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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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Gonzalo Añón: “El deporte del caballo es una actividad espectacular para los niños”

Me gusta la hípica. Es un deporte que he disfrutado, como espectadora, desde niña. Igual que lo hizo mi padre antes que yo. En Gijón, la ciudad de mis veranos, hay mucha afición, y es una afición que no está vinculada al poder adquisitivo o la clase social. Todo tipo de gente acude a divertirse pasando una tarde al aire libre, animando a los jinetes por los que han apostado, la gran mayoría unos pocos euros.

El pasado verano estuve con mi hija en Las Mestas y lo disfrutamos mucho. Es un buen plan en familia, un buen plan con niños. Si estáis por Asturias en agosto, cuando se celebra, os recomiendo que os acerquéis.

Pero no hay que esperar al verano. Este mismo fin de semana se celebra en Madrid un Concurso de Saltos Internacional en el que participan nueve jinetes de los diez mejores del mundo. Una competición que forma parte de la Longines Global Champions Tour, el circuito hípico más importante y de mayor dotación económica del mundo. Un espectáculo deportivo de primer nivel con 120 jinetes de 21 países, pero también un posible plan para ir con niños.

Puede que en Madrid no tengamos la emoción de las apuestas que hace que en Gijón se escuchen cientos de alientos contenidos cuando salta un favorito, pero no conozco el niño que no se maraville viendo caballos volar raudos sobre los obstáculos.

Y hay más para ellos, cuentan con una zona infantil llamada Little Riders Corner con un carrusel y un Pony Park, se les enseña el material hípico y cómo cuidarlo y hay talleres y juegos. Para comer: food trucks.

Tiene lugar en el Club de Campo Villa de Madrid, la entrada para un día cuesta 15 euros en el caso de los adultos y 7,5 para los niños.

Gonzalo Añón (Víctor Lerena/EFE)

Uno de los jinetes que compiten este fin de semana es Gonzalo Añón. 2016 fue el primer año de Añón en el circuito profesional. “Fue un año espectacular, pude rodearme de los mejores jinetes del mundo en los mejores lugares hípicos del mundo. Aprendí muchísimo, fue como otra carrera universitaria más. Y ese aprendizaje se está notando al principo de 2017”.

Con apenas 22 años es uno de los participantes más jóvenes del concurso, también uno de los deportistas españoles más prometedores en esta disciplina. Viendo su palmarés no es de extrañar que tenga la vista puesta en los campeonatos de Europa que se celebran este año y en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020: “Como todo deportista de alto nivel siempre tienes como objetivo los Juegos Olímpicos. Es un objetivo a largo plazo, pero lo tengo en mente”, me cuenta poco después de confesar que tiene “muchos frentes abiertos” y que el martes justo tras el concurso presenta el trabajo de fin de grado, porque además de competir, este joven gallego también estudia y trabaja.

Este jinete tuvo la cortesía de hablar brevemente conmigo sobre hípica y niños.

¿Le da la impresión de que cada vez hay más niños practicando este deporte?
Sí, cada vez está un poco más de moda. El deporte del caballo es un estilo de vida. Para los niños es una actividad espectacular. Tienes algo en la cabeza, te quitas de tiempo para hacer cosas que no debes, es un deporte muy sano. Y la relación con los animales te hace ser muy responsable. Un caballo no es como un balón de fútbol. A un balón tú lo dejas en casa y vuelves a los tres días y como mucho está deshinchado. Los caballos requieren de responsabilidad y esfuerzo y eso es bueno para todos.

Un caballo no es una moto.
No, no son de usar y tirar. Un caballo no es ninguna máquina.

¿Qué le diría a unos padres que no tienen nada que ver con el mundo del caballo y a los que sus hijos les dicen que quieren montar?
Yo recomiendo siempre que prueben. Es un deporte que enamora a los hijos y a los padres. La relación con el caballo es muy bonita. Yo no conozco a nadie que me haya dicho que haya llevado a sus hijos a montar y hayan quedado disgustados.

