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La Gulateca

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“Los food trucks no son una moda como las hamburguesas o el Gin tonic”

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La comida callejera y el fenómeno de los food trucks -por una vez nos quedamos con el anglicismo frente a eso de gastroneta– han llegado a España con años o décadas de retraso respecto a América y Europa. Eso sí, han entrado con fuerza, especialmente en ciudades como Madrid o Barcelona, donde casi cada semana encontramos algún evento o reunión de camionetas, camiones, caravanas y otras formas de cocina móvil. Por si fuera poco, la moda de la cocina sobre ruedas incluso llegó a protagonizar un concurso de cocina en TVE.

Food-trucks_05Así que, aprovechando un fin de semana soleado, nos plantamos en Eat Street -uno de estos eventos foodtruckeros- y aprovechamos para hablar con Rosanna Carceller, periodista gastronómica y autora del primer libro sobre el tema que se ha publicado en España: Food Trucks, comida sobre ruedas (Librooks), un manual completo para emprendedores, y un buen recopilatorio de proyectos y cocinas sobre ruedas.

Cocina de calle (street food), sí, pero aunque estamos en un recinto al aire libre, es cerrado. Es uno de los grandes temas al hablar de este movimiento: “En las grandes y medianas ciudades sólo pueden ejercer su actividad en eventos privados, mercados, festivales de música…”, nos cuenta Rosanna.

La compleja legislación

Y es que la mayor dificultad con la que se encuentran los food trucks, más allá de permisos de circulación, adecuación de vehículos históricos, tener o no obrador, y decidir la oferta, es que hay que estudiar la normativa de cada ayuntamiento para saber dónde pueden ejercer. “Cada ayuntamiento tiene competencia para regular los food trucks en su espacio público, y cada ayuntamiento lo hace a su manera”.

Mientras que Street Food Madrid se ha erigido en lobby para hacer presión frente al ayuntamiento -sin resultados por ahora-, en otras ciudades más pequeñas está empezando a cambiar algo, nos cuenta la autora. “ En Las Palmas de Gran Canaria se han hecho dos concursos públicos para licitar lugares donde puedan establecerse las camionetas. En Sevilla, La Callejera ha conseguido permiso para instalarse en una docena de sitios diferentes de la ciudad, y en Málaga se aprobó una moción a propuesta del grupo municipal de Ciudadanos para regular los food trucks en la ciudad”.

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Así pues, este fenómeno va más allá de las grandes ciudades. “Barcelona y Madrid son los dos centros importantes, pero están saliendo un montón de buenas iniciativas fuera de las dos grandes ciudades. Por ejemplo en Andalucía, Comunidad Valenciana, Asturias, Cantabria y Euskadi hay mucha oferta”.

Producto sobre ruedas y de proximidad

Destaca, como ejemplo, Eduardo Pérez de Awita Taberna. Andaluz, formado en las grandes cocinas vascas de Arzak, Akelarre, Mugaritz y Elkano, decide emprender su propio negocio en forma de food truck. “Él reivindica que lo que hace y lo que tiene en su food truck es casi patrimonio cultural”.

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Reivindica tanto el producto de proximidad, que cada ingrediente está buscado al milímetro. Por ejemplo, los molletes que quería los hacen en una panadería que está a 100 km de Cádiz. Para conseguirlos, al salir del trabajo -en alguna ocasión a medianoche-, va a recogerlos y queda con el panadero en una carretera a medio camino”.

Esta es una de las historias personales que recoge el libro Food Trucks. También la de un gran número de camionetas que han aparecido como extensión de restaurantes fijos e incluso algunos con estrella Michelin detrás, como el Yango de Carles Abellan.

Es verdad que los que no tienen un establecimiento detrás no tienen la infraestructura ni las redes ni el soporte de un restaurante fijo. Pero creo que el público lo percibe de un modo distinto. No es lo mismo uno que se ve como extensión de una marca a otro donde se ve que son gente que vive de esto, que tienen una filosofía de currarse el producto, que te explican el proyecto personal que hay detrás”.

