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Los padres que no pisan el cole de sus hijos y los padres que no salen de él

18 junio 2012

Yo he sido en ocasiones una madre que no pisaba el cole. ¡Qué remedio! Mis horarios laborales no me permitía ni llevar a mi hijo al cole ni recogerlo, así que te lo encuentras ya en casa cuando vuelves de trabajar. Y no me gusta. Creo que es necesaria una mínima relación con el colegio, conocer a los niños que son amiguitos de tu hijo, ver al resto de padres, abuelos y cuidadores que van a recoger al resto de niños, mantener en ocasiones esas mini tutorías con el profe, ver los carteles de avisos que cuelgan en la puerta…

Por eso para el curso que viene, que Julia comienza el cole con tres años, procuraré ir a recogerla por las tardes. Tendré que correr y supondrá el gasto extra de usar los dos coches, pero creo sinceramente que merece la pena.

Por otra parte, también he sido durante una temporada (el primer curso de Jaime en el cole), una de esas madres que están allí constantemente, que le llevan, le recogen, se apuntan a las excursiones para echar una mano a los profes y a hacer los disfraces de carnaval para ayudar a los padres con menos tiempo libre, que se ofrecen para ayudar con las cuentas de la cooperativa escolar y que conocen a todo el personal del centro y tienen especial confianza con el profe de sus niños.

Casi todo el grupo de de padres que no salíamos del cole eran en realidad completamente femenino: madres y alguna abuela, algunas en paro, otras que habían renunciado a trabajar, alguna que nunca había trabajado y otra, como yo, con excedencia (yo la pedí porque me encontré con Julia recién nacida y el diagnóstico de autismo de Jaime casi a la vez).

Y siempre me llamó la atención la percepción de esos dos tipos de padres: los que están a diario en el cole y participan activamente y los que no, los completamente desconectados. Tanto unos como otros, obviamente, son minoría respecto a los que sencillamente van al cole a llevar y/o recoger a sus niños pero tienen ni están tan metidos ni tan poco. En ese grupo mayoritario espero estar con Julia.

¿Cuál es vuestro caso? ¿Cuál queréis que sea?

Toca revisión de la vista antes de empezar el cole

04 junio 2012

Mi cuñado era muy pequeño, aunque no se cuánto, cuanto tuvo que ponerse gafas. Le decía a su madre que no veía la pizarra y tuvo que insistir un poco hasta que le creyeron y le llevaron a una revisión. Mi prima tenía un ojo vago, la recuerdo bastante tiempo con su parche, ella no atendía en clase, no tenía buenos resultados, y tardaron también un pelo de más en localizar el problema.

Mi enfermera de pediatría, la que os contaba el otro día que nos dice a los padres recientes que enseñar a nadar a los niños es tan importante como llevarles en la sillita de seguridad del coche, también nos insiste en llevarles a su consulta para examinarles la vista justo antes de comenzar el cole.

Allí tiene un panel, el típico de las consultas de oftalmología, que en lugar de letras está llenos de animalitos y cacharros: barquitos, casas, pelotas…

Con Jaime no pude pasar por esa prueba. Imposible con un niño con autismo que no habla. De hecho con él será complicado saber si ha salido un poco miope como su padre o con la vista de lince de su madre. En cambio tengo apuntado mentalmente pedir cita para que Julia, que en septiembre comienza por vez primera el cole, pase por allí y comprobar que ve bien. Es más difícil de los que parece para los padres saber si un niño tiene algún problema de visión y más vale prevenir…

¿A vosotros os lo han recomendado? ¿Lo haréis?

¿Habéis logrado el colegio que queríais?

30 mayo 2012

La semana pasada salieron las listas de los admitidos en los colegios madrileños, afecta a niños que se escolarizan por primera vez o que cambian de centro. En mi ciudad no suele ser difícil conseguir el colegio público que solicitas, en cambio con los concertados es otro cantar. Hay un centro en concreto por el que hay tortas de todos los colores. Tortas en forma de presiones para lograr el mejor enchufe.

