Sobre la lactancia extendida y la última portada del Time

11 mayo 2012

Pedazo de portada la última del Time. ¿No es cierto? Y está siendo muy polémica. Era de esperar. Si en cualquier post sobre lactancia que yo escribo en este modesto blog se monta en los comentarios la de San Quintín (tanto que me vi obligada a escribir una especie de manifiesto con mi postura al respecto llamado Sobre la lactancia materna y artificial). ¿Cómo no iba a suceder amplificado tratándose del Time?

Pues tras la impactante portada, protagonizada por la modelo Jamie Lynne Grumet con su hijo de casi cuatro años, está un artículo, en inglés eso sí, titulado: Lactancia materna extendida: ¿Más común de lo que creemos? y realmente merece la pena su lectura. Aquí os dejo el artículo vinculado a la portada, pero solo es accesible previo pago.

Respondiendo al Time, creo que sí, que cualquier madre, haya dado el pecho hasta los cinco años o ni un solo día, si tiene una relación de amor y respeto con sus hijos es suficiente madre. Y respondiendo de nuevo, también creo que hay más lactancia extendida o prolongada de la que parece, en la sombra. Imagino que se produce un poco como con ese club de colechadores anónimos del que hablé una vez, hace ya años, aquí mismo.

Recuerdo perfectamente una reveladora charla que tuve, cuando Jaime tenía dos años y aún tomaba el pecho. Fue en una boda, ella era madre de una niña que tenía por entonces cuatro años. Una persona de una familia adyacente a la mía con la que he coincidido en una decena de ocasiones. Familiares comunes me habían dicho que ella, como yo, dio mucho tiempo el pecho a su niña, pero que ya no la amamantaba.

Pues cuando nos juntamos las dos, sin oídos indiscretos cerca, y comenzamos a hablar de nuestra satisfactoria experiencia como madres lactantes, me confesó que aún a veces su niña le pedía un poco de pecho. Podían pasar hasta semanas entre una y otra toma. Ella preguntaba a su hija: “¿Cariño, pero aún sale leche?”. La niña respondía cosas del tipo: “Sí, y hoy sabe a plátano”.

Pero no es algo que se pudiera reconocer en público. Está mal visto. La misma gente que al verte dar el pecho a un niño de dos meses, nueve e incluso año y poco, te dice “¿Aún toma el pecho? ¡Qué bien!”, te mira con censura cuando el niño comienza a acercarse a los dos años o los sobrepasa. Esa misma gente que veía en el acto de amamantar a un niño más pequeño una escena lleno de ternura, ahora se extraña y lo rechaza: “¿Pero aún tomas teta? Si ya eres muy mayor. A este paso este niño va a cambiar la teta de su madre por la de su novia”.

Recuerdo haber leído en foros la experiencia de otras madres diciendo que la reacción es aún peor con niños varones.

¡Qué bonito sería poder vivir sin juzgar o ser juzgado por cosas que no afectan a los demás!

Normalmente esa gente ya empieza a preguntarte cuando los niños empiezan a comer sólidos: “¿Cuándo vas a quitarle la teta?”. Y tú les explicas, si te apetece ese día, que no es decisión tuya sino del niño, que que es un proceso gradual y natural y que no se preocupen, que la Organización Mundial de la Salud recomienda dar el pecho al menos dos años, que ningún niño se queda enganchado a la teta de por vida.

Y muchas madres, por no complicarnos la existencia, no vamos explicando a la gente que nuestros hijos aún toman el pecho con dos, tres o cuatro años. Así que todo el mundo deduce que lo hemos dejado. Los niños nos lo ponen fácil. Al ser mayores solo piden pecho antes de dormir, o si están malitos, incluso pueden pasar días sin pedirlo. A fin de cuentas es algo entre nuestros hijos y nosotros, no le interesa a nadie más.

