Bueno, se supone que con el fin de año llega momento de tomar decisiones que nos ayuden a mejorar, a ser más felices o que los que nos rodean o sean. Aunque lo suyo es que los propósitos de mejora se sucedan con regularidad a lo largo del año, no está de más aprovechar este momento para hacer balance.
Y aunque tengo distintas expectativas para este año, desde correr mi primera media maratón hasta terminar mi primera novela, me voy a centrar en mis niños, en algo muy concreto.
Julia me busca constántemente, en marzo cumplirá tres años y se las apaña muy bien para llamar nuestra atención. Es un pequeño remolino parlanchín, con buen carácter pese a sus ocasionales rabietillas, una risa que llena la habitación y unos ojos grandes de cervatilla. Me busca para jugar, para recibir mimos, para ayudarme en mis quehaceres… Ella me busca y me encuentra.
Y juega con ventaja respecto a Jaime. Sus habilidades comunicativas y sociales están a años luz. Si Jaime no tuviera autismo probablemente también se las apañaría para tener también nuestras atenciones. Pero no lo hace. No nos reclama como haría un hermano mayor neurotípico. Así que a veces me encuentro descubriendo que me estoy dando mucho más a ella que a él.
Así que mi propósito para el año nuevo es romper esa inercia.
¿Cuál es el vuestro? ¿Más paciencia? ¿Dedicarles más tiempo? ¿Buscar nuevas actividades para hacer con ellos?









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