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La Gulateca

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10 bodegas para visitar esta Semana Santa

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¿Sin planes todavía para escaparse aprovechando las vacaciones de Semana Santa? Pensando en aquellos que no tienen demasiados días libres, presupuesto para irse muy lejos o, simplemente, les da pereza organizar un gran viaje, hemos recopilado una decena de bodegas que merecen una visita.

Distribuidas por toda la geografía del país para que a nadie le queden demasiado lejos -o sí, si la idea es aprovechar para hacer unos kilómetros-, el enoturismo es una excelente opción para estas mini-vacaciones primaverales.

1. López de Heredia, arquitectura en La Rioja

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Aunque hablar de vino es mucho más que hablar de los rioja y sus bodegas, es verdad que esta Denominación de Origen es parada obligada en cualquier ruta de enoturismo. Son muchas las bodegas que ofrecen visitas y catas en La Rioja -la mayoría, de hecho- así que un buen criterio de elección es fijarnos en la apuesta que algunas de ellas han hecho por la arquitectura.

Marques de Riscal con su espectacular bodega diseñada por Frank Gehry -ojo a su hotel de lujo y a la cocina de Francis Paniego con una estrella Michelin- es posiblemente la más conocida. Pero nos vamos a detener en Haro para visitar la bodega López de Heredia cuya ampliación a cargo de la arquitecta iraní Zaha Hadid merece una visita. Y ya que estamos, habrá que probar su Viña Tondonia, ¿no?

2. Finca Antigua, muy cerca de Madrid

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Necesitamos menos de dos horas desde el centro de Madrid para plantarnos en esta bodega situada en los campos de La Mancha, entre Cuenca y Toledo. Un buen plan para una escapada de un día o, aprovechando la Semana Santa, pasar unos días por allí y desconectar entre viñedos y unas buenas dosis de campo y silencio.

Propiedad de Familia Martínez Bujanda, Finca Antigua cuenta con más de 400 hectáreas alrededor de su bodega, divididas en pequeñas parcelas en las que la uva cabernet sauvignon es la más abundante. Además de aprender a catar sus vinos o descubrir cómo se elaboran, resulta especialmente tentador visitar los viñedos e incluso poder almorzar en el campo.

3. Emilio Moro, de la barrica al Museo del Vino

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Viajamos hasta otra de las grandes Denominaciones de Origen del país (Ribera del Duero) para visitar las bodegas Emilio Moro, en Valladolid. Muy cerca de Peñafiel y su espectacular castillo que acoge el Museo Provincial del Vino, este monumento es también parte del plan que estas bodegas han diseñado para quienes se animen a visitarlos en Semana Santa.

La propuesta de Emilio Moro comienza con una visita completa a la bodega, seguida de un taller para descubrir mediante una cata muy especial la importancia de las barricas y el tipo de madera en el envejecimiento y carácter del vino.

El pack incluye una degustación de tres de las referencias estrella de Emilio Moro (el joven Finca Resalso, el buque insignia Emilio Moro y el vino de alta gama Malleolus) acompañados por un plato de ibéricos y una tortilla de patatas casera.

4. Tío Pepe. Vino, Jerez y caballos

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No es que necesitemos muchas excusas para irnos al sur, pero si la cosa va de vinos el plan gana todavía más puntos. Así que, quienes tengan pensado pasar unos días por Cádiz esta Semana Santa, seguro que tienen marcado en el mapa una parada en Jerez de la Frontera.

Y allí la visita a las bodegas Tío Pepe de González Byass es casi obligatoria. La historia del vino de Jerez -estamos en la que durante décadas fue una de las capitales mundiales del vino- pasa por este lugar en el que, además, durante Semana Santa, se ofrece una visita muy especial: un recorrido por la bodega, cata de dos vinos y un espectáculo ecuestre en la Real Bodega de La Concha.

5. Cigales y el cerrato palentino

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¿A quién no le suena el vino de Cigales? Una pequeña Denominación de Origen a medio camino entre Palencia y Valladolid que en los últimos años ha ido creciendo y ganando puntos con vinos sencillos pero cada vez más atractivos.

Precisamente los vinos de la zona son la excusa perfecta para descubrir el cerrato palentino. Un paisaje en el que la gastronomía, el vino y las bodegas son uno de los principales atractivos y una buena razón para perderse por las tierras de Palencia durante estos días.

