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¿Jornada continua o partida en los colegios? ¿Qué es lo que prefieres?

Es un tema polémico que hoy es noticia de portada en 20minutos de Madrid, ya que el 52% de los centros de la región ya la aplican. Reconozco que me ha sorprendido leer que perjudica a miles de padres. Imagino que sí. Pero también perjudica a miles de padres (y de niños), la partida. De hecho en mi entorno lo que se oye es un clamor mayoritario por la jornada continua: los que la tienen están encantados y los que no la desearíamos.

Yo siempre he dicho que la jornada partida, con los cuatro paseos de ida y vuelta al cole, prácticamente te obligan a dejar a los niños en el comedor. Pues dan un dato que refrenda lo que yo siempre he dicho, que la discontinua te obliga a tirar de comedor: el 72% de los estudiantes con jornada partida la usa frente al 38,5% de los que tienen continua. Es decir, que obliga a muchas familias a pagar por un comedor que realmente no necesitan. Y yo soy de las que cree que si se puede comer en casa a las 14, mejor.

Lo de los cuatro paseos de ida y vuelta de entre diez o quince minutos cansa a los niños (al menos a los míoas), cansa a los padres y por hace que no te dé tiempo apenas a hacer nada, te parte el día. Y los niños por la tarde sestean cuando son pequeños o tienen actividades livianas, porque después de comer la atención baja. Yo recuerdo perfectamente como una liberación cuando pasé de adolescente de la jornada partida del colegio de monjas a la continua del instituto. Los días cundían más, tenía más tiempo para estudiar y para ocio.

Por otro lado. Para los padres que trabajan la hora de salida, si los dejan a comedor, es la misma tanto si la jornada es continua como si no. La diferencia es que esas dos horas de comida y patio las tienen de 12:30 a 14:30 y luego clase de nuevo de 14:30 a 16:00, o que las tengan de 14:00 a 16:00. Y para los padres que no lleguen a tiempo de recogerles a las 16 las extraescolares son necesarias da igual la jornada que tengan. Es más, para los niños cuyos padres o abuelos puedan recogerles a las 14, supone tener mucho más tiempo a su disposición para jugar, descansar, estudiar…

En definitiva, que entiendo que haya padres que deseen jornada partida, pero yo me declaro abiertamente defensora de la continua.  Yo he sugerido por escrito al colegio de Julia que la adopte. Ojalá la tuviera. No tengo la menor duda.

Cada cual con sus circunstancias prefiere una u otra, es lógico. Nunca llueve a gusto de todos, ya sabéis… pero por lo que deberíamos luchar es por horarios más racionales en el trabajo, que nos permitan conciliar de verdad y no andar haciendo malabarismos.

Os he preguntado también en mi página de Facebook esta mañana y de los dieciseis comentarios solo uno pide la partida. Os dejo algunos:

– Continua. Nosotros hemos tenido partida y sin duda preferimos comer tranquilos sin el agobio d tener q salir corriendo. Si no me equivoco los niños cuyos padres trabajan se quedan en el comedor y salen a la misma hora, haya continua o partida

– Sin duda continua pero con la opcion de comedor y luego extraescolares para q si los padres tienen trBajos dificiles de compaginar al menos puedan seguir saliendo a horas compatibles con los padres. Mi hija es de partida y volver a las 3 da mucha pereza.

– Yo tengo continua y como alumna padecí la partida. Paso las tardes enteras con mis hijas, así que estoy contentísima.

– Continua sin duda…los niños (y yo) después de comer como que nos entra modorrilla…me imagino a los mayores dando mates a las 3 de la tarde….pa morirse.

– El primer años de cole de Alciia con un barrigón de nueve meses sufrí el periplo de la jornada partida con una niña de ters años y después con un bebé recién nacido…horrible. Acabé por no llevarla por las tardes, menos mal que ahora es continua.

– Nosotros comenzamos mañana la jornada continua, hasta ahora la hemos tenido partida, y creo que el cambio es a mejor, sin duda alguna.

– Continua, mañana empieza jornada partida (guardería) y cambia horarios de siesta y demas…y todo el dia en el camino, un ratito por la mañana y un ratito por la tarde a mi casi no me da tiempo a nada, asi que prefiero continua.

