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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

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¿Un nombre original o un nombre más común para nuestros hijos?

¿Un nombre único (o casi) o un nombre más común para nuestros hijos? ¿Qué os gusta más? ¿Un nombre que haga que no gire la cabeza al oírlo o uno que tenga que repetir tres veces cuando se identifique?

Nosotros huimos de la lista de los diez más puestos en el INE, lo confieso. Pero una cosa es huir de esos diez y otra muy distinta tener un nombre demasiado original, tanto que sonara extraño la primera vez que otros lo oyeran. Eso no era santo de nuestra devoción.

Cada familia tiene sus propias reglas, todas respetables. La verdad es que a nosotros nos preocupaban más otras cosas: que no estuviera repetido en la familia, que no fuera compuesto, que no tuviera diminutivo fácil, que no hubiera personajes muy populares con ese nombre si era distintivo…

Respeto a esto último, os confieso que desde antes de tener aún claro si quería ser madre tenía claro que, de tener una niña, la llamaría Leonor. Y entonces, cuando estaba embarazada de Jaime, nuestros entonces príncipes tuvieron a su primogénita y decidieron llamarla así y me lo chafaron.

No obstante, en estos tiempos el tema de la marca personal está muy de actualidad y hay expertos en branding que aseguran que conviene añadir como  norma la originalidad, incluso siendo el primero en algo, desde que naces. Te ayuda a ser encontrado en redes sociales y en buscadores y hace que te recuerden mejor, lo que puede implicar beneficios personales, sobre todo en tu carrera.

“Alguien con un nombre único destacará del resto y será más recordado”, comenta Raúl Ituero, de la empresa AVÁN & ERA que salió a los medios en otoño ofreciendo como servicio buscar un nombre único para su hijo a los padres que requirieran sus servicios. Una empresa que es un spin-off del estudio Damenáme y que asegura toda la dedicación del mundo para proponer nombres originales y a gusto de los padres.

Lo que me lleva a otra pregunta: ¿Qué te parecería que una empresa experta en marcas te ayudara a elegir el nombre de tu hijo?

Yo no lo haría la verdad. Es algo que me parece demasiado personal. Julia y Jaime se llaman así por decisión de su padre y mía, pero ni siquiera buscamos consejo en la familia más cercana. Pero me consta que, aunque hay gente que lo tiene muy claro o no lo tiene pero no necesita recursos externos, otros muchos tiran de libros y páginas webs que incluyen todo tipo de nombres y significados. Así que tal vez no resulte algo tan descabellado permitir que una empresa te lo proponga.

Lo que está claro es que es una decisión importante. La primera tal vez que tomamos por nuestros hijos más allá de decidir traerlos a este mundo. Algo que admite pocos experimentos, porque es cierto que va a marcarles de por vida.

 

 

 

Juguetes diferentes para niños (no solo) con discapacidad

Jaime tiene diez años y sigue sin entender la magia de los Reyes Magos, esa que disfrutamos con frecuencia más los padres que los niños. Pero eso es lo de menos, se trata de un par de días al año en el que contrasta su asunción de que es un día como cualquier otro comparado con la ilusión de su hermana o sus primas. A él ni siquiera le gusta abrir los paquetes a su nombre.

Lo de más es que se trata de un niño con muy pocos intereses, algo habitual cuando se tiene autismo. Los juguetes no llaman su atención, le gustan los juegos motores con nosotros, la música, columpiarse, la piscina… Poco más. Y tener pocos intereses dificulta el aprendizaje. Como le gusta tener cosas en las manos con forma alargada, las serpientes de goma son habituales en su carta a los Reyes. También tambores y bongos. Lo demás son pijamas, zapatos… Cosas útiles. Sobre todo los primeros años intentamos distintos juguetes que creíamos que le encajarían sin éxito, recorríamos las jugueterías de los pasillos rosas, de las zonas de puzzles y muñecos de acción, con poco rédito.

Lo de que los juguetes no llamen la atención y en Reyes le regalen un abrigo o un albornoz para ir con el cole a la piscina y se quede tan contento (es decir, igual que estaba) puede parecer un chollo para muchos padres agobiados por él aluvión de juguetes y peticiones más o menos imposibles de estas fechas.

Ojalá yo tuviera a Jaime pidiéndoselo todo del catálogo de turno y a mí planeando el siguiente reciclaje de juguetes.

