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La Gulateca

Recetas, libros, gadgets, vinos, restaurantes... Un blog de gastronomía sin humos

Receta en vídeo: ‘Bilbainito’ y ‘Gilda’, dos pintxos clásicos de la capital del mundo

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Hace tiempo estuvimos de ruta de pintxos clásicos por Bilbao con Ana Vega, mundialmente conocida como Biscayenne. Pero como no a todo el mundo le pilla cerca la capital del mundo, aprovechando que andaba de visita por nuestra cocina le hemos convencido para que preparase delante de la cámara dos de estos pintxos de toda la vida, fáciles de encontrar en cualquier bar del botxo. Y si se acompañan con un txikito de vino, con su vaso reglamentario y todo, pues mucho mejor.

Son extremadamente sencillos de preparar: un Bilbainito, a base de huevo cocido, gamba y mahonesa (viejunismo puro con palillo) y las míticas Gildas. Algunos dicen que en realidad son de Donosti, pero no nos vamos a poner quisquillosos ahora con si se inventaron en el centro de Bilbao o en uno de los barrios de las afueras.

Ingredientes

Para los Bilbainitos

  • Huevo cocido
  • Gambas cocidas
  • Mahonesa

Para las Gildas

  • Piparras
  • Anchoas
  • Aceitunas

Preparación

Todo altamente sofisticado, como se puede ver en el vídeo. Cocemos el huevo y las gambas. Dejamos que se enfríen, y pelamos. Por hacer que parezca un poco más elaborado, al menos podemos tomarnos la molestia de hacer la mahonesa casera, pero tampoco nos van a quitar el carnet de bilbaínos si andamos con prisas y usamos una buena de bote.

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Pinchamos medio huevo cocido con un par de gambas -o las que queramos-, chorretón de mahonesa y, por aquello de hacerlo más elegante, rallamos un poco de yema de huevo cocido por encima.

Las Gildas son también muy complicadas de hacer: palillo largo y vamos poniendo piparras, anchoas y aceitunas. Posiblemente lo más complicado de esta receta de cocina molecular será encontrar las piparras, aunque en algunos mercados grandes o tiendas on-line pueden comprarse con cierta facilidad. Terminantemente prohibido, eso sí, usar guindillas normales. La gracia de éstas es que, además de estar muy ricas, no pican.

Un pasaporte a la bilbainidad rápido, sencillo y muy rico.

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Cómo malgastar 4.500 kilos de miel para hacer unas fotos

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Los caminos del arte son inescrutables, y muchas obras dejan al público con esa sensación entre la admiración ante una idea brillante y la sospecha de que se están riendo de ellos. Si, como en este caso, en la receta artística de turno se incluyen nada menos que 4.500 kilos de miel, la cosa se complica un poco más.

La ocurrencia es obra del renombrado fotógrafo Blake Little que para su último libro, Preservation, tuvo la idea de cubrir a sus modelos con kilos y kilos de miel. ¿Para qué? Según él mismo explica, la idea era buscar un aspecto similar al de los insectos conservados en ámbar. De ahí el título del proyecto (conservación) aunque, como siempre, nada como un poco de discurso para darle al asunto cierto empaque.

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Little asegura que con este experimento a base de mucha miel pretende hacer irreconocibles a las personas que posan “democratizando sus rasgos individuales para convertirlos en algo universal”. No estamos seguros de si ha conseguido tanto, pero la verdad es que las imágenes son bastante espectaculares. Eso, unido al punto de locura que supone embadurnar a estas personas con miel, ha conseguido lo que posiblemente el fotógrafo quería: aparecer en todos los medios y que se hablara mucho de él.

Más allá del debate artístico o las críticas que ha recibido por incluir entre sus modelos a niños y perros -que a diferencia de los modelos adultos no tienen capacidad para mandarle a paseo a él y a sus tarros de miel- la polémica está, lógicamente, en el desperdicio de toda esa comida.

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Aunque teníamos la esperanza de que el fotógrafo hubiera previsto este detalle y la miel hubiera sido reutilizada para algo, o se hubiera intentado desperdiciar la menor cantidad posible, como se ve en el vídeo del making off no parece ser el caso o, al menos, no se menciona nada al respecto.

