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La Gulateca

Recetas, libros, gadgets, vinos, restaurantes... Un blog de gastronomía sin humos

10 espaguetis de película

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¡Ah la pasta! Manjar rico y nutritivo donde los haya. Un alimento que, en cualquiera de sus infinitas y variadas formas, admite cientos y cientos de preparaciones. Desde los clásicos macarrones con tomate, hasta las más sofisticadas obras culinarias. La pasta siempre está ahí para salvar una comida, es lo que nunca falta en la despensa, lo que te reconforta en un día de resaca, lo que te da energía para lanzarte a una sesión de deporte… Y por encima de todo es y siempre será para muchos la puerta de entrada al mundo gastronómico.

En este artículo vamos a surcar de nuevo la filmoteca en busca de las escenas más memorables que se han rodado alrededor de un buen plato de pasta aunque, para acotar un poco la selección, nos centraremos en esta ocasión en su variante más popular: los espaguetis.

1- El apartamento (The Apartment, 1960)

Si hay una película que ha sabido plasmar con acierto la existencia de un auténtico loser esa es, sin duda, El apartamento, una de las obras cumbre del inmortal Billy Wilder, y una de las mejores películas de la historia del cine. Jack Lemon, en uno de sus mejores papeles, encarna con maestría a un soltero apocado y sin ambiciones que cede su pequeño apartamento a los mandamases de la empresa en la que trabaja, con la pobre esperanza de ascender algún puesto en su penosa vida. Como buen soltero sin muchas habilidades, Lemon basa buena parte de su dieta en la pasta, e incluso se atreve en una escena de la película a patentar un nuevo método para escurrirla.

2- El Padrino (The Godfather, 1970)

Los espaguetis viajaron en la maleta de los primeros inmigrantes italianos que cruzaron el charco en busca de una nueva vida en América. Y algunos de ellos encontraron la mejor de las vidas en las organizaciones mafiosas, tal y como relata Francis Ford Coppola en esa insuperable tragedia griega moderna que es la trilogía de El Padrino. En esta escena, uno de los soldados del clan Corleone le enseña al joven Michael como preparar un buen plato de pasta al más puro estilo siciliano. A partir del minuto dos en el vídeo.

3- Come, reza, ama (Eat, Pray, Love, 2010)

Basada en la novela homónima de Elizabeth Gilbert, Come, reza, ama es, por decirlo de forma diplomática, una película bastante prescindible. Pero merece la pena rescatarla para este recopilatorio aunque sólo sea por la escena en la que la siempre risueña Julia Roberts se cura sus angustias vitales devorando un platazo de espaguetis boloñesa al son de un aria de Mozart. Suponemos que después del rodaje la novia de América se tuvo que someter a una triple dieta Dukan para recuperar el tipazo que luce en el anuncio de Calzedonia.

4- La quimera del oro (The Gold Rush, 1925)

El inconmensurable arte de Charles Chaplin alcanzó una de sus más altas cotas en La quimera del oro, una de las películas que mejor ha retratado las consecuencias que pude tener sobre la psique el hecho de pasar más hambre que el perro de un ciego. De entre sus muchas escenas memorables, nos quedamos con esta genial secuencia en la que el entrañable Charlot se da un festín de Acción de Gracias con una de sus botas.

Pero ésta no es la única escena en la que Charlot bromea con los espaguetis, en Luces de la ciudad volvió a echar mano de ellos para regalarnos otro de sus fantásticos gags.

5- Uno de los nuestros (Goodfellas, 1990)

Y volvemos a la mafia para rescatar la película que cambió radicalmente la imagen que teníamos de las organizaciones del hampa. En Uno de los nuestros, el genial Martin Scorsese se deshizo de todo el honor, la solemnidad y la elegancia que inundaban el metraje de El padrino para mostrarnos a unos gánsteres maleducados, rastreros y sin ningún tipo de código de moral. Entre todos los asesinatos, el tráfico de drogas y otras bajezas, asistimos también a una entrañable escena familiar degustando un plato de pasta en casa de la abuela de Tommy, interpretada por la mismísima madre de Scorsese. Mientras, fuera de la casa, un cadáver aún caliente descansa en el maletero del coche.

6- Lluvia de albóndigas (Cloudy with a Chance of Meatballs, 2009)

Como ya hicimos en el recopilatorio de las hamburguesas de cine, volvemos a recurrir a la delirante Lluvia de albóndigas para rescatar otro de sus muchos momentazos gastronómicos. El protagonista de la secuencia es, en esta ocasión, un devastador tornado de espaguetis con pelotas de carne.

7- Seven (Se7en, 1995) 

No sé a vosotros pero a mí, con la pasta, me pasa que como y como y siempre me apetece un poco más, como si no consiguiera saciarme nunca. Claro, eso me ocurre mientras estoy en plena vorágine zampatoria, cuando me paro y soy consciente de mi nivel de deglución me siento peor que la primera de las víctimas del película Seven, esa que se encuentran los buenos de Brad Pitt y Morgan Freeman con la cabeza metida en un bol de espaguetis y con un cubo para vomitar al lado.