Bueno, salvo que haya habido un susto o una caída imagino.
Son gajes del oficio que hay que asumir. Es un deporte de riesgo. Pero no te vas a quedar en el sofá de casa. Los niños tienen que hacer actividades y estar en forma. Yo desde pequeño he practicado todos los deportes que te puedas imaginar y cada día agradezco más a mis padres que me hayan dejado hacer todas esas actividades deportivas. Es algo que voy a agradecerles toda la vida.

Volviendo a esos padres que buscan un sitio para que sus hijos monten sin tener mucha idea. ¿En qué deberían fijarse para elegir un picadero?
Creo que lo más importante es la gente con la que se relacionan, con la que los niños van a aprender. Si el sitio es más bonito o más feo es algo a lo que yo no doy tanta importancia, sobre todo para los niños pequeños que van a disfrutar y pasarlo bien.

Siempre me ha llamado la atención que sea el único deporte olímpico en el que hombres y mujeres compiten juntos.

Para el jinete la condición física es importante, pero importa más la del caballo. Por eso podemos competir hombres y mujeres juntos y que no haya desnivel. No hay nada que nos diferencie a caballo.

Y es bonito que los niños que lo practican crezcan viendo eso, que no llega una edad en la que tienen que separarse.
Claro. Es el respeto, la igualdad que todos merecemos, que es lo que necesita la sociedad.

De todas maneras es curioso que haya muchas más niñas aprendiendo a montar que niños, pero compitiendo en los primeros puestos veamos más hombres. ¿A qué cree que se debe?
No sé la razón. No sabría decirte porqué empiezan montando más y luego son menos. Ceo que cuando son madres pierden tiempo de competición, pierden puestos en el ranking que luego cuesta recuperar. En ese sentido tienen unos inconvenientes que nosotros no tenemos; nosotros no tenemos que parar.

La práctica de este deporte parece estar vinculada a un alto poder adquisitivo, al menos a la hora de competir. ¿Es así?
Más o menos. Los caballos de alta competición son animales muy caros, pero el que es bueno de verdad no tiene problema normalmente para encontrar patrocinadores. El 80% de los jinetes del Global Champions Tour que estarán en Madrid este fin de semana no son propietarios de los caballos y no les cuesta dinero el deporte, sino que viven de ello. Pero a nivel amateur y asumiendo todos los costes es un deporte caro no, muy caro.

¿En España es tal vez incluso un poco más difícil?

Es un poco más complicado. Sí, hay caballo español, pero no es un país de caballos de deportes como puede ser el salto de obstáculos. La gente no tiene esa mentalidad. No hay cría de caballos, aunque ahora está empezando. Hay que ir fuera a comprarlos y es un coste mayor. En Bélgica, en Francia, en Alemania, en Holanda… la situación es totalmente diferente.

De hecho muchos jinetes españoles se tienen que ir fuera. ¿Se lo plantea?
Yo tengo la suerte de contar desde joven con el apoyo de patrocinadores y de mis padres; estudio y trabajo aquí y no tengo pensado irme. Si no tuviera ese apoyo y quisiera dedicarme de manera profesional a los caballos, probablemente lo haría.

Gonzalo Añón. (Stefano Grasso/LGCT)

‘Warner Bros. Studio Tour London’, la magia tras el hechizo de Harry Potter

WARNER

Desde que Julia cumplió tres años mi santo y yo decidimos que, al menos un fin de semana al año, nos escaparíamos sin niños; que dedicaríamos una noche y dos días en marzo, en torno a nuestro aniversario, para estar solos. Y así lo hemos estado haciendo hasta este año en el que, rompiendo la tradición, nos fuimos a Londres en compañía de Julia. Jaime se quedó triscando felizmente en una granja escuela, porque para él, con su autismo, un viaje-paliza como el que planteamos habría sido excesivo. También porque subir al avión con él nos da miedo, no voy a engañaros.

Fueron tres días y dos noches en una ciudad maravillosa que los tres desconocíamos y que nos enamoró, pero de lo que quiero hablaros es de la mañana entera que pasamos en lo que coloquialmente todos llamamos “los estudios de Harry Potter en Londres” y cuyo nombre oficial es Warner Bros. Studio Tour London. The Making of Harry Potter.

