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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Archivo de la categoría ‘cosas de bebes’

¿Cómo es el proceso de entregar un bebé en adopción en España?

(GTRES)

Ha sido noticia hace un par de días. En 2016 fueron entregados en adopción en España un total de 180 bebés, según datos facilitados por las comunidades autónomas. Madrid y Barcelona estuvieron en cabeza con 35 y 33 adopciones respectivamente. En último lugar, sin adopciones de este tipo, están Cantabria, Asturias y La Rioja.

Veo la noticia en un teletipo del que me llama especialmente la atención que explican cómo es el proceso de entregar a tu bebé en adopción, algo “totalmente legal y que no tiene ningún tipo de consecuencias penales para los progenitores”.

Importante tenerlo en cuenta cuando todavía se ven titulares en los medios con demasiada frecuencia relacionados con el abandono de bebés, un drama que por desgracia a veces conlleva la muerte de ese recién nacido. Eso, obviamente, sí que se considera delito según el artículo 229 del Código Penal, que indica que “el abandono de un mejor de edad o una persona con discapacidad necesitada de especial protección, será castigado con la pena de prisión de uno a dos años”. Si lo hacen los padres o tutores la pena de prision se incrementa, igual que si las circunstancias del abandono implican un peligro para la salud del pequeño.

¿Cómo es el proceso de entregar un bebé en adopción? No es algo que se conozca normalmente. Me da la impresión de que tenemos más en mente las escenas de las series y películas, que poco tienen que ver con la realidad, que los pasos que realmente hay que dar.

Así lo explicaban en el teletipo de Europa Press, y lo comparto porque me parece algo que es interesante conocer:

El primer paso, antes del nacimiento, es avisar al centro de Servicios Sociales de la ciudad y del distrito donde se resida para dar los datos personales y explicar los motivos que han llevado a tomar dicha decisión. A continuación, los Servicios Sociales notificarán el caso a los servicios de protección de la infancia, dependientes de los gobiernos de cada comunidad autónoma, para que el niño sea inmediatamente tutelado y protegido cuando nazca.

La entrega del pequeño deberá hacerse justo después del parto, momento en el que el recién nacido será trasladado al servicio de Neonatología del hospital y la madre a una habitación aparte. Aún así, los progenitores tendrán derecho a conocer el sexo de su bebé y la posibilidad de visitarlo durante los días que la madre permanezca en el hospital.

Después del parto, la madre deberá firmar un documento de renuncia de potestad del menor, proporcionado por un trabajador social y un jurista que se desplazarán al hospital, en el que conste si desea ser informada de la situación del pequeño en un futuro y de las causas por las que ha decidido entregar a su hijo en adopción.

Una vez que el menor recibe el alta médica, éste será recogido por los servicios de protección y entregado a un centro de acogida a esperas de una familia adoptiva.
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¿Hasta qué punto es bueno coger a los bebés en brazos?

Mi hija ha cumplido ocho años la pasada semana. Mi hijo cumplirá once años este verano.

Con Jaime hace mucho que lo de cogerle en brazos se acabó y, en menos tiempo del que yo quisiera, será él el que podrá cogerme a mí. Siguen los abrazos, los besos y los ratitos acurrucados juntos en el sofá bajo la manta, pero sostenerle en mis brazos, sentir su olor y su calor, consolarle cantando y hacerle reír haciéndole alcanzar el cielo, son ya únicamente buenos recuerdos en lo que anclarse.

A Julia aún la cojo a veces, para lanzarla a su cama por las noches entre risas, para darnos un abrazo de mono araña o si se queda dormida en algún sitio. No podré hacerlo mucho más tiempo. Muy pronto me faltarán las fuerzas para levantar su peso y la sensación de sostenerla, entre mimos, canciones o carcajadas de cristal solo quedarán en nuestra memoria.

Me preguntan hasta qué punto es bueno coger a los bebés en brazos y recuerdo que cuando comencé este blog Jaime no tenía ni dos años y Julia no estaba aún en este mundo, me acuerdo de lo mucho que ellos querían estar sobre mí, conmigo, y que fue una etapa maravillosa que ha podido ser larga pero ha pasado en un suspiro.

