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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Archivo de la categoría ‘cosas de niños’

Algunos consejos para comprar cuentos (porque no todo vale)

GTRES

A raíz de mi reciente post, sobre “un cuento ideal para las niñas”, hablaba con otra madre reciente sobre los libros infantiles y que no todo vale. Pero hay mucha gente que cree que todo cuento es bueno por definición, por ser un libro. Si sirve para leer, bien está. Y no es así.

Igual que hay maravillas que nos emocionan a los adultos cuando se las leemos a nuestros hijos pequeños y que atesoraremos siempre, hay muchos productos poco cuidados, para salir del paso, para vender sin más.

No se puede comparar la cuidada selección editorial de Siete Leguas, Cuento de luz, Lóguez, Idampa o Kalandraka con un montón de cuentos que proliferan en mercadillos y supermercados, pero también en librerías, sin calidad ninguna o muy poca.

No son libros que traigan necesariamente mensajes lesivos, simplemente son pobres, anodinos. Cuentos que apenas se leen, que pasan rápidamente al fondo de la estantería y que, cuando nuestros hijos crecen y sus lecturas son más complejas, descartamos rápidamente porque no compensan el espacio que ocupan.

Mi amiga me contaba: “con los juguetes he logrado que miren la calidad, que entiendan que no todo vale, pero con los cuentos parece que cuesta más”. Es cierto. Regularmente aparecen distintos tipos de informaciones sobre cómo elegir los juguetes óptimos para los niños, del peligro de determinados productos o incluso su retirada. Tal vez se deba a que la industria juguetera está mejor organizada que la editorial, pero lo cierto es que esas recomendaciones no llegan respecto a los cuentos y libros infantiles.

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Prefiero que mi hija vea al youtuber Luzu que algunas series de Disney Channel o muchos vídeos musicales

Los mismos que no paran de soltar tacos en cualquier sobremesa familiar, que hacen chistes cuestionables delante de los niños, que ven Sálvame mientras ellos juegan o hacen los deberes a su lado y que dejan a sus hijos en libertad ante la tele o los vídeos musicales que puedan aparecer en Youtube, se niegan de entrada a que sus hijos vean a youtubers.

Absurdo. Pero así es.  Percibo en muchos padres la sorpresa, la reprobación, cuando comento que mi hija ve a Luzu, uno de los youtubers españoles que más éxito tiene.

Prejuicios. En parte fomentados por los medios de comunicación que casi siempre que hablamos de youtubers es para recoger cuando sacan los pies del tiesto.

No debería ser preciso recordar que hay que ver las cosas antes de censurarlas. Hay muchos youtubers, muchísimos. Algunos son comunicadores estupendos. Y no se puede meter a todos en el mismo saco ni ignorar tanta variedad.

En Disney Channel hay contenidos de mierda llenos de estereotipos de género y que ensalzan aspectos superficiales (protagonizados por adolescentes y que ven niños de cinco años), y también otros divertidos y educativos. Hay vídeos musicales que son obras de arte y muchos que presentan a las mujeres como cachos de carne y están llenos de mensajes cuestionables.

Exactamente igual hay youtubers cuya calidad deja mucho que desear o que están orientados a un público adulto y no deberían ver niños y otros que son perfectamente aptos para niños de la edad de mi hija (que en marzo cumplirá ocho años).

Una de las muchas responsabilidades que tenemos los padres es ver lo que nuestros hijos quieren ver y decidir si son apropiados. Mi experiencia además me dice que, al menos a la edad que tiene mi hija, agradecen que compartamos sus intereses.

Yo he visto muchos vídeos del canal de videojuegos de Luzu, LuzuGames, junto a Julia y son entretenidos y completamente blancos. Hemos visto vídeos de Pokemon Go, de Pokemon Sol y Luna antes de ponerlo en la carta a los reyes magos, de sus visitas al parque temático de Harry Potter, que ya sabéis que Julia es muy fan, o adivinando pokemons junto a su novia Lanita.

Y no ha pasado nada, salvo que hemos pasado un buen rato. Prefiero con mucho que mi hija vea a Luzu que Violeta o el vídeo de Piki Piki.

Hay otros vídeos de Luzu que muestran videojuegos más adultos o experiencias que a Julia no le van ni le vienen. Esos no se ven y punto. Ella lo sabe y, además, no le llaman la atención. De todas formas, como los vemos juntas no hay peligro. Y si Julia tuviera ya doce o catorce años y le interesaran, no habría el menor problema. Ni mucha diferencia con cuando yo leía a esa edad Micromanía.

