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‘Platé’, el vino de plátano

Plate cino platanao-300El vino se hace con uva así que, efectivamente, Platé no es un vino propiamente dicho porque está elaborado a base de plátano. Carlos Guevara, uno de sus creadores, lo reconoce sin problemas. Pero dado que el proceso que se sigue es similar al de la vinificación, y que el resultado, en cierto modo, recuerda a un vino blanco, lo de “vino de plátano” parece un nombre muy apropiado.

Además, no nos engañemos, suena mucho mejor que “bebida alcohólica a base de plátano fermentado”, que es la descripción dada por el Instituto Canario de Calidad Agroalimentaria (ICCA). Pero que no sufran los puristas que andarán espantados con este invento llegado de las islas: la palabra vino no aparece en ningún lugar de la etiqueta.

Hace unos meses tuvimos la ocasión de probarlo en el Fòrum Gastronòmic, y durante estos días Platé también estará presente en la feria Fitur de Madrid, en el stand de las Islas Canarias.

Pero más allá del evidente reclamo de un vino de plátano, ¿a qué sabe esta bebida? Pues a plátano, claro. O más concretamente, nos recuerda a un blanco muy fresco y afrutado con toques de fruta tropical y predominio de esta fruta canaria aunque, por suerte, sin llegar a ser empalagoso o dulzón. La verdad es que frío -se recomienda servir entre 6 y 8 grados- aguanta el tipo muy bien.

Según nos explica Guevara, la elaboración es bastante trabajosa y pasa por obtener un batido a partir de los plátanos pelados -la selección y el pelado es manual, aseguran- que después se fermenta de una forma similar a la uva y se filtra a través de un complejo proceso que ha desarrollado la propia compañía que lo produce.

Platé no es un licor, puesto que no se añaden alcoholes destilados y tampoco colorantes ni aromas artificiales”, explican sus creadores. Detrás de este proyecto canario hay un trabajo de más de dos años, desarrollado en Sauzal (Tenerife) por Carlos Guevara -ingeniero agrónomo- y Cristian Ramos, agricultor y productor de vino.

Plate, vino platano

Por ahora, eso sí, la distribución es bastante limitada y de las 15.000 botellas producidas el año pasado la mayoría se vendieron en Canarias. Encontrarlo fuera no es fácil, aunque sus responsables nos aseguran que ya puede comprarse en Madrid en el Mercado de San Antón (Delicatessen) y en La viñeta de Carmelo. Además se puede adquirir on-line en Fine Wines & Oils con un precio de 11,5 euros.

Si la publicidad de comida fuera honesta

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“El chocolate de los aeropuertos”

La publicidad está ahí para vender, no para decir la verdad -o no necesariamente- aunque siempre -o la mayoría de las veces- dentro de los límites que establece la ley al respecto. Los márgenes, eso sí, son amplios, las trampas de sobra conocidas y las promesas muchas veces falsas.

De ahí que sean tan necesarias respuestas como la campaña Mentira podrida de la que hablaba el otro día nuestro compañero Juan Revenga en su blog sobre nutrición. Productos que presumen de naturales, enriquecidos, caseros, tradicionales y demás patrañas y que, por supuesto, prometen ayudarnos a aumentar o reducir algo. Todo ello gracias a unos supuestos efectos, ingredientes o elaboración que luego, en el mejor de los casos, la letra pequeña se ocupa de matizar.

Algo parecido, aunque con un trasfondo mucho menos serio, hacen desde hace tiempo en Honest Slogans, una web que se dedica a crear lemas alternativos para muchas de las marcas más conocidas del mundo. Eslóganes con mucho humor y mala leche basados en lo que realmente todo el mundo piensa de esas firmas, por mucho que la publicidad oficial prefiera centrarse en otros asuntos.

