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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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Es nuestra responsabilidad como padres no fomentar la existencia de los tiovivos con ponis de las ferias

Los padres tenemos la responsabilidad de fomentar la sensibilidad de nuestros hijos hacia los animales, que es una manera de cultivar su bondad. Tenemos la responsabilidad de no favorecer el maltrato a otros seres vivos a cuenta de mirar hacia otro lado, de no querer ver lo que tenemos delante de nuestras narices.

Todos los carruseles tendrían que ser así, de plástico.


Tenemos la responsabilidad por tanto de no acercarnos a esos ponies que aún se pueden ver dando vueltas en las ferias por toda España, ferias que se multiplican con la llegada del buen tiempo y las fiestas de los pueblos.

Si lo ignoramos, si cedemos a la ciega ilusión infantil por dar tres vueltas en uno de esos pobres animales por un par de euros, estamos cultivando en nuestros hijos que su diversión está por encima del bienestar de otros y estamos fomentando una práctica que ya va siendo siglo que acabe.

Los tiovivos de las ferias deberían tener únicamente animalitos de plástico de una puñetera vez. Son instrumentos de tortura para los animales que van atados a ellos, dando vueltas sin parar en un entorno ensordecedor, lleno de polvo con frecuencia, muchas veces con un calor excesivo, sin tiempo de descanso, sin estar convenientemente hidratados, sufriendo traslados constantes y siendo estabulados con deficiencias.

La primera vez que nos encontramos ante uno de estos horrores Julia tenía unos tres o cuatro años y quiso subir. La hice ver que los ponis no lo estaban pasando precisamente bien, que no estaban bien cuidados y que no íbamos a darle dinero a unos señores que los trataban así de mal. Lo entendió perfectamente.

Esos tiovivos son algo que es nuestro deber como padres evitar, haya ponis preñados o no como es el caso de este tuit, que es lo que ha motivado este post. Que no reciban nuestro dinero contribuirá eficazmente a que acaben desapareciendo.

La asociación AnimaNaturalis convocó hace escasos días unas protestas en Galicia a cuenta de estos carruseles, con motivo de esa concentración explicaban lo siguiente:

“Cada año”, ha relatado Anima Naturalis, “en diferentes municipios de España se ponen carruseles con animales vivos, donde pasan jornadas enteras sin descanso, y algunas veces incluso sin agua cerca ni comida”.

Entre los motivos por los que esta entidad se muestra en contra de los carruseles de ponis son que “pasan el 95 por ciento de su tiempo atados a cuerdas de poca longitud; hacen viajes muy largos y estancias muy cortas; con alojamiento poco apropiado; y cada atracción tiene sus propios altavoces, que produce estrés puesto que está calculado que pasan unas 1.500 veces al día delante de ellos”.

A esto suman “las luces funcionando constantemente y distintas intensidades que producen alteraciones ópticas y ceguera; duermen en camiones durante el día y su jornada laboral es de noche alterando su ciclo vital; debido al peso que soportan y a la poca calidad de las sillas de montar sufren desviaciones de columna; falta de atención veterinaria al cambiar de ciudad constantemente; y están expuestos a climas y condiciones ambientales inadecuadas”.

“Todo ello afecta negativamente a su salud, a su comportamiento (desarrollan estereotipias), a su alimentación y reproducción y les impide llevar una vida digna”, ha añadido.

Animaturalis ha señalado que, “afortunadamente, las normativas son cada vez más restrictivas y van creciendo las atracciones que utilizan ponis de atrezo o mecánicos”.

Los mejores amigos de los niños pueden ser sus perros, más que sus hermanos

Hay muchos estudios que recogen las diferentes razones por las que los niños se benefician de la compañía de animales, normalmente de perros. Mejora su autoestima, su sentido de la responsabilidad, proporcionan seguridad, un cariño incondicional, horas de juego e incluso de terapia.

Aunque el motivo para añadir un perro o cualquier otro animal a la familia no es la búsqueda de estos beneficios o atender al capricho de un niño emocionado con La patrulla canina o cualquier película de aventuras perrunas. Un animal es un compromiso y una responsabilidad por muchos años que un niño no puede asumir. Nosotros, sus padres, somos los que debemos estar dispuestos a afrontar los costes, molestias y retos que se nos plantearán. Y dar ejemplo haciéndolo. Nunca me cansare de decirlo.

