Cada vez que escucho esta pregunta tiemblo. Si uno de mis hijos me dice eso delante del otro es porque se trata de algo gordo. Y, normalmente, lo dicen para evitarse una bronca si me entero por otra vía.
_ ¿Sabes la última de tu hijo mayor?, me ha dicho hace un rato el pequeño.
_¿Qué ha hecho esta vez?
_Es un ladrón, ahora se dedica a robar ¿Te acuerdas de los 50 euros que me dio la abuela? pues ya no los tengo, ha explicado en plan intrigante.
_Y por lo que veo, tu hermano ha tenido algo que ver en eso, he respondido mirando a mi hijo mayor, que estaba a nuestro lado sin decir una palabra.
_ Pues sí, me ha cogido el dinero de la cartera para pagar no sé qué.
Ese “no sé qué” ha hecho reaccionar, por fin, a mi hijo mayor. Ha explicado sus razones para coger el dinero. Ha asegurado que era urgente y que así se lo había dicho a su hermano antes de abrir su cartera para coger el dinero.
Llevan un buen rato peleando. Uno repite que había pedido el dinero antes de cogerlo y el otro insiste en lo contrario. Las continuas acusaciones de “ladrón” reciben por respuesta otras de “mentiroso”. Los 50 euros han vuelto a donde debían estar pero ellos siguen sin ponerse de acuerdo.

Pero ellos siguen erre que erre: que si “yo lo vi primero”, que si “éste enano me lo copia todo” o que si “él se pone mi visera nueva más que yo”. Y donde digo visera podría decir zapatillas, camiseta o calcetines. Siempre les gustan mucho más si son del otro, que es otra forma de copiar y alabar el gusto ajeno.
Así que ya han leído el libro, y lo han hecho a la velocidad del rayo. La última aventura del mago les ha durado solamente tres días. Se lo regalaron el viernes y no lo han soltado desde entonces. Cuando uno se cansaba de leer, o se dormía, lo cogía el otro.

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