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Puerros asados con salsa tahina

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Entre que estamos en plena temporada de calçots por Catalunya y que hemos vuelto de Israel cargados de recetas y salsa tahona, esta receta era inevitable. Fue en Tel Aviv donde probamos lo que es un clásico de la zona: verduras asadas acompañadas de esta salsa a base de semillas de sésamo.

En lugar de berenjena como en Port Said -muy recomendable, por cierto- nuestra versión es a base de puerro asado. No son calçots pero ahora que ningún catalán nos escucha -se ofenden mucho con ésto- su sabor guarda ciertos parecidos. Si lo acompañamos con unos garbanzos salteados con comino, tenemos un plato completo, sencillo (kosher y cantar, si se nos permite el chiste malo) y con todo el exotismo de la cocina árabe y judía.

Ingredientes

  • 3 o 4 puerros
  • Salsa tahina (también podemos hacerla nosotros)
  • Zumo de medio limón
  • Medio diente de ajo
  • Miel
  • Aceite de oliva
  • Garbanzos
  • Comino o ras el huna

Preparación

Ponemos el horno a precalentar a 180 grados mientras vamos preparando los puerros: quitamos el extremo y la parte verde, eliminamos un par de capas exteriores (las más duras), los partimos si son grandes y los lavamos bien debajo del grifo.

En una bandeja con un poco de agua en la base, añadimos aceite y sal y los horneamos unos 15-20 minutos por cada lado hasta que estén hechos y un poco tostados en la parte exterior. Aunque para esta receta no nos interesa ahumarlos demasiado, es interesante esta versión que El Comidista ha rescatado de un recetario de Albert Adrià y que, básicamente, deja los puerros, una vez asados, unas cuantas horas en aceite para potenciar ese toque ahumado.

Mientras se van haciendo, y sin despistarnos demasiado del horno para que no se quemen, preparamos la salsa. Queremos una sala de sabor suave y no muy densa, como se puede ver en la imagen, así que dependiendo de cómo sea la tahina que hayamos comprado habrá que prepararla de una u otra manera. Nosotros nos hemos traído una ya bastante líquida que en Israel se encuentra en cualquier mercado -y a precio bastante más correcto que aquí, por cierto- pero en España lo habitual es encontrarla con textura de puré bastante denso.

En cualquier caso, picamos bien el ajo -o lo machacamos, o añadimos ajo en polvo- el zumo de limón y una cucharada pequeña de miel para cuatro cucharadas de nuestra tahina. Aceite, sal y añadimos agua poco a poco hasta conseguir la textura deseada, probando continuamente para conseguir un sabor equilibrado: que se note el sésamo pero que tampoco empalague.

Si alguien se anima, por supuesto, también puede preparar su tahina en casa a partir de semillas de sésamo, que no son difíciles de encontrar. Aquí, por ejemplo, explican como elaborarla de forma muy sencilla.

Para acompañar los puerros asados, que cubriremos con la salsa, se nos ha ocurrido echar mano de otro clásico de la cocina de oriente medio: los garbanzos. Ya cocidos, los hemos salteado unos minutos con un poco de aceite, sal y ras el hanut, esa mezcla de especias que le da un toque muy especial.

12 pizzas de película

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Si hay un plato socorrido y delicioso que a todo el mundo gusta es sin duda la pizza. Un manjar que admite todo tipo de ingredientes y que se prepara en un santiamén. ¿A quién no le gusta comerse una pizza? Con anchoas, con salami baratuno e incluso con piña, la pizza viajó desde Italia a los Estados Unidos bajo el brazo de los miles de emigrantes que fueron a la tierra de las oportunidades en busca de un futuro mejor.

Y una vez allí se coló en la vida de la gente y, como no, en las películas. Hemos seleccionado nuestras 12 escenas pizzeras más memorables de la historia o, al menos, nuestras favoritas. ¿Nos hemos dejado alguna?

1- Haz lo que debas (Do the right thing, 1989)

Una de la mejores escenas cinematográficas que se han rodado jamás alrededor de una pizza es, sin duda, esta famosa secuencia de Haz lo que debas, posiblemente la película más redonda del cineasta neoyorkino Spike Lee. Los conflictos raciales entre italoamericanos y negros en Brooklyn quedan perfectamente reflejados en este absurdo diálogo en la pizzeria de Sal. ¿Por qué no hay ni un hermano en el rincón de la fama?

