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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Archivo de la categoría ‘cosas de niños’

‘Los pitufos, la aldea escondida’, para pasar un buen rato en familia sin más trascendencia

Los Pitufos, la aldea escondida, se estrena este viernes 31 de marzo en España. Tan azules ellos, llegan a los cines además el fin de semana más azul el año. Este domingo es el 2 de abril Día Internacional de la Concienciación sobre el Autismo, el día que muchos edificios emblemáticos se tiñen de azul y se invita a la gente a vestir de ese color y colgar globos azules en sus ventanas y balcones.

Julia y yo tuvimos ocasión de verla el sábado pasado. Y no os voy a decir nada que probablemente no imaginéis: no es una película que vayamos a ver nominada a un Oscar dentro de un año, pero su factura es correcta y sí que resulta entretenida. Se trata de una de esas películas con la que puedes pasar un rato agradable en familia comiendo palomitas sin más trascendencia, que no es poco.

Ha sido un acierto que la cinta, dirigida por Kelly Asbury, haya obviado la línea que traían de combinar animación y acción real y que vuelva a ser por completo de animación. La historia se centra en Pitufina, protagonista indiscutible que se siente diferente, no tanto por ser la única chica en un pueblo entero de pitufos masculinos, sino por no entender qué es lo que tiene que ser, cuál es su propósito, y por haber sido creada por Gargamel en lugar de haber nacido como el resto de pitufos que en su nombre ya indican lo que son: bromista, cotilla, gruñón…

¿Cómo nacen los pitufos, por cierto? Ni idea.
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¿Cómo son los cuentos de Disney adaptados con pictogramas de la editorial GEU?

Hace ya bastante, antes de las navidades, Disney tuvo la cortesía de enviarme varios títulos de la nueva colección de cuentos adaptados que lanzó sobre algunas de sus películas más exitosas la editorial GEU. Una editorial muy interesante con mucho material adaptado cuya página os recomiendo visitar si amáis o trabajáis con personas con discapacidad que necesitan material pensado para ellas.

Lo primero que querría destacar es que la colección Disney Cuentos accesibles para todos es un esfuerzo que hay que agradecer. Todo lo que se haga para proporcionar material con el que trabajar, estimular y entretener es bienvenido.

Cada caja contiene un cuento, tarjetas ilustradas y tarjetas con pictogramas. Tienen un precio recomendado en la web de la editorial de 14,96 euros. La calidad de impresión y de los materiales son buenas. Cada título incluye una App gratuita basada en la lengua de signos en Sistema Bimodal, que reconozco no haber probado.

He tardado en hablar de estos cuentos porque Jaime, mi hijo, está lejos de poder disfrutarlos. No son cuentos para todas las personas con autismo o discapacidad intelectual en absoluto. El nivel cognitivo y los intereses de cada niños va a condicionar mucho la utilidad y el uso de los libros. Jaime nunca ha mostrado interés por los pictogramas, yo tengo la íntima convicción de que no es un pensador visual, no al menos como muchos otros chicos con autismo. Y está aún lejos de iniciarse en la lectura.

Según comencé a verlos en casa pensé que eran cuentos para chicos que sí se apoyen en pictos, mejor aún si ya empezaban a leer, así que los llevé a un colegio especial, específico para niños con autismo (gracias Fundación Aucavi), para que los profesionales que allí hay pudieran trabajar con ellos con los alumnos a los que sí resultan útiles.

Eso han estado haciendo este tiempo y han tenido la amabilidad de darme sus impresiones, que hoy os traigo.

La colección consta de adaptaciones de La sirenita, Frozen, La bella y la bestia, Toy Story, Bambi, Blancanieves, Buscando a Dory, Cars, El libro de la selva y El rey león. Son personajes muy conocidos y muy atractivos para muchos niños, que pueden motivarles mucho. Así me lo reconoció la profesional de Aucavi que me trasladó sus impresiones, “hemos repartido los cuentos en función de los intereses de los niños”. Me hablaba de un niño en concreto, loco por Cars y que conocía la historia todos los personajes.

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‘La bella y la bestia’, un perfecto homenaje al clásico de animación de 1991

Imagino que el titular no es demasiado original, que muchos de los que hablemos de esta película durante estos días nos expresaremos en términos parecidos, pero es que es inevitable destacarlo. La película que nos ha traído Bill Condon es extremadamente semejante a la de Gary Trousdale y Kirk Wise que logró una nominación al Oscar a mejor película en 1991.

