. Poco puedo aportar. Yo solo conozco mi caso: dos niños tranquilos, con buen carácter, una niña más pequeña que su hermano con TEA. Cada familia, cada persona es distinta.

No hace mucho me preguntaron sobre mi experiencia concreta de una niña pequeña con un hermanos con autismo. Lo hizo Silvia Peral, psicóloga y alumna del máster de Terapia Familiar y de Pareja de la Universidad de Salamanca. Lo hizo por su proyecto de fin de máster titulado “Los hermanos de personas con Trastornos del Espectro Autista”.

Y hace muy poco nos envió el informe a todos los que la ayudamos a realizarlo diciéndonos lo siguiente: “Pese a su humildad y limitaciones, os lo envío con mucho cariño para compensar y agradecer (aunque nunca podré hacerlo del todo) la enorme ayuda que todos ustedes me brindaron, tanto los profesionales y padres que difundieron los cuestionarios como los hermanos que respondieron a ellos. Espero que puedan encontrar algo dentro de sus páginas que les sirva de utilidad, y cómo no, espero también todos los comentarios y críticas que deseen hacerme llegar”.

Me ha dado su permiso para compartirlo aquí con todos los que estéis interesados. Lo podéis descargar en PDF: “Los hermanos de personas con Trastornos del Espectro Autista”. Son más de doscientas páginas. He hecho algo que nunca se debe hacer ocn una novela, me he ido casi al final para traer aquí un par de párrafos cercanos a las conclusiones:

En la actualidad, padres, madres, hermanos y profesionales luchan cada día por construir una nueva lente con la que miramos a la persona con TEA. Ya era hora de que dejásemos de concebirla únicamente como fuente de influencias negativas y algo casi parecido a un lastre para la familia. Con esto queremos insistir una vez más en que la experiencia no tiene por qué ser en absoluto devastadora. Así lo manifiestan los hermanos que han compartido con nosotros una parte de su mundo. Por supuesto, no queremos insinuar que ser hermano de una persona con autismo sea un camino libre de espinas y escaso en tramos complicados por los que transitar.

En cualquier caso, dar por cierto la existencia de efectos beneficiosos no es incompatible con la apreciación de que, irrebatiblemente, el autismo de uno de los hermanos impone ciertas modificaciones en el sistema familiar al que pertenece y genera en la vida diaria multitud de desafíos que los hermanos van a tener que hacer frente.

Y dedicado a los profesionales:

Además, tener en cuenta al hermano con desarrollo normal e involucrarle en la intervención también será beneficioso para los avances de la persona con TEA. Que los niños con autismo interactúen con sus hermanos con más facilidad que con otras personas es una buena baza de cara a la intervención dedicada a mejorar sus habilidades de interacción social y comunicación

Esos momentos de amor entre hermanos

No creo que me equivoque al afirmar que hay pocas cosas que nos guste más ver a los padres que a nuestros hijos mostrándose afecto. Ya sea con abrazos, con besos, compartiendo preciados tesoros o jugando. Esos momentos en los que ves que se quieren son únicos.

Con Julia y Jaime afortunadamente cada vez vamos teniendo más. Casi siempre es Julia la que arranca, pero Jaime es cada vez más receptivo y reacciona en consecuencia. Y a todos los que estamos presentes se nos cae la baba.

Tal vez lo valorásemos menos si Jaime no tuviese autismo, no lo sé, pero estoy convencida de que nos despertaría las mismas sonrisas.

Recuerdo perfectamente que cuando recibimos el diagnóstico de Jaime Julia tenía apenas un mes de vida y todo el mundo nos decía que le ayudaría muchísimo. Y así está siendo.

Por la misma razón pocas cosas hay que gusten menos que ver a dos hermanos rechazarse o pelear. Algo que nosotros no hemos visto jamás pero que también es lo más normal del mundo en la relación fraternal de dos niños pequeños.

Y nunca tuve hermanos y jamás los eché de menos. Pero ahora viendo a mis hijos me comienzo a plantear lo diferente que pudo haber sido mi infancia con un hermano.

Ni contigo ni sin ti…

Julia tiene una prima casi de su misma edad. Ambas nacieron en 2009, una en marzo y la otra en noviembre. Como vivimos a diez minutos y nos llevamos bien están juntas con frecuencia desde que nacieron y se adoran. Tanto la una como la otra siempre quieren estar juntas. Julia se pone literalmente a dar saltos de contento cuando sabe que van a verse.

Es frecuente que se nos caiga la baba viéndolas bailar cogidas de las manos, darse besos, jugar a imitarse, abrazarse con tanto ímpetu que acaban las dos en el suelo, ayudarse a subir el tobogán del parque de bolas contracorriente o defenderse la una a la otra cuando se las regaña (por ejemplo: “Tío, no hables así a mi prima”).