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10 espaguetis de película

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¡Ah la pasta! Manjar rico y nutritivo donde los haya. Un alimento que, en cualquiera de sus infinitas y variadas formas, admite cientos y cientos de preparaciones. Desde los clásicos macarrones con tomate, hasta las más sofisticadas obras culinarias. La pasta siempre está ahí para salvar una comida, es lo que nunca falta en la despensa, lo que te reconforta en un día de resaca, lo que te da energía para lanzarte a una sesión de deporte… Y por encima de todo es y siempre será para muchos la puerta de entrada al mundo gastronómico.

En este artículo vamos a surcar de nuevo la filmoteca en busca de las escenas más memorables que se han rodado alrededor de un buen plato de pasta aunque, para acotar un poco la selección, nos centraremos en esta ocasión en su variante más popular: los espaguetis.

1- El apartamento (The Apartment, 1960)

Si hay una película que ha sabido plasmar con acierto la existencia de un auténtico loser esa es, sin duda, El apartamento, una de las obras cumbre del inmortal Billy Wilder, y una de las mejores películas de la historia del cine. Jack Lemon, en uno de sus mejores papeles, encarna con maestría a un soltero apocado y sin ambiciones que cede su pequeño apartamento a los mandamases de la empresa en la que trabaja, con la pobre esperanza de ascender algún puesto en su penosa vida. Como buen soltero sin muchas habilidades, Lemon basa buena parte de su dieta en la pasta, e incluso se atreve en una escena de la película a patentar un nuevo método para escurrirla.

2- El Padrino (The Godfather, 1970)

Los espaguetis viajaron en la maleta de los primeros inmigrantes italianos que cruzaron el charco en busca de una nueva vida en América. Y algunos de ellos encontraron la mejor de las vidas en las organizaciones mafiosas, tal y como relata Francis Ford Coppola en esa insuperable tragedia griega moderna que es la trilogía de El Padrino. En esta escena, uno de los soldados del clan Corleone le enseña al joven Michael como preparar un buen plato de pasta al más puro estilo siciliano. A partir del minuto dos en el vídeo.

3- Come, reza, ama (Eat, Pray, Love, 2010)

Basada en la novela homónima de Elizabeth Gilbert, Come, reza, ama es, por decirlo de forma diplomática, una película bastante prescindible. Pero merece la pena rescatarla para este recopilatorio aunque sólo sea por la escena en la que la siempre risueña Julia Roberts se cura sus angustias vitales devorando un platazo de espaguetis boloñesa al son de un aria de Mozart. Suponemos que después del rodaje la novia de América se tuvo que someter a una triple dieta Dukan para recuperar el tipazo que luce en el anuncio de Calzedonia.

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La cerveza japonesa que te hace más joven. O eso dicen

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Que el alcohol tiene milagrosas virtudes sobre la edad es de sobra sabido. Principalmente en entornos algo oscuros, a partir de cierta hora -o cantidad- y más sobre la persona observada que sobre quién está bebiendo. Vaya, el típico “anoche parecías más joven” de toda la vida.

Pero ahora algo va a cambiar. Al menos eso es lo que aseguran los creadores de la cerveza Suntory Precious, recientemente lanzada en -como no- Japón y que promete tener efectos antiedad en la piel de quien la beba. Si el chocolate aquel que aseguraba tener efectos rejuvencedores ya provocó a más de uno un ataque entre la risa y la incredulidad, lo de la cerveza antiedad es todavía más de chiste.

Presentada con un anuncio del que no entendemos absolutamente nada, pero que deja bastante claro que esto es un producto para mujeres -ya se sabe que a los hombres tener piel de ñu les encanta- esta curiosa cerveza tiene 5 grados de graduación y cada lata incluye 2 gramos de colágeno.

Según explican sus creadores, ahí está el truco de esta cerveza “milagrosa”. El colágeno es una proteína relacionada, entre otras cosas, con el estado y la edad de la piel, y que se va perdiendo con la edad, provocando la aparición de arrugas. ¿Sirve de algo beberlo? Pues lo cierto es que, como recuerdan desde The Telegraph, numerosos estudios han cuestionado sus efectos, pero parece que eso no ha desanimado a los chicos de Suntory.

Y es que, por lo visto, lo de comer colágeno para luchar contra las arrugas no es algo nuevo en Japón, aunque últimamente sí hay cierta histeria alrededor de su uso en la cocina y en algunos productos. La buena noticia es que, funcione o no, está presente de forma natural en algunos alimentos tan ricos como las patas de cerdo.