Si me leéis con regularidad tal vez sepáis que Julia, que coincidiendo con el viaje cumplió los ocho años, es una pequeña gran entusiasta del universo creado por J.K.Rowling. Ha visto todas las películas, aunque sus favoritas son las cinco primeras antes de que la cosa se ponga demasiado turbia y adolescente, hemos leído juntas el primer libro, fuimos a ver Animales fantásticos en una sesión especial para fans de Potter, fue a un taller de varitas al Festival de Fantasía de Fuenlabrada (que pronto tendrá lugar de nuevo y es un buen plan con niños), de lo que más le gusta disfrazarse es de Hermione y su séptimo cumpleaños convirtió nuestra casa en Hogwarts. Mi santo y yo, sin llegar a ser fans, vimos las películas y leímos los libros en su momento y somos conscientes de ese algo que tiene Potter y que ha hechizado a millones de personas en todo el mundo.

Entenderéis que con esos antecedentes, si íbamos a Londres y teníamos oportunidad de visitar los estudios que tiene allí Warner, teníamos que acudir y llevarla con nosotros.

¿Qué son exactamente los estudios de Harry Potter en Londres? Se trata de la transformación de los estudios en un enorme espacio, casi todo a cubierto (solo hay una pequeña zona a la intemperie, lógico teniendo en cuenta dónde está ubicado), en el que se pueden ver escenarios de las películas (en gran salón comedor de Hogwarts, el despacho de Dumbledore, Privet Drive, la casa de los Weasley, el tren, fragmentos del ministerio de magia, la clase de pociones, el callejón Diagon…), vehículos emblemáticos como el autobús nocturno, el coche volador o la moto de Hagrid, todo tipo de criaturas empleadas en el rodaje, los trajes que llevaban…

Pero vayamos por orden. Lo primero que veremos es una gran nave (que en la segunda guerra mundial se dedicó a la fabricación de aviones), aparentemente en medio de la nada, con varias de las grandes figuras del ajedrez mágico de la primera película casi como único elemento que nos dice que hemos llegado al lugar correcto. Al entrar veremos a nuestra izquierda una cafetería, a la izquierda la tienda de recuerdos, a nuestra espalda el lugar en el que se pueden coger las audio guías y de frente el acceso.

Las entradas indican la hora a la que podremos adentrarnos del todo en el mundo de Harry Potter. Escalonar los accesos nos obliga a estar allí puntuales para poder pasar cuando toca, pero es buena idea para que dentro haya siempre un número razonable de gente, que permita moverse, ver todo y hacer fotos sin agobios. Una vez dentro no hay límite de tiempo, se puede estar tanto como uno desee. La media de la visita ronda las cuatro o cinco horas, pero si se quiere leer todo, ver todo, hacer todo y escuchar la audioguía entera, fácilmente se puede estar todo el día.

Conviene llegar con tiempo. Nosotros así lo hicimos y aprovechamos para cotillear tranquilos la tienda, que es enorme, perfectamente ambientada e invita a hacer fotos. Peluches, varitas, camisetas, trajes, joyas, libros, ranas de chocolate… Hay de todo y no precisamente barato, también es cierto. Por esa tienda, por la tienda de varitas de Olivander en concreto, saldremos cuando concluya la visita.

La visita en sí arranca con la bienvenida de uno de los trabajadores y un pequeño vídeo en una sala de cine. Nosotros nos sentamos en la primera fila y acertamos, porque cuando acabó la proyección se desplegaron ante nosotros las puertas de entrada a Hogwarts y nuestra anfitriona invitó a un puñado de niños, entre ellos la nuestra, a que bajaran con ella a empujarlas. Al abrirse, de repente, estábamos en el impresionante comedor del castillo. Exactamente igual a las películas y un comienzo por todo lo alto.

WARNER

Y tras el comedor, toca seguir andando y descubriendo la magia tras el hechizo de Harry Potter. El siguiente gran espacio muestra vestimentas, objetos y lugares emblemáticos. Se miran, se fotografían, pero que nadie espere poder sentarse en la silla de Hagrid o en la cama de Harry.

WARNER

No obstante, aunque casi todo es ver, también hay cosas que hacer. A los niños se les entrega un pasaporte que indica distintos lugares en los que buscar snitchs doradas. Una vez localizadas se pueden ir poniendo los sellos hasta completarlo.