Pero volvamos al estudio publicado en Journal of Applied Developmental Psychology del que quería hablar hoy aquí. Tras estudiar a 77 niños de doce años, los investigadores de la Universidad de Cambridge han llegado a la conclusión de que los perros son los mejores amigos de los niños, y no el resto de niños que les rodean. Ni siquiera los hermanos superan la relación que tienen con los canes.

“Uno de los hallazgos más chocantes de nuestro estudio es que los niños no muestran menos cercanía con sus mascotas que con sus hermanos, pese al hecho de que los animales no se pueden comunicar completamente ni entender lo que se les dice”, comenta el autor del estudio Matt Cassels. “Sus principales ventajas frente a los hermanos es que no juzgan ni critican, no se muestran en desacuerdo y nunca comparten un secreto”.

Pues a mí no me sorprende tanto. Tal vez porque tuve perro de niña y nunca hermanos. Tal vez porque sigo teniendo perro y conozco bien la relación que se establece con ellos. Tal vez porque he presenciado muchas peleas y rivalidades entre hermanos (intrascendentes cuando son niños, terribles cuando son adultos). No pasa siempre así, por supuesto. Hay hermanos que son los mejores amigos, de pequeños y de mayores. Y hay niños que no sienten ninguna afinidad con los animales y los perros les resbalan. Pero no, no me sorprende.

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‘El silencioso amigo del viento’, el libro que se rebeló y se convirtió en un cuento para niños

Hay libros que no están pensados para niños, pero que los niños descubren y aprecian. Eso ha pasado con El silencioso amigo del viento, un libro ilustrado con galgos que todas sus páginas y que se gestó en 2014 mediante una campaña de crowdfunding y que vio la luz con la intención de ayudar a estos hermosos animales.

Julia lo descubrió en casa al poco de su publicación. Llamó su atención su formato de cuento y quedó fascinada por las preciosas ilustraciones de Rafael Jaramillo. Aquella noche lo leímos, recorrimos sus páginas mientras yo se lo adaptaba y ella se emocionaba con la historia.

“Tengo que hablar de tu libro en el blog, es estupendo para los niños”, le dije a Lisi Gutierrez, su autora, que manifestó sus dudas. Ella no lo había concebido para el público infantil. Y la cosa quedó ahí.

Las pasadas navidades Lisi me escribió: “Me convenciste primero tú y luego la Asociación Amigos contra el Maltrato y el Abandono Animal (AMAA) de que El silencioso amigo del viento sí es cuento para niños”. Y me mandó este enlace a su blog: El silencioso amigo del viento ¿un libro infantil?, en el que contaba que un 2 de abril, día internacional del libro infantil, se había llevado a cabo un cuentacuentos que había sido un éxito.

Claro que sí, claro que es un cuento fantástico, aunque no naciera como un cuento. Hay libros que se rebelan y bien está que así sea. Cuando uno tiene hijos, tiene que estar preparado para que sigan su propio camino.

El silencioso amigo del viento es un cuento con un héroe que las pasa canutas hasta encontrar su final feliz en forma de caricias en el sofá y carreras en la playa; con monstruos y hadas madrinas que existen entre nosotros y conviene aprender a reconocer. No sé vosotros, pero yo enseñaré a mis niños a desconfiar de aquellos que son crueles con los animales.

La obra de Lisi y Rafa es un cuento que crea conciencia, que estéticamente es muy hermoso y que dona parte de lo que obtiene con su venta a protectoras de animales que luchan por un futuro para los galgos que se abandonan y maltratan en este país.

Una pequeña joya en la estantería, una de esas que se prestan con vuelta.

Si hay alguien interesado en el cuento lo puede adquirir por 18 euros en España y 25 al resto de Europa (gastos de envío incluidos) escribiendo a lisienator@gmail.com.

‘Fauna’, un juego de mesa para aprender geografía, pesos, medidas y mucho sobre animales

imageHace mucho que no os recomiendo un juego de mesa, y hace mucho que quería hablar de Fauna, así que aquí lo tenéis. Vamos a ello.

Fauna es un juego creado por Friedemann Friese, un autor conocido por su pelo verde y que casi todos sus juegos comienzan por la letra F. Suyo es el fantástico Alta tensión (en alemán debe ser más sencillo lo de la F dice mi santo). Ahora lo edita Devir y se puede encontrar por poco más de 30 euros.