He leído que el destete, si se le permite a los niños que escojan el momento, suele suceder de manera gradual entre los dos y tres años. Conmigo se ha cumplido. Jaime tenía dos años y tres meses cuando dejó de mamar. Julia tiene tres recién cumplidos y pide el pecho a veces, no todos los días, para dormir o si está enferma. Sé que pronto terminará, lo hará suavemente, de manera natural y dejándonos a ambas satisfechas.

Y guardaré un bonito recuerdo de lo que fue mi larga etapa como madre lactante.

 

Compartir las cosas lo que dure una canción

11 mayo 2012

Es un pequeño truco. Uno muy tonto que me contó una terapeuta de Jaime y que he puesto a prueba en numerosas ocasiones con Julia y su prima.

Cuando dos niños pequeños, ya sean hermanos, primos, amigos o simples colegas de parque, se enganchan como lapas a un juguete al grito de mío, existe la posibilidad de convencerles para hacer turnos de la siguiente manera: “tú juegas lo que dure una canción y luego se lo das a fulanito, que también jugará lo que dura la canción”.

Se escoge cualquier canción infantil, no muy larga para que no se les agote la paciencia. Yo a veces simplemente he contado hasta diez o hasta veinte cantando despacito. Tal vez la primera vez les cueste, pero en cuanto pillan la mecánica, todos suelen quedarse conformes. Aprenden a anticipar y a hacer turnos.

No sé si lo habéis probado alguna vez, pero de verdad que os lo recomiendo…

La foto es de un caballito de Julia que suele ser objeto de estas particiones.

¿Por qué hay niños que nunca quieren ir a dormir?

10 mayo 2012

Aunque estén rotos de cansancio, aunque sea tardísimo, aunque se les caigan las pestañas… Os dejo una conversación real y divertidísima, imaginadla en la más completa oscuridad.

“Papá, no quiero dormir”.

“–”

“Papá, no quiero dormir”

“Mmmm”

“Papá, no quiero dormir”

“¿Cuántas veces lo vas a decir?”

Se lo piensa un momento… “¡Cinco!”

“Vale, vamos allá”.

“Papá, no quiero dormir”

“UNA”

“Papá, no quiero dormir”

“DOS”

“Papá, no quiero dormir”

“TRES”

“Papá, no quiero dormir”

“CUATRO”

“Papá, no quiero dormir”

“CINCO”

“Papá, no quiero dormir”

“¡Eh! Ya lo habías dicho cinco veces, ahora a dormir”

“Valeeee”

Enamorados

09 mayo 2012

Hace unas pocas semanas escuché una charla de una psicóloga que comentaba que habían estudiado las zonas que se activan en los niños pequeños (2, 3, 4… años) cuando ven a sus madres y las de los recién enamorados y que eran coincidentes.

Dicho de otra manera, que los niños pequeños están enamorados de sus mamás, o algo muy parecido. Por eso nunca quieren separarse de ellas, por eso esa alegría al verlas, por eso ese hacer cualquier cosa por llamar su atención.

Eso que comunmente se diagnostica como “mamitis”. Y suele ser siempre correspondido.

Contaban además que en los niños con autismo es algo que aparece más tarde, pero dura más tiempo.

Algunos comportamientos, algunos caprichos, algunas rabietas… se ven desde otra perspectiva cuando piensas en eso.

El doctor Estivill presenta nuevo libro (y nueva orden): ‘¡A Dormir!’

07 mayo 2012

He hablado en cuatro ocasiones en este blog de Eduard Estivill, en ninguna de ellas precisamente para recomendar sus libros o su método. Si queréis saber mi postura sobre su método, no tenéis más que leer lo que escribí en este post de 2008. Nada ha cambiado desde entonces.

El doctor Estivill, experto en sueño (eso no se lo discute nadie) que ha descubierto un filón en la literatura y los consejos infantiles, presenta nuevo libro. Y vaya por delante que ni lo he leído ni lo voy a leer.

Ya empieza a no gustarme en la elección de título: ¡A dormir!. Un mandato a gritos. No es así como yo mando a la cama a mis hijos, así será en todo caso como lo harán los sargentos a sus soldados.

