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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

El castillo del señor de las serpientes

castilloJugar no es perder el tiempo, jugar es aprender, desarrollarse, socializar… además de divertirse. Jugar es vital para los niños, por eso es uno de sus derechos fundamentales. Jugar es una de vías más importantes que tienen los niños para aprender o desarrollarse. Y para jugar no hacen falta juguetes, aunque pueden ser unos grandes facilitadores.

A Jaime apenas le llaman la atención los juguetes. Le gustan las serpientes de plástico y nuestra casa está llena. Hay serpientes de todo tipo y color en la bañera, en el pasillo, escondidas en el sofá… Nada como pasar un rato en nuestra casa para una persona con fobia a las serpientes; o se cura o muere. Tal cual.

No tiene serpientes porque entienda que son representaciones de animales, responde a que le gustaba tener en las manos cables, las correas de la perra, cinturones… cualquier cosa semejante que encontrase. Ha destrozado bastantes cosas en su afán por enredarse con chismes alargados, porque además de sacudirlos también los muerde. Las serpientes son una forma de intentar reconvertir esa manía en juego, en algo más aceptable, y de salvaguardar los cargadores del móvil.

Jugar en general es uno de sus talones de Aquiles. Algo que están intentando enseñarle en el colegio.

Y su juego se limita prácticamente al juego motor
: disfruta mucho del cachorreo como nosotros decimos, que son las cosquillas, los achuchones, el choca esos cinco que se convierten otra vez en cosquillas… Pese a que mucha gente cree que a los niños con autismo no les gusta el contacto y en varias ocasiones me han preguntado si podían tocarlo, mi experiencia es que la mayoría de los niños con autismo disfrutan del contacto que persigue la diversión y el cariño tanto como cualquier otro.

Le gusta también trepar, saltar y correr. Es fuerte y ágil.
En casa tiene tendencia a trepar por las estanterías (que están bien ancladas), saltar en camas y sofás y subirse a las mesas en cuanto nos despistamos.

En nuestra habitación le pillamos jugando con una lámpara que pesa tanto como él. Para evitar que entre la tenemos a oscuras, con las bombillas aflojadas y la persiana abajo y bloqueada. No le da miedo la oscuridad, pero así evitamos que entre a triscar de manera peligrosa.

En su habitación tampoco hay más luz que la natural. Si la hubiera estaría jugando a encenderla y apagarla y no dormiría. También bloqueamos su persiana de noche. Y a veces le cerramos la puerta por fuera hasta que coge el sueño para que no esté escapándose. No entiende no le podemos hacer entender que hay que dormir, que al día siguiente hay cole. Por suerte suele estar cansado, entrar a dormir feliz y hacerlo pronto y bien. También madruga mucho y el fin de semana lo sigue haciendo, pero esa es otra historia.

Le gusta comer, pero es igual de cuidadoso que un niño de dos años. Si alguna vez os invito a casa y encontráis unos cereales de chocolate cuando os sentéis en el sofá no nos lo tengáis muy en cuenta. La nevera y el congelador tienen cierres para evitar que se autoabastezca. Y las cosas que le gustan están en muebles altos, aunque hace ya un par de años que aprendió a apilar cosas en las que subirse.

También le gusta jugar con el agua, sobre todo en verano.
Tengo dos acuarios sellados con cinta aislante negra para evitar que meta las manos (o que se meta entero). A veces nos toca cerrar los grifos. Y no es raro tener que fregar el bebedero de la perra que ha volcado.

Nuestras ventanas tienen rejas. Ya os contaré el susto que nos dio hace unos años en cuanto reúna ánimos. Aún se me para el corazón acordándome. Y la puerta y las ventanas de la terraza tienen instalados cierres de pestillo arriba y abajo. Además, la puerta de la calle siempre está cerrada con un par de vueltas de llave. A todo padre de niño con autismo le da pavor que se escape y pierda un niño de apariencia normal, que no mide el peligro, no sabe hablar ni buscará ayuda.

La nuestra es la única casa en la que podemos estar tranquilos sin tenerle controlado. Y vivimos más seguros gracias a él, queda claro.

Vivimos en el castillo del señor de las serpientes.

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Almudena Fer

    Cuando escribes estas cosas, no se ni que decir. Sólo que eres muy fuerte y muy valiente,. Supongo que te acostumbras, que es tu vida de todos los días y que lo normalizas. Es lo que hay. Pero me asombra todas las cosas que haces, la vitalidad que tienes y como le sonries a la vida a pesar de todo. De verdad que te admiro.
    Pensaba que era cierto que a los niños con autismo no les gusta el contacto físico. La única niña que he conocido con un tratstorno del espectro autista era así, solo aceptaba bien el contacto con su madrina y su abuela. Y muy limitadamente con sus padres. Pero parece que no es algo general.

    10 febrero 2015 | 11:24

  2. Como os admiro, la verdad que tenéis un mérito increible y Jaime mucha suerte de haber caido en esa familia. Madremia, todo lo que tenéis que haber pasado, todos los días me repito la suerte que hemos tenido nosotros, porque lo más complicado es hacerles comprender, la comunicación es muy importante, la verdad. Y claro que a los niños con autismo les gusta el contacto físico, lo que pasa que hay que avisarles antes, y no les hgusta que los atosiguen como a todos. ¡¡Mucho animo!! Besos

    10 febrero 2015 | 13:51

  3. Dice ser Belén

    Las entradas como esta en un diario público son la mejor campaña de concienciación.
    Gracias por hacer a la gente partícipe de lo que hacéis tantas familias.

    10 febrero 2015 | 13:57

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