Me lo preguntan y no puedo evitar pensar en darle la vuelta a la pregunta. ¿Hasta qué punto puede ser malo no hacerlo? ¿Hasta qué punto puede ser perjudicial dejar a un bebé o un niño pequeño llorar reclamando los brazos, el consuelo, la protección, la atención, el amor… y no dárselo?.

Yo siempre he preferido equivocarme por exceso de cariño. Siempre he optado por reforzar el vínculo, no por quebrarlo.

Claro que hay momentos en los que nos podemos sentir abrumados, con mucho que hacer, poco tiempo disponible y un bebé o un niño pequeño que nos frena. Pero es que tal vez debamos frenarnos. Tal vez debamos parar y reconsiderar nuestras prioridades. No son pequeños tiranos. En absoluto. Son nuestros cachorros que nos necesitan.

Y crecen tan deprisa, que antes de lo que creemos habremos olvidado los momentos en los que nos sentimos superados y solo atesoraremos con nostalgia los instantes en los que nuestros brazos encerraban para ellos el mundo entero.

(GTRES)

¿Son buenas las toallitas húmedas para los bebés? (para el medio ambiente no)

Hace pocos días una compañera de trabajo me hacía esa misma pregunta: ¿Son buenas las toallitas húmedas para los bebés?.

(GTRES)

No soy dermatóloga, tampoco una especialista en los componentes en los que puedan estar impregnadas. A poco que se busque por Internet se encuentra de todo, tanto noticias que recogen su seguridad como otras que hablan de una relación directa de la metilcloroisotiazolinona con la dermatitis alérgica y contenidos que explican todos los componentes que pueden tener y que habría que evitar (sí, incluyendo esos sospechosos habituales que son los parabenos) y cómo hacer toallitas caseras. Creo que voy a sugerir a Javi Yanes, mi compañero del blog Ciencias Mixtas, que eche un vistazo para hablarnos del tema con rigor y conocimiento de causa. De entrada, yo no me alertaría demasiado.

Sí sé que es difícil en estos tiempos vivir sin ellas cuando eres madre reciente. Y acabas usándolas para todo, no sólo para limpiar a tus hijos en el cambio de pañal.

Son un imprescindible en la bolsa del carro e innegablemente útiles. He visto estas toallitas limpiando culos, bocas, manos, (todo eso de bebés y también de adultos) hocicos caninos, retrovisores, pantalones vaqueros, gafas, iPads e incluso cristales de acuario.

Pueden crear dependencia, creedme. Deberían avisarlo en el paquete.

Pero os voy a decir una cosa, yo fui usándolas cada vez menos y me di cuenta de que podías vivir con un número muy limitado de ellas, porque puede que para los bebés no sean malas, pero para el medio ambiente no son precisamente buenas, entidades de todo tipo recuerdan el grave impacto que causan y recomiendan limitar su uso.

No debería ser necesario decir que no deben dejarse tiradas por cualquier sitio ni lanzarlas al inodoro. Pero lo voy a hacer porque me consta que en el tratamiento de aguas de nuestras ciudades son una pesadilla (ni siquiera las que dicen que son aptas para irse por ahí es recomendable tirarlas por el desagüe) y porque es demasiado frecuente verlas intentando ser biodegradables sin éxito en parques infantiles y demás zonas en las que abunden los niños pequeños.

Yo las fui usando cada vez menos con Jaime, que tenía piel atópica. Tras probar mucha crema descubrimos que lo mejor para que estuviera bien era prescindir en lo posible de cremas y jabones. Dejamos de bañarle a diario y a hacerlo la mayoría de las veces únicamente con agua, prescindimos de cremas y champús y tiramos de los jabones naturales de toda la vida y mejoró inmediatamente.
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¿Un nombre original o un nombre más común para nuestros hijos?