Estivill es tremendamente polémico. Muchos padres, desesperados y a los que no voy a juzgar en absoluto porque entiendo perfectamente lo terrible que es no poder descansar, han seguido su método con éxito. Nadie discute que su método no sea efectivo. Lo que yo sí discuto es que sea un método apropiado, que no me lo parece, y que sea un método suyo, que no lo es, es una copia del método Ferber.

En cualquier caso, allá va nuevo libro que seguro se convierte en un éxito como todos los precedentes, en los que también se convertía en un experto en juegos (¡A jugar!), alimentación infantil (¡A comer!), pediatría, cuentos apropiados para crecer o para dormir, o educación (Solos en casa). Si alguien lo ha leído y quiere compartir sus impresiones, tiene los comentarios a su disposición. Por la parte que me toca, os dejo con el teletipo de EFE:

Los nuevos hallazgos sobre los intervalos de sueño en el periodo fetal confirman que la raza humana se equivoca al incluir estímulos para hacer dormir a los bebés, ya que, en los primeros años de vida, sólo necesitan comer bien para que cierren los ojos, según el doctor Eduard Estivill.

Es una de las conclusiones que expone en “¡A Dormir!”, el nuevo libro de este experto mundial de los trastornos del sueño que incluye los últimos hallazgos en periodo fetal con los que completa su ya conocido “Método Estivill”.

“Por desconocimiento, la raza humana cambia los hábitos naturales por una cuestión cultural; pensamos que tenemos que hacer algo para que el niño duerma, como cantarle o mecer la cuna, pero no hace falta nada de eso si lo hacemos todo bien desde el primer día”, explica Estivill en una entrevista con Efe.

Estudios en fetos de 7 y 8 meses muestran que alternan intervalos de 30 minutos despiertos con dos o tres horas de sueño, exactamente el mismo comportamiento que sigue el bebé cuando ya ha nacido.

Así, tras el parto, se debe preservar esta “normalidad” que tenía el bebé en la matriz, manteniéndole despierto cuando come y, sin ningún estímulo más, se dormirá sin problemas.

“Tenemos que hacer como los animales, que no hacen nada, les dan comida a las crías y se duermen”, sostiene el especialista catalán.

Por tanto, según la teoría del doctor del sueño, los problemas para dormir en los primeros años de vida de un niño sólo son atribuibles a un “mal hábito” de los padres, inducido por el desconocimiento, ya que otros factores de insomnio como los miedos nocturnos o las pesadillas no aparecen hasta los 4 años.

En esas edades, “los miedos aparecen por desconocimiento ante una pesadilla y basta con que los padres expliquen al hijo que es normal y que hay que estar tranquilo, aunque si en algunos casos surgen temores patológicos sí que deben ser tratados por los expertos”, destaca el doctor.

Según Estivill, alrededor del 30 por ciento de los niños entre seis meses y 5 años tiene trastornos del sueño por malos hábitos adquiridos.

La unidad del sueño del Instituto Dexeus que dirige Estivill atiende a unos 500 niños al año, la mitad por malos hábitos y una cuarta parte por pesadillas, sonambulismo o miedos.

Al 25 por ciento restante se le atiende por la aparición de ronquidos y apneas entre los 2 y 3 años, un fenómeno muy nuevo en edades tan tempranas y que también trata el doctor Estivill en su nuevo libro, publicado por Plaza&Janés.

Sin apenas dejar descanso a sus lectores, Estivill prepara ya un nuevo libro, titulado “Que no me quiten el sueño”, en el que explicará a los adultos lo que deben hacer durante todo el día para descansar bien por la noche.

Como anticipo, el doctor revela que hay que comer proteínas en el desayuno y el almuerzo y, en poca cantidad, pasta y productos lácteos para la cena, momento en el que, además, ya deberíamos apagar el móvil para empezar a desconectar el cerebro de nuestra rutina diaria y prepararlo para el sueño.

¿Has pensado en donar óvulos? ¿Lo harías?