He visto a Luzu, en sus vídeos, abogar por jugar limpio, por hacer las cosas como es debido, le he visto explicarse con pasión y de forma amena, se le percibe un tipo sensato y capaz de reírse de sí mismo y es, sin duda, un comunicador fantástico al que imagino muy consciente de que entre los seis millones de seguidores de su canal hay un porcentaje muy elevado de niños (sobre todo en los de Pokemon) y tiene que cuidar en extremo lo que cuenta y cómo lo cuenta.

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‘Mother Goose Club’ y ‘Super Simple Songs’, alternativas en inglés a ‘Cantajuegos’, ‘Pica Pica’ o ‘Dubbi Kids’

Normalmente el tiempo que unos padres ven los vídeos musicales infantiles de Cantajuegos (que hace ya mucho que mantiene los mismos integrantes y dio un salto de calidad al amancebarse con Disney), Pica Pica (los que más y mejor incorporan el humor), Juan D y Beatriz (tal vez los hayáis visto en Clan) o Dubbi Kids (los más rockeros y diferentes) es limitado. Unos pocos años durante la primera infancia de sus hijos, que pronto pasarán a querer ver otro tipo de música. No sé si mejor, esa es otra cuestión, pero seguro que distinta. Y con bastante seguridad una música que escucharán a solas, por lo que no nos encontraremos cantando internamente “todos los monstruos van al peluquero” o “para dormir a un elefante” cuando vamos camino al trabajo.


Os confieso que yo soy como un perro de Pavlov por culpa de Pica Pica. Es oír “melocotón” y cantar por dentro “melocotón, melocotón, manzana, pera, piña… ¡y plátano!”. Y antes que El baile de la fruta hubo otros grandes hits condicionados.

Jaime tiene autismo y uno de sus pocos intereses es la música. Él tiene diez años, así que llevamos una década escuchando todo tipo de vídeos de música infantil y probablemente seguiremos mucho tiempo con ese tipo de banda sonora en casa a diario.

Pensad en mí cuando llevéis un par de añitos con Cantajuegos y os sintáis hartos…

Jaime cada vez tiene más claro qué canciones sí quiere escuchar y cuales no. Vamos, además, por rachas. Durante un tiempo le encanta Dubbi Kids y un par de semanas después se satura y prefiere otra cosa. Por eso conocemos bastantes grupos infantiles, no solo los que os he mencionado más arriba, hay mucho más, desde las simpáticas Zascanduri a los voluntariosos (y necesitados de entonación) VideoKids TV, pasando por los ‘indies’ Billy Boom Band o Jim Jam & Sunny, aunque en rigor esos últimos no sean un grupo infantil.


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“Un libro ideal para las niñas”

Hace ya meses que quería reorganizar bien todos los libros y cuentos que había en la habitación de Julia, entre los que se encuentran todos los libros y cuantos que eran míos cuando era niña, para poner más a su alcance aquellos que ya puede leer o podrá leer pronto. También quería revisar bien los cuentos más infantiles, para quedarnos solo con unos pocos elegidos, los más representativos, los que más nos gustaron y leímos, y donar el resto.

El horror hecho cuento apareció este lunes mientras andaba de zafarrancho. Lo primero que me llamó la atención fue ese “Un libro ideal para las niñas”. No recordaba haberlo tenido jamás en mis manos. Es como si se hubiera materializado de la nada entre maravillas como Las ciudades de colores, Sí, somos raros, Galgui o El cazo de Lorenzo. Sé que yo jamás lo hubiera comprado, así que imagino que sería algún regalo procedente de supermercado o del típico mercadillo con libritos de saldo o adquirido por alguien que no se fijó mucho o no tenía el radar bien calibrado.

Se llama Eres mi mejor amiga y fue editado por Saldaña en España en 2014, aunque proviene de China.

Lo abrí para ver a qué bolsa de donaciones iba, y fue aún peor. Todo rosa, todo niñas y no aparece ni un solo niño jugando con ellas. A lo largo de sus pocas páginas las amiguitas juegan a las cocinitas, a dar el té a los ositos, a ponerse los tacones y la ropa de mamá, se columpian y hacen fiestas de pijamas.
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Sobre la ‘mentira’ de los Reyes Magos

Hoy le cedo la palabra a María José Rodríguez, madre reciente, científica y autora de los cuentos Chiquitina, Galgui y Un amigo diferente.

Se trata de una reflexión que comparto. Igual que creo que la magia no está reñida con la cordura, también creo que no está peleada con ser sinceros y construir confianza.