Problemas con el sector hostelero

A pesar de todo, son muchas las reticencias del sector de la restauración. “Una persona del sector me decía que igual que en Estados Unidos está el lobby de las armas, aquí tenemos el lobby de los bares y restaurantes”. Un sector con un peso enorme frente a las administraciones y que en parte podría explicar el retraso en la regulación de esta actividad en muchas ciudades.

“Pero hay que tener en cuenta que los foodtruckers también son hosteleros”, recuerda la periodista. “Creo que cuando alguien va a un puesto como estos es que quiere probar algo distinto. Alguien que tenía planificado ir a un restaurante con menú de 30 euros no decide irse a por un bocadillo al foodtruck de la esquina”.

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Como ejemplo de una buena convivencia, Rosanna Carceller destaca París, que hace unos meses aprobó una normativa que establece 56 puntos en la ciudad donde pueden ejercer los food trucks de forma rotatoria. Estos puntos están situados en zonas sin demasiada oferta gastronómica pero con afluencia de público.

“Esta sería una forma de incentivar una nueva vía de negocio y una forma de reactivar una zona de la ciudad que está, a priori, sin oferta gastronómica”. Además destaca que París es una ciudad con una cultura gastronómica parecida a la nuestra, y allí los restaurantes no se opusieron a esta normativa.

Cuotas abusivas en los eventos

Con una normativa de este tipo, los eventos privados que reúnen food trucks podrían perder el poder que tienen actualmente. “Tienen la sartén por el mango al ser el único ámbito donde pueden ejercer su actividad, y de ahí que algunos de estos restaurantes sobre ruedas se estén quejando de que hay cuotas abusivas”.

¿Con una normativa al estilo de París, los eventos tendrían sentido? No está claro, aunque Carceller defiende que una normativa ayudaría a potenciar esta cultura de comer en la calle y, con ello, habría más público y negocio para repartir en un mismo evento o zona.

En todo caso, es inevitable preguntar sobre el futuro de lo que a muchos les parece una simple moda. “Yo creo que no es una moda como las hamburguesas o el Gin tonic. Está cogiendo carrerilla porque hay mucho público interesado y tiene futuro”.

Eso sí, siempre que las administraciones y los food trucks negocien y trabajen bien. “Aquí se sube gente al carro, no profesional, que se apunta porque es una moda, a cocinar cuatro tortillas de patata y forrarse. Pero no creo que sobrevivan porque el público no es tonto”.

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Nacho E

    Mmmm los “food trucks” no son una moda……. pues ojalá lo fueran. Y que pase rápido y acabe pronto en el olvido, por favor. Cuanto más ideal, más mona y más “cuqui” sea la fragoneta y los que la regentan, peor es la comida que sirven. No he encontrado ni uno solo de estos engendros con ruedas en que sirvan algo medio decente, y encima a qué precios.

    Lo cual tampoco me extraña, en la sociedad actual prima el envase, la imagen y el continente, sobre el contenido. Caldo de cultivo perfecto para las food trucks estas. Ojalá más pronto que tarde impere la cordura y estos artilugios queden erradicados de la faz de la tierra, aunque no soy optimista.

    13 Abril 2016 | 09:29

  2. Dice ser Daniel L.

    me temo que terminarán siendo franquicias, no pondrán más que problemas legales, te inflarán a impuestos, licencias, permisos y restricciones, cuando lo suyo es que fuesen absolutamente móviles.

    13 Abril 2016 | 10:02

  3. Dice ser elsobao

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    http://www.elsobao.com

    13 Abril 2016 | 10:18

  4. Dice ser por supuesto

    Mira, Paris lo ha hecho bien. En cuanto a Xpñ depende de lo que pueda sacar los concejales. Estarán viendo como meter la mano y siendo un producto tan reducido y puntual es difícil extorsionar a gusto.

    13 Abril 2016 | 11:34

  5. Dice ser por supuesto

    #2 Cierto, deberán ser franquicias o no podrán pagar las mordidas “legales”

    13 Abril 2016 | 11:36

  6. Dice ser marian

    Bueno las churrerías en Burgos son algo parecido, caravanas que están todo el invierno repartidas por el centro y luego levan anclas y a otro sitio hasta que regresan como las cigüeñas solo que al revés.

    13 Abril 2016 | 13:39

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