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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Los niños y los toros, el agua y el aceite

Julia nunca ha estado en un encierro infantil, por divertido que me hayan asegurado que son, ni ha visto una corrida en la tele ni mucho menos en una plaza. Creo que ni siquiera sabe que existe algo llamado tauromaquia. Y me alegro.

Nosotros no somos aficionados a los toros ni lo es nadie en mi familia, así que no es muy difícil. Me consta de familias en las que hay división y guerras al respecto. Mi abuelo materno sí que era muy aficionado, con él vi a veces corridas. Y en mi casa a veces, pese a no ser taurinos, siendo yo adolescente ponían aquellas primeras y espectaculares retransmisiones en el canal plus de la feria de San Isidro. También las vi en bastantes ocasiones enteritas, con un cabreo creciente por la suerte de varas que destrozaba el toro, por los toreros incapaces de matar limpiamente al animal. Un cabreo que mi abuelo compartía. “Los toreros de ahora no valen para nada, les entregan toros reventados o se los revientan en vara”, decía. Veía mucho rejoneo. Yo montaba a caballo y tenía querencia a ver bailar a esos hermosos animales, pero me hervía la sangre ver la muerte del toro.

La verdad es que en un porcentaje muy alto de corridas la cosa oscilaba entre el aburrimiento y la carnicería. Sensación de peligro hacia el torero, prácticamente nunca por mucho que esos señores se tiren el pisto. “Mas se matan en los andamios”, decía un amigo que era aficionado pero quitaba hierro al tema inteligentemente.

Luego vinieron varios años en los que ignoré completamente el tema. No me gustaba, nunca me gustó que existieran las corridas de toros, que se tratara así a esos animales, pero me decía a mí misma que había otras prioridades, que me molestaban más muchas otras cosas. Me alegraría si las quitasen, pero había mayores urgencias. Decía algo parecido de la monarquía. Era muy joven supongo.

Con el tiempo me fui radicalizando paulatinamente y ahora es un espectáculo de gallitos sin corazón que no soporto. Ha sido una evolución que me ha hecho claramente antitaurina. Sin entrar en absolutas barbaridades como las de Tordesillas o Algemesí, cualquier evento taurino me rechina y está proscrito en mi casa o mis actividades familiares.

Pero os digo una cosa, aunque hubiera heredado la afición por los toros de mi abuelo, aunque defendiese la fiesta y la disfrutase, jamás se me ocurriría llevar niños pequeños a verlas o exponerles a corridas en televisión. Básicamente por lo mismo que tampoco les llevaría a un combate de boxeo ni con cinco años ni con diez.

Ha sido muy polémica en el pasado la ida y venida de las corridas en horario infantil en la televisión. No sé lo que pensáis vosotros, pero yo tengo claro que no las quiero en la tele a horas a las que puedan verlas mis niños. Es un espectáculo violento e innecesario. Es la tortura televisada de un animal por mucho que quieran disfrazarlo de arte y tradición.

Y por supuesto no querría que se entrenaran para ser toreros, que es algo que si son pequeños atenta según los expertos de la ONU a la Convención de los Derechos de los Niños. Igual que no querría que fueran boxeadores profesionales.

Ahora en Portugal andan a vueltas con el tema a cuenta de sus escuelas taurinas en las que hay niños muy pequeños y de que en las corridas se pasan la prohibición de llevar a niños menores de seis años (que ya me parece un límite ridículamente bajo) por el forro. Os dejo un fragmento del teletipo de EFE que lo cuenta:

Polémico de por sí, el tema de las corridas de toros genera aún más discusiones en territorio luso después de que el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas se pronunciara por primera vez sobre la cuestión, asumiendo su preocupación por la integridad física y mental de los menores involucrados en actividades de toreo.

Durante la evaluación regular a Portugal relativa a la aplicación de la Convención sobre los Derechos de los Niños, los expertos de la ONU recomendaron crear una legislación que proteja a los más pequeños de la violencia de las corridas de toros.

Y es que en Portugal hay, por lo menos, una docena de escuelas de toreo para niños y se calcula que en total cuentan con más de 150 alumnos menores, a partir de los seis años, según datos de un informe de la organización no gubernamental y Fundación, Franz Weber, que fue el detonante de las recomendaciones de Naciones Unidas.

