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10 hamburguesas de película

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La hamburguesa es posiblemente el plato más icónico y genuino de la gastronomía estadounidense. Aunque es un manjar de origen europeo -concretamente de Hamburgo, Alemania- todos la asociamos de alguna manera a los yanquis, a la comida rápida y a las grandes multinacionales de la alimentación que extienden sus tentáculos de colesterol imperialista a lo largo y ancho de todo el planeta.

Es, sin duda, uno de los fenómenos gastronómicos más populares, tanto en su versión gourmet, que tanto se estila últimamente, como en la más cerda y clásica. Y como tal, ha tenido una amplía presencia en el mundo del celuloide, acompañando algunas de las escenas más míticas del séptimo arte. Hemos recopilado las 10 más memorables entre las que hemos tenido la osadía de no incluir esa de Grease en la que todos estáis pensando. Las hay mucho mejores, y si nos hemos dejado alguna, ya sabéis…

1- Pulp Fiction (Pulp Fiction, 1995)

La primera es, quizás, la más evidente de todas y la que nunca podría faltar en una lista sobre hamburguesas cinéfilas. Y es que este delicioso bocadillo de carne picada inunda buena parte del metraje de la obra maestra de Quentin Tarantino. Hablamos, como no, de Pulp Fiction, una película en la que las hamburguesa se convierten en un protagonista más, tanto en el prólogo y el epílogo -que se desarrollan en una hamburguesería- como a lo largo de todo el metraje. Como diría el gran Jules Winnfield: “Hamburguesa, la piedra angular de todo nutritivo desayuno”.

2- Más vale muerto (Better Off Dead…, 1985)

Nos trasladamos ahora a la fascinante década de los 80 para rescatar del olvido esta delirante secuencia. Un jovencísimo John Cusak emula al mismísimo Dr. Frankenstein para cocinar una hamburguesa rockera que canta con la voz de David Lee Roth de Van Halen. Sí, así como suena. ¡Qué vivan los 80!

3- Lluvia de albóndigas (Cloudy with a Chance of Meatballs, 2009)

Lluvia de albóndigas es una de las películas más imaginativas e interesantes que ha dado el cine reciente. A pesar del título, en esta película no sólo llueven albóndigas, sino que en una de las mejores escenas de la película asistimos impávidos a un brutal diluvio de hamburguesas, cada una de ellas con su pan, su loncha de queso y sus rodajitas de tomate. Sin duda, el sueño húmedo de todo guarreras gastronómico que se precie.

4- American Beauty (American Beauty, 1999)

En esta joya cinematográfica de los 90 se encuentra una de las escenas de hamburguesería más cómica a la par que patética del cine. De hecho es una secuencia que resume a la perfección el tono general de la película. El sufrido Kevin Spacey empieza a trabajar en una especie de McAuto cuando, por uno de esos azares del destino, su mujer se presenta con su amante en busca de una hamburguesa smiley. “No importa, cielo, quiero que seas feliz, ¿quieres salsa sonriente también?”.

5- Un día de furia (Falling Down, 1993)

Protagonizada por un Michael Douglas con pinta de ejecutivo fascistoide, Un día de furia es la película que todos queremos recrear después de leer el periódico, ver el telediario o engullir un debate de La Sexta Noche. En esta escena, y metralleta en mano, el bueno de Douglas exige desayunar a la hora del almuerzo y que su hamburguesa sea tan esponjosa y apetitosa como la que sale en las fotos. Tampoco es mucho pedir, ¿no?

6- Super Size me (Super Size Me, 2004)

Treinta largos días alimentándose única y exclusivamente de menús del McDonald’s. Éste es el reto que se propuso el cineasta Morgan Spurlock para poner en tela de juicio la industria de la comida rápida. Una proeza que quedo registrada en el terrorífico documental Super Size Me, en el que asistimos al deterioro físico del protagonista a golpe de hamburguesa.

7- Dos tontos muy tontos (Dumb and Dumber, 1994)

Pese al riesgo de que incluir Dos tontos muy tontos en esta lista pueda poner en duda mi reputación de cinéfilo-hipster-gafapasta, da igual: esta mamarrachada de los hermanos Farrelly da mucha risa. Y sí, también contiene una hilarante escena con una hamburguesa de protagonista y unos chiles del infierno como invitados especiales.