El diseño de los personajes es heredero directo, igual que la concepción del vestuario, gran parte del guión, los guiños, los diálogos, los planos… Pero no es una copia, transcurre como un homenaje. Hay diferencias sutiles que, en su gran mayoría, enriquecen y modernizan la película. Noté tal vez innecesario todo el asunto de la madre de Bella y la escueta referencia al padre de Bestia, pero no es nada que lastre.

El elenco es espectacular. Luke Evans brilla como Gaston. Kevin Kline da vida a un padre creíble. Emma Watson logra que no eches de menos al dibujo animado, que no es poca cosa, moviéndose por un castillo que en ocasiones recuerda más a Hogwarts que al clásico de Dianey. Tener a Ian McKellen y a Emma Thompson es un regalo. Dan Stevens lo clava como Bestia (tras esta elección y la de la protagonista de La Cenicienta, está claro que los directores de casting de Disney han visto bastante Downtown Abbey). Ewan McGregor es una gozada dotando de personalidad a su candelabro, que se convierte en un robaescenas. Igual que Josh Gad, el personaje de LeFou manifiestamente homosexual y que supone un (estupendo y de agradecer) paso más de Disney a favor de la diversidad (algo que también se aprecia en la abundancia de parejas interraciales de la película).

Julia la disfrutó. Y yo también. Y creo que lo hará cualquiera que recuerde con cariño la película en la que la inolvidable Ángela Lansbury era la voz de la sabiduría hecha tetera.
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Cómo explicar a un niño la muerte de un animal

Antes de nada, os voy a pedir que leáis un viejo post. Se llama Una niña, un viejo gato, una historia de amor y lo publiqué aquí hace poco más de un año para explicar la maravillosa relación que tenían Julia y el buen y viejo Flash.

Porque este post trata de cómo he explicado a mi hija, que acaba de cumplir ocho años, la marcha inesperada y repentina de nuestro gato de oro, que llegó a nuestro hogar siete años antes que ella.

La tarde del miércoles, al volver del trabajo, nos encontramos con que a Flash le pasaba algo. Lo llevé al veterinario, pero su estado empeoraba rápidamente. Nos trasladamos a toda velocidad al hospital veterinario y las pruebas que le hicieron unidas al estado en el que ya estaba me hicieron tomar la decisión de regalarle el mejor final posible.

Y volví a casa pasadas las diez de la noche, con el transportín vacío, salvo por el peso de la pérdida, y conocedora de que tendría que hacer de tripas corazón para aguantar el tipo al día siguiente en el trabajo y después contarle a Julia, que se fue a dormir sabiendo que Flash estaba en el hospital, lo sucedido.

Una vieja y buena amiga, que es psicóloga, me escribió lo siguiente nada mas enterarse:

Los niños aprenden de lo que ven. Deben saber que es normal que les duela, deben sentirse comprendidos y arropados en su dolor, deben poder abrazarse a alguien y llorar a moco tendido todo lo que haga falta y más, deben saber que todo va a ir bien, que siempre tendrán a alguien que curará sus heridas y deben ver que papá y mamá, aunque también se ponen tristes, no se quedan en esa pena y avanzan y ríen y se acuerdan de Flash y de lo bonito que fue tenerle. Julia tendrá todo esto porque tiene la gran suerte de teneros.

Este jueves por la tarde, nada más volver a casa, me senté con ella en su cama y se lo dije. No le hablé de cielos ni de arcoíris, simplemente le conté que Flash estaba tan malito que le habíamos dejado dormir para siempre.

Lloró mucho, durante cerca de media hora. Ese llanto de la pérdida que todos conocemos y que te supera. Y la abracé y la dejé llorar, contándole que era normal estar triste, que yo también había llorado, pero que Flash había tenido una vida larga y feliz con nosotros y se había ido tranquilo.

A todo padre le duele ver a su hijo pasarlo mal, pero es un aprendizaje por el que tenía que pasar. Todo lo que vive tiene que morir. Vivir sintiendo, reconociendo el amor y la felicidad, implica sentir a veces también el dolor y la tristeza. Son las dos caras de la misma moneda.
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‘¡Yotsuba!’, un buen ejemplo de que el manga también puede ser para niños pequeños

De pequeña leía muchísimo. Muchos libros, pero también leía y releía una cantidad ingente de tebeos en diferentes formatos. Los libros de películas de Disney, mortadelos, súperhumores, zipizapes, al tío gilito y los sobrinos de Donald, tintines, Asterix, Súperlopez… de todo. Y todos los buenos ratos pasados leyendo bocadillos también contribuyeron a desarrollar mi amor por la lectura y a convertirlo en un hábito.

