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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Entradas etiquetadas como ‘dinosaurios’

Ruta del Cidacos, a la caza de los dinosaurios que poblaron La Rioja

image¿Qué tendrán los dinosaurios que tanto gustan a los niños? Gigantes, extraños, reales, con restos visibles… La verdad es que no me cuesta imaginarlo. A Julia le entusiasman, tanto que una de sus opciones de respuesta a “¿qué quieres ser de mayor?” es paleontóloga. Su favorito es el T-Rex, que abunda como protagonista de cuentos, películas e ilustraciones.

En España tenemos diferentes opciones para acercarnos a ellos. En el centro, en Madrid, el museo de ciencias naturales es un lugar muy recomendable, que además organiza actividades infantiles todos los fines de semana.

Hace un par de años fuimos a Dinópolis en Teruel, un parque temático que nos pareció tranquilo y asumible en un solo día, con un museo paleontológico bien organizado y atracciones que a los niños les gustaron. Bien merece una visita, igual que la ciudad de Teruel.

Y muy cerca de Dinópolis se encuentran los diferentes puntos de interés de la Ruta del Cidacos. Toda esta zona de La Rioja es otra opción fantástica de escapada en casa rural y exploración de entornos al aire libre en los que ver sus enormes huellas, las marcas de sus zarpazos y de sus nidos en la roca.

También reconstrucciones de cómo serían esos enormes animales que recorrieron el interior de España hace miles de años.

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Nosotros fuimos en otoño, con una temperatura fantástica que invita a correr y disfrutar con el cielo como techo. Tendría que haber escrito hace muchos meses recomendando esta excursión de fin de semana, pero bueno, en primavera también hace un tiempo agradable para seguir el rastro de los dinosaurios.

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‘El viaje de Arlo’, una calidad técnica sobrecogedora y poco más

Peter Sohn

Juan Carlos Navarro al micrófono (miembro español del equipo), sus creadores Peter Sohn y Denise Ream y Manuel Carrasco, que pone voz a la canción de los créditos.

El viernes tuvimos la ocasión de ver una película a la que teníamos muchas ganas: El viaje de Arlo. Julia estaba loca por verla porque es una apasionada de los dinosaurios. De hecho el fin de semana anterior lo pasamos en una casa rural buscando huellas de estos animales por La Rioja y Soria. Yo tenía muchas ganas porque hablamos de un gran estreno de Pixar, una empresa que nos ha regalado maravillas.

Ahí están UP, con su perfecto arranque; Wall-e, que no nos cansamos de ver; Toy Story, cuya primera entrega acaba de cumplir 20 años, que vi en un cine que ha cerrado y que me dejó con la boca abierta; Cars, que sigue siendo la favorita de muchos niños; la divertida y trepidante Monstruos S.A.; Buscando a Nemo, con personajes inolvidables; Ratatouille, con su mensaje de que todos podemos hacer todo y no hay que despreciar de entrada a nadie; esa adaptación de Los siete samuráis que es Bichos; la revisión del mundo de los superhéroes de Los Increíbles o esa princesa sin príncipe de Brave… Sé que muchos consideran a Brave o Bichos películas menores de Pixar, yo diría que Arlo es la hermana pequeña de esas, solo por encima de las segundas partes de los universos de Cars o Monstruos.

Ir a ver un producto de Pixar es ir con la expectativa de encontrar una buena película, de las que hacen soñar y emocionan. Películas como la reciente Inside Out, que hemos vuelto a ver precisamente estos días y de la que soy una entusiasta.

Tantas expectativas han jugado en contra de El viaje de Arlo, que no está a la altura. Me encantaría poder decir otra cosa, pero esa es la verdad. Técnicamente es asombrosa, los paisajes en los que se recrea son muy hermosos, con una luz mágica, las texturas son perfectas, el agua está especialmente bien lograda. Poco más. Tal vez entre ese poco más esté ese aroma sutil a vieja película sobre la conquista del oeste y esos T-Rex vaqueros que ojalá fueran los protagonistas de la cinta.