Es un juego fantástico para aprender sobre animales, geografía y pesos y medidas. Ahí es nada. Educativo a más no poder. Y como a muchos niños les encantan los animales y aprender de ellos, pues hay una motivación extra.

El juego trae dos juegos de tarjetas de animales, 360 en total. En todas ellas hay información sobre las zonas en las que habita, su peso, su altura y la longitud de cola (de tenerla, claro).

Uno de los juegos de tarjetas, el negro, trae animales más difíciles por menos conocidos. La colección verde de tarjetas es más sencilla y más recomendada cuando empecemos a jugar con niños.

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‘Mascotas’, la película en la que los animales se contagian del humor y la ternura de Gru y los Minions

Este martes he podido ver con Julia y con un mes de antelación Mascotas, la apuesta de Universal para el verano: se estrenará casi exactamente dentro de un mes, el 5 de agosto.

Nosotras teníamos muchas ganas de verla, ya lo había comentado en este mismo blog en el pasado. Mi hija se sabía los tráilers de memoria y a mí el planteamiento me parecía original y apetecible. ¿Qué hacen nuestros animales de compañía mientras nosotros estamos en el trabajo?

Pues suponiendo que esos animales tuvieran una inteligencia humana y solo les faltara hablar, algo que hemos oído muchas veces a nuestro alrededor por cierto, harían cosas así:

¿Divertido, verdad? Pero poco más sabíamos de la película salvo que se desarrollaba en un Nueva York otoñal e impoluto. Y tampoco quiero desvelar mucho más, la verdad, que últimamente los periodistas que hacen spóilers en los medios reciben comentarios más duros que los corruptos que mangan del erario público.

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Una niña, un viejo gato, una historia de amor

Flash llegó a nuestra casa en 2002, siendo un cachorro nacido de una gata abandonada y rescatada. Incluso siendo una bola de pelo de pocos gramos, demostró tener una personalidad (gatonalidad) especial. Decidió que la cruce de pitbull con la que vivíamos entonces era su madre, que todo el mundo (bípedo o cuadrúpedo) era invitado a nuestro hogar mientras tuviera claro que era su castillo y que no había actividad que no pudiera supervisar ni caos al que no pudiera imponerse con su flema inglesa felina.

Cualquiera que entra en casa y dedica unos minutos a conocerle, llega a la misma conclusión. Flash es mucho Flash.

Cuando tenía casi cinco años llegó Jaime, que siendo bebé reía a carcajadas viéndole y se aferraba sin miedo con sus puñitos a su espeso pelo. Con diecisiete meses dijo “gato”, fue una de sus primeras palabras, una de las que perdió cuando poco después el autismo le hizo dar un salto atrás.

Tenía siete cuando llegó Julia. No sabíamos entonces hasta qué punto iba a ser mágica la relación entre ambos. Pese a tener perro en casa, también otra gata, Julia siempre tuvo especial afinidad con Flash. Es su gato, su favorito. Si ella está enferma, no falla, allí está él a su lado. También si está en el sofá jugando con la tablet, una mano siempre reposa en su pelaje naranja. Le lee cuentos, duermen juntos con frecuencia, le ha disfrazado, le defiende cuando nuestra perra juega algo brusco con él.

Han llegado nuevos bebés a la familia, junto a todos ellos Flash se ha tumbado y ha permitido que le agarraran del pelo, de las orejas, ronroneando incluso.

imageNo todos los animales son para todos los niños, pero hay entre algunos animales y algunos niños hay una química especial que es una maravilla contemplar.

Y pensar que aún hoy hay gente que se deshace de estos animales cuando llega un bebé… Miedo a la toxoplasmosis, a que salten a su cuna y los sofoquen, a que los arañen. Miedos absurdos todos ellos que ponen freno a una relación mágica como la que yo veo a diario, como la que ambos, niña y viejo gato, disfrutan.

El otro día os hablaba de cómo los animales puede ayudar a los niños a asumir la muerte con naturalidad. También la vida, creedme.