Más tarde llegó algo de Marvel y DC (aunque nunca he sido una fan acérrima ni mucho menos), las revistas Creepy compradas en el mercadillo de segunda mano y Ralf Konig. Luego me hice adulta y las novelas ganaron a los cómics, pero Maus sigue pareciéndome una obra maestra más apetecible que Proust y últimamente me ha dado por hacer incursiones en el manga.

Fruto de esas incursiones descubrimos en casa a Yotsuba, de Kiyohiko Azuma, que es en estos momentos uno de los personajes literarios favoritos de mi hija de siete años y la prueba evidente de que el manga también es cosa de niños pequeños. Y de adultos, porque tanto mi santo como yo también disfrutamos con las aventuras de esta niña de cinco años con el pelo verde.

Sobre el manga sobrevuela mucho prejuicio, pese a contar con obras que son auténticas maravillas con todo tipo de temática. A mucha gente la palabra manga le sugiere poco más que altas dosis de violencia y sexo junto a colegialas de ojos grandes. Claro que hay de eso, pero también mucho más. No hace mucho os recomendé aquí mismo una manga para adolescentes que contribuía a luchar contra el acoso escolar, Mi amigo Capricornio y las versiones en manga de clásicos como Hamlet o El Quijote. Y no es el único de los que he leído recientemente que recomendaría a chavales de instituto.

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Feliz día de la Mujer y la Niña en la Ciencia

cienciaHoy es un día a cuya reivindicación quiero sumarme, porque aún a día de hoy es importante trabajar en la necesidad de interesar a las niñas por la ciencia y en poner en valor a las científicas cuyo papel fue pionero y a las mujeres que siguen peleando hoy día contra prejuicios, zancadillas y techos de cristal.

Un día que se estableció hace apenas un par de años, así de necesario sigue siendo interesar a las niñas por la ciencia y defender a las mujeres que se han entregado a ella.

Mis compañeros del blog Ciencia para llevar, recordaban la pasada semana que solo una de cada cinco niñas de 15 años quieren dedicarse a profesiones técnicas y traían una agenta con  más de 200 actividades en 40 provincias españolas relacionadas con la reivindicación de un acceso y participación plena y equitativa en la ciencia para las mujeres y las niñas. Aquí lo tenéis si queréis consultarlo.

Esto contaban:

La reducida presencia de la mujer en la ciencia en nuestro país responde a diferentes razones sociales que se suman y retroalimentan. La poca visibilidad de las científicas, la falta de roles femeninos y la existencia de estereotipos producen sesgos involuntarios en la evaluación de los méritos de las mujeres y poco interés en las ciencias por parte de las jóvenes. La Iniciativa 11 de Febrero pretende involucrar tanto al profesorado como al alumnado mediante presentaciones, videos, biografías y otros materiales que están disponibles online. Esperamos que todos estos recursos y actividades ayuden a fomentar las vocaciones y eliminar estereotipos.

Y por eso yo también me sumo en este día con este post.

En septiembre de 2015, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró al 11 de febrero el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia y alertó de que, pese que las posibilidades de progreso científico y tecnológico son casi ilimitadas, las mujeres y las niñas están ausentes en estos campos, especialmente en lo que refiere a la creación y la toma de decisiones en los ámbitos que transforman nuestro mundo cotidiano.

Según el observatorio Mujeres en Ciencia de la UNESCO, aunque el 54% de los estudiantes de grado y el 49% de los de doctorado son mujeres, el porcentaje de investigadoras solo alcanza el 39%.

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¿Qué prefieres para tus hijos, inteligencia emocional o éxito académico?

Es una pregunta falaz, lo sé. No son excluyentes en absoluto. Y tampoco es algo sobre lo que tengamos opción de elegir gran parte de lo que atañe a nuestros hijos escapa de nuestro control y más vale hacerse a la idea pronto.

No obstante, si en un hipotético mundo paralelo aparecieran las hadas madrinas de La bella durmiente (que ya les vale haberle dado belleza y buena voz a Aurora, me pregunto cuál habría sido el tercer don si no hubiera aparecido Maléfica, ¿unos dientes blancos? ¿No tener canas ni arrugas hasta los sesenta? ¡Qué desperdicio de magia!) y me obligarán a elegir entre un elevado grado de inteligencia emocional o la capacidad intelectual para lograr el éxito académico, yo tengo claro lo que pediría.

