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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Marismas, acuarios, islas y ballenas

La Rochelle.

La Rochelle.

En mi anterior post os hablaba de nuestra excursión al chateau de los enigmas. Fuimos allí desde nuestra última base de operaciones: un camping pegado a La Rochelle en el que los niños disfrutaban sobre todo de la existencia de varias cabras, conejos y cerdos, a los que alimentar con las sobras siguiendo las instrucciones que nos daban.

La Rochelle es una ciudad marítima, fortificada y monumental con mucha historia detrás, que merece la pena visitarse. Es inconfundible con sus tres torres, a las que confieso que no nos atrevimos a subir con J&J, su puerto y sus calles con soportales. Con un clima templado, que sobre todo Jaime y mi santo agradecen, se supone que la mayor atracción infantil que tienen es su acuario.

imageHabíamos leído que era una visita obligada con niños, que era el acuario más visitado de Francia, con unos 12.000 animales marinos de unas 600 especies diferentes es también la atracción más visitada de la región. Algo espectacular.

Pues la verdad es que no nos lo pareció en absoluto. Sí, está muy bien, pero está mucho mejor el oceanográfico de Valencia que por lo visto es de los mismos creadores (nota mental: Jaime estuvo con dos años, pero Julia no, hay que volver). Y sin llegar a tanto, cualquiera acostumbrado a recorrer el acuario del zoo de Madrid o incluso el de Faunia o el de Gijón quedará poco impresionado. Y no es barato, aunque es cierto que los acuarios no suelen serlo nunca: nos costó 51 euros, y eso que la entrada de Jaime era reducida por su discapacidad.

Tanto a Julia como a Jaime les gustó, los acuarios siempre lo hacen, pero se les hizo corto. Sabiendo ahora cómo es, probablemente no repetiríamos.

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El día siguiente estuvimos en la marisma de Poitou, la Venecia Verde. A una hora aproximadamente en coche, la marisma de Poitou es una extensa zona plagada de canales que se pueden recorrer en barca. Una manera diferente de recorrer un espacio natural único.

Los barqueros suelen hacer un demostración durante el paseo que a los niños les encanta: revuelven el fondo para generar gases en la superficie que prenden luego. Fuego sobre el agua. Nosotros no tuvimos la suerte de verlo. Sí vimos garzas, las vacas  blancas y canelas de la región, martines pescadores, gallinas de agua y unos castores la mar de monos que son especie invasora y están intentando controlar.

Llegamos al embarcadero que nos habían recomendado en Magné una mañana en torno a la 13 y aquello estaba hasta la bandera, pero nos sirvió para reservar a primera hora del día siguiente un paseo de una hora con un guía que hablaba español. Acertamos, a las nueve de la mañana recorrimos parte de la marisma casi en soledad, con una tranquilidad mágica. Es un lugar evocador y hermoso al que nos gustaría volver.

De hacerlo sin niños probablemente no cogeríamos guía, pese a que la última vez que intentamos remar juntos hace más de una década hubo amago de divorcio. Con niños mayores también sería una buena opción. Con niños pequeños jamás cogería más de una hora. Respirar tanta paz más tiempo es mucho pedirles. Julia empezó a decir que se aburría a la media hora, por suerte haciendo fotos a lo que veíamos logró entretenerse de nuevo. Los cuatro pagamos 45 euros por esa hora guiada.

Julia y Jaime en Ile de Ré.

Julia y Jaime en la Ile de Ré, no hay que preocuparse por molestar a nadie sacudiendo la arena de la toalla.

Otra de las excursiones que hicimos fue a la Ile de Ré, apenas a media hora (y 16 euros de peaje por cruzar en coche su espectacular puente) de La Rochelle. Un sitio en el que pasar el día entero disfrutando de sus playas enormes y tranquilas en las que no se pasa calor pero los valientes pueden bañarse, Julia lo hizo. El pueblo amurallado en estrella de San Martín de Ré es una delicia y el faro de las ballenas bien merece una excursión, pero creo que lo mejor de la isla es el carril bici que la recorre por completo. Está perfectamente preparada para ir con bici (allí también se alquilan) y disfrutar toda la familia a dos ruedas. Nosotros no hicimos parada para ver los saladeros o para ver y degustar sus cultivos de ostras, pero son otras buenas posibilidades.

Y hay por allí otra opción con niños que nosotros no hicimos y que es el zoo de la Palmyre. Estuvimos a punto, pero no puede ser todo y al final lo descartamos. No obstante, aquí os lo comento por si pasáis por la zona: nacido en los años sesenta, se despliega a lo largo de catorce hectáreas en La Palmyre, un lugar en el que disfrutar además de playas y bosques de pinos. Cuenta con más de 1.600 animales en peligro de extinción.

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Laura

    Yo estoy deseando escaparme y llevar a mis niños a que puedan bañarse con delfines http://goo.gl/wpogvY

    25 agosto 2014 | 12:02

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