Algo parecido nos pasa con esta cerveza rejuvenecedora. Sin duda, puestos a elegir entre carísimas cremas para dejar terso nuestro cutis o un par de cañas de esta cerveza, lo tenemos bastante claro. Lo de su eficacia ya es otro tema aunque, de momento, nos vamos a quedar con la duda porque sólo está disponible en algunas zonas de Japón.

10 libros de cocina para regalar en Sant Jordi

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Alejandro García / EFE

Es verdad que cualquier día es bueno para comprar o regalar un libro, pero Sant Jordi es una de esas fechas marcadas en muchos calendarios. Aunque San Jorge y el Día Internacional del Libro se celebra en muchas partes -desde hace unos años La noche de los libros de Madrid va cogiendo fuerza, es en Catalunya donde esa tradición resulta más popular.

En teoría, el libro para ellos y la flor para ellas, pero, por suerte, la mayoría ya ha dejado a un lado esa tradición -y los que no deberían empezar a planteárselo- y lo suyo es regalar un libro independientemente del género. Uno o varios, claro. Y no sólo regalar, sino aprovechar la excusa para agenciarnos alguno también para nosotros.

Así que, con o sin rosa, y en Catalunya o dónde sea, si tienes planeado celebrar el próximo jueves 23 de abril como merece, ahí va nuestra ya tradicional selección anual para cocinillas, gastrónomos y demás gente de bien. Clásicos, novedades, descubrimientos recientes, algunos que no deberían faltar en la estantería… Como siempre, de todo un poco y para todos los gustos.

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1. Adelgázame, miénteme, Juan Revenga. Claro que las dietas milagro para adelgazar funcionan: consiguen que la gente malgaste mucho dinero, que es exactamente lo que pretenden. Así de claro habla Juan Revenga, el nutricionista autor de este libro altamente recomendable para cualquiera que esté planteándose, a estas alturas del año, iniciar su particular operación bikini, y se sienta tentado por coger un atajo. El menú incluye un repaso histórico a esta industria del adelgazamiento, sus trucos y mentiras más recurrentes y algunos consejos para quienes de verdad quieran perder unos kilos sin sentirse estafados. Editado por Ediciones B, cuesta unos 15 euros.

 

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2. Salad Love, David Bez. Aunque pensar en un libro de recetas dedicado sólo a ensaladas puede incitar al bostezo o a buscar otra cosa, este recetario de David Bez es de lo mejor que ha pasado por nuestras manos en los últimos meses. Tras el éxito de su blog dedicado a las ensaladas, ahora llega, en versión española de la mano de Salamandra, el recopilatorio con sus mejores ideas. Bases, aderezos, ingredientes… en total más de 250 propuestas para comer cada día ensalada sin aburrirse, y tan sencillas que incluso están pensadas para poder prepararlas en la oficina. Cuesta unos 23 euros.

 

Portada.v13. Cocina para indignados, Jaime López Fernández. Se acaba de editar (Clave Intelectual) así que Sant Jordi es la excusa perfecta para echarle el guante. Como su título y color de portada prometen, esto va de gastronomía indignada. Recetas con títulos tan sugerentes como “Papas Bárcenas”, “Lentejas indignadas” o “Huevos duros 22M”, que Jaime López Fernández ha ido recogiendo en su blog con el el mismo título y que ahora se han convertido en un libro que promete ser “la forma más sabrosa y entretenida de digerir la crisis”. Por cierto, la cocina indignada también tiene su propia bodega y banda sonora entre las páginas de este libro que anda por los 20 euros.

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4. Los alimentos de nuestra despensa, Javier López Facal.  Hace poco reseñamos y aprendimos muchas cosas con este libro, como por ejemplo que en su momento la mantequilla era una cosa de bárbaros. Editado por Los libros de la catarata, y con un precio alrededor de los 17 euros, estamos ante una curiosa e interesante sucesión de anécdotas relacionadas con el mundo de la cocina, muy bien hiladas por Javier López Facal. El típico libro perfecto para regalar a cualquiera sin que necesariamente sea un apasionado  de comer o cocinar. ¿Desde cuándo comemos palomitas? ¿De dónde viene realmente la pasta? Todas estas dudas y muchas más resueltas en estas páginas.

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El negocio del ‘León come gamba’

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Siempre nos quedará la duda de si todo es fruto de un guionista inspirado y puesto hasta arriba de creatividad, o es que simplemente la realidad supera la ficción. El caso es que el León come gamba del pobre Alberto de MasterChef -humillado y expulsado del programa- se ha convertido en uno de los mayores hits en la historia de este programa de (¿cocina?) de televisión.