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8- Agárralo como puedas 33 1/3: el insulto final (The Naked Gun 33 1/3: The Final Insult, 1994)

Sin atisbo de vergüenza me declaro fans máximo de la descacharrante trilogía de Agárralo como puedas, perpetrada por el trío Zucker-Abrahams-Zucker, autores de otras cumbres del humor como Top Secret o Aterriza como puedas. Aunque los espaguetis tan sólo aparecen durante unos breves segundos, merece la pena ver esta secuencia al completo en la que Frank Drebin organiza un motín en la cárcel con la siguiente proclama: “¿A esto lo llamáis rancho? El verdadero rancho tiene tropezones flotando. ¡Esto son gachas! Y este Chateau Le Blanc del 68 debería servirse ligeramente frío. Éste está del tiempo. ¿Qué os habéis creído que somos? ¿Animales?”

9- La dama y el vagabundo (Lady and the Tramp, 1955)

Obviamente, en este modesto recopilatorio no podía faltar el momentazo in love de La dama y el vagabundo compartiendo un plato de espaguetis en un callejón. Sin ánimo de ser el típico aguafiestas y romper la magia del momento, muchos dudamos de que dos perretes sean capaces de comportarse de forma tan civilizada ante un pato de comida. El homenaje que le hicieron en Los Simpsons a esta secuencia es bastante más realista.

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10- Tampopo (Tampopo, 1985)

Estrenada en 1985, Tampopo es una original película japonesa cuya trama gira en gran medida alrededor de la pasta, ya sea en su versión nipona -noodles- o en su variante occidental -spaghetti-. Uno de los momentos más divertidos de la película recrea el intento de enseñar a un grupo de jóvenes japonesas a comer espaguetis al estilo “occidental”, es decir con cuchara e intentando hacer poco ruido.

La cerveza japonesa que te hace más joven. O eso dicen

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Que el alcohol tiene milagrosas virtudes sobre la edad es de sobra sabido. Principalmente en entornos algo oscuros, a partir de cierta hora -o cantidad- y más sobre la persona observada que sobre quién está bebiendo. Vaya, el típico “anoche parecías más joven” de toda la vida.

Pero ahora algo va a cambiar. Al menos eso es lo que aseguran los creadores de la cerveza Suntory Precious, recientemente lanzada en -como no- Japón y que promete tener efectos antiedad en la piel de quien la beba. Si el chocolate aquel que aseguraba tener efectos rejuvencedores ya provocó a más de uno un ataque entre la risa y la incredulidad, lo de la cerveza antiedad es todavía más de chiste.

Presentada con un anuncio del que no entendemos absolutamente nada, pero que deja bastante claro que esto es un producto para mujeres -ya se sabe que a los hombres tener piel de ñu les encanta- esta curiosa cerveza tiene 5 grados de graduación y cada lata incluye 2 gramos de colágeno.

Según explican sus creadores, ahí está el truco de esta cerveza “milagrosa”. El colágeno es una proteína relacionada, entre otras cosas, con el estado y la edad de la piel, y que se va perdiendo con la edad, provocando la aparición de arrugas. ¿Sirve de algo beberlo? Pues lo cierto es que, como recuerdan desde The Telegraph, numerosos estudios han cuestionado sus efectos, pero parece que eso no ha desanimado a los chicos de Suntory.

Y es que, por lo visto, lo de comer colágeno para luchar contra las arrugas no es algo nuevo en Japón, aunque últimamente sí hay cierta histeria alrededor de su uso en la cocina y en algunos productos. La buena noticia es que, funcione o no, está presente de forma natural en algunos alimentos tan ricos como las patas de cerdo.

Algo parecido nos pasa con esta cerveza rejuvenecedora. Sin duda, puestos a elegir entre carísimas cremas para dejar terso nuestro cutis o un par de cañas de esta cerveza, lo tenemos bastante claro. Lo de su eficacia ya es otro tema aunque, de momento, nos vamos a quedar con la duda porque sólo está disponible en algunas zonas de Japón.

10 libros de cocina para regalar en Sant Jordi

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Alejandro García / EFE

Es verdad que cualquier día es bueno para comprar o regalar un libro, pero Sant Jordi es una de esas fechas marcadas en muchos calendarios. Aunque San Jorge y el Día Internacional del Libro se celebra en muchas partes -desde hace unos años La noche de los libros de Madrid va cogiendo fuerza, es en Catalunya donde esa tradición resulta más popular.

En teoría, el libro para ellos y la flor para ellas, pero, por suerte, la mayoría ya ha dejado a un lado esa tradición -y los que no deberían empezar a planteárselo- y lo suyo es regalar un libro independientemente del género. Uno o varios, claro. Y no sólo regalar, sino aprovechar la excusa para agenciarnos alguno también para nosotros.

Así que, con o sin rosa, y en Catalunya o dónde sea, si tienes planeado celebrar el próximo jueves 23 de abril como merece, ahí va nuestra ya tradicional selección anual para cocinillas, gastrónomos y demás gente de bien. Clásicos, novedades, descubrimientos recientes, algunos que no deberían faltar en la estantería… Como siempre, de todo un poco y para todos los gustos.

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1. Adelgázame, miénteme, Juan Revenga. Claro que las dietas milagro para adelgazar funcionan: consiguen que la gente malgaste mucho dinero, que es exactamente lo que pretenden. Así de claro habla Juan Revenga, el nutricionista autor de este libro altamente recomendable para cualquiera que esté planteándose, a estas alturas del año, iniciar su particular operación bikini, y se sienta tentado por coger un atajo. El menú incluye un repaso histórico a esta industria del adelgazamiento, sus trucos y mentiras más recurrentes y algunos consejos para quienes de verdad quieran perder unos kilos sin sentirse estafados. Editado por Ediciones B, cuesta unos 15 euros.