2- Aquel excitante curso (Fast Times at Ridgemont High, 1982)

A parte del gustazo de ver al intenso Sean Penn caracterizado como un adolescente pajillero, Aquel excitante curso cuenta con una escena con la que probablemente muchos hemos fantaseado alguna vez: encargar una pizza a domicilio durante una clase. Dan ganas de volver a estudiar sólo para hacer esto.

3- Regreso al futuro II (Back to the Future Part II, 1989)

La pizza en miniatura hidratable es otra de las muchas cosas de Regreso al futuro 2 que, para decepción de todos, jamás se han hecho realidad. Aunque también es cierto que tras asumir que ni los coches voladores, ni los monopatines flotantes, ni las bambas que se atan solas han llegado a existir más allá del celuloide, la ausencia de las mini-pizzas deshidratadas tampoco es una gran pérdida para la humanidad. En lo que sí acierta de lleno la película es en esa mala costumbre de usar el teléfono móvil -o lo que sea eso- en la mesa.

4- Solo en casa (Home alone, 1990)

Una de las películas navideñas por excelencia contiene a su vez una de las escena pizzeras más recordadas. Por cierto, que nadie se coma la olla intentando adivinar cuál es la película que utiliza Macaulay Culkin para asustar al repartidor, la escena se filmó para la ocasión.

5- Las tortugas ninja (Teenage Mutant Ninja Turtles, 1990)

Para los nacidos en los 80 el consumo de pizza estuvo durante una buena época directamente relacionado con las Tortugas Ninja, un auténtico bombazo en taquilla de esos que generaron colas que daban varias vueltas alrededor de los cines. Gracias a esta escena sabemos cómo encargan las pizzas a domicilio los reptiles mutantes que viven en las cloacas.

6- Pesadilla en Elm Street 4 (A Nightmare on Elm Street 4, 1988)

Esta desagradable secuencia podría haber estado perfectamente en el especial de comida y cine de terror que publicamos el pasado Halloween. Si hay pizzerías en el infierno, deben servir algo parecido a esto.

7- La loca historia de las galaxias (Spaceballs, 1987)

El obeso y mafioso Jaba el Hutt de El retorno del jedi se transformó en el nauseabundo Pizza el Hutt en la delirante parodia de La Guerra de la galaxias perpetrada por Mel Brooks en 1987. Yo, que soy más bien poco escrupuloso, siempre he tenido problemas para ver esta escena.

8- Fiebre del sábado noche (Saturday night fecer, 1977)

Tony Manero, Stayin’ Alive de los Bee Gees de fondo, cuellos de camisa con gigantismo y John Travolta antes de convertirse a la cienciología. A esto lo llamo yo comerse una pizza con estilo.

9- Crazy, Stupid, Love (Crazy, Stupid, Love, 2001)

Aunque eso sí, luego pasaron los años y tuvo que venir el guapérrimo de Ryan Gosling a dejar al pobre Travolta a la altura del betún.

10- Tarde de perros (Dog fay afternoon, 1975)

Basada en hecho reales, Tarde de perros es una de las mejores película de Sidney Lumet y una de las actuaciones más memorables de Al Pacino, que encarna a un inexperto delincuente que decide atracar un banco para costear la operación de cambio de sexo de su novia. Como en toda buena historia de perdedores, el plan acaba de la peor manera posible, con varios rehenes en el interior del banco y medio cuerpo de la policía plantado en la puerta de la sucursal. Eso sí, a los rehenes no les falta de nada, ni siquiera una buena pizza para pasar el rato.

11- Spider Man 2 (The amazing Spider-man 2, 2004)

Fotógrafo freelance en un periódico y repartidor de pizzas a domicilio a tiempo parcial, el Spider Man de la trilogía de Sam Reimi encarna a la perfección al adolescente precario y pluriempleado de nuestros días. Y ni siquiera sus fabulosos superpoderes arácnidos le permiten entregar sus pedidos a tiempo.

12- Top Secret! (Top Secret!, 1984)

Top Secret es, sin lugar a duda, uno de los grandes clásicos del humor absurdo, una película repleta de gags en segundo plano absolutamente maravillosos. Como éste en el que los comensales de una pizzería intentan dominar unos cuantos kilos de elástica y deliciosa mozzarella fundida.

