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Gazpatxo de Gernika

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¿Hasta las picotas de gazpachos new age a base de sandía, cerezas o maracuyá? Nosotros también, así que nos hemos dispuesto a versionar el plato veraniego por antonomasia aplicando esa teoría que dice que si cambias un ingrediente y tiras de lo que hay por casa has creado un nuevo plato.

En este caso el protagonista es el pimiento de Gernika, una variedad que comienza ahora su mejor época y que es bastante desconocido fuera de Euskadi, incapaz de competir con el omnipresente pimiento de Padrón… o lo que sea que venden y sirven con ese nombre, claro.

¿Qué pasa si le metemos este pimiento ya frito a un gazpacho? ¿Y si pasamos del pepino y el ajo que, la verdad, luego a veces sienta como un tiro? ¿Y si la cebolla en vez de cruda la incluímos ya pochada -con txakoli, por aquello de vasquizar más el tema- para que sea más suave? Pues que el resultado será cualquier cosa menos un gazpacho, claro. Nosotros lo hemos bautizado como “Gazpatxo de Gernika”, que seguro que a los integristas de esta sopa fría y tomatera, y a Sabino Arana, les encanta la idea por igual.

Ingredientes (para 4 personas)

· 1 kg tomates maduros

· 1 docena de pimientos de Gernika

· 2 cebolletas (unos 150 gramos)

· Txakoli (o vino blanco)

· Aceite de oliva, vinagre y sal

Preparación

Cortamos en juliana la cebolleta y a fuego lento, con un poco de aceite, la vamos pochando. La idea es confitarla, así que necesitaremos bastante tiempo. A media cocción le añadimos un par de chorritos de vino blanco o, si tenemos a mano, txakoli.

Mientras se va haciendo poco a poco, en otra sartén con aceite bien caliente freímos los pimientos de Gernika. Vuelta y vuelta, no hace falta que se hagan demasiado. Aunque estamos de acuerdo en que es un sacrilegio no comérselos así directamente -más teniendo en cuenta el precio que tienen fuera del País Vasco, cuando se encuentran-, podemos aprovechar esta receta para rescatar esos que se han quedado un poco pochos. En realidad, lo confesamos, la idea de esta receta surgió así.
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Quitamos el rabo y las semillas de los pimientos y reservamos junto a la cebolla, que tampoco hace falta que se dore demasiado porque así no oscurecerá demasiado la mezcla final. Y ya tenemos todo listo para preparar el gazpacho.

Limpiamos y pelamos -o no si la piel es final, que así quedará más rojo- los tomates y añadimos el resto de ingredientes. Una cucharada de sal y un poco de aceite, aunque con cuidado porque los pimientos y la cebolla ya aportan lo suyo. Dependiendo del tipo de tomate, soltará más o menos agua, así que la idea es ir añadiendo según trituramos hasta darle la consistencia deseada, más densa o más de tomar en vaso. A gusto del consumidor, lo mismo que la cantidad de vinagre.

Y listo: el único gazpacho con eusko label del mundo. Reservar algún pimiento para decorar, por cierto, es una buena idea. Lástima que nosotros lo pensáramos demasiado tarde, después de zamparnos la otra docena.

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