8- Dos super super esbirros (Nati con la camicia, 1983)

Lo mejor de este tipo de recopilaciones es que durante la investigación uno siempre acaba encontrando cosas que desconocía por completo y que resultan ser un absoluto tesoro cinematográfico. Tal es el caso de esta bizarra escena de Dos super super esbirros, protagonizada por los míticos Bud Spencer y Terence Hill. Atención a la sutil y poética hamburguesa metafórica que se curran unos asiáticos mafiosillos y karatekas.

9- Un lugar donde quedarse (This Must Be The Place, 2012)

Antes de seducir a la crítica más sesuda con la magistral La gran belleza, el italiano Paolo Sorrentino dirigió esta extraña película cuyo mayor interés reside en ver al duro de Sean Penn disfrazado del cantante de The Cure. Así pues, como buen gótico atormentado al que intepreta, el bueno de Penn desata toda su angustia vital ante una hamburguesa demasiado hecha.

10- Good Burger (Good Burger, 1997)

Y terminamos este top 10 hamburguesero con Good Burger, una delirante comedia para pre-adolescentes que gira toda ella en torno al negocio de las hamburguesas. Producida por Nickelodeon, más que una película parece un skecht televisivo estirado hasta el más absoluto de los absurdos. Basta con echarle un ojo al tráiler para hacerse una idea del nivel humorístico del film.

Un capuccino en 30 segundos. Probamos la nueva Illy Y5 Milk

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Sigue siendo el gran desconocido de los sistemas de café por cápsulas, pero cuando hace ya tiempo probamos la Y5 de Illy nos convenció. No tanto por su diseño -nos gustan mucho más las líneas del modelo clásico- sino por la calidad del café  que ofrece el sistema Iperespresso de la firma.

Ahora este mismo modelo se presenta en una nueva versión que incluye contenedor para la leche. Y con él, una lista de preparaciones más amplia en las que el capuccino y el latte macchiato (leche manchada) son las nuevas estrellas. Así que hemos hecho un hueco en nuestra cocina para probar durante unos días la nueva Illy Y5 Milk.

El funcionamiento es similar al de otras cafeteras de este tipo, con un contenedor extraible para la leche que permite guardarlo en la nevera, y un sistema de calentamiento y espumado de la leche que le da una textura muy cremosa. Justo lo que necesitamos para conseguir unos capuccinos y macchiatos como los de las cafeterías. Además de estas dos opciones, otras cuatro (expreso, café largo, leche caliente y agua caliente) completan la media docena de preparaciones que ofrece la Y5 Milk a través de su sencillo menú táctil en la zona superior.

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El funcionamiento es extremadamente sencillo. La parte más engorrosa llega con la limpieza del sistema de la leche, aunque eso ocurre con todas las cafeteras de este tipo. Así que, tras preparar alguno de estos cafés con leche, se recomienda retirar el sistema de la parte lateral y lavarlo con agua caliente. En la web se indica el proceso a seguir y, más allá de la pereza que pueda darnos, no tiene ningún misterio. Eso sí, es un detalle a tener en cuenta para quienes vayan a desembolsar los algo más de 280 euros que cuesta este aparato.

De las ventajas e inconvenientes de las cápsulas Iperespresso ya hablamos en su momento. Calidad por encima de la media de otros sistemas, pero un contenedor demasiado grande que hace que el residuo generado sea mayor, y una variedad de cafés más corta que la competencia. A los ya existentes cuando probamos la Y5 convencional (tueste oscuro, tueste medio y descafeinado) más recientemente se ha sumado una cuarta opción: Ydillyum, un café con poca cafeína y un toque a chocolate.

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Con un coste de 0,45 euros por café, a la lista de inconvenientes -en este caso para el bolsillo del usuario, no para la marca- hay que sumar la falta de competencia en el mercado: nadie más fabrica cápsulas para este sistema. Posiblemente algo bueno, si se quiere asegurar la calidad del resultado final, pero que no contribuye a la hora de popularizarlo.

Preparar un capuccino en casa con una cafetera expreso o una convencional no es difícil, cierto. Pero si lo que queremos es tenerlo listo en apenas 30 segundos apretando un botón, el que ofrece la Illy Y5 Milk está fráncamente bueno. Nada que envidiar -más bien al contrario- al mejor que podemos encontrar en la mayoría de cafeterías.