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Tras el cachondeo inicial y los chistes de los más rápidos -hay que reconocer que la gente tiene mucha gracia-, quien más quien menos ha intentado sacar tajada de la famosa patata reconvertida en lamentable león. Los periodistas jugando a ser más graciosos que nadie, a ver si suena la flauta y podemos subirnos a la ola del viral de turno. Los fabricantes de camisetas reproduciendo sobre tela los recurrentes chistes, e incluso algún restaurante ya ha incluido en su carta el “león combe gamba” (rebozado, eso sí) o ha creado un pintxo en homenaje a esta creación culinaria. 

Por supuesto, las marcas no han querido quedarse al margen de la histeria leóncomegambista y todos los community manager echaron mano de sus mejores recursos para vincular cervezas, bayetas y refrescos con la popular imagen de la patata. La verdad es que mucho tampoco se comieron la cabeza.

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Lástima que las recetas no tengan derechos de autor porque si no el malogrado Alberto podría convertir el plato del que tanto se ha reído todo el mundo, y que espantó al jurado, en uno de los más rentables de la historia de la gastronomía española. Aunque, pensándolo bien, esa foto o imagen o lo que sea sí tendrá sus derechos, ¿no? ¿Va a facturar Televisión Española lo que corresponde a todas estas marcas tan ingeniosas?

Pero la palma se la lleva Renova, la marca de servilletas y papel higiénico y demás que, no sólo es uno de los patrocinadores de MasterChef, sino que se apuntó el tanto de sacar las primeras servilletas dedicadas al león de patata. Sí, parece una noticia de El Mundo Today, y la primera reacción lógica es pensar que se trata de una broma, pero todo parece indicar que va en serio.

Según repiten un montón de medios, estas servilletas de Renova ya pueden comprarse en la web de la firma por 2,79 euros el paquete de 20 servilletas. Nosotros, por cierto, no hemos sido capaces de dar con ellas en la tienda on-line así que, si alguien tiene suerte, que avise. Con lo que sí nos hemos topado es con unas servilletas de Felipe VI y Letizia que, además de dejarnos bastante fascinados, parecen confirmar que en Renova son muy de hacer cosas de éstas.

Al final, el chico raro que juró en pleno ataque de dramatismo no volver a cocinar, ha acabado convertido en una estrella, y su plato en la sensación del momento. Veremos cuanto dura la tontería y si, como insinúan algunos, habrá repesca teniendo en cuenta el potencial para la audiencia. Pero visto el panorama, a ver quién se atreve a asegurar ahora mismo que no veremos una línea de productos con el sello de este muchacho o incluso un programa propio.

Esto no va de cocina, va de espectáculo, de audiencia y, claro, de dinero. Y el León come gamba ha demostrado ser una auténtica joya.

Receta de Sant Jordi: rosas de manzana y rosas de bacon

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Lo de los libros y las rosas por Sant Jordi está muy bien, pero si añadimos algo comestible la cosa siempre mejora. Por eso hemos rescatado una genial receta de Cooking with Manuela que descubrimos hace unos días y que, no sólo cumple con los requisitos de esta casa (sencilla, original y aparente), sino que resulta perfecta para esta semana en la que la tradición -al menos por Catalunya y cada vez más lugares- dice que hay que regalar rosas.

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Aunque la ocurrencia no es nuestra, además de tunear un poco la receta original de rosas con hojaldre y manzana, hemos perpetrado -como no- nuestra propia versión, un poco más salvaje, a base de bacon. Porque, como dicen los sabios, todo mejora con bacon. También las rosas comestibles.

Media docena de rosas -mitad de manzana para los más sanos, mitad de bacon para los que se animen- que se preparan en un momento y que dejarán al mismísimo San Jorge como un aficionado. En realidad, a nosotros siempre nos cayó mejor el dragón.

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‘La Bruja Avería’, un vino de Comando G para nostálgicos de los 80

Bruja Averia - Comando GLo reconocemos: somos de esos que muchas veces eligen un vino por la etiqueta. Los grandes gurús del asunto estarán espantados pero nos consta que no somos los únicos que ante una estantería repleta de botellas desconocidas, al final el diseño -y el precio, ojo- acaban inclinando muchas veces la balanza. Fue así como conocimos La Bruja Avería en Vila Viniteca (Barcelona).