En esa zona también es posible subir y volar sobre una escoba con un croma detrás y llevarse las fotos o el vídeo recuerdo.


Hay clases de cómo lanzar conjuros con la varita o una escoba a la que se puede llamar para que vuele hasta nuestra mano. Por cierto, también hay trabajadores en todas las zonas disponibles para responder a nuestras preguntas con toda amabilidad.

Tras esa zona llegamos a la estación 9 3/4 y al expreso de Hogwarts. Allí también podemos sentarnos y actuar ante lo que sucede por la ventanilla. Después del tren hay una zona al aire libre con el puente de Hogwarts, más piezas de ajedrez, el coche de los padres de Ron y la moto de Hagrid y la casa de los tíos y de los padres de Harry.

Esa zona está justo al lado del restaurante, en el que se puede hace parada y fonda para reponer fuerzas. No solo hay comida (tirando a especiales y al precio ligeramente inflado habitual de estos sitios), también hay la famosa cerveza de mantequilla y helados con ese sabor.

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¿Qué harías si te invitaran a una boda en la que tus hijos no son bienvenidos?

El pasado viernes una amiga estuvo de boda. Aunque la gente se casa durante todo el año, lo cierto es que con el buen tiempo estas celebraciones se concentran. Ella es madre reciente (reciente de verdad, no como yo que elegí tan mal el nombre con el que escribo aquí que dentro de poco tendré que cambiar el mío a ‘madre de adolescentes’), y estuvimos hablando de ir las bodas con niños.

(GTRES)

No es el mismo plan que cuando ibas soltero y dispuesto a darlo todo en la fiesta. Con niños pequeños sueles preferir las bodas de día. No sólo porque es más fácil que puedas llevarlos, también porque si vas a una boda por la noche, con y sin niños, es muy probable que acabes muerta de sueño, mirando con envidia a los abuelos que aguantan unas pocas canciones sentados y se marchan con el primer autobús.

Nosotros no llevamos nunca a Jaime a las bodas a las que nos invitan. Fue a un par de ellas de familiares muy cercano hace bastantes años, y la última fue un desastre del que tuve que irme a la mitad. Para él, con su autismo, es imposible concebir una comida que dura cuatro horas. Al baile no llegamos en ningún caso, pero probablemente habría llegado agotado y todo aquello le habría saturado. No hay necesidad de hacérselo pasar mal solo porque haya gente a la que le haría ilusión verlo por allí un ratito.

Lo cierto es que él no concibe estar comiendo o cenando a lo largo de cuatro horas, pero tampoco lo hace ningún niño pequeño. Para todos los que conozco es algo excesivo. Tienen que levantarse y jugar para aguantar. Es lógico, son niños. Y mientras puedan divertirse sin hacer tropezar a los camareros, arriesgarse a tirar abajo las cortinas, no veo el problema en ver jugar a un niño en una fiesta familiar.

Hay bodas concebidas para que vayan los niños y lo pasen bien. Bodas al aire libre en las que hay columpios, toboganes y espacio para correr, bodas en las que incluso hay una persona contratada para jugar con ellos y estar pendiente de ellos. Bodas relajadas en las que se ve que los novios disfrutan teniendo a sus sobrinos o los hijos de sus amigos a su alrededor.

Hay otras en las que no es así. Los novios tienen otro concepto de boda en el que los niños no están contemplados y, si van, aguantan como pueden el evento, intentando divertirse dentro de lo que haya a su alcance. Y, obviamente, los novios están en su derecho de planear ese día como mejor les parezca. Luego está el sentido común de los padres para ver si a ese tipo de boda en concreto llevan a sus hijos o no, si es que tienen opción (en forma de canguro) para no hacerlo.

Pero hay algo a lo que no estoy tan segura que tengan derecho, y es a prohibir directamente la entrada de niños a su boda.

“¿Has oído hablar de las bodas que no admiten niños?”, me preguntó mi amiga, y añadió, “¿qué harías tú?”.