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Un fin de semana en Teruel, un día en Dinópolis

Julia bajo el diplodocus.

Julia bajo el diplodocus.

El viernes, según salimos de trabajar, cogimos a los niños y las maletas y pusimos rumbo a Teruel, que podemos dar fe de que existe y merece una escapada. Está a tres horas o tres horas y media de Madrid. Hace ya dos meses que nos habíamos puesto de acuerdo con otras dos parejas de padres recientes para buscar una casa rural y acercarnos a ver Dinópolis.

Ninguno de los cinco niños de entre cuatro y seis años que iban eran unos apasionados de los dinosaurios, aunque a todos les llaman la atención. Probablemente a Julia y a uno de los niños era a los que más les gustaban a priori, por varios cuentos, alguna peli, por la serie del Dinotren y por la visita que hicimos el año pasado al museo madrileño de ciencias naturales.

Estegosaurio, pterodáctilo, tricerátops… Me encanta verles pronunciar nombres más largos que ellos.

Es un parque temático muy tranquilo. Pese al buen tiempo y a ser sábado no sufrimos apenas colas. Una suerte porque Jaime no lleva bien los tiempos de espera y no hay facilidades en ese sentido para personas con discapacidad intelectual, aunque me consta que lo están estudiando.

Como os contaba, es un parque de una extensión muy manejable, que permite ser disfrutado sin agobios ni teniendo que hacer recorridos maratonianos. Muy pensado para que todos en la familia puedan subir en todas las atracciones, sólo hay una proyección en 4D, ‘Terra Colossus’, que exige al menos medir 120 cms.

Lo primero que nosotros vimos, tras pasar por el obligado pintado de caras gratuito, fue el museo paleontológico, que nos encantó a pequeños y grandes. Estábamos prácticamente solos y las guías eran realmente amables. Está realmente bien montado.

Aprendiendo a andar como los reptiles.

Aprendiendo a andar como los reptiles.

Luego entramos en una de las dos atracciones de la entrada, las que hay frente a la tienda de recuerdos y un pequeño parque de bolas: el cine 3D con la historia del T-Rex albino Tyrón. Es breve y a los niños les gustó, pero creedme: es absolutamente prescindible si no os da tiempos a todo. En cambio el recorrido en safari de la puerta de al lado, ‘Viaje en el tiempo’, está bastante bien, los niños hubieran repetido si nos hubiera dado tiempo. Y unas de las cosas que más nos gustó fue el espectáculo del T-Rex que hay junto a la zona infantil. Es una obra de teatro infantil muy bien hecha con un dinosaurio muy creíble. Pasamos por ahí dos veces, a las 17 y a las 18.

Repitieron también un recorrido en barco llamado ‘El último minuto’ basado, que comienza con la extinción de los dinosaurios y concluye con el ser humano moderno.

Y luego tienen dos zonas, que no son atracciones, pero en las que pasamos bastante tiempo. Una, la paleosenda, está hecha para trepar, explorar y desenterrar huesos de dinosaurio. Y para que los padres sudemos haciendo el recorrido junto a nuestros niños si no tienen más de nueve o diez años. Hay otra, Sauriopark, con un par de carruseles, unos dinosaurios voladores (la única para niños mayores de 120 cms) y un castillo hinchable en la que pasamos un buen rato. No recuerdo la de veces que las tres niñas que no excedían la altura máxima se subirían. No llegaban ni a bajarse.

El que hubiera tan pocos agobios de gente, que estuviera tan tranquilo ayudó a que Jaime lo pasara bien. Subió en prácticamente todo y lo disfrutó en mayor o menor medida.

Os recomiendo, eso sí, repartir los espectáculos por la mañana y por la tarde. Nosotros no vimos ninguno por la mañana y así es imposible que no se te escape alguno. No vimos ninguna de las dos funciones del teatro.