Pero tan frecuente como lo anterior es que acaben gruñéndose, peleando por el mismo juguete e incluso cascándose. Hace dos semanas mi sobrina se llevó un par de arañazos como recuerdo de un manotazo de Julia. Ayer fue Julia la que los recibió de su prima.

Pueden pasar de la paz y el amor a la gresca en cuestión de segundos.

Y por lo que hablo con otros padres recientes sobre la relación entre hermanos, me da que es así, que cuando dos niños pequeños pasan mucho tiempo juntos la cosa suele ser así de pasional.

¿Es esta también vuestra impresión?

Los hermanos de niños con autismo (o con otros problemas)

AnaMG, que también tiene un niño dentro del espectro autista y otro más pequeño, hacía ayer este comentario:

PUf, yo odio estas pautas e hitos de desarrollo. Comprendo que están para lo que están y que ayudan más de lo que parece, pero ya lo pasé mal con el niño mayor y ahora pensar que tuviera que pasar por lo mismo con el pequeño me da pánico. No quiero ni leer que debería ir haciendo y odio que me hagan las “preguntas de rutina” en la revisión.No sé si tu pasaste por algo parecido con Julia, pero yo de momento vivo con ese miedo. Será el hermano pequeño igual que su hermano? Sabré notar las diferencias? Sabré darme cuenta ANTES de que algo pasa? Sabré luego lidiar con un niño neurotipico después de “acostumbrarme” a las dificultades del otro? No le dará al pequeño por copiar comportamientos a su hermano mayor?.
Puf todo eso y más…

Cuando hay un hijo con una enfermedad grave, autismo, síndrome de Down, diabetes… los padres nos hacemos muchas preguntas respecto a los hermanos. Si aún no existen nos planteamos muy mucho si tener otro hijo, con miedo por si se repetirá el problema o por cómo manejar la situación. Si el hermano ya está aquí también nos asaltan muchas dudas. Es lógico. La dinámica familiar se ve muy afectada.

AnaMG, te entiendo perfectamente, sobre todo en la fase en la que Julia era más bebé. Cuando tuvimos el diagnóstico de Jaime ella tenía apenas un mes. La tenía en mi pecho, en mis brazos, cuando nos confirmaban que nuestro precioso niño dorado tenía un trastorno que le iba a afectar toda la vida.

En ese momento lo aparté de mi mente y me esforcé en pensar que tenía que disfrutar de mis hijos y que si llegaba el momento de cruzar ese puente, ya lo cruzaríamos como mejor pudiésemos, pero que no era plan de adelantarse.

Además, si hubiéramos detectado algún problema con Julia, seguro que hubiera sido mucho antes y nos hubiera pillado mucho más preparados para ayudarla como es debido.

Pero lo cierto es que el desarrollo de Julia pronto nos tranquilizó. Por suerte es una avispa que cumple con creces todos los hitos del desarrollo.

Por lo visto es algo que sucede a veces con los hermanos pequeños de niños con un autismo que son estimulados en casa.

No sólo es que estén rodeados de puzzles, te vean trabajar a diario en mesa con su hermano y participen (desde hace unos meses es frecuente que cuando me siento a trabajar con Jaime Julia participe de modo voluntario).

Quieras o no aplicas esas técnicas de estimulación, que ya tienes interiorizadas.

Lo que aprendemos para Jaime te sale para Julia. Por ejemplo: cantas constantemente y paras para que ellos digan las terminaciones de la canción, te detienes ante una puerta abierta para que te digan “abre” (de hecho en alguna ocasión lo hemos hecho con la perra, lo confieso aunque sea un poco vergonzante), sacas juego simbólico hasta de las piedras, si te piden agua les das un vaso vacío para que expresen otra petición, si pronuncian mal algo no le corregimos sino que repetimos el término bien dicho añadiendo algo más (“Mira el dibufo mamá” “sí cariño, es un dibujo rojo muy bonito”)… hay miles de pequeñas cotidianidades.

Y precisamente esta semana mi santo y yo nos dábamos cuenta de que jamás hemos dicho a nuestros hijos que se callaran. Nunca les hemos dicho “ahora no te puedo hacer caso, que están hablando los mayores”. Obviamente influidos por la lucha para que nuestro hijo mayor se exprese oralmente, siempre que hablan les hacemos casos y si es posible alargamos la conversación.

