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La Gulateca

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A comer y a beber

a-comer-y-beberBooCook. Por E. de Salamanca

Pensaba hacer una mala crítica de este cómic. Sólo es gracioso, pensé. Parece que en la crítica lo gracioso no tiene cabida, solo el drama y la tragedia.

Pero cuando me he puesto a escribir me he acordado del libro sobre La Risa de Henri Bergson. También de Freud y el chiste, pero me ha dado demasiada pereza.

Bergson decía que la sociedad responde a las impertinencias con la risa, haciendo de la comedia una impertinencia todavía mayor. La tragedia y la comedia, decía.

Este cómic es una recopilación de las tiras cómicas de Guillaume Long publicadas en Le Monde, así que no esperen unidad en A comer y a beber. Es un libro principalmente de anécdotas, algunas divertidas, otras un poco flojas. Unas largas en exceso y otras jugadas maestras, como las dedicadas a los viajes.

Pero volvamos a Bergson  y a mi problema con hacer una mala crítica. Y es que, pasado el tiempo y pensándolo mejor, el cómic ha acabado por gustarme. ¿Por qué? Porque al final, después de este proceso de unión de tiras cómicas -sin unió- hay una historia trágica. En la comedia siempre hay tragedia, por eso nos reímos siempre del que se cae por las escaleras.

¿Y dónde está la tragedia? En vivir por y para la comida. Ser crítico gastronómico o jugar a serlo. Viajar obsesionado por el qué comer, el dónde comer. No desperdiciar una sola glándula de tu paladar en aquello que no es merecido… Y en la tragedia de que te sirvan un filete de pescado empanado, que es la peor manera de comer pescado. Al menos según el autor, porque a mi me retrotrae al comedor escolar donde, por cierto, me lo pasé realmente bien comiendo.

Cómo te puede reventar un viaje una mala comida, o alegrártelo un buen restaurante. Cómo puede hacerte feliz una buena sartén, o un tomate, o un pica-ajos. De todo eso habla A comer y a beber.

Y en un momento en el que las cosas están como están, en el que la tragedia se ha instalado en la vida diaria, lo cómico anestesia el corazón y va directo a la inteligencia, diría Bergson.

Por eso no he podido hacer una mala crítica. Por eso lo recomiendo. Porque no nos merecemos la tragedia. Por lo bueno o lo necesario de reírse de lo “gastronómico” y de uno mismo. Porque ahora es necesaria la risa y la revolución.

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