  ¿Y vosotros qué opináis? ¿Os quedáis con la jornada continua o con la partida?

 

Cuando la elección de un colegio que nos guste para nuestros hijos es imposible

El plazo para solicitar centro educativo en los ciclos de Infantil, Primaria y Secundaria de la Comunidad de Madrid arrancó este jueves. Lo explican divinamente mis compañeros Octavio Fraile y Mario Toledo en la noticia: La matriculación de alumnos arranca en Madrid entre quejas y temor por el área única educativa.

Un trámite rutinario que se repite cada año para cientos de miles de padres de alumnos, pero que este curso (2013/14) se presenta con temores y quejas debido al “caos organizativo” que puede generar la implantación del área única educativa y la falta de tiempo con la que han contado los distintos centros escolares para prepararse para el cambio.

Tras el enlace tenéis la noticia completa, yo os dejo aquí un párrafo y todos mis buenos deseos para que podáis lograr el centro educativo que deseáis para vuestros hijos.

Es muy importante sentirse a gusto con la elección de colegio que hemos hecho, que su sistema educativo nos cuadre, que el tutor también, que nuestros niños se sientan allí a gusto. El colegio en el que crezcan marcará mucho a nuestros pequeños. Tanto que no es raro que se produzcan cambios de centro, incluso a mitad de curso, precisamente por no querer que nuestros hijos se formen en un colegio en concreto, que tal vez para otros niños y padres sea estupendo, pero que en nuestro caso no.

Lo que no es tan conocido es que hay una gran minoría de niños cuyos padres no pueden hacer esa elección. Hay muchos niños para los que es imprescindible contar con un enfermero o enfermera en el centro educativo. Son niños que padecen todo tipo de problemas de salud: desde enfermedades crónicas como la diabetes que requiere del uso de una bomba de insulina, de controles de glucosa periódicos y ciertos conocimientos para atenderles hasta niños que se recuperan de un cáncer, que están en diálisis, a la espera de un transplante o a los que les han quedado secuelas de un accidente.

Muchos de esos niños ni siquiera pueden ir a un colegio en su municipio. Al ver la lista con los colegios de la Comunidad de Madrid con enfermero o enfermera una amiga comentaba: “En Ciempozuelos no hay ninguno”. No solo es el caso de Ciempozuelos. Aquí tenéis la lista. Hay 111 colegios, contando públicos, concertados privados y Primaria y Secundaria. Pensad que hay más de 3.000 centros educativos en todo Madrid. Es decir, los niños de Madrid que necesiten esa atención especial solo pueden elegir entre un 3,5% del total de centros educativos. Limitado no, limitadísimo.

Y no conozco la situación de los niños que vivan en Soria, Ciudad Real o Badajoz (me encantaría que me lo contaráis si lo sabéis), pero teniendo en cuenta lo que sé del autismo, es probable que aún tengamos que dar gracias en Madrid.

Un familiar mío, muy querido, está en esa situación. Hace dos días escribía en una red social lo siguiente:

Es injusto por dos partes. Primero porque al no haber enfermera en todos los colegios me veo obligado a meter a mi hijo en un colegio que no sería el que yo eligiría si no tuviese diabetes porque es el que tiene enfermera. El segundo caso es que mi hijo ya esté estudiando en un cole que me gusta y debuta con diabetes, en el cole que no tiene enfermera no se hacen cargo y me tengo que buscar la vida.

Para terminar os dejo con un texto de la Plataforma de Asociaciones de Enfermos Crónicos en Edad Escolar:

Acostumbrados como estamos desde hace décadas a bregar con el mismo problema (el de la falta de atención escolar a los niños con necesidades especiales no discapacitantes) esperamos por el bien de todos, que estos nuevos criterios de baremación no perjudiquen a aquellas familias que por recomendación médica o por falta de recursos, necesitan matricular a sus hijos cerca de su domicilio o lugar de trabajo.

Con motivo de la apertura del plazo de matriculación ordinaria este jueves día 25 de abril, publicamos AQUÍ el listado actualizado de los centro de enseñanza que disponen de enfermera.

Para dimensionar la tarea que aún nos queda por delante compárese el tamaño del listado con los más de 3.000 centros educativos que hay en la Comunidad de Madrid, la mitad de los cuales son de titularidad pública.