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“Aire con sabor”

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“Hagamos que ese aroma del pan impregne tu ropa”

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“La forma de la botella hace que el agua sepa mejor”

Las marcas de alimentación, claro, no se libran de esta sobredosis de honestidad que nos recuerda que Toblerone es el chocolate de los aeropuertos -¿alguien lo ha comprado alguna vez en otro lugar?-, que en Subway huele raro -y los bocadillos son de aquella manera, añadimos-, que lo de renovarte por dentro es una metáfora que ya no suena fina, o que las bolsas de patatas fritas venden, en gran medida, aire con aroma.

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“Mmm, sal”

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“Cuando no hay Coca Cola”

¿La calidad no es cara? ¿Hay mucho secreto en esa masa? ¿De verdad triunfa esa cerveza donde va? ¿Son realmente esos unos supermercados de confianza? ¿A eso le llamas enriquecer y no cocer? Sería realmente divertido reconvertir todos esos lemas -por citar algunos especialmente conocidos gracias a la publicidad- en versiones más honestas.

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“Porque sólo tiene 4 dólares”

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“Te ayuda a ir al baño”

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“El agua de los ricos”

Lecciones de filosofía alrededor del vino

FilosofiadelvinoEn el inicio no fue el verbo, fue la boca. Esta es la primera lección que se aprende gracias al ensayo de Béla Hamvas, La filosofía del vino. Con la boca se alimenta y se aprende, decía Novalis. Con la boca se habla, se besa y se alimenta. Con la boca se hace física y metafísica. Y con el vino, incluso religión.

Hacer filosofía es hacer conceptos, decía Gilles Deleuze. Y La filosofía del vino de Béla Hamvas hace precisamente eso: crea nuevos modos de pensar sobre el vino y gracias a él. Que nadie se confunda, éste es un libro de filosofía, pero también es un libro imaginativo y humorístico.

“Malditos ateos, el vino es una religión”, defiende Hamvas. Tal vez la única que merezca ser amada, rezada y bebida. La religión del vino, la de Saturno, la de los melancólicos y los genios, la de Dionisios, la de las máscaras y los rostros…

Hombres de religión frente a la razón abstracta. Hombres que carecen de corazón y sólo tienen rostro. De eso hablaba también Nietzsche en el Zaratrusta y de eso -de la metafísica del vino- se habla en este tratado. El vino te da las máscaras, el corazón, la pasión y el amor por la vida.

El vino es también física, claro. Hay países de vino y otros de aguardiente, cosa de bárbaros. Hay vinos llanos, de montaña y criados junto al agua. Los hay de rubios y morenos, masculinos y femeninos, vinos que son sopranos, contraltos, tenores o bajos. Los hay místicos, lógicos, visuales y acústicos. Los hay holgazanes, coquetos, locuaces y trágicos.

La vida entera son cambios. Son diferentes vidas, nuevos conceptos, son nuevos “tú” y “yo”. Por eso hace falta algo más para comprenderla y cambiarla constantemente en un ejercicio de gimnasia casi revolucionaria. Tu triste vida diaria -se defiende con pasión en estas páginas- solo será menos triste si vas más allá de la física. Y es ahí donde, de nuevo, el vino se convierte en la herramienta necesaria para esos cambios. Pero no es en pos de la embriaguez, sino en busca de la experiencia hedonista.

La comida se debe ajustar al vino y no al revés, como ya decía Kingsley Amis en Sobrebeber. Lo contrario es cosa de ateos, porque es el vino el que da el alma; la comida sólo alimenta, reivindica Hamvas. Así que no teman los que hayan llegado hasta aquí entre bostezos filosóficos, que en estas páginas que tenemos entre manos también se habla de qué platos pueden tener el honor de acompañar a qué vinos. O en qué situaciones y en qué vida -ya hemos dicho que hay muchas- se debe optar por una u otra botella.

Y hasta aquí puedo escribir. El resto deberás leerlo, ateo de razón abstracta.