Un paseo por los mercados de Tel Aviv y Jerusalén

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Es fácil hacer una larga lista de razones por las que coger un avión y plantarse en Israel y los Territorios Palestinos, por usar una de las muchas denominaciones posibles de la zona. Motivos históricos -han pasado muchas cosas por allá en los últimos milenios-, religiosos, políticos y, por supuesto, gastronómicos.

Nos quedamos con estos últimos así que, nada más aterrizar en Tel Aviv, en la agenda estaba marcado un objetivo muy claro: comer las uvas y al día siguiente (el 1 de enero no es festivo allí) visitar Carmel Market. Un buen plan para estrenar el año.

Y, como hacemos siempre que podemos escaparnos, cámara en mano recorrimos los puestos de este inmenso mercado que abre todos los días excepto los sábados. Y es que en sabbat la mayoría de comercios y servicios cierran, incluso en una ciudad tan progresista como Tel Aviv.

Situado en la calle con el mismo nombre, es verdad que no sorprenderá a quienes estén acostumbrados a los mercados mediterráneos pero, sólo por el ambiente, las especias, los panes, la hierba y la comida que preparan allí mismo, merece la pena dedicar unas cuantas horas del viaje.

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Así de animado estaba Carmel Market el 1 de enero

Jerusalén esta a poco más de una hora de autobús de Tel Aviv, así que es también visita obligada. Ciudad santa para las tres grandes religiones monoteístas, la parte antigua es uno de los epicentros religiosos e históricos del mundo, con una lista casi interminable de lugares por recorrer (explanada de las mezquitas, iglesia del Santo Sepulcro, muro de las lamentaciones…), más allá de caminar sin rumbo y perderse por las calles de sus barrios árabe, judío, cristiano y armenio.

Pero además de cumplir con las visitas correspondientes y cruzar el muro para visitar Belén en Cisjordania, también reservamos un rato para acercarnos al mercado de Machane Yehuda, el más popular de la capital israelí. Bastante más pequeño que el de Tel Aviv, el mejor día para visitarlo es el viernes, cuando mucha gente hace las compras y se aprovisiona para la fiesta del sábado. Pero, pese a ser domingo y tarde, pudimos ver un molino de sésamo en acción y gastar los pocos shekels que quedaban en la cartera en especias para traernos de vuelta.

Los brotes verdes existen, pero sólo en tu cocina

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El CES es una feria tecnológica que se celebra anualmente en Las Vegas, en las que los gadgets de todo tipo invaden un área que, medida en la unidad internacional de campos de fútbol, da para meter varios en su interior. El caso es que, además de los tecnocachivaches habituales, nuestro lado cocinillas nos ha llevado a descubrir una nueva generación de tecnodomésticos de cocina como este germinador de semillas digital Home to Nature, que cuenta con su propia aplicación para el móvil. Un auténtico smartgerminador.

Esto de la comida natural cultivada en minihuertos urbanos es una gran idea, pero es verdad que por espacio o tiempo no convence a todos. Los germinadores son una opción mas compacta y en cierto modo sencilla que, aunque no dan para hacer un buen cocido, al menos sirven para aderezar las comidas con brotes vegetales y hierbas cultivadas en casa.

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Aquí es donde entra en juego Home to Nature, un singular germinador de semillas que eleva el listón tecnológico de estos aparatos que no son nada nuevo, aunque siguen siendo bastante exóticos para tener en casa. De  entrada, cuenta con varias bandejas independientes para cada tipo de brote, que pueden ser gestionadas y supervisadas digitalmente para optimizar el crecimiento de nuestros germinados. Además, esta gestión se puede realizar directamente desde el panel de control integrado en el equipo o desde un teléfono o tablet mediante una aplicación.

Según nos explicaron, Home to Nature cuenta con un sistema de germinación patentado que consume 8 veces menos agua y hace crecer un 20% más rápido los brotes. Al menos eso es lo que prometen, porque, la verdad, no nos quedamos tanto tiempo como para comprobarlo, aunque se supone que en sólo tres días podemos empezar a recoger la primera cosecha.

