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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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¿Qué os parece llevar un dispositivo durante el segundo trimestre del embarazo que registre las contracciones?

Este es un fragmento de un viejo post de 2008, de cuando estaba embarazada de Julia, Jaime apenas tenía dos años y la lactancia y el embarazo campaban a sus anchas por este espacio:

Una de las cosas que nos estuvieron enseñando en la clase de preparación al parto de este lunes fue cómo identificar que estabas de parto y cuándo ir al hospital. Si es que vas a tener a tu hijo en el hospital claro.

Creo que todas las primerizas nos hemos planteado cómo será eso de notar que comienza un parto, si nos daremos cuenta (cualquier madre responderá que no te preocupes), en qué momento será y de qué manera.

Lo primero es que días o semanas antes el cuerpo da señales de estar preparándose: se puede expulsar el tapón mucoso (una mezcla de sangre y moco) y se tienen con frecuencia contracciones de Braxton Hicks o falsas contracciones de partos (vienen y van, son irregulares y suelen desaparecer si descansamos). En ninguno de los dos casos hay que ir corriendo al hospital. El parto se acerca pero puede tardar mucho en llegar.

¿Cuándo sí hay que ir? Si se rompe aguas (si son claras podemos ir con más calma, si están teñidas de meconio hay que salir pitando) y cuando las contracciones en caso de las primerizas se producen aproximadamente cada cinco minutos (dos cada diez minutos) y con regularidad.

Es mejor pasar la primera etapa de las contracciones en casa, tranquila y relajada, que acudir al hospital y que te devuelvan a casa o tengas que pasar más horas de la cuenta en la sala de dilatación, siempre más incómoda que en tu sofá.

 Y claro, te sueltan eso en tu primer embarazo y te quedas hecha un mar de dudas. ¿Sabré que estoy teniendo una contracción¿ ¿La confundiré con otra cosa? ¿Sabré cómo distinguir las contracciones que inician el parto de las de Braxton Hicks que no son más que un entrenamiento? ¿Podré medir los tiempos con seguridad para no ir al hospital ni antes ni después?

Dado que con frecuencia nos plantamos en el hospital sin necesidad y en algún caso incluso se llega por los pelos, está claro que no lo tenemos tan bien controlado. Y la monitorización que te hacen los últimos días tumbada un rato en el hospital de turno es mejor que nada, pero tampoco tranquiliza demasiado.
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Cuando los planes no salen como habías pensado, cuando tienes un hijo prematuro

Las cosas no tenían que haber salido así, pero es que la vida nos suele demostrar que nuestros planes no son más que castillos en el aire, ensoñaciones frágiles, tan frágiles como el hijo que vemos y apenas podemos tocar, con su piel transparente, sus párpados azules.

Cuando estás embarazada o lo está tu pareja no te atreves a pensar que pueda salir nada mal. Por supuesto que no. En la mayoría de los casos que conoces todo ha ido como la seda. Más o menos nauseas, más o menos horas de parto, más o menos puntos con los que bregar durante el puerperio y bebés más o menos guerreros después con lo del comer, el llorar y el dormir. Todo eso es lo que nos encaja, ante lo que estamos preparados, la foto que nos hemos creado en nuestra cabeza cuando planificamos ser padres.

Tal vez conoces casos de niños que han nacido prematuros, cuyos padres tuvieron que pelear mucho hasta tenerlos en casa, en sus brazos. Pero probablemente tú ya conociste a esos niños cuando les habían dado el alta y todo volvían a ser sonrisas.

Y claro que no, claro que eso no te puede pasar a ti. Te estás cuidando, a tu niño precioso no le puede pasar nada malo, estarás en la mayoría a la que los planes les han salido bien, lo apartas de tu mente. Tú tendrás a tu hijo, que tendrá un peso normal, y después de un par de días en el hospital, en los que no se separará de tu lado, os iréis a casa felices y nerviosos.

