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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

‘No one’ (Nadie), la carta de un padre que persigue la empatía y la inclusión

En el post que escribí ayer sobre cumpleaños, sobre mi hijo, sobre inclusión… hacía referencia a esta carta, que lo inspiró.

Me quedé entonces con las ganas de traducirla, porque creo que la petición de este padre de difundir su reflexión es del todo legítima y quería complacerle, haciendo que llegara a más gente, a más padres que pudieran tener una charla con sus hijos sobre empatía tras leerla.

Por todo eso, al final me he animado a traducirla entera robando horas al sueño, aunque no sea a la traducción a lo que me dedico, por lo que pido disculpas por adelantado si no he logrado plasmar toda la intención y emoción del escrito original.

Sin más, os dejo con ella, os dejo con las palabras de Bob Cornelius.

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Para aquellos de vosotros que no lo sepáis, mi hijo menor, Christopher, está dentro del espectro autista. Acudí a su vuelta al colegio el jueves y tomé una fotografía de uno de sus proyectos que aparecían en la pared, una más de las muchas pequeñas tarjetas que todos los niños de su clase habían rellenado. En ella le pedían enumerar sus comidas favoritas, programas de televisión, deportes, etc.

Tomé la imagen con prisa y no me percaté en ese momento de todas las respuestas que había escrito. Fue sólo después de que llegué a casa cuando algo destacó en una revisión más cercana.

¿Recordáis que, un par de semanas atrás, hubo una enorme cantidad de noticias sobre el jugador de fútbol de Florida que se sentó en un niño con autismo que estaba comiendo solo? Ese jugador no sabía que el niño estaba dentro del espectro autista cuando se sentó con él… Simplemente vio a un niño almorzando solo y decidió unirse a él. Un profesor capturó el momento y se volvió viral. Eso es lo que hizo la historia grande…. no hubo una puesta en escena… fue un ejemplo real de amabilidad humana.

La continuación de esta historia fue que el niño ya no volvió a comer solo; que los otros niños AHORA se sientan con él y le dan palmaditas en la espalda. Ese chico tenía ahora “amigos” y todo estaba bien en el mundo.

Algo que no era correcto fue corregido delicadamente con una muy pequeña muestra de bondad y comprensión.

Pero en mi cabeza, yo me preguntaba: “¿Dónde estaban esos niños antes de este chico fuera colocado en el centro de la atención pública? Todos sabemos dónde estaban: estaban en la foto, sentados en otras mesas, ignorándole.

Si ese jugador de fútbol no se hubiera sentado junto a ese niño, y si eso no se hubiera convertido en una historia que llegase a las noticias nacionales, ese niño todavía estaría sentado solo a día de hoy.

Y no es culpa de ellos…. esa es la parte más triste. Está claro que no se les enseñó a abrazar y aceptar las diferencias de los demás. No les enseñaron sus profesores, lo que habría estado bien, tampoco sus padres. No quiero dar a entender que los padres que no tienen esta conversación con sus hijos son mala gente, sólo que en algún lugar entre el trabajo, jugar al fútbol y los deberes, nunca se les ha ocurrido a tener esta conversación concreta. Estoy seguro de que si Christopher fuera ‘típico’ (esa es la palabra que usamos en lugar de “normal” en nuestro mundo de “Holanda”, para nuestros niños con retraso del desarrollo), yo no habría tenido esta conversación con él tampoco.

Los hermanos de Christopher han dormido en casa de amigos a menudo a lo largo de los años. Obviamente ha pasado frente a él y le no ha pasado desapercibido.

“¿Puedo tener una fiesta de pijamas?”, pidió Christopher.

“Claro, colega…. ¿Con quién?”. Como respuesta, él agita sus brazos y se estimula en lugar de contestar. No tiene una respuesta porque no tiene un nombre.

Debido a que no tiene ningún amigo.

Nunca ha tenido un “verdadero” amigo.

Nunca.

Acaba de cumplir once.

Y porque no ha tenido ningún amigo…. no hubo quien invitar.

Y no tengo una solución. No tengo una respuesta. La realidad es que tengo que confiar en la compasión de los demás, en que sean increíblemente comprensivos simplemente para que se sienten junto a él, para que intenten hablar con él, para que le hagan sentirse incluido.

Mi hijo es muy inteligente y tiene un gran sentido del humor. Todo adulto que le conoce, le aprecia. Sin embargo, debido a que lo necesita, de forma espontánea comite sa a aletear sus brazos y hacer sonidos fuertes y guturales de vez en cuando. Es algo que llama mucho la atención en público. Si no está acostumbrado, es normal sentirse incómodo, ya que tendrás todos los ojos encima tuyo. Él hará la misma pregunta cincuenta veces en un corto período de tiempo (sus cuestiones más recientes son “¿a qué hora vas a la cama?” Y “¿cuál es tu dirección?”).

Normalmente tengo que decir a los camareros que simplemente le den la dirección del restaurante… una vez ha obtenido una respuesta satisfactoria, así normalmente lo supera.

Como dije antes, no hay una respuesta fácil para esto… al final del día tiene que ver con la compasión, la empatía y la comprensión.

Pero sobre todo la empatía. No vuestra, sino de vuestros niños. Por lo que yo sé, salvo en una ocasión, los compañeros de Christopher nunca han sido directamente crueles con él. Lo que ellos han hecho, no obstante, es excluirle. Y francamente, lo entiendo. Sus compañeros están también retrasados, pero la mayoría no tanto como Christopher. Ellos están mirando cómo interactuar socialmente cada día, y como Christopher no puede unirse a ellos de una manera típica, es dejado atrás, excluido a sus ojos.