El trasto acaba de ser presentado así que seguiremos investigando para saber cuándo y por cuánto llega a Europa. Lo que sí es cierto es que ofrecen más de 50 variantes de semillas para germinar con un coste medio de unos 20 centavos de dólar -¿alguien tiene un conversor a mano? Nos hemos venido con los apuntes de Las Vegas-por cada bandeja cosechada.

¿Quién dijo que lo de los brotes verdes era un cuento?

“Las hamburguesas son como hacer el amor”. Mathew Ramsey, PornBurger

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Expertos en hacer y fotografiar hamburguesas hay muchos. Pero posiblemente nadie ha conseguido como Mathew Ramsey que resulte tan sencillo entender eso del food porn. ¿Qué es? Suponiendo que pueda traducirse, esas fotografías de comida que nos dejan con la boca abierta y los colmillos fuera. Pero mejor que intentar explicarlo es echar un vistazo a PornBurger, la web en la que Ramsey recopila sus recetas y fotografías de hamburguesas: una a la semana durante un año desde el invierno pasado.

Un santuario de la pornografía hamburguesil que se ha convertido en todo un referente para los adictos a este plato y al que, por cierto, es mejor no acercarse con hambre. Con él -que dejó su trabajo como productor de vídeo para dedicarse a la cocina- hemos hablado para descubrir sus mejores hamburguesas y, sobre todo, qué es eso de ser un food pornographer, como él mismo se define.

Tras ese sugerente nombre se esconde una auténtica profesión, nos cuenta por correo electrónico. A eso y a cocinar se dedica desde hace casi un año Ramsey, que ya prepara su primer libro. Por el tema no hace falta ni preguntar, claro.

“Las hamburguesas son como hacer el amor”, asegura cuando le preguntamos por su opinión sobre las hamburguesas gourmet y las de las cadenas de comida rápida. “A veces apetece algo rápido y sucio, y otras veces prefieres tomarte tu tiempo con sofisticación y romanticismo“. Sexo y hamburguesas, una combinación perfecta para hablar de PornBurger.

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Aceite balsámico, trufa rayada, queso de cabra, aceitunas de Kalamata, cereza, mousse de foie gras, carne de ternera, bacón y mermelada de cebolla

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Pan rústico, jamón caramelizado, carne de rabo de toro, compota de chalotas, foie gras a la plancha, salsa de rabo de toro con vino dulce y physalis asadas

No obstante, sus recetas siempre se decantan por esa opción más romántica o al menos sofisticada, aunque sin dejar de lado el componente un tanto guarrete -en el mejor sentido de la palabra- que tiene este bocadillo. Las hay para todos los gustos (también vegetarianos), ocasiones -quién no quiere una hamburguesa de cumpleaños con sus velas- e incluso nos hemos topado con una hamburguesa vasca -con rabo de toro y jamón ibérico, por cierto- en formato pintxo.

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Pan de brioche, ketchup de kimchi, bacon con miso blanco y parmesano, cebollas marinadas en vinagre, barne de ternera con (más) bacon ahumado, alioli de ajo negro y rodajas de pepinillo

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Bollo de pasta choux con patatas fritas y foie gras, (más) foie gras a la plancha, mantequilla de cacahuete, carne de tenera y mermelada de cebolla al Porto

Elegir una no parece fácil. Y aunque recuerda que un caballero nunca debería confesar este tipo de cosas, de la larga lista, Mathew Ramsay escoge la Bill U Murray Me -hace poco explicaba en vídeo para National Geographic cómo la preparaba-, la Umilfy, que promete traducir al lenguaje de las hamburguesas el concepto de Umami, y la sugerente Lolita. “Las tres harían un trío estupendo”, asegura.

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Pan con semillas de sésamo, salsa smokey thousand islands (a base de pimentón), cebollas rojas a la parrilla, tomate, tiras de lechuga, jalapeño, bacon ahumado a la madera de manzana, carne de ternera, queso cheddar y yema de huevo cocido

¿Y la más extraña de todas? Esto parece más sencillo teniendo en cuenta que The liquid dieta es -atención- una hamburguesa líquida. Tiembla Ferran Adrià. Ramsay suma una más a la selección de rarezas: la My Bloody Valentine, que tiene como base un tartar con corazón de cordero, y asegura ser muy afrodisíaca.  