 

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2. Salad Love, David Bez. Aunque pensar en un libro de recetas dedicado sólo a ensaladas puede incitar al bostezo o a buscar otra cosa, este recetario de David Bez es de lo mejor que ha pasado por nuestras manos en los últimos meses. Tras el éxito de su blog dedicado a las ensaladas, ahora llega, en versión española de la mano de Salamandra, el recopilatorio con sus mejores ideas. Bases, aderezos, ingredientes… en total más de 250 propuestas para comer cada día ensalada sin aburrirse, y tan sencillas que incluso están pensadas para poder prepararlas en la oficina. Cuesta unos 23 euros.

 

Portada.v13. Cocina para indignados, Jaime López Fernández. Se acaba de editar (Clave Intelectual) así que Sant Jordi es la excusa perfecta para echarle el guante. Como su título y color de portada prometen, esto va de gastronomía indignada. Recetas con títulos tan sugerentes como “Papas Bárcenas”, “Lentejas indignadas” o “Huevos duros 22M”, que Jaime López Fernández ha ido recogiendo en su blog con el el mismo título y que ahora se han convertido en un libro que promete ser “la forma más sabrosa y entretenida de digerir la crisis”. Por cierto, la cocina indignada también tiene su propia bodega y banda sonora entre las páginas de este libro que anda por los 20 euros.

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4. Los alimentos de nuestra despensa, Javier López Facal.  Hace poco reseñamos y aprendimos muchas cosas con este libro, como por ejemplo que en su momento la mantequilla era una cosa de bárbaros. Editado por Los libros de la catarata, y con un precio alrededor de los 17 euros, estamos ante una curiosa e interesante sucesión de anécdotas relacionadas con el mundo de la cocina, muy bien hiladas por Javier López Facal. El típico libro perfecto para regalar a cualquiera sin que necesariamente sea un apasionado  de comer o cocinar. ¿Desde cuándo comemos palomitas? ¿De dónde viene realmente la pasta? Todas estas dudas y muchas más resueltas en estas páginas.

 

venecia-recetas-de-culto_97884158888335. Venecia, las recetas de culto, Laura Zavan. Viajes y gastronomía siempre nos ha parecido una combinación deliciosa. Y si se traduce en un libro tan cuidado como este -editado por Lunwerg- el resultado sólo puede ser bueno. Un recorrido por la ciudad de los canales y las góndolas a través de algunos de sus platos más míticos y de bebidas que tanto nos gustan en esta casa como el spritz. Quienes prefieran viajar a otro continente también tienen en esta misma colección, y con idéntica filosofía, Nueva York, las recetas de culto. El precio de cada uno es de unos 25 euros.

 

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6. Mug Cakes, Susana Pérez y Jesús Cerezo (Webos Fritos). Un bizcocho que se prepara directamente en una taza y al microondas. Eso es un mug cake, un pastel que puede dar mucho juego y al que los amigos de Webos Fritos han dedicado su último libro. 25 recetas dulces y saladas y algunos trucos para dominar este nuevo arte. Nosotros ya lo tenemos por casa, así que prometemos practicar y contaros pronto nuestra experiencia. Cuesta unos 14 euros.

 

ElNegociodelaComida7. El negocio de la comida, Esther Vivas.  ¿Quién controla nuestra alimentación?, se pregunta en voz alta Esther Vivas en este libro imprescindible para conocer y entender un poco mejor el negocio de la industria alimentaria. Con su autora charlamos hace tiempo y desgranamos algunos de los puntos más interesantes de este ensayo que va desde los problemas derivados de las grandes explotaciones hasta las cadenas de supermercados. Pero no se trata sólo de economía y política, porque todas esas decisiones afectan de forma directa a nuestra compra, alimentación y cultura gastronómica. Una lectura más que recomendable editada por Icaria y que cuesta unos 17 euros.

 

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8. La importancia del tenedor, Bee Wilson. “Imprescindible para cocinillas, amigos de la divulgación histórica, aficionados a la gastronomía e interesados en el diseño”, aseguran desde la editorial Turner para presentar este libro. A lo largo de sus más de 300 páginas Wilson repasa la historia de algunos de los trastos más comunes en nuestras cocinas, en un recorrido histórico que nos hará mirar el tenedor de una forma diferente. Además de bucear en la historia de cacerolas y utensilios, el libro va un paso más allá indagando en la influencia de estos inventos a la hora de servir y relacionarse con la comida. Cuesta unos 25 euros.