¿Y si no es así? 1 de cada 13 bebés nacen bastante antes de los nueve meses. En España se dan unos 38.000 nacimientos de niños prematuros al año. 38.000 historias de lucha, de superación, donde la ayuda médica y familiar es clave para que salgan adelante. 38.000 casos al año en los que nada es como habías imaginado, en los que descubrir la fuerza que atesoras y lo mucho de lo que eres capaz.

“No sé cómo lo haces” puede que te digan a veces, cuando te vuelves a casa sin tu bebé, cuando vas y vienes del hospital para ver a tu hijo, cuando te extraes leche para darle, cuando hay pruebas médicas o complicaciones en ese cuerpecito tan pequeño que duele.

Claro que puedes. Puedes porque no hay otra opción, porque es lo que tienes que hacer, igual que podría esa personas que te pregunta, o lo piensa, si se viera en esa situación.

Puedes porque tu bebé también está pudiendo, también está luchando. Y deberías poder sin culpas, porque a veces las cosas simplemente suceden y nada ni nadie podría haberlo evitado. Encallarse en los “si yo”, “ojalá que”, “podría haber”… no lleva más que a callejones sin salida. Hay que mirar adelante. Pronto todos los malos ratos no serán más que un mal sueño.

Europa Press

Europa Press

Este jueves es el Día Internacional de los Niños Prematuros. Un día para recordar que las UCI neonatales de los hospitales deben ser suficientes y bien equipadas, con lugares adecuados para la lactancia y el reposo de unos padres que pasan allí horas y horas, que los niños deben recibir una atención integral y especializada, que no olvide la Atención Temprana y todos los cuidados de fisioterapia o estimulación necesarios y que laboralmente estos padres tienen también que estar apoyados y sus derechos protegidos.

Salvador es uno de ellos: nació junto a su melliza, a los 6 meses de gestación. La mala suerte quiso que su hermana muriese a los dos meses de vida, mientras que él sobrevivió. Su madre cree que Salvador fue “salvado” por su hermana.

“No existe recién nacido guapo, sino padres enajenados”

Jaime fue un recién nacido guapo. Siempre he estado convencida de ello. Nació muy limpio, gordito, en una cesárea que le ahorró el trabajo de pasar por el canal del parto por venir grande y de nalgas, aunque ojalá hubiera sido un parto como su hermana.

Es curioso (y hermoso) ese primer instante en el que una madre ve a su hijo. Es un momento de reconocimiento, coges sus deditos, te miras en sus ojos, absorbes todos sus rasgos… Pero no te paras a analizar si es guapo o es feo. Es tu cachorro y eso es más que suficiente.

Eso es en el primer momento. Más adelante ya es otra historia. Ahí ya te fijas de manera más o menos objetiva en si es un bebé bonito o no. Que oye, que sigue sin importar, que como sea de recién nacido no tiene que ver con cómo será de mayor, que sigue siendo tu cachorro y te importa un bledo, pero te fijas y sacas tus conclusiones. Conclusiones poco objetivas, es probable, aunque todos conocemos a padres que han confesado abiertamente que sus hijos nacieron feos.

Mi conclusión es que Jaime fue un recién nacido precioso. Por lo que yo veía y por lo que me decían los demás. Alguna amiga aún recuerda hoy, diez años después, lo bonito que era en su primer día de vida. Y no soy de esas personas que ven a todos los bebés guapos, os lo aseguro. Por mucho que todos despierten dulzura e instinto protector, me he encontrado bebés muy feítos.

Ahí le tenéis:

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Y sigue siendo guapo a rabiar. A veces bromeo con que será el primer top model con autismo, y que su discapacidad tal vez sea una ventaja si trabajas en ese mundillo.

Pero volvamos al tema. Convencida como estoy de que mi hijo era guapísimo tras nacer (Julia también salió mona, pero no tanto), tuve que saltar y enviar fotos cuando escuché decir a mi lado: “No existe recién nacido guapo. Incluso los mejores, son todos raros”.

Pues no, no convencí con las fotos a los que sostenían que no hay bebe guapo, que lo que hay son padres enajenados.