Yo soy de las que explican a los niños sin paños calientes el ciclo de vida de una mosca o cómo funcionan los infrarrojos del mando a distancia, pero lo de hoy, lo de mañana es pura magia. Y cuando sepan la ‘verdad’, seguirá siendo una magia de la que formen parte, porque siempre habrá niños que seguirán creyendo en ella.

Os dejo con María José:

Hace unos días leía con sorpresa que había padres y madres que no querían participar en “la mentira” y “el montaje” de los Reyes Magos. Entre otras cosas porque no querían mentir a sus hijos, no querían perder su confianza, no querían ver rotas sus ilusiones cuando descubrieran la verdad. Esa manera de expresarse implica que los demás, los que sí hablamos de los Reyes Magos, estamos mintiéndoles a nuestros hijos, y participamos de un montaje cruel que eventualmente les romperá el corazón.

Voy a basarme en unas palabras de Chesterton para dar mi opinión: hoy nuestra tarea consiste en rescatar la festividad de la frivolidad. Es la única manera de que vuelva a ser festiva. Los niños todavía entienden la fiesta de Navidad: […] tampoco hay la más mínima frivolidad en su actitud con respecto al árbol de Navidad o a los Reyes Magos. Poseen el sentido serio y hasta solemne de la gran verdad: que la Navidad es un momento del año en el que pasan cosas de verdad, cosas que no pasan siempre.
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¿Os parece excesiva la cantidad de regalos que reciben los niños en Reyes?

No es un problema en todos los hogares con niños pequeños, pero sí en muchos. Con frecuencia la cantidad de regalos que reciben los niños parece excesiva a los padres e incluso abruma a los pequeños, incapaces de valorar e incluso de recordar todo aquello con lo que son agasajados.

Muchos padres ponemos nuestras normas. Nosotros elaboramos una carta en la que solo hay una petición para cada casa. Dado que yo no tengo hermanos y mi santo solo uno, la cosa es más o menos controlable. Pero siempre hay alguna cosa más que cae en nuestra casa por sorpresa y son, sin duda, muchas cosas en una misma mañana.

Difícil resistirse a vivir esa ilusión por poderes, aunque tal vez deberíamos empezar a hacerlo. Aunque en nuestro caso no sentimos abrumados a los niños ni a nosotros desesperados por achicar espacio. Tal vez porque Jaime con su autismo hace que lo que se recibe esté muy medido y Julia nunca ha sido niña de pedir muchos juguetes. Este año ha pasado todas las páginas del catálogo de El corte inglés sin que nada llamas su atención hasta llegar a los videojuegos del final.

Me siento tentada, no obstante, a aplicar los consejos que distintos expertos dan hoy en un reportaje titulado en web “Si Jesús recibió tres regalos de los Reyes Magos, probablemente es que con tres sea suficiente”  y en la edición impresa como Cuando los juguetes son un alud abrumador que os invito a leer.

Que siempre haya algún libro y algo útil entre sus regalos, también una experiencia en familia y algo que transmita valores. Esperar y dedicar tiempo a cada regalo que se abre y no abrir sin parar y sin saborear, donar alguno de esos juguetes nuevos que ha recibido, guardar alguno para más adelante, pedir cosas que pueda disfrutar en verano y tener reservadas hasta entonces…

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Juguetes diferentes para niños (no solo) con discapacidad

Jaime tiene diez años y sigue sin entender la magia de los Reyes Magos, esa que disfrutamos con frecuencia más los padres que los niños. Pero eso es lo de menos, se trata de un par de días al año en el que contrasta su asunción de que es un día como cualquier otro comparado con la ilusión de su hermana o sus primas. A él ni siquiera le gusta abrir los paquetes a su nombre.

Lo de más es que se trata de un niño con muy pocos intereses, algo habitual cuando se tiene autismo. Los juguetes no llaman su atención, le gustan los juegos motores con nosotros, la música, columpiarse, la piscina… Poco más. Y tener pocos intereses dificulta el aprendizaje. Como le gusta tener cosas en las manos con forma alargada, las serpientes de goma son habituales en su carta a los Reyes. También tambores y bongos. Lo demás son pijamas, zapatos… Cosas útiles. Sobre todo los primeros años intentamos distintos juguetes que creíamos que le encajarían sin éxito, recorríamos las jugueterías de los pasillos rosas, de las zonas de puzzles y muñecos de acción, con poco rédito.