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Los animales no son juguetes, pero la mitad de los niños reconoce haber pedido un perro o un gato a los Reyes

Hoy, diez de diciembre, es el Día Internacional de los Derechos de los Animales, así que vamos a hablar de animales y también de niños.
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En casa tenemos dos gatos y un perro. Formaban parte nuestra familia antes de que llegaran nuestros hijos, son ya animales mayores, con menos necesidad de actividad y mayores gastos veterinarios. Parte de nuestra familia como os contaba. A mis hijos jamás se les ocurriría pedir un animal a los Reyes Magos. Jaime porque por su autismo está lejos de entender ese concepto. Julia porque desde hace bastante sabe bien que los animales no son juguetes y que no se compran, que se adoptan. Hemos estado con ellos con frecuencia en protectoras y eventos relacionados con la adopción (que os recomiendo si tenéis niños).

Pero según un estudio de la Fundación Affinity, la mitad de los niños reconoce haber pedido un perro o un gato en navidades. Afortunadamente el 98% de los niños tiene claro que los animales no son juguetes.

¿Por qué los niños piden perros y gatos? Según el II Análisis Científico de esta fundación sobre el vínculo entre personas y animales de compañía, en un 60% de los casos los niños asocian al perro o gato con un ‘compañero de actividades y juegos’ e incluso, 8 de cada 10 niños de entre 9 y 12 años prefieren jugar con su gato o su perro antes que con videojuegos. Además, para uno de cada dos niños el animal, después de sus padres, representa la principal fuente de apoyo emocional.

Ahora os voy a dar otro dato: un tercio de los perros que hoy están en un centro de acogida llegaron a su casa en forma de regalo. En España se calcula que se abandonan 150.000 perros y gatos al año.

¿Qué es lo que está fallando entonces? Está claro. Somos, nosotros, los adultos, que tal vez en un plano teórico también sabemos de sobra que los animales no son juguetes, que son una responsabilidad para toda la vida y un miembro más de la familia por muchos años y que implica gastos y tiempo. Pero aun sabiendo de sobra todo eso con lo que nos han machacado, a veces tendemos a lanzarnos a la piscina sin reflexionar sobre la profundidad del agua cuando al otro lado de la balanza esta la ilusión de nuestros hijos.

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Un niño con autismo, una perra que ha pasado por el abandono y el maltrato (mi hijo, mi perra)

imageJaime tiene nueve años y autismo. Es un niño feliz que dice muy pocas palabras y al que le encantan las cosquillas y la gelatina roja. Cuando vamos con él por la calle, a menos que sea por un sitio muy tranquilo o peatonal, lo llevamos siempre de la mano. No es demasiado escapista (hay bastantes niños con autismo que sí lo son), pero no mide los riesgos y puede salir en una carrera repentina hacia un coche. A sus abuelos ya les empieza a costar llevarle por la calle, es un niño grande y con mucha fuerza que puede dar buenos tirones. Uno de los objetivos a trabajar con él es que pueda andar solo, a nuestro lado.

A veces me han preguntado, sabiendo de mi amor por los perros y que tengo más conocimientos que la media, si no me interesaría tener un perro de asistencia para Jaime, un perro preparado para ayudarle con su autismo, para practicar el anclaje y evitar conductas de fuga, deteniéndose ante semáforos y pasos de cebra, para dormir con él y procurarle buenos sueños, para calmarle en momentos de estrés.

Pero es que, independientemente de que esos animales no son tan fáciles de conseguir, yo ya tengo perro, una perra ya anciana que lleva muchos años en la familia, de cuya compañía se benefician mis hijos.

Troya tiene unos dieciséis años y es paciente, tranquila y sociable. En muy buenas condiciones físicas pese a su edad y la mala vida que llevó antes de que diéramos con ella. Es nuestra perra desde que la adoptamos hace más de una década. Un cruce de caza de unos veinticinco kilos que viene del abandono y el maltrato. Cuando la adoptamos tenía mucha hambre acumulada, miedo a los hombres y a los petardos, leishmania y decenas de perdigones bajo la piel. El miedo a los hombres ha desaparecido, la leishmania está negativizada y ya no hay hambre acumulada, aunque no perdona cualquier alimento que toque el suelo.

Jaime llegó a casa cuando Troya llevaba ya unos años con nosotros, creció con ella, acostumbrado a vivir rodeado de animales (también tenemos dos gatos) con toda la naturalidad del mundo. Igual que su hermana, que ahora tiene seis años.

Hace ya más de tres años empezó a llevarla de la correa. En sitios tranquilos, en los que el tráfico no es un peligro. Trabajábamos con él así la atención y la autonomía.

