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La historia de Neu y Ares: una perra adoptada, una niña con autismo

El post de hoy no lo he escrito yo, el post de hoy viene de la mano de Miguel Ángel Román, periodista deportivo y amigo pendiente de desvirtualización, padre de dos niñas pequeñas, una con autismo. Miguel Ángel ha incorporado a lo largo del último año y poco a un nuevo miembro a la familia, una perra de asistencia para su hija.

Os he hablado en el pasado de la labor de los perros de asistencia para niños con autismo, de la relación de mi hijo con mi perra, del programa de la fundación Bocalán que permite enseñar a nuestros perros de casa a ayudar a nuestros hijos con autismo… pero de lo que no había podido hablar era de mi experiencia teniendo un perro de asistencia, así que pedí a Miguel Ángel que compartiera la suya y ha accedido amablemente.

Jaime es un niño de casi diez años, grande y fuerte. Ese anclaje que evita conductas de fuga, les da autonomía y les enseña a caminar atentos y conectados es inviable con chavales muy grandes. El perro tiene que tener más fuerza que el niño, si el animal se tumba en el suelo nuestro hijo no debe poder arrastrarlo. Jaime necesitaría ya un mastín de cincuenta kilos. En pocos años más, cuando alcance o supere el casi metro noventa de su padre, no serviría ni eso.

Nosotros tenemos además una perra. Con ella, que tiene los 25 kilos ideales para esta tarea, es tranquila, obediente y tiene un carácter magnífico, he practicado el anclaje y ha ido muy bien, tanto con Jaime como con otro niño amigo de la familia. También he paseado mucho haciendo que Jaime la llevara de la correa. El problema es que Troya estaba en nuestra familia mucho antes que Jaime y ya es un animal muy mayor al que le fallan las fuerzas.

No en todas las familias en las que hay un niño con autismo tener un perro de asistencia es buena idea, no en todas lo es tener un perro, sin más. Pero las hay en las que sumar un miembro de la familia peludo y cuadrúpedo puede ser una ayuda y un sostén importante para todos. Lo mejor es dejarse asesorar por expertos en la materia y valorar si el esfuerzo en tiempo y dinero que supone nos va a compensar, sin esperar milagros.

Sí sería buena idea que en toda España fuera como en Cataluña y los perros de asistencia para niños con autismo (o para cualquier otra discapacidad) tuvieran acceso a todas partes como los perros guía. Por desgracia en la mayor parte del territorio solo los perros que guían a las personas ciegas tienen el paso asegurado, aquellos que ayudan a personas con discapacidad motora o intelectual no. Una discriminacion flagrante, pero ya hablaremos de ella en otro momento.

Y ahora os dejo con lo que os había prometido: la historia de Ares y Neu. Si leerla os despierta alguna duda, dejadla en los comentarios y Miguel Ángel y yo procuraremos contestarlas.

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Neu llegó a casa en mayo de 2015 y la anclamos a Ares por primera vez en abril de 2016. Durante los 11 meses que transcurrieron entre un momento y el otro nos preguntamos decenas de veces si optar por un perro de asistencia para Ares había sido un acierto. Ahora ya no nos lo preguntamos. Ha sido un acierto rotundo.La idea de tener un perro de asistencia para evitar las conductas de escape de Ares surgió hace más de dos años después de ver un reportaje en la televisión catalana. Unos meses más tarde conocimos a Patricia y Dani, los padres de Juan, una de las pocas familias con un perro de asistencia para su hijo con autismo, y su experiencia nos invitó a dar el paso definitivo.

Muy pronto descartamos la opción de optar al perro de asistencia a través de la Generalitat, ya que nos obligaba a realizar un esfuerzo logístico inasumible. Contactamos, gracias a una terapeuta especializada en TEA, con Íngrid Ramón de Argus, que nos ha guiado durante todo el proceso (y nos sigue guiando).

Íngrid rompió todos nuestros esquemas: nos dijo que no era necesario que el perro fuera un labrador, ni siquiera un perro de raza; que un cachorro no era la mejor opción, que necesitábamos un perro joven que tuviera buen carácter y unas características físicas determinadas (grande y más de 22/23 kg) y que las perreras estaban llenas de animales con ese perfil.

A Neu la encontramos en ARBRA, una protectora de la provincia de Barcelona. No fuimos a verla a ella, pero Íngrid, que participó en el cásting, nos dijo que era una buena candidata. Una semana después, Neu entró en casa.

neu2Íngrid definió los objetivos desde el primer día: crear un vínculo fuerte con Neu y conseguir que paseara sin tirar de la correa y que se sentara, se estirara y se estuviera quieta cuando se lo pidiéramos ante cualquier circunstancia. Con constancia y trocitos de frankfurt, fuimos alcanzando poco a poco esos objetivos.

El camino no estuvo exento de baches, algunos grandes. Como cuando Neu empezó a gruñir a Ares después de que la niña le pisara el rabo 200 veces. Con paciencia conseguimos superarlos.

Neu y Ares no tienen una relación excelente. Quiero decir: entre la niña y la perra no existe ese vínculo mágico animal-persona que vemos en los medios en ocasiones. Conviven sin problemas, se soportan y trabajan muy bien como tándem, pero no son inseparables.

Anclamos a Ares con Neu, cuando comprobamos que dominaba a la perfección todos los requisitos necesarios. Ares lleva un cinturón que la une al arnés de la perra y, además, Neu está unida a nosotros con una correa. De forma natural, la niña y la perra se han coordinado de manera estupenda.

Gracias a Neu, hemos conseguido en muy poco pasear tranquilos, ya que Ares no puede escaparse, y también ampliar el tiempo y los lugares de paseo, ya que la niña ha entendido que debe caminar si Neu lo hace. Como la perra está acreditada por la Generalitat, podemos, además, ir con ella a cualquier lugar público (bares, restaurantes, centros comerciales, etc…) siempre que lleve el peto puesto.

El sábado paseamos durante una hora por el Port Olímpic de Barcelona, un lugar desconocido para Ares, lleno de gente y de ruidos; un lugar por el que hace unos meses no hubiéramos imaginado que pudiéramos pasear.

Neu es mucho más que la perra de Ares. Cuando se quita el peto, es nuestra mascota. Un animal de compañía más, como el tuyo. Salgo a correr con ella, duerme a nuestro lado, nos recibe feliz cuando llegamos a casa, juega con Norah, etc… Solo que, en determinadas situaciones, ha conseguido que nuestro día a día sea mucho más sencillo.

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En este último vídeo podéis ver a Jaime hace cuatro años y medio con Melchor, uno de los perros de asistencia para niños con Autismo de la Fundación Bocalán.

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