“Pues depende”, contesté. Depende de quién se case, el vínculo que nos una, cómo sea la boda, si nos lo han planteado como una sugerencia o como una prohibición innegociable (los hay que incluso lo plantan por escrito en la invitación impresa), de si han invitado a sus niños más cercanos y los prohibidos son los de los amigos…

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Antonio Machado y Rubén Darío hechos cuentos para el Día del Libro

(GTRES)

No os engaño, me  hubiera gustado traer la recomendación de estos dos libros el pasado 21 de marzo, Día Mundial de la Poesía, pero el Día del Libro es otra ocasión fantástica para hablar de Era un niño que soñaba y Margarita, está linda la mar.

Sí, Rubén Darío y Antonio Machado nada menos, adaptados para disfrute de nuestros niños. Estos dos álbumes forman  parte de una colección poesía ilustrada que tiene Bruño, cada uno se centra en un solo poema que se despliega a lo largo de sus páginas acompañado de ilustraciones.

“Margarita, está linda la mar, y el viento lleva esencia sutil de azahar…”, cuenta con ilustraciones de Marta F. Balmaseda. Las ilustraciones de Rosa María Curtó acompañan a “Era un niño que soñaba un caballo de cartón…”

Si me leéis ya sabéis que soy una gran defensora de buscar la poesía para nuestros niños, de jugar con ella, recuperarla, crearla…. Todos los libros, todas las letras hacen volar, pero tengo la íntima convicción de que con ningún texto lo hacemos tan alto como la buena poesía.

Y como el Día de Libro es un día para hacer recomendaciones de lecturas que merezcan la pena y yo ya he cumplido, os voy que pedir que vosotros también lo hagáis.

¿Qué libros infantiles nos aconsejáis?

 


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Películas en cartelera para ir en familia al cine en Semana Santa

Semana Santa, diez días en los que los niños no tienen colegio (desde el viernes 7 de abril hasta el lunes 17 en Madrid). Diez días en los que las familias tenemos que organizarnos para atender a nuestros hijos, si es que aún no están en edad de quedarse solos en casa viendo Netflix, jugando a la consola, saliendo con sus colegas e incluso leyendo y estudiando.

Campamentos, abuelos o tíos entregados, cambios de turnos y días de vacaciones invertidos. Días invertidos en irnos todos de vacaciones al pueblo, a la playa, a la montaña o a quedarnos en nuestras ciudades. Días en los que aumenta la oferta de títulos infantiles en las carteleras de los cines.

¿Qué tenemos disponible en pantalla grande para dedicar alguna mañana o alguna tarde a ver una película en familia?

El estreno infantil de la semana es El bebé jefazo. Aterriza en los cines el miércoles 12 de abril. El pasado viernes os hablé largo y tendido sobre esta película, una desconcertante exaltación de la imaginación infantil. Una película en la que al final descubrimos que todo no era lo que parecía, que los recuerdos de un niño con una imaginación desbordante puede reconstruir a un hermanito que le arrebató la atención de sus padres en un bebé parlante y mandón y en una conspiración absurda con cachorros parlantes y una empresa formada por bebés sin cosquillas que toman una leche mágica que les impide crecer. Con aciertos y lastres. Y poco recomendable a mí parecer para niños que estén sufriendo del síndrome del príncipe destronado, aunque su mensaje final sea precisamente que tener un hermanito con el que jugar es lo mejor que te puede pasar y que hay amor para todos los hijos.

Your name llegó a los cines el viernes 7 de abril después de arrasar en Japón. Una joya de la animación nipona que mi compañero Daniel González ya puso por las nubes en su crítica semanal, y con razón. Es maravillosa, ambos estamos de acuerdo. Una mezcla perfecta de comedia, romance y elementos fantásticos con sus dosis de acción y una sensibilidad exquisita. Una obra de arte que volvería a ver de nuevo sin dudarlo. Hermosa y redonda, con un guión cuidado, buenos giros y llena de detalles. Es apta para todos los públicos, porque es completamente blanca, pero los niños más pequeños no van a entenderla. ¿A partir de qué edad es recomendable? Pues para niños a partir unos doce años será una experiencia inolvidable.