Este fin de semana hemos salido a pasear por primera vez por la calle con un arnés de canicross que le sujeta a Troya. Y lo haremos mas veces. De hecho tendríamos que haberlo hecho antes. Ha ido tranquilo, caminando a su lado, con la seguridad de que no puede escaparse, pero tampoco intentándolo; suelto, sin ir de la mano, atento.

Al ver ese vídeo algunos me han consultado cómo hacerlo con sus propios perros. Yo no lo intentaría a menos que tengamos la seguridad de tener un animal tranquilo y confiable. Y teniendo en cuenta que nunca vamos a tener un verdadero perro de asistencia, algo para lo que es necesaria mucha preparación y conocimientos. Pero nuestro perro de familia puede hacer mucho. La Fundación Bocalan tiene el programa Paws en el que nos dan pautas para poder sacar partido en este sentido a nuestros perros, en cuya presentación estuve hace dos años. Si os interesa el tema, os recomiendo que no le perdáis la pista.

También me han preguntado varias veces qué perro tener si se tiene un niño con autismo. Suelo recomendar ir a una buena protectora, una de confianza en la que conozcan bien a sus animales, contarles nuestras circunstancias y buscar un animal tranquilo, ya adulto, de al menos veinte kilos de peso. No es necesario que sea de ninguna raza en concreto, tampoco me parecen recomendables los cachorros, juguetones, con una evolución desconocida y exigentes en atención y cuidados. Algún caso he conocido de precioso cachorro de labrador que ha tenido que ser devuelto al criador.

En este último vídeo podéis ver a Jaime hace cuatro años y medio con Melchor, uno de los perros de asistencia para niños con Autismo de la Fundación Bocalán.

 

 

 

Qué hacer cuando nuestros hijos nos piden un perro o un gato

prote1Con mucha frecuencia nuestros niños nos piden un perro o un gato. Raro es el pequeño que no se empeña en tener un amigo de los de cuatro patas en algún momento de su vida. Lo más inteligente, la única decisión razonable, es negarse a menos que todos los miembros de la familia estén de acuerdo en hacerse cargo de la responsabilidad que supone, una responsabilidad que un niño no va a poder asumir por mucho que jure y perjure que él se encargará de todo. Tengamos meridianamente claro que ese cargo es de los adultos y puede durar más de quince años.

En España se calcula que se abandonan 150.000 perros y gatos al año. En las perreras y protectoras hay animales perfectos para nosotros. Siempre recomiendo a los que quieren tener un perro o un gato y tienen niños en cada, acudir a una buena protectora en la que conozcan bien a sus animales, dejar peticiones de aspecto a un lado y explicar al voluntario que nos atienda nuestro estilo de vida y buscar un carácter dócil y dulce, paciente con niños y con un tamaño al menos mediano para resistir sus embistes cariñosos. Así es prácticamente imposible equivocarse.

Cuando deseen un perro o un gato y, tras reflexionar, decidáis sumar otro miembro a la familia. Por favor, no compréis un cachorro de cristalera. Adoptar es la mejor opción en muchos sentidos: por la enseñanza de responsabilidad y conciencia, de no primar aspectos superficiales que damos a nuestros hijos, por el bien que hacemos.

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¿Qué pasa cuando nos piden un perro y un gato y, con buen criterio, decidimos que no podemos tenerlo? Estoy harta de ver regalos que son sucedáneos de tener a ese animal en forma de peluches de distinto tipo, incluso capaces de andar con correa, ladrar y reaccionar mecánicamente a caricias. Los catálogos de las jugueterías están llenos de ellos. La mayoría acaban olvidados al poco tiempo.

Muchos de nuestros niños tienen demasiadas cosas. Muchos juguetes, muchos peluches, mucho de todo que les aporta muy poco.

Otra opción frecuente es optar por una mascota más pequeña y menos exigente: hámsters, pajaritos, peces… Algunas veces sale bien y el animalillo suplente es bien cuidado y querido. Demasiadas acaba en desastre para los pobres bichos.

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Cuando deseen un perro o un gato y, tras reflexionar, decidáis NO sumar otro miembro a la familia, os voy a proponer algo muy distinto al juguete destinado al olvido o al hámster.