Cada comunidad autónoma tiene sus tiempos, pero creo que ya todos (o casi) sabemos si nos han concedido el colegio que deseábamos como si no. En el primer caso el respiro es grande, ya conté aquí hace mucho lo tantísimo que es el colegio de nuestros niños, lo mucho que les puede influir.

En el segundo supuesto, es decir, si no se ha conseguido, ya es otro cantar: los hay en la lista de espera confiados en que obtendrán finalmente plaza, los hay en proceso de reclamación, los hay conformes con la alternativa que tienen y los hay buscando desesperadamente otro lugar que les encaje.

No sé cual será vuestro caso. Me gustaría pensar que todos habéis conseguido el colegio que pretendíais para vuestros niños y no os está causando muchos quebraderos de cabeza, pero me temo que no será así.

¿Cómo os ha ido?

Yo estudié en la Pública (y en la Privada)

19 mayo 2012

Veo esa campaña en defensa de la educación pública, algo que merece la pena defender, y es inevitable que recuerde mi largo periplo educativo.

Yo estudié en la pública, en la privada y en la concertada. Mis padres me metieron a los cinco años en un colegio privado, religioso y femenino. Ese colegio privado se transformó en un colegio concertado mientras yo estaba aún dentro. Siempre fuimos más de 40 en clase. Ya adolescente pude pasarme a un instituto público. Se lo pedí a mis padres al terminar octavo de EGB, pero no tuve suerte y fue algo más tarde. El paso al instituto fue una liberación. No era un lugar perfecto, claro que no, pero me encontré un ambiente mucho más sano, mejores profesores, un nivel más alto, estudié más feliz y saqué mejores notas.

Decía que no era perfecto, algo que es una obviedad. Alguno de los profesores estaba francamente desmotivado, algún otro iba bastante a piñón fijo (se notaba que daba igual la clase y el año, ellos impartían su materia siempre igual), pero eran mucho mejores que los que tuve en los muchos años del centro anterior, con muchas religiosas y antiguas alumnas colocadas a dedo y mal formadas. Las instalaciones del centro público eran peores (algo poco importante). También había por clase algún elemento perturbador, el típico ‘tripitidor’ chulito que en mi anterior colegio se hubieran quitado de encima sin miramientos muchos años atrás como largaron a muchas niñas que ellas consideraban que “no daban el nivel” o su comportamiento no les cuadraba (recuerdo a una niña con la cruz negra puesta por haberla visto besándose con quince años en las inmediaciones del colegio con un chico ¡llevando el uniforme! Siempre me pregunté si en vaqueros la repercusión hubiera sido otra). Ese quitarse niños de encima es algo con lo que no estoy de acuerdo, de hecho el ‘tripitidor’ no me impidió jamás estudiar cómo y cuánto yo quisiera.

Luego pasé a la universidad pública y aquello fue un desastre. Tal vez tuve mala suerte, aunque todos los que conozco que han pasado por mi misma carrera opinan más o menos lo mismo. Estudié periodismo en la Complutense y apenas recuerdo en toda la carrera un par de profesores que merecieran la pena. Lo que haga ahora bien en mi oficio, lo aprendí trabajando (a principios del tercer curso comencé a currar), la carrera no sirvió prácticamente para nada. El desencanto fue terrible, absoluto. ¿Tanto estudiar, tanto subir nota media, tanta historia con la Selectividad, para acabar ahí? Estoy convencida de que en la privada hubiera sido igual y además me hubiera dolido el dinero pagado y el tener que asistir obligatoriamente a las clases.

Mis hijos estudian en la pública y en la concertada.
Para Julia he solicitado, como hice con su hermano, un colegio público. Creo firmemente que la sanidad y la enseñanza no deben ser negocios privados gestionados en busca del beneficio económico, se traen entre manos algo demasiado importante como para que prime por encima de todo una cuenta de resultados. Y eso no significa que no crea que deben estar bien gestionados y evitar derroches innecesarios.