6. Cáceres y los vinos de los que todo el mundo Habla

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Posiblemente el vino no figura entre los primeros motivos para ir a Extremadura, pero debería, porque por allí se hacen algunos vinos -nos negamos a decir caldos- estupendos, y de hecho, la ya famosa bodega Habla, está en Trujillo (Cáceres).

Una bodega moderna y que en pocos años se ha convertido no sólo en una referencia, sino que ha conseguido que su cada vez más amplia gama de vinos con el sello distintivo de Habla estén en todas partes. Así que, aprovechando la Semana Santa, nos escapamos hasta allí para -según nos explican- descubrir los secretos de la viticultura ecológica, apreciar las distintas variedades de uva, y conocer las épocas de maduración y recogida de la vendimia.

Por supuesto, un paseo por Trujillo y una visita a Cáceres -a una hora de coche- no es que sean recomendables, es que son obligatorias. Y, ya que estamos, ¿nos quedamos unos días por aquí? Pues claro.

7. Unos días por el Somontano

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Tal vez porque le hemos cogido un cariño especial, de la región de Somontano (Huesca) nos resulta imposible señalar una sola bodega. Por eso la propuesta es directamente escaparse unos cuantos días por allí y organizarnos nuestra propia ruta por algunas de las bodegas de la zona, desde las más tradicionales a algunas tan espectaculares arquitectónicamente como Sommos.

La oferta para esta Semana Santa es realmente amplia, pero como seguro que sobra algo de tiempo, además de visitar bodegas no es mala idea aprovechar para visitar algunos de los pueblos de la zona (en Alquezar siempre hay demasiados turistas, pero por la noche es una maravilla), animarse con alguna ruta por el monte o cerca del río Vero y, por supuesto, comer algunos de los platos típicos de la zona.

8. Ramón Bilbao, una visita muy tecnológica

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Los vinos de Rioja son muy clásicos. Una de esas frases que, de tanto repetirlas, parecen hasta verdad. La Denominación de Origen más conocida del país alberga muchos vinos y bodegas, cada una con su estilo. Y entre clasicismo y vanguardia nos encontramos con Ramón Bilbao que cuenta con una de las bodegas más modernas.

Así que volvemos a Haro para, con la ayuda de unas gafas de realidad virtual, descubrir cómo es todo el proceso de elaboración del vino sin tener que levantarnos de la silla. Una opción diferente para conocer el mundo del vino desde dentro y en 360 grados pero que, eso sí, mejor si se acompaña de la cata de algunos de los vinos de esta histórica bodega.

9. Raíz de Guzmán, tempranillo y queso en Burgos

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¿Hay algo mejor que visitar una bodega? Sí, poder quedarse a dormir allí. Una opción de enoturismo que ofrecen cada vez más casas y que nos encontramos, por ejemplo, en las bodegas burgalesas de Raíz de Guzman. Además de las visitas que organizan a sus instalaciones, donde se elaboran vinos de la Denominación de Origen Ribera del Duero usando sólo la variedad tempranillo, también es posible hospedarse en el hotel Raíz y probar la gastronomía en el restaurante con el mismo nombre.

Situado en Roa (Burgos) este complejo enoturístico cuenta con un aliciente más para pasar allí unos días: la quesería Páramos de Guzman, donde se elabora un queso curado de oveja que se ha convertido en un auténtico éxito internacional. Una curiosa historia  literaria de la que ya hablaremos aunque, la verdad, mucho mejor ir por allí y que sus propios protagonistas la cuenten.

10Masia Serra, descansando entre viñedos de L’Empordà

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La oferta de enoturismo en Catalunya es tan amplia que cuesta también escoger entre algunos de los más populares (Penedes, Priorat…) o apostar por regiones más pequeñas pero también muy interesantes, como Terra Alta o Montsant. Nosotros nos vamos hasta el norte, ya cerca de la frontera con Francia, para pasar unos días entre los vinos de L’Empordà.

Una zona que entre sus muchos atractivos cuenta también con una interesante oferta de vinos elaborados por pequeñas bodegas que juegan con el carácter propio de los viñedos y paisajes de la zona. Masia Serra es una de ellas, y sus propuestas de visitas y catas -incluyendo desayunos de tenedor o paseos en bici por la zona- nos parecen un gran plan para desconectar aprovechando esta Semana Santa.

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