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La Gulateca

Recetas, libros, gadgets, vinos, restaurantes... Un blog de gastronomía sin humos

Entradas etiquetadas como ‘Instagram’

El pastelero italiano que crea escenas en miniatura con postres

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Cuentas de Instagram en las que la comida es protagonista hay muchas. Posiblemente demasiadas. Y, además, muchas veces muy parecidas entre unas y otras. Por eso cuando, más allá de retratar platos muy vistosos y apetecible –hay toda una teoría sobre lo que triunfa más o menos en esta red social– alguien se anima a hacer algo diferente merece la pena dedicarle unos minutos.

Sobre todo si, como en el caso del pastelero italiano Matteo Stucchi consigue arrancar una sonrisa tirando de postres y figuras en miniatura en su cuenta de Instagram. Un recurso que, en realidad, se ha usado muchas veces en fotografía pero que adaptado al mundo de los postres tiene su punto.

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¿Cuánto azúcar estás consumiendo sin saberlo? Esta cuenta de Instagram te lo recuerda

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Hace ya tiempo que el azúcar ocupa muchos titulares cuando se habla de nutrición y de problemas de salud. Al menos en otros países, porque mientras en lugares como Reino Unido la regulación del consumo de refrescos azucarados ya está en el punto de mira de las autoridades, en España, por ahora, no se habla demasiado de los riesgos asociados al exceso de azúcar en la dieta.

No hablamos de las cucharadas de azúcar que le echas al café, sino de ese que se consume sin ser consciente de ello. De hecho, como ya hablamos en su momento, muchos alimentos con fama de ser saludables, en realidad están muy lejos de esa categoría precisamente por la cantidad de azúcar que contienen.

¿Y cómo hacer calar ese mensaje antes de que el azúcar se convierta -como ya alertan algunos nutricionistas desde hace tiempo- en la nueva epidemia? Los mensajes, campañas y discursos están muy bien pero, como suele decirse, una imagen vale más que mil palabras.

De eso se encarga una cuenta de Instagram decidida a alertar sobre el contenido de azúcar de algunos productos de una forma muy gráfica. Yogures aparentemente sanísimos, bebidas energéticas, pasteles y bollerías industrial, zumos que prometen ser muy naturales… Hay hueco para todos en la cuenta de @dealerdesucre, que usa unos simples azucarillos para explicar de forma muy sencilla la cantidad de azúcar que estamos ingiriendo tal vez sin ser conscientes de ello.

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Y es que un yogur puede contener 3 azucarillos (15 gramos de azúcar), una bebida de esas que te da alas casi 7 azucarillos, un bote de tomate 2 azucarillos y medio -sí, el tomate también lleva azúcar, y mucho más del que imaginamos- y un zumo hasta 30 gramos de azúcar. Traducido a azucarillos, media docena.

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¿Nos tomaríamos todos esos productos con la misma alegría si supiéramos la cantidad de azúcar que contienen? Mas allá de las presiones de la industria, en algunos lugares parecen cada vez más cercanas las medidas para controlar el tema, desde una especie de impuesto para el azúcar -similar al del tabaco o el del alcohol- hasta exigir un etiquetado más claro que incluso alerte sobre los riesgos del exceso de azúcar y su relación directa con la salud.

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De momento, un repaso de vez en cuando a esta cuenta de Instagram seguro que ayuda a tener presente lo que estamos comiendo.

La tarta que Instagram confundió con una teta

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Que a Instagram y a Facebook no le gustan los pezones es algo que ha quedado bastante claro durante los últimos años. Lo que hasta ahora no sabíamos es que esa especie de obsesión con los pechos femeninos es también trasladable a las tartas. Al menos a las que -al parecer- tienen una forma que su sistema de reconocimiento automático de imágenes identifica como la de un pecho femenino.