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9. Rincones secretos de Barcelona, Mónica Escudero. Aunque el título pueda sonar un poco a promesa desgastada de guía de viajes, si hay alguien que conoce rincones secretos de Barcelona es Mónica Escudero, coautora -entre muchas otras cosas- del blog El Comidista en El País. O, si no  rincones secretos, al menos sí interesantes desde un punto de vista cultural y -por eso está aquí- gastronómico. Perfecto para visitantes de la ciudad pero también para habitantes que quieran renovar sus clásicos lugares de visita, o descubrir dónde comer, por ejemplo, el mejor pan de la ciudad. Editado por Grijalbo, ronda los 15 euros.

en-familia-con-karlos-arguinano_978840813366710. En familia con Karlos Arguiñano. No tiene Estrellas Michelín ni falta que le hace. El que sigue siendo el cocinero más popular y famoso del país arrasa cada vez que saca un libro y En familia con Karlos Arguiñano no parece una excepción. Pese a nuestras reticencias con los productos que llegan directamente de la televisión, este completo recetario no sólo resulta una apuesta segura y fácil de regalar a mucha gente, sino que también es completo y útil. En total, unas 350 recetas de platos sencillos y caseros que no pretenden reinventar nada sino que tengamos a mano un recetario de uso diario. Lo edita Planeta y cuesta 23 euros.

El negocio del ‘León come gamba’

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Siempre nos quedará la duda de si todo es fruto de un guionista inspirado y puesto hasta arriba de creatividad, o es que simplemente la realidad supera la ficción. El caso es que el León come gamba del pobre Alberto de MasterChef -humillado y expulsado del programa- se ha convertido en uno de los mayores hits en la historia de este programa de (¿cocina?) de televisión.

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Tras el cachondeo inicial y los chistes de los más rápidos -hay que reconocer que la gente tiene mucha gracia-, quien más quien menos ha intentado sacar tajada de la famosa patata reconvertida en lamentable león. Los periodistas jugando a ser más graciosos que nadie, a ver si suena la flauta y podemos subirnos a la ola del viral de turno. Los fabricantes de camisetas reproduciendo sobre tela los recurrentes chistes, e incluso algún restaurante ya ha incluido en su carta el “león combe gamba” (rebozado, eso sí) o ha creado un pintxo en homenaje a esta creación culinaria. 

Por supuesto, las marcas no han querido quedarse al margen de la histeria leóncomegambista y todos los community manager echaron mano de sus mejores recursos para vincular cervezas, bayetas y refrescos con la popular imagen de la patata. La verdad es que mucho tampoco se comieron la cabeza.

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Lástima que las recetas no tengan derechos de autor porque si no el malogrado Alberto podría convertir el plato del que tanto se ha reído todo el mundo, y que espantó al jurado, en uno de los más rentables de la historia de la gastronomía española. Aunque, pensándolo bien, esa foto o imagen o lo que sea sí tendrá sus derechos, ¿no? ¿Va a facturar Televisión Española lo que corresponde a todas estas marcas tan ingeniosas?

Pero la palma se la lleva Renova, la marca de servilletas y papel higiénico y demás que, no sólo es uno de los patrocinadores de MasterChef, sino que se apuntó el tanto de sacar las primeras servilletas dedicadas al león de patata. Sí, parece una noticia de El Mundo Today, y la primera reacción lógica es pensar que se trata de una broma, pero todo parece indicar que va en serio.

Según repiten un montón de medios, estas servilletas de Renova ya pueden comprarse en la web de la firma por 2,79 euros el paquete de 20 servilletas. Nosotros, por cierto, no hemos sido capaces de dar con ellas en la tienda on-line así que, si alguien tiene suerte, que avise. Con lo que sí nos hemos topado es con unas servilletas de Felipe VI y Letizia que, además de dejarnos bastante fascinados, parecen confirmar que en Renova son muy de hacer cosas de éstas.

Al final, el chico raro que juró en pleno ataque de dramatismo no volver a cocinar, ha acabado convertido en una estrella, y su plato en la sensación del momento. Veremos cuanto dura la tontería y si, como insinúan algunos, habrá repesca teniendo en cuenta el potencial para la audiencia. Pero visto el panorama, a ver quién se atreve a asegurar ahora mismo que no veremos una línea de productos con el sello de este muchacho o incluso un programa propio.

Esto no va de cocina, va de espectáculo, de audiencia y, claro, de dinero. Y el León come gamba ha demostrado ser una auténtica joya.

Receta de Sant Jordi: rosas de manzana y rosas de bacon

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Lo de los libros y las rosas por Sant Jordi está muy bien, pero si añadimos algo comestible la cosa siempre mejora. Por eso hemos rescatado una genial receta de Cooking with Manuela que descubrimos hace unos días y que, no sólo cumple con los requisitos de esta casa (sencilla, original y aparente), sino que resulta perfecta para esta semana en la que la tradición -al menos por Catalunya y cada vez más lugares- dice que hay que regalar rosas.

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Aunque la ocurrencia no es nuestra, además de tunear un poco la receta original de rosas con hojaldre y manzana, hemos perpetrado -como no- nuestra propia versión, un poco más salvaje, a base de bacon. Porque, como dicen los sabios, todo mejora con bacon. También las rosas comestibles.

Media docena de rosas -mitad de manzana para los más sanos, mitad de bacon para los que se animen- que se preparan en un momento y que dejarán al mismísimo San Jorge como un aficionado. En realidad, a nosotros siempre nos cayó mejor el dragón.

Ingredientes (para 6 rosas, 3 manzana + 3 bacon)

  • 1 placa de hojaldre
  • 1 manzana (roja, claro)
  • 6 tiras de bacon
  • Mermelada de fresa
  • Mermelada de tomate
  • Azúcar glas
  • Queso para rallar

Preparación

Ésta es la típica receta en la que vamos a necesitar un poco de fe. Si a nosotros nos han quedado unas rosas más o menos decentes significa que cualquiera puede seguir las instrucciones y conseguir un resultado igual de aparente. Sólo hay que creérselo y, en serio, salen.