En fin… Bien sé después de tantos años que los ‘ojalás’ no llevan a ningún sitio. O sí que llevan mejor dicho, pero a ninguno bueno.
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Feliz Año que trae cuatro semanas de permiso de paternidad (ojalá pronto el año que equipare a padres y madres)

El día de hoy traerá una noticia que se repite todos los años, la del primer niño nacido en 2017. Una de tantas noticias que parecen extraídas de El día de la marmota.

La cuestión es que esta vez ese niño, y todos los que lleguen tras él, tendrán la suerte de que sus padres puedan estar a su lado cuatro semanas ininterrumpidas.

La ampliación del permiso de paternidad de dos semanas a un mes es efectivo desde ya mismo, ha entrado en vigor seis años después del día que fijó la ley de 2009 que lo reguló. Pero al menos ya está aquí, un paso adelante que esperemos que acabe traduciéndose lo antes posible en la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad.

Deben ser iguales para que haya igualdad. Cualquier otra solución no deja de ser un parche que no combate las desigualdades.

De momento, Feliz Año que trae cuatro semanas de permiso de paternidad. Y ojalá llegue pronto el año en el que haya al menos dieciséis semanas para ambos y que además sean intransferibles.

GTRES

¿Y si nos fabricamos nuestros propios catálogos de juguetes?

15301160_10210323500318115_1251379588_nLa pasada semana estuvimos hablando de los juguetes que los niños piden en estas fechas, de la mala calidad, la escasa jugabilidad y el alto precio que un alto porcentaje muy elevado de los que aparecen seleccionados en los catálogos tienen. También de cómo los que aparecen en los espacios publicitarios de los contenidos audiovisuales infantiles pecan de lo mismo.

Y al final muchas veces nuestros hijos acaban pidiendo cosas que apenas aprovechan influenciados por la publicidad o la selección del catálogo.

Como consecuencia de esos posts, una amiga me mostró lo que ella hace como una manera de contrarrestar todo aquello. Y me ha parecido una idea estupenda, tanto que le pedí que me hiciera unas cuantas fotos para compartir esa iniciativa desde aquí con todos vosotros (gracias Ana).

Ella elabora su propio catálogo, con su selección de juguetes, libros, juegos de mesa… Comenzó a hacerlo “harta de que pidiese doscientos juguetes con los que luego ni jugaba”. 

15284078_10210306841901665_1027547329247141765_nRequiere mas dedicación, tiempo y planificación que plantarse en un establecimiento y agarrar el catalogo que ofrecen. Toca hacer una selección suficientemente amplia y variada que tenga siempré en cuenta los intereses y gustos del niño y pensando en su idoneidad, pero creo que hay muchos casos en los que puede merecer la pena el esfuerzo.

“Los hago con Hoffman, al ser libros pequeñitos mandan dos, así que se puede aprovechar y hacerse con algún primo”, me cuenta. Pero hay muchas maneras de hacerlo, incluso puede valer una tan sencilla como recortar o imprimir aquello que queremos incluir y pegarlo en unos folios organizados a modo de revista, ni siquiera es preciso emplear ningún sistema de impresión. Incluso se puede elaborar junto al niño. 

¿Qué os parece la idea?

¿Valen lo que cuestan la mayoría de juguetes que vemos en los catálogos?

(Jorge París)

(Jorge París)

Tengo la sensación, acumulada tras varios años de charlas que refuerzan mi propia percepción del asunto, de que muchos padres consideran la mayoría de los juguetes que se ve en los catálogos que abundan por estas fechas para inspirar a los niños en la elaboración de sus cartas a los Reyes Magos como mierdecilla de plástico que cuesta mucho más de lo que vale.

La semana pasada, visitando de nuevo los cientos de páginas llenas en su mayor parte de cacharrero de colorines, volvía a pensarlo. La mayoría de las cosas que veía no me parece que valgan lo que cuestan. Al menos si se mide en horas de juego infantil.

Hace unos días decidí preguntar por mis redes sociales a otros padres cómo veían ellos la relación calidad/precio/horas de juego de todos esos juguetes que meten por los ojos a nuestros hijos en la publicidad con la que anegan los espacios de televisión infantiles por estas fechas. Me sorprendió que participó muchísima gente y que la opinión era unánime: efectivamente, no valen lo que cuestan y suelen pasar pronto al olvido.

No sé qué opináis vosotros, y me encantaría saberlo.

