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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Los padres podemos hacer mucho por romper la cadena de la trata, el negocio de la explotación sexual

imageMe hubiera gustado poder publicar este post el pasado miércoles, ya que fue un dos de diciembre cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el Convenio para la represión de la trata de personas y de la explotación de la prostitución. También fue el día en el que, por segundo año, Diaconía organizó el Seminario #RompeLaCadena, para reflexionar sobre esa ‘industria’ cuyo producto son personas a las que priva de derechos, maltrata, esclaviza, desarraiga, destruye… y sobre cómo frenarla.

Me hubiera gustado poder publicarlo el jueves, como muy tarde, un día después de esa jornada en la que hubo intervenciones de expertos, mesas redondas y la proyección del documental Chicas Nuevas 24 horas, de Mabel Lozano que muestra el negocio multimillonario y con múltiples tentáculos de la trata (os recomiendo esta entrevista para que veáis el rumbo que ha tomado hace ya muchos años esta mujer vibrante y luchadora).

No pude. Entró en casa un virus de esos que te deja un día y medio hecho papilla (y echando hasta la última papilla) que me lo impidió. Primero afectó a Jaime, la noche siguiente fui yo y después Julia. Pero aunque el día conmemorativo haya pasado, no quería dejar de contároslo.

imageEl miércoles  tuve el honor de participar en una de esas mesas organizadas por Diaconía, compartiendo espacio con Joaquín Sánchez-Covisa, fiscal jefe de sala, coordinador de extranjería y fiscal del Tribunal Supremo; José Nieto, jefe del Centro de Inteligencia y análisis de riesgos de la UCRIFla unidad especializada de la Policía Nacional, y Rocío Mora, coordinadora de la ONG APRAMP que trabaja con mujeres víctimas de la trata.

imageÁmbito jurídico, policial, de las ONG y de los medios estábamos allí representados exponiendo qué hay en nuestros respectivos tejados que podamos hacer para frenar este gravísimo problema de vulneración de los derechos humanos más básicos, que se da en una escala inimaginable hasta que no te pones a investigar un poco (mueve cinco millones de euros cada día en España). Por la parte de los medios, que es la que me tocaba, hay mucho: informando sin caer en sensacionalismos no buscando clics fáciles para que la gente entienda que acudiendo a clubs de carretera y polígonos casi con toda seguridad estemos apoyando con nuestro dinero la explotación de personas, para que la gente esté mejor informada y sea más complicado que resulte captada por estas redes y eliminando los anuncios de contactos que hacen el juego a esas redes (podéis leer a Arsenio Escolar para saber más). Pero no es de la labor social del periodismo de la que quería hablar.

Para frenar a esta nueva esclavitud hay un ámbito que no estaba representado en esa mesa y cuya labor es imprescindible para lograrlo: la familia, los hogares. No habría seres humanos explotados por estos tratantes de carne a los que nada les importan sus derechos más básicos si no hubiera lo que en esa jornada se llamaba con acierto prostituidores a los que tampoco les preocupa la situación de esas personas o que incluso piensan muy equivocadamente que están haciéndoles un favor, que de algo tienen que vivir las pobrecitas.
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Mabel Lozano nos contaba que está recorriendo institutos para poner el documental a los chavales y que cuando les preguntaba si en casa les habían hablado de las redes de trata, de lo que había tras la prostitución, sobre todo cuando salían noticias de mujeres obligadas a prostituirse por vudú, por amenazas a familiares, de menores captados aquí en España, de redes desarticuladas… siempre se encontraba con la misma respuesta: nada, nunca.

Estamos en el tercer país del mundo en el que este tráfico de carne genera más negocio. Un país en el que también se están captando menores y adultos con diferentes técnicas. Para evitarlo es preciso que en las familias, cuando nuestros hijos tengan edad de comprenderlo, empecemos a contarles esta realidad. No solo para que estén preparados y no caigan en esas redes criminales, sino también para que no les hagan el juego.

Como decía el fiscal Joaquín Sánchez-Covisa, cuando hay unos pocos muertos en una sociedad, la Policía y las instituciones legales pueden tomar medidas. Si hay miles de muertos es que la sociedad está en guerra y la solución es otra. En este caso la solución también es otra: la educación es imprescindible, abrir los ojos también.

No sé vosotros, pero yo pienso hablar con mis hijos del tema cuando llegue el momento. Los monstruos existen, y son peores que los de los libros de cuentos.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Dalila

    Cuanta rabia y verguenza siento como ser humano,en la escala de la vida no podemos caer mas bajo por que ya no hay para donde caer,que asco de gente y que asco dd vida.
    Pensar que mis hijas han de moverse cerca de esta escoria humana me produce panico y terror que ellas pudieran ser las siguientes.
    Creo que si un tipejo de esos lo tuviera en mis manos,juro por dios que no respondo…y eso que soy tranquila y pacifica,pero hay cosas que creo deberiamos exterminar a cualquier precio y con quien haga falta.

    06 diciembre 2015 | 15:17

  2. Dice ser Portaco

    Grande Madre reciente!

    06 diciembre 2015 | 19:21

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