Nuestra primera pregunta a la Consejería de Educación es si los niños de 3 años que iniciarán el segundo ciclo de educación infantil este año podrán hacerlo en el centro elegido por sus padres.

La segunda pregunta es si los niños que sean diagnosticados en los próximos meses tendrán todas las garantías para continuar en su colegio sin trabas o serán invitados a matricularse en otro colegio como nos cuentan algunas de nuestras familias.

¿Qué se quieren? Soluciones que en esta época de crisis sabemos que es difícil que lleguen: más enfermeros, enfermeros que roten por los colegios, que los colegios se responsabilicen de los niños en los casos en los que con una pequeña formación puedan mantenerlos en su centro, al menos disposición para estudiar una solución que no implique matricular al niño en un colegio que no te gusta, que está en otra ciudad o que un familiar (normalmente la madre) tenga que dejar de trabajar hacer de enfermera de su hija en el colegio.

Ayudadnos a difundir lo que sucede por favor, para que al menos se sepa.

Una niña de dos años con diabetes jugando con un glucómetro junto a un perro de asistencia.

Una niña de dos años con diabetes jugando con un glucómetro junto a un perro de asistencia.

¿Cómo celebran vuestros hijos sus cumpleaños en el cole?

8545199892_96dbf63b6c_zEl sábado fue el cumpleaños de Julia. ¿Recordáis cuando os la presenté por primera vez en este mismo blog? Pues el bebé de casi cuatro kilos tiene ya cuatro años. Toda una niña pequeña que ha estado todo el fin de semana de celebración.

El sábado fuimos a comer a casa de su abuela, eligió la tarta más pomposa de nata y fresa que había en la pastelería. De la noche del sábado al domingo tuvo una noche de fiesta de pijamas, la primera, con una amiguita de casi tres años y un amigo que va camino de los cinco. Lo dieron todo, se durmieron a las doce de la noche jugando y a las ocho de la mañana estaban en pie listos para comer tortitas.   El domingo comimos con sus otros abuelos, de nuevo con tarta de nata y fresas, y por la tarde lo celebramos en el parque de bolas, por primera vez con amiguitos del cole.

Es decir,dos días enteros de fiesta. Agotador para pequeños y grandes, pero estupendo en todos los sentidos. Y no acaba ahí la cosa. Hoy ha ido al colegio con dos bolsas grandes de gusanitos, de la marca que le han dicho que lleve apta para niños con celiaquía. Siempre lo mismo, para que no haya diferencias entre unos niños y otros. Y en una cantidad que hace que todos los prueben pero que no se llenen. Las chuches, prohibidas.  Le pondrán una corona y cuando llegue a casa, en un ratito, me contará qué tal lo ha pasado.

Es curioso las diferentes maneras que tienen en cada colegio de celebrar los cumpleaños. En el de Julia además celebran todos juntos los cumpleaños del trimestre tres veces al año, una buena manera de tener una fiesta conjunta y de que los niños que cumplen años en agosto, como Jaime sin ir más lejos, también tengan su momento. Sinceramente, me parece un buen sistema.

Pero por lo que estoy oyendo las costumbres varían muchísimo en los diferentes colegios, escuelas infantiles y guarderías.

En algunos sitios aún se hace como cuando yo era pequeña, que llevábamos caramelos y el cumpleañero los repartía. En otros, sobre todo guardes, me consta que se permite que los niños lleven un regalito a su elección para sus compis.

¿Cómo es en en el caso de vuestros hijos?

 

 

Esas sorpresitas que nos traen nuestros hijos del colegio

manualidades-ramo-flores-dia de la madreNo hay nada tan rico o tan bonito como lo que nos hacen nuestros hijos. Mi padre aún conserva un tarro para guardar lápices y bolis que le hice cuando debía tener 5 años con un tarro cerámico de yogur. Tiene dibujados un caracol, un árbol y una casa, los tres igual de grandes, aún no dominaba las escalas realistas.

Hoy Julia, como cada jueves, tiene talleres en el cole. Y ya sé que tendré una sorpresa cuando llegue a casa. Y sé que me encantará, y lo hará sinceramente. Me entusiarmará y se me notará sin tener que fingir.