¿Un nombre único (o casi) o un nombre más común para nuestros hijos? ¿Qué os gusta más? ¿Un nombre que haga que no gire la cabeza al oírlo o uno que tenga que repetir tres veces cuando se identifique?

Nosotros huimos de la lista de los diez más puestos en el INE, lo confieso. Pero una cosa es huir de esos diez y otra muy distinta tener un nombre demasiado original, tanto que sonara extraño la primera vez que otros lo oyeran. Eso no era santo de nuestra devoción.

Cada familia tiene sus propias reglas, todas respetables. La verdad es que a nosotros nos preocupaban más otras cosas: que no estuviera repetido en la familia, que no fuera compuesto, que no tuviera diminutivo fácil, que no hubiera personajes muy populares con ese nombre si era distintivo…

Respeto a esto último, os confieso que desde antes de tener aún claro si quería ser madre tenía claro que, de tener una niña, la llamaría Leonor. Y entonces, cuando estaba embarazada de Jaime, nuestros entonces príncipes tuvieron a su primogénita y decidieron llamarla así y me lo chafaron.

No obstante, en estos tiempos el tema de la marca personal está muy de actualidad y hay expertos en branding que aseguran que conviene añadir como  norma la originalidad, incluso siendo el primero en algo, desde que naces. Te ayuda a ser encontrado en redes sociales y en buscadores y hace que te recuerden mejor, lo que puede implicar beneficios personales, sobre todo en tu carrera.

“Alguien con un nombre único destacará del resto y será más recordado”, comenta Raúl Ituero, de la empresa AVÁN & ERA que salió a los medios en otoño ofreciendo como servicio buscar un nombre único para su hijo a los padres que requirieran sus servicios. Una empresa que es un spin-off del estudio Damenáme y que asegura toda la dedicación del mundo para proponer nombres originales y a gusto de los padres.

Lo que me lleva a otra pregunta: ¿Qué te parecería que una empresa experta en marcas te ayudara a elegir el nombre de tu hijo?

Yo no lo haría la verdad. Es algo que me parece demasiado personal. Julia y Jaime se llaman así por decisión de su padre y mía, pero ni siquiera buscamos consejo en la familia más cercana. Pero me consta que, aunque hay gente que lo tiene muy claro o no lo tiene pero no necesita recursos externos, otros muchos tiran de libros y páginas webs que incluyen todo tipo de nombres y significados. Así que tal vez no resulte algo tan descabellado permitir que una empresa te lo proponga.

Lo que está claro es que es una decisión importante. La primera tal vez que tomamos por nuestros hijos más allá de decidir traerlos a este mundo. Algo que admite pocos experimentos, porque es cierto que va a marcarles de por vida.

 

 

 

Juguetes diferentes para niños (no solo) con discapacidad

Jaime tiene diez años y sigue sin entender la magia de los Reyes Magos, esa que disfrutamos con frecuencia más los padres que los niños. Pero eso es lo de menos, se trata de un par de días al año en el que contrasta su asunción de que es un día como cualquier otro comparado con la ilusión de su hermana o sus primas. A él ni siquiera le gusta abrir los paquetes a su nombre.

Lo de más es que se trata de un niño con muy pocos intereses, algo habitual cuando se tiene autismo. Los juguetes no llaman su atención, le gustan los juegos motores con nosotros, la música, columpiarse, la piscina… Poco más. Y tener pocos intereses dificulta el aprendizaje. Como le gusta tener cosas en las manos con forma alargada, las serpientes de goma son habituales en su carta a los Reyes. También tambores y bongos. Lo demás son pijamas, zapatos… Cosas útiles. Sobre todo los primeros años intentamos distintos juguetes que creíamos que le encajarían sin éxito, recorríamos las jugueterías de los pasillos rosas, de las zonas de puzzles y muñecos de acción, con poco rédito.

Lo de que los juguetes no llamen la atención y en Reyes le regalen un abrigo o un albornoz para ir con el cole a la piscina y se quede tan contento (es decir, igual que estaba) puede parecer un chollo para muchos padres agobiados por él aluvión de juguetes y peticiones más o menos imposibles de estas fechas.

