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La mitad de los niños con autismo ha sufrido acoso escolar #StopBullying

Casi la mitad de los niños con Trastorno del Espectro del Autismo (TEA) sufre acoso escolar, una proporción cuatro veces mayor que en la población general; un 46,3% frente al 10,6% de la población sin este trastorno o sin discapacidad.

No son datos nuevos. Se conocen hace tiempo y proceden de Estados Unidos, pero no cuesta pensar que son extrapolables a España. El diferente suele ser objetivo.

Los recordé el sábado, en las jornadas que Autismo Diario llevó a cabo en Aleph TEA cuando Daniel Comín decía lo siguiente:

Me acordaba de ellos gracias a la (tan necesaria) campaña que ha lanzado estos días la Federación Autismo Madrid. Con el nombre #StopBullying No cuentes conmigo. Por el respeto de los talentos diferentes, quiere poner el foco “en hacer visible la lacra del acoso escolar” y también “en los testigos del acoso escolar, compañeros y amigos que no denuncian la situación”.

Esta campaña tendrá presencia en centros escolares, donde la Federación Autismo Madrid impartirá charlas-coloquio con estudiantes para concienciar y sensibilizar sobre una realidad, que según los últimos datos afecta a más del 52% de las personas con TEA. A falta de estudios concluyentes, (se está realizando en la actualidad el primer estudio sociodemográfico nacional para poder dar datos más certeros, a la vez que en Europa trabajan para tener un censo real), se estima que aproximadamente 1 de cada 100 nacimientos tiene TEA. Este dato, ya de por sí perturbador, choca con una realidad aún más llamativa: la inexistencia de una sociedad concienciada.


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El problema del fútbol que acapara los patios de los colegios

(GTRES)

Tenía que escribir de este tema por petición popular. Ayer una amiga me pidió que asomara este tema al blog, y es la cuarta persona que me lo comenta en pocos meses. Me lo pedía enviándome un enlace de una noticia de 2014 que contaba que 150 colegios en el País Vasco iban a reorganizar los juegos en el patio, apoyados en experiencias que indicaban que incorporar diabolos, frisbees, bates de béisbol, indiacas… había mejorado “la integración entre chicos y chicas y entre diferentes edades”.

“Estaría bien saber cómo ha resultado tres años después”, me decía. Sí que lo estaría. Cierto.

Es curioso que en esa misma noticia también apuntaban a que el equipamiento destinado al fútbol en los centros escolares era muy superior a cualquier otro. Lo de que en este país el fútbol sea el deporte rey alcanza todos los ámbitos, probablemente muchos con exceso.

También me han llegado iniciativas de limitar el fútbol a uno o dos días, y que el resto de la semana el patio esté dedicado a otros menesteres. Y me parece estupendo. A ver, que está genial jugar al fútbol, pero hay otros muchos juegos posibles. Probablemente más integradores como comentaban desde el País Vasco.

Parece que sí, que el problema de que los niños futboleros acaparen el patio e impidan otros juegos es muy frecuente, sobre todo en los centros que no cuentan con demasiado espacio para el esparcimiento infantil.

(GTRES)

La “dictadura del fútbol en los recreos” recuerdo que bautizó una de esas personas que me habló del tema a los conflictos que se generan, que van más allá del uso del patio para darle al balón impidiendo otros juegos y apartando con frecuencia a las niñas.

Es un hecho que incluso niños muy pequeños tienden a considerarlo un juego de chicos en el que las niñas no deberían meter las narices o que se toman poco en serio que quieran hacerlo. Mi hija de siete años, que es muy activa, coordina bien sus movimientos y gusta de correr y saltar, intentó uno y dos cursos atrás jugar con sus amigos al fútbol, pero la ponían únicamente de arbitra y portera. Claro, se cansó y se dedicó a otros juegos.

Pero también los niños varones tienen problemas. Conozco a madres cuyos hijos detestan el fútbol y están hartas de que los consideren los raros, que parezca obligado que tengan que disfrutar dando patadas a un balón. Conozco a otros niños que no sienten ningún entusiasmo especial por el fútbol pero que se sienten obligados a fingirlo y se empeñan en integrarse los partidillos que se organizan. Y los hay que disfrutan enormemente jugando al fútbol pero que no fueron dotados con las condiciones atléticas necesarias para hacerlo bien y se ven señalados como paquetes y relegados en el juego. Y hablo de niños muy pequeños, de entre cinco y ocho años que no se están jugando absolutamente nada.