El jueves pasado tuvo taller de cocina, que le chifla. Cuando llegué a casa me esperaba medio sandwich hecho con todo el amor del mundo en la encimera. “Mamá, lo he hecho para ti”. Y yo, feliz, me puse a comerlo. Al tercer mordisco noté algo demasiado crujiente. Al cuarto mordisco se repitió el fenómeno crocanti. Mi santo, que había llegado antes que yo, se había comido la otra mitad y me vio va y me dice sonriendo de oreja a oreja: “a mí me ha dicho que se le había caído un poquito al suelo”.

Ese día tuve doble sorpresa.

En fin… el resto fue a la basura, cuando ella no miraba e inmediatamente tapado con otras cosas por si acaso.

Es una pena que para el día del padre y de la madre en el colegio de Julia no nos preparen sorpresas. No lo hacen pensando en aquellos niños que no tienen un papá o una mamá a los que dárselo. En el cole de Jaime sí lo hacen. Yo lo hacía de pequeña y recuerdo que me encantaba preparar en clase esos regalitos para mis padres. Digo yo que no sería tan difícil ni traumático decirles a esos niños que no tienen papá o mamá que, en su caso, el regalito es para su abuelo, su tía o su hermanito. ¿No os parece?

¿Qué estamos haciendo mal?

Los alumnos españoles de 9 años no llegan a la media de la OCDE ni de la UE se titula una noticia de ayer, martes, que cita a un informe elaborado por la International Association for the Evaluation of Educational Achievement (IEA), en 48 y 63 países, según las pruebas PIRLS (Lectura) y TIMSS (Matemáticas y Ciencias) de 2011. Es parecido al famoso informe PISA, pero con niños más pequeños: nueve añitos.

En Matemáticas, España ha obtenido 482 puntos y, por tanto, se sitúa por debajo del promedio de los 63 países de 500 puntos, e inferior también de la media de la OCDE (522) y de la UE (519). Los resultados más elevados los han logrado Hong Kong-China (602), Irlanda del Norte (562) o la comunidad flamenca de Bélgica (549). La proporción de alumnos rezagados en España en matemáticas es del 13% frente al 7% de la OCDE. La proporción de alumnos excelentes en nuestro país es del 1% por el 5% de la OCDE.

En Ciencias, España obtiene 505 puntos, por encima de la media internacional de 500 puntos, pero por debajo de la OCDE (523) y la UE (521). España tiene un 8% de alumnos rezagados en Ciencias frente al 6% de la OCDE. La proporción de estudiantes excelentes en nuestro país es del 4%, mientras que en la OCDE es del 7%. Ciencias es la materia en la que menos alejada está España tanto de alumnos rezagados y excelentes con respecto a la OCDE.

Y una vez ofrecido un resumen de los datos, os dejo algunas perlas interesantes que se desprenden del informe:

  • España tiene un 19% de alumnos que no muestran interés en clase, una cifra que casi duplica a la media internacional, que se sitúa en el 10%.
  • En la media de los países participantes en PIRLS-Lectura hay un 9% de alumnos en centros con muy elevado énfasis en el éxito académico frente al 3% de España.
  • España es uno de los países donde menos diferencias existen entre colegios.
  • Los centros privados y concertados obtienen resultados superiores a los públicos, no porque sean mejores, sino porque sus estudiantes proceden de entornos socio-económicos más favorecidos.

 

¿Qué estamos haciendo mal? Porque está claro que estamos haciendo algo rematadamente mal. Probablemente estamos errando en varias cosas, que los problemas complejos no tienen soluciones fáciles. Pero el informe apunta a una causa con la que me parece que dan en el clavo: a nuestros alumnos no les interesan las clases. Por ser más concreto, dos de cada diez niños van al cole sin interés, sin ilusión, sin ganas de aprender. Y hablamos de niños de 9 años, no de adolescentes en lo que yo llamo “la fase anticontra”.

Y la culpa no es de los niños. Los primeros responsables de ese desinterés somos sus adultos de referencia: maestros y padres. También la administración pública y sus vaivenes y política del puño cerrado, está claro, pero creo que los profesores y, sobre todo, los padres, podemos hacer mucho, tenemos en nuestra mano lograr que la situación mejore para nuestros niños.