Lo de que los juguetes no llamen la atención y en Reyes le regalen un abrigo o un albornoz para ir con el cole a la piscina y se quede tan contento (es decir, igual que estaba) puede parecer un chollo para muchos padres agobiados por él aluvión de juguetes y peticiones más o menos imposibles de estas fechas.

Ojalá yo tuviera a Jaime pidiéndoselo todo del catálogo de turno y a mí planeando el siguiente reciclaje de juguetes.

En fin… Bien sé después de tantos años que los ‘ojalás’ no llevan a ningún sitio. O sí que llevan mejor dicho, pero a ninguno bueno.
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Sí, los chavales españoles beben demasiado alcohol y los adultos les damos un ejemplo de mierda

GTRES

Leo que la ministra de Sanidad plantea poner sanciones económicas a las familias que no vayan al curso de sensibilización con sus hijos si son pillados bebiendo alcohol. Algo que viene de la oleada de noticias relacionadas con comas etílicos de chavalines a los que casi ni siquiera se les puede llamar aún adolescentes.

La semana pasada, justo antes de que arrancasen las navidades la Fundación de Ayuda a la Drogadicción (FAD) lanzó una campaña de sensibilización social en la que daba datos como que más de 480.000 menores se han emborrachado el último mes y que 37.000 menores, de 14 a 18 años, beben alcohol a diario.

No sé a vosotros, pero a mí me parece terrorífico. Pero lo veía y me preguntaba. ¿Y de cuántos adultos se puede decir lo mismo? ¿Cuántos se han emborrachado al menos una vez el último mes? ¿Cuántos beben alcohol a diario? Porque también es algo terrorífico y además estamos dando un ejemplo de mierda a nuestros niños.

Lo veo constantemente a mi alrededor y desde hace años. Mientras son muy pequeños lo de beber con moderación no es algo de lo que hablemos con ellos. No nos sentamos con un niño de siete o diez años y le damos una charla sobre los peligros del alcohol. En cambio nos ven con frecuencia desde muy pequeños sentados en sobremesas interminables tomando primero vino, luego brindando, después con el pacharán o el cubata. Saliendo a tomar unas cervezas o unos vinos a mediodía o media tarde mientras ellos corretean alrededor. Protagonizando alguna ‘escapada’ sin niños en la que pimplar sin freno o recordando entre risas proezas efectuadas bajo los efectos del alcohol, por lo que les estamos transmitiendo que debe ser divertidísimo y aceptado en cuanto eres (o te sientes) adulto. Y si no lo hacemos nosotros, lo hacen otros adultos de referencia: tíos, abuelos, amigos de la familia…

Y puede parecer que esos niños están a lo suyo, que no escuchan, que no se enteran, pero yo estoy convencida de que sí, de que les cala.

Luego crecen, se plantan en la adolescencia y quieren ser mayores, independientes. El consumo de alcohol viene asociado. Y ahí tal vez les soltemos alguna charla o les pidamos que sean responsables o les exijamos que no beban o examinemos su aliento.

Ya es tarde.

No, en este país hay una cultura de tolerancia muy elevada al alcohol que no sirve precisamente para dar ejemplo. Y precisamente a los chavales como mejor se les educa es dándolo. Eso sí que sirve.

Y luego está la presión ambiental a los no bebedores a cualquier edad.

Yo apenas bebo alcohol. Probé la cerveza y el vino y no me gustaron y nunca he insistido con aquello que la primera vez no me convenció. Tal vez eso me libró también de fumar. Medio vaso de un vino blanco me dura una comida entera. En un verano pueden caer media docena de claras con limón. No más. La sidra natural sí me gusta comiendo, tradición familiar asturiana, pero tres o cuatro culines son bastantes. La ginebra y la tónica me parecen repugnantes y alguna vez he tomado ron con cola, pero una copa como mucho porque me gusta mantener la cabeza clara. Solo un par de veces en mi vida he sentido que el alcohol tomaba las riendas y no quiero repetir la experiencia. Si conduzco no bebo absolutamente nada.

Y he tenido que verme observada como un bicho raro por ser así.

Los mismos que se llevan las manos a la cabeza con los comas etílicos de niños de doce años me miran extrañados cuando paso una noche de fiesta solo con una coca cola o cuento que nunca he estado borracha. En muchas ocasiones en las que asoma la bebida me he visto animada hasta el cansancio extremo a beber por todo tipo de personas y en todo tipo de ambientes, he tenido que mojarme los labios con muchos tipos de licores para que me dejaran en paz, he tenido que explicar que no juzgo que ellos beban, que hagan lo que les dé la gana pero que me dejen tranquila, he tenido que vaciar mi copa de agua y llenarla con un vino que se ha ido por el fregadero porque “brindar con agua da mala suerte”, he tenido que oír en tono de broma que soy un muermo, que no sé lo que es bueno, que no sé divertirme, que no sé apreciar lo bueno, que no se puede ser tan sano.