Y luego están los niños con necesidades especiales, con autismo, para los que los juegos de equipo son uno de sus mayores hándicaps. Mirad lo que me contaba una mamá hace no mucho tiempo:

Yo tengo un nene con trastorno de espectro autista (Asperger). Lleva diagnosticado desde los 6 años y ahora tiene 9. Va a una escuela ordinaria y cada día lo pasamos peor y uno de los mayores problemas que le ocasiona muchísima ansiedad es el tema de fútbol. Mi hijo no entiende los juegos en equipo, por mucho que se le explique tiene una capa impermeable en su cabeza que por mucho que lo intente y le ponga ganas no capta las normas del juego. Él cada día esta más obsesionado en querer integrarse en los partidos de fútbol que juegan a la hora del patio, el problema es que esos niños llamados compañeros no le dan esa oportunidad… me viene llorando a casa diciendo a que es sus amigos no le dejan jugar a fútbol porque él es muy malo… Yo sé que a él no le gusta nada el fútbol (tiene otras habilidades) pero le gustaría integrarse con ellos y no se lo ponen fácil. A mí me rompe el corazón como madre porque gracias a toda la lucha que llevamos en estos 6 años hemos conseguido que dé muchísimos pasos adelante. Hace unos años pensaría que seria imposible, pero ahora me doy cuenta que muchas situaciones no dependen de él por ser diferente… dependen de la poca ética y poco respeto que tienen los otros niños. Y te das cuenta que ellos tampoco tienen culpa. La culpa la tienen sus progenitores y no hacen más que enseñarles con rivalidad sin importar a quien pisoteen.

No sé si los progenitores serán siempre los culpables. La competitividad es algo casi ambiental. Lo que sí tengo claro es que los maestros no pueden desentenderse de lo que pasa en el patio. Su responsabilidad en esos tiempos no se limita a vigilar que no se abran la cabeza. Si hay niños con necesidades especiales involucrados, con mucho más motivo.

¿En los colegios de vuestros hijos existe estos problemas? ¿Hay limitaciones para el uso del patio?

La importancia de poder elegir el colegio de tus hijos

Es muy importante poder elegir el colegio al que acuden nuestros hijos. No es como para angustiarse y volverse locos realizando peregrinajes absurdos, pero es innegable que es una de las decisiones más relevantes que podemos tomar por ellos.

En el colegio pasarán muchas horas, muchos años. Allí harán amigos, también el tipo de enemigos intrascendentes de la infancia. Con mala suerte no encajarán, serán infelices, incluso sufrirán acoso o lo ejercerán. Con buena suerte encontrarán personas a las que estarán unidos también cuando sean adultos. Así de importante es.

Más allá del plano social, allí les enseñarán y aprenderán. No siempre aprenderán lo que les enseñen y no siempre les enseñarán lo que aprendan.

Y tendrán deberes. O no.

Y trabajarán por proyectos. O no.

Y será un centro bilingüe. O no.

Y será uno de esos colegios en los que los padres están invitados a participar. O no.

Así de importante, sí.

Muchos padres andan en estas fechas embarcados precisamente en estas tesituras. Dando diferente importancia a la cercanía, el proyecto educativo, el tipo de comedor, el horario…

El problema es cuando no puedes elegir. Cuando lo que te dicen vulnera tus derechos y los de tus hijos. Cuando la carestía de plazas públicas hace que algunos crean justificado que los padres elijamos un colegio sin saber nada de él.

No, así no se hacen las cosas.

Pasa con demasiada frecuencia a los padres que tienen que escolarizar a niños con necesidades especiales, niños con autismo, niños en sillas de ruedas, niños con enfermedades crónicas que precisan enfermera…. La capacidad de elección de centro está muy limitada en esos casos, en algunos ni siquiera existe, y hay asuntos a priorizar por encima de los convencionales.

