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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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Examina tus limones, una campaña para la detección precoz del cáncer de mama

Mi abuela paterna murió por un cáncer de mama. Primero lo superó, cuando yo era niña y ella rondaría los sesenta años. Recuerdo su lucha contra la quimioterapia, el pelo a la fuga, la peluca que nunca le acabó de gustar y el brazo que se le quedó hinchado para siempre. Mucho después, cuando ya hacía tiempo que se había convertido en octogenaria, volvió a dar la cara. Pero era ya muy mayor y la lucha era vivir el mayor tiempo posible sin sufrimiento y sin medidas drásticas. Acabó llevándosela, pero no por ello dejó de ser una superviviente.

Mi bisabuela paterna también murió por un cáncer de pecho. Más joven. Mi abuela me contó que se le hundió el pezón, luego el pecho se puso negro, luego murió. Eran otros tiempos, más duros. Tenemos mucho que agradecer a los avances médicos.

A mi alrededor ha habido y sigue habiendo otros casos más o menos cercanos. Madres recientes, abuelas, chicas muy jóvenes, que se enfrentan al monstruo cuyo rostro más veces he tenido la desgracia encontrarme. La mayoría han acabado bien. La batalla se ha librado y se ha ganado, o se está ganando. De hecho estoy convencida de que esta guerra la vamos a ganar. Ya os lo dije hace años y lo mantengo: el ser humano es implacable cuando tiene un enemigo claro, y el cáncer lo es. No sé cuánto tiempo llevará, no sé cuándo se logrará, pero venceremos.

Pero aún no podemos cantar victoria siempre por desgracia.

El último caso que he conocido, hace muy poco, se ha quedado en susto, en un bulto que no ha resultado ser nada peligroso. Una suerte. Y justo estos días me encuentro con la campaña de World Wide Breast Cancer protagonizada por limones y ampliamente aplaudida, con razón. Ojalá estuviera en español.

Y llegó el momento de salir de un armario. Imagino que todos tenemos unos cuantos.
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Brindemos esta Nochevieja por los que ya no están

Mucha gente aborrece de la Navidad, y mucha de esa gente lo hace porque recuerda a los que ya no están y eso es algo que se les hace especialmente duro en estas fechas. Así que pasan de puntillas, renegando más o menos, tristes a ratos.

Tal vez no sea la manera, tal vez haya otras formas de afrontarlo mejores, formas que aprender desde que somos pequeños.

Estos días me tomé con las declaraciones del psicólogo clínico Eladio Rosique Meseguer, que explicaba que:

Paradójicamente, la Navidad puede ser el mejor momento para recordar a los seres queridos que han fallecido o que están ausentes por cualquier circunstancia. Para sobrellevar su pérdida, ha aconsejado rescatar el amor y las experiencias compartidas.

“Probablemente todos consideren que para sobrellevar el dolor hay que actuar como si no hubiese pasado nada, pero eso no funciona”, advierte Rosique, quien subraya que recordar algo bonito “nos puede hacer llorar pero es una forma de hacer presente a quien no está y aprender a vivir con su recuerdo”.

Incluso, aconseja hacer un brindis en honor de esa persona que falta, porque “puede ser una forma de darnos permiso para recordarle”, ya que “es injusto que el legado que nos deje esa persona sea solamente dolor”. Por ello, subraya que la Navidad “es un momento muy difícil para muchas personas pero también es una gran oportunidad de vivir con los demás un homenaje lleno de amor y de sentimiento de privilegio; un momento para que nuestra vida siga”.

No sé cómo lo veis vosotros, tal vez resulte difícil interrumpir una cena o una comida familiar para un brindis así, que puede causar tristeza. Especialmente difícil en las familias que soterran estas cosas, que no gustan de airearlas o ver lágrimas.

Por eso yo, desde aquí, quiero esta noche recordar a los que ya no están conmigo en estas fiestas.

Brindo por mi abuela Maruja, en cuya casa celebrábamos siempre la cena de Nochebuena y la comida de Año Nuevo, con el mismo menú siempre de sopa de pescado y marisco y pollo guisado, y con partida de cartas tras los postres.

Brindo por Jose, el abuelo de mis hijos, mi suegro, generoso y discutidor, que habría disfrutado tanto viendo a sus cuatro nietos acudir a su casa la mañana de Reyes a desayunar roscón y churros y abrir los regalos. Tan pronto se fue, que ni siquiera tuvo la ocasión de conocerlos.