06 mayo 2012

Yo no podría donar óvulos. Pude haberlo hecho cuando llenaron la universidad de carteles. Entonces tenía 20 años, no había tenido hijos, no era consciente de que hubiera enfermedades en mi familia, y yo estaba sana como una pera. Pero ya no. Ahora tengo más de 35 años, aunque sea por poco, y por tanto óvulos de peor calidad. Además tengo un hijo con autismo y un padre que desarrolló diabetes de tipo 2 hace ocho años, lo de la diabetes no sé si será excluyente, pero apostaría a que el autismo de mi hijo sí.

Donar óvulos es anónimo y altruista, aunque hay una gratificación por las molestias causadas (análisis, hormonación y punción para extraer entre 7 y 12 óvulos) que puede llegar a los mil euros.

Y me parece algo tremendamente generoso ya que estás ayudando a que mujeres que desean ser madres a cualquier precio, lo consigan. Aunque tiene muchas connotaciones delicadas, tienes que asumir que habrá hasta seis niños por ahí (el tope de nacidos vivos por donante) con la mitad de tu carga genética, y entiendo que pocas mujeres se lancen a esta piscina.

Soy sincera. No sé si lo haría aunque pudiera. Me gustaría saber lo que opináis vosotras. Y también vosotros, que las connotaciones emocionales de la donación de esperma son las mismas, o eso creo.

Os dejo un fragmento sobre la donación de óvulos extraído de la web de Ginefiv, una clínica de fertilidad madrileña:

Hay muchas parejas que padecen problemas de fertilidad y tienen que recurrir a utilizar un donante de óvulos para poder tener hijos. La donación de óvulos es un acto solidario y sumamente generoso ya que va a dar la posibilidad que otra mujer pueda cumplir su objetivo de ser madre llevando una felicidad indescriptible a una pareja que lleva muchos años luchando por tener un hijo.

Un hecho que observamos es que el acto de donar óvulos aporta a menudo a la donante una gran satisfacción personal ya que obtiene la sensación de ser útil y solidaria con otras parejas que necesitan aquello que ellas les pueden aportar. De hecho es muy habitual que una donante quiera repetir la donación pasados un par de meses.

Requisitos
- Edad: 18-35 años.
- Haber mantenido previamente relaciones sexuales.
- Sin antecedentes personales o familiares de enfermedades hereditarias graves.
- Sin antecedentes de patología ginecológica.
- No ser portadora de enfermedades de transmisión sexual.

Victor Noir y las leyendas contra la infertilidad

05 mayo 2012

Veo en la excelente Amazings (si no tenéis esa publicación online entre vuestras favoritas, estáis tardando) el post Historia de una estatua de brillante entrepierna.

Os dejo un fragmento:

En el cementerio Père Lachaise de París, sobre la sepultura de un joven periodista y escritor, hay una estatua tumbada y extraordinariamente dotada un poco más abajo de la cintura. En la tumba están los huesos de un jovenzuelo que murió de un disparo en la víspera de su boda.

La estatua que debía presidir la tumba fue encargada al escultor Amédée-Jules Dalou, y el artista, en un arrebato de realismo, decidió representar la escultura tal y como quedó el periodista en el momento justo de su muerte: tumbado boca arriba y con una portentosa erección que se adivina bajo la tela del pantalón.

No se sabe en qué momento ni quién extendió la superchería de que frotar, besar o rozarse con la bragueta de la estatua asegura la fertilidad de la tocadora. El resultado es que todo el bronce de la estatua ha adquirido el lógico color oscuro menos la zona de la bragueta, que brilla de forma insultante de tanto y tan continuado rozamiento.

Aquí hay pruebas de que las hay que tocan. Aquí de que las hay que besan.Y no dudo que hay muchas que se encaraman y refrotan, aunque de eso no he encontrado fotos.

La imagen que ilustra este post es de Francisco J. González.

Me gustaría que compartáis conmigo otras leyendas sobre la fertilidad que circulen por ahí.