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Un menú de sidrería en casa

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La temporada de sidrerías en Euskadi comenzó en enero, pero todavía estamos a tiempo de pasar por allí -Astigarraga es el epicentro, aunque en muchos pueblos de Gipuzkoa y Bizkaia también se pueden encontrar- para darnos un homenaje al grito de “txotx!“.

La excusa es probar la primera sidra de la temporada directamente de la kupela (barrica) y para eso hay que acompañarlo en condiciones, claro. El menú clásico suele incluir tortilla de bacalao, txistorra, un chuletón y, de postre, queso. Todo muy ligero, aunque la sidra ayuda a desengrasar un poco el tema.

¿Y qué hacemos si una de estas sidrerías no nos pilla cerca? Pues a la espera de que inventen TeleTxuleton o que los chicos de UberEATS lo incluyan en sus planes de expansión, en Petra Mora han pensado en ello y han elaborado un lote con todos los productos para que nos podamos montar nuestra propia fiesta en casa.

Según nos explican, de la selección del producto se encarga Mikel Zeberio, uno de esos gastrónomos que para los habituales del mundillo no necesita ninguna presentación. Este lote de sidrería consta de un chuletón de vaca gallega de la casa Luismi Premium, o un corte tipo T-Bone de ternera rosa de las propias ganaderías de Petra Mora en Zamora. En ambos casos se trata de piezas con un peso de unos 700 gramos. Además de la txistorra de Navarra, en el lote no puede faltar la sidra natural vasca que elabora la firma Saarte, de la sidrería Urbitarte de Ataun, en Gipuzkoa.

¿El precio? Ahora mismo unos 37 euros incluyendo tres botellas de sidra, el chuletón y dos txistorras. Todo ello prometen llevarlo a casa en sólo 24 horas, así que lo único que hay que hacer es descorchar la sidra, preparar una tortilla de bacalao si queremos cumplir a rajatabla el menú y cocinar ese chuletón siguiendo los trucos que hace días aprendimos. Y practicar lo de Txotx!, claro.

‘Esthechoc’, el chocolate que promete rejuvenecer la piel

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Éste no sabemos si rejuvenece, pero está muy bueno

Quienes necesiten un argumento para comer chocolate, o al menos para acallar su conciencia tras asaltar las tabletas escondidas en la despensa, están de enhorabuena: acaban de crear uno que -aseguran sus inventores- tiene efectos rejuvenecedores sobre la piel. El chocolate convertido en uno de esos alimentos funcionales que tanto triunfan y además orientado a dejar nuestro cutis como el de una top model tras pasar por Photoshop. ¿Qué más se puede pedir?

Una barrita diaria de este chocolate (7,5 gramos) puede hacer que la piel de una persona de 50 años luzca como la de alguien de 30, prometen sus inventores. Aunque la reacción lógica ante este tipo de descubrimientos y milagros es activar el modo escéptico y creerse entre poco y nada, lo cierto es que en este caso la idea llega con el aval de un investigador de la Universidad de Cambridge, el doctor Ivan Petyaev y su empresa de biotecnología Lycotec.

Bautizado como Esthechoc, Cambrige beauty chocolate, la clave de sus propiedades anti-edad reside en el antioxidante astaxanthin que contiene -cada dosis de 7,5 gramos equivale a un filete de salmón, apuntan- y en la concentración de polifenoles del cacao. Todo ello con sólo 38 kilocalorías, con lo que hasta es apto para diabéticos, según las explicaciones dadas por sus creadores.

 

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Antioxidantes, mejoras en la circulación que repercuten en la edad de la piel, chocolate… ¿Demasiado bonito para ser verdad? En realidad tampoco es nada nuevo porque, como nos recuerda Juan Revenga -nutricionista de la casa-, al chocolate se le atribuyen continuamente todo tipo de propiedades relacionadas con la salud, y protagoniza decenas de estudios que incluso aseguran que es bueno para adelgazar.

Pero no es el único que sugiere un poco de calma ante tanta promesa, también lo expertos en salud consultados por The Telegraph apuestan por la cautela. Aunque corroboran que parece existir cierta base científica en el asunto, proponen esperar  hasta que se realicen los estudios pertinentes que demuestren si realmente esos efectos sobre la edad de la piel cumplen las expectativas creadas.