A los primeros me encantaría preguntarles qué creen que se puede hacer para evitar ese desinterés de los niños, para volver a entusiasmarles, a lograr que les guste ir a clase para aprender, socializar y divertirse. Sé que cuando uno está embarcado en una guerra contra esos gigantes que son molinos, sufriendo ajustes y recortes de todo tipo, ninguneado… es fácil acabar desmotivado en su trabajo. Pero cuando ese trabajo es la enseñanza, esa desmotivación la pagan los alumnos. No es fácil evitarlo, pero hay que intentarlo. Y luego hay otro mal común a todos los puestos de trabajo, que también afecta a los maestros: caer en la rutina, en el piñón fijo, en no reciclarse, en perder la ilusión. Cuando yo estudié no existía una marea verde, pero sí muchos profesores acomodados y/o desencantados con su labor.

Pero no quiero cargar las tintas con los profes. Los padres tenemos muchas pelotas botando en nuestro tejado. Ayer comentaba en twitter con mi compañero @hectormgarrido que durante varias generaciones los padres somos los culpables de haber trasmitido a los chavales un interés meramente utilitarista del estudio. Ha calado en nuestra sociedad, por desgracia, que estudiar solo sirve para conseguir un trabajo más cómodo o mejor pagado. Y no es así. Estudiar, aprender, leer, querer saber cómo funcionan las cosas sirve para ser personas mejores, más interesantes, con más andamiaje interno para moverse por el mundo y ser felices. Los padres podemos hacer mucho por transmitir a nuestros hijos el interés por saber, por descubrir, por investigar, por conocer, por ser críticos y tener siempre una pregunta preparada. Claro que es difícil transmitir lo que no se siente. El primer paso es recuperar nosotros ese interés.

También es importante no desacreditar desde casa la labor de los maestros. Si tenemos la mala suerte de que a nuestro hijo le haya tocado en suerte un mal profesional, claro que hay que tomar medidas, pero sin atacar a toda una profesión. Si padres y profesores vamos en la misma dirección, todo será mucho más fácil.

En el título del post preguntaba qué estamos haciendo mal. Os he contado lo que yo creo. ¿Qué opináis vosotros? ¿En qué nos estamos equivocando? ¿Qué podemos hacer como padres recientes?

El día del maestro más verde de todos

Hoy es el día del maestro. Por algún motivo que desconozco, y no sé si seré la única, yo identifico con esa palabra a los profesionales que atienden y enseñan a los niños más pequeños. Cuando los niños crecen, mi cerebro invoca otra: profesor. Me resulta difícil utilizar con ellos de forma espontánea la palabra tutor, que es la que parece que ahora prefieren. En cualquier caso, denominaciones aparte, es un buen día para recordar a aquellos que acompañan a nuestros hijos en sus primeros pasos escolarizados.

Creo que tenemos mejores maestros que nunca. Sé que siempre los hubo buenos y que siempre los habrá malos, pero de verdad estoy convencida de que tenemos mucha suerte con los hombres y mujeres que atienden a nuestros pequeños, que la gran mayoría están mucho mejor preparados y tienen más vocación que los que nos atendieron a nosotros.

Que tengamos los mejores maestros que nunca ha habido en España no significa que no puedan, que no deban, mejorar. Pero para eso hace falta que estén motivados, que se les apoye. Pero eso no es lo que está pasando precisamente en esta España de recortes.

Mis hijos tienen suerte. Jaime ha tenido distintos maestros, que en su caso son también estimuladores. Este curso, en su nuevo colegio, tiene a Fran, un chico joven, preparado, entusiasta y cariñoso. Entra feliz en el colegio todos los días. Julia está descubriendo en su primer año de cole a su primer adulto de referencia ajeno a la familia. Su profesora se llama Ana, también es muy joven, y ese nombre suena muchas veces en mi casa a diario. “Ana nos cuida mucho” “¿Jugamos al colegio y a que tú eres Ana?” “Ana es rubia” “Ana nos está enseñando la canción de una castañera”, “Ana se llama Ana, como la tía Ana”. Se nota que la adora y eso es muy buena señal.

Esos maestros, o tutores, o profesores, o como queráis llamarlos, se están enfrentando ahora a recortes sin precedentes. Los centros públicos tienen el presupuesto menguado, el ratio de alumnos (con necesidades especiales y sin ellas) aumentado, menos apoyos, menos manos y cada vez más padres que no pueden pagar mensualidades, extraescolares, libros de texto, cooperativas.