Los pitufos, la aldea escondida. Se estrenó el 31 de marzo y es un buen título para pasar un buen rato en familia sin más trascendencia. No es una película que vayamos a ver nominada a un Oscar dentro de un año, pero su factura es correcta (aunque plana) y sí que resulta entretenida. La cinta, dirigida por Kelly Asbury, obvia la línea que traían de combinar animación y acción real y vuelve a ser por completo de animación. La historia se centra en Pitufina, protagonista indiscutible, que acompañada de Sabio, Torpe y Fortachón se adentra en el Bosque Prohibido, un nuevo mundo que parece sacado de Avatar, porque sospechan que allí también hay otro pueblo de pitufos y se sienten en la obligación de advertirles de que Gargamel va en su busca.

La bella y la bestia. El ultimo taquillazo de Disney entró en los cines el 17 de marzo y ahí sigue. Un perfecto homenaje al clásico de animación de 1991, probablemente sea la mejor hasta la fecha de las muchas versiones que Disney está haciendo con actores de carne y hueso basadas en sus viejos clásicos. Una lección de Bill Condon sustentada en Emma Watson sobre que el amor solo llega acompañado de la libertad, de que ser distinto no es nada malo y de la importancia del amor por los libros. Y sí, por supuesto. La belleza está en el interior. Pese a que que el exterior acabe siendo el de un apuesto príncipe azul con zapatos de tacón y lazos.

Esos son los estrenos más recientes que resulta fácil encontrar en cartelera, pero hay otras películas infantiles cuyas fechas de estreno en España quedan más atrás en el tiempo que se han recuperado en estos días en muchas salas de cine y que tampoco es complicado repescar. En muchos casos en sesiones matinales o de primera hora de la tarde, también es verdad.
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‘El bebé jefazo’, una desconcertante exaltación de la imaginación infantil

José Coronado, voz española del bebé jefazo (Alec Baldwin en la versión original) durante la presentación en Madrid de la película (GTRES).

Este jueves por la tarde fui con Julia a ver El bebé jefazo, el último estreno infantil de Dreamworks que llegará a los cines españoles el 12 de abril.

Yo me levanté de la butaca desconcertada, lo confieso. Es una cinta atípica, una verdadera locura con bondades y aciertos y también con mucha sal gruesa y elementos que chirrían muchísimo y solo parecen rodar mejor engrasados justo al final. Y el aprendizaje de que tus padres tienen suficiente amor para todos sus hijos y que tener un hermano pudo ser muy divertido, puede suponer lograr el mejor compañero de juegos. El problema es que por cómo está contado, por cómo son los padres (Jimmy Kimmel y Lisa Kudrow en la versión original) y por cómo durante el mayor porcentaje de la cinta vemos al niño mayor ser ignorado y sufrir, dudo que cale el mensaje.

Julia salió diciendo que le gustó y así fue. Tampoco es que vaya a ser un título que le cambie la vida, aunque lo cierto es que pocos lo son. La cuestión es que para ella transcurrió rápida y se le escaparon varias carcajadas. También unas cuantas miradas de incomprensión al principio, hasta que le susurré que no buscara la lógica en la historia y las acciones, que no la había y lo aceptó sin más.

Probablemente la única manera de disfrutar de la película es actuar así, relajarse, asumir que nada tiene sentido, que todo lo que estamos viendo ha nacido de la imaginación desaforada de un niño de siete años con el síndrome del príncipe destronado, disfrutar de los gags que más nos encajen a cada cual, con las referencias que encontremos (¿dónde se consigue el despertador Gandalf?) y con su original estilo visual, que brilla de manera especial cuando el protagonista juega soñando despierto, sin duda el punto fuerte de la película.

La cinta de Tom McGrath no es apta para aquellos que busquen guiones bien cerrados, historias con desarrollos clásicos o ciertas normas en la realidad que se nos presenta en un mundo creado por animación.

También creo que deberían abstenerse los niños más pequeños (a partir de siete años calculo que puede gustar). Y sobre todo me pensaría muy mucho lo de ir al cine si hay una situación en casa de hermanos mal avenidos, pelusas flotantes por la casa, hermanitos pequeños en camino o recién llegados en proceso de gestión.

A partir del trailer la cosa va a estar llena de spoilers, aviso. Pero antes de arruinar la trama a los que sigan leyendo, también advierto que es una de esas películas que conviene esperar a ver qué pasa tras los títulos de crédito.