Tanta unanimidad me hace pensar que, si lo creemos así, algo deberíamos hacer por evitar tirar el dinero, que cuesta mucho ganarlo. Evitar que los niños estén expuestos al bombardeo de publicidad televisiva ayuda mucho, lo digo por experiencia. Razonar con ellos ante el catalogo si con eso de verdad van a jugar tanto es una opción. Otra consiste en prescindir de esos catálogos y buscar y presentarles en Internet otras opciones: experiencias, viajes, productos distintos… Incluso conozco a una madre que elabora su propio catálogo con todo eso, ya os hablaré más despacio de esa opción.

Aquí tenéis algunas opiniones que he recibido:

Victoria: Puf.. Casi todo carísimo. Nos quedamos flipados cuando vimos un camión de la Patrulla Canina por más de 100 €. ¿Están locos?

Ata. Tal cual. Hay muchos juguetes que son “injugables”, que no pueden responder a estudios sobre jugabilidad, sino para despertar una ansiedad de compra instantánea. Por ejemplo, un personaje de Disney que habla y se mueve no sirve para jugar. Sirve para verlo 5 minutos y ya está. Y de eso están los catálogos y los anuncios llenos. Son ganchos, no juguetes.

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Nadie lleva pañales a menos que los necesite, a menos que sea una persona dependiente

Tricicle en pañales (GTRES)

Tricicle (GTRES)

Ese lunes es noticia que la Federación Española de Familias Numerosas (FEFN) ha presentado 182.152 firmas en el Congreso para pedir la rebaja del IVA de los pañales al 4%.

Actualmente, los pañales en España tienen un IVA del 21%, el de los productos considerados de lujo. No son los únicos productos que andan ahí de manera equivocada, también se considera un lujo  los servicios veterinarios o las compresas y tampones.

Los pañales son un producto de necesidad básica y es fácil comprobarlo: solo los usa aquel que los necesita. Y el que los necesita no puede vivir sin ellos (o sería francamente complicado que lo hiciera). Un ejemplo, cuando nos vamos de viaje con mi hijo es algo que no podemos dejar de llevar en la maleta y que cuidamos mucho que no se nos acabe sin tener repuesto.

Y ahora vamos un poco más allá.

Los pañales son un producto imprescindible no solo para los bebés y los niños más pequeños aunque solamos relacionarlos con ellos. Un ejemplo es que al buscar pañales en los bancos de imágenes del periódico solo aparecen fotos de bebés, los únicos adultos ‘empañalados’ son los humoristas de Tricicle emulando ser niños. Se nos da muy bien maquillar la realidad a golpe de recurso gráfico.

Mi hijo, del que os hablaba antes, no es un bebé; mi hijo tiene autismo y diez años. Es una persona con discapacidad y dependiente que de día se apaña perfectamente para ir al baño pero que por las noches sigue necesitando pañales. Normalmente lo único que necesitan contener es pis, pero aún hay una o dos noches al mes que se hace caca durmiendo. No pretendo ser escatológica, pero tampoco disfrazar la realidad: limpiar a un niño de diez años no es cómo hacerlo con un bebé, os lo aseguro. Si no hay pañal o el pañal falla, limpiarle (a él y su cama) es un marrón considerable, literalmente.

Es una de nuestras muchas tareas pendientes con él. Estoy convencida de que acabaremos logrando que prescinda de los pañales, pero pueden pasar años. Hay muchos chavales con autismo que llevan pañal día y noche, o solo de noche, durante muchísimo tiempo, incluso durante toda su vida.

En este país hay una gran cantidad adultos que precisan pañales y empapadores. ¿Cuántos? No existen datos oficiales me temo. Son adultos que tienen diferentes tipos de discapacidad, que están enfermos o que son muy ancianos. Ninguno de ellos llevaría pañales si no los necesitara imperiosamente, os lo aseguro. Y en el colectivo anciano y con discapacidad todo cuesta más, todo supone más gastos, hay mayor incidencia de paro y pobreza.

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Cuando los planes no salen como habías pensado, cuando tienes un hijo prematuro

Las cosas no tenían que haber salido así, pero es que la vida nos suele demostrar que nuestros planes no son más que castillos en el aire, ensoñaciones frágiles, tan frágiles como el hijo que vemos y apenas podemos tocar, con su piel transparente, sus párpados azules.