Brindo por mi abuela Adriana
, con su seguridad y sus uñas lacadas de rojo; por mi abuelo Pedro, que nos hizo un helado de leche de cabra en el pueblo cuyo sabor estará siempre en mi memoria; por mi tía Luisa, siempre despistada y buscando el calor del sol; por Angelines que era toda bondad y sonrisas…

Tanto en 2016, como en 2017, como en todos los años que me queden por conocer, formaréis parte de mis recuerdos.

GTRES

#HastaSiempreLeia, la única princesa que siempre quise ser

No me interesó nunca ninguna princesa Disney cuando era pequeña. ¿Quién querría ser Aurora pudiendo ser Felipe y pelearse a caballo con zarzas y dragones? ¿Quién querría ser Cenicienta o Blancanieves y pasarse la vida limpiando? Yo no, desde luego.

Mas tarde llegó La sirenita, que ya podía haberse lanzado a dar un beso al príncipe en lugar de quedarse esperando como una pavisosa y hubiera ahorrado a todos muchos problemas. Bella luego al menos leía, pero me pilló entrando en la adolescencia y tampoco llegue nunca a entender del todo su sindrome de Estocolmo.

Dejando a Disney de lado, también teníamos a Sissi. En Televisión Española en los años ochenta  insistían en repetir las andanzas de la emperatriz austriaca. Tragedia lacrimógena que no invitaba a envidiar a la realeza.

Cuando yo era niña la única princesa que quise ser lo mismo disparaba a los soldados imperiales que pilotaba una moto como Ángel Nieto entre los árboles o que estrangulaba a un monstruo con la fuerza de sus brazos.

La única princesa por la que me habría cambiado acababa rescatando a sus rescatadores, no tenía pelos en la lengua, mandaba como un general, se pasaba por el arco del triunfo estelar las diferencias de clases y no tenía el menor problema en dar el primer paso con un hombre.

La única princesa a la que yo hubiera querido como amiga se despojó de las faldas largas a la menor oportunidad (pero se las volvía a poner cuando le daba la real gana), le gustaba y era diestra con la tecnología y la mecánica, prefería unas botas con las que correr como alma que lleva el diablo antes que unos tacones y era lista como el hambre.

Y todo eso en los años ochenta, en los que no sobraban precisamente los modelos femeninos fuertes a los que las niñas pudiéramos aferrarnos.

Detrás de aquella princesa había una mujer, una actriz de la que nunca supe mucho. Leia brilló tanto que eclipsó a Carrie Fisher. Pero sé bien que sin Carrie Fisher la princesa Leia habría sido otra muy distinta, tal vez una princesa que yo tampoco habría querido ser.

Gracias Carrie por la parte que te toca en la alquimia de Star Wars, gracias por haber sido la única princesa que me interesó, la única que molaba. Gracias por habernos regalado esa otra princesa que muchas de nuestras hijas pueden seguir descubriendo.

Cuando llamo a mi hija de siete años “princesa”, estoy pensando en aquella que tú creaste.

Pobres niños de San Ildefonso

Justo estos días nos hemos encontrado con una nueva edición de MasterChef Junior. No os voy a hablar de nuevo de la opinión que me merece ese programa que ya se ha convertido en un clásico navideño, pero con él desde luego aflora el debate de hasta qué punto conviene exponer de tal manera en la televisión a los niños, algunos muy pequeños.

Y, de repente, hoy llega un clásico televisivo navideño con niños verdaderamente veterano: el sorteo de la lotería de Navidad con los niños de San Ildefonso cantando números sin parar, dando premios, dejando caer alguna bola, cometiendo algún error, con la voz fallando a veces. Niños expuestos de una manera distinta pero semejante.

Gente buena, respetuosa, amante de los niños, se dedica, cuando los ve en la tele, a opinar sobre ellos, a bromear en ocasiones rozando la crueldad sobre sus voces, su aspecto, sus pequeñas meteduras de pata… Normal, no son locutores profesionales ni modelos. Es un humor que no se permitirían si el niño estuviera delante de ellos o si el niño fuera su niño: uno de sus hijos, uno de sus sobrinos, uno de los niños que conocen y aprecian.

Pues los niños de San Ildefonso son los niños de alguien. Y además son niños, merecedores de todo nuestro respeto, objeto de una especial protección y no el blanco fácil de burlas aún más fáciles, algo que parece el deporte nacional la mañana del 22 de diciembre para muchos.

(EFE/Ballesteros)

Probablemente se subirían por las paredes si eso que ellos mismos están diciendo se lo escucharan a otro adulto respecto a sus pequeños durante su función escolar navideña, otro clásico (no televisado) de estas fechas.