Esperando el sol, como agua de mayo

04 mayo 2012

“Mamá, ya sé pintar nubes”, me decía ayer Julia con dos post its en las manos que ahora están en la nevera. Es nuestra galería de arte infantil particular, junto con las paredes de su cuarto, con sus tres años recién cumplidos va controlando cada vez mejor el trazo de sus dibujos y le fascina descubrir lo que es capaz de hacer.

“¿Sabes? Soy muy buena pintando nubes”, insistía. Y no me extraña, es casi lo único que se ve estos días. Llevamos una semana entera de entretenimientos de interior: parques de bolas, juegos de mesa, consola (Disney Kinect sobre todo), visitas, dibujar (nubes), centros comerciales… y muy poquito parque.

No sé si coincidiréis conmigo, pero creo que la percepción de varios días de vacaciones lluviosos con o sin niños varía bastante. Antes de tener hijos no suponía ningún problema: Tardes de sofá y manta viendo la tele o leyendo, cine, compras, cafés o copas.

Con niños llenos de energía la cosa cambia, y por mucho que sea beneficioso que llueva, acabas deseando que escampe y poder ir con ellos al parque, a pasear, al zoo, al parque de atracciones, a practicar con las bicicletas.

Menos mal que ya queda poco
. A ver si pronto puedo enseñaros los soles que dibuja Julia.

Agáchate, háblale a su altura

03 mayo 2012

El primer gran consejo que nos dieron cuando comenzamos a tratar con Jaime fue ese: “agáchate, háblale a su altura”. Desde entonces lo he oído en diferentes sitios, siempre orientado a niños con problemas de comunicación, por ejemplo en el programa Hanen o en el fantástico libro Hablando nos entendemos los dos.

Pero es un consejo extensible a cualquier niño, aunque no tenga problemas para comunicarse. Si queremos hablar con ellos, siempre es recomendable ponernos a su altura. Con dos años miden menos de 90 centímetros, con cuatro o cinco pasan del metro por poco. Es decir, que podemos sacarles entre 60 cincuenta centímetros y un metro. Además de que un adulto pueda parecer amenazador a un niño por su altura, es que la distancia dificulta que le entienda.

Mi santo jugó muchos años al baloncesto. Mide cerca de 190 centímetros y yo supero por poco los 160. Solo son treinta centímetros de diferencia, poco comparado con la diferencia entre un adulto y un niño pequeño, y siempre recuerdo que cuando se reunía con sus compañeros del equipo de baloncesto en un bar o cualquier sitio con mucho sonido de ambiente, las conversaciones sobrevolaban por encima de mi cabeza sin que yo me enterase de mucho a menos que me esforzase sobremanera. Era frecuente que acabase desconectando y pensando en mis cosas.

A veces, cuando Jaime se ponía nervioso o protestaba por que no quería hacer algo, simplemente poniéndome a su altura y hablándole lograba centrarle y que me escuchase. Y he seguido haciéndolo con Julia.

Parece mentira que un gesto tan tonto como arrodillarse frente a un niño para hablarle mirándole a los ojos pueda tener tanta trascendencia.

Las siestas con niño

02 mayo 2012

Hay pequeños placeres que hacen que la vida merezca la pena: una buena ducha de agua caliente cuando estas cansado o aterido, leer en un banco con el primer sol de la primavera, divisar el mar por primera vez desde el coche cuando estás a punto de llegar a tu destino de vacaciones, entrar en casa y ser recibido con entusiasmo por un perro sonriente o un niño con los brazos abiertos…

Sin duda uno de esos pequeños preciosos momentos cotidianos es la siesta con niño al lado. Una tarde en casa, ya habéis comido, os tumbáis juntos en el sofá a ver una película y al poco el niño está durmiendo pegado en tu costado. Puede que tú también duerma, puede que no. Pero es uno de esos regalos que nos da la vida, que hacen que merezca todo lo demás, que no es tan bueno.

Seguro que se os ocurren muchos momentos así… a veces no viene mal recordarlos y ser conscientes de la suerte que tenemos por poder disfrutarlos.