Jaime, al tener autismo, va a un centro concertado específico para niños con autismo bastante lejos de casa, y de esos no existen públicos. La respuesta pública a los niños con discapacidades son centros especiales en los que mezclan niños con parálisis cerebral, down, autismo… y yo quería un sitio especializado en el que Jaime pudiera explotar todo su potencial.

Mi experiencia me ha hecho una desencantada de la educación reglada, al mismo tiempo que sé que pocas cosas hay más maravillosas para un niño que encontrar un profesor capaz con el que conecte de verdad y le descubra un nuevo mundo (solo tuve dos así, en literatura en segundo de BUP y en latín en COU). Entiendo perfectamente a todos esos padres que quieren enseñar a sus hijos en casa.

Defender la pública, por supuesto, saber que tiene que mejorar mucho, también, sobre todo en el apartado universitario. Es algo triste que yo, como madre, tenga asumido que gran parte de lo que aprenda Julia vendrá marcada ella y no tanto por sus profesores, por su interés en leer, por lo que seamos capaces de motivarle en casa para tener curiosidad y un cerebro despierto.

Tengo algún amigo, que sabe igual que yo que hay un número cada vez mayor (por suerte) de profesores motivados, peleones con sus alumnos, innovadores… que dice que no ha visto a los profesores unidos en un número importante manifestarse y exigir cambios por mejorar la calidad de la enseñanza, propuestas concretas respecto a métodos de enseñanza.

Es otra pelea diferente, pero lo cierto es que sí, que yo también lo he echado en falta. Dicen que los momentos de crisis son momentos de oportunidad. ¿No creéis que sería el momento de proponer métodos, medidas… encaminadas a mejorar el éxito de nuestros estudiantes, a ilusionarnos de nuevo a todos, a rebajar el elevado fracaso escolar que tenemos?

Espero sinceramente que las cosas hayan cambiado

14 mayo 2012

Leo un post de Alberto Lorente en Weslu titulado 5 lecciones peligrosas que nos enseñaron en el colegio  que me deja pensando.

Estoy completamente de acuerdo, por desgracia, con él. Efectivamente el colegio en el que yo estudié en la década de los 80 era del palo que describe.

¿Y qué palo describe? Pues os dejo con esas cinco lecciones y lo entenderéis:

Las personas que mandan tienen todas las respuestas – En aquella época no era correcto discutir y argumentar con el profesor. La comunicación ocurría en una dirección y si intentabas argumentar su discurso, los profesores generalmente se sentían atacados. Aprendimos la lección de “no discutir con tu jefe, aunque no tenga la razón”.

Los mejores y más brillantes siempre siguen las reglas – Está claro que debe ser muy difícil tener en clase a un montón de niños de forma ordenada si no les enseñas y “obligas” en cierto modo a cumplir las reglas, sin embargo a lo largo de la vida desarrollamos la intuición, que nos ayuda a decidir cuando es más o menos conveniente romper las reglas para conseguir mejores resultados. Cuando éramos niños nos recompensaban por ser perfectos subordinados, ignorando el desarrollo de la capacidad creativa.

Lo que dice el libro es siempre verdad – Si en aquella época no podíamos cuestionar y argumentar con los profesores, entonces era prácticamente imposible pensar que a veces los libros tenían una opinión partidista o sesgada de la realidad.

Solo hay un único camino hacia el éxito – Se llamaba universidad. No había otra alternativa atractiva. Nadie hablaba con orgullo de las profesiones manuales, técnicas o artísticas. No se mencionaba la posibilidad de empezar empresas. La única salida viable era sacar buenas notas para ir a la universidad.

Los tests estandarizados miden tu valía – Antes parecía que los que sacaban buenas notas valían más que los que suspendíamos. Todo se medía por el mismo rasero y por supuesto no se potenciaban las capacidades personales e individuales que cada persona pudiese poseer.