Ojalá yo tuviera a Jaime pidiéndoselo todo del catálogo de turno y a mí planeando el siguiente reciclaje de juguetes.

En fin… Bien sé después de tantos años que los ‘ojalás’ no llevan a ningún sitio. O sí que llevan mejor dicho, pero a ninguno bueno.
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Feliz Año que trae cuatro semanas de permiso de paternidad (ojalá pronto el año que equipare a padres y madres)

El día de hoy traerá una noticia que se repite todos los años, la del primer niño nacido en 2017. Una de tantas noticias que parecen extraídas de El día de la marmota.

La cuestión es que esta vez ese niño, y todos los que lleguen tras él, tendrán la suerte de que sus padres puedan estar a su lado cuatro semanas ininterrumpidas.

La ampliación del permiso de paternidad de dos semanas a un mes es efectivo desde ya mismo, ha entrado en vigor seis años después del día que fijó la ley de 2009 que lo reguló. Pero al menos ya está aquí, un paso adelante que esperemos que acabe traduciéndose lo antes posible en la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad.

Deben ser iguales para que haya igualdad. Cualquier otra solución no deja de ser un parche que no combate las desigualdades.

De momento, Feliz Año que trae cuatro semanas de permiso de paternidad. Y ojalá llegue pronto el año en el que haya al menos dieciséis semanas para ambos y que además sean intransferibles.

GTRES

¿Y si nos fabricamos nuestros propios catálogos de juguetes?

15301160_10210323500318115_1251379588_nLa pasada semana estuvimos hablando de los juguetes que los niños piden en estas fechas, de la mala calidad, la escasa jugabilidad y el alto precio que un alto porcentaje muy elevado de los que aparecen seleccionados en los catálogos tienen. También de cómo los que aparecen en los espacios publicitarios de los contenidos audiovisuales infantiles pecan de lo mismo.

Y al final muchas veces nuestros hijos acaban pidiendo cosas que apenas aprovechan influenciados por la publicidad o la selección del catálogo.

Como consecuencia de esos posts, una amiga me mostró lo que ella hace como una manera de contrarrestar todo aquello. Y me ha parecido una idea estupenda, tanto que le pedí que me hiciera unas cuantas fotos para compartir esa iniciativa desde aquí con todos vosotros (gracias Ana).

Ella elabora su propio catálogo, con su selección de juguetes, libros, juegos de mesa… Comenzó a hacerlo “harta de que pidiese doscientos juguetes con los que luego ni jugaba”. 

15284078_10210306841901665_1027547329247141765_nRequiere mas dedicación, tiempo y planificación que plantarse en un establecimiento y agarrar el catalogo que ofrecen. Toca hacer una selección suficientemente amplia y variada que tenga siempré en cuenta los intereses y gustos del niño y pensando en su idoneidad, pero creo que hay muchos casos en los que puede merecer la pena el esfuerzo.

“Los hago con Hoffman, al ser libros pequeñitos mandan dos, así que se puede aprovechar y hacerse con algún primo”, me cuenta. Pero hay muchas maneras de hacerlo, incluso puede valer una tan sencilla como recortar o imprimir aquello que queremos incluir y pegarlo en unos folios organizados a modo de revista, ni siquiera es preciso emplear ningún sistema de impresión. Incluso se puede elaborar junto al niño. 

¿Qué os parece la idea?

¿Valen lo que cuestan la mayoría de juguetes que vemos en los catálogos?

(Jorge París)

(Jorge París)

Tengo la sensación, acumulada tras varios años de charlas que refuerzan mi propia percepción del asunto, de que muchos padres consideran la mayoría de los juguetes que se ve en los catálogos que abundan por estas fechas para inspirar a los niños en la elaboración de sus cartas a los Reyes Magos como mierdecilla de plástico que cuesta mucho más de lo que vale.

La semana pasada, visitando de nuevo los cientos de páginas llenas en su mayor parte de cacharrero de colorines, volvía a pensarlo. La mayoría de las cosas que veía no me parece que valgan lo que cuestan. Al menos si se mide en horas de juego infantil.