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Rollito de bacon, brocheta de tomate cherry y pepinillo, sal de hamburguesa y especias variadas, caldo ahumado, agua de tomate, jugo de pepinillo picante e infusión de whisky

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Pan tostado, alioli de sardina, tartar de carne de corazón de cordero, huevo de codorniz, huevas de trucha, chips de remolacha y patata morada, alcaparras, ensalada de perejil y tomillo y aceite de aguacate

Más allá de echarle imaginación al asunto, ¿qué es lo más importante a la hora de ponernos a hacer una hamburguesa? Ramsay lo tiene claro: la calidad de los ingredientes. Y la grasa. “Suena horrible -reconoce- pero es en la grasa donde está todo el sabor”.

Pero no se trata sólo de la carne o el pan, sino de todos los elementos que componen la receta. “Trata cada ingrediente de la hamburguesa por igual y tu boca lo agradecerá”, recomienda. “La clave -continúa- está en el equilibrio de todos esos componentes, de tal modo que el resultado final será tan potente como el más débil de los ingredientes”. Parece que, además de sexo, esto de las hamburguesas también tiene su componente filosófico.

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Muffin tostado, col morada, crema de aguacate, carnitas, mantequilla de piña y carne de buey con salchicha de cerdo

Flan de chocolate y almendras con naranjas asadas

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Hoy es el Blue Monday, es decir, el día más triste del año, según una fórmula desarrollada en la Universidad de Cardiff. ¡Vaya patraña! -pensarás-. Pues sí, estamos bastante de acuerdo, aunque no negamos que enero es un mes un tanto raruno.

Creas o no en la existencia del Blue Monday, la receta de hoy es de las que suben el ánimo, sea cual sea su estado inicial. Se trata de una versión propia de una receta familiar: un flan -de textura más consistente- de chocolate puro y almendras, acompañado de unas naranjas asadas con limón y hierbabuena que le aportan un toque fresco al asunto.

Un postre con una elaboración más sencilla de lo que parece, perfecto para alegrar éste o cualquier otro lunes del año. Tomen nota.

Ingredientes

  • 6 huevos (4 enteros y 2 yemas)
  • 100 gr. de azúcar
  • 450 ml. de leche
  • 150 ml. de nata
  • 150 gr. de chocolate puro con almendras
  • Caramelo líquido
  • 3 mandarinas
  • 1 limón
  • 3 o 4 hojas de hierbabuena
  • 2 cucharadas de azúcar moreno

Elaboración

En un cazo ponemos a calentar la leche y la nata líquida. Calentamos sin dejar que llegue a hervir. Sacamos del fuego y añadimos el chocolate troceado. Nosotros hemos escogido uno con un 70% de cacao y almendras enteras ya incorporadas, aunque siempre podéis añadirlas aparte.

Esperamos a que se funda el chocolate y pasamos la mezcla por la batidora para triturar las almendras. Dejamos que se temple. Si queréis darle más sabor a chocolate, podéis añadir también unas cucharadas de cacao en polvo.

Mientras tanto, en un bol aparte añadimos 4 huevos enteros y 2 yemas -guardad las claras para otra preparación- y batimos. Añadimos el azúcar y mezclamos bien. Cuando esté templada, añadimos poco a poco la mezcla de leche, nata y chocolate. Removemos bien.

Podéis hacer los flanes en flaneras individuales o bien en un molde grande. Echamos el caramelo líquido en el fondo de las flaneras y vertemos la mezcla.

Precalentamos el horno a unos 180 grados. Metemos en el horno una fuente con unos 3 dedos de agua. Pasados unos 5 minutos, introducimos las flaneras para que se hagan al baño maría.

Horneamos durante 25 minutos si son flaneras pequeñas y 35 si es un molde grande. Pasado ese tiempo, pinchamos con un palillo para asegurarnos de que está bien hecho. Si no, damos unos minutos más. El tiempo es orientativo: hemos hecho esta receta en hornos distintos y el tiempo de cocción ha sido diferente así que estad atentos al horno porque. en función de su potencia, el flan se hará antes, y si se pasa queda un tanto mazacote.

Dejamos enfriar el flan -primero a temperatura ambiente y luego en el frigo tapado con papel film- durante unas 3-4 horas como mínimo. Poco antes de servir el postre, hacemos las naranjas. Es muy sencillo. En una bandeja de horno ponemos los gajos de naranja,
los rociamos con el zumo de medio limón y espolvoreamos el azúcar moreno. Añadimos las hojas de hierbabuena y mezclamos bien.