¿Cómo no dejarme llevar por la ‘marea verde’ en un día como hoy, en un post como el de hoy?

Además, como bien sabe Julia, que a todo el que se descuida le pregunta por sus colores favoritos, el verde es el color que más me gusta.

Integración, una utopía por la que merece la pena luchar

La integración, bien hecha, beneficia enormemente tanto a los niños con discapacidad como a los niños que no la tienen. Está demostrado con creces. El problema es que en nuestro país la integración de los niños y jóvenes con discapacidad en el sistema educativo no está funcionando como debería. Deja mucho que desear y cualquier padre de un niño con discapacidad o profesional de la educación con un mínimo conocimiento al respecto podrá corroborarlo.

En el mejor de los casos hay planes preciosos que se ponen en práctica sin apenas medios, medios que siguen recortándose a causa de la crisis. Hay educadores dejándose la piel por lograr que niños con una discapacidad estén felices y aprendiendo en sus clases que apenas disponen de apoyos y recursos. Son mayoría (y puedo hablar por experiencia) los padres que ven con buenos ojos esta diversidad en las aulas y los niños que asumen con naturalidad que alguno de sus compañeros sea diferente. Pero también es verdad que hay padres que no quieren que sus hijos “normales” tengan un niño de integración en clase o profesionales de la enseñanza que ven como un marrón e intentan quitarse de encima a estos niños.

La alternativa a la integración es la exclusión, el gueto de la discapacidad. El camino alternativo a la integración es tener a tu hijo en un centro especial, con niños con diferentes tipos de discapacidad, o específico, especializado en una discapacidad concreta. Centros muchos de ellos fantásticos sí, pero que deberían ser el plan B siempre.

Normalmente todos los niños, cuando son pequeñitos, siempre entran en integración. Según van cumpliendo años, su evolución se estanca, las enseñanzas se complican y sus compañeros pierden la inocencia y se malean, la mayoría de esos niños van descolgándose antes o después del sistema educativo integrador. Con Jaime ha sucedido en el paso a Primaria, ya os lo conté en su momento. Los hay que aguantan mucho más, pero pocos superan la jungla que es el instituto. De los que salen del instituto, muchos lo hacen muy machacados, teniendo ellos y sus familias que haber peleado el triple de lo que es lógico.

¿Eso significa que debamos cargarnos la integración, dejarla solo para los poquitos más capaces? No. Hay que insistir, pelear por ella, lograr que el sistema educativo pueda incluir y no excluir a todos los niños. Pero hay días como hoy, tal vez por lo mucho que llueve, que siento que es un planteamiento demasiado utópico, que nos queremos engañar a nosotros mismos, y que para tener la integración del “quiero y no puedo” es mejor no tener ninguna y ahorrar sufrimientos a los niños y sus familias.

En cualquier caso, lo que no puede hacerse jamás es atacar la integración de un modo tan simplista, erróneo, carente de conocimientos (habla de dos o) y falto de sensibilidad como la columnista de La Razón en Murcia Idoia Arbillaga en la pieza (por llamarla de alguna manera) que publicó el pasado 25 de septiembre.

Leer algo así es todo un revulsivo para perseguir sueños imposibles.

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Nunca me conformaré con un simple “bien” ante la pregunta “¿qué tal el cole?”

Esta es la tercera semana que Julia va al cole, la segunda sin periodo de adaptación. Lo que os voy a contar puede que os parezca tonto, pero para mi santo y para mí es una maravilla, una experiencia nueva que nos encanta: cuando vuelve del cole nos cuenta lo que ha hecho, si ha dibujado, si se ha comido entera la manzana, si tiene una amiga que se llama Cristina… Ayer por la noche nos cantó enteras tres nuevas canciones que ya se ha aprendido.

“Eso es lo normal”, diréis. Pues no. En nuestro caso no lo es. Jaime lleva tres años acudiendo al colegio y jamás ha podido contarnos nada. Toda la información sobre lo que sucede durante las horas que pasa ahí dentro la sacamos del cuaderno viajero que escriben sus profesores, de lo que sus profesores nos cuentan de viva voz o de observar si entra y sale contento del centro.