Por cierto, el menú del único restaurante tiene un precio y una calidad razonable, está la opción de pizzas y hamburguesas pero también de menús calientes como potajes de garbanzos, menestra o paella. Además, está perfectamente indicado qué platos tienen o no glúten y hay muchas opciones para los celiacos. Pero otra recomendación es que vayais al restaurante pronto o tarde. Nosotros comimos prontito y no hubo problema, pero cuando nos íbamos a las dos las colas eran largas y daba la impresión de que estaban desbordados. Y eso en un día tranquilo.  Si se tiene cualquier intolerancia o problema de salud está permitido pasar comida, para los demás está prohibido, aunque no vi que al menos aquel día nadie mirase las mochilas.

En trenecito por Teruel.

En trenecito por Teruel.

No es preciso más de un día en Dinópolis, pero es un día que merece la pena. Si viviera en Teruel tendríamos seguro su abono anual para ir con los niños, aunque vive tan poca gente en Teruel…

Ese mismo día nos dio tiempo también de acercarnos por la tarde a Teruel, sentarnos en una terraza mientras los niños jugaban bajo la fuente del torico y recorrer la ciudad en su trenecito turístico. Esos trenes suelen ser una excelente forma de ver una ciudad con niños pequeños cuando no hay mucho tiempo. Les encanta.

El domingo nos acercamos a Albarracín, que presume de ser el pueblo más bonito del mundo. Y no sé si tanto, pero desde luego es precioso. Tanto como la ruta junto al río que lo rodea y que es mucho más apropiada para ir con niños que la subida a la muralla, sólo apta para gente muy formal y sin vértigo.

El río además invita al baño en algunos puntos. Si hubieramos tenido bañador y algunos grados más, el baño no se hubiera escapado.

Cabárceno, acuarios y dinosaurios: tres planes con niños en el norte

Este verano hemos pasado una semana en Asturias. Estando allí hemos procurado hacer unas cuantas excursiones con los peques. Tras valorarlo decidimos hacer tres.

La primera de ellas fue al Acuario de Gijón. Pelín caro, aunque este tipo de instalaciones lo suelen ser por su elevado mantenimiento. Fue la que más le gustó a Jaime, sin duda alguna. Probablemente también a Julia, sobre todo por la zona en la que se puede tocar desde estrellas de mar hasta erizos de mar (los que se atrevan). Y por la nutria. Apuesta mucho por los acuarios que representan la vida marina de la zona. El gran acuario de tiburones también les gustó mucho.

La segunda fue el Museo Jurásico (museo de los dinosaurios para Julia) de Colunga (si podéis, id o volved por Lastres, que es precioso), que tenía una exposición especial sobre huevos de dinosaurios. A Julia le gustó mucho, aunque con sus cuatro años le sobraba mucha información y carteles y lo recorrió a tan buen paso que en unos cuarenta minutos nos lo habíamos ventilado. Para cuando sea algo mayor, las aulas didacticas que organizan tienen muy buena pinta. A Jaime no le gustó, la verdad. Los dinosaurios no le llaman la atención y los sitios algo oscuros no le gustan. Ambos disfrutaron luego de un rato en el parque que tienen fuera, las reproducciones de dinosaurios y el arenero repleto de falsos fósiles en el que jugar.

La tercera fue fuera de Asturias, a unas dos horas de Gijón: el parque natural de Cabárceno, en un paraje fantástico. Para Jaime fue poco más que un paseo en coche. A Julia le gustó más, pero se le hizo largo. Sobre todo tanto bajar y subir del coche, para muchas veces no ver apenas nada. Disfrutó sobre todo viendo los osos, los elefantes africanos, los lobos y el espectáculo de los leones marinos. Aunque se llevó un buen chasco al no ser la elegida para subirse a la barquita pese a lo mucho que se esforzó por poner carotas, que era el supuesto criterio de selección; “¿por qué no me ha elegido a mí?” preguntaba conteniendo un puchero. Yo os confieso que esperaba algo más, tal vez me habían creado unas expectativas demasiado elevadas.

Y, desde luego, si estáis en Gijón no os perdáis el parque de Isabel la Católica.

El próximo día os cuento las excursiones que hicimos por Huelva. ¿Cuáles han sido las vuestras este verano? ¿Qué nos recomendáis?