Eso sí, para probarlo habrá que esperar hasta su lanzamiento oficial el próximo mes en la feria Global Food Innovation Summit, y los más impacientes posiblemente tengan que viajar hasta Londres para encontrarlo en tiendas de cosméticos y belleza. Su precio es una incógnita por ahora, pero no parece que vaya a ser especialmente barato.

En cualquier caso, mientras nuestra deteriorada piel espera impaciente su llegada, podemos entretenernos con algo de chocolate normal. Seguro que no es tan milagroso pero posiblemente estará más bueno.

Receta en vídeo: ramen (a nuestra manera)

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Seguimos soperos y exóticos. Si la semana pasada aprendimos a hacer un caldo estupendo con jengibre y té en sólo 10 minutos, ahora ha llegado el momento de pasar al siguiente nivel: ramen. Esta sopa oriental de origen chino, pero que ahora identificamos más con Japón, no sólo está de moda sino que -y esto es lo que nos interesa- está buenísima.

Aunque podríamos usar perfectamente el caldo del otro día como base, esta vez vamos a improvisar uno con verduras y miso. A partir de ahí, no tiene mucho misterio: unas algas, panceta que hemos macerado antes en soja, huevo cocido y fideos de arroz. Sí, esto es un ramen a nuestra manera así que posiblemente si algún japonés nos oye llamar a esta cosa “ramen” le entrarán ganas de hacerse el harakiri.

Pero oye, a nosotros al menos nos sirve para quitarnos ese mono que de vez en cuanto nos entra cuando no tenemos tiempo o ganas de aguantar la cola del Ramen-ya Hiro, considerado por muchos el mejor lugar para comer ramen en Barcelona. El nuestro no está a la altura, pero lo tenemos en casa y se prepara así de fácil.

Ingredientes (para 2 raciones)

  • 1 litro de agua
  • 2 cucharadas soperas de verduras deshidratadas
  • 2 bolsitas de preparado para sopa de miso
  • 1 huevo cocido
  • Panceta
  • Salsa de soja
  • Alga nori
  • Cebollino
  • Sésamo

Preparación

Para ir adelantando trabajo, ponemos a cocer el huevo. Cortamos también la panceta y la dejamos macerando con la salsa de soja. Hecho esto, nos ponemos con el caldo. Podemos usar como base un caldo suave que ya tengamos por casa, el que os explicábamos el otro día, o preparar uno como éste con verduras y miso.

Los preparados para sopa de miso -un fermentado de soja- son fáciles de encontrar en cualquier gran superficie o en tiendas especializadas. Pero antes vamos a poner el agua con las verduras deshidratadas -una de esas cosas que merece la pena tener siempre por casa para salvar una cena- unos 20 minutos. Pasado este tiempo, añadimos el preparado de miso y un poco de salsa de soja.

No hay que pasarse porque no queremos que esta salsa se lleve por delante el sabor del miso. Dejamos otros 10 minutos a fuego suave, probamos y corregimos el punto de sal. Cuidado porque entre la soja, el miso y la panceta no habrá que añadir mucha. Nosotros dejamos el caldo tal cual, pero si a alguien le da cosa encontrarse con las verduras, éste sería el momento de colarlo.

Podemos usar cualquier fideo que nos apetezca o tengamos por casa. Nosotros hemos optado por unos de arroz muy finos que se hacen en apenas cinco minutos y con el propio calor del caldo, sin necesidad siquiera de tenerlo al fuego.

Mientras se hacen, rescatamos la panceta y la pasamos por la sartén. Pelamos y partimos el huevo cocido por la mitad y todo listo para montar nuestro ramen. Colocamos en un bol el alga nori, vertemos el caldo y añadimos la panceta y el huevo. Para rematar y decorar, el cebollino y un poco de sésamo, que siempre hace bonito.

Cuchara, palillos y a disfrutar de este ramen poco ortodoxo pero muy sencillo y resultón.

Vermut con cerveza negra, un cóctel de Dos Déus

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Lo nuestro con el vermut es una relación bastante liberal. Lo mismo nos apuntamos a tomarlo sólo o con hielo, su oliva y su toque de sifón, que nos líanos a probar cosas nuevas. Si hace un tiempo nos dio por el vermut tonic, por aquello de ser los más modernos del barrio, atentos a lo de hoy: vermut con cerveza negra.