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La inclusión no la podemos conseguir solos, necesitamos ayuda #LaRedMásSocial

plenaEste miércoles asistí a la entrega de los premios Plena Inclusión Madrid, unos reconocimientos a la labor de aquellos que han puesto algún granito de arena por la inclusión.

¿Quiénes han sido los premiados? Pues la Compañía Nacional de Danza, la Asamblea de Madrid, a la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) por su diccionario adaptado y a la Fundación Rural Caja Castilla La Mancha.

De la gala, presentada por la actriz Leticia Dolera y por Javier Osorio y amenizada por el mago Iván Santacruz, me quedo con las siguientes pinceladas que dejé por Twitter mientras transcurría, una de ellas reconvertida en el título de este post.


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¿Disfrazarse de zombi en Halloween o de santo en Holywin?

Ojiplática me he quedado esta mañana cuando he sabido esta misma mañana de la existencia del Holywin (los santos vencen), que por lo visto llevan intentando impulsar varios años unos cuantos que no están conformes con la importación de la festividad pagana de los disfraces, los dulces y las calabazas y la desacralización del día de todos los santos.

Como es complicado luchar contra el gusto por disfrazarse y festejar, proponen que los niños se disfracen de santos, apóstoles, vírgenes….

Juro que no hay nada más lejos de mi intención que faltar al respeto a los creyentes. Mucho menos a los niños. Pero… ¿de verdad era necesario?

Vamos, que tradición de disfrazar a los niños de santos no hay ninguna. Y posibilidades de frenar el empuje de Halloween veo pocas, teniendo en cuenta que ha pasado de ser eso raro que veíamos en series estadounidenses y no acabábamos de comprender bien en qué consistía a una fiesta ineludible en el colegio de nuestros hijos a velocidad de vértigo.

Y tampoco veo que pase nada por celebrar una fiesta en la que los niños lo pasan bien disfrazándose y comiendo algún dulce de más. No veo en absoluto incompatible ser católico (o budista, judío o musulmán) y que tus hijos lo pasen bien un día al año disfrazándose de bruja, calabaza o entrenador pokemon.

Hacer y dejar hacer debería ser más sencillo, en esto y en otras cosas.

Hay abundante información al respecto de esta iniciativa, secundada por la diócesis de Ceuta y Cádiz, en webs como el blog del padre Eduardo Sanz de Miguel, que recoge numerosas fotos, Infocatólica.com, que reconoce abiertamente que es un contra-halloween para que los niños católicos puedan “celebrar la fiesta con todo su sentido”, o Religiónenlibertad.com, que exclama ¡celebremos a los santos, no a los espantos!.

En ese último enlace se dan consejos para amenizar la fiesta de Holywin, si estáis interesados en explorar esta versión alternativa, como hacer dulces con estampitas, que los niños hablen sobre el santo del que están disfrazados, los dibujen, recorten aureolas y se asista juntos a la misa de Todos los Santos del 1 de noviembre.

Teniendo en cuenta el truculento fin de muchos santos, optar por disfrazarse de Santa Agueda, con los pechos sanguinolentos en una bandeja ofrecidos a Dios, o San Lorenzo, carbonizado por completo, va a ser mucho más tétrico que cualquier disfraz de Halloween. ¿Tal vez un dos por uno?

Venga. Vale. Que en Holywin animan a elaborar disfraces alegres y festivos y no con sangre, coronas de espinas y martirios. Disfraces como estos:

Incluir a una persona con discapacidad en cualquier actividad deportiva no es una opción, es su derecho

correrninosEstos días ha habido una madre que ha estado en lucha, por su hijo. Bueno, hay muchos, muchísimos padres y madres que se ven obligados a pelearse a su pesar todos los días, pero yo os quiero hablar de un caso en concreto.

Esta madre de la que os hablo, Menchu, tiene un hijo con autismo, un niño que participó el año pasado en una actividad deportiva que le resultaba beneficiosa, en la que disfrutaba y que le ha sido negada este curso. Querían juntarle con niños mucho más pequeños que él y no aceptaban que entrase una monitora que no les suponía ningún coste. Todo está contado en esta noticia.

Al final su hijo va a tener que acudir a otro lugar para poder seguir disfrutando y creciendo, pero su madre ha peleado, le ha costado tiempo y disgustos pero ha puesto en evidencia la actuación de esta gente que excluye en lugar de incluir. Y lo seguirá haciendo.