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‘Los pitufos, la aldea escondida’, para pasar un buen rato en familia sin más trascendencia

Los Pitufos, la aldea escondida, se estrena este viernes 31 de marzo en España. Tan azules ellos, llegan a los cines además el fin de semana más azul el año. Este domingo es el 2 de abril Día Internacional de la Concienciación sobre el Autismo, el día que muchos edificios emblemáticos se tiñen de azul y se invita a la gente a vestir de ese color y colgar globos azules en sus ventanas y balcones.

Julia y yo tuvimos ocasión de verla el sábado pasado. Y no os voy a decir nada que probablemente no imaginéis: no es una película que vayamos a ver nominada a un Oscar dentro de un año, pero su factura es correcta y sí que resulta entretenida. Se trata de una de esas películas con la que puedes pasar un rato agradable en familia comiendo palomitas sin más trascendencia, que no es poco.

Ha sido un acierto que la cinta, dirigida por Kelly Asbury, haya obviado la línea que traían de combinar animación y acción real y que vuelva a ser por completo de animación. La historia se centra en Pitufina, protagonista indiscutible que se siente diferente, no tanto por ser la única chica en un pueblo entero de pitufos masculinos, sino por no entender qué es lo que tiene que ser, cuál es su propósito, y por haber sido creada por Gargamel en lugar de haber nacido como el resto de pitufos que en su nombre ya indican lo que son: bromista, cotilla, gruñón…

¿Cómo nacen los pitufos, por cierto? Ni idea.
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¿Cómo son los cuentos de Disney adaptados con pictogramas de la editorial GEU?

Hace ya bastante, antes de las navidades, Disney tuvo la cortesía de enviarme varios títulos de la nueva colección de cuentos adaptados que lanzó sobre algunas de sus películas más exitosas la editorial GEU. Una editorial muy interesante con mucho material adaptado cuya página os recomiendo visitar si amáis o trabajáis con personas con discapacidad que necesitan material pensado para ellas.

Lo primero que querría destacar es que la colección Disney Cuentos accesibles para todos es un esfuerzo que hay que agradecer. Todo lo que se haga para proporcionar material con el que trabajar, estimular y entretener es bienvenido.

Cada caja contiene un cuento, tarjetas ilustradas y tarjetas con pictogramas. Tienen un precio recomendado en la web de la editorial de 14,96 euros. La calidad de impresión y de los materiales son buenas. Cada título incluye una App gratuita basada en la lengua de signos en Sistema Bimodal, que reconozco no haber probado.

He tardado en hablar de estos cuentos porque Jaime, mi hijo, está lejos de poder disfrutarlos. No son cuentos para todas las personas con autismo o discapacidad intelectual en absoluto. El nivel cognitivo y los intereses de cada niños va a condicionar mucho la utilidad y el uso de los libros. Jaime nunca ha mostrado interés por los pictogramas, yo tengo la íntima convicción de que no es un pensador visual, no al menos como muchos otros chicos con autismo. Y está aún lejos de iniciarse en la lectura.

Según comencé a verlos en casa pensé que eran cuentos para chicos que sí se apoyen en pictos, mejor aún si ya empezaban a leer, así que los llevé a un colegio especial, específico para niños con autismo (gracias Fundación Aucavi), para que los profesionales que allí hay pudieran trabajar con ellos con los alumnos a los que sí resultan útiles.

Eso han estado haciendo este tiempo y han tenido la amabilidad de darme sus impresiones, que hoy os traigo.

La colección consta de adaptaciones de La sirenita, Frozen, La bella y la bestia, Toy Story, Bambi, Blancanieves, Buscando a Dory, Cars, El libro de la selva y El rey león. Son personajes muy conocidos y muy atractivos para muchos niños, que pueden motivarles mucho. Así me lo reconoció la profesional de Aucavi que me trasladó sus impresiones, “hemos repartido los cuentos en función de los intereses de los niños”. Me hablaba de un niño en concreto, loco por Cars y que conocía la historia todos los personajes.

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‘La bella y la bestia’, un perfecto homenaje al clásico de animación de 1991

Imagino que el titular no es demasiado original, que muchos de los que hablemos de esta película durante estos días nos expresaremos en términos parecidos, pero es que es inevitable destacarlo. La película que nos ha traído Bill Condon es extremadamente semejante a la de Gary Trousdale y Kirk Wise que logró una nominación al Oscar a mejor película en 1991.