‘Ramnut’, un donut de ramen

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El tuning de donuts se nos está yendo de las manos. Parece que idear nuevas versiones de estas esponjosas rosquillas es el hobby de moda entre los cocinillas del mundo. De momento, el último en sumarse al movimiento, aportando su propia y estrafalaria versión, ha sido Josh Scherer, un blogger de Los Ángeles en cuyo blog -Culinary Bro-Down- encontraréis unas cuantas recetas hipercalóricas, con una pinta estupenda y contadas con grandes dosis de humor, ironía y pinceladas de crítica ácida. 100% recomendable. 

La historia ya fue muy comentada en su momento pero, dado nuestro conocido amor por la cerdadas de este tipo, hemos querido recuperar la singular creación de este Scherer: un donut de ramen bautizado como Ramnut. ¿Es dulce? Sí, ¿Está bueno? Ni él mismo sabe decirlo.

Lo cierto es que, según cuenta, eso es lo de menos. La creación del Donut de Ramen va más allá de si sabe bien o mal, asegura en plan autoconvencimiento, se trata de lanzarte a crear tu propia cultura culinaria popular. Todo ello aprovechando para hacer un alegato sobre el hecho de que la mayoría de consumidores no tienen la más ligera idea de lo que comen y de cómo somos cada vez más permeables al marketing y packaging culinario.

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Podéis encontrar la receta del invento en el blog de Josh. Así, de entrada, no parece demasiado apetecible pero ¡quién sabe! Si alguno se anima a prepararla estaremos encantados de leer sus impresiones. Y ya que os ponéis a probar cosas raras con donuts y ramen, la donut burger y la hamburguesa con “pan” de ramen también figuran en el top ten de las guarradas a probar.

Puerros asados con salsa tahina

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Entre que estamos en plena temporada de calçots por Catalunya y que hemos vuelto de Israel cargados de recetas y salsa tahona, esta receta era inevitable. Fue en Tel Aviv donde probamos lo que es un clásico de la zona: verduras asadas acompañadas de esta salsa a base de semillas de sésamo.

En lugar de berenjena como en Port Said -muy recomendable, por cierto- nuestra versión es a base de puerro asado. No son calçots pero ahora que ningún catalán nos escucha -se ofenden mucho con ésto- su sabor guarda ciertos parecidos. Si lo acompañamos con unos garbanzos salteados con comino, tenemos un plato completo, sencillo (kosher y cantar, si se nos permite el chiste malo) y con todo el exotismo de la cocina árabe y judía.

Ingredientes

  • 3 o 4 puerros
  • Salsa tahina (también podemos hacerla nosotros)
  • Zumo de medio limón
  • Medio diente de ajo
  • Miel
  • Aceite de oliva
  • Garbanzos
  • Comino o ras el huna

Preparación

Ponemos el horno a precalentar a 180 grados mientras vamos preparando los puerros: quitamos el extremo y la parte verde, eliminamos un par de capas exteriores (las más duras), los partimos si son grandes y los lavamos bien debajo del grifo.

En una bandeja con un poco de agua en la base, añadimos aceite y sal y los horneamos unos 15-20 minutos por cada lado hasta que estén hechos y un poco tostados en la parte exterior. Aunque para esta receta no nos interesa ahumarlos demasiado, es interesante esta versión que El Comidista ha rescatado de un recetario de Albert Adrià y que, básicamente, deja los puerros, una vez asados, unas cuantas horas en aceite para potenciar ese toque ahumado.

Mientras se van haciendo, y sin despistarnos demasiado del horno para que no se quemen, preparamos la salsa. Queremos una sala de sabor suave y no muy densa, como se puede ver en la imagen, así que dependiendo de cómo sea la tahina que hayamos comprado habrá que prepararla de una u otra manera. Nosotros nos hemos traído una ya bastante líquida que en Israel se encuentra en cualquier mercado -y a precio bastante más correcto que aquí, por cierto- pero en España lo habitual es encontrarla con textura de puré bastante denso.

En cualquier caso, picamos bien el ajo -o lo machacamos, o añadimos ajo en polvo- el zumo de limón y una cucharada pequeña de miel para cuatro cucharadas de nuestra tahina. Aceite, sal y añadimos agua poco a poco hasta conseguir la textura deseada, probando continuamente para conseguir un sabor equilibrado: que se note el sésamo pero que tampoco empalague.