“Sí, ya, pero es que Jaime tiene autismo y no habla”, podríais aducir.   Cierto, pero también es verdad que hay niños sin autismo que no explican lo que hacen en el colegio. Y hay otra variante, la de los niños a los que siempre les va “bien” en el cole. Yo era de esas. Tendría que preguntar a mi madre cómo lo recuerda ella, pero yo me recuerdo como una niña que cuando escuchaba de padres o abuelos la pregunta “¿Qué tal el cole?” siempre contaba lo que querían oír, lo que les tenía felices y contentos, porque yo amaba a mis padres y abuelos y por tanto les quería felices y contentos.

Era un error, ahora lo sé. Del colegio hay que contar lo bueno y lo malo, lo bueno para disfrutarlo juntos y lo malo para ponerle remedio o, al menos, encontrar comprensión y apoyo. Y os aseguro que voy a trabajar para que mi hija me pueda contar todo, para que entienda que me interesa lo que le pase mientras esté en el cole y que puede contar conmigo, que no son mundos independientes. Obviamente, según se haga mayor, necesitará también reservarse muchas cosas. Es sano y lógico, pero que lo haga por los motivos correctos.

De momento seguiré disfrutando de las canciones y pequeñas actividades que me vaya contando. Y nunca me conformaré con un simple bien.

El caso de Marcos y otros niños con necesidades educativas especiales

Nos ha escrito un lector pidiendo difusión para el caso de su primo Marcos. Me temo que hay miles de casos como el suyo. Y de niños desplazados aún más kilómetros que él. Hay muy pocos institutos preparados para atender a alumnos con necesidades especiales porque pocos alumnos así llegan tan lejos y porque es mucho más fácil pasar a los dudosos, los que tal vez conseguirían seguir en educación integrada, a un centro especial. Valga el caso de Marcos y sus vecinos por todos los demás:

mi nombre es Pedro. Os envío este correo para exponeros brevemente el caso de Marcos, mi primo, un niño vecino de la localidad Garrucha (Almería) que precisa una educación especial recomendada por los expertos en sus informes. Hay varios niños en esta situación.

Estos niños necesitan un profesor de Educación Especial en el IES Mediterráneo de Garrucha, pero en la actualidad no hay, lo que implica que todos los niños/as de Garrucha con necesidades especiales se desplacen a Vera a otro centro, fuera de su entorno, lejos de la gente que los conoce y entiende sus problemas, y con nuevos adolescentes, que ya sabemos lo crueles que pueden llegar a ser con los niños con problemas.

Lo que piden sus padres (y pedimos los demás) es un profesor/a de Educación Especial, sólo eso. Toda la info está en www.todosconmarcos.es, y tenemos una campaña de recogida de firmas en change.org. También nos estamos moviendo por las redes sociales, y en twitter con el hashtag #todosconmarcos

La situación actual es que todos apoyan la causa, pero la Delegada de Educación de Almería da largas y pasa un poco del tema, de momento. La familia no va a parar de luchar, manifestarse, o hacer ruido hasta que los derechos de estos niños sean respetados.

Primer día de cole: “Hemos hecho muchas cosas, pero hemos hecho pocas cosas”

Primer día de cole, superado con alegría. Ha sido apenas media hora y eran únicamente seis niños, así que le ha sabido a poco. Lo primero que ha dicho según ha salido por la puerta, sonriente y haciendo el trenecito aferrada a la camiseta de un compañero, es: “Hemos hecho muchas cosas, pero hemos hecho pocas cosas”. Era su manera de explicar que se le hizo corto.

“Había una niña que lloraba todo el rato, quería volver con su mamá”, también me ha explicado. Solo una, los otros cinco estaban todos como unas pascuas.

Mañana irá una hora entera y serán el doble de niños. Calculo también el doble de entusiasmo. Está encantada por ser mayor e ir al cole. De hecho, de las ganas que tenía, la noche del domingo al lunes se despertó a las cuatro y media de la mañana y vino a nuestro dormitorio queriendo ir ya al cole.

Jaime ya comenzó el lunes pasado. Él ya es un veterano en eso de ir al cole. Entró feliz y salió feliz y cansado.

¿Cómo ha sido el primer día de colegio de vuestros peques?