A ver, no se puede pretender que un recién nacido sea como un adulto. Lo bonito que sea no sigue las mismas reglas de los rostros de niños y mayores. Incluso los más guapos nacen un poquito achinados, un poquito aliens, con rasgos sin definir…

En fin. Voy a parar porque si sigo por ese camino al final voy a darles la razón a los que me decían que no hay recién nacido guapo.

¿Y vosotros qué opináis?

¿Te gustaría que un fotógrafo profesional registrara tu parto y los primeros momentos con tu hijo?

Soy muy de hacer fotos con el móvil, lo confieso, me gusta registrar en imágenes los momentos importantes. Hice una foto de la sala de dilatación en la que entré para la cesárea programada de Jaime y para el parto, también programado, de Julia. Con Jaime no había opciones de foto. Y durante las muchas horas que duró la aventura con Julia ni se me ocurrió. Pero sí que tengo una fotografía aún en el paritorio, con cables alrededor y una Julia que acababa de venir al mundo con los ojos abiertos y buscando mi pecho. Una foto casera, con el móvil, que recuerdo con cariño.

Pero aún siendo una foto especial que no se me olvidará nunca, no se me ocurriría contratar a un fotógrafo profesional para que registrara ese momento. Simplemente yo no soy así. Y no porque me importe salir guapa o fea en esos momentos.

Eso sí, precisamente porque ahora sé que es una foto especial que no se me olvidará nunca, entiendo perfectamente que haya personas que quieran imágenes en ese momento, siempre y cuando estén hechas con sensibilidad, habiendo hablado y pensado bien lo que se quiere previamente y con consentimiento del equipo médico.

No sé qué opinaréis vosotros.
No sé si sería algo que os plantearíais hacer encantados o si ni aunque os pagaran dinero os prestaríais a ello. Lo que está claro es que las fotos resultantes son emocionantes, distintas y transmiten mucho.

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Esas tres imágenes que ilustran el post son de la fotógrafa Eva Gascón (en su página web podéis ver muchas más), una madre reciente que también es una de las pioneras en captar las emociones que se crean antes, durante y después del parto: “Creo en el amor incondicional entre padres e hijos. Con mi cámara intento captar las conexiones únicas que se crean entre ellos con un estilo fotoperiodístico ya que, al fin y al cabo, se trata de contar una historia; en este caso, en blanco y negro. Son reportajes que buscan la intimidad, con un estilo realista, sencillo y profundo a la vez. En el paritario intento ser invisible para no molestar al personal sanitario ni tampoco invadir la intimidad de los padres y nunca trabajo con flash para preservar la naturalidad del momento”, explica Eva.

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Captar el primer momento de vida de un ser humano y las emociones que genera a su alrededor: su primera respiración, su primer llanto, las lágrimas de la madre, la primera mirada a su padre… Este es el objetivo de la fotografía de parto, que recoge todos estos instantes mágicos en el paritario de un hospital o en casa de los padres. Es una fotografía de emociones, por lo que no se centra en los profesionales que ayudan a la mujer en el parto ni en las técnicas que utilizan, sino en los sentimientos compartidos entre los padres al ver nacer a su hijo/a y en todos los acontecimientos que se desarrollan en esas primeras horas de vida.

Según datos de la Asociación Internacional de Fotógrafos de Nacimiento (IAPBP), hay registrados 760 fotógrafos en Estados Unidos, donde nació esta disciplina hace una década. En Canadá están inscritos 56 fotógrafos de parto; en el Reino Unido, 12 y en Holanda, 10. Otros países como Italia, Alemania o Portugal también cuentan con profesionales especializados en fotografía de nacimiento, aunque en menor volumen.

En España, en la mayor parte de los hospitales rige una política de un solo acompañante por habitación. Sin embargo, desde hace unos años estos centros son cada vez más flexibles a la fotografía de parto si la sugerencia parte de la madre y se entiende que la fotógrafa no interferirá en los procesos médicos, como la Fundación Jiménez Díaz o el Hospital Quirón San José.