El diseño de los personajes es heredero directo, igual que la concepción del vestuario, gran parte del guión, los guiños, los diálogos, los planos… Pero no es una copia, transcurre como un homenaje. Hay diferencias sutiles que, en su gran mayoría, enriquecen y modernizan la película. Noté tal vez innecesario todo el asunto de la madre de Bella y la escueta referencia al padre de Bestia, pero no es nada que lastre.

El elenco es espectacular. Luke Evans brilla como Gaston. Kevin Kline da vida a un padre creíble. Emma Watson logra que no eches de menos al dibujo animado, que no es poca cosa, moviéndose por un castillo que en ocasiones recuerda más a Hogwarts que al clásico de Dianey. Tener a Ian McKellen y a Emma Thompson es un regalo. Dan Stevens lo clava como Bestia (tras esta elección y la de la protagonista de La Cenicienta, está claro que los directores de casting de Disney han visto bastante Downtown Abbey). Ewan McGregor es una gozada dotando de personalidad a su candelabro, que se convierte en un robaescenas. Igual que Josh Gad, el personaje de LeFou manifiestamente homosexual y que supone un (estupendo y de agradecer) paso más de Disney a favor de la diversidad (algo que también se aprecia en la abundancia de parejas interraciales de la película).

Julia la disfrutó. Y yo también. Y creo que lo hará cualquiera que recuerde con cariño la película en la que la inolvidable Ángela Lansbury era la voz de la sabiduría hecha tetera.
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Cómo explicar a un niño la muerte de un animal

Antes de nada, os voy a pedir que leáis un viejo post. Se llama Una niña, un viejo gato, una historia de amor y lo publiqué aquí hace poco más de un año para explicar la maravillosa relación que tenían Julia y el buen y viejo Flash.

Porque este post trata de cómo he explicado a mi hija, que acaba de cumplir ocho años, la marcha inesperada y repentina de nuestro gato de oro, que llegó a nuestro hogar siete años antes que ella.

La tarde del miércoles, al volver del trabajo, nos encontramos con que a Flash le pasaba algo. Lo llevé al veterinario, pero su estado empeoraba rápidamente. Nos trasladamos a toda velocidad al hospital veterinario y las pruebas que le hicieron unidas al estado en el que ya estaba me hicieron tomar la decisión de regalarle el mejor final posible.

Y volví a casa pasadas las diez de la noche, con el transportín vacío, salvo por el peso de la pérdida, y conocedora de que tendría que hacer de tripas corazón para aguantar el tipo al día siguiente en el trabajo y después contarle a Julia, que se fue a dormir sabiendo que Flash estaba en el hospital, lo sucedido.

Una vieja y buena amiga, que es psicóloga, me escribió lo siguiente nada mas enterarse:

Los niños aprenden de lo que ven. Deben saber que es normal que les duela, deben sentirse comprendidos y arropados en su dolor, deben poder abrazarse a alguien y llorar a moco tendido todo lo que haga falta y más, deben saber que todo va a ir bien, que siempre tendrán a alguien que curará sus heridas y deben ver que papá y mamá, aunque también se ponen tristes, no se quedan en esa pena y avanzan y ríen y se acuerdan de Flash y de lo bonito que fue tenerle. Julia tendrá todo esto porque tiene la gran suerte de teneros.

Este jueves por la tarde, nada más volver a casa, me senté con ella en su cama y se lo dije. No le hablé de cielos ni de arcoíris, simplemente le conté que Flash estaba tan malito que le habíamos dejado dormir para siempre.

Lloró mucho, durante cerca de media hora. Ese llanto de la pérdida que todos conocemos y que te supera. Y la abracé y la dejé llorar, contándole que era normal estar triste, que yo también había llorado, pero que Flash había tenido una vida larga y feliz con nosotros y se había ido tranquilo.

A todo padre le duele ver a su hijo pasarlo mal, pero es un aprendizaje por el que tenía que pasar. Todo lo que vive tiene que morir. Vivir sintiendo, reconociendo el amor y la felicidad, implica sentir a veces también el dolor y la tristeza. Son las dos caras de la misma moneda.
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