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Vivir es cabalgar un dragón y disfrutar del viaje

Y Julia logró su diploma de mosquetera en el ‘chateau’ de los enigmas de Pons

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Una de las excursiones que más le ha gustado a Julia de todas las que hemos hecho por la región de Francia en la que nos hemos movido ha sido también una de las más modestas.

Cerca de Pons hay un chateau pequeño, reconstruido a varios kilómetros del lugar original en el que se levantó en origen. Allí no hay hermosos salones amueblados ricamente ni perfectos jardines en los que perderse, ni falta que hace. Aunque con encanto, no es una construcción que mereciera la pena visitarse de no ser por el juego de la caza del tesoro que han ideado sus actuales propietarios.

Lo que hizo que Le chateau des Enigmes fuera una de las mejores jornadas del viaje y que Julia quedara fascinara fue que al entrar te entregan un mapa con veinticuatro retos a completar inspirados en el clásico de Alejandro Dumas Los tres mosqueteros para poder obtener al final un diploma de mosquetero.

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Por ejemplo, hay que pescar cartas de Athos en una piscina, montar un puzzle con el tatuaje de flor de lys de Milady, acompañar a Dartagnan a las mazmorras para descubrir quién liberó a Rochefort, desentrañar qué cuerda conduce a la Paloma mensajera o recorrer un trozo de bosque para descubrir a todos los guardias del Cardenal Richelieu ocultos en él.

El recorrido completo, sin prisas, puede llevar entre 3 y 4 horas, pero pueden ser más si se aprovecha para comer por allí. Hay varios rincones en los que hacer picnic, que fue lo que nosotros hicimos aunque nos costó bastante convencer a Julia de la necesidad de interrumpir la misión para alimentarnos, la emoción era mucha. Y también, en un lateral del chateau existe la posibilidad de comprar hamburguesas y demás comida rápida a precios e McDonald pero con mejor apariencia o hacer un alto para tomar café, helados y crepes.

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Para Jaime, ajeno a la caza de pistas, fue un agradable paseo al aire libre. Cuando expliqué en la entrada que tenía autismo y no iba a jugar, no cobraron su entrada. Dos adultos y un niño pagamos 39 euros.

Es cierto que algunas construcciones necesitaban una manita de pintura, que todo se ve, por decirlo de alguna manera, casero, pero es absolutamente recomendable. Una pequeña maravilla para los niños que no se fijan en nada de eso, que se quedan con la diversión del juego, que es lo que importa.

Eso sí, es imprescindible el inglés o el francés. E imposible con silla de ruedas. Por cierto, por lo visto la temática del castillo de los enigmas en Pons varía.

Momento picnic.

Momento picnic.

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