Hasta el jueves yo no sabía lo consciente que era él de esta división, porque él no habla a menudo de sus compañeros. No debería haberme sorprendido que él expresara tan claro lo que quería, pero no sus necesidades emocionales… pero me sorprendió. Sobre todo, supongo, porque nunca le había visto ponerlo en un papel. Pero por primera vez, aquello me saltaba a la cara.

Supongo que estoy compartiendo esto porque le pidieron que listara a sus amigos él escribió “nadie”. Nunca cinco letras habían cortado tan profundo. Y ni siquiera estaban dirigidas a mí… Era tan solo una simple afirmación que lo decía todo.

Y porque le conozco tan bien, y porque le tengo muy controlado después de criarle durante once años, sé que está desconexión le hace sentir solo, y eso le hace sentir triste.

Normalmente tengo que figurarme que es lo que Christopher está tratando de decir, porque su manera de hablar es muy directa, de blancos y negros.

Esta vez no tuve que hacerlo.

Está claro para mí que él desesperadamente quiere ser parte del grupo, pero sus handicaps hacen difícil para sus compañeros incluirle.

La única solución que se me ocurre es compartir esto con vosotros y pediros que tengáis una conversación con vuestros niños. Por favor, contadles que los niños con necesidades especiales entienden más de lo que creemos. Ellos notan cuando otros les excluyen. Notan cuando se ríen de ellos a sus espaldas (muchas veces “a su espalda” es justo delante de ellos porque piensan que El Niño ‘diferente’ no lo entiende). Pero sobre todo ellos lo notan cuando se les trata de manera distinta a todos los demás.

Creedme cuando os digo que eso les duele. Incluso cuando no es obvio para ti y para mí.

Por primera vez voy a pedir dos favores, aquí, en Facebook.

Uno: comparte este post en tu timeline. Ser consciente y empático son las únicas soluciones que se me ocurren.

Dos: habla con tus niños. Muéstrales el vídeo del jugador de Florida. Internet está llena de historias que te hacen sentir bien sobre un niño con necesidades especiales siendo incluido. ¿Recuerdas el chico con necesidades especiales que entró en el partido de baloncesto los últimos minutos del último partido de la temporada? Muy recientemente el rey de la graduación entregó su corona a un compañero con necesidades especiales. Esos vídeos les harán darse cuenta de lo genial que es incluir a aquellos que son un poco diferentes. Y con esto hablo de todos los chicos, no sólo de aquellos que están “diagnosticados”, sino de todos los niños.

Todos.

Los.

Niños.

Esas historias merecen la atención de la prensa porque son inusuales. No estamos acostumbrados a escuchar sobr chicos siendo amables con aquellos que son diferentes y únicos… Me encantaría alcanzar el punto en el que este tipo de comportamiento es la norma, no la excepción que aparece en las noticias.

No soy tan ingenuo como para pensar que este post va a cambiar el mundo. Pero si, por compartir esto, puedo haceros pensar sobre la necesidad de tener una conversación con vuestros hijos sobre empatía, sobre salirse del camino para incluir a aquellos que son diferentes, especialmente si eso va en contra de la mentalidad de grupo, especialmente si eso no es popular socialmente (no soy tan viejo como para no recordar que requiere valor… el valor de romper los límites de lo que tus amigos piensan que mola), entonces sentiré que la voz de Christopher ha sido escuchada.

Porque aunque él no pueda decirlo, él quiere ser incluido.

Él quiere una voz que, de momento, no tiene.

Y él necesita ayuda para encontrar su voz.

Y el niño que finalmente lo alcance, le ayudará, le incluirá, será el niño más amable: el niño que hace lo correcto al ir por encima y más allá.

Y ese niño será el primer amigo verdadero de Christopher.

Y yo le estaré agradecido por siempre.

Gracias por escuchar.

Sinceramente,

El papá de Christopher

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Bárbara

    Todo se vuelve peor en la adolescencia.La presión social se vuelve más intensa en esa época y a estos chavales les cuesta un mundo adaptarse a una etapa que ni entienden ni comparten.Aparte de tener que lidiar con las hormonas ,que hacen estragos en su mente,esa que tanto les gusta mantener en orden. .Si para un adolescente neurotipico es complicada esa etapa,imaginaros para ellos..todas las dificultades se recrudecen:la ansiedad,las hipersensibilidades,la presión social y escolar es más fuerte.Todo ello amenizado por esas hormonas revolucionadas.Se habla mucho de las terapias para ayudar a los niños con autismo,pero nadie los prepara ( ni nos prepara a los padres),para esa etapa tan dura para ellos.En esta época que lo más importante para los adolescentes es seguir las modas en ropa,en cortes de pelo ,muchos amigos en redes sociales ,salir de fiesta y lo más importante:ser aceptado.Y ahí están nuestros hijos..a los que les cuesta seguir ese ritmo social tan grande ,porque ni lo entienden ni les interesa .Porque a ellos no les gusta salir de fiesta,ni el futbol,ni la ropa que se ponen todos, ni tener muchos seguidores en Instangram,ni Gran Hermano,.pero quieren ser aceptados ,quieren encajar,encontrar su sitio.Pero están ahora más que nunca a años luz de ser un adolescente “normal” .Nadie dijo que fuera fácil,pero que duro a veces.

    30 Septiembre 2016 | 09:12

  2. Dice ser je pense

    “” nunca se les ha ocurrido a tener esta conversación concreta” ¿Que hay del aprendizaje por imitación? Es el primero, si no se da, será que esos niños no tiene nada que imitar a ese respecto…

    04 Octubre 2016 | 06:38

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