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Cómo aliviar las naúseas, hacer masajes perineales… y aclarar muchas otras dudas sobre embarazo y parto

a00465631 3637En mis dos embarazos tuve la gran suerte de contar con una matrona maravillosa. Esther se llama. Tiene una edad similar a la mía, también dos hijos de edades parecidas, es asertiva, amable, está muy bien formada y adora su cometido. Fue una suerte porque era la matrona que me corresponde en mi centro de salud, me la encontré sin buscarla. Y desde entonces seguimos en contacto.

Esther tiene desde hace años una página web en la que facilita información práctica sobre el embarazo, el parto, el puerperio y los primeros estadios de crianza. No esperéis encontrar un blog con artículos de opinión, lo que ella hace es divulgar con sentido común y yendo al grano, apoyándose en las dudas que suele recibir en la consulta y las clases de preparación al parto.

En sus ganas por ayudar a las madres, futuras y recientes, la consulta se le quedaba corta. Y tan bien lo ha hecho que hace muy poco la revista enfermería en desarrollo le otorgó un premio por la educación maternal y paternal online (enhorabuena Esther, te lo mereces).

La web, que hoy os quiero recomendar, se llama Vivir la maternidad. A mí me gustan especialmente sus secciones de preguntas frecuentes.

Aquí las tenéis todas por temáticas:

 Encontraréis respuestas cortas, claras y concisas, como la que explica cómo aliviar las naúseas del embarazo:

Las naúseas durante las primeras semanas del embarazo son normales. Es variable la duración en cada mujer, por tanto, la desaparición de este síntoma no implica necesariamente que algo vaya mal. Hay algunas medidas que pueden aliviar este síntoma: descansa lo que puedas, evita olores que no te gusten, come de 5 a 6 veces al día pequeñas cantidades, evita los alimentos muy condimentados. Se ha demostrado que a algunas mujeres les resulta útil el jengibre. Si te alivia tomar limón, no es perjudicial. Y sobre todo, cada embarazo es diferente. Puedes consultar el siguiente enlace de cuidados del embarazo.

  • Evitar el estómago vacío o muy lleno, los alimentos de difícil digestión o repulsivos, el tabaco, café, grasas, bebidas gaseosas.
  • Comer 5-6 veces al día, de forma moderada. Antes de levantarse (10-15 min), tomar algo sólido (tostadas, galletas).
  • Mantener una buena postura corporal tras las comidas (semisentada).
  • Procurar evitar olores penetrantes o desagradables

Y otras respuestas, también claras, pero más extensas, como la que explica cómo hacer masajes en el perineo.

Es muy importante trabajar la zona del periné durante el embarazo para prevenir desgarros perineales y para ayudar a que se distienda bien el periné en el momento del parto, evitando de esta manera, en la medida de lo posible la episiotomía.

Los aceites en los que están basados los estudios científicos son en aceites naturales: rosa de mosqueta, oliva, almendras,..

La técnica del masaje perineal es la siguiente:

  • Lavarse bien las manos. Las uñas deben estar limpias y cortadas.
  • Buscar un lugar cómodo de la casa y utilizar un espejo para poder explorar el perineo.
  • Posición semisentada.
  • Se puede comenzar con un baño caliente de 10 minutos o aplicando compresas calientes en la zona perineal para relajarla.
  • En el caso de automasaje, se llevará a cabo con el dedo pulgar y, si lo hace la pareja, con los dedos índice y corazón, introduciéndolos hasta la segunda falange.
  • Lubricar los dedos, la vagina y el perineo con un lubricante acuoso.
  • Colocar los dedos dentro de la vagina (unos 3 o 4 cm). Empujar el perineo hacia la zona del recto y hacia los lados de la vagina, estirar la zona hasta que se note escozor y mantener la presión sobre la zona del perineo con los dedos durante 2 minutos o hasta que moleste.
  • Coger la zona perineal entre el dedo pulgar (en el exterior) y los dedos índice y corazón (en el interior) y realizar un movimiento de vaivén. Este movimiento estira los tejidos de la vagina, y los músculos y la piel del perineo. Realizar este masaje durante 3 o 4 minutos.
  • Durante el masaje, no presionar sobre la uretra, para evitar posibles infecciones de orina.
  • Coger la parte inferior de la vagina entre los dedos y estirarla. Ésto ayudará a experimentar la sensación de presión de la cabeza del feto sobre la zona.