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Horneamos a 180 grados durante unos 15-20 minutos. La idea es que los gajos queden medianamente enteros pero suelten algo de líquido almibarado.

Llega el momento de servir. Un flan -o un trozo- unos cuantos gajos de naranja por persona y… ¡A levantar el ánimo!

Bonus track

En la casa familiar, este postre se elabora con un preparado para hacer flan de esos que venden en el supermercado. ¿Herejía? Quizá sí, pero tampoco se muere nadie.

Si estás muy Blue este lunes y quieres una receta aún más sencilla: medio litro de leche, medio litro de nata, 200 gr. de chocolate puro con almendras y un sobre con preparado para 8 flanes es lo que necesitas.

Derrite el chocolate en la nata caliente, disuelve el preparado en la leche siguiendo las instrucciones del envase. Tritura las almendras, mezcla bien y que la nevera haga el resto. Fake, fácil y sólo casero al 40%, pero está igualmente estupendo.

Receta contra la cuesta de enero: regalamos los dos ejemplares de “El arte de la cocina francesa” de Julia Child

Todavía queda por delante casi medio mes de enero, así que se nos ha ocurrido un plan para aliviar un poco la típica cuesta de comienzo de año: regalar los dos ejemplares de “El arte de la cocina francesa”, de Julia Child. Dos libros editados por Debate que ya os hemos recomendado por aquí, y que no pueden faltar en la biblioteca de ningún cocinillas.

Si los Reyes Magos no te los han traído, ahora La Gulateca se encarga de ello.

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¿Qué tienes que hacer para participar en el sorteo? Seguir estos cuatro sencillos pasos:

  1. Quiérenos en Facebook. Aunque seguro que ya nos seguías. ¿Verdad?
  2. Comparte allí esta imagen. No seas egoísta, tus amigos también quieren participar
  3. Responde a esta sencilla pregunta: de las casi 200 recetas que hemos publicado, ¿cuál es la más francesa? Va, que es muy fácil
  4. Envíanos la respuesta con tu nombre a concursos@lagulateca.com ¿Por qué? Porque si no luego no hay forma de contactar con el ganador y no te podremos enviar los libros.

El plazo para participar empieza ya mismo y dura hasta el 31 de enero hasta las 12 de la noche.  El ganador recibirá en la dirección que nos indique -sólo España- los dos volúmenes de esta obra, valorada en unos 70 euros.

Sólo las personas que cumplan esos 4 requisitos de ahí arriba –bien sencillitos- entrarán en el sorteo. El nombre del ganador se anunciará aquí mismo y a través del correo electrónico. Puedes consultar todos los detalles en nuestra página de Facebook.

Mucha suerte a todos e id haciendo un hueco en casa para la gran Julia Child.

6 vinos de Argentina por descubrir

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Hay muchas formas de viajar, pero nosotros nos apuntamos a esa en la que descubrir lo que se come y se bebe en ese sitio al que acabas de llegar ocupa un lugar importante en la agenda y la ruta. Por eso, cuando el verano pasado nos escapamos unos días a Buenos Aires, no sólo nos dedicamos a recorrer algunos de sus mercados, sino que también quisimos aprender algo más sobre vinos argentinos.

Cierto, en Capital Federal no hay viñedos ni bodegas. Y seguramente hablar de vinos y Argentina sin pasar por Mendoza es casi pecado. Pero en Buenos Aires están los amigos de Wine Tour Urbano, que organizan unas originales catas de vino por distintos barrios de la ciudad (San Telmo, Recoletas y Palermo) cada tercer viernes de mes.

Y la Vinoteca Soil (Libertad, 970), con una amplia selección de -como dice Ezequiel Schneer, uno de sus socios- vinos del viejo y del nuevo mundo. Allí nos reunimos con él y con los sumilleres Javier Ugarte y Juan Ignacio Asallini para aprender de vinos argentinos y, claro, descorchar unas cuantas botellas.