GTRES

Pero también todos los años existe este problema con niños sin dificultades. Valga como ejemplo lo que está pasando en Vallecas, con 265 familias afectadas. Del colegio publico que les corresponde, no se sabe nada. Nada de nada.  Aparentemente se pretendía que apuntaran a los niños a ciegas.
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“En catequesis me han dicho que los carnavales son anticristianos”

Carnaval, carnaval… Hoy es el día en el que muchos niños acuden disfrazados al colegio. No todos. En muchos de  los centros vinculados a la Iglesia el carnaval es algo que pasa sin pena ni gloria. Al menos en Madrid. Me pregunto si en Canarias o Cádiz también se resisten a este influjo.

(GTRES)

Yo acudí a uno de monjas solo para niñas en el que, para compensar, teníamos una fiesta el día del fundador, el padre Faustino. Hacíamos bailes regionales vestidas de manera semejante a como lo hacen los que de verdad danzan muñeiras, jotas aragonesas, sevillanas o isas canarias. Con el tiempo abrieron la mano y también podías disfrazarte y bailar piezas de Grease o temas pop del momento.

Seguía sin ser lo mismo. Pero bueno, se puede vivir sin carnaval. Ese colegio tenía prácticas mucho peores.

Recuerdo que las telas de los trajes con los que nos vestíamos había que comprarlas ya cortadas en un comercio concreto y en cuyo proceso las monjas sacaban tajada. Eran especialistas en sacar pasta a nuestros padres de múltiples maneras, pero esa ya es otra historia.

Me estuve acordando de mi infancia ajena a los carnavales al ver a mis hijos dispuestos a disfrazarse este viernes. Pero recordaba mi niñez sin disfraces escolares sobre todo por una conversación que tuvimos con un niño, amigo de la familia, que tiene ocho años y está en catequesis (taquetesis según su hermana pequeña) y escolarizado en un centro religioso.

“En catequesis me han dicho que los carnavales son anticristianos”, nos dijo al oírnos hablar de disfraces.
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Quiero que los niños que necesitan un enfermero puedan ir a las excursiones con sus compañeros, ¿y tú?

GTRES

Ayer me llegó una petición de formas en Change, creada por Pedro Alzu, que me toca de cerca y que quería traer aquí.

Hay muchos niños, en toda España y no sólo en Madrid que es el ámbito de esta campaña, que acuden al colegio teniendo diferentes tipos de discapacidad, enfermedades crónicas, recuperándose de enfermedades graves… y necesitan que en su colegio haya un enfermero.

La realidad es que pocos centros lo tienen. Tengo cerca el caso de una niña con diabetes y bomba de insulina que solo tenía dos centros a elegir, uno público y otro privado, en una ciudad de 200.000 habitantes. Y ha tenido suerte. Hay ciudades, pueblos y provincias en las que la única solución es llevar al niño a un colegio muy lejos y olvidar si nos encaja el modelo educativo del centro porque la prioridad es su salud o que uno de los padres deje de trabajar para estar permanentemente atento o un abuelo o un tío capaz y dispuesto a asumir esa responsabilidad.

La mayoría de colegios, con pocas excepciones que se pueden justificar, deberían tener servicio de enfermería permanente. Tener un enfermero en el centro iba a beneficiar además a todos los alumnos.

Y, por supuesto, las excursiones deberían contar también con ese servicio. Incluso en los centros en los que hay enfermero, como suelen tener varios niños que necesitan de sus atenciones, ese enfermero es lógico que se tenga que quedar y no pueda salir en el autobús. Pero no es lógico que esos niños tengan que perderse las salidas con sus compañeros a menos que sus padres dejen de trabajar para acompañarlos.
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¿Cómo eran los deberes de los que ahora somos padres?

GTRES

GTRES

Domingo de la primera huelga de deberes que tiene lugar en España, consistente en no hacer tareas los fines de semana, en no entregarlas el lunes durante todo noviembre. Si os soy completamente no me gusta que la huelga se esté convirtiendo en una confrontación entre (algunos) padres y (algunos) profesores. La autoridad de los maestros no debe minarse, eso no es bueno para nadie, pero los padres tambien deben ser escuchados y en muchos centros no es así. Sí me gusta que ponga sobre la mesa el debate de cómo enseñar a nuestros niños cuando está claro que el sistema de ahora no funciona.