Cuando leímos la propuesta de Vermouth Dos Deus, una casa de Tarragona (más concretamente de Bellmunt, en la comarca del Priorat) que juega mucho a esto de los cócteles a base de vermut, nuestra primera reacción también fue poner esa misma cara que se te habrá quedado.

Según nos cuentan sus responsables, la idea es combinar las recetas tradicionales para elaborar sus dos vermuts a base de vino blanco: Dos Déus reserva (madurado durante 5 años)  y Dos Déus (con un 80% de vermouth, madurado durante 5 años y un 20% del de 2 años), dos propuestas atrevidas y abiertas a un público más amplio.

Es de ahí de donde nace su recetario coctelero y la aparente locura de mezclar vermut con ginger beer, ginger ale o, como en este caso, con cerveza negra. Y como siempre, nada mejor para salir de dudas que probarlo.

La receta de este cóctel, que por ahora no tiene nombre (¿vermut negro?), no puede ser más sencilla: hielo, piel de naranja -o pomelo o mandarina, sugieren- mitad vermut y mitad de cerveza negra. A partir de esta base es sólo cuestión de que cada uno ajuste las medidas a su gusto para dar más protagonismo a la cerveza o al vermut.

También dependerá de la cerveza que usemos, claro. Nosotros hemos probado con Guinness y con Leffe Brune y nos quedamos con la primera. Al ser más neutra y con menos matices no le quita protagonismo al vermut. En cualquier caso, las dos combinaciones funcionan perfectamente y desde ya mismo forman parte de nuestro recetario vermutero original para animar fines de semana y cualquier fiesta de guardar.

Los turistas de Praga no vienen aquí

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Febrero, martes por la tarde y el Puente Carlos de Praga repleto de turistas. ¿Habrá algún rincón de esta ciudad al que no lleguen los turistas?, nos preguntamos mientras ejercemos como tales y sacamos la misma foto que todo el mundo apuntando hacia el llamado Castillo de la capital checa.

Al día siguiente temprano obtenemos la respuesta: los turistas no van al mercado Holešovická tržnice. Según nos cuentan desde Prague Food Tour -con los que hicimos una visita guiada que ya os contaremos- es el más importante de la ciudad y el único que se mantiene de forma permanente durante todo el año. A partir de primavera también se organizan diversos mercados al aire libre con productos de agricultores locales, mucho más vistosos y a los que los visitantes sí se acercan.

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Pero este es, por usar esa terminología que tanto gusta a los viajeros, más auténtico. Se encuentra a una media hora caminando del centro histórico, o  a sólo unas pocas paradas de tranvía para quienes prefieran ahorrarse el paseo. La zona y edificios que ocupa son bastante coloridos y curiosos, sobre todo si tenemos en cuenta que hasta 1983 allí estaba el matadero.

La verdad, no es que sea un mercado con mucho ambiente. De hecho, según nos explicaron nuestros anfitriones, no hay demasiada cultura de ir al mercado en esta ciudad y, en cualquier caso, nada que ver con el resurgir de los llamados mercados gastronómicos en muchas capitales europeas. Ellos lo decían con gesto un tanto compungido. A nosotros no nos parece tan mala noticia.

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En cualquier caso, además de muchos puestos de ropa y trastos regentados por vietnamitas -una de las comunidades más numerosas en la República Checa- lo más interesante sin duda es la nave con el mercado de vegetales. Fuera también hay alguna carnicería -éste es un país muy carnívoro- y puestos de comida, la mayoría vietnamita.

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Estamos en invierno y en Praga, así que no hay demasiado margen para el exotismo: manzanas, rábano negro -una de las verduras típicas de temporada, nos explican- patatas…

Y pan, mucho pan. Concrétamente uno de 3 kilos (Kvasový chléb tříkilový) es lo que anuncia el cartel de la panadería -que se dice pekárna en checo- Mšeno, un pueblo al norte de la ciudad.

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Seguimos paseando cámara en mano, con esa sensación de ser los únicos que están por allí de visita y no haciendo la compra. En el mismo recinto conviven un par de supermercados y puestos de souvenirs que, según promete la web oficial del mercado, son más económicos que los que se pueden encontrar en el centro de la ciudad.

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Además de frutas, verduras y panes nos llaman la atención unos botes blancos. ¿Queso? ¿Algún tipo de nata? No, grasa de cerdo y de pato, dos ingredientes muy usados en la cocina checa. Por cierto, la moneda es la corona checa y para convertirla a euros ahora mismo hay que dividirla aproximadamente por 27.