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Dejamos nuestra placa de hojaldre fuera de la nevera un rato para que se temple. La idea es que sea rectangular -la mayoría las venden así- para que nos facilite el trabajo. Evidentemente, si alguien se anima a hacer hojaldre casero, pues mucho mejor, pero como hemos prometido que esta receta se resuelve en una hora, mejor coger atajos.

Mientras dejamos que la placa de hojaldre, ya estirada, repose, partimos una manzana roja por la mitad -sí, de esas bonitas- quitamos el corazón y la partimos en rodajas bastante finas, como las que se ven en la imagen. Preparamos un bol con agua y el zumo de medio limón y sumergimos -que queden más o menos cubiertas- las rodajas de manzana.

Lo metemos  2 o 3 minutos en el microondas a máxima potencia hasta conseguir que la manzana se ablande y podamos doblarla luego sin que se parta. Lo dejamos 2 minutos, comprobamos si ya están listas -ojo que quema- y, o lo dejamos un poco más, o las sacamos y escurrimos bien con un colador. Aprovechamos también para ir precalentando el horno a 180 grados.

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Partimos la placa en 6 tiras (vamos a hacer 6 rosas). ¿Qué grosor? Pues el que sale de dividir una placa típica de las que venden en seis partes. Además, preparamos las dos mermeladas que, lo mismo, pueden ser caseras -más ricas- o compradas. La receta original usaba de melocotón pero nosotros, por aquello del color, hemos usado de fresa para las rosas de manzana y de tomate para las de bacon. En los dos casos queremos que esté un poco más líquida que la textura original, así que diluimos con un poco de agua para que sea más fácil untarla sobre las tiras de hojaldre.

Una vez extendida la mermelada, colocamos los trozos de manzana como se ve en las imágenes: bastante arriba y un poco montados unos encima de otros. Van a ser los pétalos de esta rosa comestible, así que cierta irregularidad en tamaño y colocación nos vendrá bien en el resultado final. Hacemos lo mismo con los trozos de bacon, partidos con un tamaño similar al de la manzana.

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Ahora viene la parte más delicada aunque, insistimos, es muy fácil. Doblamos la mitad del hojaldre hacia arriba, cubriendo parte de las manzanas o el bacon. Y desde uno de los extremos, con cuidado, vamos enrollando la tira hasta llegar al final, consiguiendo así -para nuestra sorpresa- una estupenda rosa de manzana o de bacon. La primera, cierto, bastante más bonita pero menos sabrosa y engordante que la segunda.

Por cierto, antes de doblarlas podemos añadirle lo que nos apetezca. Por ejemplo, a las de manzana les sienta muy bien un poco de canela y, si somos golosos, tampoco es mala idea echarles un poco de azúcar en este momento, sobre todo si la mermelada que usamos no es muy dulce.

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El proceso con las de bacon es exactamente el mismo: mermelada, colocar -ojo con la cantidad- enrollar y listo. Colocamos las rosas en el típico molde para magdalenas. En uno con diámetro de 6-8 centímetros encajan a la perfección. Lo metemos al horno entre 30-45 minutos, aunque a partir de la media hora estaremos bien atentos para no carbonizar nuestras rosas.

La idea es que el hojaldre quede bien hecho sin que se queme la manzana o el bacon, aunque la verdad es que estas últimas bien tostadas tienen su gracia. Si vemos que se están haciendo demasiado rápido las bajamos a una bandeja inferior del horno para que no se tuesten tanto.

Dejamos que se enfríen y espolvoreamos las rosas de manzana con azúcar glas y canela, y rallamos un poco de queso sobre las de bacon para rematar la jugada. Ahora ya sólo nos falta decidir qué libro regalar este año por Sant Jordi, aunque de eso ya hablamos mañana.

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‘La Bruja Avería’, un vino de Comando G para nostálgicos de los 80

Bruja Averia - Comando GLo reconocemos: somos de esos que muchas veces eligen un vino por la etiqueta. Los grandes gurús del asunto estarán espantados pero nos consta que no somos los únicos que ante una estantería repleta de botellas desconocidas, al final el diseño -y el precio, ojo- acaban inclinando muchas veces la balanza. Fue así como conocimos La Bruja Avería en Vila Viniteca (Barcelona).

Y como somos de esa generación con la que la nostalgia ochentera funciona perfectamente fuimos directos a por esa botella con una etiqueta y un nombre tan sugerente. Más, al descubrir que tras ella se escondía la bodega Comando G. ¿Casualidad o un guiño generacional?

Para salir de dudas hablamos con Fernando García y Daniel G. Jiménez-Landi, los nombres detrás de esta pequeña bodega en la Sierra de Gredos que produce vinos con DO Madrid principalmente. Acertamos, pero solo a medias, porque lo de Comando G tiene más de un argumento: G de garnacha, de Gredos -donde están sus viñedos-  y, por supuesto, de aquellos míticos dibujos animados japoneses.

Un juego que se repite con La Bruja Avería, un tinto joven, con etiquetas de diferentes colores en las que la bruja en cuestión -de rasgos bastante más dulces que la de la televisión, por cierto- va cambiando cada año.