Ese informe es resultado de dos años de investigación y fue entregado al Comité en marzo de 2013, lo que llevó a Naciones Unidas a pronunciarse en febrero de este año. “Estamos ante un problema bastante grave que, sin duda, pone en riesgo la integridad física y mental de los niños, tanto de los que ven esos espectáculos como de los que participan en ellos”, contó a Efe Sérgio Caetano, representante de Franz Weber en Portugal.

En las escuelas de tauromaquia, los jóvenes practican con animales vivos y, por lo tanto, corren riesgo “de lesiones graves e incluso de muerte”, ya que el ganado joven con el que entrenan la lidia a pie no tiene los cuernos protegidos, explicó. Además de torear a pie, los menores también son preparados para convertirse en matadores de toros.

La legislación lusa prohíbe que se maten los toros en público desde 1928, lo que no impide, según Franz Weber, que algunas escuelas de tauromaquia lleven a sus alumnos a lugares donde la prohibición no se aplica. “Durante algún tiempo simulan la muerte con una banderilla y a determinada edad, cuando están preparados, son llevados a España para efectivamente matar animales“, relató Caetano.

A pesar de que la Ley portuguesa determina que solo los mayores de doce años pueden participar en actividades de toreo, el informe de Weber indica que algunas escuelas no respetan ese límite. La Fundación alerta que lo mismo pasa con los menores que ven las corridas. Está establecido que solo pueden entrar en las plazas de toros niños a partir de los seis años pero no siempre se sigue esa pauta.

“Por tratarse de una forma de sensibilización para la violencia y el sufrimiento de los animales en el que la sangre es real” y por ser escenario de “muchos accidentes graves y a veces incluso mortales”, la Fundación entiende que hay que elevar ese límite “como forma de proteger a los niños”.

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser albitaguapa2

    si te gustara, los llevarías, lo que pasa es que no eres capaz de imaginártelo

    17 octubre 2014 | 16:48

  2. Dice ser Leim

    Viendo estas cosas cada vez se me quitan más las ganas de tener hijos y educarlos en el respeto a los animales y la naturaleza. Total, para que vivan en este país de mierda rodeados de garrulos… Además, ya somos demasiados en la Tierra.

    17 octubre 2014 | 17:36

  3. Dice ser Verónica

    No me cabe en la cabeza la aberración de la tauromaquia ( para mí es una aberración ) e intento educar a mis hijos en el respeto y amor por los animales. En casa tenemos 3 gatas y 2 perras que son 5 más de la familia.
    Un saludo.

    17 octubre 2014 | 17:39

  4. Dice ser Luis

    ¿Y a una iglesia? ¿Llevarías a tus niños pequeños a una iglesia?
    Allí suele haber un hombre joven, ensartado en una cruz, sangrando por varios sitios, y lo peor es que en algunas tallas ese hombre parece seguir vivo, sufriendo, otras ya está muerto, pero sigue ensartado, clavado en una cruz, como modo tortuoso de morir. ¿Qué tal?

    17 octubre 2014 | 19:02

  5. Dice ser Carmelo J. Doreste

    Lo que se vé e las creces de las iglesias no está pasando en directo, y para algunos es simple mitología y nunca pasó. ¿Qué tal?

    17 octubre 2014 | 19:19

  6. Dice ser Papua

    Los seres humanos se pueden clasificar en 3 tipos: los que disfrutan matando animales, los que les de igual y los que empatizan y sienten pena. Luego hay matices.

    Siempre espero que mis hijos no sean de esos que disfrutan matando gatitos, que los hay a puñados.

    Por un lado me gusta la tauromaquía, pero sin pinchos, ni espadas, ni muerte.

    17 octubre 2014 | 19:20

  7. Dice ser Sicoloco Del Castin De Foolyou

    El horrible destrozo físico que sufren los toros es obra de sádicos dementes.

    17 octubre 2014 | 22:38

  8. Dice ser Manuel Sancho

    Pues no estoy de acuerdo con este artículo,solo en una cosa, en que haya personas altamente sensibles lo cual no puedan ver este tipo de actos, eso no quiere decir que las personas que si podemos y como aficionados a la tauromaquia desde pequeños desarrollemos trastornos mentales.