Aunque dicho así la historia suene de lo más surrealista, esto es exactamente lo que hace unos días le pasó a Susan Moseley, una mujer británica cuya cuenta de Instagram fue cerrada después de publicar la foto de una tarta. La única explicación dada -relataba su hija- es que la imagen contravenía las normas de uso de la red.

“Desactivamos cuentas que contienen imágenes sexuales o desnudos”, apuntaban los responsables de Instagram en la primera explicación que se le dio a la usuaria tras esta peculiar censura. Y puesto que, por ahora, el llamado #foodporn no se considera pornografía de verdad, la única razón posible es que Instagram viera un pezón y una teta donde sólo había un estupendo bizcocho.

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La comida real no siempre es bonita, y este libro lo demuestra

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Instagram nos ha acostumbrado a que la comida, además de estar rica, tiene que ser fotogénica. Frutas de colores intensos posadas en un cuidado desorden sobre una mesa de madera, tostadas con rodajas de aguacate para desayunar, cafés en los que la espuma siempre dibuja un corazón, bonitas latas oxidadas de fondo y cubiertos vintage para comer esa pasta con tomatitos de un rojo perfecto…

Pero, ahora que no nos escucha ningún instagramer, podemos decir la verdad: la realidad no es así. Nadie prepara esos desayunos ni convierte su día a día en un pase de platos que ni David Muñoz en sus momentos más creativos. La comida a veces es fea o, mejor dicho, no siempre -casi nunca- se parece a esos bodegones que recopilan likes en las redes sociales.

Real-Food-Martin-Parr-02De la fealdad de la vida real sabe mucho el fotógrafo Martin Parr. Especialista desde hace décadas en narrar la realidad con mucho humor británico, con su cámara ha retratado mejor que nadie fenómenos como el turismo o la curiosa concepción inglesa del estilo.

En 1995 este reputado autor de la prestigiosa agencia Magnum ya recopiló algunas de sus imágenes en British Food. Ahora vuelve a la carga de la mano de la editorial Phaidon con el libro Real Food.

Algo tan sencillo como comida real fotografiada sin demasiados miramientos y algún que otro golpe de flash -marca de la casa de este fotógrafo- se convierte en algo a lo que nuestros ojos parecen no estar ya acostumbrados. Pese a que, posiblemente, vemos cosas así cada día.

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El arte de jugar con la comida

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Hace unos meses os hablábamos de Bernulia, la artista que utiliza los restos de café como base para su obra, y a la que conocimos gracias a Instagram. Y nuevamente, gracias a la red social de fotografía, hemos dado con otro artistazo cuyo trabajo nos ha entusiasmado, el italiano Diego Cusano.

Cusano, al igual que Bernulia, también usa la comida en sus creaciones, pero en este caso no son la base de su obra sino que constituyen parte indivisible de sus creaciones. En sus trabajos, que da a conocer a través de su web y especialmente de Instagram, mezcla ilustraciones con comida, con una capacidad sorprendente para darle a ésta una forma inesperada, ya sea de ropa, como parte de algún objeto o animal, o incluso como parte del cuerpo humano.

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Los secretos de la Instagramer que triunfa con sus fotos de comida

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Se llama Laura López, pero todo el mundo la conoce como @lauraponts, el nick con el que ha conseguido triunfar en Instagram. Y fuera de allí, porque sus coloridas instantáneas de comida ahora saltan al mundo del papel de la mano de Libros Cúpula en Arte Foodie. Allí comparte no sólo sus mejores fotos, sino también recetas y su historia.

Instagramer, foodie, food stylist… El caso es que más de 85.000 seguidores y decenas de miles de likes avalan su éxito en la que ahora mismo es una de las redes sociales de más éxito. Pero detrás de las cifras -nos cuenta- hay muchas horas de trabajo. Compatibiliza lo que empezó como una afición y ahora es mucho más, con un trabajo en una tienda en Ponts, la localidad donde reside. Hace fotos para el restaurante Can Jubany y colabora con cada vez más marcas, atraídas por las fotos y la popularidad de esta instagramer. 