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De izquierda a derecha, Javier Ugarte, Juan Ignacio Asallini y Ezequiel Schneer, nuestros guías por los vinos argentinos en la Vinoteca Soil de Buenos Aires

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Argentina no sólo es uno de los grandes productores -el quinto, más concretamente- y exportadores vinícolas del mundo, sino que también se sitúa entre los 10 países donde más vino se consume. De hecho, un estudio del año pasado aseguraba que este país junto a los vecinos Chile y Uruguay era uno de esos casos excepcionales en los que se bebe más vino que cerveza. Por cierto, según esos mismos datos, no ocurre lo mismo en España, donde la cerveza triunfa sobre el vino a diferencia de lo que pasa en Francia y Portugal.

Pero volviendo a Buenos Aires, malbec es la uva argentina por excelencia y la más conocida internacionalmente. Pero no es la única. Por eso les pedimos a nuestro guías enológicos porteños que seleccionaran para La Gulateca media docena de botellas con las que hacerse una idea de este inmenso país en clave de vino. Un recorrido por sus uvas y por sus diferentes regiones productoras de norte a sur, que nos llevó por el torrontés salteño, el syrah de San Juan, el malbec de Mendoza, el pinot noir de Patagonia…

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Empezamos con Vicentín, blanc de Malbec 2013. ¿Un blanco con uva Malbec? En realidad, un vino de color rosado y vinificado como si se tratara de uva blanca. Es la primera vez que se hace en Argentina y, en efecto, estamos ante “una rareza” -según nos cuentan- que va por su segunda cosecha. Su precio es de unos 115 pesos, aunque teniendo en cuenta los cambios en su cotización y la del mercado paralelo (Euro Blue) cualquier conversión a euros está condenada a caducar pronto.

Pero Argentina es país de tintos, así que a eso vamos con un Humberto Canale Pinot Noir 2012Un vino de Río Negro, en la provincia de Patagonia, donde el clima de noches frías y días de sol intenso da un carácter propio a los vinos. Es un vino sencillo, en el mejor sentido: fácil de beber, suave, elegante… Cuando lo conocimos (en agosto de 2014) costaba unos 155 pesos. Y estaba muy rico.

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¿Y un malbec más clásico? Clásico y famoso, el Celador Malbec 2009, de las bodegas Cielo y Tierra del músico Gustavo Santaolalla. Desde Mendoza llega este tinto bautizado así en honor a la canción Celador de Sueños que cantaba con la gran Mercedes Sosa. ¿Hace falta más presentación?

Torrentés -también conocida como albariño francés, por situarnos- es la única uva blanca de Argentina y una desconocida para nosotros hasta entonces. Poco después la probamos mientras descubríamos otro de los secretos gastronómicos de Buenos Aires: los restaurantes a puerta cerrada. Tannat es otra de las grandes variedades de allí, aunque se trata de una uva compleja usada principalmente para la mezcla.

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De ahí que el Colomé Tannat que probamos sea un tanto especial, tanto por la uva usada, como por los 1.700 metros de altitud de la finca La Brava de donde provienen. Un “lote especial” de la provincia de Salta -al norte del país- y que según nos explicaron es uno de los vinos de mayor altura del mundo.

No bajamos mucho (1.500 metros) aunque si volvemos a Mendoza. Ahora no con malbec, sino con Digo Rosso pinot noir 2008, de las bodegas Achaval Ferrer. Tras esa etiqueta sencilla -la moda de las etiquetas chillonas todavía no ha llegado allí, por lo visto- con el nombre del enólogo encargado de su creación, se esconde un reserva premiado, con producciones pequeñas y un precio que, por ejemplo en Estados Unidos, se va a los 30 dólares. Un vino de altura, nunca mejor dicho.

¿Y para terminar? ¿Champán? ¿Cava? ¿En Argentina también hay de eso? No, un espumante Cruzat Gran Cuvée Reserve Extra Brut de la joven bodega Cruzat de Mendoza, que no le tiene ninguna envidia a sus hermanos del viejo mundo. 48 meses de guarda (24 en tanque y 24 en botella) para este espumoso que anda (o andaba) sobre los 150 pesos.

Es verdad, no es fácil encontrar estos vinos por España. Así que, ahora que sabemos algo más sobre sus vinos y nos han entrado unas ganas terribles de probarlos de nuevo, ya tenemos otra excusa para volver -como el tango- a Argentina.

Verde botella: una segunda vida de diseño

Las fiestas navideñas, además de unos cuantos kilos de más, también generan una gran cantidad de residuos. La palma se la llevan, sin duda, las botellas, lo cual seguro que es una buena noticia para Verde botella, un estudio de upcycling encargado de dar una mejor vida a esas botellas desechadas.