Si alguien se anima, por supuesto, también puede preparar su tahina en casa a partir de semillas de sésamo, que no son difíciles de encontrar. Aquí, por ejemplo, explican como elaborarla de forma muy sencilla.

Para acompañar los puerros asados, que cubriremos con la salsa, se nos ha ocurrido echar mano de otro clásico de la cocina de oriente medio: los garbanzos. Ya cocidos, los hemos salteado unos minutos con un poco de aceite, sal y ras el hanut, esa mezcla de especias que le da un toque muy especial.

12 pizzas de película

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Si hay un plato socorrido y delicioso que a todo el mundo gusta es sin duda la pizza. Un manjar que admite todo tipo de ingredientes y que se prepara en un santiamén. ¿A quién no le gusta comerse una pizza? Con anchoas, con salami baratuno e incluso con piña, la pizza viajó desde Italia a los Estados Unidos bajo el brazo de los miles de emigrantes que fueron a la tierra de las oportunidades en busca de un futuro mejor.

Y una vez allí se coló en la vida de la gente y, como no, en las películas. Hemos seleccionado nuestras 12 escenas pizzeras más memorables de la historia o, al menos, nuestras favoritas. ¿Nos hemos dejado alguna?

1- Haz lo que debas (Do the right thing, 1989)

Una de la mejores escenas cinematográficas que se han rodado jamás alrededor de una pizza es, sin duda, esta famosa secuencia de Haz lo que debas, posiblemente la película más redonda del cineasta neoyorkino Spike Lee. Los conflictos raciales entre italoamericanos y negros en Brooklyn quedan perfectamente reflejados en este absurdo diálogo en la pizzeria de Sal. ¿Por qué no hay ni un hermano en el rincón de la fama?

2- Aquel excitante curso (Fast Times at Ridgemont High, 1982)

A parte del gustazo de ver al intenso Sean Penn caracterizado como un adolescente pajillero, Aquel excitante curso cuenta con una escena con la que probablemente muchos hemos fantaseado alguna vez: encargar una pizza a domicilio durante una clase. Dan ganas de volver a estudiar sólo para hacer esto.

3- Regreso al futuro II (Back to the Future Part II, 1989)

La pizza en miniatura hidratable es otra de las muchas cosas de Regreso al futuro 2 que, para decepción de todos, jamás se han hecho realidad. Aunque también es cierto que tras asumir que ni los coches voladores, ni los monopatines flotantes, ni las bambas que se atan solas han llegado a existir más allá del celuloide, la ausencia de las mini-pizzas deshidratadas tampoco es una gran pérdida para la humanidad. En lo que sí acierta de lleno la película es en esa mala costumbre de usar el teléfono móvil -o lo que sea eso- en la mesa.

4- Solo en casa (Home alone, 1990)

Una de las películas navideñas por excelencia contiene a su vez una de las escena pizzeras más recordadas. Por cierto, que nadie se coma la olla intentando adivinar cuál es la película que utiliza Macaulay Culkin para asustar al repartidor, la escena se filmó para la ocasión.

5- Las tortugas ninja (Teenage Mutant Ninja Turtles, 1990)

Para los nacidos en los 80 el consumo de pizza estuvo durante una buena época directamente relacionado con las Tortugas Ninja, un auténtico bombazo en taquilla de esos que generaron colas que daban varias vueltas alrededor de los cines. Gracias a esta escena sabemos cómo encargan las pizzas a domicilio los reptiles mutantes que viven en las cloacas.

6- Pesadilla en Elm Street 4 (A Nightmare on Elm Street 4, 1988)

Esta desagradable secuencia podría haber estado perfectamente en el especial de comida y cine de terror que publicamos el pasado Halloween. Si hay pizzerías en el infierno, deben servir algo parecido a esto.