Leerlo me ha hecho recordar la que me cayó el día que contradije a la profesora de “naturales” en cuarto o quinto de EGB. Decía que había animales vivíparos y ovíparos. Yo levanté la mano y aporté que también existían los ovovivíparos, animales cuyos huevos se incubaban en el interior de sus cuerpos y parían a las crías vivas. Primero me ridiculizó delante de toda la clase y luego acudió por un libro para rematar la faena. Lo malo es que el libro me dio la razón. Ella reaccionó de la peor manera posible: castigándome.

Alberto Lorente termina su post, cuya lectura os recomiendo, diciendo: “Lo que me pregunto realmente es ¿Esto ha cambiado hoy en día? Me encantaría que opinéis”.

Pues Alberto, yo me pregunto lo mismo que tú. Espero sinceramente que las cosas hayan cambiado, pero no lo acabo de tener claro…

El primer día de colegio tras los Reyes Magos

10 enero 2012

Recuerdo perfectamente lo cerca que han caído siempre los Reyes del fin de las vacaciones de Navidad. Por eso mis padres solían adelantarme buena parte de los regalos (sobre todo los libros) a Navidad para tenerme entretenida.

Y también recuerdo perfectamente que uno de los alicientes de la vuelta al cole dejando los juguetes aún oliendo a nuevo en casa era la posibilidad, únicamente ese primer día, de llevar mi juguete preferido (entre los transportables) al colegio para enseñarlo a los compañeros.

Tocaba elegir bien, meter en la mochila y ese primer día era casi un segundo día de Reyes, con todos enseñando y compartiendo sus nuevas adquisiciones.

Ahora los colegios no permiten que los niños entren con juguetes. Al menos los colegios que yo conozco. Para evitar conflictos y poner de manifiesto desigualdades, cosa muy lógica.

Pero yo que conocí aquel primer día de clase teñido del espíritu de los Reyes Magos, la verdad es que lo echo en falta para nuestros peques.

La escolarización inclusiva, especial y específica de los niños con autismo

05 enero 2012

A los niños con autismo, cuando tienen tres años y se escolarizan por primera vez, casi siempre se les suele meter en colegios normales con otros niños que no tienen dificultades. Colegios con apoyos o con aulas específicas para ellos, pero colegios normales a fin de cuentas. Está demostradísimo que los niños con autismo se benefician del contacto con otros niños y además a esa edad son pequeñitos y manejables y a veces su nivel de desarrollo no difiere tanto del de otros niños de la clase.

Luego, según van creciendo y avanzando cursos, se van descolgando de esa educación inclusiva o integradora o como queramos llamarla. Los que tienen un mejor desarrollo cognitivo aguantan más en el sistema ordinario, pero casi todos acaban cayendo antes o después. ¿Qué pasa si caen? Hay dos opciones. La primera son los colegios especiales, que son públicos y que no están especializados en autismo (algunos tienen aulas específicas, pocos) sino que mezclan niños con diferentes problemas: síndrome de Down, parálisis cerebral, X frágil… de todo. Hay colegios especiales buenos, malos y regulares, con profesionales buenos, malos y regulares. La segunda son los colegios especializados en autismo, que son pocos, no hay en toda España y son concertados o privados. Aquí también los hay buenos, malos y regulares, por supuesto, pero a priori la especialización en los problemas específicos del autismo asegura que el niño esté mejor estimulado, que no solo “se le aparque”.

Como estamos en épocas de recortes para todos, los niños con autismo (o con otros problemas) no son menos. Los colegios públicos pierden personal de apoyo y los niños se ven obligados a irse antes de esa educación inclusiva.

A mí ya sabéis que me dijeron a principio del curso que Jaime debía buscar otro colegio. La orientadora del colegio me ofreció varios colegios especiales (públicos, claro) de la zona y se ofreció a visitar conmigo esos centros.

Pero yo quiero un colegio específico de autismo.

A lo largo de este mes tengo ya concertadas cuatro citas para visitar cuatro colegios específicos para chavales con autismo. Son todos concertados y aunque aún no sé cuánto cuestan, ya sacaré el dinero de debajo de las piedras si es preciso con tal de que Jaime reciba los estímulos adecuados que le ayuden a progresar.