En Verde Botella son, ante todo, artesanos. Mediante técnicas y valores artesanales crean piezas únicas y de diseño contemporáneo, respetando siempre el medio ambiente y generando la menor cantidad de residuos posible. No en vano, todos sus productos están elaborados con vidrio 100% reciclado.

¿Y qué podemos encontrar en Verde botella? Pues desde vasos hasta pequeños huertos urbanos, pasando por lámparas o portavelas. Además, como no todas las botellas son iguales, tampoco sus diseños. Los hay de diferentes colores, desde el bonito verde botella hasta el transparente clásico.

También el acabado puede ser diferente, además del transparente, tienen productos con acabado mateado para conseguir una mejor difusión de la luz. Y todo esto sin hablar de la variación en las formas de sus diseños, ya que, por ejemplo las lámparas, pueden estar hechas tanto con la parte superior de la botella como con la inferior.

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En cuanto a los precios, pues van desde los 14’50 euros que cuesta el pack de dos vasos hasta los 65€ de la lámpara Bulb-L. A nosotros nos encantan los pequeños huertos urbanos (18 euros) que, además, vienen con semillas de plantas aromáticas que varían en función de la época del año.

Todos sus productos se pueden comprar online y, además, ofrecen la posibilidad de que cada uno decida cómo lo quiere. Escoges la botella que más te gusta, decides en qué quieres convertirla y ellos te crean tu propio diseño personalizado.

Así que ya sabes, si tienes por casa alguna botella especial de la que no quieres deshacerte, ha llegado el momento de que le des una segunda y más que digna vida.

Simply Crispy: los sandwiches de patatas fritas (de bolsa) no son ninguna broma

Simply Crispy

Dicen que cada día se aprende algo nuevo, y nosotros acabamos de descubrir dos cosas: que los bocadillos de patatas fritas de bolsa (crisp sandwich) son toda una institución entre las guarrindongadas de Reino Unido e Irlanda, y que existe una cafetería dedicada a este peculiar sandwich.

Todo empezó como una broma. No lo del crisp sandwich -por lo visto para ellos meterse un paquete de Lays entre pan y pan es algo de lo más normal- sino lo de montar un café dedicado exclusivamente a este tipo de bocadillos. Una ocurrencia de la web satírica The Ulster Fry inspirada en la idea de nuestro amigos de Cereal Killer Café en Londres.

En el artículo, más allá de las risas a costa de la última moda hipster a la hora de comer, se hablaba del menú a base de diferentes rellenos, panes y salsas, de los precios e incluso le pusieron nombre a este imaginario café que estaría situado en el barrio de moda de Belfast, en Irlanda del Norte: Simply Crispy.

El entusiasmo entre los lectores que se lo creyeron y los que se preguntaban por qué no existía un lugar así fue tal que el propietario de un bar del centro de la ciudad se ha decidido a convertirlo en realidad en colaboración con esta web satírica. Se llama, claro, Simply Crispy (8 Bedford St) y abrió sus puerta el pasado lunes.

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Según recoge The Telegraph, el éxito fue tal que en apenas un par de horas desaparecieron todos los crisp sandwich disponibles el día del estreno. El menú ofrece nada menos que 35 variedades de bocadillos, combinando diferentes panes con patatas y snacks, y todo ello rematado con queso o jamón cocido. Para acompañar, sopa y (más) patatas fritas.

Se trata, lógicamente, del primer café del mundo dedicado a este plato -por llamarlo de algún modo- que juega muy bien la baza de la nostalgia. Y es que, por lo visto, estos sandwiches no sólo son un recurso desesperado cuando no hay nada más por casa, sino que para muchos también es un recuerdo de sus años mozos de colegio y universidad. Duro trabajo evangelizador el de Jamie Olivier.

Aunque el plan de Andrew McMenamin -propietario de That Wee Cafe, ahora reconvertido en Crispy Simply- era mantener este homenaje al crisp sandwich durante sólo tres o cuatro semanas, habrá que ver si la excelente acogida le hace cambiar de planes. Después de todo, como dirían los creadores de Cereal Killer Café, quién no ha ido por la calle y ha sentido la necesidad de entrar a un bar a pedir un bocata de patatas fritas. De bolsa, of course.