Cámaras de seguridad en los bancos, en las tiendas, en la calle, en el trabajo, en el metro, en las puertas de los institutos, y ahora… también en las aulas. Todo para evitar que alguien tenga la tentación de copiar en un examen. La tecnología avanza a pasos tan largos que está logrando dejar atrás muchos de esos viejos métodos para copiar.
Los exámenes de fin de curso en colegios, institutos y facultades, además de la temida selectividad, tienen estos días a miles de estudiantes en vilo. Muchos de ellos se están jugando su futuro y nadie quiere perder su gran oportunidad de sacar la mejor nota posible, aunque sea copiando.
En el Reino Unido están pensando instalar cámaras de vigilancia para descubrir a los que copian y lectores de huellas digitales -para intentar evitar que alguien suplante la identidad de un alumno- en 65 centros educativos.
A ver quién es el listo que se atreve a dar un cambiazo, a sacar una chuleta de debajo de la mesa o a preguntarle algo al vecino de mesa ante el todopoderoso ojo de una microcámara instalada encima de la pizarra.
Pero ellos siguen erre que erre: que si “yo lo vi primero”, que si “éste enano me lo copia todo” o que si “él se pone mi visera nueva más que yo”. Y donde digo visera podría decir zapatillas, camiseta o calcetines. Siempre les gustan mucho más si son del otro, que es otra forma de copiar y alabar el gusto ajeno.
Lo de copiar siempre ha tenido un morbo especial y, por lo que veo, sigue teniéndolo entre los adolescentes. Está bien visto, incluso entre los que sacan buenas notas. Aunque yo creo que se cuenta más de lo que se hace. Siempre hay quien alardea de cambiazos que nunca ha dado, de chuletas ultradiscretas, de aparatos electrónicos con los que comunicarse con el exterior sin ser visto ni oído…

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