Conviene practicar este masaje una vez al día. Después de una semana, se deberían apreciar los resultados de este ejercicio sobre el perineo y la vagina, aumentando su flexibilidad y estiramiento.

*Foto: GTRES

El aborto espontáneo; la necesidad de contarlo por uno mismo y por los demás

Hablamos mucho de un buen puñado de cosas; en persona, en facebook, en twitter, en blogs… no tenemos inconveniente en contar muchas experiencias, muy variadas. Explicamos nuestros viajes, si nos fue bien, mal o regular con la lactancia materna, si nos gustan o no determinadas series, libros o fichajes futbolísticos.

Hablamos mucho de un buen puñado de cosas, pero muy poco o nada de otras. Otras que  son realmente importantes, que nos dañaron íntimamente, que nos hicieron cambiar en esencia. Incluso cuando contar esas experiencias a nuestros amigos, digerirlas escribiendo sobre ellas, nos ayudaría a nosotros y al resto.

Lo que queremos reflejar ante los demás es sólo parte de lo que somos. A veces ni eso. Siempre ha sido así.

No hace mucho comentaba con unos amigos que hablar de la menstruación, de la homosexualidad o de métodos anticonceptivos era tabú hace muy pocos años, en esos años setenta y ochenta que ahora parece añorar todo el mundo. Un tabú que daba lugar a inseguridad, complejos, falsos juicios y la siempre peligrosa falta de información y formación.

En aquella misma época era frecuente que los padres con hijos que tenían alguna discapacidad lo ocultaran. Salían poco con ellos, para evitar miradas, para no dar explicaciones. Ni siquiera la familia más cercana sabía a veces realmente lo que les pasaba a esos niños. Pocos hablaban claro.

Hace menos aún hablaba con otros amigos de que a día de hoy apenas nadie explica lo que implica, lo que supone económica, física y emocionalmente el proceso de aceptar óvulos o esperma de un donante. Muchos niños nacen gracias a técnicas de reproducción asistida, no todos lo cuentan aunque no haya habido un donante, apenas nadie lo reconoce si lo hubo.

Tampoco suelen hablar los que han sufrido abusos sexuales, de niños o adultos. Y a día de hoy hay otro tabú: los abortos, todo tipo de abortos. Aunque de lo que os quiero hablar hoy es de los abortos espontáneos. Estar embarazada, ilusionada con ese embarazo, y perderlo. Quedarte vacía sin tener información apenas. Sufrir psicológica y físicamente. Y luego callar.

Casi todas las mujeres hablamos de nuestros partos, alguna vez he bromeado diciendo que es como hablar de la mili para los hombres. No nos cuesta contarlo, lo hacemos con gusto. Y de eso el resto aprende y sabe qué esperar, o al menos no es algo lejano, desconocido y aterrador. Pero no de nuestros abortos.

Silencios, secretos, no querer revivir el dolor de los sucedido, miedo al qué dirán, al chismorreo ajeno, a que no lo aprueben o lo entiendan, incapacidad de asumir plenamente lo sucedido… Hay muchos motivos. Y cualquier persona está en su derecho de callar. Pero callar de forma generalizada conduce a que no fluya la información, que no se normalice, que aumenten las inseguridades, los miedos, los traumas…

Pensad en los tabús, lo temas que eran vergonzantes antaño y que dejaron de serlo, en los que están en ese proceso que siempre es a mejor.

La que es mi mejor amiga desde hace muchos años ha tenido un aborto espontáneo este verano. Tuvo mala suerte, no estaba en España, y pese a ser una persona leída con dos hijos no sabía apenas nada sobre el proceso por el que estaba pasando. Fue encontrar información fiable de mujeres que han querido sacar del oscurantimo esta experiencia y dar información útil.