    Yo a mi hijos les enseño la belleza de la tauromaquia y les acerco al campo para que tengan contacto con el animal más bonito que hay en el mundo, el toro de lidia entre otros animales y les explico para que y de que forma está criado con razón y coherencia. Les llevo a la plaza y les enseño con mucha pasión las condiciones de ese animal bravo que ya le ha tocado ser comido, como los pollitos, los cerdos etc… Solo que antes se le va a hacer un ritual centenario al que los artistas de este país y otros, pintores, escritores, músicos, actores, orfebres, bailaores etc no solo aclaman esta fiesta sino que le rinden homenaje mediante sus dotes artísticos. Les explico porque el torero se pone delante del animal, que con su valor y su inteligencia no solo es capaz de evitar las envestidas del toro de 500 kg sino que es capaz con su capacidad de creatividad e ingenio de crear arte al mismo tiempo con su cuerpo, su cintura, su brazo, la muñeca y aquí producirse la magia del toreo, que no es ver morir a un toro y disfrutar con ello.

    Llegamos a casa y tenemos dos perritos que son nuestra misma vida. Un error por nuestra parte porque son perros y no duran como nosotros, algún día nos costará un disgusto porque los tenemos muy humanizados. Mi familia es taurina y nos encantan los animales. Eso no quiere decir que en invierno no podamos ir al pueblo a ver como los abuelitos matan a sus cerdos para hacer una fiesta con la familia y amigos.

    Cada cual que enseñe a sus hijos como crea pero que nadie me diga como tengo que enseñar a los mios. Estoy muy orgulloso y muy tranquilo de verlos crecer, de su nobleza, de sus estudios, de su respeto por el medio ambiente, y sobretodo de su coherencia como niños.

    18 octubre 2014 | 12:28

  9. Dice ser manolo

    Entiendo que no pongan esas “salvajadas” para que las vean los niños es mejor que constantemente vean Guerras y niños muriendo en las calles eso es quizas mas ludico o mejor llevarlos a que jueguen partidos de futbol donde los padres no los falta mas que sacar las navajas para demostrar que su hijo es el mas macho,o mejor lo llebamos al estadio donde la palabra mas decente que hoira es Hijo pu…… o cosas similares pero eso es deporte y cuando muere un niño en el campo de Futbol del Español de Barcelona por que un señor que odioa los toros tira una vengala y vemos constantes imajenes de seres cibilizados que se parten la cabeza por que su equipo no ha ganado y algunos pierden la vida como el seguidor de la Real Sociedad en Madrid y asi suma y sigue
    Y no seria mejor enseñarles a los niños como viven esos animales en comparacion con otros que se come a diario y que el pajarito que canta en una jaula eso es normal o que el perro que tiene o el gato tendria que estar libre o es mejor que se lo regalen por Reyes y en Semana Santa se le abandone
    En una plaza de toros se mata a un animal que aunque poco se le deja defenderse y el niño entendera la lucha y la pelea y no se escandalizara por la sangre por que no hoira ni vera odio de un ser humano a otro com ve normalmente en el bar cuando televisan un partido, eso es cultura y los toros sera mejor que desaparezcan ya que si no hay corridas de toros ese animal desaperecera

    18 octubre 2014 | 12:36

  10. Dice ser Paz

    Es tristísimo que no se intente siquiera entender dónde y en qué contexto nacieron esas prácticas.
    Antiguamente no había “puenting”, ni “escalading”, ni nada con que estimular la adrenalina. Del campo a casa, de casa al campo. Los bailes sólo en las fiestas patronales del pueblo. En algunos lugares se les ocurrió hacer algo emocionante a través de la tauromaquia entendida en todas sus modalidades. Al toro le preparaban durante años y los que participaban en la modalidad que fuera también se preparaba, era un combate hombre- animal, que se remonta probablemente a nuestros ancestros, cuya victoria suponía la supervivencia de la tribu.
    Esta emoción se transmite de generación en generación, y es la misma por la que personas que no son en general creyentes, se deshacen en lágrimas en Semana Santa al ver la Virgen de la Macarena, o el Cristo del Gran Poder. Se sublima la emoción que les fue transmitida de niño, es algo visceral, no racional.
    Y por eso perdura, porque aunque objetivamente en las actuales circunstancias puede parecer no tener sentido, para muchas personas es un vínculo con sus antepasados.
    Como otras tantas prácticas a lo largo de la historia puede ocurrir que un día se extinga, pero aunque uno no lo comparta, me parece respetable por lo entrañable.

    19 octubre 2014 | 10:42

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