Hace unos días decidí preguntar por mis redes sociales a otros padres cómo veían ellos la relación calidad/precio/horas de juego de todos esos juguetes que meten por los ojos a nuestros hijos en la publicidad con la que anegan los espacios de televisión infantiles por estas fechas. Me sorprendió que participó muchísima gente y que la opinión era unánime: efectivamente, no valen lo que cuestan y suelen pasar pronto al olvido.

No sé qué opináis vosotros, y me encantaría saberlo.

Tanta unanimidad me hace pensar que, si lo creemos así, algo deberíamos hacer por evitar tirar el dinero, que cuesta mucho ganarlo. Evitar que los niños estén expuestos al bombardeo de publicidad televisiva ayuda mucho, lo digo por experiencia. Razonar con ellos ante el catalogo si con eso de verdad van a jugar tanto es una opción. Otra consiste en prescindir de esos catálogos y buscar y presentarles en Internet otras opciones: experiencias, viajes, productos distintos… Incluso conozco a una madre que elabora su propio catálogo con todo eso, ya os hablaré más despacio de esa opción.

Aquí tenéis algunas opiniones que he recibido:

Victoria: Puf.. Casi todo carísimo. Nos quedamos flipados cuando vimos un camión de la Patrulla Canina por más de 100 €. ¿Están locos?

Ata. Tal cual. Hay muchos juguetes que son “injugables”, que no pueden responder a estudios sobre jugabilidad, sino para despertar una ansiedad de compra instantánea. Por ejemplo, un personaje de Disney que habla y se mueve no sirve para jugar. Sirve para verlo 5 minutos y ya está. Y de eso están los catálogos y los anuncios llenos. Son ganchos, no juguetes.

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Nadie lleva pañales a menos que los necesite, a menos que sea una persona dependiente

Tricicle en pañales (GTRES)

Tricicle (GTRES)

Ese lunes es noticia que la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN) ha presentado 182.152 firmas en el Congreso para pedir la rebaja del IVA de los pañales al 4%.

Actualmente, los pañales en España tienen un IVA del 21%, el de los productos considerados de lujo. No son los únicos productos que andan ahí de manera equivocada, también se considera un lujo  los servicios veterinarios o las compresas y tampones.

Los pañales son un producto de necesidad básica y es fácil comprobarlo: solo los usa aquel que los necesita. Y el que los necesita no puede vivir sin ellos (o sería francamente complicado que lo hiciera). Un ejemplo, cuando nos vamos de viaje con mi hijo es algo que no podemos dejar de llevar en la maleta y que cuidamos mucho que no se nos acabe sin tener repuesto.

Y ahora vamos un poco más allá.

Los pañales son un producto imprescindible no solo para los bebés y los niños más pequeños aunque solamos relacionarlos con ellos. Un ejemplo es que al buscar pañales en los bancos de imágenes del periódico solo aparecen fotos de bebés, los únicos adultos ‘empañalados’ son los humoristas de Tricicle emulando ser niños. Se nos da muy bien maquillar la realidad a golpe de recurso gráfico.

Mi hijo, del que os hablaba antes, no es un bebé; mi hijo tiene autismo y diez años. Es una persona con discapacidad y dependiente que de día se apaña perfectamente para ir al baño pero que por las noches sigue necesitando pañales. Normalmente lo único que necesitan contener es pis, pero aún hay una o dos noches al mes que se hace caca durmiendo. No pretendo ser escatológica, pero tampoco disfrazar la realidad: limpiar a un niño de diez años no es cómo hacerlo con un bebé, os lo aseguro. Si no hay pañal o el pañal falla, limpiarle (a él y su cama) es un marrón considerable, literalmente.

Es una de nuestras muchas tareas pendientes con él. Estoy convencida de que acabaremos logrando que prescinda de los pañales, pero pueden pasar años. Hay muchos chavales con autismo que llevan pañal día y noche, o solo de noche, durante muchísimo tiempo, incluso durante toda su vida.