Tuve siete horas de lectura mientras expulsaba lo que quedaba de mi embarazo. Leer me ayudó a hacerme consciente del duelo, lloré mucho por mi bebé, no me podía creer que lo tuviese en la palma de mi mano, tan pequeño, tan indefenso, tan frío… fue una experiencia profundamente salvaje, hiriente. Pero leer e informarme fue a la vez muy sanador.

Es una mujer valiente, sin miedo a contar lo que le ha sucedido si puede ayudar a otras personas. Me ha permitido compartir aquí con vosotros lo que le escribió en agradecimiento a la autora de esa web que tanto la ayudó:

El lunes 25 de agosto del 14 sufrí un aborto espontáneo. Estaba en Alemania de vacaciones y no recibí atención médica por no tener impreso el original de mi seguro de asistencia. Al volver de mi visita frustrada del hospital y en la calle, rompí aguas y expulsé a mi bebé. ¡Estaba tan asustada! Volví a casa sangrando abundantemente, con miedo y llena de dudas. Una vez allí, expulsé el saco y la placenta y seguí sangrando tan fuerte que llegué a pensar que no volvería a ver a mis dos hijos nunca más.
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De madrugada y muy desorientada, comencé a buscar información sobre el aborto espontáneo y di con esta web, Gestando una doula, que me derivó más tarde a la web de El parto es nuestro y al foro de Superando un aborto de Mª Angels Casademunt. A partir de su lectura, mi actitud cambió completamente, leer esta entrada fue mi tabla de salvación. Ya más tranquila, abordé el aborto de otra forma, comprendí la importancia del sangrado y la expulsión de los restos fue continua durante toda la noche, expulsé cinco coágulos del tamaño de mi puño, empapé todas las compresas que tenía el paquete que compré en cuestión de tres horas, conseguí eliminar prácticamente todo en un proceso que duró siete horas.

Por la mañana, apenas había dormido una hora, cuando desperté y fui al baño, noté que el flujo de sangre había disminuido notablemente, que apenas salían restos. Ya no tenía dolor, ni contracciones, ni molestias en las lumbares, simplemente la sensación de una menstruación como las habituales mías. Ese mismo día volvía a España, tuve un vuelo tranquilo, sin hemorragias, tan solo el sangrado regular de una menstruación y ligeras molestias menstruales. Aún no he ido al hospital para comprobar si tengo algún resto, me estoy dando un poco de tiempo para expulsa cualquier materia que tenga y evitar así que me aconsejen legrado o aspiración. Pero iré simplemente para descartar cualquier complicación que pueda tener y yo desconozca.

Quería agradecer su orientación a las mujeres que como yo, estaban perdidas y asustadas en un proceso para el que muchas veces no se está informada ni preparada. Ha sido muy duro, pero me he sentido profundamente apoyada con esa una entrada tan sincera y a la vez tan llena de respeto hacia la mujer.

 Las cosas están cambiando, por suerte y gracias en parte a Internet. En mi post de hoy, un granito más de arena.

Sí al piel contra piel, no al nido, no a la separación de los recién nacidos y sus madres

He visto en varios medios y blogs sobre maternidad este vídeo en el que aparece un recién nacido que se abraza al rostro de su madre. Así está tranquilo, cuando le quieres separar protesta. En varios sitios he visto que lo utilizan para defender el vínculo especial que se forma entre madre e hijo desde el primer momento.

Sí, el vínculo entre madres e hijos es especial, único, inmediato. Nosotras descubrimos un nuevo tipo de amor, ellos nos necesitan y se aferran a nosotros, somos su primer amor. El cordón umbilicar dura toda la vida (con excepciones, que siempre las hay para casi todo).

Es algo que no requiere artificios para ser demostrado. Y pretender ver eso en este vídeo, me parece bastante tramposo.