Sin lugar a dudas, querría lo primero. Deseo que mis hijos sean felices y buenas personas por encima de cualquier otra cosa, y eso viene de la mano de la inteligencia emocional, que dicen que se hereda, aunque tal vez también se aprende si creces viéndola en tus adultos de referencia.

Desde luego creo que es algo que, independientemente de cómo vengamos de fábrica, se puede trabajar y mejorar. Desde la más tierna infancia y durante toda la vida, si somos conscientes de ello.
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La cirugía estética no es un juego de niños, pero tiene más de 200 aplicaciones infantiles

Ahora Julia tiene de más a destinar su tiempo de ocio electrónico a los videojuegos de Nintendo 3DS o de la Wii que a los que hay en dispositivos móviles, pero en el pasado ha jugado con muchas aplicaciones infantiles. Unas me han gustado más y otras menos, todas las he supervisado.

La experiencia me dice que la norma (con pocas excepciones) las mejores apps para niños son aquellas por las que tienes que pagar unos pocos euros pero luego están libres publicidad o micropagos dentro del juego. Y no solo por evitarte cuñas y juegos diseñados para invitar a dejarse el dinero, también porque su calidad en general suele ser mejor.

Entre las aplicaciones que más me han gustado creo que estaban las de Doctor Panda y Toca Boca (buscad las apps de esos desarrolladores y acertaréis seguro), pero si tuviera que destacar una en concreto sería Tiny Thief, una verdadera maravilla también para adultos.

Entre las que menos me gustan se encuentran algunas de esa miríada de aplicaciones para peinar, maquillar, pintar las uñas… acicalar en definitiva, al personaje que nos plante el juego de turno. Hay una horda ingente de aplicaciones así, normalmente gratuitas, con publicidad o pagos posteriores, y calidad ínfima.

No me gustan por muchos motivos, no solo por su mala factura o lo aburridas que son al poco, tampoco me agrada lo que transmiten. Vivimos en una sociedad cada vez más superficial, en la que lo externo parece primar sobre todo lo demás, y que aplicaciones así parecen cimentar. Pero esos programillas para móvil quedan en nada cuando me entero de que hay una hornada de aplicaciones que han dado un paso más allá y ponen a los niños pequeños a jugar con la cirugía estética.


Sí, así tal cual. Hay bastantes aplicaciones en las que los niños tienen que rellenar labios, quitar arrugas corregir tabiques… Es decir: normalizar la cirugía estética desde la más tierna infancia, plantar ideales de belleza que apuestan por conseguir esos estándares a cualquier precio, banalizar las intervenciones quirúrgicas, minar la aceptación desde a los tres años.

El horror.

Y lo que no concibo es que haya padres y tutores que permitan que sus hijos jueguen a este tipo de cosas. ¡Con la de cantidad de aplicaciones divertidas y educativas que hay disponibles!. ¿O es que les dejan descargarse libremente lo que quieran y ni siquiera lo revisan?

Me entero gracias a Álvaro Varona, que en Generación Apps (web obligada si tenéis niños tecnófilos y queréis estar bien informados de apps que sí merecen la pena) se ha hecho eco de la existencia de estas polémicas apps infantiles a cuenta de una campaña en contra de ellas que no puedo más que apoyar.

Os animo a leer el contenido entero que Álvaro publica, pero os dejo unas pocas líneas:

Usando los hashtags #CirugiaNoEsUnJuego y #SurgeryIsNotAGame, el grupo global ha creado una campaña en las redes sociales, Facebook, Twitter e Instagram que está generando indignación pública en contra de estas aplicaciones. La iniciativa exige a las tres grandes marcas que controlan las tiendas de aplicaciones, Apple, Amazon y Google que regulen con un mayor criterio este tipo de apps para niños.

Según datos de los organizadores de esta campaña habría, solo en Google Play, más de 200 aplicaciones de esta temática.Las ilustraciones de la parte superior de este texto pertenecen a la app “Simulador de Cirugía Plástica” que se puede encontrar actualmente en Google Play. En AppStore ya no aparece pero consultando la caché de Google podemos ver que el 6 de diciembre de 2016 tuvo una actualización.