Y como somos de esa generación con la que la nostalgia ochentera funciona perfectamente fuimos directos a por esa botella con una etiqueta y un nombre tan sugerente. Más, al descubrir que tras ella se escondía la bodega Comando G. ¿Casualidad o un guiño generacional?

Para salir de dudas hablamos con Fernando García y Daniel G. Jiménez-Landi, los nombres detrás de esta pequeña bodega en la Sierra de Gredos que produce vinos con DO Madrid principalmente. Acertamos, pero solo a medias, porque lo de Comando G tiene más de un argumento: G de garnacha, de Gredos -donde están sus viñedos-  y, por supuesto, de aquellos míticos dibujos animados japoneses.

Un juego que se repite con La Bruja Avería, un tinto joven, con etiquetas de diferentes colores en las que la bruja en cuestión -de rasgos bastante más dulces que la de la televisión, por cierto- va cambiando cada año.

“Hay un vino de garnacha de la zona del Roussillon que nos influenció en nuestros inicios -nos explican- y que se llama la sorcière (bruja en francés). Además, el pueblo de donde salen las uvas (Rozas de Puerto Real) es muy mágico y místico. Y claro, el guiño a La Bola de Cristal que tanto marcó nuestra infancia los sábados por la mañana”.

Pero más allá de la anécdota, Comando G es una bodega que algunos expertos no dudan en calificar como uno de los proyecto vitivinícolas más interesantes de los últimos años. “La idea es hacer vinos de calidad que reflejen zona, suelo, añada y variedad. Con eso hacemos nuestros 3 pilares, vinos con frescura, elegancia y terroir“, apunta Fernando García. Prima la calidad y la seriedad aunque también reconocen que el nombre ayuda a “quitar un poco de clasismo al asunto del vino”.

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Daniel G. Jiménez (a la izquieda) y Fernando García

Si ya de por sí la garnacha es una uva compleja, en este caso se le añaden las peculiaridades de la altitud (entre 900 y 1.200 metros) y de estos viejos viñedos (entre 50 y 80 años) que se reparten en 10 hectáreas, por las laderas de las montañas, en lugares de difícil acceso. Enraizadas en suelo granítico, esta singular bodega apuesta por la agricultura biodinámica y, además, trabaja las viñas con mulas.

Sus creadores se conocieron en 2005 estudiando enología y fue en 2008 cuando arrancó este proyecto. ¿Una locura embarcarse en una aventura así? Puede ser, pero sobre todo es fruto de la pasión, defienden. “Pasión por un trabajo, por el medio ambiente, por el desarrollo rural, por rescatar viñas casi abandonadas, por el patrimonio de nuestro pasado agrícola… Esto hace que te vayas involucrando y desarrollando el proyecto, todo sin perder las raíces”.

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El resultado es este La Bruja Avería, un tinto 100% garnacha envejecido 7 meses en barrica y que -como dicen quienes saben mucho más que nosotros- es amable pero también complejo, fruto de esas peculiaridades de las viñas y el terreno. La producción es de 30.000 botellas y su precio anda entre los 12 y los 15 euros.

Además de La Bruja Avería -que definen como “un vino de pueblo”- también elaboran un vino selección de parcelas (Rozas 1o Cru) y un vino de parcela (Las Umbrías). La oferta actual de la bodega se completa con Tumba del Rey Moro (un tinto al filo de lo imposible, aseguran), Rumbo al Norte (“la joya de la corona”) y El Tamboril 2012, un blanco que, como el resto, también es 100% garnacha.

¿Quién dijo que la nostalgia no sirve para nada? A nosotros al menos nos ha servido para descubrir un gran vino mientras recordamos la musiquilla de Comando G y aquello tan premonitorio que gritaba la Bruja: “¡Viva el mal! ¡Viva el capital!“.

Cómo hacer que la comida basura parezca alta cocina

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Lo tienen todo para ser los típicos platos de restaurante con aspiraciones a estrella Michelin: comida bien colocada, hilos de salsa decorando un plato enorme, ingredientes variados de colores y aspecto apetecible… Todo es perfecto, salvo por un pequeño detalle, en realidad estamos ante un surtido de comida rápida, o eso que los menos finos o políticamente correctos llaman comida basura.

La genial idea de presentar y fotografiar este tipo de comida como si fueran platos de alta cocina obra de un usuario de Instagram que firma como Chef Jacques La Merde. Por si el nombre o la ocurrencia no fuera suficiente para declararnos inmediatamente admiradores suyos, ahí va otro detalle que encantará a los más frikis: en su cuenta de Twitter aparece nuestro querido Ecce Homo en su versión ya restaurada en plan casero. 