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“No tenía Instagram porque me parecía una tontería, y al final fueron mis amigos los que me enseñaron la aplicación”, confiesa. Eso fue hace 3 años, pero las colaboraciones con marcas y campañas empezaron hace solo un año.

“Yo no me enteraba de nada y ni siquiera sabía que se podía cobrar por esto. Recibía regalos en casa para que hiciera fotos, y las hacía. Hasta que un día una amiga me preguntó cómo hacía las facturas, y ahí me di cuenta”, confiesa.

Lejos de la imagen que a veces proyectan los protagonistas de este mundo de las redes sociales, López tiene los pies bien puestos en el suelo. “¿Dejarlo todo y vivir de Instagram? Hay gente que lo hace -apunta- pero qué pasará si un día cambia la moda. ¿Cómo pagas las facturas entonces?”, se pregunta en voz alta.

Por eso ella sigue trabajando en la tienda familiar y aprovecha las horas del mediodía para hacer las fotos. 2 o 3 al día, algunas para esa misma semana, otras para más adelante. Y es que detrás de sus apetitosos bodegones hay mucho trabajo y logística para organizar no sólo las fotos, sino su publicación o responder a los correos, tarea a la que le ayuda una amiga.

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¿Hay algún secreto para triunfar con las fotos de comida en Instagram? Posiblemente no, pero @lauraponts comparte con nosotros algunas de las técnicas que ella lleva años usando, y que la han convertido en una referencia en un mundo cada vez más popular.

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La artista de las manchas de café (y de vino, tomate…)

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Giulia Bernardelli, o Bernulia, como la conocen todos en Instagram, es una verdadera artista. Para sus obras utiliza como base la comida, más concretamente los restos del café, por normal general, porque si se pone aprovecha también el vino derramado, la miel, el chocolate o incluso el kétchup. El caso es que, donde el común de los mortales veríamos un desastre, con todo derramado sobre el mantel, ella ve una oportunidad para crear.

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Si eres un pesado con fotografiar lo que comes, éste es tu restaurante

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¿Tienes siempre el móvil encima de la mesa? ¿Eres de los que no toca el plato hasta fotografiarlo desde todos los ángulos? ¿Tus compañeros de comida te odian porque el menú siempre se enfría mientras tú haces las dichosas fotos? ¿Tu cuenta de Instagram es una sucesión de fotografías para contar al mundo qué y dónde estás comiendo?

Si tu cuadro clínico coincide con alguno de estos síntomas, tenemos dos buenas noticias para ti: no estás solo, y a alguien se le ha ocurrido la feliz idea de crear un restaurante donde los pesados con eso de fotografiar lo que comen son especialmente bienvenidos. La mala noticia es que tendrás que viajar a Tel Aviv para disfrutar de la experiencia.

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Es allí donde el restaurante Catit se ha asociado con la bodega Carmel Winery para poner en marcha el proyecto Food-o-graphy. Y es que, mientras algunos restaurantes se plantean directamente prohibir las fotografías en sus locales -un debate que ya llevamos años arrastrando-, parece que otros han optado por aquello de que si no puedes con tu enemigo, mejor unirte a él.

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A Instagram no le gustan las berenjenas

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Que Instagram y su propietaria Facebook tienen sobredosis de moralina con todo lo relacionado con el sexo no es ningún secreto a estas alturas. Si hasta hace nada su máxima obsesión había sido que no se colara entre sus imágenes algún peligroso pezón -lo de permitir fotografías de madres dando el pecho es muy reciente– parece que ahora les ha dado por las verduras. Más concretamente por la berenjena que, por lo visto, ha sustituido a la manzana como símbolo del pecado en Silicon Valley.

