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¿Qué harías si te invitaran a una boda en la que tus hijos no son bienvenidos?

El pasado viernes una amiga estuvo de boda. Aunque la gente se casa durante todo el año, lo cierto es que con el buen tiempo estas celebraciones se concentran. Ella es madre reciente (reciente de verdad, no como yo que elegí tan mal el nombre con el que escribo aquí que dentro de poco tendré que cambiar el mío a ‘madre de adolescentes’), y estuvimos hablando de ir las bodas con niños.

(GTRES)

No es el mismo plan que cuando ibas soltero y dispuesto a darlo todo en la fiesta. Con niños pequeños sueles preferir las bodas de día. No sólo porque es más fácil que puedas llevarlos, también porque si vas a una boda por la noche, con y sin niños, es muy probable que acabes muerta de sueño, mirando con envidia a los abuelos que aguantan unas pocas canciones sentados y se marchan con el primer autobús.

Nosotros no llevamos nunca a Jaime a las bodas a las que nos invitan. Fue a un par de ellas de familiares muy cercano hace bastantes años, y la última fue un desastre del que tuve que irme a la mitad. Para él, con su autismo, es imposible concebir una comida que dura cuatro horas. Al baile no llegamos en ningún caso, pero probablemente habría llegado agotado y todo aquello le habría saturado. No hay necesidad de hacérselo pasar mal solo porque haya gente a la que le haría ilusión verlo por allí un ratito.

Lo cierto es que él no concibe estar comiendo o cenando a lo largo de cuatro horas, pero tampoco lo hace ningún niño pequeño. Para todos los que conozco es algo excesivo. Tienen que levantarse y jugar para aguantar. Es lógico, son niños. Y mientras puedan divertirse sin hacer tropezar a los camareros, arriesgarse a tirar abajo las cortinas, no veo el problema en ver jugar a un niño en una fiesta familiar.

Hay bodas concebidas para que vayan los niños y lo pasen bien. Bodas al aire libre en las que hay columpios, toboganes y espacio para correr, bodas en las que incluso hay una persona contratada para jugar con ellos y estar pendiente de ellos. Bodas relajadas en las que se ve que los novios disfrutan teniendo a sus sobrinos o los hijos de sus amigos a su alrededor.

Hay otras en las que no es así. Los novios tienen otro concepto de boda en el que los niños no están contemplados y, si van, aguantan como pueden el evento, intentando divertirse dentro de lo que haya a su alcance. Y, obviamente, los novios están en su derecho de planear ese día como mejor les parezca. Luego está el sentido común de los padres para ver si a ese tipo de boda en concreto llevan a sus hijos o no, si es que tienen opción (en forma de canguro) para no hacerlo.

Pero hay algo a lo que no estoy tan segura que tengan derecho, y es a prohibir directamente la entrada de niños a su boda.

“¿Has oído hablar de las bodas que no admiten niños?”, me preguntó mi amiga, y añadió, “¿qué harías tú?”.

“Pues depende”, contesté. Depende de quién se case, el vínculo que nos una, cómo sea la boda, si nos lo han planteado como una sugerencia o como una prohibición innegociable (los hay que incluso lo plantan por escrito en la invitación impresa), de si han invitado a sus niños más cercanos y los prohibidos son los de los amigos…

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Bodas diurnas, las mejores para los padres recientes

Esta semana hemos comprado un vestido de fiesta talla 36 meses, unos zapatos de charol claritos y una diadema con flores. El equipo completo para que Julia vaya a su primera boda linda como una princesa. Será su primera boda, la segunda de Jaime que en sus casi 6 años solo fue a la de sus tíos con dos años, y es la de un familiar cercano al que tenemos cariño. Si hubiera sido la típica boda de compromiso a la que te sientes medio obligado a ir, no los llevaríamos.

Si hubiera sido una boda noctura, tampoco. Ni a ella ni a Jaime por supuesto (a él aún tengo que comprarle la ropa, por cierto). Siempre he creído que las bodas de noche no son las idóneas para los que tenemos niños pequeños. Sé que hay niños que aguantan lo que les echen, que se duermen tan contentos en el carrito o en cualquier sillón cómodo si la cosa se prolonga. Pero ese no es nuestro caso. Jaime llevaría fatal lo de una cena interminable a las tantas: él está acostumbrado a cenar entre 20 y 20:30 y a irse a dormir a las 21 o 21:30. Para tener autismo es un niño muy flexible, pero no tanto. Y Julia viviría la cena/fiesta encantada de la vida, pero pronto estaría agotada, pidiendo irse a dormir, quedándose frita de cualquier forma e incluso irritable.

Por suerte como os decía, en este caso es una boda diurna. No sé si vosotros también compartís mi creencia de que es el mejor horario para los padres recientes. Aún así es probable que nos retiremos mientras aún dure la fiesta. Ya veremos…

“Las bodas no son para los bebés”

Eso dijo una amiga de la familia el día antes de esa boda tan cercana de la que os hablaba el viernes.

Y la verdad es que, aunque mi peque no podía dejar de ir, tenía más razón que una santa.

Para un bebé tan pequeño una boda es un desbarajuste de horarios, un sindios de extraños.

Me perdí la ceremonia casi entera: me pilló dándole el potito de mala manera en la cafetería del restaurante.

Y eso que no me puedo quejar, que las dos horas del banquete se las pasó dormido y pudimos comer tranquilos.

Después le metimos un rato en el parque, que llevó el novio previsoramente el día antes junto con los puros y demás archiperres nupciales.

Afortunadamente, poco después de que los novios abrieran el baile los abuelos se lo llevaron a casa. Él descansó y nosotros pudimos disfrutar un poco.

Era una boda diurna. Si hubiera sido por la noche la cosa hubiera estado más difícil.

El 7 de junio tengo otra boda de un amigo. Y se quedará con sus abuelos desde el principio.

¿Estás de acuerdo con que “las bodas no son para los bebés”?