7- La loca historia de las galaxias (Spaceballs, 1987)

El obeso y mafioso Jaba el Hutt de El retorno del jedi se transformó en el nauseabundo Pizza el Hutt en la delirante parodia de La Guerra de la galaxias perpetrada por Mel Brooks en 1987. Yo, que soy más bien poco escrupuloso, siempre he tenido problemas para ver esta escena.

8- Fiebre del sábado noche (Saturday night fecer, 1977)

Tony Manero, Stayin’ Alive de los Bee Gees de fondo, cuellos de camisa con gigantismo y John Travolta antes de convertirse a la cienciología. A esto lo llamo yo comerse una pizza con estilo.

9- Crazy, Stupid, Love (Crazy, Stupid, Love, 2001)

Aunque eso sí, luego pasaron los años y tuvo que venir el guapérrimo de Ryan Gosling a dejar al pobre Travolta a la altura del betún.

10- Tarde de perros (Dog fay afternoon, 1975)

Basada en hecho reales, Tarde de perros es una de las mejores película de Sidney Lumet y una de las actuaciones más memorables de Al Pacino, que encarna a un inexperto delincuente que decide atracar un banco para costear la operación de cambio de sexo de su novia. Como en toda buena historia de perdedores, el plan acaba de la peor manera posible, con varios rehenes en el interior del banco y medio cuerpo de la policía plantado en la puerta de la sucursal. Eso sí, a los rehenes no les falta de nada, ni siquiera una buena pizza para pasar el rato.

11- Spider Man 2 (The amazing Spider-man 2, 2004)

Fotógrafo freelance en un periódico y repartidor de pizzas a domicilio a tiempo parcial, el Spider Man de la trilogía de Sam Reimi encarna a la perfección al adolescente precario y pluriempleado de nuestros días. Y ni siquiera sus fabulosos superpoderes arácnidos le permiten entregar sus pedidos a tiempo.

12- Top Secret! (Top Secret!, 1984)

Top Secret es, sin lugar a duda, uno de los grandes clásicos del humor absurdo, una película repleta de gags en segundo plano absolutamente maravillosos. Como éste en el que los comensales de una pizzería intentan dominar unos cuantos kilos de elástica y deliciosa mozzarella fundida.

Un paseo por los mercados de Tel Aviv y Jerusalén

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Es fácil hacer una larga lista de razones por las que coger un avión y plantarse en Israel y los Territorios Palestinos, por usar una de las muchas denominaciones posibles de la zona. Motivos históricos -han pasado muchas cosas por allá en los últimos milenios-, religiosos, políticos y, por supuesto, gastronómicos.

Nos quedamos con estos últimos así que, nada más aterrizar en Tel Aviv, en la agenda estaba marcado un objetivo muy claro: comer las uvas y al día siguiente (el 1 de enero no es festivo allí) visitar Carmel Market. Un buen plan para estrenar el año.

Y, como hacemos siempre que podemos escaparnos, cámara en mano recorrimos los puestos de este inmenso mercado que abre todos los días excepto los sábados. Y es que en sabbat la mayoría de comercios y servicios cierran, incluso en una ciudad tan progresista como Tel Aviv.

Situado en la calle con el mismo nombre, es verdad que no sorprenderá a quienes estén acostumbrados a los mercados mediterráneos pero, sólo por el ambiente, las especias, los panes, la hierba y la comida que preparan allí mismo, merece la pena dedicar unas cuantas horas del viaje.

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Así de animado estaba Carmel Market el 1 de enero

Jerusalén esta a poco más de una hora de autobús de Tel Aviv, así que es también visita obligada. Ciudad santa para las tres grandes religiones monoteístas, la parte antigua es uno de los epicentros religiosos e históricos del mundo, con una lista casi interminable de lugares por recorrer (explanada de las mezquitas, iglesia del Santo Sepulcro, muro de las lamentaciones…), más allá de caminar sin rumbo y perderse por las calles de sus barrios árabe, judío, cristiano y armenio.