Y aquí algunos otros ejemplos:

Hay que compartir y aprovechar los intereses de los niños, no podarlos

Jaime tiene muy pocos intereses. Es algo común en los niños con autismo y uno de nuestros caballos de batalla. Le interesa la comida, la música, tocar sus tambores, muy pocos juguetes y los álbumes de fotos. Eso dentro de casa. También disfruta en los columpios y nada le hace tan feliz como estar dentro del agua. Si algún 22 de diciembre tuviéramos suerte (difícil con la poca lotería que compramos) nos mudaríamos sin dudarlo a una casa con piscina para que fuera aún más feliz.

GTRES

Cuantos más intereses tenga un niño como mi hijo, mejor. Más elementos motivadores tendríamos para trabajar con él, para estimularle en la comunicación y en el juego. Los pocos que tiene, los exprimimos. Tanto en casa como los profesionales que le tratan en el colegio o en las terapias externas a las que acude (integración sensorial y piscina). De hecho, cada vez que ha cambiado de colegio, profesor o terapia, siempre hemos rellenado cuestionarios o dedicado gran parte del tiempo a hablar de sus intereses, de lo que le gusta.

Hay niños con autismo cuyo desarrollo está por delante del de mi hijo y también es algo a explotar por los profesionales inteligentes que los tratan. Si a ese niño le vuelven loco los dinosaurios, las matrículas de los coches, Pocoyo o los planetas, tanto que podría llamarse obsesión porque no quiere ni mirar otras cosas, la solución no es podar ese interés, sino utilizarlo. Buscar canciones, libros, actividades, juegos… relacionados con lo que sea que les motive.

Cuando tienes un hijo con un trastorno del desarrollo o/y con discapacidad me parece inevitable que eso influya en cómo educas a tus otros hijos, como ves la maternidad, como la sientes. Aunque de eso ya hablaremos más en profundidad y mas despacio otro día. También es inevitable que lo que aprendes para estimularlo lo apliques con ellos.
Al menos eso me ha pasado a mí.

Igual que Julia empleaba signos para pedir galleta o pan cuando era un bebé de menos de un año y signábamos con Jaime, que tenía entre dos y tres, sin parar, nos resulta natural fijarnos en sus intereses para aprovecharnos de ellos.

Y no hablo de castigar privándole de ello si no se porta como deseamos ni de premiarla con ellos. En absoluto.
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¿Te da miedo que tus hijos contacten con extraños por Internet?

A mí sí, lo reconozco. Me da miedo. No con Jaime, que su autismo puede que implique otros peligros pero desarma esos (ojalá no fuera así). Sí con Julia, con la que ya he hablado en el pasado aunque tiene apenas siete años de cómo moverse por Internet y que nunca hable con nadie que contacte con ella por Internet, por supuesto que no le cuente cosas personales, que no se crea lo que le dicen ni las imágenes que vea, igual que desconfiaría de un extraño que se le acercase por la calle pero con más motivo, porque con el escudo de Internet es más fácil mentir y engañar.

Probablemente esas intromisiones se traten de mi mayor temor, aunque no sea el único riesgo existente.

Somos muchos los que tenemos esos miedos, miedos que cobran protagonismo este martes, Día Internacional de Internet Seguro (una jornada promovida por la Comisión Europea para difundir un uso responsable de las nuevas tecnologías y la telefonía móvil). Miedos que no quieren decir vivir aterrorizado, sino ser conscientes del peligro y procurar ponerle remedio. Pero me sorprende encontrarme con que no somos mayoría.

Google ha realizado un estudio a 2.411 padres de 6 países europeos, incluido España, que pone de manifiesto que en nuestro país un 40% de los padres tiene miedo de que sus hijos se descarguen apps maliciosas o que el 33% de los mayores teme que sus hijos contacten con extraños.

¿El 33%? ¿Solo uno de cada tres? ¿No os parece poco? A mí sí.

GTRES

Sin ánimo de ser alarmista, porque soy una gran defensora de las nuevas tecnologías y de que todo instrumento puede ser muy útil o dañino dependiendo de simplemente de si sabes cómo usarlo con seguridad, me parece un número muy bajo.

Tal vez tenga que ver con la noticia que dábamos los medios precisamente este lunes sobre que un 72% de los internautas españoles nunca ha cambiado sus ajustes de privacidad. Viven felices y confiados en su particular inopia imagino.

Puede que también tenga relación con aquello de creer a nuestros hijos nativos digitales, una nueva raza de seres humanos extrañamente mutados para saberlo todo cuando se ven ante cualquier dispositivo tecnológico con conexión a Internet.
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