“Hay un vino de garnacha de la zona del Roussillon que nos influenció en nuestros inicios -nos explican- y que se llama la sorcière (bruja en francés). Además, el pueblo de donde salen las uvas (Rozas de Puerto Real) es muy mágico y místico. Y claro, el guiño a La Bola de Cristal que tanto marcó nuestra infancia los sábados por la mañana”.

Pero más allá de la anécdota, Comando G es una bodega que algunos expertos no dudan en calificar como uno de los proyecto vitivinícolas más interesantes de los últimos años. “La idea es hacer vinos de calidad que reflejen zona, suelo, añada y variedad. Con eso hacemos nuestros 3 pilares, vinos con frescura, elegancia y terroir“, apunta Fernando García. Prima la calidad y la seriedad aunque también reconocen que el nombre ayuda a “quitar un poco de clasismo al asunto del vino”.

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Daniel G. Jiménez (a la izquieda) y Fernando García

Si ya de por sí la garnacha es una uva compleja, en este caso se le añaden las peculiaridades de la altitud (entre 900 y 1.200 metros) y de estos viejos viñedos (entre 50 y 80 años) que se reparten en 10 hectáreas, por las laderas de las montañas, en lugares de difícil acceso. Enraizadas en suelo granítico, esta singular bodega apuesta por la agricultura biodinámica y, además, trabaja las viñas con mulas.

Sus creadores se conocieron en 2005 estudiando enología y fue en 2008 cuando arrancó este proyecto. ¿Una locura embarcarse en una aventura así? Puede ser, pero sobre todo es fruto de la pasión, defienden. “Pasión por un trabajo, por el medio ambiente, por el desarrollo rural, por rescatar viñas casi abandonadas, por el patrimonio de nuestro pasado agrícola… Esto hace que te vayas involucrando y desarrollando el proyecto, todo sin perder las raíces”.

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El resultado es este La Bruja Avería, un tinto 100% garnacha envejecido 7 meses en barrica y que -como dicen quienes saben mucho más que nosotros- es amable pero también complejo, fruto de esas peculiaridades de las viñas y el terreno. La producción es de 30.000 botellas y su precio anda entre los 12 y los 15 euros.

Además de La Bruja Avería -que definen como “un vino de pueblo”- también elaboran un vino selección de parcelas (Rozas 1o Cru) y un vino de parcela (Las Umbrías). La oferta actual de la bodega se completa con Tumba del Rey Moro (un tinto al filo de lo imposible, aseguran), Rumbo al Norte (“la joya de la corona”) y El Tamboril 2012, un blanco que, como el resto, también es 100% garnacha.

¿Quién dijo que la nostalgia no sirve para nada? A nosotros al menos nos ha servido para descubrir un gran vino mientras recordamos la musiquilla de Comando G y aquello tan premonitorio que gritaba la Bruja: “¡Viva el mal! ¡Viva el capital!“.

Cómo hacer que la comida basura parezca alta cocina

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Lo tienen todo para ser los típicos platos de restaurante con aspiraciones a estrella Michelin: comida bien colocada, hilos de salsa decorando un plato enorme, ingredientes variados de colores y aspecto apetecible… Todo es perfecto, salvo por un pequeño detalle, en realidad estamos ante un surtido de comida rápida, o eso que los menos finos o políticamente correctos llaman comida basura.

La genial idea de presentar y fotografiar este tipo de comida como si fueran platos de alta cocina obra de un usuario de Instagram que firma como Chef Jacques La Merde. Por si el nombre o la ocurrencia no fuera suficiente para declararnos inmediatamente admiradores suyos, ahí va otro detalle que encantará a los más frikis: en su cuenta de Twitter aparece nuestro querido Ecce Homo en su versión ya restaurada en plan casero. 

Pero dejando a un lado la figura de este misterioso emplatador y fotógrafo, hay que reconocer que ambas cosas se le dan bastante bien y que sus creaciones dan bastante el pego. Pero ojo que la idea no es simplemente volcar el Whopper de turno sobre el plato, sino que el amigo La Merde opta por mezclar diferentes ingredientes y salsas para sus platos. La condición, eso sí, siempre es la misma: comida rápida, ingredientes de esos baratos y no muy bien considerados, y alguna que otra chuche para que el resultado sea además un poco crocante, como dicen los críticos profesionales.

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Merece mucho la pena darse un paseo por su Instagram y recrearse con los platos. Lleva poco más de un mes y ya ronda los 50.000 seguidores de las 25 creaciones culinarias que ha publicado hasta ahora, así que está claro que la idea tiene éxito.

Entre nuestras preferidas, el huevo Kinder -de mercado negro, porque en Estados Unidos está prohibido, recuerda- relleno y presentado en plan cocina molecular, el hot dog on a stick (es que le tenemos mucho cariño desde que fuimos a Las Vegas) que pasa de ser una de las cerdadas más infames que hemos probado a algo realmente apetecible, o un burrito perfectamente troceado y acompañado con -atención- esferas de Gatorade de limón y Doritos.

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¿Apetecible? La verdad es que a primera vista sí. Algunos consideran que se trata de un experimento gastronómico-sociológico, otros hablan de una burla de esa cocina que pone más atención en la presentación que en el contenido, y luego están los que creemos que se trata simplemente de una feliz ocurrencia.