Pero además de cumplir con las visitas correspondientes y cruzar el muro para visitar Belén en Cisjordania, también reservamos un rato para acercarnos al mercado de Machane Yehuda, el más popular de la capital israelí. Bastante más pequeño que el de Tel Aviv, el mejor día para visitarlo es el viernes, cuando mucha gente hace las compras y se aprovisiona para la fiesta del sábado. Pero, pese a ser domingo y tarde, pudimos ver un molino de sésamo en acción y gastar los pocos shekels que quedaban en la cartera en especias para traernos de vuelta.

Los brotes verdes existen, pero sólo en tu cocina

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El CES es una feria tecnológica que se celebra anualmente en Las Vegas, en las que los gadgets de todo tipo invaden un área que, medida en la unidad internacional de campos de fútbol, da para meter varios en su interior. El caso es que, además de los tecnocachivaches habituales, nuestro lado cocinillas nos ha llevado a descubrir una nueva generación de tecnodomésticos de cocina como este germinador de semillas digital Home to Nature, que cuenta con su propia aplicación para el móvil. Un auténtico smartgerminador.

Esto de la comida natural cultivada en minihuertos urbanos es una gran idea, pero es verdad que por espacio o tiempo no convence a todos. Los germinadores son una opción mas compacta y en cierto modo sencilla que, aunque no dan para hacer un buen cocido, al menos sirven para aderezar las comidas con brotes vegetales y hierbas cultivadas en casa.

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Aquí es donde entra en juego Home to Nature, un singular germinador de semillas que eleva el listón tecnológico de estos aparatos que no son nada nuevo, aunque siguen siendo bastante exóticos para tener en casa. De  entrada, cuenta con varias bandejas independientes para cada tipo de brote, que pueden ser gestionadas y supervisadas digitalmente para optimizar el crecimiento de nuestros germinados. Además, esta gestión se puede realizar directamente desde el panel de control integrado en el equipo o desde un teléfono o tablet mediante una aplicación.

Según nos explicaron, Home to Nature cuenta con un sistema de germinación patentado que consume 8 veces menos agua y hace crecer un 20% más rápido los brotes. Al menos eso es lo que prometen, porque, la verdad, no nos quedamos tanto tiempo como para comprobarlo, aunque se supone que en sólo tres días podemos empezar a recoger la primera cosecha.

El trasto acaba de ser presentado así que seguiremos investigando para saber cuándo y por cuánto llega a Europa. Lo que sí es cierto es que ofrecen más de 50 variantes de semillas para germinar con un coste medio de unos 20 centavos de dólar -¿alguien tiene un conversor a mano? Nos hemos venido con los apuntes de Las Vegas-por cada bandeja cosechada.

¿Quién dijo que lo de los brotes verdes era un cuento?

“Las hamburguesas son como hacer el amor”. Mathew Ramsey, PornBurger

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Expertos en hacer y fotografiar hamburguesas hay muchos. Pero posiblemente nadie ha conseguido como Mathew Ramsey que resulte tan sencillo entender eso del food porn. ¿Qué es? Suponiendo que pueda traducirse, esas fotografías de comida que nos dejan con la boca abierta y los colmillos fuera. Pero mejor que intentar explicarlo es echar un vistazo a PornBurger, la web en la que Ramsey recopila sus recetas y fotografías de hamburguesas: una a la semana durante un año desde el invierno pasado.

Un santuario de la pornografía hamburguesil que se ha convertido en todo un referente para los adictos a este plato y al que, por cierto, es mejor no acercarse con hambre. Con él -que dejó su trabajo como productor de vídeo para dedicarse a la cocina- hemos hablado para descubrir sus mejores hamburguesas y, sobre todo, qué es eso de ser un food pornographer, como él mismo se define.

Tras ese sugerente nombre se esconde una auténtica profesión, nos cuenta por correo electrónico. A eso y a cocinar se dedica desde hace casi un año Ramsey, que ya prepara su primer libro. Por el tema no hace falta ni preguntar, claro.