En este país hay una gran cantidad adultos que precisan pañales y empapadores. ¿Cuántos? No existen datos oficiales me temo. Son adultos que tienen diferentes tipos de discapacidad, que están enfermos o que son muy ancianos. Ninguno de ellos llevaría pañales si no los necesitara imperiosamente, os lo aseguro. Y en el colectivo anciano y con discapacidad todo cuesta más, todo supone más gastos, hay mayor incidencia de paro y pobreza.

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Cuando los planes no salen como habías pensado, cuando tienes un hijo prematuro

Las cosas no tenían que haber salido así, pero es que la vida nos suele demostrar que nuestros planes no son más que castillos en el aire, ensoñaciones frágiles, tan frágiles como el hijo que vemos y apenas podemos tocar, con su piel transparente, sus párpados azules.

Cuando estás embarazada o lo está tu pareja no te atreves a pensar que pueda salir nada mal. Por supuesto que no. En la mayoría de los casos que conoces todo ha ido como la seda. Más o menos nauseas, más o menos horas de parto, más o menos puntos con los que bregar durante el puerperio y bebés más o menos guerreros después con lo del comer, el llorar y el dormir. Todo eso es lo que nos encaja, ante lo que estamos preparados, la foto que nos hemos creado en nuestra cabeza cuando planificamos ser padres.

Tal vez conoces casos de niños que han nacido prematuros, cuyos padres tuvieron que pelear mucho hasta tenerlos en casa, en sus brazos. Pero probablemente tú ya conociste a esos niños cuando les habían dado el alta y todo volvían a ser sonrisas.

Y claro que no, claro que eso no te puede pasar a ti. Te estás cuidando, a tu niño precioso no le puede pasar nada malo, estarás en la mayoría a la que los planes les han salido bien, lo apartas de tu mente. Tú tendrás a tu hijo, que tendrá un peso normal, y después de un par de días en el hospital, en los que no se separará de tu lado, os iréis a casa felices y nerviosos.

¿Y si no es así? 1 de cada 13 bebés nacen bastante antes de los nueve meses. En España se dan unos 38.000 nacimientos de niños prematuros al año. 38.000 historias de lucha, de superación, donde la ayuda médica y familiar es clave para que salgan adelante. 38.000 casos al año en los que nada es como habías imaginado, en los que descubrir la fuerza que atesoras y lo mucho de lo que eres capaz.

“No sé cómo lo haces” puede que te digan a veces, cuando te vuelves a casa sin tu bebé, cuando vas y vienes del hospital para ver a tu hijo, cuando te extraes leche para darle, cuando hay pruebas médicas o complicaciones en ese cuerpecito tan pequeño que duele.

Claro que puedes. Puedes porque no hay otra opción, porque es lo que tienes que hacer, igual que podría esa personas que te pregunta, o lo piensa, si se viera en esa situación.

Puedes porque tu bebé también está pudiendo, también está luchando. Y deberías poder sin culpas, porque a veces las cosas simplemente suceden y nada ni nadie podría haberlo evitado. Encallarse en los “si yo”, “ojalá que”, “podría haber”… no lleva más que a callejones sin salida. Hay que mirar adelante. Pronto todos los malos ratos no serán más que un mal sueño.

Europa Press

Europa Press

Este jueves es el Día Internacional de los Niños Prematuros. Un día para recordar que las UCI neonatales de los hospitales deben ser suficientes y bien equipadas, con lugares adecuados para la lactancia y el reposo de unos padres que pasan allí horas y horas, que los niños deben recibir una atención integral y especializada, que no olvide la Atención Temprana y todos los cuidados de fisioterapia o estimulación necesarios y que laboralmente estos padres tienen también que estar apoyados y sus derechos protegidos.

Salvador es uno de ellos: nació junto a su melliza, a los 6 meses de gestación. La mala suerte quiso que su hermana muriese a los dos meses de vida, mientras que él sobrevivió. Su madre cree que Salvador fue “salvado” por su hermana.