Por otra parte está la relación entre ellos. No creo que mi experiencia pueda ayudar a nadie ya que depende en gran parte de cómo sea cada niño. Jaime es un cielo, un niño muy dulce. A su hermana la ignora la mayor parte del tiempo. Pero la echa de menos cuando no está (una de las primeras palabras que ha aprendido a decir es “Julia”) y tiene momentos puntuales en los que la busca, la abraza y se ríe con ella. Jamás han peleado. Jamás la ha empujado o hecho el mínimo gesto agresivo. Tampoco hay problemas de celos. Lo cierto es que el que Jaime conductualmente no presente problemas hace las cosas mucho más fáciles. Ella cada vez más imita nuestro modo de actuar con él: le coge de la mano, le lleva de un sitio a otro, si coge cables se los quita de las manos, nos quiere ayudar a vestirle, lavarle la cabeza… probablemente el que sea niña influye en que esté adoptando ese papel de cuidadora.

Preferiría obviamente que se pegaran de vez en cuando, que se chillasen, que jugasen juntos… en definitiva que tuvieran esa relación tan típica de los hermanos de “ni contigo ni sin ti”. Pero es lo que hay.

Su relación irá evolucionando. No sé de qué manera.

No soy yo de dar consejos pero en este caso sí que te diría que estuvieras tranquila y en guardia. Que afrontes cada dificultad que pueda llegar confiando en tu instinto. Y que procurases disfrutar de la evolución de tus dos hijos con aceptación. Cada uno a su manera, tiene una forma mágica de convertirse en un adulto y descubrir el mundo. Sería una pena perdérselo.

Al menos es lo que intento hacer yo.

Me encantaría, si tenéis hijos con algún problema (no necesariamente autismo) que nos contáseis en los comentarios vuestra experiencia: si tienen hermanos, si os hizo no tener más hijos, cómo es su relación y cómo ha evolucionado.

Como hermanos

Mucha gente cuando se entera de que tengo dos hijos me pregunta cómo se llevan. Es una cuestión habitual por lo que estoy viendo y probablemente esperan respuestas que incluyan cosas como los celos, las peleas, la diversión y el amor.

Lo de ni contigo ni sin tí, versión fraternal.

Yo no tengo hermanos, así que carezco de experiencia propia, pero lo que he visto a mi alrededor me dice que incluso entre los hermanos que mejor se llevan hay cuando son pequeños momentos de cascarse, robarse juguetes, competir por lograr la atención y hacerse “putadillas”.

En nuestro caso es bastante diferente. Una de las características del autismo, que muchos definen como una discapacidad social, es la habilidad de relacionarse y mostrar sus sentimientos. Sobre todo con sus iguales, es decir, con otros niños pequeños.

Jaime ignora a su hermana casi todo el tiempo.

Jamás le ha levantado la mano, nunca la hecho nada malo.

Tampoco la ha buscado para jugar jamás.

Cada vez más ella le persigue con insistencia. Y existen destellos de diversión. La mayor parte de las veces simplemente huye.

Tiene muy buen caracter, no hay rabietas, gritos o protestas. Simplemente indiferencia.

También ha habido destellos de celos hacia su hermana. Poca cosa realmente.

En alguna que otra ocasión la había sonreído, tocado o tomado la mano.

Por eso entenderéis nuestra emoción cuando os cuente que en sus dos últimos baños (les metemos juntos con media tonelada de juguetes en la bañera) se ha acercado por iniciativa propia para abrazar y besar a su hermana muy sonriente, con los ojos brillantes, completamente conectado.

Y ella encantada claro.

Pero nosotros aún más.

Las hermanas-madres

Ayer conocí a una señora ya mayor que fue lo que yo llamo una hermana-madre.

Su madre murió cuando ella tenía dieciseis años, dejándola a cargo de dos hermanos, uno de once años y otro recién nacido.

Y su madre murió precisamente a causa del embarazo y del parto. Estaba delicada de salud, se fatigaba mucho y le costaba respirar. Problemente tenía una afección cardíaca, aunque ahora ya es difícil saberlo. Y hubo varias mujeres del pueblo que le dijeron que tener un hijo le curaría.

Menudo consejo. El embarazo y el parto suponen un sobreesfuerzo importante para el organismo de una mujer. Al poco de tener a su tercer hijo ella murió.

Así que tuvo que criar a sus hermanos. Le cayó una responsabilidad considerable siendo aún casi una niña.

Seguro que la historia os suena. Yo conozco muchos casos semejantes: hermanas mayores que por fallecimiento o ausencia de su madre se convirtieron en madres recientísimas sin haberlo elegido.

Siempre son mujeres, aunque no dudo que también habrá niños que han ejercido de padres.

En todos los casos que yo conozco la relación de esas mujeres con sus hermanos ha quedado marcada para toda la vida.

Cuando son adultas es en mayor medida maternal que fraterna. Son más protectoras con sus hermanos pequeños, tienden más a organizarles y a dirigirles.

En cualquier caso, hablando ayer con esta señora recordé de nuevo el inmenso mérito que tienen todas esas niñas convertidas en madres de sus hermanos.

Y me ha apetecido dedicarles un post para reconocérselo.