Con frecuencia todo eso ha pasado con niños delante, con mis niños y con sus niños.

Por suerte tengo cuarenta años y paso. No me van a empujar a beber por mucho que insistan, por mucho que el alcohol me rodee. Fue una suerte aún mayor que cuando lo oyera con dieciséis años también me resbalara.

Mi padre es igual que yo. Bebe muy poco. Yo jamás le he visto borracho, ni siquiera algo contento. Y me cuenta que nota que los médicos no le creen cuando dice que no bebe porque un hombre de su edad es raro que esquive el alcohol.

Tal vez el que yo no lo haga ahora también tenga algo que ver. Tal vez no. Pero tengo claro cómo quiero que me vean mis hijos.

Este viernes se estrena ‘Canta’: mejor que ‘Mascotas’, no tan buena como ‘Zootrópolis’

En mi penúltimo post os contaba las películas de animación que más me han gustado recientemente. Mis favoritas del último año son, sin duda, Kubo y las dos cuerdas mágicas y Zootrópolis (Zootopía). Pues si tuviera que elegir una, sin duda sería esa segunda, que ya he podido comprobar que resiste varios visionados sin perder frescura. Kubo solo la he visto una vez en pantalla grande y, aunque me pareció una absoluta maravilla, sé que no es para todos los niños ni para todas las sensibilidades.

Era inevitable que recordase los animales humanizados de Zootrópolis cuando veía con mis hijos en casa los tráilers de Canta la nueva producción de Illumination Entertainment, responsable de Los Minions y el éxito del verano Mascotas, que llega a los cines este fin de semana. De nuevo estábamos ante animales antropomorfos, habitantes de un mundo paralelo y muy similar al nuestro. Si la cinta de Disney reconvertía las películas de una pareja de policías muy distintos condenados a entenderse, Canta hace lo propio con los talent shows. No me hubiera extrañado encontrar a la conejita Judy entre el público del teatro del koala protagonista.

El pasado sábado tuve la oportunidad de verla con Julia y lo cierto es que la disfrutamos. Es una película muy entretenida, que ya en sus avances prometía estar repleta de personajes carismáticos y canciones (todas en inglés, eso sí, con abundancia de pop de reciente factura) y es algo que cumple.

Y respecto a los personajes, resulta complicado elegir un favorito. El cerdo admirador de Lady Gaga Gunter, la cerdita ama de casa que esconde una estrella, la puercoespín adolescente que va de dura, el gorila que no quiere ser malo, el Koala que alberga sueños que multiplican su tamaño, la lagarta de provecta edad, la elefanta tímida de voz prodigiosa… Todos son muy distintos y todos tienen su encanto.
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Guillermo del Toro se acerca de nuevo a la animación infantil con ‘Trollhunters’

Guillermo del Toro es uno de esos cineastas que me gusta seguir porque, aunque no todo lo que haya hecho sea redondo ni mucho menos, todo, absolutamente todo, me resulta interesante y mucho me ha calado. Ha logrado ser autor de obras que no pasan al olvido según termina el visionado y lo único que realmente le podría echar en cara es haber participado en el guion de esa ida de cabeza élfica que es El Hobbit.

El mexicano, conocido sobre todo por El espinazo del diablo y Hellboy, me enamoró hace un par de años con la maravillosa El libro de la vida, la historia de un torero que sabía que no estaba bien matar, estéticamente distinta, culturalmente muy mexicana y de la que os hablé aquí el año pasado. Tras Zootrópolis y Kubo y las dos cuerdas mágicas, El libro de la vida es, sin duda alguna, una de las cintas infantiles que más me han gustado estos dos últimos años. Y no sólo a mí, mi hija y mis sobrinas también sucumbieron a su encanto. Una pena que pasara por España sin pena ni gloria, creo que fue una película infantil antitaurina que no se supo (o no se pudo) vender en el país europeo más taurino.

No hace mucho supe que Guillermo del Toro va a repetir en esto de hacer un producto infantil, y me alegré mucho con la noticia. Se trata en esta ocasión de una serie de animación de DreamWorks Animation TV que se llama Trollhunters.

¿No os recuerdan estos trolls un poco a ‘Hellboy’? Yo veo cierto parecido familiar.

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