¿Qué tal regalar una experiencia solidaria, con la que se aprenda, con la que eduquemos? ¿Qué tal regalar el apadrinar a un perro o un gato? Se paga una pequeña cantidad, en algunos casos el niño podrá elegir su nombre, tendrá una foto del animal en casa, podrá acudir a pasearlo o jugar con él si va a visitarlo a la protectora. Incluso podemos intentar con nuestro hijo buscar un buen hogar para él, que siempre habrá más perros y gatos a los que apadrinar.

Se puede apadrinar sin pisar la protectora, pero también podemos ir a elegir a nuestro apadrinado.

De hecho creo que la visita a una protectora de animales debería ser una excursión obligatoria en todos los colegios. Sólo con medidas así se crea conciencia y hay una oportunidad de frenar la terrible situación de maltrato y abandono animal que hay en España.

Hace poco más de un mes estuve con mis hijos y su prima visitando las instalaciones de una protectora, fuimos en concreto a Amigos del Perro en Langreo. Recorrimos todos los cheniles acompañados por su presidenta y conocimos a todos sus ocupantes, uno a uno. Regalamos las caricias que pudimos, que siempre saben a poco tanto a los perros que allí había como a los que las prodigamos.

Las niñas estuvieron jugando con un par de preciosas y sociables panteritas, con algunos de los perros, pusieron nombre a los siguientes cuatro perros que entrarán y salieron de allí sabiendo que a un amigo como un perro o un gato no se le compra, se le adopta.

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Para terminar os dejo con Lara, una de las perritas con las que Julia y su prima estuvieron jugando y que doy fe de que es cariñosa, juguetona y está deseando una familia. Es poco más grande que un cocker, tiene casi dos añitos “de puras ganas de jugar y comerse el mundo, muy activa y nerviosa, necesita largos paseos, y es muy lista, aprende muy rápido lo que le enseñan los voluntarios”.

Contacto para adoptarla: adopciones@amigosdelperro.org 619 370 991

En los casi ocho años que llevo actualizando el blog he escrito varias veces de niños y animales. Aquí tenéis más lectura:

El derecho de los animales a no ser un juguete

Jaime paseando a nuestra perra.

Jaime paseando a nuestra perra. En su camiseta pone “No soy un juguete, soy tu colega”.

Hoy 10 de diciembre de 2013 conmemora el Día Internacional de los Derechos Animales. Desde 1998, hace 16 años, asociaciones involucradas en distintos aspectos relacionados con la defensa de los animales recuerdan la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, que pide algo tan sencillo como que los animales tienen derecho a una vida libre de sufrimiento, dolor y muerte causado por los seres humanos.

La fecha es la misma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, con la intención clara de ampliarla a todos los seres capaces de sentir. Nosotros también somos animales. Nuestros hijos son nuestros cachorros.

Que sea el 10 de diciembre, en puertas de la Navidad, me viene muy bien para recordar desde el blog a todo aquel que quiera escucharme que los animales no son juguetes. Muchos niños desean y consiguen animales como regalos de Reyes. Me parece muy bien siempre que se cumplan dos premisas:

Primero que sea una decisión meditada. Hay que estar dispuesto a dedicarle todos los cuidados que necesite, con lo que ello suponga en tiempo y dinero. Y en el caso de perros y gatos, que pueden vivir con nosotros 20 años, hay que pensar a largo plazo. Serán un miembro más de la familia durante mucho tiempo.

Beso de gato.

Beso de gato.

Segundo, siempre que sea posible, y me refiero sobre todo al caso de perros y gatos, no compres, adopta. Las protectoras están llenas de animales maravillosos. Para nuestros niños no tiene nada que ver la enseñanza de la solidaridad y la ayuda al que lo necesita que la de que un amigo se puede comprar. Tampoco tiene parangón mostrarle que preferimos el carácter antes que la simple belleza física. Pero si estáis empeñados en un perro o gato de raza, jamás, por favor, compréis un cachorro de cristalera. Acabemos con esa práctica llena de picaresca y abusos hacia los animales. Buscad un buen criador y acudid a sus instalaciones para asegurarnos de que hacen las cosas bien.

Y no olvidéis nunca que los niños no pueden responsabilizarse de un animal. Pueden ayudar, pueden incluso ayudar mucho, pero la responsabilidad es nuestra, de los adultos.

No me cansaré de repetirlo cada año, aunque sea clamar en el desierto. De tanto gritar tal vez se logre algún eco.