Me preguntaban hoy algunos cómo habían vivido mis niños la final de ayer. Pues bien, Jaime ni lo vio. Imagino que los niños de su edad (casi 6 años) ya han entrado en la edad de plena eufora futbolera, pero al tener autismo no le importa en absoluto. Como el lunes había que madrugar para ir al cole, el arranque del partido le pilló cenando y luego se fue a dormir. Hoy ha ido al cole con su camiseta roja, eso sí.
Julia, con tres años cumplidos en marzo, estuvo de lo más divertida un rato. Antes de llegar a casa, por la calle, estuve contando con ella a todos los que llevaban camisetas rojas hasta que se nos acabaron los números. Nada más ver la televisión soltó “yo me pido los azules papá”. No se quedó muy convencida. Y disfruta chillando “¡gol!” y “¡España, ra, ra, ra!”, pero no entiende nada. De hecho negaba insistentemente que estuviéramos viendo fútbol: “Mamaaaá, esto no es fútbol, es Españaaaa”. Y, para ser sinceros, pronto se cansó y también se fue a dormir.
El sábado anterior sí que fue otra historia. Vinieron a casa varios amigos, todos con niños pequeños, y se lo pasaron todos teta hasta que cayeron dormidos literalmente agotados de tanto jugar. Jaime vio una parte e incluso lograron que jaleara un poco a la selección, sin entender lo que decía.
Un sábado es mejor día para los que tenemos niños pequeños, sin duda.
Por último, me pareció bonito ver a los hijos pequeños de los jugadores jugando en el campo, tras conseguir sus padres la copa. Muchos de ellos, por cierto, igual de a su bola que los míos.
¿Cómo lo vivieron vuestros peques? ¿Son muy futboleros?





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