Pero la pregunta del millón es si, servidos en un restaurante, estos platos llegarían a colar. Teniendo en cuenta que ya en su momento en una feria de productos naturales y orgánicos se sirvió este tipo de comida y todo el mundo parecía encantado, la verdad es que  cualquier cosa es posible.

El nuevo ‘MasterChef’, en cifras

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MasterChef ha vuelto con fuerza: 3 millones de espectadores siguieron el estreno de la tercera edición el pasado martes y fue el programa más comentado del día en las redes sociales. Lo que viene siendo otro éxito. No nos extraña, el fenómeno del reality culinario no tiene, por el momento, síntomas de agotamiento, y la fórmula está probada y garantizada.

Así que, como ya adelantamos hace unos días, la nueva temporada se presenta sin novedades destacables ni en la mecánica ni en los roles de concursantes y jurado. En todo caso un plus de reality en forma de historias personales dramáticas, y un ejercicio de humillación, la expulsión de Alberto, muy discutible en el caso de un programa grabado con antelación. Vale, merecía irse a casa con la cabeza de león que ya protagoniza decenas de memes a estas horas, pero no con la dureza del jurado ni el posterior regodeo morboso de Eva González.

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El ya famoso “León come gamba” de Alberto

En cualquier caso, mucho se ha opinado, y nosotros también, sobre este tipo de formatos. Por eso, ante la nueva edición de MasterChef, y mientras el segundo programa de la temporada ya va perfilando quiénes serán los más queridos y odiados esta vez,  se nos ha ocurrido que podría ser interesante acercarnos a este MasterChef a partir de las cifras.

Como diría Anita Pastor: estos son los datos, suyas son las opiniones.

8 contra 7. Paridad entre mujeres y hombres en los 15 concursantes finales. Es la tónica del programa, que también cuenta con un ganador y una ganadora en las ediciones anteriores. Como reflejo de la sociedad, podría parecer que en los hogares españoles los fogones no tienen género y, de paso, tampoco el resto de tareas domésticas. Hay quien defiende que la tele es un reflejo de la sociedad, ¿seguro?

32 años. Es la media de edad de los concursantes seleccionados, y eso que entre ellos hay una veterana de 69 años con mucha energía pero pocas posibilidades de desarrollar una larga carrera en el mundo de la restauración. Sin Encina la media de edad se sitúa en 29 años. Más de la mitad de los concursantes están en la veintena y sólo dos tienen más de 40. Se trata de un claro rejuvenecimiento del programa: la media de edad de la segunda edición era de 39 años. ¿Habrá más ímpetu, poca reflexión y la energía desbordante propia de las edades más tempranas? Habrá que ver.

2 concursantes de los 15 tienen historias personales duras e infancias complicadas: Fidel creció en un orfanato y Sally fue criada por sus tíos y Sarita, su tutora, fue quién la animó a cocinar. Así pues, la dosis de lágrimas y emoción está garantizada.

1228 followers tiene -al menos tenía en el momento de escribir esto- Carlos, el concursante de la risa nerviosa. Es el primero si hacemos un ránking a partir de Twitter. Le sigue de Fidel, con 929. En cambio, en la parte baja, se sitúan Raquel con 300 y Mila con 304. En todo caso, éste es un concurso donde no hay lugar para votaciones populares, todo el peso recae en el jurado. Por cierto, si nos fijamos en el ránking twittero, Jordi Cruz es el absoluto líder de masas con 161 mil seguidores. Casi nada.

27:30 minutos. Es el tiempo que vimos cocinar en el primer programa. Si tenemos en cuenta que el programa tiene 2 horas de duración, esto representa más o menos el 23% del tiempo de emisión. Es un argumento muy socorrido decir que en este tipo de programas el cocinar es casi anecdótico. Así que vamos a comparar este 23% con los momentos en que el jurado habla, juzga y delibera sobre lo cocinado. Si tomamos como medida el primer programa, las valoraciones se extienden durante 55 minutos, lo que representa un 46% del programa, casi la mitad.

Cierto es que se trataba del programa de presentación y de cásting. En el segundo programa, el primero real, la proporción se invierte con 41 minutos cocinando -un 32% del tiempo total- contra 34 minutos de deliberación, un 26%.

35 veces hemos visto a Pepe Rodríguez engullir comida con esa forma tan personal de hacerlo, ¡con esas ganas! Es una de las imágenes más icónicas de este cocinero mediático, y en el programa no nos han defraudado. Ya lo hemos visto incluso comerse una cabeza de gamba entera. Realización se volca con las catas de Pepe “el minotauro” – afortunada definición de Encina -. Por detrás viene Samanta con 23 planos de ella tenedor en mano y muy por detrás Cruz con solo 13. Será que hay que mantener la línea, o que está demasiado ocupado en su rol de jurado duro y estricto.

11 recetas carnívoras. En la prueba final pudimos ver qué tipo de futuros cocineros había en la selección, y está claro que en esta ocasión el veganismo no triunfa. Además de las 11 recetas carnívoras hay 10 más con pescado y marisco. Incluso Lidia, la dietista-nutricionista, que podría ser digna sucesora de la concursante vegana, optó por un plato de conejo. Sin chorizo, eso sí.

Sólo dos concursantes lo intentaron con un postre. Uno de ellos se lleva el premio a la planificación, por la intención de cocinar una tarta que necesita 8 horas para congelar. Muy lógico cuando solo se dispone de 60 minutos.