Y si hoy os traigo aquí su lucha es porque ella quiere dejar algo claro, algo que yo también creo que es preciso que todo el mundo tenga muy presente: si te encuentras de frente con una persona con discapacidad, una persona que quiere participar en la actividad que organizas, entrar en tu establecimiento, que le atiendas desde tu mostrador… No tienes la opción de decidir si lo haces o no, no es una elección que puedas hacer. Es un derecho que esa persona tiene.

Más vale que esta idea se difunda porque aún se dan demasiados casos en los que se excluye, se impide el acceso, se ponen trabas de entrada…

Así de clarito lo cuenta ella:

Nuestros/as hijos/as no tienen que ser aceptados, NADIE tiene derecho a plantearse si les acepta o no, nuestros/as hijos/as nacieron ciudadanos/as de pleno derecho y nosotros/as los/as padres/madres tenemos la obligación de hacerlos respetar, porque un diagnóstico no se lleva nada más que lo que nosotros le dejamos que se lleve.

Puede haber necesidades de adaptación, dudas de diferente tipo a solventar, el soporte de los padres… Claro que sí, de todo eso se puede hablar con asertividad, con la actitud adecuada. La negativa sin argumentar, la cerrazón, es una vulneración a sus derechos.

Esta madre ha logrado que la Confederación Autismo España emita un informe relativo a su caso particular que quiere que se difunda para que todos sepamos a qué atenernos, tanto las personas con discapacidad y sus tutores como aquellos que realizan actividades deportivas.

Os animo a leerlo y a tenerlo muy en cuenta:

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Cada niño tiene su propio diccionario (y conviene tomar nota para no perderlo)

Una niña que también ha recibido al ratón Pérez (GTRES).

(GTRES).

Creo que una de las cosas que más voy a echar de menos cuando Julia crezca y se exprese con corrección van a ser esos momentos en los que se pone creativa con el lenguaje y le salen expresiones que nos dejan desternillados de la risa.

Algunos de los últimos añadidos a su diccionario son:
– Nos cayó un mojón de agua que no veas.
– En baloncesto tienen muchos sustentes.
– Ella no come lasaña, come saña .

Por mojadura y por suplentes mezclado con sustitutos, obviamente.

AU que no es exactamente igual, una de sus confusiones más gloriosas vino de la mano de la canción del pequeño Cid y ya os lo conté aquí hace tiempo:

“¿Mamá, qué es sado?”

“¿Cómo? ¿Dónde has oído eso?”

“En la canción que está sonando: el Cid, el macho sado y feliz”

“Cariño, dice el más osado y feliz”

“¿Y qué es osado?”

“Valiente”

“Ah, vaaale”

Ese retorcer, mezclar o malinterpretar las palabras son cosas que tienen en común los niños pequeños y los abuelos, que al menos en mi familia están peleados sobre todo con los términos tecnológicos y los vocablos ingleses.

Y son cosas que hay que apuntar en el momento en que las dicen, porque si no se van para siempre y es una pena. De hecho yo estoy escurriéndome ahora las pocas neuronas que me quedan por el sueño para recordar más expresiones similares, que por supuesto que ha habido más. Pero nada, se volatilizaron pese a lo que nos riéramos en su momento.

¿Recordáis alguna de vuestros hijos o de cuando vosotros erais pequeños?

Muñecas de Famosa que son científicas y de Mattel que son superheroínas

image¿Me lo parece a mí o las muñecas más tradicionales están buscando cómo renovarse apelando a otros roles? Lo pregunto porque en un lapso muy breve de tiempo me han llegado tres comunicados de prensa en el que le están dando un giro interesante a las muñecas de toda la vida.

El más reciente viene de Famosa, que ha lanzado una serie de muñecas pensadas para niñas de entre seis y diez años llamadas McKeyla McAlister, Adrienne Attoms, Bryden Bandweth y Camryn Coyle con él lema “Smart is the New Cool” que vienen acompañadas de experimentos y un diario interactivo vinculado a una App gratuita.

Están relacionadas con lo que llaman tendencia S.T.E.A.M (Science, Technology, Engineering, Art and Maths). ¡Mira qué nos gustan los acrónimos!. También con una serie que actualmente se emite en Netflix llamada Project MC2 y en colaboración con el Museo Nacional de Ciencias Naturales, junto al que Famosa organizará cuatro talleres de experimentos científicos para niños.

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La juguetería asegura que su objetivo es “promover el interés por las diferentes disciplinas científicas entre el público infantil femenino”. Y vender, claro, aunque esa es otra historia obvia y lícita.