La historia es casi tan surrealista como divertida. Desde hace unos días, una actualización de Instagram permite utilizar los populares iconos de Emoji -esos que tanto usamos para comunicarnos y escribirnos tonterías en horas de trabajo- dentro de los hashtags para etiquetar fotografías. Todo perfecto hasta que alguien se dio cuenta de que no es posible usar el dibujo de la berenjena. Y ahí, claro, comenzó la diversión.

¡Instagram censura la berenjena! ha sido el grito de guerra de los últimos días. Incluso con mucho sentido del humor y orgullo verdulero en Gutarra han lanzado su propia recogida de firmas para pedir a Instagram que recapacite y deje en paz a la pobre berenjena. Para que luego digan que Change.org no sirve para nada.

El caso es que, más allá de la histeria y de las risas, en realidad, no es que Instagram haya prohibido usar la berenjena para comentar las fotos o colgar la imagen de una musaka, lo que no se puede hacer es crear un hashtag con ella para etiquetar una foto. Podemos hacerlo pero no aparecerá identificado como categoría y por tanto no servirá para nada. Curiosamente, si se combina con cualquier otro icono no hay ningún problema, así que está claro que la manía persecutoria es única y exclusivamente contra la berenjena.

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Cómo hacer que la comida basura parezca alta cocina

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Lo tienen todo para ser los típicos platos de restaurante con aspiraciones a estrella Michelin: comida bien colocada, hilos de salsa decorando un plato enorme, ingredientes variados de colores y aspecto apetecible… Todo es perfecto, salvo por un pequeño detalle, en realidad estamos ante un surtido de comida rápida, o eso que los menos finos o políticamente correctos llaman comida basura.

La genial idea de presentar y fotografiar este tipo de comida como si fueran platos de alta cocina obra de un usuario de Instagram que firma como Chef Jacques La Merde. Por si el nombre o la ocurrencia no fuera suficiente para declararnos inmediatamente admiradores suyos, ahí va otro detalle que encantará a los más frikis: en su cuenta de Twitter aparece nuestro querido Ecce Homo en su versión ya restaurada en plan casero. 

Pero dejando a un lado la figura de este misterioso emplatador y fotógrafo, hay que reconocer que ambas cosas se le dan bastante bien y que sus creaciones dan bastante el pego. Pero ojo que la idea no es simplemente volcar el Whopper de turno sobre el plato, sino que el amigo La Merde opta por mezclar diferentes ingredientes y salsas para sus platos. La condición, eso sí, siempre es la misma: comida rápida, ingredientes de esos baratos y no muy bien considerados, y alguna que otra chuche para que el resultado sea además un poco crocante, como dicen los críticos profesionales.

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Merece mucho la pena darse un paseo por su Instagram y recrearse con los platos. Lleva poco más de un mes y ya ronda los 50.000 seguidores de las 25 creaciones culinarias que ha publicado hasta ahora, así que está claro que la idea tiene éxito.

Entre nuestras preferidas, el huevo Kinder -de mercado negro, porque en Estados Unidos está prohibido, recuerda- relleno y presentado en plan cocina molecular, el hot dog on a stick (es que le tenemos mucho cariño desde que fuimos a Las Vegas) que pasa de ser una de las cerdadas más infames que hemos probado a algo realmente apetecible, o un burrito perfectamente troceado y acompañado con -atención- esferas de Gatorade de limón y Doritos.

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¿Apetecible? La verdad es que a primera vista sí. Algunos consideran que se trata de un experimento gastronómico-sociológico, otros hablan de una burla de esa cocina que pone más atención en la presentación que en el contenido, y luego están los que creemos que se trata simplemente de una feliz ocurrencia.

Pero la pregunta del millón es si, servidos en un restaurante, estos platos llegarían a colar. Teniendo en cuenta que ya en su momento en una feria de productos naturales y orgánicos se sirvió este tipo de comida y todo el mundo parecía encantado, la verdad es que  cualquier cosa es posible.