“Las hamburguesas son como hacer el amor”, asegura cuando le preguntamos por su opinión sobre las hamburguesas gourmet y las de las cadenas de comida rápida. “A veces apetece algo rápido y sucio, y otras veces prefieres tomarte tu tiempo con sofisticación y romanticismo“. Sexo y hamburguesas, una combinación perfecta para hablar de PornBurger.

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Aceite balsámico, trufa rayada, queso de cabra, aceitunas de Kalamata, cereza, mousse de foie gras, carne de ternera, bacón y mermelada de cebolla

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Pan rústico, jamón caramelizado, carne de rabo de toro, compota de chalotas, foie gras a la plancha, salsa de rabo de toro con vino dulce y physalis asadas

No obstante, sus recetas siempre se decantan por esa opción más romántica o al menos sofisticada, aunque sin dejar de lado el componente un tanto guarrete -en el mejor sentido de la palabra- que tiene este bocadillo. Las hay para todos los gustos (también vegetarianos), ocasiones -quién no quiere una hamburguesa de cumpleaños con sus velas- e incluso nos hemos topado con una hamburguesa vasca -con rabo de toro y jamón ibérico, por cierto- en formato pintxo.

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Pan de brioche, ketchup de kimchi, bacon con miso blanco y parmesano, cebollas marinadas en vinagre, barne de ternera con (más) bacon ahumado, alioli de ajo negro y rodajas de pepinillo

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Bollo de pasta choux con patatas fritas y foie gras, (más) foie gras a la plancha, mantequilla de cacahuete, carne de tenera y mermelada de cebolla al Porto

Elegir una no parece fácil. Y aunque recuerda que un caballero nunca debería confesar este tipo de cosas, de la larga lista, Mathew Ramsay escoge la Bill U Murray Me -hace poco explicaba en vídeo para National Geographic cómo la preparaba-, la Umilfy, que promete traducir al lenguaje de las hamburguesas el concepto de Umami, y la sugerente Lolita. “Las tres harían un trío estupendo”, asegura.

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Pan con semillas de sésamo, salsa smokey thousand islands (a base de pimentón), cebollas rojas a la parrilla, tomate, tiras de lechuga, jalapeño, bacon ahumado a la madera de manzana, carne de ternera, queso cheddar y yema de huevo cocido

¿Y la más extraña de todas? Esto parece más sencillo teniendo en cuenta que The liquid dieta es -atención- una hamburguesa líquida. Tiembla Ferran Adrià. Ramsay suma una más a la selección de rarezas: la My Bloody Valentine, que tiene como base un tartar con corazón de cordero, y asegura ser muy afrodisíaca.  

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Rollito de bacon, brocheta de tomate cherry y pepinillo, sal de hamburguesa y especias variadas, caldo ahumado, agua de tomate, jugo de pepinillo picante e infusión de whisky

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Pan tostado, alioli de sardina, tartar de carne de corazón de cordero, huevo de codorniz, huevas de trucha, chips de remolacha y patata morada, alcaparras, ensalada de perejil y tomillo y aceite de aguacate

Más allá de echarle imaginación al asunto, ¿qué es lo más importante a la hora de ponernos a hacer una hamburguesa? Ramsay lo tiene claro: la calidad de los ingredientes. Y la grasa. “Suena horrible -reconoce- pero es en la grasa donde está todo el sabor”.

Pero no se trata sólo de la carne o el pan, sino de todos los elementos que componen la receta. “Trata cada ingrediente de la hamburguesa por igual y tu boca lo agradecerá”, recomienda. “La clave -continúa- está en el equilibrio de todos esos componentes, de tal modo que el resultado final será tan potente como el más débil de los ingredientes”. Parece que, además de sexo, esto de las hamburguesas también tiene su componente filosófico.

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Muffin tostado, col morada, crema de aguacate, carnitas, mantequilla de piña y carne de buey con salchicha de cerdo

Flan de chocolate y almendras con naranjas asadas

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Hoy es el Blue Monday, es decir, el día más triste del año, según una fórmula desarrollada en la Universidad de Cardiff. ¡Vaya patraña! -pensarás-. Pues sí, estamos bastante de acuerdo, aunque no negamos que enero es un mes un tanto raruno.