Pero no es de eso de lo que querïa hablar hoy. Digiriendo todo este tema, viendo a padres en favor, padres en contra y padres medio pensionistas respecto a los deberes (no respecto a la huelga, que ese es otro tema, me refiero únicamente a las tareas en casa, sobre todo en lo que atañe a los niños de Primaria), me dio por pensar en los deberes que tuvimos nosotros, sus padres.

Ahora veo a mi alrededor a niños que, desde los cinco años, llegan con tareas a casa. Niños que empezaron Infantil el colegio con cuatro años, incluso con tres si nacieron en el último trimestre del año. Yo entré a los cinco en lo que llamábamos Parvulitos y los deberes tardarían muchos años en llegar.

No recuerdo hacer deberes hasta octavo de EGB, con unos trece años. Antes eran tan pocos o tan fáciles que ni cuentan. Y no supusieron nada que hubiera que tomarse razonablemente en serio hasta segundo de BUP. Había también trabajos que investigar, y era algo que prefería con mucho y con lo que aprendía más que con ejercicios puros y duros. Lo mismo vale para estudiar. En octavo ya tuve que empezar a estudiar algo más, pero hasta BUP fue un paseo. Tuve pocas extraescolares, ninguna que yo recuerde en el colegio. Llegaba a casa pronto (la hora exacta seguro que la recuerda mejor mi madre que yo, la memoria es traicionera) y toda la tarde era para mí, para jugar, para leer, para idear con qué no aburrirme.

Hablando con gente a mi alrededor me dio la impresión de que esa era la norma de los que ahora somos padres o estamos en edad de serlo. Que en nuestra vieja EGB la carga de deberes era, por norma general, muy inferior, así que pedí en mis redes sociales alto que también os pido a vosotros: que recordéis vuestra infancia, que me digáis si los deberes os agobiaban o no recordáis que os dieran mucha guerra y a partir de qué edad empezasteis a tenerlos. Si además me contáis si teníais actividades extraescolares y a qué hora llegáis del cole a casa, mucho mejor.

Gracias a todos los que habéis compartido conmigo vuestra experiencia, también a los que lo hagáis. Creo que es francamente interesante y puede ayudar a reflexionar. Y también gracias a vosotros tenemos el post más largo de este blog, que ya va camino de los nueve años de existencia 😉

Marta: Yo extraescolares ninguna, por suerte mi madre estaba en casa (con seis hijos no hay quien trabaje). Deberes, un poco de cada asignatura, no recuerdo que fueran demasiados. Con la edad más, claro. Los que te ponen y los que te impones tu (memorizar cosas, preparar exámenes…).

Almudena: Estudié EGB en los años 70. Colegio público.El horario era de 9 a12 y de 3 a 5, aunque durante varios cursos fue hasta las 6. Esa hora, que se llamaba permanencias era de pago y se le pagaba directamente a los maestros. Se suponía que era para realizar actividades no lectivas, pero yo lo recuerdo como una hora más de clase No recuerdo haber estudiado para los exámenes hasta séptimo. Para hacerse una idea de lo que mandaban, recuerdo que el tutor de séptimo nos dijo que ya teniamos que dedicar todos los días dos horas a deberes y estudiar. Yo intenté hacerlo, hice todos los deberes, estudié todo lo que habiamos dado en clase y me leí los temas del día siguiente. Me sobró una hora entera, y siempre he sido muy lenta escribiendo. Así que calculo que hasta los 12 años mucho menos de una hora de deberes. Las extraescolares en esa época y al menos en mi entorno socioeconómico ni se sabían lo que eran. Yo iba a un colegio un poco especial, en el poblado del Parque Móvil Ministerios, y sí que había una piscina en la que daban clases de natación, escuela de fútbol para los chicos y una academia de mecanografía a la que podías apuntarte a partir de los 10 o 12 años. Eso era lo mas parecido a extraescolares

Mónica: Deberes muy pocos, leer y hacer resumen del libro, algún trabajo… Y clases extraescolares un deporte, el que quisiéramos mi padre nos decía, yo karate.