Cuando estás embarazada o lo está tu pareja no te atreves a pensar que pueda salir nada mal. Por supuesto que no. En la mayoría de los casos que conoces todo ha ido como la seda. Más o menos nauseas, más o menos horas de parto, más o menos puntos con los que bregar durante el puerperio y bebés más o menos guerreros después con lo del comer, el llorar y el dormir. Todo eso es lo que nos encaja, ante lo que estamos preparados, la foto que nos hemos creado en nuestra cabeza cuando planificamos ser padres.

Tal vez conoces casos de niños que han nacido prematuros, cuyos padres tuvieron que pelear mucho hasta tenerlos en casa, en sus brazos. Pero probablemente tú ya conociste a esos niños cuando les habían dado el alta y todo volvían a ser sonrisas.

Y claro que no, claro que eso no te puede pasar a ti. Te estás cuidando, a tu niño precioso no le puede pasar nada malo, estarás en la mayoría a la que los planes les han salido bien, lo apartas de tu mente. Tú tendrás a tu hijo, que tendrá un peso normal, y después de un par de días en el hospital, en los que no se separará de tu lado, os iréis a casa felices y nerviosos.

¿Y si no es así? 1 de cada 13 bebés nacen bastante antes de los nueve meses. En España se dan unos 38.000 nacimientos de niños prematuros al año. 38.000 historias de lucha, de superación, donde la ayuda médica y familiar es clave para que salgan adelante. 38.000 casos al año en los que nada es como habías imaginado, en los que descubrir la fuerza que atesoras y lo mucho de lo que eres capaz.

“No sé cómo lo haces” puede que te digan a veces, cuando te vuelves a casa sin tu bebé, cuando vas y vienes del hospital para ver a tu hijo, cuando te extraes leche para darle, cuando hay pruebas médicas o complicaciones en ese cuerpecito tan pequeño que duele.

Claro que puedes. Puedes porque no hay otra opción, porque es lo que tienes que hacer, igual que podría esa personas que te pregunta, o lo piensa, si se viera en esa situación.

Puedes porque tu bebé también está pudiendo, también está luchando. Y deberías poder sin culpas, porque a veces las cosas simplemente suceden y nada ni nadie podría haberlo evitado. Encallarse en los “si yo”, “ojalá que”, “podría haber”… no lleva más que a callejones sin salida. Hay que mirar adelante. Pronto todos los malos ratos no serán más que un mal sueño.

Europa Press

Europa Press

Este jueves es el Día Internacional de los Niños Prematuros. Un día para recordar que las UCI neonatales de los hospitales deben ser suficientes y bien equipadas, con lugares adecuados para la lactancia y el reposo de unos padres que pasan allí horas y horas, que los niños deben recibir una atención integral y especializada, que no olvide la Atención Temprana y todos los cuidados de fisioterapia o estimulación necesarios y que laboralmente estos padres tienen también que estar apoyados y sus derechos protegidos.

Salvador es uno de ellos: nació junto a su melliza, a los 6 meses de gestación. La mala suerte quiso que su hermana muriese a los dos meses de vida, mientras que él sobrevivió. Su madre cree que Salvador fue “salvado” por su hermana.

¿Qué te parece que las guarderías tengan webcam? ¿Y los coles e institutos? ¿Y los centros de educación especial?

En los baños no está permitido poner webcams (GTRES)

En los baños no está permitido poner webcams (GTRES)

Lo de poner webcams en las guarderías (mejor escuelas de educación infantil, ya lo sé), es un tema que arrancaba cuando fui madre por primera vez hace una década y que había avanzado unos cuantos pasos cuando lo fui de nuevo hace casi ocho. Dado que ni Jaime ni Julia fueron a guardería, la verdad es que tampoco es algo a lo que diera demasiadas vueltas.

Recientemente he sabido de una madre mucho más reciente que yo, que a este paso tendré que buscarme otro nombre, que sí que tiene a su hijo en una de estas guarderías con cámara. Mirando por encima de su hombro, por primera vez pude ver lo que era observar a tu hijo merced a la tecnología. Era la hora de la comida y se veía a los niños sentados, tranquilos y alimentándose con ayuda. Las imágenes llegaban en blanco y negro y para cualquiera que no conociera bien a los niños resultaba imposible identificarlos, los rostros se veían muy pequeños y sin definir. Tampoco se oía nada. Muchas de esas pequeñas cabecitas podrían estar llorando y sería imposible de saber.