Creas o no en la existencia del Blue Monday, la receta de hoy es de las que suben el ánimo, sea cual sea su estado inicial. Se trata de una versión propia de una receta familiar: un flan -de textura más consistente- de chocolate puro y almendras, acompañado de unas naranjas asadas con limón y hierbabuena que le aportan un toque fresco al asunto.

Un postre con una elaboración más sencilla de lo que parece, perfecto para alegrar éste o cualquier otro lunes del año. Tomen nota.

Ingredientes

  • 6 huevos (4 enteros y 2 yemas)
  • 100 gr. de azúcar
  • 450 ml. de leche
  • 150 ml. de nata
  • 150 gr. de chocolate puro con almendras
  • Caramelo líquido
  • 3 mandarinas
  • 1 limón
  • 3 o 4 hojas de hierbabuena
  • 2 cucharadas de azúcar moreno

Elaboración

En un cazo ponemos a calentar la leche y la nata líquida. Calentamos sin dejar que llegue a hervir. Sacamos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Nosotros hemos escogido uno con un 70% de cacao y almendras enteras ya incorporadas, aunque siempre podéis añadirlas aparte.

Esperamos a que se funda el chocolate y pasamos la mezcla por la batidora para triturar las almendras. Dejamos que se temple. Si queréis darle más sabor a chocolate, podéis añadir también unas cucharadas de cacao en polvo.

Mientras tanto, en un bol aparte añadimos 4 huevos enteros y 2 yemas -guardad las claras para otra preparación- y batimos. Añadimos el azúcar y mezclamos bien. Cuando esté templada, añadimos poco a poco la mezcla de leche, nata y chocolate. Removemos bien.

Podéis hacer los flanes en flaneras individuales o bien en un molde grande. Echamos el caramelo líquido en el fondo de las flaneras y vertemos la mezcla.

Precalentamos el horno a unos 180 grados. Metemos en el horno una fuente con unos 3 dedos de agua. Pasados unos 5 minutos, introducimos las flaneras para que se hagan al baño maría.

Horneamos durante 25 minutos si son flaneras pequeñas y 35 si es un molde grande. Pasado ese tiempo, pinchamos con un palillo para asegurarnos de que está bien hecho. Si no, damos unos minutos más. El tiempo es orientativo: hemos hecho esta receta en hornos distintos y el tiempo de cocción ha sido diferente así que estad atentos al horno porque. en función de su potencia, el flan se hará antes, y si se pasa queda un tanto mazacote.

Dejamos enfriar el flan -primero a temperatura ambiente y luego en el frigo tapado con papel film- durante unas 3-4 horas como mínimo. Poco antes de servir el postre, hacemos las naranjas. Es muy sencillo. En una bandeja de horno ponemos los gajos de naranja,
los rociamos con el zumo de medio limón y espolvoreamos el azúcar moreno. Añadimos las hojas de hierbabuena y mezclamos bien.

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Horneamos a 180 grados durante unos 15-20 minutos. La idea es que los gajos queden medianamente enteros pero suelten algo de líquido almibarado.

Llega el momento de servir. Un flan -o un trozo- unos cuantos gajos de naranja por persona y… ¡A levantar el ánimo!

Bonus track

En la casa familiar, este postre se elabora con un preparado para hacer flan de esos que venden en el supermercado. ¿Herejía? Quizá sí, pero tampoco se muere nadie.

Si estás muy Blue este lunes y quieres una receta aún más sencilla: medio litro de leche, medio litro de nata, 200 gr. de chocolate puro con almendras y un sobre con preparado para 8 flanes es lo que necesitas.

Derrite el chocolate en la nata caliente, disuelve el preparado en la leche siguiendo las instrucciones del envase. Tritura las almendras, mezcla bien y que la nevera haga el resto. Fake, fácil y sólo casero al 40%, pero está igualmente estupendo.