Mariluz: Mi experiencia y recuerdos son similares. En BUP empezaba lo serio. Las lecturas obligatorias las recuerdo con poco cariño porque no siempre eran lo que querías leer. No puedo imaginarme estudiando para aprobar exámenes cada 10 días. Me hubiera gustado una etapa infantil como la que hay ahora de aprendizaje a través del juego. No sé por qué en Primaria se olvidan de eso. Y me hubiera gustado más prácticas de oratoria. Igual. No sé por qué en Infantil ahora lo hacen y se olvidan en Primaria, relegado sólo a la exposición de algún trabajo. Pero en cuestión de deberes no lo cambio por lo que hay ahora aunque había mucho que mejorar. Parece que vamos a peor en lugar de a mejor. Y los profesores eran más maestros y estaban más disponibles. Ahora con los nuevos horarios hay padres que sólo ven a la tutora una o dos veces al año y pidiendo permiso en el trabajo. Y quieren implicación de las familias en las escuelas, pero muchas lo dicen porque queda bien. Luego o no hay horario o no hay escucha. Y eso que yo del cole de mi niña no me quejo del todo. Pero hay otros….. Lo mismo en Primaria me quejo más. Ya queda menos.

Carlota (veinteañera, de la ESO): Yo tenía muchísimos deberes, muchísimos. Recuerdo estar varias horas todos los días y los domingos, que por cierto los odiaba por esa misma razón. Y el día que tenía extraescolares terminaba exhausta, lógico.
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Los mejores deberes: ir a museos, cocinar, leer juntos, salir al campo, los juegos de mesa…

Mi hija, en Segundo de Primaria, no tiene deberes en su colegio. Mi hijo, que va a un centro de educación especial por tener autismo, tampoco los tiene. Probablemente secundaría la huelga de deberes que arranca este fin de semana impulsada por la CEAPA si viera a mis hijos, con la edad que tienen, (siete y diez años) cargados de deberes como veo a niños ajenos. Niños de seis, de ocho, de once años. Niños muy pequeños para los que el aprendizaje natural y mediante el juego es aún primordial y que tienen jornadas maratonianas.

Imaginad que tenéis ocho años, por ejemplo, y entráis al colegio a las ocho o las nueve, volvéis a casa a las cinco de la tarde, a las ocho y media se cena y a las nueve o nueve y media tocara ir a la cama. Imaginad que en esas tres horas y media que hay entre las cinco y las ocho y media tuvierais muchos días alguna actividad: inglés, robótica, baloncesto… Las horas libres podrían ver reducidas a un par. Ahora imaginad que hay que hacer tareas, terminar fichas, hacer ejercicios durante ese par de horas. Aunque no hubiera extraescolares probablemente os pesarían y desmotivarían. Tareas que colean y se acumulan para el fin de semana.

Ahora imaginad que esa jornada la tiene vuestra pareja, que llega a casa a las cinco o las seis teniendo que dedicar una o dos horas a seguir trabajando y que el fin de semana también le toca currar. ¿Qué opinaríais?

Yo no estoy en contra de que chavales más mayores, que además suelen tener jornadas más breves por intensivas, se dejen los codos estudiando (dentro de lo razonable, que conozco adolescentes que dedican cuatro horas diarias) y tengan que afianzar lo que aprenden en el instituto en casa mediante ejercicios. Pero los niños de Infantil y Primaria no deberían estar en esa rueda. Y eso no quiere decir que los niños de Infantil o Primaria no deban reforzar también lo que trabajan en clase, pero no sentados a una mesa rellenando fichas.

Una tarde de juegos de mesa en familia, una visita a un museo, ayudar a cocinar, leer con ellos un cómic de Pokemon aprovechando su interés por esos bichos, hacer experimentos caseros, salir a pasear a los perros y recoger distintos tipos de hojas para convertirlas luego en casa en hadas, jugar con una aplicación que muestra las constelaciones… Todo eso puede reforzar conocimientos y de una manera más efectiva, por lúdica, que la ficha y el ejercicio. De una manera, además, que nos permite disfrutar en familia. De una manera individualizada, porque no todos los niños necesitan trabajar lo mismo y de la misma manera.

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Una huelga que no se puede medir, un daño que solo podemos imaginar

Es imposible valorar el éxito en las huelgas como la de hoy contra la Lomce con una vara de medir numérica. Incluso aunque los números fueran sólidos y fiables, que nunca es el caso. Tantos han ido, tantos se han quedado, tantos la secundan.