Sé que hay otras webcams instaladas en guarderías en las que sí hay sonido, que son en color y con más definición. También que en todos los casos emiten únicamente desde espacios comunes, sin entrar en baños, cambiadores o en lugares privados de los trabajadores. Obviamente, no emiten en abierto. Los padres reciben un código que es el que les permite asomarse a esa pequeña ventana virtual.

Viendo y enterándome de todo eso, era inevitable pensar qué hubiera querido yo de haber tenido que llevar a mis hijos a una guardería. ¿Hubiera elegido un centro por encima de otros por tener este servicio? No lo creo. Ocuparía una posición bajísima entre lo que buscaría, no sería en absoluto una prioridad. Tampoco supondría para mí un problema que tuviera webcam, que me consta que hay padres que no se sienten a gusto sabiendo que hay cámaras observando lo que hacen sus hijos. Sé que es posible que entrase de vez en cuando a mirar un rato, sobre todo al principio, pero que la norma sería no hacer ni caso a la web con la webcam. Siempre que todo fuera bien, dentro de la normalidad, claro. Es cierto que si hubiera algo que me tuviera con la mosca detrás de la oreja, desde una enfermedad a un amiguito peleón pasando por la sospecha de que los trabajadores de la guardería pasan demasiado de ellos, sí que podría estar mas pendiente. Claro que si estuviera mosqueada por algo tal vez podría malinterpretar lo que veo.

Entre los que no son partidarios al uso de cámaras en las guarderías se encuentran los que se toman muy en serio el derecho a la privacidad, muchos de ellos alegan, con razón, que no es tan difícil hackear estas webs y que un código puede pasar por muchas manos. Y no me refiero únicamente a los padres que no desean que se difundan imágenes de los niños, también están los trabajadores que tienen todo el derecho a tener su intimidad. Tanto unos como otros deben aceptar por escrito previamente la presencia de las cámaras.

Entre los defensores están los que lo consideran una garantía que asegura el bienestar del niño. Ha habido de vez en cuando, por desgracia, noticias de abusos, descuidos o trato inaceptable hacia niños pequeños por parte de sus cuidadores, en el hogar y en guarderías. Con niños tan pequeños que no pueden denunciar que algo así está sucediendo, la presencia de cámaras es un importante elemento disuasorio, porque son muchos potenciales ojos mirando. Si hay quince niños jugando, hay muchos padres que pueden estar supervisando, no solo a su hijo, también a los de los demás.

En Ser padres hay una encuesta con casi 4.500 respuestas. Al 44% sí que les gustaría poder ver a su hijo, el 18% lo consideran una intromisión innecesaria que no aporta gran cosa y el 38% no lo tiene claro, les gustaría ver a su hijo pero no que otros padres puedan verlo.

Imagino que al final, como todo, es simplemente un instrumento, una herramienta. Y como cualquier instrumento o herramienta será útil o incluso peligrosa dependiendo del uso que se le dé.

Por algún misterio insondable en todas las fotos de agencia de guarderías sale un miembro de la realeza (GTRES)

Por algún misterio insondable en todas las fotos de agencia de guarderías sale un miembro de la realeza. (GTRES)

Con niños mayores, que pueden contarnos lo que ha pasado, nadie se plantea el uso de estos dispositivos. Pero viendo casos como el de la niña que recibió una paliza en Mallorca hace pocos días, me pregunto si no sería también una herramienta útil para evitar el acoso escolar. O por lo menos para clarificarlo. Os aseguro que a mí me da más miedo lo que pueda pasarle entre clases o en el patio a mi hija cuando sea más mayor y autónoma que lo que pueda suceder en una guardería. ¿Deberíamos plantearnos el uso de cámaras el colegios de Primaria y Secundaria? ¿Y en Institutos?

Y los que soléis leerme ya sabéis que tengo un niño con autismo que va a un centro de educación especial, un centro en el que muchos chavales se encuentran en una situación similar a la de esos niños de hasta cuatro años de las guarderías: no pueden contar lo que les ha pasado, no pueden comunicar si alguien ha abusado de ellos o les ha tratado mal.

Las justificaciones que valen para poner cámaras en las guarderías podrían aplicarse también en estos centros. Y aquí hay un factor más, ver las sesiones nos podría ayudar a los padres a trabajar en la misma línea que en el colegio con nuestros hijos. ¿No deberían tener también cámaras los colegios de educación especial?