Los cuatro están en la zona norte, bastante lejos de dónde vivo. La mayor parte de la gente con la que hablo del tema se preocupa por ese detalle. “¿Cómo os vais a organizar?” me preguntan. “Eso es lo que menos me preocupa” les contesto siempre “míralo de otra manera, tengo la suerte de que estén sólo a 20 kilómetros de mi casa, imagina que viviera en Soria, allí no hay colegios así”.

A partir de ahora les diré que podría vivir en Palencia.

El problema para mí no es la distancia, es si conseguiré plaza.

Es un hipotético escenario que le planteé a la orientadora en nuestra charla: “Vale, no puede seguir en su colegio de ninguna manera. Imagina que tampoco consigo plaza en uno específico y que tras visitar los especiales no me gustan y me niego a llevar allí a mi hijo. ¿Qué puedo hacer entonces? ¿Puedo dejar a mi hijo en mi casa y trabajar nosotros con él a la espera de lograr en otro curso plaza en un colegio que me parezca indicado para mi hijo?”

Ella me contestó que no lo creía posible, ya que estaba en edad de escolarización obligatoria, pero tampoco supo darme solución. No hay opción, no se contempla alternativa.

Me da que algo parecido es lo que les ha pasado a esos padres de Palencia que están siendo noticia estos días. No se niegan a que el niño sea escolarizado, pero sí a que vaya a un centro de educación especial. Han sido imputados judicialmente por un supuesto delito de abandono de familia al negarse a llevar a su hijo de ocho años a un centro de educación especial, tal y como ordena la Inspección Educativa. Han recurrido la denuncia y demandado a la administración educativa.

Azucena Ortega ha explicado que a su hijo se le negaron todos los apoyos cuando empezó tercero de Infantil en un colegio publico: “En menos de dos meses se le segregó a un centro de educación especial sin nuestro consentimiento”, ha indicado la madre.

La madre ha explicado que mientras intentaban sin éxito escolarizar a su hijo en varios colegios, la Inspección Educativa les “amenazaba” con denunciarles por absentismo escolar.

Desde aquí, cuentan con todo mi apoyo.

Toca buscar un nuevo colegio para Jaime

26 octubre 2011

Ayer por la tarde tuve una reunión de hora y media con la orientadora del colegio de Jaime. La conclusión de esa larga charla fue que este curso es el último que irá a su actual colegio, para el año que viene tendremos que buscar otra opción de escolarización para él.

Estos años, como ya os he contado en alguna ocasión, ha estado acudiendo a un colegio público normal que tiene un aula para niños con TGD (transtorno Generalizado del Desarrollo). Va solo por las mañanas, de 9 a 12:30. Pasa todos los días una o dos horas en ese aula, trabajando específicamente en sus necesidades y normalmente solo. El resto del tiempo transcurre con sus compañeros de clase y con algún apoyo.

Nosotros estamos muy contentos con su actual colegio. Va feliz, nos gustan los profesionales que están con él, pasa pocas horas, está cerca de casa y por las tardes tiene distintas sesiones de terapia y otras actividades.

Sabíamos que el paso a Primaria, a menos que avanzase mucho de repente, era complicado, pero contábamos con que podría tener un año de desfase: es decir, en tercero de infantil, en lugar de pasar a Primaria, repetir un año más en infantil.

Tras hablar con la orientadora ha quedado claro que no va a poder ser. No habrá un año de desfase. Así que Jaime el próximo año, con seis recién cumplidos, tendrá que tener plaza en otro centro.

Tanto ella como en el colegio no creen que el proyecto del colegio en el que está sea lo que más beneficie a Jaime, no creen que estar con otros niños neurotípicos les esté ayudando, Jaime necesita muchos apoyos que al cole, cada vez con más recortes, les cuesta tener. Está claro que quieren o necesitan niños con una evolución más rápida, con más autonomía.