Pero dejando a un lado la figura de este misterioso emplatador y fotógrafo, hay que reconocer que ambas cosas se le dan bastante bien y que sus creaciones dan bastante el pego. Pero ojo que la idea no es simplemente volcar el Whopper de turno sobre el plato, sino que el amigo La Merde opta por mezclar diferentes ingredientes y salsas para sus platos. La condición, eso sí, siempre es la misma: comida rápida, ingredientes de esos baratos y no muy bien considerados, y alguna que otra chuche para que el resultado sea además un poco crocante, como dicen los críticos profesionales.

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Merece mucho la pena darse un paseo por su Instagram y recrearse con los platos. Lleva poco más de un mes y ya ronda los 50.000 seguidores de las 25 creaciones culinarias que ha publicado hasta ahora, así que está claro que la idea tiene éxito.

Entre nuestras preferidas, el huevo Kinder -de mercado negro, porque en Estados Unidos está prohibido, recuerda- relleno y presentado en plan cocina molecular, el hot dog on a stick (es que le tenemos mucho cariño desde que fuimos a Las Vegas) que pasa de ser una de las cerdadas más infames que hemos probado a algo realmente apetecible, o un burrito perfectamente troceado y acompañado con -atención- esferas de Gatorade de limón y Doritos.

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¿Apetecible? La verdad es que a primera vista sí. Algunos consideran que se trata de un experimento gastronómico-sociológico, otros hablan de una burla de esa cocina que pone más atención en la presentación que en el contenido, y luego están los que creemos que se trata simplemente de una feliz ocurrencia.

Pero la pregunta del millón es si, servidos en un restaurante, estos platos llegarían a colar. Teniendo en cuenta que ya en su momento en una feria de productos naturales y orgánicos se sirvió este tipo de comida y todo el mundo parecía encantado, la verdad es que  cualquier cosa es posible.

El nuevo ‘MasterChef’, en cifras

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MasterChef ha vuelto con fuerza: 3 millones de espectadores siguieron el estreno de la tercera edición el pasado martes y fue el programa más comentado del día en las redes sociales. Lo que viene siendo otro éxito. No nos extraña, el fenómeno del reality culinario no tiene, por el momento, síntomas de agotamiento, y la fórmula está probada y garantizada.

Así que, como ya adelantamos hace unos días, la nueva temporada se presenta sin novedades destacables ni en la mecánica ni en los roles de concursantes y jurado. En todo caso un plus de reality en forma de historias personales dramáticas, y un ejercicio de humillación, la expulsión de Alberto, muy discutible en el caso de un programa grabado con antelación. Vale, merecía irse a casa con la cabeza de león que ya protagoniza decenas de memes a estas horas, pero no con la dureza del jurado ni el posterior regodeo morboso de Eva González.

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El ya famoso “León come gamba” de Alberto

En cualquier caso, mucho se ha opinado, y nosotros también, sobre este tipo de formatos. Por eso, ante la nueva edición de MasterChef, y mientras el segundo programa de la temporada ya va perfilando quiénes serán los más queridos y odiados esta vez,  se nos ha ocurrido que podría ser interesante acercarnos a este MasterChef a partir de las cifras.

Como diría Anita Pastor: estos son los datos, suyas son las opiniones.

8 contra 7. Paridad entre mujeres y hombres en los 15 concursantes finales. Es la tónica del programa, que también cuenta con un ganador y una ganadora en las ediciones anteriores. Como reflejo de la sociedad, podría parecer que en los hogares españoles los fogones no tienen género y, de paso, tampoco el resto de tareas domésticas. Hay quien defiende que la tele es un reflejo de la sociedad, ¿seguro?

32 años. Es la media de edad de los concursantes seleccionados, y eso que entre ellos hay una veterana de 69 años con mucha energía pero pocas posibilidades de desarrollar una larga carrera en el mundo de la restauración. Sin Encina la media de edad se sitúa en 29 años. Más de la mitad de los concursantes están en la veintena y sólo dos tienen más de 40. Se trata de un claro rejuvenecimiento del programa: la media de edad de la segunda edición era de 39 años. ¿Habrá más ímpetu, poca reflexión y la energía desbordante propia de las edades más tempranas? Habrá que ver.

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