¿Cuál es el objeto que con más cariño asociáis a vuestra maternidad?

1No soy yo de encariñarme  con las cosas. Las cosas son cosas, puede que útiles, bonitas, pero inertes, incapaces de sentir . “No llores por eso cariño, es solo una cosa, no llores por algo que nunca lloraría por ti”, es algo que he dicho a veces a mi hija. Ni ella ni su hermano tienen un apego excesivo a los objetos, regalan y prestan con toda la facilidad del mundo y eso me complace. Pero es inevitable que algunos objetos sean especiales, en mi caso aquellos que quedan asociados a buenos recuerdos.

Ayer tocó zafarrancho en el cuarto de mi hija, estuve vaciando cajones y baldas, decidiendo que cosas regalar, que cosas colocar de otra manera (cuentos que antes le quedaban grandes ahora ocupan el lugar de otros que le han quedado pequeños) y que cosas directamente mandar al contenedor de reciclaje. Entre tanto trajín de cosas apareció, hecho un ovillo en una bolsa de plástico al fondo del armario, algo que creía perdido. Una de esas cosas que son especiales.

“Póntela, a ver si quepo”, me pidió Julia cuando vio desplegarse nuestra vieja mochila de porteo. “Imposible mi amor, tienes ya siete años, la última vez que estuviste dentro tenías dos y medio”.

Ella dice que se acuerda de ir sujeta a mi cuerpo, yo no tengo claro si de verdad conserva vagos recuerdos o si son solo reflejos de las fotos que ha visto. Yo sí que conservo la sensación de llevar su cuerpecito cálido contra mi pecho, de sentirla dormirse, de pasear con su hermano de la mano y la correa de mi perro en la otra… Usamos esa mochila mucho más que el carrito, con ella no había que plegar nada, teníamos las manos libres, cualquier terreno era apto y a ambas nos gustaba más. Ni carro, que casi todos los días parecía tener pinchos, ni bolsa de carro, que con lactancia materna y con la experiencia que da el segundo hijo descubres que tiende a llenarse de archiperres rara vez necesarios que arrastras como una tortuga desestructurada de un lado a otro.

Si hay un objeto que asocio a mi maternidad que aunase disfrute y utilidad, sin duda sería esa mochila, esa cosa que también ha pasado por otros tres bebés y a la que no voy a conservar, porque no hay mejor lugar para guardar las cosas que tu memoria y alguna que otra foto y dónde mejor estará es resultando útil a otros padres recientes.

¿Cuál es el vuestro?

Los cacharros más útiles cuando tienes un bebé (y los que no valen para nada)

Hace ya algún tiempo Amazon nos reunió a un grupo de madres blogueras para que pusiéramos en común qué archiperres nos parecían más útiles cuando tenías un bebé. De aquel brainstorming salió el siguiente listado:

En primer lugar el sacaleches, luego el carrito, una buena mochila de porteo, una bañera plegable de das que se ponen dentro de la ducha o la bañera, la cuna de viaje, una trona de las que ocupan poco espacio (yo recomiendo siempre que en el mobiliario encajen esas que se enganchan a la mesa), una luz piloto (las hay elaboradísimas, con despertador con amanecer y anochecer, música, etc., nosotros usamos un fantasmita de Ikea), cámara vigilabebés, silla para el coche a contramarcha, muselinas, algún juguete tipo Sophie la jirafa, tienda de campaña de verano con protección solar, barrera de cama, cubiertos infantiles (mejor con asa) y silla con ventosa para el baño y para cuando la bañera plegable se ha quedado pequeña.

Quince objetos en total. Quince entre los que hay muchos que yo jamás utilice ni pondría en una lista de imprescindibles. En mi piso y practicando colecho, nunca he necesitado ni la cuna de viaje ni la cámara vigilabebés, tampoco somos de tostarnos en la playa y la tienda de campaña sería inútil en nuestra casa. Igual que aquellas que no hayan dado el pecho lo del sacaleches les dejará frías.

baby-safe-feederEs curioso cómo lo que para unos es útil, para otros no lo es en absoluto. Picada por esa curiosidad y con la intención de tal vez lograr un post de recomendaciones verdaderamente útil para futuros padres o padres primerizos, pregunté a un buen puñado de padres y madres recientes de la redacción de 20minutos  por los objetos que les habían resultado más útiles y los más inútiles.
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