Pero sin duda la sensación durante mucho tiempo va a ser ese “león come gamba” del que hablábamos al principio. El plato que ha tenido la deliberación más corta y la expulsión más rápida en la historia del concurso. Una personalidad naïf en el contexto de impostada agresividad del formato provocó, para algunos, un momento televisivo impagable y, para otros, un momento de vergüenza ajena difícilmente superable.

“Esto es MasterChef”, repite como un mantra Eva González. Efectivamente, todo esto y mucho más es MasterChef, el programa de televisión donde un concursante puede afirmar: “Quería ser presidente del gobierno pero ahora estoy en MasterChef”.

Perdone pero hay una chica desnuda en mi taza de té

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¿Quién dijo que la hora del té es aburrida? Si eres de los que lo piensa, nada más lejos de la realidad. Eso sí, siempre y cuando cuentes con un set de té como este.

Naked Girls es obra de la ilustradora danesa Esther Hörchenr. Consiste en un juego de tazas de porcelana ilustradas con chicas desnudas. Pero que nadie se escandalice, que todo tiene una estética muy cuidada y delicada. La gracia está en que, según se va bebiendo, se va descubriendo a esa señorita que se está dando un baño en nuestra taza. Las cucharillas que acompañan al juego están ilustradas con pequeñas piezas de ropa. De esta forma, si alguien no se siente muy cómodo con las chicas, siempre puede “taparlas”.

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La tetera sigue la misma estética de las tazas e incluye, como es lógico, su propia musa. Este bonito y divertido juego de té cuenta también con su propio azucarero, otra delicada pieza que hace de éste un conjunto de lo más original.

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Si alguien se anima, el juego completo está a la venta en la tienda online Het Paradijs por unos 90€. Barato no es, pero os aseguráis que no os falte la compañía a la hora del té.

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Receta vegana y sin gluten: magdalenas de limón con crema de almendras

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Más allá de esa moda que existe en torno a los alimentos sin gluten, para mucha gente con alergia total o parcial a esta proteína es algo mucho más serio que eso. Precisamente pensando en todos ellos, la receta de esta semana es apta tanto para los que optan por una alimentación vegana como para quienes han tenido que eliminar el gluten de su menú.

La buena noticia es que, en ambos casos, eso no implica renunciar a platos tan ricos como estas magdalenas que, pensándolo bien, son en realidad aptas para todos los públicos. Además, son muy sencillas de hacer, no se tarda nada en prepararlas y podemos hacer bastante cantidad porque aguantan perfectamente congeladas si las guardamos antes de añadir la crema de almendras que les hemos puesto por encima.

Ingredientes

Para las magdalenas

  • 200 gr. de harina de trigo sarraceno
  • 1 cucharada de harina de garbanzo
  • 100 ml. de aceite de girasol o de oliva suave
  • 200 ml. de leche vegetal (soja)
  • Zumo de medio limón
  • Ralladura de un limón y una lima
  • 10 gr. de impulsor
  • 100 gr. de azúcar moscavo

Para la crema de almendras

  • 3 cucharadas de crema de almendras blancas
  • Sirope de agave al gusto
  • 1 cucharada de zumo de limón (se puede añadir más dependiendo del gusto)
  • Agua filtrada para ajustar la textura de la crema si fuera necesario
  • Almendras tostadas para decorar

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Preparación

Antes de nada, precalentamos el horno a 170º. Mientras va cogiendo temperatura preparamos la masa para las magdalenas. Es muy sencillo: mezclamos todos los sólidos por un lado (harinas, azúcar, impulsor) y los líquidos (leche de soja, aceite y zumo de limón) por otro.

En el caso de los líquidos añadiremos primero el limón a la leche de soja para que se corte y después lo batiremos con la batidora hasta crear una crema de textura parecida a la mahonesa. Mezclamos ahora los sólidos y los líquidos para obtener la masa de nuestras magdalenas sin gluten.

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Vertemos esta masa en moldes individuales -en nuestro caso no teníamos a mano del tamaño que buscábamos y hemos usado varios de papel para evitar que se saliera la masa- y los ponemos en el horno unos 20 minutos o, como siempre, hasta que al pinchar un cuchillo salga limpio.

Otra opción es verter toda la masa en un molde más grande y así obtener un bizcocho perfecto para utilizarlo como base para una tarta. En ese caso, eso sí, habrá que cambiar los tiempos de horneado hasta unos 30 o 40 minutos dependiendo del molde. Ésta es una buena opción para preparar tartas sin gluten sin tener que recurrir a preparados ya específicos para celiacos.

magdalenas_sin_gluten_03Para decorar las magdalenas vamos a usar crema de almendra. La podemos encontrar en cualquier supermercado, aunque es verdad que suelen llevar mucho azúcar, así que mejor usar una que no tenga. En nuestro caso hemos utilizado una de marca Monky, pero si no encontramos también podemos usar la azucarada eliminando en ese caso el sirope de agave de la mezcla.

Mezclamos la crema de almendras con el zumo de limón, el sirope de agave o melaza de arroz y ajustamos -si fuera necesario- con una o dos cucharadas de agua la textura de la crema. Tiene que ser espesa pero también lo suficientemente líquida para poder extender sobre las magdalenas.

Para finalizar, decoramos con las almendras laminadas tostadas y ya tenemos listas nuestras magdalenas aptas para todos los públicos.

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