Mi hija, que está en segundo de Primaria, no ha ido hoy al colegio. No ha ido porque he podido organizarlo para que así fuera, pero me consta de muchos padres que echan pestes de las pruebas de la reválida y que habrían dejado a sus hijos en casa si hubieran podido. Pero no pueden. Ellos tienen que ir a trabajar y, por tanto, sus hijos al colegio a pasar el rato lo mejor posible con los servicios mínimos.

También hay padres que no están informados, gente preparada e interesada por estos asuntos a los que la actualidad les ha esquivado (entre trabajos y quehaceres varios puede pasar perfectamente) y en sus centros escolares no les han informado, sobre todo si esos centros no son especialmente peleones en estos asuntos. Ayer me encontré con muchos casos así cuando escribí al respecto en mi muro de Facebook.

Aquí tenéis más información si estáis en ese caso:

Por supuesto los hay a los que ni les va ni les viene, que no lo acaban de entender, que no les preocupa, que están a otras cosas aunque lo que esté en jugo sea el futuro de sus hijos.

Y también aquellos que no están de acuerdo, que no conciben las huelgas como forma de protesta, que la Lomce les parece requetebién o/y se agarran ante cualquier cosa que implique una camiseta verde al “con lo bien que viven los profes” o que “no se pude ser tan blanco con los niños” sin pensar más allá.

Mi hija sí ha ido porque creo firmemente que todas esas pruebas estándar en las que alguien ajeno al niño le evalúa, pruebas cuya nota cuenta a partir de Secundaria y que sustituirán a la Selectividad, serán motivos de desigualdad, traerán frustración, injusticias y fracaso escolar.

Para los niños con necesidades educativas especiales, para aquellos que más se esfuerzan y con más handicaps parten, aún más. ¿Cómo afectarán a los niños que necesitan adaptaciones curriculares? ¿En qué se traducirán todos sus esfuerzos cuando se encuentren frente a ese examen que no contempla al individuo?

Es imposible medir a nuestros hijos con esas pruebas de una manera justa, de la misma manera que acciones como las de hoy son imposibles de cuantificar.

 Varios jóvenes, durante la primera huelga estudiantil convocada este curso en rechazo a las reválidas o pruebas finales de ESO y Bachillerato que fija la Lomce, hoy en Santiago de Compostela. EFE/Xoán Rey

Varios jóvenes, durante la primera huelga estudiantil convocada este curso en rechazo a las reválidas o pruebas finales de ESO y Bachillerato que fija la Lomce, hoy en Santiago de Compostela. EFE/Xoán Rey

 

El acoso escolar hay que trabajarlo en las dos direcciones (necesitamos psicólogos en los colegios)

Escena de acoso escolar (GTRES).

(GTRES).

Leo las noticias sobre acoso escolar, sobre niños con frecuencia muy pequeños, sufriendo por la crueldad de otros miembros de su manada escolar. El último, un niño de doce años con una discapacidad del 33% que no sale de su habitación y está tomando ansiolíticos.  Aunque las nuevas tecnologías abren nuevas vías no creo que haya más, es que antes los medios no nos planteábamos que fuera noticia. Cosas de críos, como también pensaban muchas familias.

Se me parte el corazón, pero creo que tendría más o menos claro el camino a seguir si fuera mi hijo. Lo primero sería sufrir como si el maltrato lo hubiera recibido yo. Luego denunciar, darle todo el apoyo y amor que fuera capaz, buscar ayuda especializada y, casi con toda seguridad, buscar otro colegio.

Es lo que han acabado haciendo todas las personas que conozco cuyos hijos lo han estado pasando mal por culpa del bullying. Todas, absolutamente todas, decepcionadas con el proceder de sus distintos centros escolares.

Injusto completamente. Precisamente la víctima es la que tiene que irse, desarraigarse de su colegio, perder tal vez a los amigos que tuviera, buscarlos nuevos aunque sea de los que le cueste. Los que acosan permanecen en su centro, con su vida apenas alterada.

Y aún así yo también lo haría. Yo también le sacaría, porque no querría a mi hijo en un entorno hostil en el que sufre. Se puede luchar de muchas maneras contra el acoso, por la inclusión, pero no empleando a tus hijos como ariete.

Pero os voy a decir una cosa. Estoy convencida de que sufriría lo mismo y más y estaría mucho más perdida si mi hijo fuera el acosador.