Como ya veremos, Praga igual no destaca por sus mercados pero en esta ciudad sí se come muy rico y bien de precio. Y potente, claro. Suerte que estamos en invierno.

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¿Merece la pena la visita? Sin duda. No sólo porque, como siempre defendemos, es en los mercados -los de verdad, no los de postal- donde se descubre realmente una ciudad, sino que, en este caso, puede resultar un estupendo refugio si, de visita por Praga, estamos un poco saturados de cruzarnos con turistas.  No aparece en la mayoría de guías y, además, el pan y los pasteles están muy buenos. No hacen falta más argumentos.

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Brewie, la máquina para hacer cerveza en casa de forma automática

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Hacer tu propia cerveza en casa está muy bien, pero ya comprobamos que no es demasiado fácil. Hace falta material, experiencia, un poco de maña y sobre todo tiempo. Sí, es parte de la gracia de este proceso artesano que cada vez enamora a más aficionados pero, si no es el caso, y tampoco queremos renunciar al placer de presumir de cerveza propia, aquí está la solución para los que estén dispuestos a gastarse una considerable cantidad de dinero: Brewie

Se trata de una máquina que prácticamente automatiza todo el trabajo y que elimina todas las engorrosas tareas propias del proceso. Y no solo eso, Brewie también cuenta con opciones para poder elaborar más de 200 tipos de cervezas de forma automática sin margen de error, sin conocimientos previos y sin complicaciones. Es tan completa que incluso se limpia sola.

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Según nos cuentan nuestras fuentes expertas en la materia, ya hay en el mercado máquinas dedicadas a esto mismo (Brew-magic es una de las más populares en Estados Unidos), aunque la idea de Brewie se acerca más a una especie de electrodoméstico para tener en la cocina que a otros aparatos más diseñados para esconderse en el garaje. Además, presume de ser la primera máquina de este tipo totalmente automática. En este caso sólo necesitaremos un grifo cerca, aunque hay que tener en cuenta que es bastante enorme (71.5 x 32.5 x 45 cm) y que estamos hablando de un trasto de metal que pesa 25 kilos.

Su funcionamiento promete ser tan sencillo como una Thermomix. Basta con echar los ingredientes, programar el tipo de proceso de elaboración (mediante la tarjeta RDIF incluida con cada paquete de ingredientes) y vigilar de vez en cuando. Si ya eres un experto, siempre puedes personalizar hasta 23 parámetros del proceso para modificar las propiedades del brebaje final a través de su pantalla táctil. Esto incluye modificar tiempos y temperaturas, o añadir ingredientes.

 

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Después de 5 o 6 horas de cocinado quedan de 5 a 15 días de fermentación que podremos monitorizar desde la correspondiente aplicación del móvil o tableta (Android, iOS o Windows) y por supuesto compartir recetas en la red social cervecera creada para los usuarios de este artilugio.

El tanque permite fabricar hasta 20 litros y han calculado que el coste de una cerveza normal (330 ml.) sale por unos 0,18 euros. Y hablando de precios, Brewie ha sido financiada mediante crowfunding, y los primeros mecenas han pagado unos 1.000 dólares por ella. Eso sí, la versión final será incluso más cara.

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La cocina viejuna ya tiene su propio Premio Nacional

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Gelatina por doquier, salsa rosa a toneladas, verduras cortadas con formas de flores y platos desbordantemente horteras. Estos son algunos de los rasgos que permiten distinguir un plato auténticamente viejuno. “El viejunismo culinario engloba todos los atentados gastronómicos perpetrados en nombre de la modernidad entre los años 60 y parte de los 90″, nos explica Ana Vega. Esta bilbaína mundialmente conocida -que por algo es de la capital del universo conocido- como Biscayenne ha sido la impulsora del I Premio Nacional de Cocina Viejuna.

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Una convocatoria a medio camino entre el cachondeo y la reivindicación del cóctel de gambas como súmmum de una cocina que en su momento fue la vanguardia, pero que hoy anda de capa caída hasta en los buffets de los hoteles de Benidorm. Pero sigue teniendo tirón entre los amantes de la cocina en su versión más kitsch. De ahí que muchos de ellos se hayan animado a participar con sus creaciones en esta primera edición del concurso.

