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Madre Reciente Madre Reciente

Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Uno de esos accidentes…

Jaime come más que yo, es un hecho constatado desde hace ya tiempo. Y no creáis que es porque yo como poco. Tiene ocho años, está alto, delgado y atlético y con hambre permanente. Imagino que llegar a los 190 centímetros aproximados que tiene programados requiere bastantes calorías.

Eso se traduce en tener un cierre en la parte superior de la nevera y en un par de alacenas que le impidan autoabastecerse. Por un lado así controlamos mejor lo que come y en qué cantidad, por el otro le obligamos a comunicarse con nosotros para pedírnoslo. Algo importante en un niño con autismo.

Ser un pequeño Carpanta también se traduce en robos de comida cuando nos descuidamos. Ya en una ocasión se zampó una tortilla entera que no nos dimos cuenta de guardar a tiempo y hay que tener mucho cuidado con las ollas con legumbres, que es muy dado a servirse un puñadito de lentejas si nadie mira y eso puede ser peligroso si aún están al fuego.

Este sábado estuve cocinando por la mañana. Íbamos como invitados a una de esa reuniones familiares que ya empiezan a ir en aumento a cuenta de las Navidades. Una de las cosas que hice fueron seis magdalenas de chocolates tamaño XL sin gluten que también pudiera comer mi sobrina, que es celiaca. Cuando se enfriaron las guardé en un tupper cerrado y las metí dentro del microondas y me fui a vestir. Os aseguro que no tardé más de diez minutos, que unos vaqueros y un jersey no requieren mucho más.

De repente veo llegar por el pasillo a mi perra con una magdalena en la boca.

-¿Qué lleva Troya en la boca? ¡Una magdalena! ¿No habías guardado las magdalenas?-

– Sí, la debió coger Jaime antes de que las metiera en el tupper y tal vez no le gustó, la tiró y la cogió ella-

Nuestra perra es la mejor amiga de nuestros hijos en todas las circunstancias, pero sobre todo cuando están comiendo y se les puede caer algo.

Nos acercamos entonces los dos al salón para encontrarnos con Jaime tan contento sentado en el sofá con el tupper en el que sólo quedaba media magdalena. No sé cuantas comería él y cuantas Troya, pero la perra aquella noche cenó su pienso con apetito y Jaime no probó nada de la fabada que su abuela nos tenía preparada…

Por suerte tiene el estómago de granito de su madre.

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Aquí lo que quedó.

Por cierto, para magdalenas y bizcocho sin gluten, una masa muy fácil y que queda muy bien es un yogur griego, un sobre de levadura apta para celiacos, cuatro huevos, dos medidas de yogur de azúcar, tres de harina especial para repostería sin gluten y un par de cucharadas de Nesquick. Todo muy bien batido. Y le sientan bien las nueces y algún plátano de esos que se han quedado demasiado maduros.

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Stewart Cops

    Llevar un control en la dieta es una tarea harto complicado, pero lo explicas de una forma natural y divertida.

    Queria agradecer a “Madre Reciente” (y a todos vosotros) el haberme dado la oportunidad de expresarme siempre que lo he necesitado.
    Al disponer de menos tiempo, me queria despedir como “Stewart Cops” con este ilustrado articulo.

    Mi intencion siempre ha sido reflejar los recuerdos de una aficion al cómic, intentando crear un posible vinculo de interes social… deseo que al menos lo haya podido hacer un poco interesante.
    Si es posible, intentare hacer un par de entradas antes de despedir el año y La Casa del Comic, pero no me voy a publicitar más (de todas formas, La Casa del Comic seguira estando en la Blogosfera por si alguien estuviese interesado).

    http://lacasadelcomicduendeverde.blogspot.com.es/2014/12/savage-tales-historias-para-adultos.html

    Muchas gracias a todos… seguire visitando este blog, de los más interesantes de 20 minutos.

    15 diciembre 2014 | 09:06

  2. Dice ser Clara

    ¿Seis magdalenas para una reunión familiar?, no os ibais a empachar. Menos mal que se las zamparon el niño y el chucho porque menuda ridiculez.

    15 diciembre 2014 | 17:05

  3. Dice ser Vicente

    En una persona con autismo, me parece normal, mi hijo tiene 39 años y le pasa lo mismo. Como decía el viejo refrán: “come más que una lima nueva”

    15 diciembre 2014 | 21:37

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