Es curioso como solo he sabido de una persona que reconociera que su hijo había acosado a otro, pese a que los padres de víctimas que me he topado son varios. Curioso porque los que acosan son más en número.

Era una persona empática, bondadosa y completamente perdida. No sabía cómo encarar aquel comportamiento de su hijo. “En casa no somos así, no les hemos transmitido eso”, me decía. También tendía a disculparlo, explicando que el cabecilla era otro, que su hijo solo se dejaba llevar.

No son chiquilladas, no es algo a lo que quitar importancia. Es muy duro, muy doloroso reconocer que tu hijo es un verdugo y actuar en consecuencia.

Por suerte ellos reaccionaron y buscaron la ayuda de un psicólogo. Por desgracia muchas familias no tienen su preparación y sus medios. Aún sucede que si al niño le salen dos granos comiendo nueces vamos corriendo al médico, pero nos cuesta horrores tratar lo que es más importante, hay que romper varias barreras mentales para llevar a un niño a psicólogo.

Y los buenos psicólogos, los que están especializados y te atienden rápido, no son baratos. 

Más motivos para la desigualdad.

Estos días he estado leyendo varios textos en los que sus autores contaban que habían sufrido acoso escolar. Ahora, ya adultos, hablan abiertamente de cómo fue su experiencia, de que el acosado nunca tiene la culpa, de que nadie está libre de ser acosado. Tienen razón. Pero, ¿sabéis qué? Aun estoy esperando a alguien que salga del armario y diga “yo hice la vida imposible a otros niños, yo fui un matón, yo les acosé”. Los padres de los niños que sufren acosos salen entrevistados en los medios, los otros no.

El acoso escolar hay que frenarlo en las dos direcciones y para eso hay que verlo y reconocerlo en las dos direcciones.

Los protocolos no funcionan, nuestros hijos tardan en contar en casa lo que les sucede en el colegio aunque les intentemos sonsacar, los medios para tratarlo a tiempo en uno y otro lado son escasos o costoso, muchos de nuestros niños van a pasarlo mal y, en algunos casos, quedar con cicatrices para siempre, al lugar al que deberían ir a pasarlo bien y aprender.

Lo peor, que no parece que sea una prioridad a solucionar en la agenda política de nuestros dirigentes.

Hacen falta medios, profesionales cualificados en todos los centros, formados y actualizados para bregar con el acoso, terapias psicológicas gratuitas para los niños que lo necesiten y talleres que trabajen la inteligencia emocional y la empatía con los niños.

En lugar de eso en los últimos años nos hemos encontrado que los orientadores desaparecen de los centros, que se ven obligados a repartirse entre varios colegios, que tienen que manejar más de lo que son capaces de abarcar y sin posibilidad de especializarse.

Necesitamos buenos psicólogos en los colegios. Y los necesitamos ya.

¿Qué te parece que las guarderías tengan webcam? ¿Y los coles e institutos? ¿Y los centros de educación especial?

En los baños no está permitido poner webcams (GTRES)

En los baños no está permitido poner webcams (GTRES)

Lo de poner webcams en las guarderías (mejor escuelas de educación infantil, ya lo sé), es un tema que arrancaba cuando fui madre por primera vez hace una década y que había avanzado unos cuantos pasos cuando lo fui de nuevo hace casi ocho. Dado que ni Jaime ni Julia fueron a guardería, la verdad es que tampoco es algo a lo que diera demasiadas vueltas.

Recientemente he sabido de una madre mucho más reciente que yo, que a este paso tendré que buscarme otro nombre, que sí que tiene a su hijo en una de estas guarderías con cámara. Mirando por encima de su hombro, por primera vez pude ver lo que era observar a tu hijo merced a la tecnología. Era la hora de la comida y se veía a los niños sentados, tranquilos y alimentándose con ayuda. Las imágenes llegaban en blanco y negro y para cualquiera que no conociera bien a los niños resultaba imposible identificarlos, los rostros se veían muy pequeños y sin definir. Tampoco se oía nada. Muchas de esas pequeñas cabecitas podrían estar llorando y sería imposible de saber.