Es lógico que el bebé tenga el instinto de aferrarse, es lógico que se sienta reconfortado en contacto con la piel y el calor de un cuerpo humano, de hecho es lo que su instinto le dice que debe suceder para sobrevivir. Mirad como hociquea buscando en la mejilla de su madre un pecho del que mamar. Pero creo sinceramente que si fuera otra persona a piel descubierta haría lo mismo.

Para lo que sí que creo que sirve el vídeo, lo que queda de manifiesto es la importancia de no separar a los recién nacidos de sus madres (o de sus padres, abuelos…). Necesitan estar con nosotros, sentirnos, escuchar nuestro corazón y caldearse con nuestro calor.

Por suerte cada vez más los hospitales respetan este modo de obrar. Ya apenas quedan nidos, ese invento en el que todos los bebés estaban en una sala alejados de sus madres con la excusa de dejarlas descansar tras el parto y que en realidad respondía al ahorro en la gestión del centro. Un par de enfermeras controlaban todo, sin tener que correr sin parar de habitación en habitación para antender a padres (primerizos o no) y sus inquietudes y aprendizajes. El nido es un sinsentido, todos nuestros antepasados, desde nuestros ancestros homínidos, tenían a los recién nacidos contra su pecho.

Que no os separen, no lo permitáis.

¿Cómo reaccionarían los hombres si tuvieran contracciones de parto?

Un amigo me hace llegar un vídeo que ya tiene unos nueve meses con la reacción de dos hombres sometidos a las contracciones de un parto mediante una especie de arneses abdominales que les arreaban descargas regulares.

Tras verlo indagué un poco y me encontré con otro “experimento” prácticamente idéntico de hace un año. Debe ser una moda. ¿Algún voluntario por ahí para hacer la versión española? Se lo he planteado al amigo que me mostró el vídeo pero no está por la labor (obviamente, es un tipo cuerdo).

 

Sinceramente, no sé hasta qué punto creerme esto. Me inclino a que sea entre poco y muy poco. Me parece imposible reproducir un trabajo de parto de manera artificial y hay que tener en cuenta que la experiencia difiere muchísimo de mujer a mujer.

No veo cómo es posible simular las contracciones del útero en seres humanos sin útero, no siempre el parto supone dolor, o al menos no tanto, no siempre está localizado en el mismo sitio.

No me gusta además que transmite la idea de que el parto es un trance dolorosísimo e imposible de aguantar cuando no es necesariamente cierto. Yo lo recuerdo más agotador que doloroso. De hecho recuerdo que mi matrona nos contó que la traducción de la Biblia de “parirás con dolor” que le adjudicaron a Eva no estaba bien hecha, que en realidad decía “parirás con esfuerzo”. Y luego está lo de las profecías autocumplidas: si vas pensando que algo dolerá mucho, así será.

Tampoco me gusta que transmita otra idea: que los hombres son unos blandos incapaces de aguantar lo que nosotras. Es algo que se dice mucho coloquialmente y no es cierto. Ellos también aguantan lo suyo cuando no les queda más remedio. Mi padre y su periplo hospitalario, sin ir más lejos, es un magnífico ejemplo.

Así que quedémonos con las risas y no saquemos demasiadas conclusiones.

¡Buen fin de semana!

Los regalos a padres recientes, que se puedan devolver

El otro día me pidieron consejo sobre qué regalar a unos padres recientes. Es el típico regalo en el que se junta mucha gente y al final hay bastante dinero para comprar. Mi respuesta inmediata fue “algo que venga con ticket regalo”.

Me parece imprescindible que se puedan devolver con facilidad, en un lugar en el que reembolsen el dinero o al menos haya muchas bastantes posibilidades de compra. Y con el ticket regalo por delante, que no se vean en la tesitura de tener que pedirlo. Hay personas a las que les da apuro. Y luego hay gente que se molesta cuando le dices amablemente que no ha acertado y que quieres cambiarlo. No soy capaz de entenderlo. Siempre gusta acertar, pero si lo que quieres es entregar algo útil y agasajar al que regalas, no deberías torcer el morro.