Sara Luengo Jiménez, autora del blog El nido de mamá gallina, ha sido la ganadora, con uno de los clásicos más auténticos de esta cocina viejuna: un pastel de pescado con forma de peso mismo y -según explica la organizadora- “adornado con profusión de guarniciones incomibles”.

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La magna obra de Sara Luengo Jiménez. Viejunismo en estado puro.

Además de este premio gordo -que ha conseguido una estupenda cámara Polaroid gentileza de Reflecta, un ejemplar dedicado del libro “Las 202 mejores recetas de El Comidista, y una cafetera de los años 70 entre otros regalos- también ha habido una mención especial para otro de los finalistas, y es que Adriana Consuegra Navarro fue un paso más allá y montó un auténtico menú viejuno en el que no faltaron toneladas de canapés e incluso algún refrigerio.

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Adriana Consuegra Navarro y familia perpetraron un menú completo, con su bebercio, sus canapes y su salsera.

Pero ¿de dónde surge esta alocada idea? “Tras leer un libro de recetas navideñas de los años 70 -nos cuenta Biscayenne- decidí compartir algunas de sus escalofriantes fotos y para mi sorpresa mucha gente las comentó, recordando menús familiares y traumas relacionados con el espumillón y el huevo hilado”.

Así que sólo quedaba reunir a un jurado poco cuerdo -del que orgullosamente hemos formado parte, claro- y convencer a algunos patrocinadores para que este Premio Nacional se hiciera realidad. “La segunda edición será más grande y mejor”, promete esta habitual de las blogosfera gastronómica que ha presentado un programa de cocina en Euskal Telebista y ahora ejerce de documentalista en Robin Food.

Lo de la gala en directo desde Torremolinos y el restaurante temático todavía se está negociando. “Algún avispado emprendedor debería montar un restorán para hipsters amantes de los 80, con brazos de patata, Tang y pijama de postre”, propone la nueva musa del viejunismo gastronómico. Visto el nivel de los finalistas de este año, está claro que hay cantera para próximas ediciones

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Pizzas pendientes. Un restaurante permite dejar porciones de pizzas pagadas para los sin techo

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Cualquiera que en los últimos años se haya asomado por Internet o las redes sociales conocerá de sobra la historia de los llamados “cafés pendientes”: en una cafetería de Nápoles, algunos clientes comenzaron a dejar cafés pagados para que las personas sin hogar o sin recursos pudieran pasar a tomarse un café sin pagarlo.

Una iniciativa que no sólo se volvió viral, sino que también tuvo su reflejo en muchos bares y cafeterías de España y que incluso tiene su propia web para localizar estos locales. Solidaridad e historias que van más allá del “me gusta” de Facebook y se convierten en una taza de café caliente. Sin duda, una gran idea.

Ahora, según leemos en Yorokobu, la historia se repite en una pequeña pizzería de Philadelphia. Y es que durante el último año Rosa’s Fresh Pizza ha servido más de 8.500 porciones de pizza a personas sin hogar usando este mismo sistema de pago por adelantado.

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Mason Wartman frente a los post-it que decoran las paredes de su pizzería en Philadeldphia. Fotografía de Rosa’s Fresh Pizza

Los clientes de este establecimiento regentado por Mason Wartman pueden comprar una porción por un dólar y dejar pagada alguna más para los sin techo. Los post-it de colores con las pizzas que los clientes dejan pagadas y los mensajes de los clientes se han convertido ya en la característica decoración de las paredes de esta pizzería que ayuda a unas 40 personas cada día.

Igual que en el caso de los cafés pendientes, la historia de esta pizzería y su iniciativa lleva semanas arrasando en los medios y televisiones de Estados Unidos. De hecho, no hace falta ni irse hasta Philadelphia para apoyar la idea, porque se pueden realizar donaciones -que se convierten en pociones de pizza, claro- desde la propia web del local.

¿Llegará esta misma idea a España como ocurrió con los cafés? Eso mismo nos estábamos preguntando cuando a través de la web de Cafés Pendientes hemos dado con Eliana’s Pizza, en el pueblo valenciano del mismo nombre, y que ofrece precisamente eso: pizzas pendientes.

Aunque, como suele ocurrir con las historias virales, tras las primeras semanas la atención se desvanece, alegra comprobar que tiempo después la iniciativa sigue en marcha y más de 400 bares en España participan en ella ofreciendo cafés y comida a personas sin hogar.