Da igual. Estamos un poco decepcionados, pero no nos pilla por sorpresa. Ya os contaba que sabíamos que nos iba a tocar dar este paso, aunque imaginábamos que sería un año más tarde. En cualquier caso yo no soy de insistir. Si un amigo, una pareja o en un trabajo no me quieren, yo soy la primera en querer también irme. Y con eso y todo, conociendo a los profesionales que allí trabajan, sigue siendo el colegio que querré para Julia.

La cosa es que este curso nos toca ponernos las pilas y buscar un nuevo centro para Jaime. Tenemos que visitarlos, informarnos bien y tomar una decisión muy importante.

Por todo lo que ya he leído y hablado hasta la fecha nuestra apuesta clara es por un centro especializado en autismo. En Madrid me han hablado muy bien de Cepri, de Aleph y del Leo Kanner. Concertados y muy lejos de nuestra casa. Pero si son lo mejor para Jaime, ya nos apañaremos para organizarnos y poder pagarlos. Lo importante es poder conseguir plaza, que dudo que sea fácil.

La orientadora del colegio me habló muy bien de un colegio especial público que se llama Alfonso X y está en Leganés. En esos coles especiales, al contrario que en los especializados en autismo, las clases son de cinco niños con diferentes discapacidades. En un mismo grupo puede haber un síndrome de Down, un niño con parálisis cerebral o cualquier otro problema.

En principio, y salvo que no nos quedara más remedio, no es lo que queremos. Iremos a visitarlo, claro que sí. Pero si no me convence la escolarización especial y no me conceden plaza en uno de los centros especializados, capaz soy de dejarlo conmigo en casa. Aunque no sé si eso es posible dado que ya tiene edad de escolarización obligatoria.

En definitiva, nos toca un año de visitas, charlas, reflexiones, decisiones y cruzar los dedos para conseguir lo que creemos que es mejor para él.

Si tenéis algo que aconsejarme
al respecto, soy toda oídos.

Os seguiré informando….

Delegando virus

25 septiembre 2011

Tengo a Julia con mocos y un poquito de fiebre, por eso no he actualizado antes y por eso este post va a ser cortito.

Este primer catarro es la prueba evidente del inicio del otoño y del cole de su hermano. Ella no va al colegio, pero es inevitable que su hermano nos traiga a casa algún que otro virus escolar.

En esta ocasión, lo que en él apenas se ha notado a ella le ha afectado bastante más.

Pero es imposible que no deleguen virus: uno utiliza el vaso de agua del otro, otro le da una chupada de piruleta a la otra… tenemos asumido que estamos en manos de la suerte y de su sistema inmune.

Y ahora a ver qué tal se nos da esta noche, que la anterior como no podía respirar bien fue un tanto toledana.

Tercer día de vuelta al cole

12 septiembre 2011

Hoy Jaime regresa al cole, vuelve a sus rutinas. Ya la pasada semana comenzó a recibir por las tardes sus terapias en Atención Temprana y de la Asociación Alanda, así que el retorno a los viejos hábitos está siendo gradual. Y lo llevó muy bien. Es cierto que llegó un poco cansado y quejoso al final de las sesiones, pero recibió a sus terapeutas con sonrisas. A ver qué tal hoy. Su tercera vuelta al cole nada menos. Parece que fue hace un suspiro cuando tuvo su semana de adaptación al comenzar por vez primera con tres años recién cumplidos. Esas semanas de adaptación que tanto esfuerzo suponen en algunas familias, pero que creo sinceramente que merecen la pena. El próximo año será Julia la que acuda al colegio. Al mismo que su hermano, aunque escolarizada por vía ordinaria. Está deseando ir. Sabe que necesita cumplir tres años y que sólo tiene dos (hace las cuentas estirando y contándose los deditos). Ya veremos lo que opina cuando se vea metida en el cole.

A lo que iba. Mucha suerte a todos los que andáis de vuelta al cole. Sobre todo a aquellos que se enfrentan a ello por vez primera o cuyos niños lo pasan regular estos días.