Una de las cosas que más le gusta hacer a Jaime es nadar en la piscina. Probablemente se trate de su actividad favorita. Comenzó a ir a matronatación con nosotros cuando tenía dos años y ahora, con seis recién cumplidos, está hecho un sireno. Bucea, se lanza, cruza la piscina en diagonal a braza… disfruta en el agua como una sardinilla y, desde luego, ya nada mejor que yo. Tenéis prueba gráfica en este post.
Pese a ser de carácter tranquilo, le gusta moverse. Le gusta correr, escalar, saltar, bailar… por eso este año en cuanto bajen un pelín más las temperaturas vamos a llevarle a una pista de atletismo bien vallada que hay a diez minutos de casa abierta para todo el mundo, para que corra allí feliz y contento. Este año también voy a llamar a un club de escalada, a ver si podemos iniciarnos también con eso, que seguro que le encanta. Y la bici está esperando, no olvidada. Todo como un juego obviamente, no es un entrenamiento sino una manera de estas más conectado y que su tiempo libre transcurra de manera constructiva.
El deporte en los niños siempre es recomendable, esencial. Ya me habéis oído contarlo más veces. A Julia también la animaremos a practicarlo. Pero con Jaime, por su autismo, tiene además muchos beneficios adicionales, al menos en potencia, así que hay que intentarlo.
Aquí tenéis a James Hobley. Tiene autismo diagnosticado desde los cuatro años y es un bailarín excepcional. Ha llevado la antorcha olímpica. En un momento del vídeo explica que bailando es cuando se siente “normal”.
Tommy Des Brisay tiene 19 años y autismo. No pronunció su primera palabra hasta cumplir los siete años. Corre y participará en estos Juegos Paralímpicos.
Como ellos hay muchos más. Con autismo y con muchos otras discapacidades muy diferentes. Os aseguro que yo seguiré sus éxitos en Londres. ¿Quién sabe? Tal vez en los que se celebren en Madrid pueda ir a animar a mi hijo.
Aquí tenéis varios vídeos promocionales/inspiradores de los Juegos Paralímpicos.










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