En esa fase hay muchos regalos, muchas cosas que se heredan y tantos estilos diferentes (estéticos y de crianza), que es muy fácil no acertar.

Yo recuerdo aún una cesta llena de pololos, bodys con puntillas y trajecitos tipo tirolés que nunca vistieron mis niños. Tengo por casa dos pinzas para chupetes de plata a estrenar dado que mis hijos jamás usaron chupete. También una cajita de plata para guardar los dientes que se caen (ejem) y una especie de tubo muy decorado y aparatoso para guardar la partida de nacimiento.

Nada de eso lo pude devolver. También tuve gimnasios infantiles (¡cómo le gusta a la gente regalar eso!) que no necesitaba a menos que hubiera querido poner un parque de atracciones para mis gatos, alguna ropita y accesorio de puericultura que pude devolver sin problemas. Mucho mejor.

En algunos comercios tienen incluso listas de nacimiento, al estilo de las listas de bodas, que hacen los padres para poder así obtener lo que necesitan. Lo que pasa es que te limita a una única tienda y mucha gente no le gusta financiar dos ruedas de un carrito y prefiere el detalle que se recuerde.

A mí me gusta regalar ciertas cosas concretas cuando hay confianza y conozco lo suficiente a los padres como para intuir que les puede gustar.

La mochila Ergo Baby.

La mochila Ergo Baby.

Están los libros de Carlos González, la rana croki (un juguete que fascinó a Jaime y que usaban en su centro de atención temprana), y la mochila ergobaby (similar a la manduca, nada que ver con la mayoría de mochilas que llevan a tanta gente a odiar el porteo). Disfruté mucho llevando a Julia en mochila desde que era recién nacida hasta que tuvo dos años. La usé más que que el carrito, ya ha pasado por más madres recientes y me trae muchos buenos recuerdos.

Pero por mucho que a mí me gustase, todo va siempre con ticket regalo. Tenedlo en cuenta que os lo agradecerán.

“Imagina cómo será el final del embarazo para que estemos deseando que llegue algo como el parto”

Julia dentro, Jaime fuera. Enero de 2009.

Julia dentro, Jaime fuera. Enero de 2009.

Tengo a unas cuantas mujeres a mi alrededor a punto de ser madres. Alguna lo será por primera vez, otras ya tienen niños y saben lo que es el tercer trimestre del embarazo.

Tengo una amiga que me dijo hace años, antes de que yo fuera madre, “imagina cómo será el final del embarazo para que estemos deseando que llegue algo como el parto”. Se me quedó grabado y lo recordé muchas veces después, sobre todo cuando estaba de 40 semanas de Julia y aún no se decidía a salir, hace ya casi cinco años.

Es cierto. Incluso cuando el embarazo ha sido bueno, como los míos, las últimas semanas suponen desear que llegue aquello de una vez. Hay muchos motivos. Está la ilusión por conocer a tu bebé, la pesadez de los kilos de más, las molestias en la espalda o al dormir, el ver venir la fecha estimada próxima, el deseo de que acaben las incertidumbres que generan los pródromos (contracciones de ensayo, expulsión del tapón mucoso, encaje de la cabeza…).

El parto, si todo sale bien, es un gran descanso, una liberación. Es, al tiempo, un final feliz y un inicio prometedor. Solo por eso ya debería afrontarse con buena cara. Pero no por ello se puede vivir angustiada las últimas semanas. Hay que hacer el esfuerzo de olvidar calendarios, de escuchar a tu cuerpo sin apremios, de intentar disfrutar, aunque suene complicado, esos últimos días con tu hijo dentro de tu cuerpo. Tal vez no vuelvan a repetirse.

Como siempre en estos casos es más fácil decirlo que hacerlo, lo sé. Pero el parto acabará llegando en cualquier caso cuando el bebé decida. Como se suele decir: ahí dentro no se va a quedar.

Y a todas aquellas mujeres que estáis en el tercer trimestre del embarazo. Mucha paciencia, ya veréis como todo sale bien.