Sé que hay otras webcams instaladas en guarderías en las que sí hay sonido, que son en color y con más definición. También que en todos los casos emiten únicamente desde espacios comunes, sin entrar en baños, cambiadores o en lugares privados de los trabajadores. Obviamente, no emiten en abierto. Los padres reciben un código que es el que les permite asomarse a esa pequeña ventana virtual.

Viendo y enterándome de todo eso, era inevitable pensar qué hubiera querido yo de haber tenido que llevar a mis hijos a una guardería. ¿Hubiera elegido un centro por encima de otros por tener este servicio? No lo creo. Ocuparía una posición bajísima entre lo que buscaría, no sería en absoluto una prioridad. Tampoco supondría para mí un problema que tuviera webcam, que me consta que hay padres que no se sienten a gusto sabiendo que hay cámaras observando lo que hacen sus hijos. Sé que es posible que entrase de vez en cuando a mirar un rato, sobre todo al principio, pero que la norma sería no hacer ni caso a la web con la webcam. Siempre que todo fuera bien, dentro de la normalidad, claro. Es cierto que si hubiera algo que me tuviera con la mosca detrás de la oreja, desde una enfermedad a un amiguito peleón pasando por la sospecha de que los trabajadores de la guardería pasan demasiado de ellos, sí que podría estar mas pendiente. Claro que si estuviera mosqueada por algo tal vez podría malinterpretar lo que veo.

Entre los que no son partidarios al uso de cámaras en las guarderías se encuentran los que se toman muy en serio el derecho a la privacidad, muchos de ellos alegan, con razón, que no es tan difícil hackear estas webs y que un código puede pasar por muchas manos. Y no me refiero únicamente a los padres que no desean que se difundan imágenes de los niños, también están los trabajadores que tienen todo el derecho a tener su intimidad. Tanto unos como otros deben aceptar por escrito previamente la presencia de las cámaras.

Entre los defensores están los que lo consideran una garantía que asegura el bienestar del niño. Ha habido de vez en cuando, por desgracia, noticias de abusos, descuidos o trato inaceptable hacia niños pequeños por parte de sus cuidadores, en el hogar y en guarderías. Con niños tan pequeños que no pueden denunciar que algo así está sucediendo, la presencia de cámaras es un importante elemento disuasorio, porque son muchos potenciales ojos mirando. Si hay quince niños jugando, hay muchos padres que pueden estar supervisando, no solo a su hijo, también a los de los demás.

En Ser padres hay una encuesta con casi 4.500 respuestas. Al 44% sí que les gustaría poder ver a su hijo, el 18% lo consideran una intromisión innecesaria que no aporta gran cosa y el 38% no lo tiene claro, les gustaría ver a su hijo pero no que otros padres puedan verlo.

Imagino que al final, como todo, es simplemente un instrumento, una herramienta. Y como cualquier instrumento o herramienta será útil o incluso peligrosa dependiendo del uso que se le dé.

Por algún misterio insondable en todas las fotos de agencia de guarderías sale un miembro de la realeza (GTRES)

Por algún misterio insondable en todas las fotos de agencia de guarderías sale un miembro de la realeza. (GTRES)

Con niños mayores, que pueden contarnos lo que ha pasado, nadie se plantea el uso de estos dispositivos. Pero viendo casos como el de la niña que recibió una paliza en Mallorca hace pocos días, me pregunto si no sería también una herramienta útil para evitar el acoso escolar. O por lo menos para clarificarlo. Os aseguro que a mí me da más miedo lo que pueda pasarle entre clases o en el patio a mi hija cuando sea más mayor y autónoma que lo que pueda suceder en una guardería. ¿Deberíamos plantearnos el uso de cámaras el colegios de Primaria y Secundaria? ¿Y en Institutos?

Y los que soléis leerme ya sabéis que tengo un niño con autismo que va a un centro de educación especial, un centro en el que muchos chavales se encuentran en una situación similar a la de esos niños de hasta cuatro años de las guarderías: no pueden contar lo que les ha pasado, no pueden comunicar si alguien ha abusado de ellos o les ha tratado mal.

Las justificaciones que valen para poner cámaras en las guarderías podrían aplicarse también en estos centros. Y aquí hay un factor más, ver las sesiones nos podría ayudar a los padres a trabajar en la misma línea que en el colegio con nuestros hijos. ¿No deberían tener también cámaras los colegios de educación especial?