McKeyla McAlister se define como una escritora entusiasta amante del mundo de la magia, Bryden Bandweth se presenta a su público como una bloggera a la que le encantan las redes sociales, Adrienne Attoms pasa las horas en su cocina preparando recetas químicas y a Camryn Coyle le apasiona la construcción creativa.

Cada muñeca está acompañada de un experimento que se convierte en su sello de identidad. Por eso, McKeyla McAlister comparte con las chicas su mejor secreto: cómo elaborar una lámpara de lava, mientras que Bryden Bandweth no sale de casa sin su collar fluorescente. Lo mismo ocurre con Adrienne Attoms, que enseña a sus seguidoras a crear un volcán en erupción. Pero si lo que más llama la atención son las construcciones, Camryn Coyle tiene todas las claves para hacerse con un monopatín motorizado.

kit-laboratorioPara cumplir con la investigación es necesario unir todas las pistas que forman parte de una misión. Por ello, las chicas Project MC2 archivan todos los detalles en su Diario Interactivo con tecnología digital avanzada y proceso de desbloqueo a través de la pulsera NErDy. Este pack incluye un bolígrafo con tinta invisible que permite escribir mensajes ocultos que solo pueden ser leídos con la linterna de luz UV. Gracias a una APP gratuita, las agentes también podrán comunicarse con NOV8, una de las organizaciones de espías más importantes a nivel mundial, y compartir confidencias.

Las posibilidades de juego se amplían con el Kit Laboratorio, un maletín rojo con más de 30 piezas adicionales que permitirá a las pequeñas investigadoras realizar hasta 15 experimentos extra. Contiene tubos de ensayo, gafas de trabajo y todo el material necesario para crear un arco iris en un tarro, fabricar masa pegajosa brillante, un pompero, customizar flores o analizar las muestras recogidas con su microscopio.

Cabe destacar que todos los experimentos e investigaciones desarrollados en la serie están asesorados por mujeres científicas, que a través de una historia de ciencia ficción, pretenden trasladar a niñas y jóvenes los valores del trabajo en equipo y demostrar que la tendencia S.T.E.A.M. puede ser divertida y accesible para todos.


No he podido probarlas y comprobar cómo son los experimentos y la aplicación, pero no suena mal. No sé qué pensáis vosotros. Recuerdo que cuando yo era niña lo más interesante que se le podía pedir a una muñeca es que fuera doctora o veterinaria. Y lo más parecido a un experimento científico relacionado con ellas era que a la Nancy color le cambiaba el tono del cabello cuando la mojabas.
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‘No one’ (Nadie), la carta de un padre que persigue la empatía y la inclusión

En el post que escribí ayer sobre cumpleaños, sobre mi hijo, sobre inclusión… hacía referencia a esta carta, que lo inspiró.

Me quedé entonces con las ganas de traducirla, porque creo que la petición de este padre de difundir su reflexión es del todo legítima y quería complacerle, haciendo que llegara a más gente, a más padres que pudieran tener una charla con sus hijos sobre empatía tras leerla.

Por todo eso, al final me he animado a traducirla entera robando horas al sueño, aunque no sea a la traducción a lo que me dedico, por lo que pido disculpas por adelantado si no he logrado plasmar toda la intención y emoción del escrito original.

Sin más, os dejo con ella, os dejo con las palabras de Bob Cornelius.

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Para aquellos de vosotros que no lo sepáis, mi hijo menor, Christopher, está dentro del espectro autista. Acudí a su vuelta al colegio el jueves y tomé una fotografía de uno de sus proyectos que aparecían en la pared, una más de las muchas pequeñas tarjetas que todos los niños de su clase habían rellenado. En ella le pedían enumerar sus comidas favoritas, programas de televisión, deportes, etc.

Tomé la imagen con prisa y no me percaté en ese momento de todas las respuestas que había escrito. Fue sólo después de que llegué a casa cuando algo destacó en una revisión más cercana.

¿Recordáis que, un par de semanas atrás, hubo una enorme cantidad de noticias sobre el jugador de fútbol de Florida que se sentó en un niño con autismo que estaba comiendo solo? Ese jugador no sabía que el niño estaba dentro del espectro autista cuando se sentó con él… Simplemente vio a un niño almorzando solo y decidió unirse a él. Un profesor capturó el momento y se volvió viral. Eso es lo que hizo la historia grande…. no hubo una puesta en escena… fue un ejemplo real de amabilidad humana.

La continuación de esta historia fue que el niño ya no volvió a comer solo; que los otros niños AHORA se sientan con él y le dan palmaditas en la espalda. Ese chico tenía ahora “amigos” y todo estaba bien en el mundo.

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